sábado, 23 de junio de 2018

La cocina del Noreste Argentino. Parte II


Vengo proponiendo una introducción a la cocina del Noreste Argentino. Llevo la guía de unos pocos recetarios y de las palabras sabias de la cocinera misionera Patricia Zacarías. (1)
 
Parece mentira, pero algo que es tan cercano y nuestro, resulta desconocido en la ciudad de Buenos Aires y me obliga a tratar este conjunto de ideas gastronómicas como si formaran parte de una tradición culinaria exótica.

IV Los productos esenciales
Ya he mostrado en otra parte cuáles eran los productos que formaban la dieta básica y la cultura agrícola de ciertas “naciones” de indios que los españoles encontraron cuando llegaron en 1527 al litoral del Río Paraná: maíz, porotos y zapallo. (2)
¿Debiera sorprendernos que poblaciones que no dejaron huella de asentamientos urbanos tuvieran una cultura agrícola con muchos productos similares a los de sus vecinos integrados al Tihuantisuyo?
Personalmente creo que debemos abandonar los esquemas muy rígidos que nos incitan a pensar que, cuando los españoles llegaron al sur del Ecuador, sólo encontraron la gran civilización de los Incas y un conjunto abigarrado de cazadores recolectores.
Antes bien tenemos que pensar que la construcción del Tihuantisuyo era reciente cuando Pizarro arribó al Perú; que los Incas construyeron su imperio sobre la base de culturas urbanas muy desarrolladas en etapas previas a su “administración” hegemónica y que las Cuatro Provincias del Sol debieron tener profuso contacto e intercambios habituales con sus vecinos.
Los indios del área guaranítica no sólo tomaban mate tal y como lo conocemos en nuestros días; sino que también cocinaban usando los productos que forman la base de una tradición culinaria que llega también a nuestro presente. Por eso no es extraño encontrar, por ejemplo, recetas de locro que llevan ese nombre.
También es necesario pensar que esta tradición no permaneció inmutable a lo largo de los casi quinientos años de presencia europea. La incorporación de carnes traídas por los españoles al mencionado locro, nos parece una operación bastante similar a la ocurrida con el locro del coyasuyo (la provincia del sur en el Imperio de los Incas). Hay además combinaciones más osadas y recientes (v. g., vareniques de mandioca) que recogen el impacto de las migraciones europeas del último siglo y medio.
V Las chipás, pasteles y panes… y sopas
En Buenos Aires conocemos bien la chipá. ¿Conocemos bien? Sí, claro, se trata de unos pancitos hechos con harina de mandioca y queso. Desde hace varias décadas las vemos en las calles de nuestra ciudad. Tal vez sea una de las ofertas de comida callejera más exitosa. No en vano, se ha intentado su producción industrial… Claro que los porteños seguimos prefiriendo el producto artesanal cuya fabricación atribuimos a mujeres paraguayas o correntinas, a los que elabora una conocida cadena de producción industrial de empanadas.
Todo está muy claro, cuando hablamos de chipá pensamos en panes; pero ésta es una visión demasiado sesgada que nos impide ver la enorme riqueza culinaria que hay detrás de la denominación chipá.
Si leemos desprevenidamente el libro de Juan Carlos Martelli y Beatriz Spinosa, persistiremos en la idea. Efectivamente los autores incluyen un capítulo dedicado a las panificaciones del noreste. En él, “los chipás” ocupan un lugar central. (3)
Pero vemos que, por su parte Patricia Zacarías nos informa más de 50 recetas de chipás en el Noreste Argentino. (4) Si después de leer a Patricia, volvemos a los textos de Martelli y Spinosa y realizamos una lectura algo más minuciosa, nos encontraremos con la receta de chipá guazú (una especie de pastel de choclo o de sopa paraguaya hecha con choclos) que nos cambia el ángulo de nuestra mirada. (5)
Entonces, ¿qué son las chipás?
No nos equivocamos demasiado si afirmamos que la palabra chipá significa torta en guaraní. Si pasamos revista a todas las recetas que llevan ese nombre nos encontramos con una diversidad muy parecida a las que llevan la palabra torta en castellano.
Hagamos un pequeño paréntesis fonético-ortográfico antes de seguir con la definición de la palabra. Se impone que escribamos y pronunciemos con una corrección convencional. Según me comentó Patricia, en Paraguay, Brasil y Misiones se utiliza la palabra chipa (femenino y sin tilde final); en cambio, los correntinos prefieren usar la expresión el chipá (masculino) para referirse a los pancitos. (6) Lustig Wolf nos informa que en la ortografía guaraní, las vocales acentuadas en las palabras agudas no se escriben con tilde. (7) En razón de ello, voy a utilizar el género femenino y la ortografía castellana para que podamos pronunciar sin dificultad en Buenos Aires.
Volvamos a las tortas/chipás y a su dispersión y diversidad. Nos encontramos con panificaciones horneadas como “los chipás” clásicos horneados (el uso del género masculino parece indicarnos que la expresión bien puede ser un apócope de “los panes chipás”), pero también los hay cocidos a las brasas como si fueran tortas al rescoldo, pero conservando distancia de la fuente de calor similar a la que se obtiene con el uso de una parrilla (chipá mbocá). Con otro tipo de preparaciones, encontramos pasteles horneados, como el chipá guazú (pastel de choclos) y la sopa paraguaya (pastel de harina de maíz), y frituras como el chipá cuerito, muy parecido a las tortas fritas pampeanas y las sopaipillas cuyanas.
Pienso que, como en otros casos de la cocina argentina, las recetas populares básicas de chipás debieran ser el punto de partida para concebir un capítulo específico de alta cocina argentina o, simplemente, una incitación permanente para producir nuevas combinaciones, nuevas fusiones que permitan una renovación inteligente de nuestras tradiciones culinarias. Patricia Zacarías no se quedó esperando el llamado y nos propone su receta de chipafless que incluyo en esta recopilación. (8)
VI Otras recetas
Para completar el recorrido que propongo en este artículo los invito a leer las recetas de fariña y guiso de porotos. La primera refiere a la técnica para obtener este producto que la industria brasileña puede proveernos, pero que es necesario conocer cómo era su elaboración artesanal primitiva. El guiso de porotos es la base de la cocina popular del área guaraní y se emparenta con algunas preparaciones más sofisticadas que veremos en el próximo artículo.
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Notas y referencias:
(1) 2010(c), Presidencia de la Nación, Ministerio de Desarrollo Social, Sabores con sapucay, Gamarra, María Liliana, Proyecto Recetarios Regionales, leído en https://www.desarrollosocial.gob.ar/wp-content/uploads/2015/05/11-Sabores-con-Sapucay1.pdf el 19 de agosto de 2017.
Zacarías, Patricia, http://patriciazacariasmchef.blogspot.com.ar/?m=1, leído el 19 de agosto de 2017.
(2) 2018, Aiscurri, Mario, “Yopará”, en el Recopilador de sabores entrañables, leído el 19 de junio de 2018 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2018/03/yopara.html
(3) 1991, Martelli, Juan Carlos y Spinosa, Beatriz, El libro de la cocina criolla, Buenos Aires, Edicol, pp. 146-150.
(5) 1991, Martelli, Juan Carlos y Spinosa, Beatriz, Op. Cit., pag. 129.
(6) De Patricia Zacarías a Mario Aiscurri, correo-e del 9 de agosto de 2017.
(7) 1995(c), Lustig, Wolf, “Mba'éichapa oiko la guarani? Guaraní y jopara en el Paraguay”, leído el 13 de agosto de 2017 en http://www.staff.uni-mainz.de/lustig/guarani/art/jopara.pdf.


