sábado, 4 de junio de 2022

Aldo Rusca y una cocina legendaria

Siempre tuve un sentimiento ambivalente en relación con las leyendas en las historias que se cuentan en torno a la comida. Las he criticado por su inconsistencia fáctica, las he defendido por su innegable belleza… Disfruto la historia de las hermanas Tatin tratando de recuperar una tarta de manzana caída al piso y del relato del descuido de una negra asustada que permitió que la lechada para el mate del Restaurador de las Leyes se transformara, mágicamente, en dulce de leche en Cañuelas. Justamente en Cañuelas, muy cerca de donde, años, después, Vicente Casares, el padre de Marta, instaló la primera fábrica industrial de ese dulce argentino.

Las imágenes pertenecen a Aldo Barberis Rusca

Mi amigo Aldo Barberis-Rusca disfruta del buen comer y le gusta cocinar. En muchas ocasiones oficia las recetas de Clara Corrado, su abuela paterna. Esas recetas están rodeadas también por un modesto relato legendario, enteramente familiar por cierto. (1)

Doña Clara falleció cuando Aldo estaba cursando la escuela secundaria. Pero sus recetas pervivieron en la familia, en Irma, su nuera, y, por supuesto, en su nieto. Mi amigo recuerda que cuando iba a casa de su abuela, recibía la pregunta de rigor, “nene, ¿querés comer algo?” y, ante el menor gesto afirmativo, empezaba a poner sobre la mesa frascos con distintas preparaciones, entre ellas, su maravilloso escabeche de milanesas.

¿Escabeche de milanesas? Sí, claro. Primero las freía, luego las colocaba sobre una fuente y vertía un escabeche con verduras aromáticas, preparado ad hoc, sobre ellas… obviamente las verduras terminaban encurtida, esto es, como pickles caseros. Raro ¿no?... ¡No!, hay un puñado de técnicas culinarias que reciben la denominación de escabeche; pero una de las más ortodoxas consiste en volcar el cocido en vinagre de verduras aromáticas básicas (zanahoria, cebolla, ajo, etc.) sobre una carne frita… y éste era el caso de las milanesas.


En fin, parece que doña Clara cocinaba muy bien. Por otra parte, la abuela materna de Aldo, no era una buena cocinera, de modo que Irma decidió aprender de su suegra y, esta circunstancia, permitió que las recetas se conservaran en una cadena didáctica imbatible. Irma siempre repetía “tu abuela cocina muy bien porque aprendió en la academia Cordon Bleu”. Aldo no recuerda que su abuela haya hablado alguna vez del tema con él. De todas maneras, la cocina de Clara parece tener casi la misma influencia francesa que la de cualquier ama de casa de entonces, mi madre o mis tías o todas las lectoras de doña Petrona.

¿Y si de verdad estudió en la Cordon Bleu? ¿Cuándo fue? Clara Corrado vivió con su marido Manuel José Barberis-Rusca en Tafí Viejo y en otros pueblos y ciudades donde el hombre ejercía su oficio como ebanista ferroviario en los talleres del ferrocarril. Finalmente se instalaron en Buenos Aires en 1924. Entonces nació el padre de Aldo, y luego vinieron dos tíos más. De modo que doña Clara debió haber estudiado alrededor de 1928. ¿Habrá sido condiscípula de doña Petrona? Mis fantasías añoran que así fuera. Pero todo esto es, para mi amigo, incomprobable.

Lo cierto es que doña Clara cocinaba como los dioses o, mejor dicho, como aquellos pocos dioses que disfrutan de enfrentarse a los fogones para agasajar con manjares a sus amigos y parientes en los banquetes del Olimpo.

¿Qué otras influencia puede haber tenido Clara? Ella era argentina, pero sus padres provenían de Calabria. A su vez, Manuel José, que también había nacido en La Argentina, era descendiente de piamonteses. En aquella época muchas cosas separaban al norte del sur en las mesas italianas, muchas, salvo una, la pasión por el buen comer. Con Aldo estamos seguros de que Clara heredó esa pasión, pero no sabemos qué influencias concretas de su familia y de la de su marido y de las constantes mudanzas por el interior de La Argentina enriquecieron su cocina.


En un texto que me envió con las recetas de empanadas de su abuela, Aldo cuenta:

“Mi abuela siempre tenía un caldo en la heladera, pero no un caldo cualquiera.

”Los caldos de mi abuela Clara eran caldos de huesos; de pollo, de chiquizuelas, de patitas de cerdo y de cordero. Caldos que cuando estaban fríos se cortaban con cuchillo y que otorgaban esa cualidad que los españoles llaman “pegabocas” o “pegalabios”, una untuosidad que para el ignorante puede confundirse con grasitud, pero es puro colágeno.

”Mi abuela tenía una cacerola de unos tres o cuatro litros adentro del horno llena de grasa que se usaba para hacer empanadas y papas fritas exclusivamente y que partía de una gran bolsa de “grasa buena” separada a conciencia por el carnicero del mercado de Centenera y Asamblea.

”La vieja pacientemente cortaba pequeños cubitos con los que llenaba la olla, agregaba un chorro de leche y algunas hojas de laurel y lo ponía al fuego. A medida que la grasa se iba derritiendo iba retirando los chicharrones y agregando más cubitos hasta dar cuenta de toda la bolsa traída de la carnicería.

”El resultado era una cacerola llena de grasa dorada limpia y translúcida que con el tiempo iría tomando u color más oscuro hasta que fuera el momento de tirarla y hacer una nueva partida.” (2)

En la primera parte, la de los caldos, la influencia francesa parece indudable; pero, en la segunda, la de la grasa, remite a cocinas populares rurales bastante antiguas que no llegaron a La Argentina a partir de la magia de la academia francesa, sino al laborioso ingenio de colonizadores e inmigrantes.

