sábado, 1 de agosto de 2020

Coctail y otras recetas de Doris

El pueblo judío ha peregrinado por siglos a través de la tierra. Llevaba consigo su identidad religiosa que permitió a sus integrantes reconocerse entre sí en cualquier lugar del planeta. Con todo, en varias oportunidades, amplios sectores del pueblo lograron permanecer en ciertos territorios durante un largo tiempo. En esas ocasiones, pudieron estabilizar una formación cultural que se implantaba en la que la tradición milenaria como una forma específica devenida del intercambio local con otros colectivos sociales.


Las imágenes pertenecen al recetario de Doris (porpiedad de Alexis Choclin)

Las formaciones culturales del judaísmo más desarrolladas fueron la asquenazi, en el este europeo, y la sefardí, en España. Generaron dialectos específicos de las lenguas hegemónicas en los sitos que habitaban (el idishe del alemán y el ladino del castellano, respectivamente) y sus propios acervos culinarios. Las migraciones judías en La Argentina contaron con numerosas familias provenientes de ambas tradiciones.

I La cocina asquenazi en La Argentina

He dedicado muchos artículos a la recopilación de recetas de la cocina asquenazi que tomé del recetario que Hedy Pundik dejó como legado a su hijo, mi amigo Alexis Choclin. He mostrado como la endo-cocina asquenazi no se volcó decididamente en el caldo común de la cocina neo criolla argentina, ni se dejó ver sino tardíamente. He expuesto algunos porqués basado en las reflexiones de Alexis. La razón principal es que la colectividad judía en La Argentina adoptó el patrón alimentario criollo, reservando la cocina tradicional para las celebraciones íntimas, religiosas y familiares. A su vez, se dejó ver en la cocina argentina a partir de dos fenómenos: la vocación de muchos jóvenes judíos por mostrar su tradición a los goyim en los años ochenta del siglo pasado y el atractivo de las cocinas étnicas que se manifestó como tendencia gastronómica desde los años noventa del mismo siglo.

Mi amigo Alexis me pasó copia del recetario de su madre y me trajo una vieja libreta con recetas de su abuela Doris, escritas de puño y letra por ella misma. La libreta, una entre cinco o seis que Alexis posee, tiene algunas peculiaridades en las que me voy a detener abajo. Pero antes quiero señalar que las recetas de Doris han influido notablemente en la cocina de Hedy, incluso en aquellas preparaciones que ella misma utilizaba en el emprendimiento de catering que llevó adelante a partir de la última década del siglo pasado.


Efectivamente podemos encontrar las siguientes recetas en la colección de Hedy Pundik: “Bizcochitos Doris”, “Knishes – strudel (Doris)” y “Torta de zapallitos Doris”. Pero la influencia de Doris sobre Hedy no se limita a las recetas que llevan su nombre en el título. Alexis reconoce la huella de su abuela en otras fórmulas, por ejemplo, en la receta de kreplaj que la colección contiene. La receta dice que el relleno de esta pasta debe hacerse con carne barata. Alexis reconoce que la expresión da cuenta de que la receta original era de Doris.

Alexis no puede datar estas libretas, pero parecen muy antiguas. Suponemos que pueden haber sido escritas en un período que se inscribe entre dos momentos familiares ocurridos en el siglo XX. O bien poco antes de que los Pundik tuvieran hijos en Buenos Aires (c 1940), o bien cuando nacieron los primeros nietos (c. mediados de los sesenta), o bien en algún momento impreciso entre ambas circunstancias. Personalmente pienso que, por el tipo de libreta y el estado de la misma, lo más probable es que fueran escritas en los primeros momentos de ese período.

II Una historia mínima no tan mínima

El recetario está escrito en graciosa algarabía, algunas recetas mezclan el idioma inglés con el alemán y el castellano. Alexis atribuye esta escritura al carácter itinerante de la propia vida de Doris y de Salo, su marido. Esta mezcla de idiomas puede hablarnos también de la antigüedad de la libreta, que bien pudo ser escrita cuando Doris apenas comenzaba a hablar el castellano.

