Siempre me ha preocupado el uso correcto de
las preposiciones. Esas pequeñas palabras que parecen insignificantes, son
esenciales para entender bien las cosas. Expongo, en estas notas, un caso en
donde esta preocupación es pertinente: la publicación reiterada de recetas de
flan de dulce de leche que sólo son recetas de flan con dulce de
leche.
¿Cuál es la diferencia? En el primero, el flan
y el dulce se elaboran simultáneamente. En tanto que en el flan con
dulce de leche, el dulce es previo y se constituye en un ingrediente más.
Para aclarar el punto, voy a recurrir otra vez
a doña Petrona; lo hago protestando siempre que quien no haya hojeado su libro,
se pierde más de la mitad de la historia de la cocina argentina.
En mi caso, por ejemplo, en alguna
oportunidad, ya me he aprovechado de la genialidad de la célebre cocinera
bandeña para demostrar, por cierto que con éxito, la originalidad de la baña
cauda de la Pampa Gringa Argentina. (1) Debo acarar que no fui yo quien ha
descubierto la genialidad de esta morocha gigantesca en torno del flan de
marras. El que me puso sobre la pista fue el cocinero y antropólogo
norteamericano Jeff Tobin como les mostraré ut retro. (2)
En nuestros días, con el exceso de información
que suele mantenernos desinformados, es muy fácil perder el piolín de Ariadna,
perturbados por el exceso de errores que encontramos en la Web. Vemos así que
muchos publican recetas, o las practican, sin saber de dónde vienen o cómo denominarlas
con precisión idiomática. El hecho no está mal en sí mismo, cuando uno quiere
cocinar, se pone y cocina, y eso está bien. Pero cuando pretende mostrar la originalidad
sobre una determinada fórmula que a veces consideran propia y que a veces le inventan
un origen legendario, tratando de captar el interés del lector, terminan propiciando
una auténtica confusión que, modestamente, pienso necesario aclarar.
Escribo estas notas porque recientemente leí
la receta que el gran maestro, gastrónomo y cocinero vasco Mikel López
Iturriaga publicó hace más de doce años en el suplemento de cocina del diario El
País de Euskadi. El artículo contiene una fórmula de flan de dulce
de leche que mereció mi atención. Desde luego que don Mikel no es especialista
en la cocina del Cono Sur de Nuestra América, ni pretende serlo, y yo mismo celebro
su actitud de prestar atención a lo que cocinamos en este rincón del planeta; sin
embargo, en este caso, hay una falla.
I Flan de dulce de leche o flan con dulce de leche la receta de
Mikel López Iturriaga
La receta que publicó López Iturriaga no es la
primera que vi bajo el título de flan de dulce de leche, ni la primera
que expone una fórmula imprecisa. Es que fuera de eso mantiene para mí un
interés particular debido a la circunstancia en la que se apropió de ella, con
debida autorización claro está, en la República de Chile hace ya más de una
década.
Don Mikel nos cuenta que comió en CasaMar, un restaurante a cargo del chef Tomás Olivera Leiva en Santiago de Chile. Allí probó platos y tragos que le resultaron novedosos y atractivos, y que le fueron presentados como joyas de la gastronomía chilena. Menciona algunos de ellos, como el pisco sour chileno (bastante diferente del peruano, agrego yo), el tomaticán chileno (bastante diferente del cuyano, sigo agregando yo) y el flan de dulce de leche que transcribo a continuación. Sí, evidentemente podemos confirmar que Mikel probó auténticas joyas de la maravillosa gastronomía chilena. Joyas que no viven aisladas del continente, pero que poseen una identidad local indiscutible.
Veamos la receta que publicó en El Comidista con la debida autorización de Olivera Leiva.
