sábado, 5 de enero de 2019

Edelweis Molinari, el arte de vivir intensamente


Es otoño en Buenos Aires. Caminamos por el barrio. Las callecitas apenas si reconocen con morosa amabilidad la transición de Colegiales a Villa Ortuzar. Es casi el mediodía y seguramente seremos los primeros en llegar a la cita. El programa era en el campo, pero las amenazas de lluvia nos retrajeron a la ciudad. Mercedes y Veis nos esperan en su casa. Serán las anfitrionas en el encuentro de los amigos.

  

 Salvo indicación en contrario, la imágenes pertenecen a Edelweiss Molinari
Edelweiss, Veis para todos, nos invitó a probar su comida. Voy preguntándome si lo que comeremos se parecerá a ella, si tendrá esa exuberancia, esa intensidad de su manera de vivir la vida, de disfrutarla.
Efectivamente somos los primeros en llegar. Nos espera la mesa servida con algunas cosas para picar. Dados de queso, rodaja de salamín, pan, berenjenas en escabeche que preparó Mercedes (¡se pasó mi amiga puntana con este escabeche!) y unas aceitunas conservadas a la manera griega, o por lo menos a lo que los rioplatenses pensamos que es la manera griega. Veis nos cuenta que preparó esas aceitunas varios meses atrás y que las tenía olvidadas en un frasco en la alacena… estaban buenísimas.
La imagen pertenece al autor
Nos convidan con un “gancia” casero que Veis prepara con cítricos que consiguen en el Delta cuando practican expediciones con sus amigos kayakistas. Esa historia ya la he publicado en El Recopilador de sabores. De modo que no me detendré en ella y me limitaré a decir que disfrutamos de esa picada rioplatense acompañada por este brebaje que, entre paréntesis, estaba más rico que nunca.
Ya sabíamos que comeríamos pollo al disco, Veis lo había prometido en el programa original previsto para disfrutar al aire libre, pero me sorprendió la solución que propuso para conservar la sensación de cocinar a fuego abierto en el encierro de su departamento de ciudad. Del resto del menú nada sabía. La charla discurrió sobre recetas y técnicas de cocina y tuvimos tiempo de conversar algunas cosas antes de que llegaran los demás invitados.
Le pregunté cuándo empezó a cocinar. Sus palabras fueron contundentes. Mi interés por la cocina es tan simple como yo, dijo riendo con irónica picardía, cocino porque me gusta comerrrrrr (el suspenso creado por la vibración de la erre resuena aún en mi recuerdo). Caramba, me dije, uno la ve flaca y espigada y piensa en que esta mujer debiera tener otra manera de sentarse a la mesa; pero, quizás el deporte… quizás la medida de la ingesta… no sé. En fin, nos confiesa que le encanta la variedad de sabores, colores y aromas, porque para ella es tan importante el sabor como la presentación.
Le pregunté cómo aprendió, pensando en una respuesta obvia. Pero lo obvio cambia de signo cuando se trata de Veis. Muchos cocinamos a partir de recuerdos de aromas y sabores de la infancia, haciendo enormes esfuerzos por recuperarlos. Veis que es rebelde por naturaleza, intenta alejarse de la cocina que su madre practicaba cuando era una niña en Montevideo. Tengo aquí, me dice, los recetarios que usaba ella, si querés te los doy porque no los uso, no me gusta esa cocina.
Uno piensa que la rebeldía que la llevó a recorrer los caminos de nuestra América, intentando vivir de sus artesanías, nació de sus contactos con las influencias de la calle o de modas que atraviesan la realidad a partir de las mass media. Pero, si se la escucha con atención parece ser un componente más natural que cultural en su persona.
En mi casa de la infancia, siempre se cocinaron las minutas simples del día a día, relata; mi mamá cocinaba; pero en las pocas cosas que hacía yo porque ella me encargaba, ya me las ingeniaba para introducir modificaciones personales, ríe con ganas. Una vez tuve que hacer mayonesa casera para la ensalada rusa. Entonces se me ocurrió dividirla en tres, a una la mezclé con pasta de aceituna negra, a otra con palta y a otra con kétchup. Hice tres ensaladas rusas con esas salsas, dividiéndolas en la fuente, quedó muy lindo y muy rico.
Su relato nos devuelve al presente, nuestra anfitriona confiesa que cuando piensa en hacer una comida para sus amigos, se entusiasma pensando con que los puede sorprender. Ahí comienza la aventura, subraya con énfasis, sus palabras resuenan con un ritmo intenso… Qué le voy a poner, cómo lo presentaré, cuál va a ser el orden, cuál será el sabor que buscaré… ese su ritmo de vivir la vida.
Los amigos van llegando y se suman a la charla y al disfrute de la picada y del “gancia” casero. Miren, nos dice Veis, ésta es mi flor. Toma un imán de heladera, que está pegado a un sobre transparente que contiene una Edelweiss discada. La muestra con orgullo y vuelve a la cocina donde está preparando la sucesión de platos con que nos convidará.
Alcanzo a preguntarle sobre sus comidas preferidas. Como te dije antes, me gusta comer, de modo que me gusta todo… ahora, si es por elegir me gusta mucho el cordero y todos los animales que caminan, interrumpe con una de sus habituales carcajadas breves. Si es de mar, ufffff, muero por los mariscos y por ciertos pescados. Los guisos son mi adoración, nunca faltan en casa, haga frío o no tanto, y vuelve a reír. Si querés te paso las recetas de lo que vamos a comer hoy, y algunas más... sonrío con entusiasmo y la charla común empieza a discurrir por otros carriles.
Los platos van llegando y, aunque se trate de mariscos, los vamos regando con vinos de Rubén Cirocco que ya se ha sentado a la mesa y comparte con entusiasmo las delicias del encuentro.
Veis sirvió dos entradas. Primero unos langostinos saltados en manteca que dispuso en unas canastitas doradas hechas con tapas para empanadas colocándolos sobre una rodajita de pepino y un trocito de mango. Luego trajo a la mesa uno de sus platos predilectos, vieiras gratinadas.
El plato principal salió del disco de arado que estaba apoyado sobre la cocina. Un delicioso pollo con una salsa inspirada en la tradicional salsa portuguesa; pero sólo inspirada, porque Veis, a esta altura ya lo sabemos, no copia recetas… Es más, casi nunca vuelve a hacer un plato del mismo modo… Ya nos dijo que la próxima vez que hiciera esos langostinos que sirvió, iba a prescindir de la canastita de masa.
Un postre salido de su inventiva coronó un encuentro gastronómico memorable.
Obviamente, pedí las recetas y compuse con ellas esta recopilación de la cocina de Veis. A lo que comimos agregó algunas más, mejillones al ajillo en disco de arado, guiso de cordero y filete de pescado al horno. Los invito a cocinar estas recetas que alguna vez preparó Edelweiss Molinari, disfruten de ellas ustedes que pueden reproducirlas textualmente, porque Veis no las volverá a hacer de la misma manera.