¿Quiénes eran estos personajes? Dorotea Knapheis (Doris) nació en Frankfurt en 1910, a los dos meses de edad fue llevada a Inglaterra, adquirió la nacionalidad inglesa. Vino muy joven a La Argentina (c 1927). Falleció en Buenos Aires en 1984. Jaim Zelman Pundik (Salo) nació en Ucrania en 1904, fue llevado a Dinamarca a los nueve meses de edad, adquirió nacionalidad danesa. Se recibió de ingeniero civil en la Universidad de Copenhague. Vino joven a La Argentina (c 1931-1932). Falleció en Londres en 1979. (1)

Alexis recuerda que en su casa casi siempre había comida porteña en la mesa cotidiana; pero en la de sus abuelos maternos era diferente. Allí se comía cocina danesa y alemana. Debemos tener en cuenta que, si bien los Pundik eran judíos ortodoxos, su abuelo Salo solía escabullirse de la práctica estricta de las reglas de la cashrut. Alexis recuerda, por ejemplo, haber ido a comer con su abuelo picadas en Mar del Plata (los famosos y tradicionales platitos de la rambla). Allí, el señor Pundik ingería mariscos, prohibidísimos en las leyes alimentarias judías. También lo recuerda comiendo gravlax sobre tostadas untadas en manteca, infligiendo la prohibición de comer lácteos y carnes en el mismo plato. (2)


El mismo Alexis reflexiona sobre el particular. Las normas de la cocina kasher fueron elaboradas en coordenadas de tiempo y espacio específicas. Se basaron en una sistemática observación de la realidad natural circundante. Por ejemplo, cuando hubo un cuerpo consistente de observaciones en la Palestina de las doce tribus, se estableció una relación causal entre la triquinosis y la carne de cerdo. A partir de allí, se reglamentó la prohibición de su consumo.

El pueblo judío producía intercambio de ideas y hábitos gastronómicos en cada sitio en que se asentaba. Jamás perdieron el hábito de la observación sistemática, de modo que, donde veían que algunas prácticas contrarias a la cashrut, podían tomar dos caminos. Algunas familias preferían seguir con el carácter ritual de las prohibiciones, en tanto que otras adoptaban nuevos hábitos, luego de verificar que no producían los daños esperados en los pueblos que cohabitaban con ellos.

Por ejemplo, adoptaron rápidamente el patrón cárnico en nuestro país y muchos integrantes del pueblo lo hicieron, sin preocuparse demasiado por la ingesta simultánea de lácteos. Los pretzales rellenos de jamón cocido y queso, por ejemplo, eran moneda corriente en la casa de mi amigo.

III El recetario y las recetas

Este volumen del recetario de Doris (como ya dije una de las cinco o seis libretas que Alexis conserva de su abuela) contiene un conjunto abigarrado de recetas que suman poco más de treinta fórmulas desparramadas, con cierta irregularidad, en veinte hojas de pequeño tamaño, manuscritas por Doris. (3)

Muchas recetas se limitan a indicar ingredientes, proporciones de los mismos y algunas indicaciones operacionales. En muy pocos casos, se indica el proceso completo como ocurre en recetarios familiares de la época.


Con todo, lo más llamativo de las recetas es que algunas, como lo anticipé, están escritas mezclando tres idiomas (alemán, castellano e inglés). Transcribiré algunas

Coctail

“6 yemas.

”400 grm. azucar nise well

”1 litro milk cooked

”with one stick of vanilla

”cool down mix to gethes

”with eggs add ¼ litro alcohol”

Biscuit

“200 grms Maizena 1 table spoon

”Royal ½ glass oil 4 yelows

”5 table spoon sugar

”1 glass oporto

”------------------

”150 grms. flour.”

Torta de dátiles

“6 huevos. 10 cucharada

”harina. 2 cuch. Royal

”1 ½ taya ay. 1 ½ taya Nuez

”1 ½         datiles poco canela”

“batir huevos enteros con

”azucar mexclar harina con

”royal añadir nueces pie.

”y datiles picada y canela.”

Las vidas errantes de sus abuelos maternos y el pensamiento iluminista que los alimentó en su formación educativa y cultural han influido mucho en los propios hábitos de Alexis, y no sólo en sus prácticas alimentaria.

Mi amigo es cocinero profesional, por ello, tiene un gran valor para él conservar estas libretas. Son, tal vez, uno de los signos más importantes de su identidad personal… tienen la potencia de un legado.