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Flan de dulce de leche |
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Fuente (fecha) |
Mikel López
Iturriaga. El Comidista (2013) (3) |
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Ingredientes |
Dulce de leche 200 g. Huevos 4. Leche entera 200 ml. Vainilla 1 rama. Azúcar 200 g. Fresas y arándanos
para acompañar. (opcional) |
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Preparación |
1.-
Calentar la leche casi hasta que hierva. Cortar
la vaina de la vainilla longitudinalmente. Echar las semillas y la vaina en
la leche, retirar del fuego, tapar y dejar que infusione. 2.-
Precalentar el horno a 160º C. 3.-
Batir los huevos en un robot de cocina con la
mitad del azúcar, el dulce de leche y la leche unos tres minutos. 4.- Mientras, hacer un almíbar ligero con el resto del
azúcar y tres cucharadas de agua en una cazuela pequeña al fuego. Cuando empieza
a tomar color de caramelo claro, retirar del fuego y repartir en los moldes
de flan. Servir con fresas picadas, arándanos y gotas de dulce de leche. 5.-
Repartir la mezcla
de los huevos en los recipientes. Hornear al baño maría 45 minutos o hasta
que los flanes hayan cuajado (a mí me hizo falta algo más de una hora). Sacar
y desmoldar cuando esté frío. |
Lo dicho,
este es un flan con dulce de leche, en el que el dulce es un ingrediente
más. La pregunta es si existe el flan de dulce de leche o no. Porque, si
no existe, la reflexión sobre el uso de la preposición comienza a carecer de
sentido.
II La receta de doña Petrona
Para responder la pregunta es necesario, como
anticipé, recurrí a El Libro de doña Petrona. Allí se encuentran, ya
desde las primeras ediciones, dos recetas que vienen al caso.
Tengo en mi poder varias ediciones de la obra de
la cocinera nacional (1935, 1942, 1950, 1958 y 2011). En todas ellas, están las
dos recetas de flan que llevan por nombres “Flan de dulce de leche” y (flan)
“de dulce de leche con crema chantilly”, respectivamente.
Aclaro también que siempre son las mismas a lo
largo de todas las ediciones y que cuentan con escasas modificaciones entre éstas.
La principal es debida al formato del diseño editorial. Ocurrió que, en algún
momento entre 1950 y 1958, las fórmulas comienzan a poner por separado los
ingredientes y el procedimiento (en las viejas ediciones, los ingredientes y
sus cantidades se exponían como una continuidad en un relato único con el
procedimiento). Se trata de un criterio que juzgo de gran valor didáctico y que
yo también utilizo. Aun con estas alteraciones, la redacción del procedimiento
no contiene ninguna modificación, salvo la omisión de las cantidades de los
ingredientes que, a su vez, ya se expusieron en el párrafo correspondiente.
Hay otras modificaciones que residen en
mínimas variaciones en la cantidad y proporción de ingredientes que no sabría
explicar con los elementos que cuento. En ningún caso, hay variaciones
conceptuales en el tratamiento de los ingredientes y en los pasos del
procedimiento. De modo que estamos frente a variaciones menores,
presumiblemente impuestas por la misma práctica de doña Petrona. Pondré algún
ejemplo en la receta que publico.
Mi análisis será breve. Empezaré por la
segunda. Sus ingredientes son leche, dulce de leche, huevos, azúcar y esencia
de vainilla y, obviamente crema chantilly. Estamos entonces frente a un flan con
dulce de leche. Pareciera que la propia
Petrona ha confundido también las preposiciones. Sin embargo, la otra receta,
la primera en el orden de publicación, despeja todas las dudas. La edito a
continuación. Para ello seguiré el texto de 1958.
¡Ah! Cuando el lector haya comprobado mis
asertos, lo invito a seguir leyendo porque incorporo un capítulo final en el
que dedico unos párrafos a las reflexiones de Jeff Tobin sobre el asunto.
