sábado, 16 de julio de 2022

La cocina de la abuela Clara - Epílogo

Uno de los pasajes más recordados de la literatura universal tal vez sea el episodio que quedó en la historia como “La Magdalena de Proust” (Para leer el fragmento click acá).

Marcel Proust (París: 1871-1922) desarrolla en la primera novela de las siete que constituyen su obra magna “En busca del tiempo perdido”, “Por el camino de Swann”, un texto de más de 3000 palabras contando la reminiscencia que le dispara el sabor de “uno de esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino” mojada en una taza de té caliente y que lo llevarán a recorrer toda su vida.

Las imágenes pertenecen a Aldo Barberis Rusca 

Hace más de 30 años yo viví una experiencia similar aunque de alcance mucho más limitado; aunque sus resonancias aún perduren.

Todo comenzó una vez que tenía hambre y en la heladera solo encontré un tupper con fideos, algunos huevos y un ramo de albahaca mustio. Así que sin mucha idea de lo que estaba haciendo batí unos huevos con sal y pimienta, le puse las hojas de albahaca que pude rescatar y lo mandé a una sartén con manteca y un chorro de oliva, como para hacer huevos revueltos.

A medio coagular le sumé los fideos y un buen puñado de queso rallado y, ahí mismo, de la sartén para no ensuciar me dispuse a comer.

Bastó un bocado para encontrarme en la cocina de mi abuela Clara con su radio Noblex Fabulino, su ventiladorcito y su Singer.

Era un sabor que no gustaba desde mi infancia y que tenía absolutamente olvidado el que volvía y que de pronto tenía perfectamente presente.

Rememorar para Mario estas recetas que hoy el transcribe, y otras que he perdido por completo, me trajeron esos viejos sabores, los momentos pasados en la casita del Pasaje de las Garantías y Asamblea, de los sándwiches de queso de rallar con manteca.

Así mismo me permitió darme cuenta de que era una cocina de pocos ingredientes, tres o cuatro, de sabores claros, nítidos.


Extrañamente no usaba el picante aunque cultivaba sus putaparió en abundancia y los maceraba en un frasco de Nescafé marrón en aceite que rociaba directamente sobre su plato generosamente.

Así que bueno, espero que gusten de las recetas como yo he disfrutado recordándolas.


Zapallitos rellenos de Irma

He publicado varias recetas de zapallitos rellenos; (1) pero ésta es especial… (2) bueno, en realidad, todas las recetas, en el registro de una individualidad personal o familiar, lo son… y claro, como todas las recetas familiares, ésta tiene una historia particular por detrás. Aldo la contó en el grupo privado de Facebook Buena Morfa Social Club (BMSC) (3) y me aclaró algunos detalles adicionales en un correo-e de marzo de 2022. (4)

Las imágenes pertenecen a Aldo Barberis Rusca

Esta será la última receta relacionada con la cocina de abuela Clara y de su madre Irma que publicaré en El Recopilador de sabores entrañables, por ahora por lo menos. (5) Como puede leerse en el artículo de la recopilación citado, Aldo ha venido practicando varios de los platos de su abuela que ha ido rescatando de diversos modos. Directamente de su abuela, como es el caso de las empanadas de pollo; a través de la cocina de su madre o por fortuito hallazgo, como ocurrió con los huevos a la nieve que encontró en un libro de cocina rusa. Esta receta de zapallitos y la de pollo a la francesa eran muy habituales en la cocina de Irma.

Con todo, la historia que hay detrás de los zapallitos rellenos es por demás curiosa. Aldo nunca practicó la receta por la sencilla razón de que los zapallitos no le han gustado nunca, ni cuando era niño, ni de adulto. El atractivo que tenía esta receta para él estaba en la salsa blanca que formaba parte del relleno.


Doña Clara usaba la salsa blanca para muchos platos; pero Irma sólo para estos zapallitos que preparaba semanalmente, casi como llevada por el insistente ritmo de un astro errante. 