Volviendo a las cosas ciertas y comprobables, a mi amigo le gusta cocinar esas recetas de su abuela que aprendió por diversas vías. Las aprendió mirándola cocinar, las aprendió mirando cocinar a su madre, las aprendió buscando intuitiva y reflexivamente como reconstruirlas en su cocina…


Lamentablemente, algunas recetas quedaron en el camino y se perdieron, tal vez para siempre. Por ejemplo, Clara hacía un pastel de cardos con un relleno que apenas recuerda. Llevaba pan, ajo, perejil, queso rallado y algo más que quedó en la sombras de su memoria. Lo que sí recuerda es que su abuela usaba el mismo relleno para hacer su matambre arrollado.

Otras recetas no quedaron en el olvido, pero Aldo nunca las preparó, como es el caso de las empanadas de carne.

Estimado lector, le propongo que practique algunas de las siguientes recetas de doña Clara Corrado: Empanadas de pollo, salsa de tomates fermentados, pollo a la francesa, ajíes rellenos, huevos a la nieve, zapallitos rellenos… Este Recopilador tiene la certeza de que el disfrute estará garantizado.

Notas y referencias

(1) No conservo registros que sostengan la mayoría de las piezas del relato. Aldo me contó estas historias por teléfono el 6 de febrero de 2022 y, finalmente, corrigió el primer borrador. Sólo agregué algunos detalles de los que sí tengo referencias.

(2) 2022 de Barberis-Rusca, Aldo a Aiscurri, Mario, adjunto al correo-e del 10 de febrero.


sábado, 28 de mayo de 2022

La vida de los gauderios en el Tucumán (1773)

Concolorcorvo era el pseudónimo que utilizó Alonso Carrió de Lavandera, cuyo apellido también se escribía “Carrió de la Vandera”, para la publicación de su libro Lazarillo de ciegos caminantes de Buenos Aires a Lima. (1) don Alonso recorrió el camino entre ambas ciudades en 1773, inspeccionando el sistema de postas por encargo de la Corona española. La obra se propone ofrecer información sobre el tránsito y el aprovisionamiento de agua, víveres y avíos en ese recorrido para quienes se aventuraran en el futuro a realizar andaduras por él. Adicionalmente agrega notas de color y reflexiones sobre el poblamiento de las provincias que ha recorrido.


En realidad, el texto tiene un doble juego de pseudónimos porque está escrito como si el autor fuera el amanuense de Lavandera, el mestizo Calixto Bustamente Carlos.

Dedica varios capítulos a su recorrido del camino real que une las cinco ciudades que entonces componían la Provincia del Tucumán, a saber: Córdoba, Santiago del Estero, San Miguel del Tucumán, San Felipe el Real / Salta y Jujuy.

Los fragmento que aquí se transcriben fueron tomados del apartado “Descripción lacónica de la Provincia del Tucumán, por el camino de postas” del capítulo VIII “Jujuy”. (2)

Esta obra fue publicada 70 años antes de Facundo, civilización i barbarie, pero ya ensaya algunos de los argumentos que usará Sarmiento, cargando su percepción con cierta subjetividad ideológica. Lavandera se encuentra con una gran extensión de tierras feraces habitadas por una escasa población, en su mayoría gauderios (gauchos) indolentes que apenas si criaban algunos animales (pollos y gallinas) y se la pasaban cantando coplas con una guitarra mal encordada. Sin embargo, Concolorcorvo no nos explica, por ejemplo, de dónde sacaban sandías y cómo era que aquellas personas tan primitivas pudieran elaborar quesillo (un queso hilado típico de la región). Describe la tenencia de la tierra en propiedades concentradas que sus dueños no podían siquiera administrar. Establece la posibilidad de fundar 200 pueblos nuevos con esas gentes como una idea general que no desarrolla. Finalmente propone poblar la región a partir de un régimen de colonos a quienes se podría asignar tierra o instalar en el seno de las grandes propiedades en condiciones en que pudieran trabajar como ganaderos y agricultores, superando la vida de mera subsistencia que observa.

Ya he publicado un texto en que el autor describe a los “gauderios” de la actual República Oriental. Si bien, sus prejuicios le impiden subrayar diferencias con los del Tucumán, el lector avisado podrá encontrarlas con facilidad. Picar aquí.

Gauderios en Tucumán a fines del siglo XVIII

“Desde la Esquina de la Guardia hasta el Río de la Quiaca tiene de largo, por el camino de postas, situadas según la proporción del territorio, 380 leguas itinerarias, reguladas con dictamen de los mejores prácticos: las 314, camino de carretas del tamaño que dejo delineadas, tierra fecunda; y las 66 restantes, camino de caballerías, corriente y de trotar largo, país estéril. Hasta Salta o Jujuy es temperamento muy benigno, aunque se aplica más a cálido, con algo de húmedo. Con algunas precauciones, como llevo dicho, se puede caminar con regalo, porque hay abundancia de gallinas, huevos y pollos, de buen gusto y baratos. /…/.

”/…/.

”Acaso en todo el mundo no habrá igual territorio unido más al propósito para producir con abundancia todo cuanto se sembrase. /…/. Allí tienen sus bacanales, dándose cuenta unos gauderios a otros, como a sus campestres cortejos, que al son de la mal encordada y destemplada guitarrilla cantan y se echan unos a otros sus coplas, que más parecen pullas. Si lo permitiera la honestidad, copiara algunas muy extravagantes sobre amores, todas de su propio numen, y después de calentarse con la aloja y recalentarse con la post-aloja, aunque este postre no es común entre la gente moza.