Sopa paraguaya

¿Qué es la sopa paraguaya? En principio diré que se trata de un pastel de maíz horneado. Se diferencia del chipá guazú en que éste se hace con choclo amarillo fresco y aquélla con harina de maíz blanco fresca, es decir, en lo posible, recién molida.


 Las imágenes, salvo indicación en contrario, pertenecen al autor  
Ahora bien, ¿por qué se llama sopa a un pastel bastante sólido, casi una torta? Se han ensayado varias explicaciones. La más difundida alude a un error de la Cocinera de Carlos Antonio López, legendario presidente de la República del Paraguay. Veamos como la refiere Patricia Zacarías en su blog:
“Los historiadores cuentan que a Don Carlos Antonio López, presidente del Paraguay entre 1841 y 1862, le gustaba mucho el tykuetï o sopa blanca elaborada con leche, queso, huevo y harina de maíz, plato que era cotidianamente infaltable en su mesa.
”Un día, por un descuido de la machú o cocinera, puso en la sopa más harina de maíz que de costumbre, con lo cual se encontró con dos problemas: el primero, el tykuetï ya no era líquido, sino pastoso; y el segundo, el tiempo era corto como para reiniciar su tarea o sustituir el plato favorito por algún otro.
”Entonces, entre temor e ingenio, decidió poner el preparado en un recipiente de hierro y lo cocinó en el tatakua o “agujero del fuego”, con lo cual obtuvo una sopa sólida. Cuando llegó el momento de servir al presidente, la cocinera, muy temerosa, le explicó lo sucedido y le presentó la fuente. Al degustarla, Don Carlos la halló tan sabrosa que, inmediatamente, la bautizó como “sopa paraguaya”. Una variante de esta versión relata que, ese día, Don Carlos había invitado a embajadores de otros países a cenar y como sucediera lo relatado, entonces presentó el palto como la “sopa paraguaya”.” (1)
La vida política de don Carlos Antonio López (una calle recuerda su nombre en el Barrio de Villa Pueyrredón de la ciudad de Buenos Aires) está profusamente atravesada de relatos míticos, como el de los embajadores británicos que se quejaron porque frente a su presencia el presidente no se quitó el sombrero. Dicen que el caudillo guaraní expresó, cuando le llegó la queja: “Si la reina Victoria no se quitó la corona cuando recibió a mis embajadores, yo no me voy a quitar el sobrero cuando recibo a los que ella me envía”.
Hay otra versión, más plausible, sobre el origen de la sopa paraguaya. Es la que acompaña la receta de Eulalia Aidee Duarte en el recetario Sabores con Sapucay que publicó el Ministerio de Desarrollo Social. Este relato dice así:
“La sopa paraguaya es producto de la integración guaraní-española. Los guaraníes acostumbraban consumir comidas pastosas, elaboradas con harina de maíz o de mandioca envueltas en hojas de gúembé o banana y cocinadas en cenizas calientes. Los españoles introdujeron el uso del queso, los huevos y la leche, que fueron agregándose a los platos que preparaban los guaraníes. El resultado es la sopa paraguaya: una torta esponjosa salada y es, como toda buena muestra de la cocina paraguaya, muy rica en contenido calórico y proteico.
”Antiguamente, este alimento se hacía con maíz nuevo o choclo y se cocinaba en el ñaúpyvú (vasija de arcilla), no en el horno moderno heredado de los españoles. Todo hace pensar que los primero ibéricos llegados a tierras guaraníes llamaron “sopa” a aquel alimento que hervía en la vasija, y terminaron añadiéndole “paraguaya”.” (2)
Aunque más verosímil, esta historia no se ve acompañada de fundamentos empíricos que la sostengan. Nos deja la duda el hecho de que no sepamos desde cuando lo españoles llamaba Paraguay al área guaranítica. Entre paréntesis, debo decir que el relato da cuenta de que la primitiva “sopa paraguaya” era una variante de los tamales andinos, aunque tampoco da fundamentos sobre el particular.
La historia que transcribí arriba tomada del blog de Patricia es, a todas luces, legendaria. Patricia lo sabe y, por eso, recoge esta otra que toma del diario ABC Color:
“Otra versión que hace alusión al origen de la sopa paraguaya señala que, al llegar los españoles a tierras guaraníes, los nativos los recibieron con honores y ofrecieron su mejor comida para agasajarlos: la carne de caza. Al terminar la provisión de carne, y verificando que los huéspedes seguían con hambre, los guaraníes les sirvieron la comida que habitualmente comían, hecha con harina de maíz o de mandioca envuelta en hojas de banana, cocinada entre ceniza caliente y diciendo “la carne se terminó”, en su idioma guaraní: “So’o opa”, de allí su nombre “sopa”.” (3)
Repite la historia del recetario del Ministerio de Desarrollo Social, pero agregando una interesante explicación sobre la denominación.
Como no tenemos bases documentales para aceptar estas explicaciones, me permito introducir un texto que alude a otro origen posible para la denominación.