Recetas con mariscos de Veis… y el uso del disco de arado


Ya he efectuado el relato del maravilloso almuerzo que tuvimos un grupo de amigos en casa de Mercedes y Edelweiss. En esa ocasión, tuve oportunidad de charlar con la anfitriona a cargo de los fuegos sobre sus preferencias culinarias, hablo de la misma Veis, claro está. Mientras iba y venía por la cocina, contó que los pescados y los mariscos constituyen una de sus debilidades más significativas.
 Las imágenes pertenecen a Edelweiss Molinari 
En este artículo, les paso tres de sus recetas de mariscos, las dos primeras formaron parte de ese almuerzo memorable. La tercera tiene una particularidad el uso de una herramienta fundamental en la cocina neo criolla tardía, el disco de arado.
Bien, empecemos por la receta de langostinos saltados en manteca. La preparación no tiene nada de particular desde el punto de vista de la técnica de preparación, pero la combinación de sabores es excelente. La sencillez que exhibe invita a seguirla y disfrutarla con fruición. Obtendrán un resultado único, muy parecido al que Edelweiss preparó aquel día… dichosos de ustedes que podrán perpetuarla al repetirla, Veis ya no la volverá a hacer de la misma manera, casi nunca repite una receta como le salió alguna vez...
Langostinos saltados
Fuente (fecha)
Edelweiss Molinari (2018)
Ingredientes
Por porción:
Langostinos 2.
Manteca c/n.
Pepino una rodaja.
Mango 1 pedacito.
Brotes de alfalfa c/n.
Tapas para empandas 1.
Sal c/n.
Preparación
1.- Darle forma de canasta a las tapas para empanadas y cocinar al horno.
2.- Saltar los langostinos en manteca.
3.- Disponer sobre cada canasta una rodajita finita de pepino, un trocito chico de mango, los langostinos.
4.- Salar y agregar una lluvia de brotes de alfalfa.
Comentarios
Veis también los hace sin la canastita. En ese caso resultan más fáciles de comer; pero pierde gracia en la presentación y, para ella, la presentación tan importante como el sabor.
Ahora les paso una receta que, creo, es la favorita de Veis, formulo esta apreciación sin temor a equivocarme porque me pareció oírselo decir a ella misma, vieiras gratinadas.
En el ya referido almuerzo sirvió una entrada después de la otra, de modo que la ración de estas vieiras gratinadas se redujo a la mitad de la indicada en la fórmula que expongo abajo.
Ambas recetas pueden funcionar muy bien en una de esas picaditas a la manera rioplatense que ya resultan difíciles de encontrar en Buenos Aires… ¡Qué buenas eran esas picadas en donde disfrutábamos de la impresión que nos daba la abigarrada presencia de la diversidad ofrecida en una miríada de platitos! Lamentablemente, desde hace algunas décadas, los platitos fueron reemplazados por el blanco y negro de las tablas de quesos o fiambres.
Vieiras gratinadas
Fuente (fecha)
Edelweis Molinari (2018)
Ingredientes
Por porción:
Vieiras 4.
Limón c/n.
Queso sardo c/n.
Pan rallado c/n.
Sal.
Aceite.
Preparación
1.- Rociar las vieiras con limón
2.- Prepara una pasta con el queso sardo, pan rallado y un poco de aceite.
3.- Poner la pasta sobre las vieiras y llevar al horno por 10 minutos.
4.- Servirlas inmediatamente.
Comentarios