”/…/. Cierta tarde que el visitador (el propio Lavandera) quiso pasearse a caballo, nos guió un baquiano a uno de estos montes espesos, adonde estaba una numerosa cuadrilla de gauderios de ambos sexos y nos advirtió que riyéramos con ellos sin tomar partido, por las resultas de algunos bolazos. El visitador, como más baquiano, se acercó el primero a la asamblea, y pidió licencia para descansar un rato a la sombra de aquellos coposos árboles, juntamente con sus compañeros, que venían fatigados del sol. A todos nos recibieron con agrado y con el mate de aloja en la mano. Bebió el visitador de aquella zupia y todos hicimos lo propio, bajo de su buena fe y crédito. /…/. Otras (mozas), hasta completar como doce, se entretenían en exprimir la aloja y proveer los mates y rebanar sandías. Dos o tres hombres se aplicaron a calentar en las brasas unos trozos de carne entre fresca y seca, con algunos caracúes, y finalmente otros procuraban aderezar sus guitarrillas, empalmando las rozadas cuerdas. Un viejo que parecía de sesenta años y gozaba de vida 104, estaba recostado al pie de una coposa haya, desde donde daba sus órdenes, y pareciéndole que ya era tiempo de la merienda, se sentó y dijo a las mujeres que para cuándo esperaban darla a sus huéspedes; y las mozas respondieron que estaban esperando de sus casas algunos quesillos y miel para postres. El viejo dijo que le parecía muy bien.

”/…/.

”Esta gente, que compone la mayor parte del Tucumán, fuera la más feliz del mundo si sus costumbres se arreglaran a los preceptos evangélicos, porque el país es delicioso por su temperamento, y así la tierra produce cuantos frutos la siembran, a costa de poco trabajo. Es tan abundante de madera para fabricar viviendas cómodas, que pudieran alojarse en ellas los dos mayores reinos de Europa, con tierras útiles para su subsistencia. Solamente les falta piedra para fuertes edificios, mares y puertos para sus comercios, en distancias proporcionadas, para costear la conducción de sus efectos; pero la falta mayor es la de colonos, porque una provincia tan dilatas y fértil apenas tiene cien mil habitantes, según el cómputo de los que más se extienden. Las dos mayores poblaciones son Córdoba y Salta. Las tres del camino itinerario, que son Santiago del Estero, San Miguel del Tucumán y Jujuy, apenas componen un pueblo igual al de Córdoba y Salta, y todas cinco poblaciones, con el nombre de ciudades, no pudieran componer igual número de vecinos a la de Buenos Aires. Cien mil habitantes en tierras fértiles componen veinte mil vecinos de a cinco personas, de que se podrían formar 200 pueblos numerosos de a cien vecinos, con 500 almas cada uno, y en pocos años se podían formar multitud de pueblos cercanos a los caudalosos ríos que hay desde el Carcarañar hasta Jujuy.

”/…/.

”(Promueve la intervención de la corona para lograr la colonización, otorgando los elementos de trabajo rural) /…/, señalándoles tierras para la labranza y pastos de ganados, bajo unos límites estrechos y proporcionados a su familia, para que la trabajasen bien y no como actualmente sucede, que un solo hacendado tiene doce leguas de circunferencia, no pudiendo trabajar con su familia dos, lo que resulta, como lo he visto prácticamente, que alojándose en los términos de su hacienda, una o dos familias cortas se acomodan en unos estrechos ranchos que fabrican de la mañana a la noche, y una corta ramada para defenderse de los rigores del sol, y preguntándoles que por qué no hacían casas más cómodas y desahogadas, respecto de tener abundantes maderas, respondieron que porque no los echasen del sitio o hiciesen pagar un crecido arrendamiento cada año, de cuatro o seis pesos, para esta gente inasequible, pues aunque venden algunos pollos, huevos y corderos a algún pasajero, no les alcanza su valor para proveerse de aquel vestuario que no fabrican sus mujeres, y para zapatos y alguna yerba del Paraguay, que beben en agua hirviendo, sin azúcar, por gran regalo.

”No conoce esta miserable gente, en tierra tan abundante, más regalo que la yerba del Paraguay, y tabaco, azúcar y aguardiente, y así piden estas especies de limosna, como para socorrer enfermos, no rehusando dar por ellas sus gallinas, pollos y terneras, mejor que por la plata sellada. Para comer no tienen hora fija, y cada individuo de estos rústicos campestres, no siendo casado, se asa su carne, que es principio, medio y postre. A las orillas del río Cuarto hay hombre que, no teniendo con qué comprar unas polainas y calzones, mata todos los días una vaca o novillo para mantener de siete a ocho personas, principalmente si es tiempo de lluvias. Voy a explicar cómo se consume esta res. Salen dos o tres mozos al campo a rodear su ganado, y a la vuelta traen una vaca o novillo de los más gordos, que encierran en el corral y matan a cuchillo, después de liado de pies y manos, y medio muerto le desuellan mal, y sin hacer caso más que a los cuatro cuartos, y tal vez del pellejo y la lengua, cuelgan cada uno de los cuarto en ángulos del corral, que regularmente se compone de cuatro troncos fuertes de aquel inmortal guarango. De ellos corta cada individuo el trozo necesario para desayunarse, y queda el resto colgado y expuesto a la lluvia, caranchos y multitud de moscones. A las cuatro de la tarde ya aquella buena familia encuentra aquella carne roída y con algunos gusanos, y les es preciso descarnarla bien para aprovecharse de la que está cerca de los huesos, que con ellos arriman a sus grandes fuegos y aprovechan los caracúes, y al siguiente día se ejecuta la misma tragedia, que se representa de enero a enero. Toda esta grandeza, que acaso asombrará a toda la Europa, se reduce a ocho reales de gasto de valor intrínseco, respecto de la abundancia y situación del país.