Notas y bibliografía:

(1) 2019, comunicación de Alexis del 15 de octubre.

(2) 2018, Choclin, Alexis, entrevista grabada el 12 de mayo.

(3) Copia digital de la libreta de Doris que Alexis me prestó el 12 de mayo de 2018.


sábado, 18 de julio de 2020

Cannariculi, chichiriquiata y cellepiene dulces calabreses de Navidad


I Las dulzuras de Navidad bien al sur, y no tanto
La Navidad en Italia, España y en la Europa toda es una fiesta llena de magia y de celebración familiar. ¿Magia? Sí, magia con la mesa siempre poblada de leyendas entrañables que se transmiten de generación en generación. En el siglo XX, los argentinos que descendemos de inmigrantes cristianos, hemos adoptado esas fiestas con todos los rituales de intimidad familiar y comidas de profusa composición calórica. Pero esto no siempre fue así, como nos cuenta Emilio Daireaux en Vida y Costumbres del Plata, en 1887, los criollos no celebraban las fiestas de Navidad. (1)
 Las imágenes pertenecen a María Inés Pacenza y familia
Cada familia conserva algunas recetas cuyos primeros antepasados inmigrantes han decidido incluir en sus prácticas culinarias, junto a otras que son producto del intercambio y la fusión e, incluso, de la creación local.
Mi amiga María Inés Pacenza recuerda que, para la Navidad, la familia se reunía en su casa. Tías, maridos y primos se sentaban en dos grandes mesas, una para adultos y otra para niños. También recuerda que las mujeres (su abuela materna, su madre y las hermanas de su madre) preparaban los dulces del epígrafe, y otros más (v. g., pizelli, scrippelle, etc.). En esas grandes mesas, comían lo habitual en familias argentinas para esas fechas, vitel toné, carré de cerdo, pavo, etc. Luego se pasaba a los dulces, entonces aparecían estas delicias ligadas a la identidad italiana. (2)
María Inés (Maynes), recuerda la centralidad de la celebración de la Navidad en su familia. Papa Noel recién comenzaba con sus andanzas, y los niños recibían sus regalos, mayoritariamente, el día de Reyes. Pero la celebración más significativa era la Navidad.
Maynes y sus hermanas Ana y Mona, me pasaron estas recetas de la repostería de Calabria, y de un poco más allá. Todas ellas son dulces que se preparan con harina, azúcar y, en algunos casos, vino. La leyenda familiar registra el sentido de los ingredientes comunes entre ellas. Cuando muchos calabreses decidieron venir a hacer la América a principios y mediados del siglo XX, en la suela de la bota reinaba la pobreza; pero había una costumbre, según cuenta María Inés, que las familias patricias respetaban, fiestas populares en las que se repartía harina, aceite y, en algunos casos, vino para que todas las familias tuvieran estos dulces sobre la mesa della Notte di Natale.
Como ya dije, algunas recetas llevan vino en su preparación. Esto era así porque, en épocas previas a las migraciones, se valoraba mucho la calidad del vino calabrés. María Inés dice “las recetas llevan vino, porque se decía que, en Calabria, el vino era super, tan bueno que lo tomaban hasta los griegos”. Maynes es socióloga y su formación positivista le impide considerar de primera mano que tales historias sean verdaderas, simplemente porque carece de evidencias para sostenerla. Comparto la visión de mi amiga, pero cómo disfruto de esas leyendas que adornan el sagrado pino de la Navidad. (3)
A pesar de las semejanzas manifestadas, Maynes hace una distinción. Los cannariculi y la chichiriquiata eran para ella de claro origen calabrés, aunque la abuela materna, que era abruzesa, también los hacía con otros nombres. En cambio, desconoce el origen de los cellepiene, pero los recuerda como parte del legado de la rama materna de la familia.