Cambiando en ángulo, completo la serie de recetas con una que no formó parte de ese almuerzo cuyo plato principal fue un pollo al disco.
Hago profesión de fe sobre la técnica de usar el disco de arado porque nos demuestra que lo moderno no sólo significa pérdida y empobrecimiento como en el caso de las tablas en relación con los platitos… a veces, las innovaciones traen riquezas inesperadas… bienvenidos, entonces, el disco de arado, el chulengo y el asador mantera a la modernización técnica de la cocina neo criolla que sigue amando el fuego abierto que, en algún caso, sólo hay que proteger del viento.
El uso del disco de arado propone una alternativa interesante a las comidas del fin de semana, donde la cocina a fuego abierto marida muy bien con disfrutar del aire libre. Sin embargo, cuando Veis no tiene oportunidad de hacerlo porque las condiciones del tiempo no lo permiten, lleva el disco a la cocina y lo usa sobre las hornallas… puedo asegurar que, por lo menos en el caso del pollo que comí en su casa, nuestra anfitriona es capaz de desplegar algunas astucias que permiten obtener un resultado similar el fuego abierto con leña, pero esa es otra historia y la cuento en otro artículo. Ahora, vamos por los mejillones
Ajillo de mejillones en el disco de arado
Fuente (fecha)
 (2018)
Ingredientes
Mejillones 1 kg. pre cocidos (algunos de ellos con una valva y otros de conserva)
Laurel 2 hojas.
Vino blanco seco 3 vasos
Ajo 1 cabeza.
Aceite c/n.
Caldo c/n.
Pimentón ahumado.
Sal.
Preparación
1.- Lavar bien los mejillones.
2.- Hervir las conchas de mejillones con un par de hojas de laurel en el vino blanco en una olla.
3.- Colar y reservar la reducción.
4.- Picar una cabeza de ajo, saltarla en el disco de arado con un poco de aceite sin que se dore.
5.- Agregar la reducción y colocar los mejillones.
6.- Agregarle un poco de caldo.
7.- Condimentar con sal y pimentón ahumado (aporta color y aroma).
8.- Servir cuando los aromas están amalgamados.
Comentarios
Veis nos cuenta que el cálculo que hace es de trescientos gramos de mejillones y un vaso de vino por persona.
También nos dice que, si se preparan otros mariscos en la misma comida, se pueden agregar elementos para la reducción (v. g., la cabeza y la caparazón de los langostinos) (2)
Espero que puedan disfrutar de estas recetas preparándolas habitualmente, como lo hice yo cuando las preparó Veis.
Notas y bibliografía:
(1) 2018, Molinari, Edelweiss a Aiscurri, Mario, Correo-e del 27 de marzo.
(2) 2018, Molinari, Edelweiss a Aiscurri, Mario, Correo-e del 9 de abril.


sábado, 29 de diciembre de 2018

Percepción organoléptica del mate (1887)


Los textos que se exponen a continuación fueron tomados del libro Vida y Costumbres en El Plata de Emilio Daireaux que publicó Felix Lajouane en 1888. (1) (2) El ejemplar que consulté pertenece a la primera edición en castellano (hubo una anterior en idioma francés). La obra se compone de dos tomos. El primero lleva el título “La sociedad argentina” y el segundo, “Industrias y productos”. El Prefacio contiene sendas cartas de Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca con opiniones y comentarios sobre la edición francesa.
 