Aldo era un niño y veía a su madre cocinarlos. Cuando terminaba el armado para llevarlos a gratinar, le daba a mi amigo la olla donde había preparado la salsa blanca para que la raspara con una cuchara y se comiera los restos. Cuando tuvo siete u ocho años, le pidió a su madre que le enseñara como hacer salsa blanca y, más tarde, que lo dejara prepararla mientras ella se las arreglaba con los zapallitos. Desde entonces, se transformó en adicto confeso de la salsa blanca y, cada vez que su madre cocinaba zapallitos, la preparaba en exceso para tener una mayor cantidad de salsa residual en el momento de raspar la olla con la cuchara. Le fascinaba la textura y el sabor de esa salsa y, por supuesto, la presencia irremplazable de la nuez moscada.

Zapallitos rellenos

Fuente (fecha)

Aldo Barberis-Rusca (2022)

Ingredientes

Zapallitos redondos medianos 4.

Salchicha parrillera 1kg.

Cebolla grande 1.

Manteca 50 gr.

Aceite 1 cucharada.

Harina 0000 50 gr.

Leche 1 litro.

Queso rallado a gusto.

Sal a gusto.

Pimienta a gusto.

Nuez moscada a gusto.

Preparación

1.- Partir los zapallitos ecuatorialmente al medio

2.- Blanquear las mitades en agua con sal unos 5 minutos o hasta que estén tiernas pero consistentes.

3.- Escurrir los zapallitos, dejar enfriar un poco y retirar la pulpa con una cuchara dejando los cascos lo más finos posible sin que se rompan. Reservar la pulpa en un colador de pastas y los cascos boca abajo sobre una rejilla para que pierdan el líquido excedente.

4.- Derretir en una olla la manteca con el aceite, agregar la harina y revolver un par de minutos. Añadir la leche de a poco revolviendo constantemente hasta lograr una salsa blanca espesa. Condimentar con sal, pimienta, nuez moscada y un puñado de queso rallado

5.- Picar finamente la cebolla, la pulpa de los zapallitos y retirar la tripa de la salchicha dejando solamente el relleno.

6.- Dorar la cebolla. Añadir la salchicha desmenuzada. Cuando el conjunto esté cocido agregar la pulpa de los zapallitos. Cocinar para que pierda la humedad. Una vez que tenga la consistencia deseada agregar la mitad de la salsa blanca y unir. Debe quedar un relleno consistente. Dejar enfriar.

7.- Rellenar los cascos de zapallitos con la mezcla y acomodar en una asadera.

8.- Aligerar con leche la salsa blanca restante hasta que tenga una consistencia fluida para cubrir los zapallitos. Terminar con un puñado de queso rallado y un cubito de manteca.

9.- Gratinar y servir.

Comentarios

 

 

Notas y bibliografía:

(1) 2014, Aiscurri, Mario, “Zapallitos rellenos con stoemp de brócoli”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 29 de marzo de 2022 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2014/02/zapallitos-rellenos-con-stoemp-de.html; 2014, Aiscurri, Mario, “Zapallitos rellenos”, en ídem, leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2014/06/zapallitos-rellenos.html el 29 de marzo de 2022 y 2021, Aiscurri, Mario, “Zapallitos rellenos”, en ídem, leído el 29 de marzo de 2022 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2021/12/zapallitos-rellenos.html

(2) 2022, Aldo Barberis-Rusca a Mario Aiscurri, correo-e del 22 de marzo.

(3) 2018, Barberis-Rusca, Aldo, en el grupo privado de Facebook Buena Morfe Social Club, leído el 28 de marzo de 2022 en https://www.facebook.com/groups/buenamorfa/permalink/1818822831470901/.

(4) 2022, Aldo Barberis-Rusca a Mario Aiscurri, correo-e del 28 de marzo.

(5) 2022, Aiscurri, Mario, “Aldo Rusca y una cocina legendaria”, en El recopilador de sabores entrañables, leído el 26 de junio de 2022 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2022/06/aldo-rusca-y-una-cocina-legendaria.html


jueves, 14 de julio de 2022

Sabores entrañables, un sueño largamente acariciado

El epígrafe contiene un lugar común; sí, claro que sí. Alguien dijo que quien profiere un lugar común abriga una esperanza.

Efectivamente, en 2010 nacía El Recopilador de sabores entrañables, una cocina con identidad. Escribía frenéticamente, entonces, sobre la cocina familiar, descubriendo muy lentamente cuánto de argentino había en ella. Pero no escribía para un blog… escribía con el proyecto de producir un libro.