En realidad, aunque Maynes reconoce como central la identidad calabresa de su familia; las Navidades las pasaban con las familias de tres hermanas de la madre, con lo cual la impronta abruzesa estaría siempre presente.
Lo cierto es que las hermanas Pacenza han conservado ese espíritu de Navidad y han sabido transmitirlo a sus hijos y nietos. Han conservado las recetas (para más abundar, las han escrito para que no se pierdan), las practican y, en todas las Navidades que pueden pasar juntas ven como sus nietos prefieren comer los cannariculi antes que los turrones y confituras industriales.
II Las recetas
Vamos a cocinar con las hermanas Pacenza… bueno, con Ana y Mona, porque Maynes no se reconoce como buena cocinera. (4)
Empecemos por los cannariculi. Lo primero que hay que decir es que éste era el nombre que le daba la abuela materna de las Pacenza que había nacido en la región de los Abruzos, como ya anticipé. Por su parte, en la familia paterna que era calabresa, se los llamaba turdilli.
Maynes dice que la denominación abruzesa está relacionada con la forma de caracol que esta macitas toman cuando se les da forma de ñoquis. Mi amiga cuenta que, en alguna oportunidad, intentó hacer esta receta, pero que el resultado fue desastroso. En la tradición familiar actual, los cannariculi son especialidad de Mona Pacenza.
Cannariculi o turdilli
Fuente (fecha)
Mona, Maynes y Ana Pacenza (2019). La letra de la receta es de Mona Pacenza (fue tomada al dictado de Dora, madre de las hermanas). (5)
Ingredientes
Vino tinto 2 vasos.
Azúcar 2 vasos.
Aceite de aromas neutros 2 vasos.
Canela 1 cucharada.
Calvo de olor molido ½ cucharadita.
Harina 0000 1 kg.
Miel c/n.
Preparación
1.- Colocar el vino, el azúcar y el aceite en una cacerola.
2.- Condimentar con canela y clavo de olor molido.
3.- Llevar al fuego, hacer hervir brevemente y dejar enfriar.
4.- Mezclar con la harina hasta lograr una masa uniforme.
5.- Hacer ñoquis.
6.- Freír los ñoquis y pasarlos por miel caliente
Comentarios
1.- La receta dice “canaricuri”. Ignoro las razones por las que no hay una ortografía uniforme. Pero, como me parece un tema intrascendente y no voy a hacer comentarios al respecto. Sólo dejaré registrada la variación.
Chichiriquiata (en italiano, se escribe “cicirichiata”), también llamados struffoli o pignolatta. Esta última, es una denominación calabresa que se usa cuando, en la presentación familiar, las bolitas son dispuestas en forma de pino (interesante representación simbólica del festejo).
En la tradición familiar actual, esta receta la prepara Ana Pacenza.
Chichiriquiata o struffoli
Fuente (fecha)
Mona, Maynes y Ana Pacenza (2019). La letra de Paula, hija de Ana Pacenza que la tomó al dictado de su abuela Dora.
Ingredientes
Masa:
Huevos 4.
Azúcar 165 g.
Aceite de aromas neutros160 g.
Harina 0000 500 g.
Polvo de hornear 1 cucharadita.
Baño:
Miel 1 taza y 1/3.
Azúcar 1/3 de taza.
Armado:
Miel c/n.
Nueces c/n.
Almendras c/n.
Preparación
Masa:
1.- Batir los huevos con el azúcar.
2.- Agregar el aceite y seguir batiendo hasta lograr una mezcla suave y pareja.
3.- Mezclar la harina con el polvo de hornear. Colocarla en forma de volcán sobre la mesada.
4.- Agregar los líquidos y unir, formando una masa algo blanda.
5.- Estirar la masa con un palote hasta dejarla de 1,5 cm de espesor.
6.- Cortar en trocitos, darles forma de bolita y espolvorearlos con harina.
7.- Freír las bolitas en abundante aceite. Después de retirarlas, dejar enfriar.
Baño:
8.- Hervir el azúcar y la miel por un minuto.
9.- En una cacerola a fuego lento, colocar la fritura y agregarle el baño. Remover para que las bolitas se impregnen bien.
Armado:
10.- Armar la rosca sobre una tartera, ayudándose con las manos mojadas, apretándolas y dándoles buena forma.
