sábado, 21 de octubre de 2023

Sobre los indios cazadores de ballenas (1590)

José Acosta s.j. nació en Medina del Campo (Valladolid) en 1640 y falleció en Salamanca en 1600. Ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en 1561, ordenándose sacerdote en 1567. Pasó 17 años en Perú y México. En 1590 se publicó en Sevilla su obra más importante, Historia Natural y Moral de las Indias. Se trata de una síntesis natural y antropológica de los territorios ocupados por los españoles en el siglo XVI. “Sus ideas se adelantan en 250 años a algunas de las hipótesis de Darwin. La vida de Acosta fue muy discutida dentro del contexto social y político de la España de Felipe II, de la Iglesia de Roma y de la Compañía de Jesús” (1)

Referencia de la imagen en (a)

Los fragmentos que se transcriben a continuación están tomados del “Libro Tercero” de la obra citada. La misma se compone de siete libros. Los cuatro primeros están dedicados a la historia natural, los tres siguientes poseen un carácter “antropológico”. En los primeros libros, las referencias sobre la vida de los indios americanos son escasas y escuetas. En este texto, describe el procedimiento utilizado por los indios de La Florida para cazar ballenas, según le contaron “personas expertas”, entre ellas, el Adelantado Pedro Meléndez y Nicolás Monardes. (2)

Indios cazadores de ballenas en La Florida (siglo XVI)

Pero más maravillosa es la pelea que tienen los indios con las ballenas, que cierto es una grandeza del Hacedor de todo dar a gente tan flaca como indios habilidad y osadía para tomarse con la más fiera y disforme bestia de cuantas hay en el universo; y no sólo pelear, pero vencer y triunfar tan gallardamente. Viendo esto, me he acordado muchas veces de aquello del salmo, que se dice de la ballena: Draco iste, quem formasti ad illudendum ei. (3) ¿Qué más burla que llevar un indio solo con un cordel vencida y atada una ballena tan grande como un monte?

El estilo que tienen, según me refirieron personas expertas, los indios de la Florida, donde hay gran cantidad de ballenas, es meterse en una canoa, o barquilla, que es como una artesa, y bogando llégase al costado de la ballena, y con gran ligereza salta, y sube sobre su cerviz, y allí caballero, aguardando tiempo, mete un palo agudo y recio, que trae consigo, por la una ventana de la nariz de la ballena; llamo nariz a aquella fístula por donde respiran las ballenas; luego le golpea con otro palo muy bien, y le hace entrar bien profundo. Brama la ballena, y da golpes en la mar, y levanta montes de agua, y húndese dentro con furia, y torna a saltar, no sabiendo qué hacerse de rabia. Estáse quedo el indio y muy caballero, y la enmienda que hace del mal hecho es hincarle otro palo semejante en la otra ventana, y golpearle de modo que le tapa del todo, y le quita la respiración; y con esto se vuelve a su canoa, que tiene asida al lado de la ballena con una cuerda, pero deja primero bien atada su cuerda a la ballena, y haciéndose a un lado con su canoa, va así dando cuerda a la ballena. La cual, mientras está en mucha agua, da vueltas a una parte y a otra, como loca de enojo, y al fin se va acercando a tierra, donde con la enormidad de su cuerpo presto encalla, sin poder ir ni volver. Aquí acuden gran copia de indios al vencido para coger sus despojos. En efecto, la acaban de matar, y la parten y hacen trozos, y de su carne harto perversa, secándola y moliéndola hacen ciertos polvos que usan para su comida, y les dura largo tiempo. También se cumple aquí lo que de la misma ballena dice otro salmo: Dedisti eum escam populis Aethiopum. (4) El adelantado Pedro Meléndez muchas veces contaba esta pesquería, de que también hace mención Monardes en su libro.” (5)

Notas y Bibliografía: 

(1) Leído en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=140428#, el 3 de julio de 2023.

(2) 1590, Acosta, José de s.j., Historia natural y moral de Las Indias, Sevilla, San Juan de León. Leído el 3 de julio de 2023 en https://www.google.com.ar/books/edition/Historia_natural_y_moral_de_las_Indias/JA4rAQAAIAAJ?hl=es-419&gbpv=1&pg=PA2&printsec=frontcover

(3) “Este dragón que formaste para burlarte de él.”

(4) “Le diste carne al pueblo etíope”

(5) 1590, Acosta, José de s.j., Op. Cit., Pag. 98.

(a) https://clasicoshistoria.blogspot.com/2014/05/jose-de-acosta-historia-natural-y-moral.html


Entorno del Lago Titicaca (1590)

José Acosta s.j. nació en Medina del Campo (Valladolid) en 1640 y falleció en Salamanca en 1600. Ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en 1561, ordenándose sacerdote en 1567. Pasó 17 años en Perú y México. En 1590 se publicó en Sevilla su obra más importante, Historia Natural y Moral de las Indias. Se trata de una síntesis natural y antropológica de los territorios ocupados por los españoles en el siglo XVI. “Sus ideas se adelantan en 250 años a algunas de las hipótesis de Darwin. La vida de Acosta fue muy discutida dentro del contexto social y político de la España de Felipe II, de la Iglesia de Roma y de la Compañía de Jesús” (1)

Referencia de la imagen en (a) 

La obra consta de siete libros. Los cuatro primeros están dedicados a la historia natural, los tres siguientes poseen un carácter “antropológico”. En los primeros libros, las referencias cobre la vida de los indios americanos son escasas y escuetas. (2) Este fragmento corresponde al libro tercero. Se describe en él, el entorno natural del lago Titicaca (hoy, limítrofe entre Bolivia y Perú) de los alimentos que los indios aprovechaban de él a fines del siglo XVI. Como dato curioso, aparece la palabra chaco (la que da nombre a una de las provincias argentinas) que denomina a cierto tipo de cacería primitiva.

En el entorno del Lago Titicaca (siglo XVI)

En lugar del mar Mediterráneo, que gozan las regiones del viejo orbe, proveyó el Criador en el nuevo de muchos lagos, y algunos tan grandes que se pueden llamar mares; pues al de Palestina le llama así la Escritura, no siendo mayor, ni aun tan grande como alguno de éstos.

El principal es el de Titicaca en el Perú, en las provincias del Collao, del cual se ha dicho en el libro precedente que tiene de boj casi ochenta leguas, y entran en él diez o doce ríos caudales. Comenzóse un tiempo a navegar en barcos, o navíos, y diéronse tan mala maña, que el primer navío que entró se abrió con un temporal que hubo en la laguna. El agua no es del todo amarga y salobre como la del mar; pero es tan gruesa, que no es para beber. Cría dos géneros de pescado en abundancia; uno llaman suches, que es grande y sabroso, pero flemoso y mal sano; otro bogas, más sano, aunque pequeño y muy espinoso. De patos y patillos de agua hay innumerable cosa en toda la laguna.

Cuando quieren hacer fiesta los indios a algún personaje que pasa por Chucuito o por Omasuyo, que son las dos riberas de la laguna, juntan gran copia de balsas, y en torno van persiguiendo y encerrando los patos, hasta tomar a manos cuantos quieren: llaman este modo de cazar chaco. Están a las riberas de esta laguna de una y otra parte las mejores poblaciones de indios del Perú. Por el desaguadero de ésta se hace otra menor laguna, aunque bien grande, que se llama Paria, donde también hay mucho ganado especial porcuno, que se da allí en extremo, por la totora que cría la laguna, con que engorda bien ese ganado.” (3)

Notas y Bibliografía: 

(1) Leído en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=140428#, el 3 de julio de 2023.

(2) 1590, Acosta, José de s.j., Historia natural y moral de Las Indias, Sevilla, San Juan de León. Leído el 3 de julio de 2023 en https://www.google.com.ar/books/edition/Historia_natural_y_moral_de_las_Indias/JA4rAQAAIAAJ?hl=es-419&gbpv=1&pg=PA2&printsec=frontcover

(3) Ídem, pp. 237-238.

(a) https://www.todostuslibros.com/libros/historia-natural-y-moral-de-las-indias_978-84-00-08677-0


sábado, 7 de octubre de 2023

Salta, de nuevo estoy de vuelta, después larga ausencia... bueno, no fue tan larga, pero parece (Parte I)

“Cuando el duende verde se mete
Por la boca de la guitarra
Y la copla se hace acullico
¡Cómo me acuerdo de Salta!
(Chango Nieto)

22-jun a 27-jun//2023

Siempre es un placer volver a Salta… y más después de la pandemia que nos apartó de la costumbre de ir casi todos los años y que sostuvimos desde 2014. Este fue un viaje especial, quien lea estas notas, advertirá la casi absoluta centralidad de la comida en esta oportunidad… es que fuimos con unas ganas enormes de comernos Salta.

Tengo tantas cosas para decirle, don Gustavo
Las imágenes pertenecen al autor

La ciudad, como todo el mundo sabe, es muy bella, y la Provincia también. Hay muchos sitios a donde ir, iglesias y museos para visitar, peñas donde escuchar buena música local y, por supuesto, una oferta de experiencias gastronómicas y culinarias que no se pueden desaprovechar. Elegimos este último elemento para nuestro viaje, aunque sin descuidar otros recorridos.

22 de mayo / La Nueva Criollita: Llegamos a la ciudad a media tarde y lo primero que hicimos fue recorrer las calles del centro. Necesitábamos contar con la evidencia física de que efectivamente estábamos allí. Recorrimos la Plaza 9 de Julio, desafortunadamente, cerrada con un vallado, por obras de reparación. Ello no nos impidió recorrer las calles circundantes y entrar en la Catedral que nunca habíamos visitado (no me gusta entra en las iglesias mientras se celebran oficios religiosos y esta fue la primera oportunidad que tuvimos en los últimos nueve años).


La ciudad sigue bella a pesar de las constantes y tensas amenazas de los “desarrolladores” posmodernistas. Ya he hablado de ello en otras notas que tomé y publiqué. (1) Era lunes y los museos estaban cerrados. Una lástima porque ya no tendríamos tiempo en la semana para hacerles una visita. De modo que hicimos algo de tiempo, tomando una cervecita en Casa Moderna, la tradicional, y más que centenaria, “tienda de ultramarinos” de la ciudad.

Nos dirigimos, bastante temprano, por cierto, al lugar elegido para cenar, La Nueva Criollita. ¿Por qué La Nueva Criollita? La Criollita cerró durante la pandemia. Otros dueños volvieron a abrir este establecimiento que es un sucesor casi literal de aquél, y no sólo en el nombre. Si tengo que describirlo, diría que es un bodegón salteño para salteños, trazando una analogía con los restaurantes porteños que llamamos de ese modo. Cuenta con una buena oferta de gastronomía local. Cada vez que voy a Salta, me doy una vuelta por ahí porque las empanadas siempre fueron muy buenas.


La Nueva Criollita, como dije arriba, sólo cambió de propietarios, no de oferta gastronómica, ni, me atrevo a decir, de calidad (hecho que pudimos comprobar después de comer). Siempre pensé lo que también dije, que es un restaurante salteño para salteños. Dos anécdotas pueden pintar mi aserto.

En una oportunidad había un grupo de hombres jóvenes almorzando, en la pausa del medio día en el trabajo, en una mesa contigua a la que ocupábamos nosotros. Hablaban precisamente de trabajo con inconfundible acento local. Uno de ellos pidió un huaschalocro. En ese momento, no tenía tan claro de qué se trataba, pero intuía que era un guiso local. En otra, fuimos con unos amigos porteños y bonaerenses cuando ya casi cerraban. Uno de ellos le dijo a la moza que, mientras reactivaban la cocina, podría traernos algo para picar, por ejemplo, unos quesitos y algo de salamín. Frente a la cara de asombro y de incomprensión de la moza, otro dijo, che que no estamos en Buenos Aires, en este lugar, si queremos algo para picar, tenemos que pedir empanadas.


La primera vez que fuimos, hace unos siete u ocho años, lo hicimos bajo recomendación. La Criollita, nos dijeron, ofrece una de las mejores empanadas de la Ciudad, hecho que efectivamente pudimos comprobar entonces. Ahora íbamos a La Nueva Criollita con nueva recomendación, formulada por mi hermano y mi cuñada que estuvieron allí un par de semanas antes que nosotros.

Volveríamos entonces a ese restaurante salteño para salteños porque todo parecía seguir igual… y, sin embargo, algo había cambiado, estaba lleno de turistas, algunos extranjeros de habla inglesa. Sí, claro el establecimiento está a dos cuadras de la Plaza 9 de Julio, me dije. Luego advertí que, adicionalmente, la nueva entidad propietaria tenía un buen manejo de redes sociales.

¿Qué me depararía la comida? Por fortuna, ninguna sorpresa.


Pedimos empanadas y una cazuela de cabrito. Haydée pidió una humita y yo un tamal. Acompañamos con un torrontés. Yo pedí que fuera de Domingo Hermanos y me dijeron que no había. Elegí uno de la bodega Puna de Cachi Adentro. Las empanadas estaban buenísimas y la cazuela, también. El tamal y la humita en chala fallidos, no nos dejaron satisfechos. El vino estaba buenísimo.

Yo añoraba la jarrita de torrontés de damajuana de Palo Domingo. De pronto vi que alguien pedía vino de la casa, y pregunté por él. Sí, tenemos vino de damajuana tinto y blanco. Son de la bodega Domingo Hermanos de Cafayate. Pedí un cuarto, sólo para sacarme el gusto. La boca de inundó de un sabor familiar reconocible… ninguno de los mozos sabía que ese vino era torrontés. Los dos vinos eran muy distintos, pero ambos eran amables y apetecibles.

Gratísima experiencia en La Nueva Criollita.

23 de mayo / Restaurante boliviano de Santiago del Castillo y El Baqueano: Tal vez no haya experiencias gastronómicas más divergentes y convergentes a la vez.

El restaurante de Santiago del Castillo está en el oeste de la Ciudad de Salta (Marcelino Cornejo 141). Para ubicarlos mejor a quienes conocen la ciudad, está a dos cuadras de La Casona del Molino (Luis Burela 1), a cuatro del Mercado Artesanal de Salta (San Martín 2555) y otro tanto de la Feria del Oeste (También en la avenida San Martín a la altura del 2000).


Es un restaurante boliviano, su dueño se declara tarijeño y es cantor y guitarrero. Está alojado en una casa de barrio. Es un auténtico comedor salteño (así denominan a los restaurantes en el interior de la Provincia), muy bien puesto en un ambiente acogedor. Fuimos con nuestros amigos María Fernanda Sola y Alejandro Alonso. Yo llevaba la promesa de encontrar auténtica comida boliviana, picante pero sabrosa… Lo de sabrosa sí, lo de picante, hubo que pedir y agregarle.


Comí una empanada de carne y un picante de lengua acompañados con el consabido vino blanco de damajuana (el torrontés de Palo Domingo). La empanada estaba muy buena. El picante, como dije, sabroso pero sin picor. La lengua estaba acompañada por chuño, papa, arroz y ensalada. La encontré muy bien cocida; el chuño agregaba color, textura y sabor rebosantes de autenticidad; la ensalada era, sin embargo, escasa, quitando equilibrio nutricional a la composición. El vino, bueno, ese vino no te deja nunca de a pie con estos platos.


Quedé intrigado acerca de por qué el picante no era picante. El restaurante estaba lleno, no había casi turistas; pero tampoco había bolivianos. Estaba lleno de salteños y, el salteño medio, no parece comer demasiado picante, salvo algunas cuestiones vinculadas con ciertas modas (v. g., la llasgua con las empanadas, aunque no siempre es tan picante como promete). Recordé entonces que el mismo Balderrama comenzó como una picantería, rubro que abandonó al poco tiempo.


Volveríamos a vernos, con Fernanda y Alejandro, el 24 para subir a Payogasta.

De todos modos, la experiencia fue maravillosa.

La noche del mismo día subimos al cerro San Bernardo para disfrutar del menú de cocina autóctona contemporánea de El Baqueano. No es la primera vez que vamos a este restaurante, sí la primera vez que asistimos al local de la ciudad de Salta.

Lo que me atrajo del laburo de Fer Rivarola y Gabriela Lafuente es que han tenido siempre una vocación por rescatar la cocina argentina. El problema es que tienen, desde mi humilde punto de vista, una visión reduccionista de qué es la cocina argentina, rescatan productos y productores (empeño loable, por cierto), pero omiten las ideas gastronómicas. Es como si redujéramos la cocina a la producción primaria y nos olvidáramos de toda la historia de ideas gastronómicas en las que esos productos juegan desde siglos.

Esa visión reducida de la cocina autóctona tiene una fuerte compensación en la práctica gastronómica de quien le permite ejercer el atributo de contemporánea. La enorme creatividad de Rivarola para diseñar los platos y de Lafuente por combinarlos con los mejores vinos argentinos es encomiable.

Este equilibrio incompleto, pero equilibrio al fin, asegura que comer en El Baqueano sea una experiencia difícil de igualar. Adicionalmente, a pesar de no buscarlo, Rivarola se encuentra fatalmente con ideas gastronómicas de Nuestra América sobre las que trabaja; pero hasta ahora, las ideas gastronómicas argentinas estaban ausentes.

Llegamos hasta la cima del Cerro poco después de las 19 horas, ya de noche, como siempre ocurre a fines de mayo. El amable plantel de trabajadores gastronómicos que atiende el local no recibió con distinguida amabilidad y nos ubicó en una mesa desde la que se podía apreciar la ciudad en toda su extención, la Luna en cuarto creciente y, muy cerca de ella, el Lucero del atardecer.

En ese ambiente, nos dispusimos a comer lo que nos trajeran. Decidimos tomar menú por pasos sin la armonización con los vinos (si hubiera estado Gabriela, tal vez hubiéramos hecho otra cosa). Para encontrar un vino que armonizara con todo, ¿qué mejor que un buen torrontés? Elegimos uno de San Pedro de Yacochuya (2022) que funcionó muy bien en todos los casos. ¡Ah! También decidimos no tomar fotografías, necesitábamos contar con todos nuestros sentidos en el máximo estado de concentración.

Los platos se sucedieron, algunos eran puntos más altos, pero todos estaban muy bien. Sólo reseñaré los que más me atrajeron. Fuera de programa, empezamos con unas papitas andinas en distintas texturas. Me gusta ese aire terroso que tienen esas papas que aquí estaba muy bien explotado.

Me encantó la trucha curada y el cordero en dos cocciones, dos clásicos del establecimiento. También me gustó mucho la “declinación de arvejas”, una diversidad de texturas de increíbles sabores.

Con todo, lo que más me gustó fue el tamal. Un plato deconstruido, abigarrado y sabroso. No sólo me gustaron aromas, sabores y texturas; sino también su clara identidad argentina. Fer Rivarola no suele buscar esto, pero encontró lo que yo buscaba, su cocina contemporánea con platos argentinos

De todos modos, la experiencia fue maravillosa.

El lector avisado notará de inmediato la divergencia entre ambos estilos de cocina, popular, regional, casi hogareño, uno; sofisticado, creativo y altamente tecnológico, el otro; pero se preguntará por la convergencia a la que apunté arriba.

Voy a usar una palabra que algunos críticos gastronómicos suelen utilizar, ambos casos representan una cocina honesta. Es muy difícil establecer el significado exacto de la expresión; pero daré mi versión. Se trata de una cocina que procura dar cuenta de una identidad, la nuestra, sin artificios descomunales. Esa honestidad es cruda y ruda en el restaurante de Santiago del Castillo y racional y sublime, en El Baqueano.

24 de mayo en Payogasta: Llegamos a Payogasta al mediodía, sabiendo que Fernanda nos iba a agasajar, por la noche, con su delicioso guaschalocro. Teníamos hambre luego de la trepada y decidimos almorzar en un comedor local, El Cardón.


Este comedor… sí, sí, comedor es la denominación que reciben los restaurantes en el interior de la Provincia de Salta. Ignoro, si en toda la Provincia y si la denominación se extiende a otras provincias del Noroeste Argentino. Son restaurantes populares que ofrecen comidas sencillas, caseras, tradicionales. No se crea, por cierto, que se trata de bodegones de baja calidad. Algunos de ellos cuentan con salones muy bien puestos, sin lujos, pero muy bien puestos que ofrecen una cocina de alta calidad, tanto en los productos como en la ejecución de las recetas.

Recuerdo haber comido en la Hostería de La Poma en 2014. El local del comedor estaba muy bien ambientado, con paredes de colores engamadas sobre la base del color del maíz amarillo, y mesas vestidas con tejidos locales. Allí comí una carne de llama hecha al horno con papas al romero cuyos aromas y sabores conservo en el recuerdo.

¡Cómo me gustan las sopas de sopa!

El Cardón mantiene ese estilo de salón pulcro y comida popular y sabrosa. Hay que agregar que el propietario es cocinero profesional con estudios académicos en Buenos Aires. Comí una sopa de verduras y carnes de aromas y sabores entrañables que me llevó a la cocina de mi madre y una marinera de ternera con ensalada que me llevó a la casa de tía Maruca en la infancia. (2) La marinera estaba oficiada de manera impecable; pero la ensalada contaba con el adicional de haber sido preparada con verduras del Alto Valle Calchaquí, deliciosas y frescas (cada vez que voy al Valle, y regreso a Buenos Aires, extraño esas verduras).

Habíamos recibido la amable invitación de Fernanda y Alejandro de alojarnos en una acogedora cabaña que tienen en su casa en Payogasta y así lo hicimos. Siesta, visita a las viñas y la bodega, visita a Cachi y atardecer con charla amical y confortable.


Fernanda necesitaba algunas verduras y Alejandro unos vinos para llevar a Cachi. Eso nos permitió hacer una visita a los viñedos de (es precisamente allí, donde tienen la huerta) y a la bodega Viñas de Payogasta. Pudimos comprobar el crecimiento que tuvieron los cultivos, en cantidad de hectáreas plantadas y en tecnología de riego por goteo. Lo propio pudimos contemplar en las instalaciones de la bodega a la que le falta una etapa de ampliación edilicia. A Haydée y a mí nos puso felices ese crecimiento.

Aún no era de noche y Fernanda comenzó con la misse au place para su guaschalocro en cuanto regresamos a la casa (todos contribuimos en la tarea).

¿En qué consiste este plato? Fernanda lo describe diciendo que no se trata de una receta elaborada y compleja, sino de un plato sencillo, casero, de todos los días… yo agrego que es un guiso de verano.


No me voy a detener en el plato cuya receta ya publiqué, salvo para señalar algunos detalles. (3) La receta original de mi amiga lleva choclo de maíz capia y zapallo plomo como ingredientes distintivos. Pero, en mayo ya no hay de esos choclos y hubo de hacer el guiso con choclo amarillo común.

Fernanda improvisó un fogón junto a la casa y cocinó con leñita seca. Pero para comer fuimos a la cocina, lo hicimos en torno de la mesa de los amigos. Es que en mayo suele refrescar pronto por la noche. Acompañamos el guaschalocro con vinos de la bodega de Alejandro, Viñas de Payogasta (la primera bodega de la Ruta del Vino en el Valle Calchaquí, ni bien se toma la Ruta Nacional 40 allí mismo en donde la Ruta Provincial 33 termina). En especial, probamos un torrontés delicioso, un malbec prometedor y algún corte de tintas.