En la edición de 1942 de El Libro de Doña Petrona, hay un capítulo denominado “Sopas Secas” (lo he visto también en otros recetarios de la época). Contiene preparaciones diversas que van desde arroces secos, risottos y budines de fideos horneados hasta guisos espesos, y no tanto, como buseca, locro y chupe peruano. En ese listado incluye la receta de fainá, ese siempre deseado acompañamiento de la pizza porteña. De modo que la sopa paraguaya, por su consistencia, bien podría incluirse allí. Ignoro el origen de esta clasificación que parece ser hija de la codificación francesa. (4)
Voy a publicar dos recetas. La primera es la que está publicada en Sabores con Sapucay: (5)
Sopa paraguaya
Fuente (fecha)
Eulalia Aidee Duarte (2017)
Ingredientes
750 g de harina de maíz blanco.
3 cebollas.
3 tazas de agua.
2 cucharadas de sal gruesa.
200 g de manteca pomada.
6 huevos.
350 g de queso cáscara colorada.
200 cc de leche.
Preparación
1.- Cortar finamente las cebollas y ponerlas a hervir en agua y sal.
2.- Dejar hervir por 10 minutos a cacerola tapada y después poner a enfriar.
3.- Batir la grasa de cerdo, agregando uno a uno los huevos.
4.- A continuación, agregar el queso en cubitos y la cebolla y, poco a poco, en forma de lluvia, ir alternando la harina de maíz con la leche.
5.- Mezclar todo y colocar en una fuente grande, engrasada y enharinada.
6.- Cocinar en horno caliente (200º C) durante una hora.
Ajuste personal
Ingredientes:
1.- La receta original lleva grasa de cerdo. Yo la reemplazo por manteca pomada.
2.- Las cantidades originales están calculadas sobre la base de 750 g de harina de maíz. Las reduzco casi todas a 2/3, empezando por 500 g de harina de maíz.
3.- La receta original lleva 350 g de queso de cáscara colorada. Prefiero la combinación ese queso con quartirolo en partes iguales y por una proporción algo mayor a los 2/3 anunciados arriba en la relación con la harina de maíz, esto es 150 g de cada uno.
Preparación:
La cociné en un horno de convección por 20 minutos.
En casi todos estos artículos, publico la receta de Sabores con Sapucay acompañada de apostillas tomadas de la receta correspondiente de Patricia Zacarías. La idea es exponer la receta popular y acompañarla con los aportes técnicos de una cocinera profesional.
Esta vez decidí publicar las dos recetas porque la de Patricia tiene una particularidad. No se trata de una versión sofisticada que revisa las prácticas populares con criterio técnico; sino de la síntesis realizada por ella misma de varias recetas que practican otras cocineras. Patricia realiza el resumen de todas las propuestas y no deja de nombrar a todas las autoras. finalmente se atreve a ponerle un nombre que hace justicia a esta obra colectiva: (6)
La mejor receta de Sopa paraguaya
Fuente (fecha)
Patricia Zacarías compiladora (2017)
Ingredientes
2 cebollas grandes picadas en pequeños cubos.
130 cc de aceite neutro (girasol).
500 g de Harina de maíz fresca.
350 cc leche.
200 g crema de leche.
4 yemas.
4 claras batidas a nieve.
1 cucharada de sal.
1 cucharada (generosa) de polvo para hornear.
1/2 cucharadita de ajo en polvo o de caldo de verdura en polvo.
Queso fresco a gusto.
Preparación
1.- Preparar la placa o bandeja apta para horno, aceitar y enharinar.
2.- Precalentar el horno.
3.- En una sartén, dorar las cebollas con los 130 cc de aceite. Dejar enfriar. Reservar.
4.- Batir las claras a nieve. Reservar.
5.- Mezclar la harina de maíz con la preparación de cebolla.
6.- Agregar la leche, la crema, las 4 yemas, sal y polvo para hornear. Integrar hasta conseguir una pasta homogénea casi líquida.
7.- Mezclar las claras a punto nieve con movimientos envolventes. Suaves.
8.- Verter en la placa rectangular preparada (de 30 x 25 cm) y colocar por encima el queso fresco.
9.- Llevar a horno precalentado, 200º C por 30-40 minutos o hasta ver que al introducir un palito este salga seco.
10.- Retirar del horno. Esperar 10 minutos y servir.
Ajuste personal
Uso una asadera algo más grande que la que propone Patricia, de modo que la masa tiene una altura algo menor.
En horno de convección, con poco más de 25 minutos alcanza.
Comentarios
Harina de maíz tiene que ser fresca, es decir, recién molida (puede ser de la marca Catete que se vende en los supermercados del noreste argentino). No confundir con la cremosa que se utiliza en otras recetas.
Yo mismo cociné esta receta y, a pesar de mi insolvencia, el resultado fes exquisito.
Patricia no se ha quedado conforme con su “mejor receta” e insistió con otra. Quien quiera puede practicar su sopa paraguaya rellena con carne y queso. (7)
Notas y bibliografía:
(1) 2015, Zacarías, Patricia, “La mejor receta de sopa paraguaya”, en PatriciaZacariasMChef, leído el 28 de julio de 2017 en http://patriciazacariasmchef.blogspot.com.ar/2015/11/la-mejor-receta-de-sopa-paraguaya.html?m=1.
(2) 2010(c), Presidencia de la Nación, Ministerio de Desarrollo Social, Sabores con sapucay, Gamarra, María Liliana, Proyecto Recetarios Regionales, leído en https://www.desarrollosocial.gob.ar/wp-content/uploads/2015/05/11-Sabores-con-Sapucay1.pdf el 28 de julio de 2017, pag. 41.
(3) 2015, Zacarías, Patricia, Cit.
(4) 1942, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1942, edición 11° (1° edición de 1934), pp. 97-106.
(5) 2010(c), Presidencia de la Nación, Sabores con sapucay, Cit.
(6) 2015, Zacarías, Patricia, Cit.
(7) 2016, Zacarías, Patricia, Sopa paraguaya So’o (rellena de carne y queso), en PatriciaZacariasMChef, leído el 28 de julio de 2017 en http://patriciazacariasmchef.blogspot.com.ar/2016/09/tipico-del-noreste-sopa-paraguaya-soo.html?m=1.