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Flan de dulce de leche |
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Fuente (fecha) |
El libro de Doña Petrona, 1958 (4) |
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Ingredientes |
Leche 1,5 l. Azúcar refinada 400
gr. Vainilla 1 barrita. Yemas 12. Claras 5. Azúcar refinada para
acaramelar la budinera 150 gr. |
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Preparación |
1.-
Poner en una cacerola la leche, el azúcar refinada y la barita de vainilla. 2.-
Dejar hervir hasta que se reduzca a la mitad, tome un poco de color y esté
algo espeso. 3.-
Retirar esto, agregar las yemas y los huevos batidos ligeramente, revolver
rodo bien. 4.-
Poner en una budinera acaramelada y cocinar en horno mu suave al baño de
María. 5.-
Una vez frío se desmolda. Para
acaramelar la budinera: 1.-
Se pone en una cacerolita 150 g de azúcar. 2.-
Se coloca al fuego hasta que se derrita y 3.-
Se unta con esto la budinera. |
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Comentarios |
1.- La expresión barrita de vainilla
se mantiene en todas las ediciones, desde 1935 hasta 2011. Presumo que se
trata de una vaina o chaucha de vainilla. Este detalle podría ser aclarado
por Marcela Massut, nieta de doña Petrona, curadora de su obras desde antes
del fallecimiento de nuestra Cocinera Nacional. 2.- Como ejemplo de cambios en la
redacción operados a mediados de los años cincuenta, transcribo la fórmula
del primer paso, siguiendo la redacción de 1935: “Poner en una cacerola un
litro y medio de leche, 300 gramos de azúcar refinada y una barrita de
vainilla.” (5) 3.- El mismo texto sirve de ejemplo de
cambios en las cantidades de ingredientes. 4.- Obviamente, la obra también cuenta
con sendas recetas de crema chantilly y dulce de leche. En esta última se
indica que debe revolverse continuamente para que no se corte y que se debe
agregar bicarbonato de sodio que, en el caso de del flan no es necesario. |
III
Jeff Tobin y el flan de dulce de leche
El texto que traigo a colación trascribe la
ponencia del autor de marras en las jornadas sobre la cocina como patrimonio
intangible organizadas por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en
2002. Allí, el autor yankee (así define su propia identidad nacional) ensaya
sobre la idea de que los recetarios funcionan como constructores de identidad
nacional. Lo leí por primera vez hace más de quince años y me pareció muy incitante,
hoy lo releo y lo sigue pareciendo.
Para desplegar la idea, toma los casos
nacionales de Francia, Estados Unidos de Norteamérica y La Argentina y, además,
el de la identidad feminista. Su lectura interesa porque el antropólogo, como
ya dije, es además cocinero profesional… y porque está casado con una
argentina.
Al referirse específicamente a nuestro país, comienza
diciendo que La Argentina, a diferencia de los otros casos, tiene dos cocinas:
la que está en los libros y el asado, casi excluido de los recetarios. La
primera es hogareña y femenina, la segunda es masculina y se lleva a cabo al
aire libre.
Dedicándose a la femenina, toma los caso de Juana
Manuela Gorriti y de doña Petrona. La primera expone una acción deliberada por
construir un recetario nacionalista, de un nacionalismo supra nacional que
abarca, básicamente a Perú, Bolivia y Argentina y está asociado a las clases
altas de la sociedad de esos países. (6)
En cambio, cuando se dedica a doña Petrona,
considera que expone la cocina de una clase media que es auténticamente
argentina sin proponérselo deliberadamente. Lo dice de este modo:
“El Libro de Doña Petrona, sin duda, es argentino,
pero su pertenencia a la Argentina se toma como hecho dado, es decir que su
identidad no se construye deliberadamente.” (ver nota (2))
Siguiendo su
rastreo por los recetarios constructores de identidad nacional, encuentra que casi
todos los que contienen fórmulas de cocina criolla se publican en los años
noventa del siglo XX. Paradójicamente, y no tanto, es también en esa época, se
publican los primeros recetarios de asado cuyas fórmulas tenía escasísima
presencia, como ya dije, en los recetarios femeninos. (7)
El autor
concluye que estos últimos reflejan la crisis de identidad del varón argentino.