Emilio Honorio Daireaux nació en Río de Janerio en 1846 y falleció en París en 1916. Se recibió de abogado en la capital francesa y revalidó su título en Buenos Aires, donde ejerció la profesión durante más de 10 años. El autor afirma que el libro fue escrito para los países extranjeros con la finalidad de dar a conocer La República Argentina en ellos. Por su parte, la dedicatoria reza: “A mis hijos. Para darles a conocer y hacerles amar el país de su madre, donde nacieron”. El autor se radicó en Francia con su familia a fines del siglo XIX, aunque conservó propiedades en la Provincia de Buenos Aires cerca de la ciudad que lleva su nombre. Algunos de sus hijos se afincaron en La Argentina, administrando esos bienes.
Los fragmentos que se transcriben a continuación pertenecen al segundo tomo. Para el autor la yerba es un producto apreciado que no seduce a los novatos por la precariedad de los medios en que se comercializa. Sin embargo, a pesar de ello, posee un olor agradable y fino que se conserva con el tiempo aunque sufra largas exposiciones al aire libre.
Percepción organoléptica del mate
“Un paladar europeo reconocerá bien poco las cualidades que, á primera vista, desde el primer sorbo, descubre un sudamericano. En el rincón olvidado de una tienda, abierta á todos los vientos y á toda clase de polvo, yace un zurrón de cuero que sobre sus raspados costados, casi calvos, muestra las señales de largos viajes, hechos desde el fondo de los bosques, donde, bajo el ardiente sol, los indios los llenaron a mazazos, hasta el en que desde el aparejo de la mula cayó al fondo de una piragua, para, de allí, cargado en un vapor, trasbordado al ferrocarril, zarandeado en una carreta llegar hasta allá; ahora abre su boca dejando escapar, por una ancha hendidura, hecha por una inhábil cuchillada, los principios aromáticos que se desprenden del polvo destinado al consumo. No seduce gran cosa este apreciado producto al que por primera vez allí lo encuentra.
”El polvo, á pesar de las pocas seducciones del medio en que se encuentra, no tiene mala apariencia; de lejos parece una especie de aserrín muy fino, mezclado con pedacitos de madera redondos; el aroma que exhala es agradable y hasta si cogéis un puñado os penetra su finura que siempre conserva el producto no obstante los pocos cuidados de que es objeto y su prolongada exposición al aire libre.
”Á más, á primera vista no se imagina cuál sea el uso á que este polvo se destina, qué género de consumo puede hacerse de él. Precisa estar iniciado.
”Aquí es en lo que el novicio encontrará alguna sorpresa. Quizás rechazará, sin querer probarlo, un brevaje para cuya preparación, preciso es confesarlo, aún se busca un sistema que sea agradable á todo el mundo y que, al mismo tiempo, saque todo su aroma de la infusión.” (3)
Notas y Bibliografía: 
(1) Prestigioso editor francés que publicaría, entre otras obra el libro Cocina Ecléctica de Juana Manuela Gorriti que vio la estampa en 1891.
(2) 1888, Daireaux, Emilio, Vida y Costumbres en el Plata, Buenos Aires, Feliz Lajouane.
(3) Ídem, tomo II, pp. 408-409.

Producción industrial de ceniza de jume (1887)


Los textos que se exponen a continuación fueron tomados del libro Vida y Costumbres en El Plata de Emilio Daireaux que publicó Felix Lajouane en 1888. (1) (2) El ejemplar que consulté pertenece a la primera edición en castellano (hubo una anterior en idioma francés). La obra se compone de dos tomos. El primero lleva el título “La sociedad argentina” y el segundo, “Industrias y productos”. El Prefacio contiene sendas cartas de Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca con opiniones y comentarios sobre la edición francesa.
Emilio Honorio Daireaux nació en Río de Janerio en 1846 y falleció en París en 1916. Se recibió de abogado en la capital francesa y revalidó su título en Buenos Aires, donde ejerció la profesión durante más de 10 años. El autor afirma que el libro fue escrito para los países extranjeros con la finalidad de dar a conocer La República Argentina en ellos. Por su parte, la dedicatoria reza: “A mis hijos. Para darles a conocer y hacerles amar el país de su madre, donde nacieron”. El autor se radicó en Francia con su familia a fines del siglo XIX, aunque conservó propiedades en la Provincia de Buenos Aires cerca de la ciudad que lleva su nombre. Algunos de sus hijos se afincaron en La Argentina, administrando esos bienes.
Los fragmentos que se transcriben a continuación pertenecen al segundo tomo. Describe el viaje en tren desde la ciudad de Córdoba a San Miguel de Tucumán… selva, salinas y jume. No sé cómo mide la legua; pero Catamarca no está a 400 leguas de Buenos Aires.
Producción de cenizas de jume en Catamarca
“La máquina del tren se calienta con leña y en todas las estaciones se llenan los furgones con troncos de leña dura, necesitándose una gran provisión para mantener los fuego; /…/. El consumo de un artículo tan embarazoso obliga á paradas prolongadas en cada estación.
”Todas las estaciones se asemejan y en todas ellas el tren se detiene una media hora sin que ofrezcan nada que estudiar. Al salir de la estación se vuelve á entrar en la selva y, si, por acaso, un habitante revela su presencia, es dentro de una mísera choza abierta á todos los vientos. La dulzura del clima excusa lo confortable. Paulatinamente la miseria es más grande, los arbustos más raros, y más allá, no existe nada sino el suelo blancuzco á trechos y cerca de las estaciones inmensos montones de sal. Esto es todo lo que produce esa región extraordinariamente salina, que comprende doscientas leguas de superficie. Sólo crece allí un arbusto, el jume, el cual queman, produciendo sus cenizas una excelente potasa. Los habitantes viven de esta industria y de la extracción de la sal, que halla fácilmente compradores á la distancia de cuatrocientas leguas en que ya nos encontramos del mar.” (3)
Notas y Bibliografía: 
(1) Prestigioso editor francés que publicaría, entre otras obra el libro Cocina Ecléctica de Juana Manuela Gorriti que vio la estampa en 1891.
(2) 1888, Daireaux, Emilio, Vida y Costumbres en el Plata, Buenos Aires, Feliz Lajouane.
(3) Ídem, tomo II, pp. 425.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Ciudad de Azul (Parte II): Mucho más que la obra pública de los años treinta