sábado, 16 de junio de 2018

Producción de charqui en la Pampa Húmeda (1887)


Los textos que se exponen a continuación fueron tomados del libro Vida y Costumbres en El Plata de Emilio Daireaux que publicó Felix Lajouane (1) en 1888(2). El ejemplar que consulté pertenece a la primera edición en castellano (hubo una anterior en idioma francés). La obra se compone de dos tomos. El primero lleva el título “La sociedad argentina” y el segundo, “Industrias y productos”. El Prefacio contiene sendas cartas de Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca con opiniones y comentarios sobre la edición francesa.
Emilio Honorio Daireaux nació en Río de Janerio en 1846 y falleció en París en 1916. Se recibió de abogado en la capital francesa y revalidó su título en Buenos Aires, donde ejerció la profesión durante más de 10 años. El autor afirma que el libro fue escrito para los países extranjeros con la finalidad de dar a conocer La República Argentina en ellos. Por su parte, la dedicatoria reza: “A mis hijos. Para darles a conocer y hacerles amar el país de su madre, donde nacieron”. El autor se radicó en Francia con su familia a fines del siglo XIX, aunque conservó propiedades en la Provincia de Buenos Aires cerca de la ciudad que lleva su nombre. Algunos de sus hijos se afincaron en La Argentina, administrando esos bienes.
Los fragmentos que se transcriben a continuación pertenecen al segundo tomo. Contra la creencia generalizada, el autor da testimonio de la práctica de algunos “gauchos solitarios” que preparaban charqui del que se alimentaban en la Pampa Húmeda.
Elaboración y consumo del charqui en la Pampa Húmeda
“Desde hace algún tiempo, la venta de animales gordos se hace de año en año más dificultosa. Los propietarios de ganados, al ver que sus haciendas se multiplican en mucho mayor proporción que las ventas, se ven precisados á buscar nuevos terrenos adonde enviar los animales reproductores ó á venderlos á otros, que los destinan á ocupar tierras nuevas.
”Ahora diez años era muy raro este éxodo del pastor en busca de las tierras vírgenes, puesto que la pampa estaba cerrada hacia el Oeste por los Indios, y esta imposibilidad de extenderse ponía en peligro la cría del ganado mayor.
”Entonces sucedía, que hallándose algún gaucho solitario que se ofrecía á llevar á las lejanas regiones, aún expuestas á las invasiones, algunos miles de cabezas de ganado vacuno, y se encargaba de cuidarlo, con el aliciente de que se partiría con él una pequeña parte de las utilidades. De tiempo en tiempo se tenía noticias de él, y con frecuencia se le veía precisado á refugiarse en alguno de los fortines que defienden la frontera. Llevando una vida semi-salvaje en esa zona de transición, en buena armonía con los Indios sus vecinos, y sin más compañía que la de su ganado; alimentábase de charquí, es decir, de tiras de carne secada al sol, preparadas por él mismo, cuando, de tiempo en tiempo mataba algún buey para alimentarse, dedicando todo el tiempo restante a la caza de avestruces.” (3)
Notas y Bibliografía: 
(1) Prestigioso editor francés que publicaría, entre otras obra el libro Cocina Ecléctica de Juana Manuela Gorriti que vio la estampa en 1891.
(2) 1888, Daireaux, Emilio, Vida y Costumbres en el Plata, Buenos Aires, Feliz Lajouane.
(3) Ídem, tomo II, pp. 223.