Yo agrego que, en los noventa del siglo pasado entró en crisis la identidad de
la cocina argentina en su conjunto, tal vez como consecuencia de la crisis de
identidad nacional argentina frente al impacto de la globalización como
sistema. Es por eso que aparecen los libros que exponen las buenas técnicas
para hacer asado, pero también los que rescatan la cocina argentina.
Pero ahí está
doña Petrona.
Expongo algunas de sus
conclusiones:
“He observado que la Argentina cuenta con una cocina
rica y variada, pero que el asado, por sí mismo, pareciera acaparar el estatus
de comida nacional. Los libros de cocina para y por mujeres discutidos
previamente, contribuyeron a imaginar la Argentina; pero no son ni remotamente
tan visibles o valorados como el asado. /…/ (Él) es la que representa a la
nación Argentina, tanto en su propio territorio como en el exterior. Este
desequilibrio genérico-sexual me ha impactado. En mi papel de chef tengo que
observar que el asado no merece gran atención. El asado, desde el punto de
vista culinario, ciertamente merece menos atención que el locro de mi suegra o
que el flan de dulce de leche de doña Petrona. /…/ Debemos preguntarnos,
entonces, por qué será que el único plato preparado por hombres es más valorado
que los platos, mucho más elaborados, que hacen las mujeres. También tendríamos
que preguntarnos por qué el nacionalismo culinario argentino se basa más en una
única contribución masculina que en los tantos y muchos aportes femeninos. Y
creo necesario preguntarles a ustedes, una audiencia argentina, ¿cómo puede ser
que se enorgullezcan más del asado que del flan de dulce de leche? ¿Habrán
probado el flan de dulce de leche preparado acorde a la receta de doña Petrona?
/…/” (ver nota (2))
Es bueno valorar,
como es debido, la argentinidad de la cocina de doña Petrona. Pero también es muy
bueno tener materia para pensar en torno de la trascendencia ejemplificadora del
flan de dulce de leche, ¿no les
parece?
Notas y bibliografía:
(1) 2020, Aiscurri,
Mario, “Bagna cuada (revisión): La receta del subteniente Chioni (1919).”, en El Recopilador de sabores entrañables,
leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2020/09/bagna-cauda-revision-la-receta-del_5.html
el 2 de febrero de 2026.
(2) 2002 Tobin, Jeff,
“Patrimonializaciones gastronómicas: La construcción culinaria de la
nacionalidad” en AAVV, La cocina como patrimonio (in)tangible, Primeras
jornadas de patrimonio gastronómico, Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, pp. 26-46, 2002, 1º edición. Se encuentra en PDF en
la Web.
(3) 2013, López
Iturriaga, Mikel, “Flan de dulce de leche”, en El Comidista. Leído el 16 de enero de 2026 en https://elpais.com/gastronomia/recetas/2013/03/07/receta/1362636000_136263.html
(4) 1958, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña
Petrona, Buenos Aires, 1958, edición 52° (1° edición de 1934), pp. 489 y
2011, Gandulfo, Petrona C. de, El gran libro de doña Petrona, Buenos
Aires, Distal, 2011, edición 102°, s/año de edición original (1° edición de
1934), pp. 516-517.
(5) 1935, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña
Petrona, Buenos Aires, 1935, Segunda edición corregida y aumentada (1°
edición de 1934), pp. 341-342.
(6) 1890, Gorriti,
Juana Manuela, Cocina ecléctica, Buenos Aires, Félix Lajouane Editor
(Librairie Générale), 1890.
(7) 1998, Mirad, Raúl, Manual del asador argentino, Buenos
Aires, Distal, 2013.
(a) Flan de dulce de leche, leído en https://www.divinacocina.es/flan-de-dulce-de-leche/ el 18 de abril de 2026.




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