14 a 17 de noviembre de 2017
Ya he hablado de la obra propiciada por el gobernador Fresco e impecablemente diseñada y ejecutada por el ingeniero arquitecto Francisco Salomone, también anticipé que la ciudad de Azul, a pesar de vivir en un descuido decadente, ofrece mucho más al viajero interesado. Entre otras cosas, el Festival Cervantino que se realiza anualmente a principios de noviembre. Veamos…
IV Están aquí aunque no quieran mostrarlo
Intrigado por la existencia de un museo etnográfico en esta ciudad, imaginé que bien podría estar dedicado a la figura del cacique Ciprino Catriel bajo cuya advocación se encuentra la avenida costanera que recorre el Arroyo Azul hasta que el Parque Domingo Faustino Sarmiento, primero, y el balneario, luego, la interrumpen.

 Las imágenes pertenecen al autor
De modo que fuimos, con Haydée, a visitar el Museo Arqueológico y Archivo Histórico Enrique Squirru dispuestos a ver alguna exposición en la que se nos mostrara como, ese cacique mapuche, había decidido asimilarse con sus gentes a La Argentina constituida. Supusimos que habría una gran cantidad de referencias a la batalla de San Carlos de Bolívar en donde el ejército nacional, acompañado por las lanzas de Catriel, derrotó a los indios de las tribus que respondía al gran cacique Calfucurá, responsable, éste, de malones y saqueos.
Pero nada de eso encontramos en el museo Squirru. Entre colecciones varias de obras de arte de artistas locales, muebles y armas; destacan dos que llamaron poderosamente nuestra atención: la muestra permanente de orfebrería mapuche y la muestra especial de documentación y objetos de la masonería en Azul. La primera, consiste en un conjunto de piezas de plata adquiridas personalmente por Bartolomé J. Ronco en el sur de Chile. La otra, fue especialmente realizada para el XI Festival Cervantino que se llevó a cabo en la ciudad en la primera semana de noviembre de 2017. Se encuentra totalmente dedicada a los 150 años de la presencia de las instituciones masónicas en Azul.
De allí nos dirigimos a la denominada Casa Ronco, en donde una visita guiada nos permitió entender buena parte de todo lo que estuvimos viendo en Azul desde nuestra llegada, y de lo que veríamos en los días siguientes.
Nos contaron quién fue el filántropo Bartomomé J. Ronco, un abogado que decidió afincarse en la ciudad principios del siglo XX. Describieron su amistad con Enrique Squirru, un importante productor ganadero local. Reseñaron cómo, ambos, y otras personas destacadas de la sociedad azuleña, impulsaron un desarrollo artístico y cultural notable en esa primera mitad del siglo XX.
La casa familiar de Ronco, la biblioteca popular fundada por él, y que hoy lleva su nombre, y el mencionado museo Squirru conforman un complejo cultural que conserva un enorme patrimonio artísticos compuesto, además de las colecciones que se exponen en el museo, por una de las bibliotecas más importantes sobre José Hernández y el Martín Fierro y, fundamentalmente, por la biblioteca más importante sobre Cervantes y el Quijote que se conserva fuera de España.
Por esta razón, Azul ha sido declarada, en 2007, por la UNESCO como Ciudad Cervantina de La Argentina. La ciudad celebra esta condecoración realizando, todos los años, el festival del que ya he hablado.
Lo que más me llamó la atención es que Ronco anticipara la percepción borgeana de la hermandad entre Martín Fierro y el Quijote, y cobijara ambas colecciones bajo el mismo techo. Efectivamente, Jorge Luis Borges ha hecho referencia, en varias oportunidades, a esa secreta afinidad que hay entre Martín Fierro y el Ingenioso Hidalgo de La Mancha. Cuando lo manifesté, la guía nos mostró un libro de Borges dedicado a Ronco en oportunidad de su visita a la ciudad de Azul y a la casa del filántropo.