”/…/ estos colonos, por desidiosos, no gozan de un fruto que a poco trabajo podía producir su país, /…/. Éstos así están contentos, pero son inútiles al estado, porque no se aumentan por medio de los casamientos ni tienen otro pie fijo y determinado para formar poblaciones capaces de resistir cualquier invasión de indios bárbaros.

”A éstos jamás se conquistarán con campañas anuales, porque un ejército volante de dos o tres mil hombres no hará más que retirar a los indios de un corto espacio del Chaco, y si dejan algunos destacamentos, que precisamente serán cortos, los exponen a ser víctimas de la multitud de indios, que se opondrán a lo menos de 50 contra uno. Para reducción de éstos no hay otro arbitrio que el de que se multipliquen nuestras poblaciones por medio de los casamientos, sujetando a los vagantes en territorios estrechos y sólo capaces de mantenerlos con abundancia, con los correspondientes ganados, obligando a los hacendados de dilatado territorio a que admitan colonos perpetuos hasta cierto número, con una corta pensión los diez primeros años, y que en lo sucesivo paguen alguna cosa más, con proporción a los intereses que reportaren la calidad de las tierras y más o menos industria, aún creo sería más acertado, como sucede en algunas provincias de Europa, el que estos colonos pagasen sus censos en las especies que cogiesen de la misma tierra, como trigo, maíz y cebada, los labradores; los pastores y criadores de ganado, en vacas o novillos, carneros, gallinas, etc.; para que unos y otros procurasen aumentar estas especies y alimentarse mejor, y sacar de sus sobrantes para pagar el vestido.”

Notas y Bibliografía: 

(1) 1775, Carrió de Lavandera, Alonso (Concolorcorvo), El lazarillo de ciegos caminantes, Caracas, biblioteca Ayacucho, edición de 1984.

(2) Ídem, pp 89-97.


sábado, 14 de mayo de 2022

El ritual

Por Horacio Zabatel (1)

… El último día de cada año, el Viejo, como en un ritual eterno, preparaba pollo a la parrilla; y el primer día de cada año, lechón; decía que el pollo cuando come escarba para atrás, mientras que el cerdo lo hace hociqueando hacia adelante; simbología pagana que heredé, y que ostenta dejar atrás lo malo, para seguir adelante por lo bueno que vendrá…

Las imágenes pertenecen a Horacio Zabatel

… Lo traje el día anterior, 10 kilos tenía el pobre cristo, lo limpié y coloqué en una batea que entra justo en la parte inferior de la heladera, sacando los cajones de verduras; lo cubrí con una salmuera al 10 por ciento que preparé en caliente y dejé enfriar; para la marinada utilicé dos estrellas de anís, tres clavos de olor, unas cortezas de canela, un puñado de semillas de mostaza, otro de semillas de cilantro y granos de pimienta negra; además cinco dientes de ajo aplastados, cuatro hojas de laurel y dos bayas de enebro que machaqué en mortero, para aportarle un aroma y sabor a madera, que contribuyera con el ahumado de la leña; lo saqué al mediodía, lo sequé y lo até a la cruz para que alcance la temperatura ambiente… usé leña fina de espinillo y gruesa de quebracho rojo, lo que había; despacito, casi cinco horas del lado del hueso, hora y media del lado del cuero; hidratando cada tanto con el líquido del macerado…


… Siempre busco darle una vueltita de rosca, a veces deshuesado al ladrillo, o relleno y enrollado como porqueta al horno; otras a la parrilla con un fuego o con dos; ésta vez a lo criollo, ahumadito en el Ñancul, (3) el asador móvil de “El Kincho de Papá”, que me ayudó a rajar de dos traicioneros chaparrones fuertes…


… Pero siempre, el primero de enero de cada año, se come lechón… porque siempre, hay que hociquear para adelante…!!!

Notas y referencias:

(1) El autor edita sus textos bajo la denominación “El Kincho de Papá” en los grupos privados de Facebook Cocineros Argentinos y Buena Morfa Social Club  .
2020, 2 de enero, Zabatel, Horacio, “El ritual”, en Cocineros Argentinos, grupo privado de Facebook, leído el 19 de mayo de 2021 en https://www.facebook.com/groups/583823478392404/permalink/2622598557848209  

(2) Los ingredientes de la marinada fueron incorporados en un poco de agua.

(3) Horacio incluye a su familia y a sus elementos de cocina en los relatos de sus recetas. Los lugares y los artefactos son personalizados:

“La Flaca” es su mujer y el “Zabandija”, el hijo de ambos.

“El Kincho de Papá”, el lugar mítico en el que cocina.

“El Ñancul”, un asador montado sobre un dispositivo de ruedas para poder trasladarlo.


