sábado, 4 de julio de 2020

Historias mínimas II


Elisabeth Checa suele decir que los vinos terminan siendo siempre más existenciales que esenciales, rescatando así el carácter individual y diferenciado que hay detrás de cada etiqueta y entendiendo que ese es el resultado de una serie de acciones realizadas por personas específicas en un sitio único. (1)
 La imagen pertenece al autor

Modestamente creo que el concepto puede utilizarse en la cocina. Así cada receta o, a los sumo, cada recetario refleja más la existencia de las personas que las practican que las reglas sistematizadas por las academias y su pretensión de universalidad.
No solo me refiero, claro está, a las sofisticadas creaciones de los cocineros profesionales que han logrado destacarse en su oficio, porque, en este caso, la originalidad de cada receta es un objetivo tenazmente perseguido.
Me refiero especialmente a las creaciones hogareñas en las que la individualidad no se sostiene en una búsqueda técnica, sino en una historia personal o familiar que, evidentemente, es única para cada plato que se lleva a la mesa.
La imagen pertenece a Miguel Albrecht
Esas historias, historias mínimas contribuyen modesta, paciente y persistentemente a la formación de la identidad de conglomerados sociales específicos. Aquí me interesa rescatarlas en su individualidad.
Ya he publicado algunas recetas, siguiendo esta línea. (2) Ahora vuelvo con un ramillete de nuevas creaciones que tienen un hilo común, provienen de familias de inmigrantes en las que estas recetas tienen un significado especial y, en algunos casos, ritual en relación con el proceso que trajo a esas personas a La Argentina.
La primera de ella, los nufles de Miguel Albrecht, se respalda en dos historias. La primera refiere a un grupo social que ha peregrinado por más de ciento cincuenta años hasta afincarse en distintos rincones de La Argentina (El Valle Inferior del Río Negro, y las provincias de Córdoba y Tucumán). Se trata de los rusos alemanes de Besarabia que vivieron un proceso paralelo, y parecido, a los alemanes del Volga. Los primeros vivían en el sur de Alemania y aprovecharon las políticas de colonización de Besarabia que desarrolló el Imperio Ruso para escapar del hambre y la intolerancia religiosa. Así como los alemanes del Volga son católicos, los alemanes rusos de Besarabia son protestantes.
La receta de los nufles consiste en una pasta parecida a varias preparaciones alemanas, aunque conserva una identidad diferenciada. La receta de Miguel es, adicionalmente, una versión que fue argentinizada en la Patagonia.
La imagen pertenece a Maynes Pacenza
Pero hay otra historia detrás de esta receta. La de un grupo de amigos que suele reunirse a celebrar con la comida, el vino, el canto, la palabra y la amistad. Amistad que da sentido a mitigar las angustias de la vida en el disfrute de la mesa compartida. La casa de Miguel en Quilmes Oeste es sencilla y acogedora. Varias veces, en su patio, hemos disfrutado de estas celebraciones, pero el frío del invierno nos obligó a refugiarnos en su interior para disfrutar de los nufles.
María Inés Pacenza (Maynes) y sus hermanas Ana y Mona han decidido mantener una tradición familiar que viene de sus abuelos y se ha prolongado hasta sus nietos. La familia Pacenza es de origen calabrés, pero la abuela materna de las chicas proviene de la región de los Abruzos. La Navidad fue siempre la gran fiesta familiar para alegría de grandes y chicos, aún a pesar de que los niños tenían que esperar el día de Reyes para recibir sus regalos.
En las reuniones familiares de las Pacenza, se comía lo mismo que en todas las mesas argentinas; pero todo era diferente a la hora de las confituras. Entonces comían cannariculi, chichiriquiatas y cellepiene, entre otras confituras. Aquí les expongo esas recetas. Los hijos y nietos de Maynes y sus hermanas prefieren, hoy por hoy, estas confituras por sobre los turrones y otros productos industriales.
La imagen pertenece al recetario de Doris
Mi amigo Alexis Choclin me facilitó accesos al recetario de su madre Hedy Pundik. Publiqué recetas de la tradición asquenazi contenidas en esa colección. (3) El día que estuvimos charlando sobre las recetas de Hedy, Alexis estaba muy interesado en mostrarme una libreta pequeña y bastante antigua con recetas manuscritas. Era una de las libretas del recetario personal de su abuela Doris.
Lo auténticamente curioso es que las recetas estaban escritas en tres idiomas distintos de manera superpuesta y mezclada. Publico tres recetas (coctail, biscuit y torta de dátiles) en esa bella algarabía que representa, casi como un ritual, el camino errante del pueblo judío.
Notas y referencias:
(1) 2012, Checa, Elisabeth, Los buenos vinos argentinos, edición 2013, Buenos Aires, Vocación, pag. .6.
(2) 2017, Aiscurri, Mario, “Historias mínimas – Recetas únicas”, en El Recopilador de sabores, leído el 16 de setiembre de 2019 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2017/01/historias-minimas-recetas-unicas.html.
(3) 2019, Aiscurri, Mario, “La cocina asquenazi en el recetario de Hedy Pundik (1990-2004) – Parte I”, en El Recopilador se sabores entrañables, https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2019/03/la-cocina-asquenazi-en-el-recetario-de.html y “La cocina asquenazi en el recetario de Hedy Pundik (1990-2004) Parte II”, en El Recopilador se sabores entrañables, https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2019/06/la-cocina-asquenazi-en-el-recetario-de.html, leídos el 1 de octubre de 2019 y 2020, Aiscurri, Mario, “Las panificaciones en el recetario de Hedy (2004 c)”, en El Recopilador se sabores entrañables, leído el 26 de junio de 2020 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2020/01/las-panificaciones-en-el-recetario-de.html.