El relato, casi legendario, de cómo se fue armando esa colección, nos muestra al inquieto Ronco comprando dos ejemplares de cada libro que adquiría. Uno de ellos era destinado a su colección privada, el segundo a la biblioteca popular. De modo que, aunque no hagamos una inspección, ni realicemos el punteo correspondiente, podemos afirmar que la ciudad contiene dos colecciones casi idénticas de libros sobre Cervantes y el Quijote.
Nos fuimos de Casa Ronco con la idea de que la esquiva ciudad de Azul, por fin nos develaba su verdadero rostro. Ahora sólo falta que los azuleños conserven el valor de ese patrimonio que no se agota en las obras del ingeniero arquitecto Salamone y el patrimonio del complejo Ronco porque hay más.
¿Cómo? ¿hay más? Sí claro, en Azul el patrimonio artístico y cultural parece inagotable.
V El silencio manda entre Boca de la Sierra y Pablo Acosta
Ya les mostré como fue que, en la primera mitad del siglo XX, esta ciudad adquirió un desarrollo cultural que la dotó de un patrimonio trascendente. Lo hizo aprovechando la intensa movilización espiritual de sus habitantes y el impacto de una obra pública singular a cargo del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.
Ese haz de luminosa creatividad reconoce sus raíces en el segundo tercio siglo XIX, no mucho más allá, cuando el fuerte San Cerapio Mártir fue levantado sobre el arroyo Callvú Leovú; pero también, sus proyecciones hacia el futuro, hacia la segunda mitad del Siglo XX, llegando hasta esta altura del siglo XXI.
Hace ya muchos años, más de cuarenta, algunos amigos católicos hablaban de la paz que se vivía en el monasterio trapense de Azul. Siempre me pareció inasible esa referencia. Los monasterios, me decía con algún prejuicio, necesitan lugares apartados que permitan la paz y la oración y la llanura, esa inmensa planicie atravesada por rutas y caminos, no ofrece recovecos que faciliten ese apartamiento del trajín cotidiano.
Pensando en estas cosas, tomamos el camino a Santa María de Los Ángeles. La Ruta Provincial N° 80 que nos lleva a nuestro destino nos aparta de la Ruta Nacional N° 226. Luego de pasar la base naval parece no conducir a parte alguna. Según el mapa, el asfalto llega hasta la Estación Pablo Acosta y, a partir de allí, se pierde en la llanura.
¿En la llanura? Bueno, en realidad, hay una sierra que interrumpe el paisaje de la llanura. No es demasiado elevada, pero el paisaje cambia. El puro humus asentado sobre la nada que caracteriza a la pampa bonaerense se enfrenta a una pared rocosa. La Ruta 80 la atraviesa en el paraje Boca de la Sierra. Allí mismo hay un refugio para acampantes, luego un parador turístico que contiene un grupo escultórico de Carlos Regazzoni y, finalmente, la sierra.
El camino sigue, a unos 10 km se encuentra la entrada al Monasterio. Una alameda de eucaliptus, bien pampeana, por cierto, nos conduce a un gran patio en donde el silencio manda. Hay un sitio en donde se debe dejar el auto y una serie de indicadores que limitan las áreas de acceso público de las correspondientes a “la clausura”.
Recorremos un poco ese patio, ingresamos en la iglesia y luego nos retiramos con silencio recoleto… como corresponde al lugar en el que estábamos.
Desde el patio se pueden ver los dos márgenes de las sierras, poco elevadas, por cierto (sólo se las reconoce por su baja elevación y por su evidente conformación rocosa): un insólito valle en la llanura, pero apartado de ella… y atravesado por una ruta sin destino aparente. Allí, desde 1958, el Cister encontró un lugar de oración y silencio muy lejos de Europa y la Edad Media. (1)
Nos vamos yendo, nos detenemos, volvemos a contemplar los edificios, la piedra y las alturas góticas han sido reemplazadas por esas construcciones de estilo italianos que dominan el paisaje urbano de ciudades y pueblos en toda la Provincia de Buenos Aires, sólo que aquí el ladrillo a la vista es una decisión, no un descuido o el resultado de una falta de recursos.
Nos vamos arrobados por la paz… tenemos previsto hacer una parada en el Parador Turístico de Boca de la Sierra, son sólo 10 km, pero parece estar tan lejos…