Empanadas de matambre

Por Horacio Zabatel (1)

… Puse dos kilos de matambre de ternera en la Oster; (2) con agua, ajó, laurel, salvia, curry, orégano, tomillo, pimienta negra molida y sal, la programé para cocción larga a todo vapor, cerré la escotilla, 14 minutos de precalentamiento y 40 de cocción a presión; seguí el procedimiento de seguridad para evacuar los vapores, destapé y deje enfriar en el caldo…

Las imágenes pertenecen a Horacio Zabatel

… Coloque el matambre en la tabla y retiré todo la grasa solida excedente, luego corté la carne primero en tiras y más tarde en el otro sentido quedando cubitos pequeños, reservé…


… Mientras tanto en disco al fuego, derretí unos trozos de grasa, dejé los chicharrones más pequeños, salteé dos kilos de cebollas y medio de blancos de verdeo, todo picado, hasta transparentar; levanté fondo con una copa de moscatel; prepare una salsa con dos morrones, media cabeza de ajo, dos cucharadas de ají molido y media de comino molido, procesé y se lo agregué a las cebollas junto con dos cucharadas de pimentón dulce ahumado; terminé de cocinar, incorpore la carne y dos tazas de caldo de matambre; ajusté con pimienta negra molida y sal; rehogué 10 minutos, retiré del fuego, sumé verdes de verdeo picados, revolví y dejé enfriar…


… Usé tapas de empanadas compradas “Los provincianos”, parecen caseras, la Flaca las quiso pintar con huevo batido, hubiera preferido que no, pero donde manda capitán no manda marinero…


… Cociné en lata aceitada, sobre el piso del horno por 3 minutos y unos 7 minutos en la parte superior, con el horno precalentado a 300 grados, las empanadas cocidas a horno deben estar lo menos posible en él, masa cocida y relleno caliente, pero no hirviendo, así se pueden comer recién saliditas…


… Hoy en “El Kincho de Papá”… “Empanadas de Matambre”… mirá que lindo animal print, cuerito de “Yaguareté”, que le dibujó el hornito…!!!

Notas y referencias:

(1) El autor edita sus textos bajo la denominación “El Kincho de Papá” en los grupos privados de Facebook Cocineros Argentinos y Buena Morfa Social Club  .
2017, agosto, Zabatel, Horacio, “Empanadas de Marambre”, en Cocineros Argentinos, grupo privado de Facebook, leído el 19 de mayo de 2021 en https://www.facebook.com/groups/583823478392404/permalink/3413655412075849

(2) Horacio incluye a su familia y a sus elementos de cocina en los relatos de sus recetas. Los lugares y los artefactos son personalizados:

“La Flaca” es su mujer y el “Zabandija”, el hijo de ambos.

“El Kincho de Papá”, el lugar mítico en el que cocina.

La Oster, la olla eléctrica.

sábado, 7 de mayo de 2022

Contemplación del tamal

Por Silvia Castillo (1)

Contemplación del tamal

Las tamaleras de la Quebrada de Humahuaca llevan sus canastas llenas de mundos redondos.


Van abrigados como críos con sus pañales limpios, bañados, tibios, arropados y hamacados. Calladitos y felices.

Tilcara.

Llegamos al mercado y nos asomamos respetuosos.


Reverenciamos, saludamos el día y la suerte, la salud y la hora, las manos y el mediodía.

-Doñita Corimayo! Véndame dos que uno es muy poco para billete al cielo.

La joven se sonríe con su risa de maíz capia fresco y jugoso, bella entre las bellas.

-Me hi quedau sin, se han ido todos… la canasta liviana.

Un mozo de sombrero negro y brazos de fierro se traga el lamento y dice en chicotazo: –No importa, si no hay de las Corimayo voy a las Lamas que son mejores. Y se va haciendo un molinete con las piernas y un burloneo en la boca.


Hay risas. Se sabe cuáles son los órdenes, las prelaciones y los privilegios.

Yo he visitado las dos cunas y de a par he llevado como de a par se reverencia, se ofrenda y se vive.

Y me he puesto a contemplar, más después, a desatar y a saborear.


He sujetado en mi mano izquierda el complejo tejido de nudos de la base, he desprendido el fácil y fluido nudo superior con la derecha, he abierto las chalas y he comido con cucharita o a mordiscos golosos esa joya sorprendente y total como un globo terráqueo diminuto, digerible, apresable, propio y comunitario.

A gozar el momento y a llevar atesorados los envoltorios y los guatos como restos preciosos de la joya liberada y transformada.


En el mundo de la ciudad los conservo, cascaritas desoladas, y las miro sorprendida y las mido, ausente yo y ellas en lo triste de su vacío, para entender lo inasible y recuperar lo que se pierde y no lloro y anoto:

Medidas de un tamal de la Quebrada de Humahuaca

Antes de armar los tamales las chalas secas se humedecen con agua tibia para hacerlas maleables y no quebrarlas (evitar por eso el agua hirviente que las quiebra por el contraste térmico).

Ya estarán armadas las bolitas de los tamales (son en general de 5 cm de diámetro) de 1cm de “pared” de pasta cubriendo el relleno de charqui.


Se arman guatos (del quechua watu = cuerda) separando con la uña tiras de la chala de 1cm de la parte ancha de la hoja de chala, rasgando como una tela. Se unen de a dos con un nudo simple superponiendo de a dos por la parte más fina de modo de obtener tiras más largas. Los guatos largos (24 cm) los usan algunas cocineras para anudar más cerrada y laboriosamente la parte inferior del tamal, con cruces del guato, nudo, contracruce y moño o doble nudo final, lo que da el indicio de que esa parte más firme, sólida e impermeable, deberá ser la parte “inferior” o cuenco del tamal, mientras el nudo superior hecho con una o dos tiras con medios moños o nudos simples, indica la parte superior del tamal, que se desatará para formar la boca del cuenco que ofrecerá la delicia para ser comida.

Para envolver la esfera del tamal se va eligiendo las mejores chalas hasta formar una sabanita (será la que envuelva el tamal) superponiendo apenas las hojas que fueran necesarias (2 o hasta 3) para que el ancho mayor de la misma sea de 20 cm.


Se coloca la bolita en el centro y se envuelve con esas chalas como si fuera un caramelo, ajustado, quedando el centro de 7 a 8 cm de “meridianos” a calcular desde los nudos superior e inferior.

Con tijeras se corta el exceso de chala para que no quede terminado en tiras como lazos sino en cortes rectos y limpios, dejando un vuelo o pollerita en el nudo superior de 3 y ½ cm.

El nudo inferior complejo y doble se va perdiendo y últimamente se ven tamales con anudados superiores iguales a los inferiores, por una cuestión de simplificación del trabajo y –creo yo- pérdida del sentido de comer comunitariamente y de parado o sin mesa el tamal, lo que explica el laborioso nudo de base para sustentar la mano y protegerla del calor o del derrame.


Es un placer ver a las expertas tamaleras atando con gran rapidez los tamales y poniéndolos a hervir en las humeantes ollas con agua hirviendo salada.

Es un placer contemplar la materia y el espíritu del tamal, su solidez de sustento, su esencia de columna estructural de la cultura nuestra, la ceremonia que lo rodea, su sabor, sus tactos, sus perfumes, su materialidad, su alma, sus haceres, sus vivires, su estar en el pueblo, en la memoria y en la gozosa necesidad diaria que nos hace tan hermanos y tan semejantes: comer y beber, para poder seguir amándonos, un poquito mejor cada día.

Dedicado a Alberto Montaña que me aguanta y a Mario Aiscurri, que me impulsa a escribir.

Notas y referencias:

(1) 2021, enero, publicado en Buena Morfa Social Club, grupo privado de Facebook, leído el 2 de abril de 2021 en https://www.facebook.com/groups/buenamorfa/permalink/4034140516605777

Fotos: Alfredo Ureta (Doña Josefina) y Eduardo Julio Arancibia (Tamales y Humitas)

Fotos de chalas vacías y tamales: Silvia Castillo

Para el índice de todos los artículos publicados sobre la cocina de la Quebrada de Humahuaca, hacer click aquí.


sábado, 23 de abril de 2022

Los viajeros en la ciudad de Córdoba (1884)

Eduardo Gutiérrez (1851-1899) fue un prolífico escritor argentino. Sus textos contaron con gran número de lectores porque eran publicadas en los folletines de los periódicos porteños. Sus obras más reconocidas fueron: Juan Moreira (1879) y Hormiga Negra (1881).


Un viaje infernal relata las aventuras y desventuras de dos amigos militares que se dirigen desde La Rioja a Buenos Aires. Son acompañados por dos comerciantes ingleses y otros pasajeros circunstanciales. Es una de las obras menos conocidas y menos estudiadas del autor. Fue publicada como folletín en el diario La Crónica de Buenos Aires (1) y, como libro, en el año de la muerte del autor. Los fragmentos que transcribo a continuación pertenecen a ella.

El relato ficcional describe un viaje entre La Rioja y la Ciudad de Buenos Aires. El autor pone énfasis en la caracterización de la vida rural en parajes alejados de una imprecisa geografía de las provincias de la Rioja y Catamarca que contrasta con la vida en las grandes ciudades argentinas, Córdoba, Rosario y Buenos Aires. La comida popular y criolla, la que se come en el campo es valorada, más por los ritos de comensalidad que por sus atributos organolépticos, frente a la cocina de fonda a la que puede accederse en las ciudades modernas. En este juego de contrastes, la ciudad de Córdoba aparece como un espacio de transición entre los dos mundos considerados. (2)

El viaje se desarrolla en tres etapas, diferenciadas por el medio de transporte utilizado, a saber: mula desde La Rioja hasta la estación de ferrocarril San Pedro (Provincia de Santiago del Estero); tren hasta las ciudades de Córdoba y Rosario y vapor hasta Buenos Aires. Los fragmentos incluidos en este artículo corresponden al segundo tramo del viaje. Los personajes viajeros son cinco. Los oficiales Lagos y Herrera, los ingleses Ireloir y don Ricardo y el relator, que también es soldado.

Nuestros viajeros llegan a la ciudad de Córdoba. Los fragmentos que siguen describen la cena que tomaron en una casa de huéspedes que pertenecía a una mujer de edad avanzada. La propietaria cocinaba manjares caseros y guardaba formas de refinamiento y recato provinciano. Descomedidamente, los anti héroes patoteros devoran toda la comida sin guardar el más mínimo cuidado de las formas, provocando la ira de la propietaria y un escándalo público. Interesa ver los platos que estaban a disposición de los viajeros.

Cena en una casa de huéspedes en la ciudad de Córdoba

“Cuando llegamos á Córdoba era ya de noche, algo tarde, los hoteles estaban cerrados, en sus departamentos de restaurant, lo que nos puso de un humor de todos los diablos.


”Traíamos una hambruna estupenda, puede decirse que no comíamos desde que salimos de la Rioja y en Córdoba nos habíamos prometido nuestro primer banquete.

”Pero, ¿cómo comer, si no había donde?

”Nos echamos en busca de Thirsit, el hombre más conocido de Córdoba y el francés más travieso que haya pisado tierra americana; una especie de Felipe Augusto Picot, pero más estudiantil y menos pesado.

”Encontrando á Thirsit habíamos encontrado buena comida, y así sucedió.

”En un café, hablando por ochenta y arrancado á su auditorio alegres risotadas, estaba el gran Thirsit, que en cuanto nos vió nos saltó al cuello y nos dió un par de canchadas: hacía diez años que no nos veía.

”Al escuchar nuestra demanda, nos hizo una seña con la mano, y se despidió de su círculo, que lo vió alejarse con la pena de que le han arrebatado una alegría y semejante á un tambor mayor se colocó á nuestra cabeza, iniciando una marcha triunfal en busca de comida.