Explotación irracional de los yerbales (1887)


Los textos que se exponen a continuación fueron tomados del libro Vida y Costumbres en El Plata de Emilio Daireaux que publicó Felix Lajouane (1) en 1888(2). El ejemplar que consulté pertenece a la primera edición en castellano (hubo una anterior en idioma francés). La obra se compone de dos tomos. El primero lleva el título “La sociedad argentina” y el segundo, “Industrias y productos”. El Prefacio contiene sendas cartas de Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca con opiniones y comentarios sobre la edición francesa.
Emilio Honorio Daireaux nació en Río de Janerio en 1846 y falleció en París en 1916. Se recibió de abogado en la capital francesa y revalidó su título en Buenos Aires, donde ejerció la profesión durante más de 10 años. El autor afirma que el libro fue escrito para los países extranjeros con la finalidad de dar a conocer La República Argentina en ellos. Por su parte, la dedicatoria reza: “A mis hijos. Para darles a conocer y hacerles amar el país de su madre, donde nacieron”. El autor se radicó en Francia con su familia a fines del siglo XIX, aunque conservó propiedades en la Provincia de Buenos Aires cerca de la ciudad que lleva su nombre. Algunos de sus hijos se afincaron en La Argentina, administrando esos bienes.
Los fragmentos que se transcriben a continuación pertenecen al segundo tomo. Llega a conclusiones apresuradas sobre el cultivo de la yerba mate: no se cultiva porque los yerbateros están preocupados en la recolección y no en la siembra, casi una consecuencia de la barbarie en que se vive en América. Clemenceau, 25 años después, aludirá a la dificultad para hacer germinar las semillas sin la técnica descubierta por los jesuitas y redescubierta por Carlos Tahys.
Explotación irracional de los yerbales
“Así pues lo que por todas partes busca el viajero que penetra en las Misiones, es el árbol que da este rebuscado producto. ¿Dónde están esas inmensas plantaciones que la imaginación ha soñado? ¿Dónde comienzan las inmensas selvas formadas por este preciado árbol?
”En los umbrales de cada habitación, donde, al menos, creíamos encontrar algunas muestras, previsoramente conservadas, de este arbusto precioso, no encontramos sus trazas, ni siquiera alma viviente que pueda respondernos é informarnos. Los naranjos, los duraznos, todos los árboles frutales, traídos de lejos y plantados en otro tiempo, han prosperado, se han multiplicado, sólo el acebo indígena, ilex paraguensis, el árbol de la yerba, ha desaparecido de todos los puntos habitados. ¿No es pues susceptible de ningún cultivo? ¿Será como esos hombres primitivos apasionados de la barbarie, que huyen ante el hombre civilizado, como esos animales que huyen de donde hay casas? No, mas esta planta no da frutos que puedan recogerse, no son tampoco sus flores las que se utilizan, son sus ramas, sus retoños, hasta el tronco ya desnudo, el aroma buscado está en todas partes, se puede cortar la planta por el pie, todo es aprovechable.
”Ese es el secreto de su destrucción; por todas partes donde el hombre se presenta, marchítase el arbusto, y desaparece, agotado por una explotación indisciplinada. Lo han cortado fuera de estación; lo han echado abajo para obtener todas sus ramas; no ha resistido á estos rudos asaltos. Los jesuítas habían hecho poner plantaciones en los pueblos, en los jardines; todo ha desaparecido. Se ha penetrado en los bosques y se ha procedido de la misma manera. (3)
”Hoy día es menester ir lejos; la busca de la yerba, en las Misiones, se parece algo a la de un filón.
”En estado silvestre, el ilex paraguensis no se encuentra aislado en el bosque, está mezclado, en mayor ó menor cantidad, con todas las demás especias de árboles. Crece en todas las regiones situadas al Norte de los 24° de latitud no se le encuentra ni más arriba ni más abajo, y puede calcularse en nuevecientas leguas la superficie de la tierra donde se le encuentra. De la familia de los acebos, llega á ser tan grande como un naranjo de mediano tamaño, pero cuando se le ha explotado, toma, para no perderla jamás, la apariencia de un matorral raquítico.
”Las ramas se dirigen hacia el cielo como las del laurel. La hoja es persistente, lisa, de forma elíptica, brillante, de un verde pálido, punteadas de manchas más verdes en los bordes y parte superior; tiene de doce á quince centímetros de largo, la mitad de ancho, el rabo es corto y rojizo. La semilla es lisa, de un rojo violeta, semejante á la del pimiento.
”Se ha dicho que estas semillas no germinan si con antelación no han sido absorbidas por los pájaros y sembradas por ellos. Algunas gentes crédulas han provisto las pajareras con estos extraños sembradores-laboratorios, y recogido cuidadosamente las semillas expelidas por los pájaros, cuya provisión renovaban mezclándola con su comida. Estos son cuentos. El árbol se reproduce por semilla y por estaca; cultivo de los más sencillos, del que nadie se preocupa; los yerbateros hacen la recolección pero no la preparan.
”Pasó la época en que los jesuítas cuidaban del provenir de los bosques de yerba, los yerbales. Hoy se hayan éstos abandonados á los hábitos del derroche, tan comunes en todo el territorio americano, donde el desvelo por el día de mañana nunca ha estado de moda.
”El hombre, que nada ha hecho para sembrar ó proteger el árbol, es como el nómada que no ha domesticado el rebaño, es un cazador y trata su presa ó su caza como toda cosa sin dueño.
”El yerbatero, pues, se ocupa de buscar los yerbales. Los gobiernos argentino, ó paraguayo, jamás se han preocupado por los yerbales contenidos en su territorio; por fórmula, han grabado con un derecho las concesiones, que han dado, sin haber previamente recogido informes ni haber verificado los que les traían los yerbateros que solicitaban concesiones. El Brasil ha estado más listo para vigilar estas riquezas sin duda porque era el menos favorecido. Ha sido avaro de concesiones, sin dejar de proteger y estimular por todos los medios, al mismo tiempo que el cultivo de la yerba, la explotación de los yerbales naturales de sus vecinos.
”Así, generalmente, puede afirmarse que el yerbatero es brasilero: la lengua portuguesa es la que se habla, casi por todas partes, en los yerbales, hasta en la parte española de estas regiones; la mayor parte del producto toma el camino de tierra hasta el puerto brasilero, en el Atlántico, de Paranagua, desde donde vuelve, por cargamentos enteros, hasta los centros de consumo argentinos. Hasta se cree en estos centros que en Paranagua existen plantaciones de yerba, que hay una yerba brasilera, una paraguaya y una de Misiones. Ésta, en realidad, es siempre la misma y del mismo origen.
”Solamente difiere, quizás, el modo de prepararla, mas la recolección se hace en los mismos parajes.” (4)
Notas y Bibliografía: 
(1) Prestigioso editor francés que publicaría, entre otras obra el libro Cocina Ecléctica de Juana Manuela Gorriti que vio la estampa en 1891.
(2) 1888, Daireaux, Emilio, Vida y Costumbres en el Plata, Buenos Aires, Feliz Lajouane.
(3) 25 años después de publicada esta obra, George Clemenceau visitó La Argentina. El presidente francés afirma que los jesuitas se llevaron el secreto del cultivo y la reproducción de este árbol; pero que Carlos Thays había logrado revelar el misterio. 2015, Aiscurri, Mario, “George Clemenceau en La Argentina del Centenario (1910) – La Yerba Mate y Carlos Thays”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com.ar/2015/07/georges-clemenceau-en-la-argentina-del_25.html, el 15 de agosto de 2017.
(4) Ídem, tomo II, pp. 400-403.