11.- Dejar enfriar y decorar echando miel, nueces y almendras picadas por encima.
Comentarios
1.- En la familia paterna, se armaba como un pino (pignolatta), dice Maynes, en la materna como una rosca.
2.- Dice Ana que no se deben dejar enfriar las bolitas para armar la rosca porque se endurece el baño.
3.- Si bien se come a temperatura ambiente, no se lleva la confitura a la heladera ni para enfriarla, ni para conservarla.
4.- Ana decora con grana de colores en lugar de nueces y almendras picadas como dice la receta.
Cellepiene, como ya les avisé, Maynes desconoce el origen, pero sostiene que venían del lado abruzese de la familia. Mona confirma que la receta proviene de Los Abruzos.
En su momento los hacía Mona, dejó de hacerlos (tal vez, por la gran dificultad que supone su preparación o porque no tienen la misma aceptación de las otras confituras que aquí expongo).
Cellepiene
Fuente (fecha)
Mona, Maynes y Ana Pacenza (2019). La letra de la receta es de Mona Pacenza (fue tomada al dictado de Dora, madre de las hermanas).
Ingredientes
Relleno:
Dulce de uva, un frasco.
Dulce de membrillo ¼ kg, en pedazos.
Nueces peladas 100 g.
Pan rallado 2 cucharadas.
Vino tinto 1 vaso.
Canela 1 cucharadita.
Masa:
Aceite de aromas neutros1 vaso.
Harina 0000 ¾ kg.
Sal una pisca.
Preparación
Relleno:
1.- Cocinar los dulces con el vino, agregar de a poco el pan rallado y las nueces picadas, hasta obtener una mezcla homogénea.
Masa:
2.- Poner la harina en un bol y agregar la sal.
3.- Agregar el aceite y unir hasta lograr una masa que no quede pegajosa.
4.- Estirar la masa bien fina y cortar en discos de 8 cm de diámetro.
5.- Rellenar cada disco en el centro y armar como si fueran empanadas, pero sin repulgue.
6.- Cocinar en horno moderado.
7.- Retirar del horno y sumergir las cellepiene rápidamente en Gancia a temperatura natural.
8.- Retirarlas del líquido y espolvorear con azúcar impalpable antes de servir.
Comentarios
1.- Mona explica que el nombre correcto de la confitura es celli ripieni (cielos rellenos) y que en la familia se usa un nombre equivocado que, probablemente, provenga de formas dialectales.
Pido a los lectores que se animen, preparen estas joyas de la dulcería del sur de Italia y las disfruten en la próxima Navidad.
Notas y bibliografía:
(1) 2018, Aiscurri, Mario con textos de Emilio Daireaux, “Navidad y Año Nuevo, fiestas de inmigrantes (1887).”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 10 de setiembre de 2019 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2018/02/navidad-y-ano-nuevo-fiestas-de.html.
(2) 2019, Pacenza, comunicaciones del 9 de setiembre de 2019. Todas las referencias relacionadas con el relato de María Inés Pacenza provienen de las comunicaciones de esa fecha, salvo que se indique lo contrario.
(3) Después de compuesto el borrador del texto, Maynes Pacenza anduvo indagando por la Internet y descubrió que las leyendas familiares se remontan a hechos que llevan más de dos milenios de antigüedad. El reparto de harina, aceite y vino, por ejemplo, está asociado a las fiestas saturnales en el antiguo Imperio Romano. Estas fiestas se celebraban a fin de año, coincidiendo su finalización con el 23 de diciembre. 2019, María Inés Pacenza a Mario Aiscurri, correo-e del 17 de setiembre.
(4) Los detalles técnicos de la elaboración de estos dulces los aportaron Ana y Mora a través de Maynes en 2019, María Inés Pacenza a Mario Aiscurri, correo-e del 23 de setiembre.
(5) La identificación de la autoría caligráfica con que están escritas las recetas y algunos detalles sobre el contenido de las mismas en 2019, María Inés Pacenza a Mario Aiscurri, correo-e del 17 de setiembre.