”En Córdoba había entonces, no sé si existirá todavía, la buena costumbre de las casas de huéspedes.

”Éstas, tenidas por señoras viejas, en su generalidad, ofrecían al viajero comodidades inapreciables.

”Allí se encontraba siempre esquisita comida criolla preparada con todo aseo y esmero, y un catre cuya blancura de ropas arrebataba la vista.

”Por una cantidad módica el pasajero comía y dormía allí como no lo hubiera hecho en el mejor hotel, siendo despertado á las horas de partida, si es que no iba á demorarse en la ciudad.

”Fue á una de estas casas de huéspedes donde nos llevó el gran Thirsit, seguro de que encontraríamos allí cuanto pudiéramos desear.

”Aquello nos pareció una especie de Paraíso que nos hizo saltar al cuello del francés, sacudiéndole, en prueba de nuestra mayor satisfacción, una buena dosis de moquetes.

”La mesa estaba puesta con un mantel de exagerada blancura.

”Las copas brillaban como piedras preciosas y las dos jarras de vino colocadas en ambas cabeceras, parecían dos enormes topacios.

”Los platos, los cubiertos, las servilletas, todo allí era de un aseo arrebatador y de un brillo extraordinario.

”En cada cabecera de la mesa había dos enormes fuentes llenas de bacalao en aceite y vinagre, cubierto por una capa de rebanadas de tomate, ajíes y huevos duros.

”Aquello debía estar exquisito, á juzgar por el tumbo formidable que el deseo dió en nuestros estómagos.

”No pudimos contenernos y dimos á las dos fuentes el más estruendoso viva que haya salido de pulmones humanos.

”Todavía hay caldo de gallina, nos dijo la buena vieja al ver nuestro entusiasmo, unos pollitos asados y unos lomitos que no hay más que pedir.

”–Si hay caldo de gallina, dijimos, suponemos que habrá gallina también.

”También hay gallina, pero esa se guarda para hacerla salpicón en el almuerzo de mañana.

”Nuestro entusiasmo era inmenso; semejante comida casera, después del ayuno forzado que llevábamos, era algo de celeste que no había entrado en nuestros cálculos.

”Y entonamos una letanía en honor al gran Thirsit, á quien debíamos la descubierta.

”¡A la mesa!, gritamos, ¡á la mesa!, tenemos un hambre infernal, ¡un hambre espantosa! ya no podemos esperar un segundo más.

”Desgraciadamente hay que esperar un poco más, dijo la vieja, todavía no ha llegado el tren del Rosario, que ahí viene silbando, y no es cosa que los pasajeros marchantes se queden bajo la mesa.

”Pero los pasajeros del Rosario comerán así que vengan llegando, sin que nosotros perdamos un tiempo precioso.

”Tengan paciencia dijo la señora, un poco de paciencia así todos quedan satisfechos.

”Mi casa es muy conocida en el Rosario y de allí me viene mucha gente recomendada.

”¡Qué figura quieren que haga yo si me pongo á hacerles comer sobras!

”Ya llegó el tren, ahora nomás llegan mis huéspedes, y todos se sientan á la mesa al mismo tiempo.

”Hicimos á Thirsit una seña llena de desesperación, pero el miserable se puso al lado de la vieja, exhortándonos también á tener cinco minutos más de paciencia.

”–Yo mismo voy á hacer apurar á los que vengan para acá, nos dijo, salió á la calle con ese vértigo de actividad que le es característico.

”La vieja se quedó en la puerta como si quisiera atraer á sus clientes con sus ojos de Lampalagua, y nosotros quedamos presos en el comedor por el olor exquisito de aquel bacalao con tomate.

”Esto es mucho amolar, dijo don Ricardo, estirando á la fuente dos dedos como dos pinzas, y sacando dos dedos como dos pinzas, y sacando una tajadita de huevo cocido se la llevó á la boca.

”–¡Mucho amolar! agregó Ireloir, sacando otra tajada de huevo, pero acompañada de otras dos de bacalao, y echándoselas también a la boca.

”El mayor Herrera tomó un puñado, agregando también que era mucho amolar.

”Y tanto se repitió el concepto aquél, que en cinco minutos, y de puñado en puñado, la fuente había quedado más limpia que si la hubieran lavado.

”En eso vino la vieja y nos manifestó que si en cinco minutos más no había venido huésped alguno mandaría servir la cena.

”Nosotros nos pusimos de espaldas contra a la mesa, de modo que la vieja no pudo ver la suerte que había corrido la primera fuente de bacalao.

”Y mientras ellas volvía á la puerta, á esperar sus dichosos huéspedes, tocamos a la carga sobre la segunda fuente, pero esta vez con su correspondiente pan.

”Dábamos los últimos lambetazos, cuando apareció la vieja en el comedor diciendo que ya había mandado servir la cena.

”¡Ah! ¡groseros, mal criados! gritó, cuando vió lo que habíamos hecho, ¿quién les ha dicho que esa es manera de comer? Con la mano, y sin dejar bacalao para mí, que me gusta tanto.

”¡Tentada estoy de sacarlos á la calle por puercos, y no darles nada!

”Y que quiere señora, dijimos con la boca y parte de la cara lustrada por el aceite y el vinagre del bacalao; ya no podíamos aguantar más, era mucho el hambre que teníamos.

”¡Qué dejan para los perros entónces! Y no haberme dejado un poquito para mí, ¡puercos! ¡cochinos! miren que gente me ha traído Thirsit.

”Señora, exclamó Ireloir algo amostazado, pagando lo que se ha comido, no hay nada que decir; cobre lo que quiera, pero déjese de estarnos insultando que no hemos venido á eso sino á comer.