Doce años después aquí está:



sábado, 2 de julio de 2022

Ajíes rellenos de doña Clara

Dedico este artículo a un plato muy difundido de la cocina argentina. He publicado recetas de distinta procedencia. Por ejemplo, la receta que mi tía Mari preparaba en Dudignac (a 300 km de la Ciudad de Buenos Aires). (1) También la de los que prepara Mora Sorsaburu en Moreno (Provincia de Buenos Aires). En realidad, el centro es una receta de zucchinis rellenos, pero con referencias precisas acerca de cómo replicarla con morrones. Mora aprendió a hacer estas recetas de su suegra de origen libanés. Por tanto se trata de una manera árabe de cocinar el plato, siendo la sazón la diferencia más significativa. (2)

Las imágenes pertenecen a Aldo Barberis Rusca

No me voy a detener más que unos pocos instantes en cuestiones ajenas a la receta de doña Clara. Sólo diré que en las ciudades y zonas rurales de las llanuras bonaerenses usamos indiscriminadamente las expresiones “ají morrón” y “pimiento morrón” como sinónimos. En la región del Noroeste Argentino, llaman pimiento al morrón y a todas las variedades dulces, en tanto que denominan ají a las picantes. Es por eso que, cuando leemos una receta de doña Petrona y la gran cocinera nacional nos dice que lleva ají, debemos leer que lleva picante, aunque no mencione la especie.

Es probable que, como el gusto porteño y bonaerense socialmente constituido excluyen el picante de entre las preferencias culinarias, la diferenciación arribeña parece innecesaria en el lenguaje cotidiano local. Tradicionalmente, para nosotros, un leve exceso en la pimienta o en el especiado de un plato, es percibido como picante, aunque en realidad, si hacemos mediciones de pico, no lo sea.

Esto ha ido cambiando en los últimos años en algún sector de la sociedad que manifiesta una novedosa preferencia por el picante. Pero, en este caso, el lenguaje no ha adoptado la denominación regional argentina para establecer la diferencia, sino la nomenclatura asociada a tendencias internacionales… para nosotros, un ají picante es un chile.


Ahora bien, volviendo a la receta de doña Clara que Aldo ha venido practicando con cierta frecuencia, lo más interesante es prestarle atención al relleno. (3) Es que la idea gastronómica es la misma, pero el relleno, como en otros casos la sazón, hace a la diferencia que se pueden registrar de casa en casa. En este caso, se trata de un relleno que excluye la carne picada.

Anímese con esta receta, es sencilla.

Ajíes morrones rellenos

Fuente (fecha)

Aldo Barberis-Rusca (2022)

Ingredientes

Morrones cantidad necesaria hasta completar la capacidad de la olla.

Relleno:

Granos de choclo enteros.

Papa misma cantidad del peso del choclo.

Queso semiduro a elección (pategrás, mar del plata, fontina, etc.) misma cantidad del peso del choclo.

Salsa:

Cebolla.

Morrones.

Tomates.

Aceite c/n.

Sal a gusto.

Pimienta.

Pimentón.

Ají molido.

Preparación

1.- Se cortan los ajíes de aprox. 7 cm a partir de la base.

2.- Sacar venas y semillas. Usar lo que queda de los morrones en la salsa portuguesa.

Relleno:

3.- Cortar la papa y el queso del tamaño de los granos de choclo.

4.- Blanquear un poco los daditos de papa en agua con sal.

5.- Mezclar todo, cuando las papas están frías.

6.- Reservar.

Salsa:

7.- Pelar la cebolla y quitarle las pepitas, las venas y el cabo a lo que quedó de los morrones.

8.- Cortar las cebollas y los morrones en tiras.

9.- Sofreír cebollas y morrones hasta que estén tiernos, salar y condimentar.

10.- Agregar el tomate y dejar cocinar hasta que el tomate esté cocido y la salsa sea del gusto del cocinero.

Armado y cocción

11.- Acomodar los morrones parados sobre el fondo de la olla que se tomó de referencia, hasta completarla.

12.- Rellenarlos con el choclo, la papa y el queso sin apretar demasiado.

13.- Verter la salsa sobre los ajíes cuidando que el jugo moje bien el relleno.

14.- Llevar a fuego medio alto hasta que los ajíes estén tiernos, aproximadamente media hora.

15.- Servir calientes.

Comentarios

1.- El color de los morrones es a elección del cocinero.

2.- La clave para establecer las cantidades de ingredientes son dos: 1) Calcular la cantidad de morrones en función de la superficie del fondo de la olla elegida para cocinarlos, tiene que entrar un poco ajustados, pero evitando dañarlos y 2) La cantidad de salsa portuguesa debe ser abundante. Si falta, es necesario agregar agua o caldo. Si sobra, se usan como salsa para los fideos del día siguiente.

3.- En cuanto al relleno, tres cuestiones: 1) Se calcula la cantidad en función de los morrones que haya que rellenar, 2) los granos de choclo pueden tener cualquier procedencia (conserva, congelado, etc.), pero tienen que estar enteros y 3) debe llevar la misma cantidad de choclo, papa y queso, como está indicado en la receta.

4.- La salsa portuguesa debe estar bien líquida como para que pueda penetrar en el relleno con facilidad. Se puede estirar con agua o caldo, si es necesario.

5.- Los morrones que usaba doña Clara eran verdes, más pequeños que los actuales y con una pared más fina.

6.- El mejor acompañamiento es un puré de papas.

Aldo cuenta que hay una opción que consiste en hacerlos al horno. Para ello, es necesario cortar los ajíes morrones longitudinalmente, retirando venas y semillas pero dejando los cabos. Colocar sobre una asadera las mitades de morrón con la abertura provocada por el corte hacia arriba. Rellenarlas y cubrir con la salsa. Llevar la asadera a un horno precalentado medio alto hasta que los morrones estén cocidos. Si se desea gratinar, cuando los morrones estén por estar, agregar queso fresco o muzzarella y activar el gratinador, si el horno cuenta con él, o, simplemente, devolver al horno unos minutos, si no se dispone de él.

Notas y bibliografía:

(1) 20, Asicurri, Mario, “Morrones rellenos de la tía Mari”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 5 de marzo de 2022 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2014/05/morrones-rellenos-de-la-tia-mari.html

(2) 2021, Asicurri, Mario, “Meshe de zucchinis (Cusa mejshi)”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 5 de marzo de 2022 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2021/08/meshe-de-zucchinis-cusa-mejshi.html.

(3) 2022 de Barberis-Rusca, Aldo a Aiscurri, Mario, adjunto al correo-e del 10 de febrero.


Huevos a la nieve

La vida de un ser humano no resiste la monotonía, aunque a veces lo parezca. Suele ser una compleja trama de encuentros y desencuentros, de recuerdos y olvidos, de sabores y sinsabores y, en definitiva, de acontecimientos fortuitos no siempre deseados.

Las imágenes pertenecen a Aldo Berberis Rusca

En este artículo, propongo la receta de huevos a la nieve. Un postre que solía preparar Clara Corrado y que su nieto Aldo Barberis-Rusca ha logrado rescatar del olvido en dos oportunidades en su vida. La particularidad del caso es que, entre estas dos oportunidades, mediaron algunas décadas.

Ya les he contado quién era la abuela Clara y de lo bien que cocinaba y de cómo fue el proceso de rescate de muchas de sus recetas a partir de la voluntad de su nuera Irma y de su nieto Aldo. De modo que no voy a abundar en ello. (1)


Me limitaré a decir que ésta fue una de las recetas que Aldo comenzó a practicar cuando era muy joven. Pero que, por alguna razón, dejó de hacerlo, tal vez por su complejidad, o mejor dicho, por la puntillosa precisión motora que exige lo que le da el carácter complejo. Lo cierto es que este postre entró en un cono de olvido en su cocina.

En el primer semestre de 2021, La Argentina entró en un sostenido proceso de vacunación contra el Covid 19. Para ello recurrió a la adquisición de vacunas de diversa procedencia. Entre ellas, la Sputnik V de Rusia, la Sinopharm de China, la británica AstraZéneca (fabricada en nuestro país en gran parte) y la norteamericana Pfizer.


Esta situación dio lugar a una disputa de intereses disfrazados de cuestiones ideológicas. El extremo fue un juego dialéctico que le pareció risible a mi amigo, en el que se llegó a suponer que cada vacuna nos transmitiría pensamientos, sentimientos y principios filosóficos de cada país de origen. Es por eso que escribió un texto hilarante que, bajo el título “La Piba de Verde y El Tipo del Sombrero se vacunan”, publicó en el grupo privado de Facebook “Buena Morfa Social Club” (BMSC) que fue elogiado por el administrador del grupo por el humor refinado que expresaba. (2)

El hombre de sombrero recibió una primara dosis de Sputnik V. Pronto comenzó a hablar en ruso, pensar en ruso y comer en ruso. Fue entonces que recurrió al libro Delicias de la cocina rusa de Otilia Kusmin. (3) Trató de encontrar allí alguna receta que pudiera ilustrar la situación acorde a la nueva situación que vivía. En la vida real, Aldo tenía varios libros de la autora y había comprado este ejemplar hace unos cuantos años en una librería de viejo de su barrio. Sin embargo, el volumen esperaba pacientemente en su biblioteca la oportunidad de ser consultado y ésta llegó en la circunstancia referida. 


Lo cierto es que Aldo recorrió las hojas del libro y se encontró, no sin asombro, con la receta yo publico un poco más abajo en estas notas… era la receta de su abuela Clara transcrita literalmente. La emoción lo embargó, los aromas y sabores de su abuela reaparecieron súbitamente y el deseo se adueñó de la voluntad de mi amigo. No sólo usó la receta para su texto, sino que, además, volvió a practicarla, por cierto que con un aporte personal que se registra en la transcripción que hago.

Se impone una aclaración antes de ir a la receta. Muchas veces hago referencias a grupos privados de Facebook, pero ellas son sólo accesibles a los miembros de esos grupos. Generalmente no es necesaria una transcripción del texto porque mis artículos se bastan a sí mismos y la referencia sólo funciona como soporte de mis afirmaciones. En este caso, el texto de Aldo es colateral a esta notas y merece ser leído por quien esté interesado en lo que escribo. Por eso lo transcribo a continuación de la receta.

Huevos a la nieve

Fuente (fecha)

Otilia Kusmin (2022)

Ingredientes

Huevos:

Claras 6.

Azúcar 1 cucharada sopera.  

Leche 750 cm3.

Yemas 6.

Esencia de vainilla 1 cucharadita de té.

Canela ½ de rama.

Azúcar 200gr.

Crocante:

Nueces pecan c/n.

Azúcar 150gr.

Preparación

Huevos:

1.- Batir las claras a nieve con la cucharada de azúcar.

2.- Hervir la leche con el trozo de canela, en una cacerola de diámetro grande o en una asadera.

3.- Apagar el fuego y colocar las claras batidas separadas en 12 porciones.

4.- Al cabo de 2 minutos darlas vuelta empezando por las que se pusieron en primer término.

5.- Escurrir en un lienzo y colocar de a dos en 6 compoteras.

6.- Batir las yemas a blanco con el resto del azúcar.

7.- Volver a hervir la leche y verter sobre las yemas.

8.- Llevar a fuego bajo y cocinar revolviendo hasta que la preparación nape la cuchara pero no hierva.

9.- Perfumar con vainilla.

10.- Dejar entibiar y echar sobre los copos de nieve.

11.- Servir bien frío, espolvoreando el crocante de nueces por encima.

Crocante:

12.- Tostar las nueces pecan en el horno.

13.- Llevar el azúcar a fuego fuerte en una cacerola y cocinar hasta que se forme un caramelo no demasiado oscuro.

14.- Volcar el caramelo sobre una superficie antiadherente.

15.- Partir las nueces tostadas y distribuirlas sobre el caramelo caliente.

16.- Moler la mezcla cuando se haya enfriado y conservarla hasta el momento de ser utilizada.

Comentarios

De la autora:

““Napar la cuchara” significa que la preparación toma cierta consistencia y se adhiere a la cuchara sin resbalarse.

Míos:

1.- El paso 7.- quizás debiera redactarse de este modo: “Volver a hervir la leche y verter sobre ella las yemas.”

2.- El crocante de nueces es el aporte personal de Aldo a la receta de su abuela Clara.

Ahora el texto que Aldo publicó en BMSC en mayo de 2021:


“La Piba de Verde y El Tipo del Sombrero se vacunan, él hace un postre homenaje y termina recordando sus lecturas juveniles de Camus.

”Apenas retornados de su última aventura, como “Adán Buenos Ayres”, por tierras de Saavedra, La Piba de Verde y El Tipo del Sombrero comprobaron con satisfacción que el Gobierno Comunal los había convocado para aplicarse la vacuna tan ansiada al día siguiente en el Parque Roca.

”Mientras retornaban en la cabeza de El Tipo de Verde (que juró nunca más usar sus iniciales) resonaban los tristes pero esperanzadores versos “Да ладно, осталось мало, приближается финальный бой, самый сложный. Но я уже хочу быть в России, домой ... Я так давно не виделась с мамой!” ("Последний Бой" Дмитрий Хворостовский) (https://youtu.be/wD-2dV63dBc). Así pudo confirmar que había sido inoculado con Sputnik V, la temible “Vacuna Rusa”.

”Llegados a la dacha se comunicaron con otros camaradas y todos se juramentaron reunirse a comer y beber como auténticos cosacos pasado el período impuesto por el Soviet Supremo de dos semanas hasta obtener la inmunización. Bueno, todos no; uno no se encontraba en su domicilio ya que según su hija había salido a cenar a “Palacio Tao Tao”, con lo cual entendieron que había recibido la vacuna Sinopharm y, encima, vencida.

”El Camarada del Ushanka decidió que su aporte a la “Cena de Reconocimiento al Partido, a los trabajadores del Instituto Gamaleya y a la Madre Rusia” sería el postre, con lo cual desempolvó su viejo ejemplar de “Delicias de la Cocina Rusa” de Otilia Kusmin.

”Pasadas apenas un par de páginas de la sección de postres un nombre le llamó la atención Sneshki (Снежки) o Bolas de nieve y al leer la receta cayó en la cuenta de que no era otra cosa que los Huevos a la Nieve que le preparaba su бабушка клара; Babushka Klara cuando era niño mientras le contaba las historias de la Bruja Yaga y del pequeño Ivan Tzarievich

”Así que armado de la receta, que adjunto en las fotos, y su memoria se aventuró a preparar el amado postre de su infancia para agasajar a la Camarada de Verde a su regreso.

La cosa es que El Tipo del Sombrero se encuentra bastante descangallado, así que hacer el postre fue una prueba en la que tuvo que poner más voluntad que la que cuenta.

”Se llevó una silla a la cocina y entre poner a hervir la leche, y batir las claras a nieve se tomaba un descanso; entre cocinar un par de “copos” y poner la otra tanda, otro. Y así hasta terminar el postre absolutamente agotado; pero feliz.

”La cosa es que semejante esfuerzo le recordó al pobre Sísifo rodando su peñón cuesta arriba de la montaña sabiendo que los dioses malparidos lo harían rodar cuesta abajo no bien llegara a la cumbre; lo que de alguna manera es una metáfora del trabajo en la cocina el cual se termina sólo para volver a empezar.

”Pero mientras servía el postre en unas coquetas compoteras, coronado con un crocante que hizo con unas pecans que habían conocido épocas de mayor esplendor, no pudo sino pensar en Albert Camus que opinaba que si bien los dioses condenaron a Sísifo a subir la piedra, durante el trayecto de bajada Sísifo es dueño de sí mismo y es capaz de entender lo inútil de su tarea, lo absurdo de su situación y llegar a aceptarla.

”Y entonces, El Tipo del Sombrero mirando los ojos de La Piba de Verde mientras clava la cuchara en su compotera, comprenderá que todo el esfuerzo fue para tener este instante de infinita felicidad y concluye, al igual que el Sísifo de Camus: “Todo está bien”.”

Notas y bibliografía:

(1) 2022, Aiscurri, Mario, “Aldo Rusca y una cocina legendaria”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 26 de junio de 2022 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2022/06/aldo-rusca-y-una-cocina-legendaria.html

(2) 2021, Barberis-Rusca, Aldo, “La Piba de Verde y El Tipo del Sombrero se vacunan”, leído el 7 de febrero de 2022 en https://www.facebook.com/groups/buenamorfa/permalink/4353522661334226/.

(3) 1993, Kusmin, Otilia, Delicias de la cocina rusa, Buenos Aires, EMECE.