VI ¿El hombre se enamoró de Azul?
Andado por las calles de Azul, el día anterior a nuestra visita al monasterio cisterciense, ya nos habíamos encontrado con el grupo escultórico de Carlos Regazzoni dedicado al Quijote. La obra está en un pequeño espacio público en la intersección de las Avenidas Cipriano Catriel y Bartolomé Mitre. El grupo es bello, pero no alcanzó a deslumbrarnos.
No nos ocurrió lo mismo con El Malón, conjunto escultórico emplazada en el Parador Turístico Boca de la Sierra, frente a la Ruta Provincial N° 80. La obra representa una escaramuza entre indios y soldados de frontera y tiene esa potencia cinematográfica que sólo lograron las grandes películas de John Ford y Lucas Demare.
En el predio que contiene la intervención del escultor patagónico, se despliega una instalación de servicios. Aunque parece abandonada, está impecable. Todo está muy cuidado; pero nada nos dice allí que haya servicios, siquiera sanitarios, habilitados, que haya actividades que justifiquen las instalaciones. Algunas lenguas, buenas y malas, hablan en el pueblo y cuentan historias de un amor inusitado de don Carlos Regazzoni por la ciudad de Azul y por su entorno. También hablan del rechazo de la sociedad local a su figura y a su personalidad. (2)
Esta obra representa vivamente la ciudad de Azul, capaz de acumular un patrimonio cultural envidiable; pero incapaz de mantenerlo y compartirlo con turistas y viajeros.
Notas y referencias:
(1) El sitio Web oficial del Monasterio de Azul, sintetiza su historia de este modo:
“En el cristianismo, desde siempre hubo hombres y mujeres que no contrajeron matrimonio, impulsados por el deseo de imitar más de cerca la vida de Jesús. Con el correr de los años, se formaron comunidades fraternas para ayudarlos a perseverar en ese deseo. En el siglo VI, San Benito redactó una Regla para tales comunidades.
”A comienzos del siglo XII en Císter, Francia, tuvo lugar una reforma de la tradición benedictina: la “reforma cisterciense”.
”Quinientos años después se produjo otra reforma en el monasterio de La Trapa, en Normandía, Francia. Esta “reforma trapense” se extendió a Norteamérica en el siglo XIX y llegó a América Latina en 1958.
”Nació así nuestro monasterio: el de Nuestra Señora de los Ángeles.
”El primero de la Orden en nuestra Patria Grande. En la actualidad existen catorce casas trapenses en Latinoamérica: dos en Argentina, dos en Brasil. Dos en Chile, dos en Ecuador, dos en México, dos en Venezuela, una en República Dominicana y una en Nicaragua.”
Leído en http://www.trapenses.com.ar/#!/-historia/, el 15 de diciembre de 2017.
(2) Luis Gentile, en su blog Lugares e historia, lo cuenta de este modo:
“Cuando en 2007 la ciudad de Azul fue declarada Ciudad Cervantina por la UNESCO, debido a la colección de Quijotes que atesora, su Municipalidad contrató a Regazzoni para que instalara en un paseo público una escultura de Don Quijote. El grupo escultórico está frente a la costanera Cacique Catriel, e incluye al hidalgo montado en Rocinante, junto con Sancho Panza, Dulcinea y hasta el perro.
”Debido al éxito de este trabajo, las autoridades le encargaron una segunda obra. Esta fue El Malón, que está emplazada en Boca de la Sierra. De todas formas, la relación del artista con los políticos locales fue pésima. Se instaló en este paraje y fue acusado de tomar para sí propiedades privadas –lo que incluía un sector perteneciente a Fabricaciones Militares, empresa que donó el lugar para que se construyera el parador- y de maltratar a los vecinos que se quejaban de sus actividades en el lugar.
”Seguramente cautivado por la paz y belleza del paisaje, el artista intentó establecerse, pero las constantes peleas con vecinos y políticos, lo disuadieron.
”Por suerte quedó su obra.”
2012, Gentile, Luis, “Un malón de chatarra en el valle”, leído en http://lugaresehistorias.blogspot.com.ar/2012/10/boca-de-la-sierra-partido-de-azul.html, 15 de diciembre de 2017.


sábado, 15 de diciembre de 2018

Ventajas sociales y sanitarias del consumo de mate (1887)


Los textos que se exponen a continuación fueron tomados del libro Vida y Costumbres en El Plata de Emilio Daireaux que publicó Felix Lajouane en 1888. (1) (2) El ejemplar que consulté pertenece a la primera edición en castellano (hubo una anterior en idioma francés). La obra se compone de dos tomos. El primero lleva el título “La sociedad argentina” y el segundo, “Industrias y productos”. El Prefacio contiene sendas cartas de Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca con opiniones y comentarios sobre la edición francesa.
Emilio Honorio Daireaux nació en Río de Janerio en 1846 y falleció en París en 1916. Se recibió de abogado en la capital francesa y revalidó su título en Buenos Aires, donde ejerció la profesión durante más de 10 años. El autor afirma que el libro fue escrito para los países extranjeros con la finalidad de dar a conocer La República Argentina en ellos. Por su parte, la dedicatoria reza: “A mis hijos. Para darles a conocer y hacerles amar el país de su madre, donde nacieron”. El autor se radicó en Francia con su familia a fines del siglo XIX, aunque conservó propiedades en la Provincia de Buenos Aires cerca de la ciudad que lleva su nombre. Algunos de sus hijos se afincaron en La Argentina, administrando esos bienes.
Los fragmentos que se transcriben a continuación pertenecen al segundo tomo. El autor sostiene las ventajas sociales del consumo del mate en el Río de la Plata, abandonan prejuicios que durante siglos asociaban el arte de cebar a la vida indolente. Desde el punto de vista higiénico y terapéutico, Emilio Daireaux sostiene una serie de afirmaciones acerca dela ventajas del mate que se basan más en observaciones personales que en fundamentos sanitarios. Todas ellas resultan, sin embargo, atendibles. Termina ensayando acerca de que el mate es la solución para combatir el alcoholismo en la clase trabajadora rural francesa.
Ventajas sociales y sanitarias del mate
“Desde el punto de vista social, higiénico y terapéutico también es recomendable la yerba.
”Su uso durante tres siglos en todas las regiones de América del Sud, basta para demostrar los felices efectos sobre la sociabilidad de este país. En la llanura pampeana, donde es la regla el aislamiento, en los vastos países donde, sin ser tan absoluto, es frecuente, el mate ha sido siempre el mejor compañero, el sostén por excelencia del trabajador ó del pastor aislado. Con poco gasto le da una dulce excitación que no tiene ninguno de los inconvenientes del alcohol. Siempre se ha preparado fácilmente: ha bastado para esto dejar en la casa cerca del fuego del rescoldo, que jamás se apaga, un cacharro que no tiene otra aplicación, para encontrar siempre lista la bebida, preparada una poca de alegría, un reconfortante, y si le sorprende un huésped, con qué obsequiarlo dignamente.
”La afición del aislado por esta bebida le crea costumbres caseras y del hogar. Nada tan triste y tan degradante como beber, solo, bebidas alcohólicas; el borracho mismo no se lo perdona… á su vecino, se avergüenza si á ello se abandona ó entrega. Es otra cosa beber una infusión caliente, cerca de un hogar que constituye una compaña, que llena la casa de un alegre resplandor. Si es verdad que allí donde hay un hogar existe un embrión de sociedad, también puede decirse que allí donde ha penetrado el mate se encuentra un ser sociable, se forma una sociedad.
”Del punto de vista higiénico y terapéutico no son menores las ventajas.
”Una de las más preciosas es su acción sobre el aparato locomotor y sobre la potencia dinámica. Cítanse numerosos ejemplos, fáciles de comprobar.
”El habitante de la pampa, gaucho ó extranjero, que tiene á su disposición, en abundancia, la alimentación por excelencia, la carne de vaca, que la usa abundantemente, no recurre á ella, y esto es notable, en los momentos en que parecería que le es más necesaria. En la época de la hierra, por ejemplo, y de las fatigas de que es ocasión, cuando se trata de marcar a mil ó dos mil terneros ó de contramarcar otros tantos bueyes, vacas ó toros, el gaucho pasa todo el día en el trabajo desde el alba, al sol, hasta la noche, sin alimentarse de otra manera que tomando, tan á menudo como puede, infusiones de yerba. Ella sostiene su buen humor y su actividad evitándole el cansancio. El labrador extranjero que trabaja á pie, hace como él, y se encuentra como transformado bajo esta influencia. Los ejércitos de campaña demuestran, por numerosos ejemplos, la excelente influencia del mate sobre la moral y el físico del soldado, hasta el punto que se dice como un axioma: ‘Sin mate no hay soldados’.
”¿Cómo pues no desear que un producto que representa todas estas ventajas entre pronto en nuestros hábitos? Traería á la manera de vivir y de alimentarse de nuestros trabajadores excelentes modificaciones, desarrollando en ellos las fuerzas que el alcohol quebranta, llevando á la grosera y pesada alimentación del habitante del campo un nuevo elemento, á bajo precio, un sostén de sus fuerzas, un estimulante para sus monótonos trabajos, un compañero de sus veladas
”Añadamos que la yerba produce, en el sistema nervioso, una excitación alegre, sin fatiga, sosegada, origen de sueños, de ilusiones, de esperanzas que por el momento velarán la tristeza del destino.
”Puesto que debemos amar la vida ¿debemos rechazar los velos que la naturaleza nos brinda para ocultarnos perspectivas que desalientan? Aunque la yerba mate no trajera otro beneficio, éste bastaría para justificar cuanto de ella hemos dicho.” (3)
Notas y Bibliografía: 
(1) Prestigioso editor francés que publicaría, entre otras obra el libro Cocina Ecléctica de Juana Manuela Gorriti que vio la estampa en 1891.
(2) 1888, Daireaux, Emilio, Vida y Costumbres en el Plata, Buenos Aires, Feliz Lajouane.
(3) Ídem, tomo II, pp. 413-414.