sábado, 9 de junio de 2018

Diálogos sobre una identidad culinaria III Guías de restaurantes



Buenos Aires 8 de agosto de 2016
Asunto: Las guías gastronómicas, las de Pietro Sorba
 y las de Fernando Vidal Buzzi
Querido Héctor:
Me toca ahora dedicar algunos párrafos a las guías gastronómicas. No comparto la idea de que las guías mejoren, si están soportadas en la Web. Hago primero una protesta profesional. La guías impresas nos dan, a los historiadores, la oportunidad de datar los cambios, las que están soportadas en la Web, lo impiden. Pero eso no alcanza para justificar una defensa de las guías impresas, menos en mi caso que, cuando elijo un restaurante, suelo usar las de la Web.
Lo más importante es preguntarnos qué es lo que buscamos en las guías. En mi caso particular, sólo me interesa contar con la información necesaria para acceder al local que busco. En ese sentido, relativizo los comentarios, sean estos individuales (guías de autor) o colectivos. Cuando leo, las guías de Pietro Sorba, por poner un ejemplo, ya sé cómo piensa, de modo que no me engrupe con sus comentarios, a veces coincido con él, otras, no.
La ventaja que debiera tener la Internet es que la información puede estar más actualizada; sin embargo, no siempre es así. La semana pasada, en Mar del Plata quise ir a Sarasa Negro. La información disponible en la Guía Oleo afirmaba que estaba abierto todos los días de la semana. De modo que, siendo el lunes la última noche que estaría en la ciudad, me dispuse a ir. Poco antes de partir, llamé para convenir una reserva; pero un contestador automático me indicó que el restaurante sólo abre de martes a sábado.
Ahora bien, y ya sobre la cuestión puntual de mi interés profesional, yo encuentro en las guías de Pietro Sorba un valor agregado que no hallo en ningún otro lugar, las 30 páginas que suman los prólogos del conjunto de sus libros representan el tratado más sistemático sobre la identidad de la cocina argentina que he podido consultar. ¿Tienen defectos e inconsistencias? Sí, claro que sí, y algunas ya las hemos señalado en este intercambio; pero tienen una unidad teórica y una percepción de la realidad de nuestra tradición culinaria que no he encontrado en otra parte.
En fin, creo que es muy bueno tenerlas como punto de partida a pesar de que, por el momento en que realiza la observación, no pueda distinguir, por ejemplo, el restaurante porteño del bodegón. Sus ideas acerca de la identidad de la pizza porteña y de la diferencia entre la cocina étnica y la cocina de las colectividades en La Argentina son aportes notables.
Ahora bien, al margen de los aportes teóricos señalados, para mi gusto personal, a las viejas guías de Vidal Buzzi no hay con qué darle. Ya nos como guías, claro está; pero son la más acabada pintura de la restauración porteña de la época en que fueron escritas. Quienes las consultábamos, sabíamos que, como en todos los casos, podíamos disentir o no con sus apreciaciones; pero también sabíamos que esas guía carecían de errores de interpretación porque don Fernando vivió siempre en Buenos Aires.
Un abrazo, Mario.
Buenos Aires 6 de julio de 2016
Asunto: RE: Las guías gastronómicas y las de Pietro Sorba
Querido Mario, razones laborales están retrasando mis intervenciones en este intercambio epistolar.
Sin embargo, a vuelo de pájaro, te respondo que tenés razón en cuanto a que las guías escritas tienen un valor documental que no poseen las guías on line.
Un abrazo.
Buenos Aires 8 de octubre de 2016
Asunto: Sobre la cocina piamontesa
Héctor, querido amigo:
Creo que, a pesar de que no hemos agotado el tema sobre el bodegón y el restaurante porteño, hemos expuesto con claridad el recetario del primero y la evidencia sobre la existencia del segundo. De modo que me veo autorizado a proponerte un cambio de tema.
Me gustaría, ahora, entrar de lleno a desplegar tus ideas sobre la cocina piamontesa.
Un abrazo, Mario.
Ir a parte IV

sábado, 2 de junio de 2018