sábado, 11 de julio de 2020

Afrodisíacos en tiempos de pandemia


Por Alejandro Maglione
(publicado en Cucinare) (1)
Parece que una de las consecuencias no deseadas de la cuarentena sería el de cierta pérdida de la libido entre las parejas debido a la extendida convivencia, según dicen.
El tema no es nuevo, como veremos, pero uno pensaría que desde la irrupción de la afamada pastillita celeste este tema estaría superado. Pero no, la pastillita, según explican, potencia la pulsión, pero no la genera.

Existen jeroglíficos donde los antiguos egipcios le rendían homenaje al dios de la fertilidad, en los que se ve a la deidad con una suerte de candelabro con una llama prendida aplicándola en la punta del pene del faraón (es de esperar por el pobre faraón que esto no sea más que una de las tantas fantasías generadas por la mitología).
Se ha llegado casi a la extinción del rinoceronte negro en África, por la fantasía de ciertos ciudadanos del Lejano Oriente que creen firmemente en que el polvo hecho con su cuerno hace maravillas a la hora de dejarse arrastrar por el furor de las pasiones locas. Por lo que trasciende, no es que los muchachos tiendan a la frigidez en aquellos lares. No, parece ser que, desde siempre, comenzando por los chinos, el tema de la potencia del varón se mostraba teniendo muchos hijos, como prueba de que un marido cumplía en tiempo y forma con sus obligaciones.
En fin, a través de los tiempos, tanto príncipes como mendigos, han encontrado un estímulo a su autoestima por su capacidad amatoria. A la mujer el papel que se le reservaba era un dejar hacer (cosa que nunca fue cierto). El hombre, en caso de un estrepitoso fracaso, no dudaba en culpar a la mujer de no haberlo sabido estimular adecuadamente. Hoy, es de sospechar, que el que se atreva a realizar esta transferencia de culpa, seguramente termine golpeado…
Lo real es que la gastronomía ha sido una ayuda fundamental a los fines de convocar a Afrodita –que le dio el nombre de afrodisíacos a estos mágicos productos- a la hora del combate. Lo interesante es que es la denominación griega la que ha primado, porque en Roma a la diosa del amor, recordemos, la denominaban Venus.
Vamos merodeando por los productos. El poeta romano Ovidio escribió su Ars amatoria donde recomienda las cebollas, la miel, los huevos, la ajedrea, el repollo silvestre y el ananá.
Los franceses son afectos a beber absenta que se elabora a partir de una planta que se conoce como Artemisa, que es, a su vez uno de los nombres que se le daba la diosa Diana. Ellos desde siempre le reconocieron virtudes al ajo cocido, los langostinos y los órganos sexuales de diversos animales. (Cabe preguntarse por la costumbre de nuestros paisanos de comer las criadillas).
En la India coinciden con las virtudes del ajo, pero también confían en la cebolla, los puerros y las chauchas. También apuestan al arroz mezclado con miel. Los británicos son más austeros y confían en el arroz solo.
En 1132, un tal Pedro El Venerable prohibió que los monjes del monasterio de Cluny, en Francia, consumieran ajíes o pimientos, porque, al parecer, estos santos varones se desacataban luego de consumirlos.
La albahaca aparece en muchos escritos como una planta de gran eficiencia. Así, que luego de esos tallarines al pesto, lo mejor es dormir una siesta acompañado.
El azafrán ocupa un destacado lugar entre los árabes, que sofistican su consumo en un preparado que lo presenta junto con dátiles, anís, flores de naranjo, zanahorias silvestres, huevos y miel, el que deberá ser hervido antes de beber.
Parece ser que las alcaparras tienen tal contundencia que la Biblia en el Libro del Eclesiástico 12, 53 desaconseja expresamente su consumo. Claro, en aquellos años no se conocía aún el carpaccio, plato inimaginable sin unas deliciosas alcaparras.
Las trufas tienen una bien ganada fama. Uno de los grandes promotores fue el sibarita francés Brillat-Savarin, que en su Fisiología del Gusto asegura que “hacen a las mujeres más amigables y a los hombres más amorosos”. Siendo que son deliciosas, el premio de comerlas debería ser más que suficiente, pero esta añadidura no es nada despreciable.
La Biblia en otro pasaje gastronómico, dice en el Cantar de los Cantares 4, 14: Tus brotes, un paraíso de granados. Nardo y azafrán, caña aromática y canela. Por lo que sumamos la canela a nuestro escueto listado.