”Y apoderándose de una de las jarras de vino se sirvió un gran vaso.

”Siéntese, pues, á la mesa, añadió, dando él el ejemplo, y sigamos comiendo.

”Ni un bocado más, grandísimos puercos, exclamó la vieja completamente enfurecida, no les doy ni un bocado más de comida.

”En aquel momento entraba al comedor una chica, trayendo una enorme fuente de pollos asados, cuyo olor esquisito nos hizo dar un brinco.

”¡Llévatela, llévatela, gritó la vieja, que estos angurrientos tienen bastante con lo que han devorado! No les doy más.

”Iba la chica á dar media vuelta cuando saltamos sobre la fuente; ¿cómo era posible dejar que se llevaran aquellos esquisitos pollos?

”Ya repetía la vieja la orden de llevarse la fuente, cuando cada uno estiró las garritas sacando por las tostadas canillas uno cada uno.

”Puede llevarse la fuente, dijimos, pero lo que es los pollos no hay Cristo que nos lo saque de las manos.

”Esta última acción puso en su colmo la indignación de la vieja, que después de insultarnos como le dió la gana, empezó á gritar á la policía pidiendo favor, que la robaban, que la asesinaban.

”Acudiendo unos cuanto serenos que nos hallaron plácidamente sentados á la mesa, devorando la última cachirla de pollo.

”En aquel momento entraba de la calle Thirsit, á quien la vieja imponía de la insolencia nuestra y se quejaba de la clase de bandidos que le había llevado á su casa.

”El francés no sabía ya como hacer para ocultar la risa que retozaba a todo su cuerpo.

”Los serenos querían llevarnos presos á toda costa, pero nosotros no estábamos dispuestos á movernos de allí antes de haber dado fin con todos los platos anunciados por el programa de la vieja.

”¡Ni un bocado más! gritaba ésta, quiero que los lleven á la policía y los hagan vomitar lo que han comido.

”Y mientras Thirsit y nosotros discutíamos con la vieja y los serenos, don Ricardo é Ireloir enfilaron á la cocina de donde volvieron un poco después con la fuente de lomitos entonando el poderosos god sabe the Queen.

”Habíamos triunfado en toda la línea.

”¡No quiero que coman los lomitos! gritó la vieja, ¡son míos, yo los he hecho y no quiero que los coman! serenos, hagan respetar mi propiedad.

”Don Ricardo, que era hombre que entendía la vida, había alcanzado un enorme vaso de vino al sereno que parecía hacer cabeza, quien lo apuró de un trago haciéndose nuestro amigo.

”Señora, dijo entonces el sereno, nosotros no podemos hacer nada, son huéspedes que comen sin ofender á nadie y no podemos hacerles nada.

”Es preciso que usted lleve la queja á la jefatura.

”¡Pícaros, vendidos! les gritó entonces la vieja, ¡ya me quejaré como es debido!

”Y arremetió contra Thirsit, principal culpable de aquella invasión de indios, á quien puso peor que un trapo de cocina.

”Entónces, nosotros todos, ingleses y criollos, entonamos un majestuoso coro, el god save the Queen, en expresión de gracias á nuestras barrigas bien llenas.

”Y dimos á cada sereno su correspondiente vaso de vino, con lo que concluimos de tenerlos á nuestro lado.

”Thirsit escuchaba impasible los denuestos de la vieja y con la paciencia de un santo le decía que tuviera paciencia porque un hombre hambriento no era responsable de sus actos.

”¡Qué reviente! Esclamaba la vieja, que revienten todos, ojalá la cena se les volviera piedras en el estómago.

”Los serenos se retiraron dejándonos dueños del campo y limpiando á miga de pan una fuente de dulce de higo, maestralmente hecho.

”Así como habíamos tomado la comida al asalto, al asalto tuvimos que tomar los catres, porque la vieja los había hecho doblar, negándonos el derecho de dormir en ellos.

”Usted cobre lo que quiera, dijo Ireloir; pero usted no tiene el derecho de privar á nuestros lomados huesos que tomen la posición horizontal.

”La vieja tuvo que ceder, desde que no podía hacer otra cosa y al compás del más entusiasta canto tucumano de don Ricardo, cada cual se puso á tender su catre, porque la vieja había hecho sacar hasta las cobijas.

”Y despidiéndonos de Thirsit que no podía tenerse de pie de pura risa, nos preparamos á pasar la más deliciosa noche de la vida.

”¡Oh! ¡qué placer inmenso es poderse meter entre un par de sábanas limpias y frescas, después de haber andado vagando una semana sin poder siquiera sacarse la botas para dormir!

”No hay nada comparable al placer de una cama en esas condiciones, en que el cuerpo se rejuvenece y se siente que la sangre circula en las venas de una manera más amplia.

”Y nos dormimos arrullados por el crudo que don Ricardo no había dejado de cantar un momento, y los rezongos de la vieja que se sentían en el cuarto que ocupábamos como el zumbido de una enorme caldera a vapor.” (3)

Notas y Bibliografía: 

(1) 1884, Gutiérrez, Eduardo. Un viaje infernal, Buenos Aires, Juan Schürer – Stolle, 1899, publicado originalmente como folletín en el periódico El Correo de la ciudad de Buenos Aires.

(2) 2012, Tuninetti, Ángel T., “De tortillas y asados: Literatura de viaje y cocina nacional en La Argentina del siglo XIX”, en Cincinnati Romace Review, Winter 2012, pp. 164-174.

(3) 1884, Gutiérrez, Eduardo, Op. Cit., pp. 76-83. He decidido conservar la ortografía impresa en la edición citada que exhibe reglas vacilantes en algunos casos.