sábado, 20 de junio de 2020

Indagaciones en torno del tuco Adenda: Precisiones terminológicas


Aclaración previa I: Desde 2015 empezamos a intercambiar ideas con Adriana De Caria acerca de la cocina italiana en La Argentina, una fuerte afinidad en nuestras búsquedas nos acercó y provocó una catarata de correos electrónicos y comunicaciones diversas. En 2017, quedé impactado por un artículo maravilloso que Adriana publicó sobre la salsa scarparo. (1) Este artículo de la Instigadora fue incitante para mí. Finalmente, en julio de 2017, le propuse que indagáramos sobre el origen del tuco porteño, sobre su receta estabilizada y sobre las influencias que confluyeron en ella. Anduvimos hurgando ideas y materiales hasta que llegamos a ciertas conclusiones. Adriana ya expuso algunas, las más significativas, claro está, en su artículo. (2) A mí se me ocurrió escribir una síntesis sistemática de nuestras búsquedas y nuestros hallazgos. Produje algunos textos que le envié por correo-e y Adriana fue corrigiendo y completando. Aquí la síntesis de nuestro intercambio.

Aclaración previa II: Con la carta de Adriana del 27 de julio de 2018, Adriana y yo dimos por concluido nuestro diálogo sobre el origen y la receta estabilizada del tuco porteño. Sin embargo, la Instigadora, que no puede quedarse quieta, casi un año después, encontró algo novedoso sobre el tema. El hallazgo no invalida las conclusiones a las que arribamos; pero sí agrega un matiz más que interesante en la idea acerca del origen de la palabra tuco. Aquí la carta en que lo refiere.
Fecha: 12 de mayo de 2019
De: Adriana De Caria
Asunto: Lío mental
Hola Mario,
Ahora caigo:
TOCCO originalmente en ligur quería decir SALSA, porque debe venir de “tociare”, término dialectal que usaba mi ex (véneto) a la hora de mojar el pan en la salsa, y que en italiano existe como TOCCIARE (de uso infrecuente). Tocio por tanto es un “intingulo”, un mojito, un algo semilíquido (recordemos que las salsas antiguas no llevaban mucha grasa).
Naturalmente, tiene afinidad con nuestro término “tocar” y con el francés “toucher”.

Por extensión, la palabra tocco se aplicó al trozo entero de carne que en Liguria se usa para hacer la salsa, tal como la usan para hacer la CIMA RELLENA (dicho sea de paso, ésta es otra receta que heredamos de Génova). Tocco, por ende, creo es la pieza de carne, pero que tomó el nombre de SALSA.


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Por otro lado (y esto no tiene nada que ver con tocco): Leyendo recetas del s. XIV en adelante, las recetas empiezan diciendo “togli” o “tolli”, o sea “toma”, en italiano antiguo. Toma 6 huevos, toma un poco de harina, etc.
(hoy togli sería sinónimo de “quita”: togli i piedi dal divano, saca los pies del sofá).

Es la primera vez que veo “RECIPE” al comienzo de una receta, que –hora entiendo– es sinónimo de “togli”.
En el dialecto molisano-filo napolitano de mi mamá todavía usa decir tanto: “tuoll’ ” con la misma acepción de “togli”
y también se usa “r’che’pá”, “ricapare”, que tiene un uso parecido a “togli”, y por lo tanto a “recipe”.

  
Las fórmulas médicas imagino que también comenzarían de la misma forma: “RECIPE…” y de ahí nació el término que hoy usamos.

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RAVIÊU COL TUCCO: ravioles de seso y borraja con tuco.
La poesía es atribuida a Martin Piaggio https://it.wikipedia.org/wiki/Martin_Piaggio

Ricetta per fa i ravieu

Recipe un bello pesso de vitella
Da mette a rosto per fâ un bon tocchetto;
Recipe da tettinn-a, unn-a çervella,
Laccetti, poca môula e assæ do filetto;
Recipe da buraxa fresca e bella,
Cuccoin de polla freschi, un retaggetto
De säçiçça da amixi,
e un pö de quella Prescinseua de Paiscion passâ a-o siasetto.
Misce et remisce ben ciù che ti peu
Omnia confusim drento in to mortâ,
Et extende de pasta un gran lenseu:
Fanne de bellettinn-e cö cuggiâ,
Applica, creuci, taggia, son Ravieu
Da cheuxe, et tamquam pilloe da collâ.


Receta para hacer ravioles

Tome un buen trozo de ternera
Para asar para una buena salsa,
Tome ubre, seso, “animelle” (que son entrañas varias),
Poca miga y mucha pulpa;
Tome borrajas bien frescas, huevos frescos de granja,
Un trozo de chorizo (hecho por amigos) y un poco de esa cuajada de Apparizione (¿?) pasada por el tamiz
Mezcle y vuelva a mezclar tanto como pueda poniendo
Todo junto en el mortero,
Y extienda una gran sábana de masa:
Haga pelotitas con la cuchara,
Doble la masa, ciérrela, córtela, son ravioles
Para cocinar como píldoras para tragar.


Un abrazo!
Adriana

Fecha: 2 de noviembre de 2019
De: Mario Aiscurri
Asunto: RE: Lío mental
Querida amiga:
En nuestro intercambio, terminamos aceptando que el tuco porteño jamás existió. Es que pensábamos que el tuco era el heredero directo de u tucco xeneize, es decir, un estofado con una gran pieza de carne que lleva verduras y tomate.
En cambio de encontrar eso, encontramos una gran dispersión de recetas. Tuco podía ser el estofado (con o sin tomates), la salsa del estofado, una boloñesa, una salsa de tomates, etc.
¿Qué ocurre si pensamos que el tuco porteño viene del tuco genovés bajo la acepción de salsa? Todas las variantes de tuco que encontramos son salsas, ¿no? De modo, que es muy probable que desde La Boca hacia el Centro, partieran juntos las creaciones genovesas en Buenos Aires, esto es la pizza y la salsa para la pasta, y esta última sin especificación de recetas, es decir, el tuco en sentido genérico. Esto debió ocurrir en el primer tercio del siglo XX.
Es probable, ¿no? Sólo es probable… pero muy probable.
Besos, Mario.
Ir a: Indagaciones en torno del tuco
Aldo Barberis Rusca y una canción de Fabrizio Da André

sábado, 6 de junio de 2020

El recetario de la cocina neo-criolla, Parte I ¿qué es la cocina neo criolla?

Motivo. Estas notas fueron incitadas por una percepción personal acerca del sentido de identificación de sectores importantes de la clase media argentina, especialmente en algunos vinculados con descendientes de europeos, con la cocina del país en el que han nacido y se han criado. No quiero ser injusto, ni juzgar a nadie, pero percibo el fenómeno como la expresión involuntaria de una insatisfacción, en algún caso justificada, con lo que se haya desarrollado, y se desarrolle, en las cocinas de nuestro país.
 Imagen, ver nota 
No pretendo avanzar más allá de lo que puedo interpretar con fundamentos. Tampoco encontrar una solución. Pero sí poner frente a los ojos de todos que existe un recetario de la cocina neo criolla argentina que es importante valorar y que estos sectores desvalorizan, casi con desprecio.
Tengo la vana pretensión de invitar a reflexionar sobre el tema. Tal vez tomemos conciencia y, canalizando el malestar, la insatisfacción, por vías adecuadas, logremos impulsar el desarrollo de una gran cocina nacional a partir de lo que supimos conseguir.
Lo criollo. Para admitir la existencia de una cocina neo criolla, es necesario empezar por entender qué es lo criollo. /.../

Si llegó hasta aquí, es porque le interesa el tema. Encuentre el desarrollo completo de estas ideas en Sabores entrañables, el libro de este Recopilador.

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Nota:

sábado, 23 de mayo de 2020

Comidas y bebidas para los reseros (1926) II Churrascos y asadores


“-¿Es verdá que no soy el de siempre y que esos malditos pesos van a desmentir mi vida de paisano?
”-Mirá -dijo mi padrino, apoyando sonriente su mano en mi hombro-. Si sos gaucho en de veras, no has de mudar, porque ande quiera que vayas, irás con tu alma por delante como madrina'e tropilla.” (Güiraldes, Ricardo, Don Segundo Sombra, Cap. XXV, pág., 223)
Ricardo Güiraldes nació en Buenos Aires, en 1886, en el hogar de la alta burguesía nacional que algunos denominan “aristocracia” y otros, “oligarquía”. Fue un prolífico escritor argentino, a pesar de su muerte temprana a los 41 años de edad, que recibió múltiples influencias de sus viajes (Francia, el Lejano Oriente, México, el Caribe, etc.) y de sus largas temporadas de residencia en la localidad bonaerense de San Antonio de Areco.
De sus viajes a París, tomó elementos fundamentales de las vanguardias literarias, en especial del impresionismo. De su residencia en San Antonio, el conocimiento de la vida rural argentina de principios del siglo XX. De esta última experiencia surgen tres obras importantes Cuentos de muerte y de sangre (1915) y las novelas Raucho (1917) y Don Segundo Sombra (1926). Esta última le dio justificada trascendencia en la literatura y la cultura argentina.
Estuvo casado con Adelina del Carril, nieta de Salvador María del Carril. La muerte de Güiraldes en 1927 (acaecida en París) le impidió conocer a su concuñado Pablo Neruda quien conoció a Delia del Carril en 1935, conviviendo luego con ella por veinte años.
Los fragmentos que se presentan a continuación pertenecen, en general, a Don Segundo Sombra. Refieren a la alimentación de los reseros, peones rurales que eran contratados ocasionalmente para el arreo de topas de vacas.
Don Segundo Sombra es la historia contada en primera persona por un gaucho adolescente que se va haciendo hombre bajo el tutelaje de don Segundo. Desconcierta el lenguaje refinado con el que el personaje relata sus aventuras y desventuras. Avanzada la obra sabremos que se llama Fabio Cáceres y las circunstancias en que ha adquirido el dominio “culto” del idioma castellano.
Churrascos y asadores
En algunos artículos anteriores expuse mis hallazgos en torno de cómo se formó el gusto argentino en el punto de las carnes asadas. (1) Allí expuse las tres técnicas básicas de asado a fuego abierto que constituyen la forma más habitual de cocinar las carnes  en La Argentina: el asador, la parrilla y el rescoldo. Ensayé también la idea de que el punto de cocción de las carnes no dependía tanto de la técnica seleccionada como de la oportunidad. Un asado rápido en el camino, daba como resultado una cocción más jugosa, casi cruda según algunos testimonios. Un asado que espera la pausa en el trabajo, una cocción más cocida, “sobre cocida” para el pensamiento académico.
Los textos que siguen muestran la forma de comer la carne de los reseros. La información que brinda Güiraldes es magra; pero nos da indicios importantes.
I El churrasco de los reseros. Los reseros conducen un arreo por el campo. En ocasión de una parada frente a una pulpería, dos de ellos preparan el churrasco, mientras sus compañeros ingresan en el local para beber algo. Fuera de la circunstancia, el texto no agrega más datos; pero induce a pensar que los reseros llevaban carne cruda para el avío. Imagino, como muy probables, una cocción directa sobre brasas mal prendidas.
“Empezaba ya a hacer calor y traíamos una lasitud de hambre, pues estábamos en movimiento desde hacía cinco horas con sólo unos mates en el buche.
”Horacio y Goyo acomodaron un fogón y prepararon el churrasco. Los demás entraron al despacho, saludaron al pulpero conocido en otros viajes, y pidieron éste una ginebra, aquel un carabanchel.
”-¿Qué vah'a tomar? -me preguntó don Segundo.
”-Una caña'e durazno.
”-Te vah'a desollar el garguero.
”-Deje no más, Don.
”En silencio, vaciamos nuestras copas.
”Por turno, un rato más tarde «tumbiamos» y yo me eché otra caña al cuerpo.
”Repuestos y alegres nos preparamos a seguir viaje. Don Segundo y Valerio mudaron caballo. /…/.” (2)
II Churrascos de reseros en el fogón de una cocina de peones en una estancia. No agrega información acerca de cómo se cocinaron esos churrascos, sí sobre brasa directa, o sobre asadores. Tampoco se habla del punto. Pero el hecho de que hayan “activado el fuego”, induce a pensar en una cocción rápida sobre brasa vivas. No había tiempo para esperar que se cocieran al rescoldo.
“Al fin llegamos a la estancia de un tal don Feliciano Ochoa. La sombra de la arboleda nos refrescó deliciosamente. A pedido de Valerio, nos dieron permiso para echar la tropa en un potrerito pastoso, provisto de aguada, y nos bajamos del caballo con las ropas moldeadas a las piernas, caminando como patos recién desmaniados. Rumbo a la cocina, las espuelas entorpecieron nuestros pasos arrastrados. Saludamos a la peonada, nos sacamos los chambergos para aliviar las frentes sudorosas y aceptamos unos mates, mientras en el fogón colocábamos nuestro churrasco de reseros y activábamos el fuego.” (3)
III Fabio y don Segundo llegan con un rodeo a una feria de venta de ganados. En un sector, se encuentran unos asadores para alimento de los peones y el pobrerío. Allí se acercan los interesados y se sirven directamente la porción de carne que más se acomoda a su gusto. Los personajes se sirven de un cordero “de pella dorada”, es decir, bien sellado. Don Segundo celebró el manjar como un lujo, del mismo modo que los tenedores que vio Fabio en la mesa de los ricos. Es el único fragmento de toda la novela en que se celebra el gusto de la comida. En el resto de la obra, sólo se describe la satisfacción de la necesidad biológica.
“La feria era para mí una novedad. Cuando llegamos, estaban concluyendo de clasificar la hacienda en lotes, disponiéndolos en los corrales. Aquello parecía un rodeo, dividido en cuadros por los alambrados como una masa para hacer pasteles. La peonada que llevaba y traía los lotes era numerosa y, tanto entre ellos como entre los peones de las estancias, se veían paisanos lujosos en sus aperos y su vestuario. ¡Qué facones, tiradores y rastras! ¡Qué cabezadas, bozales, estribos y espuelas! ¡Si ya me estaba doliendo la plata en el tirador!
”A la sombra de un ombú, al lado del gran galpón del local, se asaba la carne para los peones y el pobrerío. Había como elegir entre los asadores que, aquí ensartaban un costillar de vaquillona, allá un medio capón o un corderito entero, de riñones grasudos.
”Los dueños de la feria, así como los estancieros y los clientes de consideración, tenían adentro acomodada una mesa larga, con muchos vasos y servilletas y jarras y frascos y hasta tenedores. Adentro, también, vecino al comedor, había un despacho de bebidas con sus escasos feligreses.
”Con mi padrino, nos arrimamos a un cordero de pella dorada por el fuego. ¡Carnecita sabrosa y tierna! «Lástima no tener dos panzas», decía con desconsuelo don Segundo.
”Enseguida que sus mercedes de la mesa se hartaron de embuchar, salió el rematador y su comitiva en un carrito descubierto y empezó la función. El rematador dijo un discurso lleno de palabras como: «ganadería nacional», «porvenir magnífico», «grandes negocios»... y «dio principio a la venta» con un «lote excepcional».
”Alrededor del carrito, a pie o montados en caballos de los peones de la feria, estaban los ingleses de los frigoríficos, afeitados, rojos y gordos como frailes bien comidos. Los invernadores, tostados por el sol, calculaban ganancias o pérdidas, tirándose el bigote o rascándose la barbilla. Los carniceros del lugar espiaban una pichincha, con cara de muchacho que se va a alzar las achuras de una carneada. Y el público, formado por la gente de huella y de estancia, conversaba de cualquier cosa.
”Sin alternativas pasó la tarde. La garganta del rematador no daba más de tanto gritar y mis orejas de tanto oírlo.” (4)
IV Fabio no podía conciliar el sueño en el rancho miserable y desapacible en que vivía el puestero don Sixto. El narrador utiliza una metáfora del churrasco sobre la leña. Clara indicación de que el churrasco se asa directamente sobre las brasas, sobre el fuego directo o sobre brasas mal prendidas.
“Apagué el candil, volqué la cebadura en el fuego, que se iba consumiendo, y fui a echarme en mi recado, en la otra punta del cuarto de don Sixto.
”No hallaba postura y me removía como churrasco sobre la leña, sin poder dar con el sueño. Era como si hubiese presentido la extraña y lúgubre escena, que iba a desarrollarse entre las cuatro paredes del rancho perdido.”(5)
V Trabajos en una estancia cercana al mar. Fogones con asadores para la peonada.
“Nos fuimos arrimando al rancho. En el patio grande, abajo de los sauces, ardían los fogones lamiendo la carne de los asadores. ¡Lindo olorcito!
”Habría entre todos unos veinte paisanos. Al aclarar del día siguiente llegarían unos diez más. Todos venían de distantes puestos. Decididamente, iba a ser nuestra recogida un trabajo bruto y grande.
”No hubo, antes de echarnos a dormir, ni muchas bromas, ni una alegría muy visible, ni guitarra. A la gente de esos pagos no parecía importarle nada de nada. Uno por uno enderezábamos al asador, cortábamos una presa, nos retirábamos a saborearla, en cuclillas. Los más salvajes y huraños desaparecían en lo oscuro, como si tuvieran vergüenza que los vieran comer o temieran que los pelearan por la presa. Como muchos, por tratarse de hacienda chúcara, habían traído sus perros, estábamos rodeados de una jauría hambrienta y pedigüeña.” (6)
VI Comer el churrasco a cuchillo, usando la galleta como plato. Fabio se reponía de sus heridas en un puesto de una estancia, pero no abandona la costumbre de comer de esa manera aunque en la mesa hubiera platos. Según las distintas referencias en la novela, los reseros contaban con galletas para el avío; pero sí accedían a ella en los ranchos.
“En un par de días, tuve tiempo para conocer los habitantes del rancho.
”Con la partida de los paisanos, que habían venido a ayudar, quedaron las casas como eran siempre.
”Comíamos en la cocina, los hombres: Don Candelario, dueño de casa, Fabiano, un mensual, y Numa, un muchachote tioco, de mi edad. Nos servía la mujer de don Candelario, doña Ubaldina, alcanzándonos galleta y unos platos que casi nunca usábamos pues, cortada nuestra presa del churrasco, comíamos a cuchillo, tajeando los bocados sobre la misma galleta.
”Eran los únicos momentos de reunión, salvo los del mate mañanero.” (7)
VII Carne asada en el medio del campo. En el texto no habla de churrasco, ni de asador. De modo que no tenemos otra cosa, en esta escena, que disfrutar del apacible asadito de los personajes, sin obtener información adicional. Salvo, quizás, que reparemos en la morosidad con que estos reseros toman mate y comen su carne. Ello nos induce a pensar que pudieron comer la carne bien cocida.
“Hicimos pasar nuestras tropillas al campo y, luego de haber desensillado, juntamos unas biznagas secas, unos manojos de hojarasca, unos palitos y un tronco de buen grueso. Prendimos fuego, arrimamos la pavita, en que volcamos el agua de un chifle para yerbear, y, tranquilos, armamos un par de cigarrillos de la guayaca, que prendimos en las primeras llamaradas.
”Como habíamos hecho el fogón cerca de un tronco caído, de tala, tuvimos donde sentarnos y ya nos decíamos que la vida de resero, con todo, tiene sus partes buenas como cualquiera. Creo que la afición a la soledad de mi padrino, debía influir en mí; la cosa es que, rememorando episodios de mi andar, esas perdidas libertades en la pampa me parecían lo mejor. No importaba que el pensamiento lo tuviera medio dolorido, empapado de pesimismo, como queda empapada de sangre la matra que ha chupado el dolor de una matadura.
”De grande y tranquilo que era el campo, algo nos regalaba de su grandeza y su indiferencia. Asamos la carne y la comimos sin hablar. Pusimos sobre las brasas la pavita y cebé unos amargos. /…/.” (8)
Aclaraciones finales:
Los textos que anteceden no son muy claros en relación con el método de cocción del churrasco. Pero reduciendo algunas posibilidades podemos realizar una inferencia altamente probable.