Otra vez Ovidio rinde culto a la cebolla: Si tu esposa está vieja y tu miembro exhausto, come cebollas hasta hartarte. (Por ahí, finalmente, el problema no era “la esposa vieja”…).
Muchos textos honran al Champagne como un vehículo que lleva al amor ardoroso. También grabados de los siglos XVIII y XIX muestran a encantadoras cortesanas con sus copas en las manos. (Muchos toman el dato como excusa para beber un Veuve Cliquot Rosé)
El chocolate fue indirectamente honrado cuando el siglo XVII se prohibía el consumo a los monjes franceses por su capacidad como excitante. Fue la señal para que se pasara a incluir en muchos platos de la cocina de Francia, al fin y al cabo, no todos eran monjes en aquella época.
Es raro que una buena empanada argentina no incluya el comino, también reconocido afrodisíaco. Si bien su consumo no parece venir recomendado desde el siglo XIII como sí lo ha sido el coriandro.
Sigamos sumando productos, esta vez, todos con la E: endivia, enebro y eneldo. Se dice que algunas doncellas alemanas suelen tener una endivia entre sus ropas como amuleto para el amor. Sin comentarios.
Los recetarios italianos son un manantial de productos afrodisíacos: la albahaca, la sopa especiada con clavo, el laurel, las trufas, el apio, el tomillo, el perejil, el hinojo, los alcauciles o el chocolate, entre muchos otros, permiten imaginar el origen de la afamada voluptuosidad de los habitantes de la península itálica.
Los garbanzos, según los expertos en el tema, tienen lo suyo, y el consumo popular en España se le suele atribuir a los infaltables árabes o moros, a la hora de historiar algunas de las virtudes de la cocina hispana. El hummus de garbanzos siempre pareció un gran plato de la cocina mediterránea, con esta información ahora existe una razón más para consumirlo.
La manteca de cerdo, tan útil para ciertas preparaciones como bizcochos o galletas, resulta que a algunos trasnochados aseguran que es un ungüento mágico para ayudar en el desempeño amatorio. Da para pensar que la cosa suena medio a enchastre.
No pocas recetas infalibles aconsejan el consumo del caracú. Para los cultores de las peleas a la hora de comer puchero por establecer quién se queda con los caracúes circundantes en la fuente, ahora hay un doble motivo para la disputa.
Todos recordamos a Galeno, aquel médico griego que ejercía en la corte del emperador Marco Aurelio. Fue él que el que aseguraba que un vaso de miel espesa entibiada y bebida al momento de yacer en el lecho era una garantía de éxito. ¿Habría diabéticos en aquellos años?
La nuez moscada suele ser muy apreciada por las mujeres de China, así que a la hora de agregarla en un puré de papas o la preparación que sea, suelte la mano, que son todos beneficios.
No podía faltar, porque seguro que de inmediato aparecería un reclamo: nos referimos al querido orégano, muy apreciado desde los tiempos de la Antigua Roma.
Sobre las ostras se ha escrito mucho. Simplemente incorpórela al listado, si es que le gustan. Otro tanto podemos decir de la pimienta, sea negra o blanca. O los quesos en sus distintas variantes.  Muchas literaturas avalan las virtudes de todos ellos.
En el Medio Oriente se aprecian los piñones y los pistachos.
Se dice que los alemanes miran con simpatía a los rábanos, las arvejas, los porotos y las lentejas. Quizás de éstos, el único que mereció una oda fue el rábano, al que un tal Claude Bigothier le dedicó su Raporum encomiun (Oda a los rábanos).
También con la R vemos que la remolacha, los riñones de ternera, el romero y la ruda, pueden ser puntales de un buen himeneo.
En esta suerte de diccionario vemos que la S está representada por la sal, la salvia, la sopa de tortuga y hasta por el vino Sauternes (muchos prefieren el Château d’Yquem).
Imagine que esto es una pequeñísima reseña de lo que la literatura ha ofrecido a través de los siglos en distintas partes del mundo. Lo que sí demuestra es que si una pequeña parte de todo esto fuera cierto viviríamos erotizados.
Aunque, siendo días de cuarentena y de cocinar en familia o con o para su pareja, pruebe, seguro que en su alacena hay al menos 10 de estos productos aquí sugeridos. El tema es siempre el mismo: potencian no generan. Así que, si no hay una suerte de empeño previo, no pierda su tiempo y su dinero, los afrodisíacos no son mágicos, la magia siempre debe surgir de la pareja.
Notas y referencias: