sábado, 3 de octubre de 2020

Comidas y bebidas para los reseros (1926) IV Carpas, pulperías y fondas

“-¿Es verdá que no soy el de siempre y que esos malditos pesos van a desmentir mi vida de paisano?

”-Mirá -dijo mi padrino, apoyando sonriente su mano en mi hombro-. Si sos gaucho en de veras, no has de mudar, porque ande quiera que vayas, irás con tu alma por delante como madrina'e tropilla.” (Güiraldes, Ricardo, Don Segundo Sombra, Cap. XXV, pág., 223)

Ricardo Güiraldes nació en Buenos Aires, en 1886, en el hogar de la alta burguesía nacional que algunos denominan “aristocracia” y otros, “oligarquía”. Fue un prolífico escritor argentino, a pesar de su muerte temprana a los 41 años de edad, que recibió múltiples influencias de sus viajes (Francia, el Lejano Oriente, México, el Caribe, etc.) y de sus largas temporadas de residencia en la localidad bonaerense San Antonio de Areco.


Las imágenes pertenecen al autor o a su biblioteca 

De sus viajes a París, tomó elementos fundamentales de las vanguardias literarias, en especial del impresionismo. De su residencia en San Antonio, el conocimiento de la vida rural argentina de principios del siglo XX. De esta última experiencia surgen tres obras importantes Cuentos de muerte y de sangre (1915) y las novelas Raucho (1917) y Don Segundo Sombra (1926). Esta última le dio justificada trascendencia en la literatura y la cultura argentina.

Estuvo casado con Adelina del Carril, nieta de Salvador María del Carril. La muerte de Güiraldes en 1927 (acaecida en París) le impidió conocer a su concuñado Pablo Neruda quien conoció a Delia del Carril en 1935, conviviendo luego con ella por veinte años.

Los fragmentos que se presentan a continuación pertenecen, en general, a Don Segundo Sombra y, en algunos casos puntuales a Raucho. Refieren a la alimentación de los reseros, peones rurales que eran contratados ocasionalmente para el arreo de tropas de vacas.


Don Segundo Sombra
 es la historia contada en primera persona por un gaucho adolescente que se va haciendo hombre bajo el tutelaje de don Segundo. Desconcierta el lenguaje refinado con el que el personaje relata sus aventuras y desventuras. Avanzada la obra sabremos que se llama Fabio Cáceres y las circunstancias en que ha adquirido el dominio “culto” del idioma castellano.

Carpas, pulperías y restaurantes

I Los reseros paran en una pulpería en medio del campo. Mientras un par de ellos acomodaron un fogón afuera para preparar el churrasco, el resto entra en el local para beberá algo.

“Los demás entraron al despacho, saludaron al pulpero conocido en otros viajes, y pidieron éste una ginebra, aquel un carabanchel.

”-¿Qué vah'a tomar? -me preguntó don Segundo.

”-Una caña'e durazno.

”-Te vah'a desollar el garguero.

”-Deje no más, Don.

”En silencio, vaciamos nuestras copas.

”Por turno, un rato más tarde «tumbiamos» y yo me eché otra caña al cuerpo.” (1)

II Baile en una estancia. El patrón hizo acomodar el galpón para que funcionara como salón. Afuera había una carpa donde se disponían canastas tapadas (los reseros imaginaron que contenía empandas, pasteles, alfajores y torta fritas). También había botellas con bebidas alcohólicas. Los reseros le solicitan un “frasco” con alguna de las bebidas que allí había. El encargado los reconviene diciendo que les dará después de que haya bebido las mujeres.

 “El centro, despejado y limpio, asustaba y atraía como un remanso. En las sillas que formaban cuadro, apoyadas contra la pared, había mujeres de todas las edades, algunas con chicos en las faldas, los que asustados miraban con grandes ojos, o cansados dormían sin reparar en conversaciones, ni luces, ni colores.

”Las mujeres, según la edad, vestían ropas oscuras o claras faldas floreadas. Algunas llevaban pañuelo en el pescuezo, otras en la cabeza. Todas parecían recogidas en una meditación mística, como si esperaran el advenimiento de un milagro o la entrada de algún entierro. Pedro me golpeaba disimuladamente el muslo con el puño:

”-Vamoh'ermanito, que aurita dentra el finao.

”Del galpón nos dirigimos a una carpa improvisada con las lonas de las parvas, donde nos tentó una hilera de botellas y misteriosas canastas, tapadas con coloreados pañuelos, que según nuestros cálculos debían esconder alfajores, pasteles, empanadas y tortas fritas.

”Pedro interpeló al muchacho que se aburría entre tanta golosina con ojos hinchados de sueño:

”-Pase un frasco compañero que se van a redamar de llenos y nosotros estamos vacidos.

”-¿No serán ustedes los llenos?

”-De viento puede ser.

”-Y de intenciones.

”-No sé mamarme con eso, mozo.

”-Ni quiere tampoco el patrón que naides se mame.

”-¿Y los pasteles?

”-Después que se hayan servido las señores y las mozas.

”-Jue'pucha -concluyó Pedro- usté nos ha resultao un chancho que no da tocino.

”El guardián de las golosinas y los licores se rió y nos volvimos, con propósito de asearnos un poco, porque ya los guitarreros y acordeonistas preludiaban y no queríamos perder el baile.” (2)

III Baile popular en una estancia. A las mujeres les sirvieron en el salón. Refrescos, licores y sangría, como bebidas, y alfajores, bollos, tortas fritas y empanadas. Los hombres tenían la opción de los “frascos” que se servían en la carpa (ginebra, anís Carabanchel y caña de durazno o guindado). También había carne asada en la carpa.

“A medianoche vinieron bandejas con refrescos para las señoras. También se sirvió licor y algunas sangrías. Alfajores, bollos, tortas fritas y empanadas, fueron traídas en canastas de mimbre claro. Y las que querían cenar algún plato de carne asada, salían hacia la carpa.


”Los hombres por su lado se acercaban al despacho de los frascos, que hoy habíamos contemplado con Pedro, y allí hacían gasto de ginebra, anís Carabanchel y caña de durazno o guindado.

”Desde ese momento se estableció una corriente de idas y vueltas entre las carpas y el salón, animado por un renuevo de alegría.” (3)

IV Los reseros comen en un restaurante en Navarro: “La fonda del Polo”. No eligieron qué comer, se limitaron a pedir “lo que haya”. Fabio Cáceres describe, entre sorprendido y admirado, el entorno de comensales con los que comparten el salón. A pesar de tratarse de una experiencia extraña, y de que la comida era cara, salieron contentos de la experiencia. Nada nos dice el relato acerca de qué fue lo que comieron.

“Marcó el reloj el medio día y, por un pasadizo angosto, pasamos del despacho de bebidas al comedor, más tranquilo.

”En un lugar sombreado, nos sentamos a comer.

”Habría en todo unas veinte mesas, con manteles manchados por violáceos recuerdos de vino. Los cubiertos eran de un metal dudoso y los tenedores tenían torcidas las puntas, de tanto pegar contra las losas rudas, en busca de algún bocado esquivo. Los vasos eran de vidrio espeso y turbio. En el vasto recinto bostezaba una desesperante atonía.

”El mozo nos saludó con una sonrisa de complicidad, que no alcanzamos a comprender. Tal vez le pareciera una excesiva calaverada para dos paisanos, eso de almorzar en la «Fonda del Polo».

”-Sírvanos de lo que haya -ordenó don Segundo.

”Yo miraba a mi alrededor.

”En un lugar central, tres españoles hablaban fuerte y duro, llamando la atención sobre sus caras de baturros o dependientes de tienda. Vecino a la entrada, un matrimonio irlandés esgrimía los cubiertos como lapiceras; ella tenía pecudas las manos y la cara, como huevo de tero. El hombre miraba con ojos de pescado y su cara estaba llena de venas reventonas, como la panza de una oveja recién cuereada.

”Detrás nuestro, un joven rosado, con párpados y lacrimales lagañosos de «mancarrón palomo», debía ser, por su traje y su actitud, el representante de alguna casa cerealista.

”-Yo he visto las romerías de Giles -decía uno de los españoles- y no se diferencian en nada de las de aquí.

”Otro, de la misma mesa, dialogaba con un vecino sobre el precio de los cerdos y el cerealista intervenía, opinando con gruesas erres alemanas.

”Tratando de hacerse olvidar un momento, un hombre grande y gordo, solitario frente a su mantel cargado de manjares, callaba, comía y bebía. Sólo levantaba de vez en cuando, la cabeza del plato, y parecía entonces llenarse de satisfacción el comedor aburrido.

”Una vez se interrumpió para llamar al mozo, decirle quién sabe qué, a propósito de una botella, y palmearle el lomo con protección cariñosa.

”En el rincón opuesto al nuestro, como empujados por el ruido, una yunta de criollos miraba en silencio. Uno de ellos tenía una hosca onda volcada sobre el ojo izquierdo y los dos estaban tostados de gran aire.

”Comieron apurados. A los postres rieron sin voces, las bocas sumidas en sus servilletas.

”Pero uno de los españoles relataba el suicidio de un amigo:

”-Vino de una farra, se sentó al borde de la cama en que su mujer dormía, tomó el revólver y delante de ella: ¡pafff!

”El de las romerías seguía pesadamente sus comparaciones con Giles.

”Con gran contento pagamos nuestra comida, aunque cara, y salimos al sol de la calle.” (4)

Nota adicional: Tampoco sabemos, por el libro, qué podrían estar comiendo en el resto de las mesas. No fue un detalle que el personaje Fabio Cáceres tuviera a la vista en su relato. Nuestra imaginación puede hablarnos de pucheros de larga tradición hispano criolla, guisos neo criollos como la buseca, alguna pasta. No podemos saberlo. ¿Habría milanesas? Por una imagen que Güiraldes estampa en su novela Raucho (la escena pinta tareas rurales de a caballo durante la hierra), podemos afirmar que las milanesas ya se conocían el La Argentina. ¿Habrían llegado hasta esa fonda de Navarro? Veamos el texto de Raucho:

“Y todo era risa, todo era borrachera de vigor, entre el clamoreo, bajo un blanco oscilamiento de gaviotas chillonas, que peleaban por los residuos de las capaduras revolcadas en el polvo como “milanesas”.” (5)

V Los reseros asisten a unas cuadreras que se organizaban cerca de un boliche de campo. Junto a él, un gringo había instalado una carapa con comida, masas y bebidas.

“Ya un gringo había instalado una carpa con comida, masas y beberaje.

Una china pastelera, paseaba sus golosinas en dos canastas, perseguidas por las moscas y alguno que otro chiquilín pedigüeño. Un viejo llevaba de tiro un tordillo enmantado, ofreciendo números de rifa. Y, tanto la carpa como la pulpería, tenían pa su «mamao» por adelantado.

Yo conocía esas cosas desde chico, y me movía en ellas como sapo en el barro.


Empezaba a caer gente. Dos parejeros eran centro de un grupo de paisanos. Grupo muy quieto y misterioso, que se secreteaba por lo bajo.

Almorzamos en la pulpería. Al «mamao», que enseguida se nos pegó, dándonos latosos informes sobre la carrera grande de la tarde, le di un peso a condición de que se fuera a «chuparlo» a la carpa.

Comimos primero unos chorizos, que empujamos con un vino duro, después un pedazo de churrasco, después unos pasteles.” (6)

VI Luego de las carreras, los reseros comen pasteles y beben cerveza en la carpa del gringo.

“Jugué en una cuadrera. De a posturas chicas, comprometí setenta pesos. Llevaba las paradas en el puño y, de entre mis dedos salían los papeles, como espinas de un abrojo. Una por una, tuve que entregar las paradas.

”Me fui un rato a la carpa, con mis compañeros, donde tomamos unas cervezas y ensartamos pasteles en la punta del cuchillo. Don Segundo perdía cincuenta pesos. En cambio, entre los dos reseros amigos, juntaban ciento setenta y dos de ganancia. A uno de esos suertudos le entregué cien, para que me los jugara. Me los perdió en la primera ocasión, quedándome sólo cinco como todo capital. ¿Ah sí? Pues, perdido por perdido, fui a ver mi contrario perudo, que por su parte, de entrada, me ofreció desquite.” (7)

Notas y Bibliografía: 

(1) 1926, Güiraldes, Ricardo, Don Segundo Sombra, Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1973, Cap. VII, pp. 55- 56. También en Biblioteca Virtual Universal, http://www.biblioteca.org.ar/libros/92790.pdf, leído el 6 de abril de 2019.

(2) Ídem, Cap. X, pág. 80.

(3) Ídem, Cap. XI, pág. 84.

(4) Ídem, Cap. XIII, pp. 101-103.

(5) 1917, Güiraldes, Ricardo, Raucho, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, Capítulo Biblioteca Argentina Fundamental N° 30, 1968, pág. 40.

(6) 1926, Güiraldes, Ricardo, Don Segundo Sombra, Cit., Cap. XX, pág. 170.

(7) Ídem, Cap. XX, pág. 178.


Comidas y bebidas para los reseros (1926) III Bebidas alcohólicas

“-¿Es verdá que no soy el de siempre y que esos malditos pesos van a desmentir mi vida de paisano?

”-Mirá -dijo mi padrino, apoyando sonriente su mano en mi hombro-. Si sos gaucho en de veras, no has de mudar, porque ande quiera que vayas, irás con tu alma por delante como madrina'e tropilla.” (Güiraldes, Ricardo, Don Segundo Sombra, Cap. XXV, pág., 223)

Ricardo Güiraldes nació en Buenos Aires, en 1886, en el hogar de la alta burguesía nacional que algunos denominan “aristocracia” y otros, “oligarquía”. Fue un prolífico escritor argentino, a pesar de su muerte temprana a los 41 años de edad, que recibió múltiples influencias de sus viajes (Francia, el Lejano Oriente, México, el Caribe, etc.) y de sus largas temporadas de residencia en la localidad bonaerense San Antonio de Areco.

Las imágenes pertenecen al autor o a su biblioteca

De sus viajes a París, tomó elementos fundamentales de las vanguardias literarias, en especial del impresionismo. De su residencia en San Antonio, el conocimiento de la vida rural argentina de principios del siglo XX. De esta última experiencia surgen tres obras importantes Cuentos de muerte y de sangre (1915) y las novelas Raucho (1917) y Don Segundo Sombra (1926). Esta última le dio justificada trascendencia en la literatura y la cultura argentina.

Estuvo casado con Adelina del Carril, nieta de Salvador María del Carril. La muerte de Güiraldes en 1927 (acaecida en París) le impidió conocer a su concuñado Pablo Neruda quien conoció a Delia del Carril en 1935, conviviendo luego con ella por veinte años.

Los fragmentos que se presentan a continuación pertenecen, en general, a Don Segundo Sombra. Refieren a la alimentación de los reseros, peones rurales que eran contratados ocasionalmente para el arreo de tropas de vacas.


Don Segundo Sombra
 es la historia contada en primera persona por un gaucho adolescente que se va haciendo hombre bajo el tutelaje de don Segundo. Desconcierta el lenguaje refinado con el que el personaje relata sus aventuras y desventuras. Avanzada la obra sabremos que se llama Fabio Cáceres y las circunstancias en que ha adquirido el dominio “culto” del idioma castellano.

Ginebra, caña, anís y cerveza

I Caña de durazno y anís Carabanchel en una pulpería.

“Los demás entraron al despacho, saludaron al pulpero conocido en otros viajes, y pidieron éste una ginebra, aquel un carabanchel.

”-¿Qué vah'a tomar? -me preguntó don Segundo.

”-Una caña'e durazno.

”-Te vah'a desollar el garguero.

”-Deje no más, Don.

”En silencio, vaciamos nuestras copas.

”Por turno, un rato más tarde «tumbiamos» y yo me eché otra caña al cuerpo.” (1)

II Baile en una estancia. Las mujeres tomaban refresco, licores y sangrías. Los hombres, ginebra, anís Carabanchel, caña de durazno o guindado.

 “A medianoche vinieron bandejas con refrescos para las señoras. También se sirvió licor y algunas sangrías. /…/.

”Los hombres por su lado se acercaban al despacho de los frascos, que hoy habíamos contemplado con Pedro, y allí hacían gasto de ginebra, anís Carabanchel y caña de durazno o guindado.” (2)

III Cuadreras junto un boliche en medio del campo. Los reseros bebían cerveza y comían pasteles dulces en la carpa instalada a tal efecto por un gringo.

“Jugué en una cuadrera. De a posturas chicas, comprometí setenta pesos. Llevaba las paradas en el puño y, de entre mis dedos salían los papeles, como espinas de un abrojo. Una por una, tuve que entregar las paradas.

Me fui un rato a la carpa, con mis compañeros, donde tomamos unas cervezas y ensartamos pasteles en la punta del cuchillo. Don Segundo perdía cincuenta pesos. En cambio, entre los dos reseros amigos, juntaban ciento setenta y dos de ganancia. A uno de esos suertudos le entregué cien, para que me los jugara. Me los perdió en la primera ocasión, quedándome sólo cinco como todo capital. ¿Ah sí? Pues, perdido por perdido, fui a ver mi contrario perudo, que por su parte, de entrada, me ofreció desquite.” (3)

Notas y Bibliografía: 

(1) 1926, Güiraldes, Ricardo, Don Segundo Sombra, Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1973, Cap. VII, pp. 55- 56. También en Biblioteca Virtual Universal, http://www.biblioteca.org.ar/libros/92790.pdf, leído el 6 de abril de 2019.

(2) Ídem, Cap. XI, pág. 84

(3) Ídem Cap. XX, pág. 178


jueves, 24 de septiembre de 2020

Alabanza de la mesa tendida para la gente que está sola

 

Muchos me han criticado la rudeza del epígrafe de El Recopilador de sabores entrañables, el que empieza “Estamos viviendo los TIEMPOS MODERNOS…”. (1) Me parece que el texto no es rudo y termina siendo una alabanza de la mesa compartida con los afectos cercanos. Esta alabanza es propicia en los tiempos que vivimos. Es por ello que quiero subrayar la idea, llevándola al extremo con una experiencia personal.


La imagen pertenece al autor

¿Cuál es ese extremo? Vivir solo y tener que sentarse solo a la mesa con frecuencia. Hasta que me tocó vivir la experiencia, tuve la creencia, compartida con muchas otras personas, de que es muy feo comer solo.

Hoy tengo la fortuna de compartir la vida con Haydée y sentarnos a la mesa a regalarnos con una comida es un momento de gran disfrute, hedonista pero también espiritual, que compartimos dos veces al día. Pero no siempre fue así. Viví quince años solo, atravesando momentos tan estresantes, en lo personal y en lo colectivo, como los que nos tocan en estos días.

En los primeros años de ese período, comía mal, bebía peor. El tabaco me obturaba cualquier intento de precepción sensorial. Un problema de salud me obligó a ordenar mi alimentación y a dejar de fumar. Apareció, entonces un mundo nuevo de aromas y sabores. Empecé a reconocer los gustos de las hortalizas más elementales (la papa, la zanahoria, la cebolla, etc.). Empecé a percibir que los vinos eran distintos entre sí. En realidad, no era enteramente nuevo, era la reaparición de un mundo que había perdido, lo que me permitió recuperar aromas y sabores olvidados y conquistar otros nuevos.

Pero eso no fue todo, ni siquiera lo más importante. Cuando estaba solo, no disfrutaba de la preparación de los alimentos y comía apresuradamente para luego sumergirme en la tele, donde veía cine, algunas veces, y güevadas las más de ellas. Sin embargo, algo empezó a gestarse en mi interior, en paralelo con la recuperación de la salud. Empecé a disfrutar de la preparación de una comida y de comer serenamente, dedicando tiempo a la cena.

No quiero hacer alarde de lo que no hice, no es que todas mis comidas siguieran un ritmo nuevo que les permitiera llegar a la talla de grandes platos; pero si puedo valorar el descubrimiento que hice entonces. Aunque prefiramos la comunión de una mesa compartida, como personalmente me ocurre; también es posible el disfrute de la mesa estando solo, pensar lo que se va a cocinar, hacerlo con esmero y cariño, destapar un buen vino y sentarse a disfrutar de un momento único.

Sé que las experiencias personales son difíciles de transmitir, si del otro lado no hay una vocación de escucha. Sé que, aún escuchado, algunas cosas son difíciles de llevar a la práctica. Pero, créame el lector que es posible tener una experiencia única en una comida, aun si nos toca comer solos. Sólo hay que recordar los versos de don Antonio Machado (“converso con el hombre que siempre va conmigo”). Sólo hay que intentarlo cuando nos toca…

Notas y referencias:

(1) “Estamos viviendo los TIEMPOS MODERNOS anunciados / denunciados por Fritz Lang, Charles Chaplin, Ray Bradbury y Roger Waters, entre otros. Veo en ellos dos fenómenos con potencialidad de angustia que se constituyen en mí como una preocupación: la despersonalización de las relaciones humanas y el alejamiento de la relación fraternal con la naturaleza. Pero el deseo, sólo el deseo que corre por un cauce adecuado puede obrar milagros... Y yo deseo que la buena mesa ponga las cosas en su lugar: a través de una comida hecha con ingredientes naturales, de la circulación de las palabras como herramienta de comunicación y vínculo y del uso de unas recetas que expresen una articulación equilibrada entre la tradición y la innovación.”


sábado, 19 de septiembre de 2020

El recetario de la cocina neo-criolla, Parte II: los platos más significativos

Ir a Parte I: ¿Qué esla cocina neo criolla?

Motivo. He reflexionado en esa primera parte acerca de la existencia de un acervo culinario que formó nuestro gusto. Toca ahora esbozar algunas notas sobre las piezas fundamentales de ese recetario.

Una nueva algarabía. El mecanismo de la formación de la cocina neo criolla es el resultado de una rebeldía popular bien encausada.

Las imágenes pertenecen al autor

Cuando la Generación del Ochenta pensó un país en grande, le dedicó capítulos importantes a dos temas hoy pasados de moda, las poderosas instituciones educativas estatales y la vindicación de una gloriosa historia nacional. Con ello pretendió inventar La Argentina ideal y moldear las mentes de inmigrantes y nativos bajo esa idea.

Hay algunos capítulos que las políticas nacionalistas descuidaron como, por ejemplo, la palabra, la música y la cocina. /.../


Si llegó hasta aquí, es porque le interesa el tema. Encuentre el desarrollo completo de estas ideas en Sabores entrañables, el libro de este Recopilador.

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Gracias.

Ir a Parte III: De cómo algunos argentinos
se relacionan con la cocina argentina


sábado, 5 de septiembre de 2020

Bagna cauda (revisión): la receta del subteniente Chioni (1918)

I Motivo. Ésta es una revisión de una revisión. Publique una receta de Bagna Cauda de la Pampa Gringa (un caldo de ajo y anchoas cocinado en crema de leche) atribuyéndole ortodoxia piamontesa. Fue en 2012. (1) La publicación recibió críticas de parte de mi amigo Héctor Zancada quien me acercó la idea de que la bagna cauda que se consume en La Argentina no se parece a la piamontesa porque ésta no lleva lácteos como ingrediente esencial.

Las imágenes pertenecen al autor o a su biblioteca

Ensayé la idea de concebir dos recetas diferenciadas de bagna cauda, atribuyéndole a una de ellas la condición de receta “neo criolla” (desarrollada en La Argentina entre 1870 y 1970). El ensayo se constituyó en una revisión de aquel viejo artículo. Publiqué, en ese texto, una la receta que encontré bajo el nombre de “Baña-cauda a la Clementina”. Es la fórmula neo criolla del plato de mayor antigüedad debidamente documentada, en nuestro país. La encontré en la edición de 1941 del Libro de Doña Petrona. (2) Por la clara referencia a su madre, doña Clementina, es muy probable que la receta fuera muy temprana en la vida de doña Petrona, tal vez de 1900.

La aparición de una receta italiana de 1918, me obliga a una nueva revisión. La idea central (dos recetas de bagna cauda, una italiana y otra criolla) no se modifica, pero adquiere mayor precisión técnica a la vez que explica mejor el proceso social que dio lugar a las dos recetas.

Anticipo que la clave no está en la presencia o no de los lácteos en la receta, sino en la función que éstos cumplen.

II El hallazgo de la bagna cauda neo criolla. La bagna cauda argentina es, como anticipé arriba, un caldo hecho con ajos, anchoas y nueces cocidos en crema de leche. El caldo se come como una fondue, sopando algunos productos, generalmente vegetales, en el caldero en que se la ha cocinado, ubicado sobre un mechero que lo conserva caliente.

El origen piamontés de esta receta es indiscutible. Podemos identificar la receta originaria de la cual evoluciona. Además se ha constituido en el plato insignia de la cocina de los inmigrantes de esa región de Italia en La Argentina. La colectividad de piamonteses argentinos se encuentra fuertemente concentrada en la cuenca lechera de las provincias de Córdoba y Santa Fe. Es tan fuerte esa presencia que se suele denominar con justicia “Pampa Gringa” a ese territorio… y es precisamente allí donde esta receta florece.

A diferencia de la receta neo criolla de la Pampa Gringa, la bagna cauda piamontesa no utiliza los lácteos como medio graso de cocción del caldo, sino como medio para mitigar la fragancia iracunda del ajo. (3) el medio graso que usa la receta piamontesa para cocinar el plato es el aceite de oliva (antiguamente se usaba aceite de nuez). Obviamente, también se come como una fondue, en la que se destaca el cardo como verdura emblemática entre los productos que se sopan en la salsa.


Como he dicho también arriba, debo la diferenciación de ambas recetas a los comentarios fundados de mi amigo Héctor Zancada. Efectivamente él y su esposa, Adriana Pibai, me regalaron un libro editado en la ciudad de Cuneo en el que la receta de marras sólo usa leche para desflemar los ajos con un ligero hervor, provocado el cual, la leche se descarta. Finalmente, antes de servir el caldo, se le agrega un poco de manteca. (4)

La primera conclusión a la que arribé es que la incorporación de la crema a la bagna cauda se había producido en La Argentina. Es más, mi tesis era tan radical que aseguraba que la bagna cauda piamontesa no lleva lácteos, contradiciendo la evidencia de la receta que acabo de describir.

Los testimonios que diferencian las dos recetas son abundantes al respecto de la ausencia de la crema como medio de cocción. Me parecieron evidencia suficiente y concluyente para señalar la diferencia sustancial entre ambas recetas. Esas fuentes son el ya citado recetario de cocina piamontesa editado en Cuneo, los testimonios de Germana (tía de Adriana Pibai) que vive en la ciudad piamontesa de Moretta, y el libro de Gian Paolo Spaliaviero que contiene más de treinta recetas de bagna cauda. La tía Germana explica, a quien quiera escuchar, que la bagna cauda no lleva crema. A su vez, el libro de Spaliaviero contiene un capítulo dedicado a los ingredientes de la receta. Estos se limitan a anchoas, ajo, aceite, pimientos, cardos, topinambur y berzas. (5)


También he accedido a otros testimonios al respecto. Uno de ellos me resultó interesante; pero no he podido documentarlo. En una comida que compartí con personas de gustos afines, pero desconocidas para mí, una de las comensales afirmó que su padre vino a La Argentina a mediados de los años cincuenta del siglo pasado. Él siempre decía que lo que en Argentina llamaban bagna cauda no era la vera bagna cauda piamontresa. Lamentablemente no he podido retener el nombre de la persona que me hizo el comentario y, en ese momento, no se me ocurrió preguntar por las diferencias que su padre advertía en ambas recetas.

III La receta de doña Petrona. La “Baña-cauda a la Clementina” publicada por doña Petrona representa la ortodoxia de la receta neo criolla. Transcribo el procedimiento:

“Poner en una cazuela de barro las tres cuartas partes de una taza de aceite, se calienta y se le agregan cuatro cabezas de ajo finamente picadas y se dejan dorar; se le añaden veinte filetes da anchoas, picados, 100 grs. de manteca, 400 grs. de crema de leche y se deja hervir unos minutos a fuego lento.”

En el caldo sólo se sopan dados de cardo crudos y, a lo sumo, apio y morrones. (6)

Tengo también la edición del Libro de 1958, donde podems ver que la receta de doña Petrona no se mantuvo estable. En primer lugar cambió el nombre por el de ““Bagnacauda” a la clementina”. Pero también cambiaron los ingredientes.

Transcribo la lista:

“1 cardo crudo, 2 blancos de apio crudos, una gallina cocida, queso gruyere, 1 coliflor cocida, repollo cocido, papas cocidas, hinojos crudos y tiernos.

”SALSA: 200 grs. de manteca, tres cabezas de ajo, 30 filetes de anchoa, un litro de crema de leche, 250 grs. de nueces picadas”

Las variaciones en el procedimiento no son sustanciales (el caldo se cocina en la crema de leche). Las proporciones de crema y ajo representan un dato significativo a la hora de evaluar el sentido de la presencia de los lácteos en esta receta (tanto en la versión piamontesa como en la argentina). (7)


Interesa, además, su antigüedad de esta receta. He señalado el hecho de que Clementina era la madre de doña Petrona y que debió preparar este caldo en una época muy temprana de la vida de nuestra gran cocinera nacional. Doña Clementina tuvo una posada en La Banda, Santiago del Estero desde 1905. Allí ofrecía habitaciones y servicio de comida. Doña Clementina era, además, hija de una criolla y de un piamontés, el dato no es menor.

IV La receta oficial de La Academia Italiana della Cucina. Hay una receta piamontesa oficial. Está depositada en la Delegazione di Asti de la Academia.

En ella, se enumeran los siguientes ingredientes: ajo, aceite de oliva extra virgen, aceite de nuez, si es posible, y anchoas. Enel procedimiento, el ajo se blanquea en leche que, luego, se descarta. Se admite el agregado de un poco de manteca para suavizar el ajo. Sobre el final se puede agregar huevo y trufa blanca rallada. (8)

La receta oficial no lleva crema en la elaboración del caldo y la leche en que hirvieron llos ajos, se descarta. Sin embargo, hay otras fórmulas que admiten la leche y la crema como variante de la “vera ricetta”. Se trata de fórmulas modernas registradas en publicaciones recientes. (9)


Hasta allí tenemos una serie de recetas piamontesa que no llevan crema en cocción del caldo y una receta neo criolla en la que la crema se constituye en la materia grasa esencial para su preparación. ¿Podemos afirmar que la incorporación de la crema es una creación enteramente argentina? No podemos ser taxativos en modo alguno. Las recetas italianas admiten la incorporación de lácteos como paso procedimental para mitigar la fuerza del ajo. Ello ocurre tanto en la receta oficial como en la que está incluida en el libro ya citado que fue publicado en Cuneo (ver nota (4)).

Nos interesa ver ahora si la crema aparece en alguna receta, ya sea como medio para efectuar la cocción o como elemento para mitigar la fuerza del ajo (del mismo modo en que se usa la leche o la manteca en las recetas que hemos visto).

Para establecer que las variantes con crema ya existían en Italia en la tradición piamontesa, era necesario encontrar una receta de bagna cauda que llevara crema o leche y que haya sido publicada antes de 1941… y la encontré, pero no contradice lo que hemos visto.

V La receta del subteniente Chioni. Todas las guerras son insensatas; pero la Gran Guerra (1914-1918) lo fue en grado sumo. Los soldados padecieron males nunca vistos en las sangrientas contiendas que atravesaron, y atraviesan, la historia de los seres humanos. El subteniente xeneize Giuseppe Chioni cayó prisionero de las tropas austríacas en octubre de 1917. Fue repatriado a fines de enero de 1919.

Durante su prisión en un campo de concentración, sufrió la peor de las humillaciones para un joven oficial, pasó hambre. Para mitigar su angustia, se dedicó a recopilar recetas entre sus camaradas. Las escribió en prolijos cuadernos. La evocación de la comida le trajo el recuerdo de tiempos confortables en su tierra ligur y, seguramente, una esperanza de un futuro mejor compartido por toda Italia.


El recetario que él mismo tituló “Arte Culinaria” tiene un interés primordial para estas notas, contiene una receta de bagna cauda. Una receta documentada en Italia que es anterior a 1920. Se encuentra en el capítulo “Salse” y lleva por título “6) – Bagna Calda”. La transcribo: 

“Si cuoce olio in quantitá, burro e moltisimo aglio tritato, molte acciughe pulite. Durante la cottura si mescola perché lr acciughe si sciolgano. É cotta quando l’aglio é rosolato. Si serve mantenendola sempre calda nell fornello. Nel tegame si immergono pezzi di peperoni, cardi, sedani ed in generale tutte le verdure di stagione. Quando é quasi cotta si aggiunge volendo fior di latte a poco a poco e si possono grattare dei tartufi.” (10)

Por cierto que es una receta extraña, en su redacción, por lo menos. Más bien parece la superposición de dos recetas. Primero indica cuál es momento en que la bagna cauda está terminada (“está cocida cuando el ajo está dorado”) y cómo debe comerse. Con lo cual la receta parece concluir allí. Sin embargo, continúa diciendo que, cuando casi está, se agrega fior di latte, hecho que impide que el ajo termine de dorarse.

Sin embargo, y admitiendo como buena traducción de “crema” por “fior di latte”, el uso que el subteniente le adjudica está más relacionado con la manteca que se agrega sobre el final en las recetas italianas ya analizadas (la del libro editado en Cuneo y la depositada en la sede de Asti de la Academia). Dicho de otro modo, no se usa en la cocción del caldo como materia grasa esencial para su elaboración, como es de práctica en la ortodoxia de la receta neo criolla; sino que se agrega sobre el final y sólo si se desea hacerlo (¿puede haber otro propósito que mitigar la potencia del ajo en este agregado?). El término “volendo” le da carácter facultativo a la incorporación de la crema, subrayando aún más el aserto.

VI Conclusión la originalidad de la receta de la Pampa Gringa. La conclusión es obvia: hay una diferencia notable entre la receta neo criolla y la receta original del Piamonte.

La bagna cauda es una salsa que se elabora sobre la base de un elemento graso. En la receta neo criolla, ese elemento es la crema de leche. En la piamontesa, el aceite.

También es obvio que la receta neo criolla es evolución de la piamontesa y que la clase en que se incluye el elemento graso, es decir, los lácteos, no está ausente en la receta piamontesa; pero cumplen otra función, la de mitigar la ardiente pasión del ajo.


Las recetas viajan con los hombres y, como las plantas, suelen aclimatarse en sitios impensados. Sin embargo, esa aclimatación no es gratuita. Cuando una receta es trasplantada, inicia un camino de mutaciones que suele ser divergente del que seguirá en su patria de origen. Las diferencias actuales entre la tempura japonesa y los fritos mediterráneos que les dieron origen es un claro ejemplo. Otro es que a ningún italiano se le hubiese ocurrido hacer la pasta con albóndigas en Italia… pero sí en Nueva York, como efectivamente ocurrió.

Muchos aspectos quedan pendientes en relación con la evolución de ambas recetas. Pero eso es otra historia.

Notas y referencias:

(1) 2012, Aiscurri Mario, “Bagna Cauda”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 28 de noviembre de 2019 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2012/02/bagna-cauda.html.

(2) 2018, Aiscurri Mario, “Bagna Cauda a la clementina, un hallazgo en el Libro de doña Petrona”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2018/03/bagna-cauda-la-clementina-un-hallazgo.html el 28 de noviembre de 2019.

(3) Debo la figura retórica a Pablo Neruda quien la usa en su “Oda al caldillo de congrio”. En 1954, Neruda, Pablo, Odas Elementales, Buenos Aires, Losada.

(4) S/D, Buccolo, Antonio (autor del prefacio), La grande cucina piamontese, Cuneo, Editrice Artistica Piamontese, pp. 134-135.

Transcribo la receta en italiano:

Per ogni persona, ¾ di una testa d’aglio, latte, 50 gr di acciughe, 1 dl. e mezzo di olio, burro, sale, cardi, peperoni, tapinambour, cavoli, rape, barbabietola, ecc.

”Ridurre l’aglio a spicchi, pelarlo e, se non e fresco, eliminarle il germoglio contenuto all’interno.

”Porlo in casseruola coperto di latte e farlo cuocere fino a che non penetri bene la punta del coltello. Buttare il latte, porre l’aglio sul tagliere e con un grosso coltello ridurlo a pezzatura grossolana. Spolverarlo con giudizio di sale fino, poi usando di piatto la punta dello stesso coltellaccio ridurlo finemente e porlo in olio. Prendere le acciughe dissalate, lavarle nell’aceto, asciugarle, ridurle finemente, aggiungerle all’aglio e all’olio. Porre il tutto a fuoco lento (non far bollire l’olio) e mescolare continuamente (per non bruciare l’aglio) fino a ridurre il contenuto in un composto abbastanza omogeneo. (Chiaramente questa operazione riusciva molto bene quando invece della stufa o del gas di citta l’operazione era effettuata sulla brace del brasé).

”All’incirca dopo venti minuti scagliettare nella bagna un po’ di burro, scioglierlo rimesando e mandare in tavola, negli appositi scaldini. Anche qui occorre che si mantenga calda senza bollire. Secondo la tradizione la si mangerebbe intingendo solo cardi e peperoni crudi ed accompagnando con buon pane, ma ci pare giusto che l’evoluzione del piatto possa ammettere tranquilamente: tapinambour a fette o spicchi, foglia di cavolo, rapa bollita, barababietola al forno, peperone al forno.

”Le verdure si troveranno gia tagliate a pezzi e disponibili sul tavolo, in un capace piatto.”

(5) 2012 (c), Spaliaviero, Gian Paolo, La questione della bagna cauda, le mille e una bagne caude, una ricetta controversa, s/l, s/e.

(6) 1942, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1942, edición 11° (1° edición de 1934), pp. 271-272.

(7) 1958, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1958, edición 52° (1° edición de 1934), pag. 353.

(8) S/D, Receta en el sitio oficial de la Academia Italiana della Cucina, leído en https://www.accademiaitalianadellacucina.it/ricette/ricetta/bagna-caoda el 25 de noviembre de 2019. Solo se accede a esta receta suscribiéndose al sitio oficial de la Academia. Por ello incluyo un enlace a en sitio que la transcribe (el lector debe tener cuidado porque hay un error en la transcripción de la cantidad a anchoas): 2016 “La Vera Riceta”, leído el 22 de octubre de 2019 en https://www.lacucinaitaliana.it/news/in-primo-piano/bagna-cauda-ricetta/

Transcribo la receta oficial en italiano (tomada del primer enlace):

“Regioni:

”Piemonte

”Ingredienti:

”Ingredienti per 12 persone

”12 teste d’aglio (1 a testa)

”6 bicchieri da vino di olio extravergine d’oliva

”1 bicchierino di olio da noci

”600 g si acciughe rosse di Spagna

”Tagliare a fettine l’aglio, preventivamente svestito e privato del germoglio e metterlo in un tegame di coccio, aggiungere 1 bicchiere di olio ed iniziare la cottura a fuoco bassissimo, sempre rimescolando.

”Fare attenzione che non prenda colore; aggiungere le acciughe dissalate, diliscate, lavate in acqua e vino rosso e ben asciugate. Coprire con il restante olio e cuocere sempre a fuoco lento per mezz’ora, balando che non frigga.

”Al termine della cottura si potrá aggiungere, se piace un sapore piú morbido, un pezzo di burro freschissimo. Versare nei “fujot” (recipienti di terracotta con scaldino) periscaldati ed accompagnarla con le seguenti verdure: Crude: cardi gobbi di Niza, topinambur, cuori di cavolo bianco, indivia, scarola, peperoni freschi e sotto graspa (aceto), cipolloti crudi inquartati ed inmersi nel barbera.

”Cotte: barbabietole rosse, patate lesse, cipolle al forno, zucca e polenta fritta e peperoni arrostiti. É tradizione raccogliere alla fine lo “spesso” della bagna, strapazzandovi un ovetto freschissimo.

”Questa é la ricetta classica depositata dall’Accademia Italiana della Cucina. Oggi nella prassi la quantitá di aglio viene ridotta a 2-3 spicchi a persona.

”Categoría

”Sughi e salse”

(9) S/D, “Bagna Caoda”, Giallo Zeffarano, leído 24 de noviembre de 2019 en https://ricette.giallozafferano.it/Bagna-caoda.html. Dos recetas, una de bagna caoda clásica y otra de bagna caoda a la leche (la leche en que se desflamaron los ajos no se descarta, se incorpora al caldo con ellos).

En otro artículo del mismo sitio puede leerse: “Per rendere meno pesante l’affetto del’aglio, le variante piú diffuse contemplano l’utilizzo di latte o panna, in aggiunta all’olio, alle acciughe e all’aglio. La vera ricetta della bagna cauda, tuttavia, non contempla alcun latticino. Variante molto piú rare contemplano formaggi maggiormente stagionati, come il Castelmagno” en 2018, “Bagna cauda, una receta típica de salsa piamontesa”, en Giallo Zafferano, leído el 24 de noviembre de 2019 en https://blog.giallozafferano.it/laraccoltadiricette/bagna-cauda-ricetta-salsa-piemontese/.

Descarté esta receta en el análisis porque no puedo establecer una data anterior a 1941. Es más, estimo que es una fórmula bastante reciente y que bien puede ser el resultado de una receta de retorno.

(10) 1917-1918, Chioni, Giuseppe y Fiorentino, Goisué, La fame e la memoria, ricettari della Grande Guerra, Feltre, Agorá Librería Editrice, 2008, pp. 10-11.