Prestigio social del hábito del mate (1887)


Los textos que se exponen a continuación fueron tomados del libro Vida y Costumbres en El Plata de Emilio Daireaux que publicó Felix Lajouane (1) en 1888(2). El ejemplar que consulté pertenece a la primera edición en castellano (hubo una anterior en idioma francés). La obra se compone de dos tomos. El primero lleva el título “La sociedad argentina” y el segundo, “Industrias y productos”. El Prefacio contiene sendas cartas de Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca con opiniones y comentarios sobre la edición francesa.
Emilio Honorio Daireaux nació en Río de Janerio en 1846 y falleció en París en 1916. Se recibió de abogado en la capital francesa y revalidó su título en Buenos Aires, donde ejerció la profesión durante más de 10 años. El autor afirma que el libro fue escrito para los países extranjeros con la finalidad de dar a conocer La República Argentina en ellos. Por su parte, la dedicatoria reza: “A mis hijos. Para darles a conocer y hacerles amar el país de su madre, donde nacieron”. El autor se radicó en Francia con su familia a fines del siglo XIX, aunque conservó propiedades en la Provincia de Buenos Aires cerca de la ciudad que lleva su nombre. Algunos de sus hijos se afincaron en La Argentina, administrando esos bienes.
Los fragmentos que se transcriben a continuación pertenecen al segundo tomo. El autor profesa una fuerte atracción por el mate. Expone los fundamentos de por qué considera que es una bebida con prestigio en todas las capas de la sociedad argentina y las razones por la que es desdeñada por algunos en las “reuniones de buena sociedad”.
Prestigio social del mate
“De todos los productos que este país promete, el más rico, el que tiene más asegurado el porvenir, cuyo presente es magnífico, es la yerba mate.
”Basta poner el pie sobre el continente sud-americano para darse cuenta, por la importancia del consumo que de él se hace, de la riqueza de la región de donde se extrae. En relación inversa es tan pequeña esta región como son grandes y están bien preparados para recibir una población muy densa los países donde el mate se consume.
”Los almacenes están llenos de yerba. No existe una sola casa de la América española en donde, por alguna parte, no hay un zurrón con doscientas libras, abierto, del cual se la saca; ni una choza que no guarde la provisión de algunos kilos. El tendero que no la tenga bien puede cerrar su establecimiento. El pastor que, de la llanura, vuelve á su hogar, el viajero que pasa, el labrador que ha concluido su trabajo ó que lo suspende por un momento de reposo, deben encontrar, completamente preparada, una infusión caliente, en el momento en que se presentan sin tener que pedirla ni aguardarla. Ningún pretexto se admitirá, ninguna excusa aceptable se atiende, nadie es tan pobre que no pueda procurársela, nadie es tan rico que pueda tener el derecho de desdeñarla. Ella establece el primer lazo social, proporciona á los que ningún motivo de contacto tienen, á los que no se conocen, un pretexto para el descanso común y para la conversación; acorta las distancias y suprime las divisiones sociales.
”El único reproche que puede hacérsele es el de acortarlas demasiado y suprimirlas mucho.
”Los que las desdeñan dicen que el salón ó la reunión de buena sociedad no es su sitio; se critica su vulgaridad y su manera de presentarse demasiado familiar.
”Que estos delicados dejen por algunos días su hogar, la ciudad que habitan, pronto habrán perdido estas prevenciones; antes que el gallo haya cantado tres veces, sin que siquiera, como es frecuente, hayan pasado una noche al raso, renegarán de sus teorías.” (3)
Notas y Bibliografía: 
(1) Prestigioso editor francés que publicaría, entre otras obra el libro Cocina Ecléctica de Juana Manuela Gorriti que vio la estampa en 1891.
(2) 1888, Daireaux, Emilio, Vida y Costumbres en el Plata, Buenos Aires, Feliz Lajouane.
(3) Ídem, tomo II, pp. 399-400.