Cuando en la comida hay asadores, el relato los dice de manera explícita, y no menciona la palabra churrascos. Cuando sí utiliza la palabra churrasco, refiere a una cocción rápida sobre un fuego que puede ser improvisado o estar encendido en un fogón. En uno de los textos, se habla de activar el fuego, lo que permite eliminar la posibilidad de una cocción a brasa viva y no al rescoldo que resultaría inviable para una cocción rápida. De modo que sólo quedan dos posibilidades, cocción a brasa viva o directamente sobre el fuego. No debe descartarse la posibilidad de que usaran brasas mal prendidas (el uso de leña no posee las dificultades del carbón).
Es más probable que sea sobre la brasa viva. Me baso en la receta de churrasco enviada por Mercedes Torino de Pardo para ser publicada por Juana Manuela Gorriti en su Cocina Ecléctica. La señora Torino propone cocinarlo directamente sobre la brasa viva, luego de afirmar “El verdadero churrasco, /…/, helo aquí, cual hasta hoy lo saborean con fruición sus inventores, los que poseen el secreto de la preparación de la carne: los gauchos.” (9)
En cuanto al punto de cocción, nada nos dice el texto, pero es muy probable que dependa de las circunstancias, como ya lo he señalado. La carne de asador es oficiada con morosidad, con lo cual podía comerse bastante cocida. El churrasco se cocina rápidamente, de manera que es probable que los reseros lo comieran bastante jugoso, cuando lo hacía en un alto en el camino, y más cocido cuando disponían de tiempo.
El uso de la parrilla es más reciente y sólo se podía utilizar donde la había, Güiraldes no registra ningún caso de manera directa; aunque hay una escena en que los reseros comen chorizos, y eso induce a pensar en la necesidad de una parrilla. Todo dependía de la disponibilidad del artefacto. Los reseros de Elías Carpena, coetáneos de don Segundo, comían churrascos a la parrilla hechos por el negro Palomeque en la Casa Vieja cerca de Mataderos. (10) Pero ésa ya es otra historia.
Notas y Bibliografía: 
(1) 2016, Aiscurri, Mario, “El punto de asado criollo (Give my curry). Parte I”, en El Recopilador de Sabores Entrañables, leído el 9 de marzo de 2019 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2016/01/el-punto-del-asado-criollo-give-my.html; 2016, Aiscurri, Mario, “El punto de asado criollo (¿La culpa la tiene Dembo?) Parte II”, en El Recopilador de Sabores Entrañables, leído el 9 de marzo de 2019 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2016/03/el-punto-del-asado-criollo-la-culpa-la.html; 2016, Aiscurri, Mario, “El punto de asado criollo (un “aguante” para el gusto argentino). Parte III”, en El Recopilador de Sabores Entrañables, leído el 9 de marzo de 2019 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2016/03/el-punto-del-asado-criollo-un-aguante.html y 2018, Aiscurri, Mario, “Después de “El punto de asado argentino”, la hora de la parrilla (revisión)”, en El Recopilador de Sabores Entrañables, leído el 9 de marzo de 2019 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2018/09/despues-de-el-punto-del-asado-argentino.html.
(2) 1926, Güiraldes, Ricardo, Don Segundo Sombra, Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1973, Cap. VII, pp. 55- 56. También en Biblioteca Virtual Universal, http://www.biblioteca.org.ar/libros/92790.pdf, leído el 6 de abril de 2019.
(3) Ídem, Cap. VIII, pág. 60.
(4) Ídem, Cap. XIV, pp. 112-113.
(5) Ídem, Cap. XV, pág. 122.
(6) Ídem, Cap. XVI, pág. 129.
(7) Ídem, Cap. XIX, pág. 159.
(8) Ídem, Cap. XXI, pp. 181-182.
(9) 2012, Aiscurri, Mario, “La Receta del churrasco”, en El Recopilador de Sabores Entrañables, leído el 9 de marzo de 2019 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2012/10/la-receta-del-churrasco.html.
(10) 2012, Aiscurri, Mario, “Cuentos de reseros: el churrasco del Negro Palomeque”, en El Recopilador de Sabores Entrañables, leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2012/11/cuentos-de-reseros-el-churrasco-del.html, el 9 de marzo de 2019.