La incipiente industria quesera en la Provincia de Buenos Aires(1887)


Los textos que se exponen a continuación fueron tomados del libro Vida y Costumbres en El Plata de Emilio Daireaux que publicó Felix Lajouane (1) en 1888(2). El ejemplar que consulté pertenece a la primera edición en castellano (hubo una anterior en idioma francés). La obra se compone de dos tomos. El primero lleva el título “La sociedad argentina” y el segundo, “Industrias y productos”. El Prefacio contiene sendas cartas de Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca con opiniones y comentarios sobre la edición francesa.
Emilio Honorio Daireaux nació en Río de Janerio en 1846 y falleció en París en 1916. Se recibió de abogado en la capital francesa y revalidó su título en Buenos Aires, donde ejerció la profesión durante más de 10 años. El autor afirma que el libro fue escrito para los países extranjeros con la finalidad de dar a conocer La República Argentina en ellos. Por su parte, la dedicatoria reza: “A mis hijos. Para darles a conocer y hacerles amar el país de su madre, donde nacieron”. El autor se radicó en Francia con su familia a fines del siglo XIX, aunque conservó propiedades en la Provincia de Buenos Aires cerca de la ciudad que lleva su nombre. Algunos de sus hijos se afincaron en La Argentina, administrando esos bienes.
Los fragmentos que se transcriben a continuación pertenecen al segundo tomo. El autor visita una estancia en el corazón de la Pampa Húmeda. Entre muchas otras observaciones que realiza, describe el experimento que en ella se realiza de producir quesos.
Porvenir de la industria quesera
“Penetremos con el dueño en una de esas estancias.
”Se halla situada en los confines de la Provincia de Buenos Aires. Nos lleva hasta la estancia uno de los ferrocarriles que parten de la capital hacia la pampa; al principio encontramos unos pueblecitos, muy cercanos entre sí los primeros, y en seguida no se hallan sino estaciones ó apeaderos en medio de la pampa, que acaso serán ciudades del porvenir, pero donde no hay por el momento nada que prometa para lo futuro, ni cosa alguna notable en su pasado. /…/. Cuatro ó cinco leguas median entre esos apeaderos, y apenas si hay en el espacio intermedio una que otra casucha de pastor.
”Al cabo de doce horas de camino y de cien leguas de pampa, llegamos á casa de nuestro estanciero. Su propiedad es muy grande y puede considerarse como modelo de las de su especie. Allí hay reunidos tres lotes de diez mil hectáreas, bajo una sola administración. /…/.
”El ferrocarril corta la estancia transversalmente, y tiene allí una estación.
”/…/.
”Nos resta examinar cuál es la influencia que pueden ejercer las condiciones climatológicas sobre esta envoltura, ó piel, y si la cría al aire libre aumentará el peso del cuero del Durham. En efecto, parece probado que posee suficiente resistencia al intento, puesto que en Inglaterra y Francia, por ejemplo en las regiones de Anjou y Normandía, el ganado de raza durham pasa las noches de invierno al aire libre, y no se le lleva al establo, ni aun cuando nieva. /…/.
”/…/.
”Rara vez se aprovecha la leche, que esta raza produce en tanta abundancia. Sin embargo, se ha comenzado, en la estancia en que nos hallamos, un ensayo para aprovecharla; allí hay cuatrocientas vacas durham, destinadas á fomentar una quesería, que se ha confiado completamente á algunos vaqueros franceses del departamento de Jura, que se encargan de todo el trabajo, dividiéndose las utilidades: hasta hoy la venta de leche es fácil y la oferta es inferior á la demanda, que se limita a los distritos vecinos.
”Es curioso ver estas cuatrocientas vacas de raza fina, cuyas formas recuerdan los más hermosos animales de las praderas normandas, donde cada uno tendría un valor de 80 á 100 pesos fuertes; pero aquí la fabricación del queso y la inteligencia de algunos hombres podrá sacar por cabeza, todos los años, una suma superior á su actual valor venal” (3)
Notas y Bibliografía: 
(1) Prestigioso editor francés que publicaría, entre otras obra el libro Cocina Ecléctica de Juana Manuela Gorriti que vio la estampa en 1891.
(2) 1888, Daireaux, Emilio, Vida y Costumbres en el Plata, Buenos Aires, Feliz Lajouane.
(3) Ídem, tomo II, pp. 211- 212, 217-218.