La comida, el vino, la buena charla y el afecto coronaron una velada única.

Ir a Parte II

Notas y referencias:

(1) 2016, Aiscurri, Mario, “Caminando por la calle Caseros de la ciudad de Salta”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 17 de julio de 2023 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2016/02/caminando-por-la-calle-caseros-de-la.html

(2) 2012, Aiscurri, Mario, “El eco de la Pampa Gringa (doña Maruca Pugliese)” y “Marineras” en El Recopilador de sabores entrañables, leídos en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2012/01/el-eco-de-la-pampa-gringa-dona-maruca.html y https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2012/01/marineras.html el 18 de julio de 2023.

(3) 2023, Aiscurri, Mario, “Guaschalocro, cantar y cantar”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 7 de octubre de 2023 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2023/08/guaschalocro-cantar-y-cantar.html.

 


sábado, 23 de septiembre de 2023

Las empanadas en los recetarios argentinos Parte II Recetarios 1900-1940

Este artículo tiene una revisión

Ir a Parte I: siglo XIX

En el artículo anterior les mostré el tratamiento del tema en los recetarios argentinos del siglo XIX. Aproveché para delinear unas notas de contexto relacionadas con nuestra propia experiencia como consumidores de empanadas.

Las imágenes pertenecen al autor o a su biblioteca

En éste, les propongo una recorrida por los recetarios de las primeras décadas del siglo XX.

Pero antes, ensayaré una pequeña discusión sobre la importancia de conocer el origen universal de las empanadas.

I ¿Qué tan importante es remontarse al origen de las empanadas?

Siempre el bello seguir el hilo de la evolución de una determinada comida argentina desde su orígenes hasta nuestros días. Sin embargo, reconstruir este camino ofrece un par de dificultades.


La primera consiste en reconocer el punto desde cual debemos partir. En el caso de las empanadas no podemos remontarnos hasta el origen persa o sumerio de estas preparaciones. Nada nos va a aclarar en relación con la composición estricta de la empanada criolla. ¿Podríamos empezar, entonces, por la empanadas españolas de la Edad Media y el Renacimiento? Creo que sería más atinado, sobre todo a propósito de estas notas. (1)

La segunda se expresa en el sentido de recurrir a ese pasado para dar cuenta de la identidad de la empanada criolla. A decir verdad, no importa tanto, de dónde vienen, sino como se transformaron en criollas. Quién haya probado empanadillas en España hace unos treinta años ha podido comprobar la enorme diferencia que había con las criollas. Las tradiciones que la engendraron partieron de un tronco común bifurcado hace siglos. De modo que el sentido de la identidad no se concentra en aquel pasado común remoto, sino en el momento en que los argentinos nos hemos adueñado de la idea gastronómica y le dimos una forma y centralidad que no ha tenido en el orbe hispano por años.

Sí claro que, en el presente, se hacen en España empanadillas muy parecidas a las nuestras. Se trata de ideas gastronómicas de retorno que llevaron los migrantes argentinos en los últimos veinte o treinta años. En muchos sitios se las conoce como empanadillas argentinas… con el tiempo, el atributo gentilicio desaparecerá y será simplemente empanadillas de carne molida, como si siempre hubiesen tenido esa centralidad en la Península Ibérica.


Con todo se preguntarán porqué, si pienso de este modo, dedico unos párrafos al tema; si además, he machacado muchas veces sobre el asunto. En primer lugar, porque quiero subrayar la clara identidad argentina de la empanada criolla. Pero, también, la referencia al origen hispánico ayuda a desandar el engañoso camino que hacía venir nuestras empanadas de las pasties córnicas ya en el período independiente. Aunque volveré un poco sobre el tema, remito al lector al artículo pertinente que he publicado en El Recopilador de sabores entrañables. (2)

Esta recorrida por los recetarios argentinos nos dará una idea más precisa acerca de cómo se fue conformando el algoritmo de la identidad de nuestras empanadas.

II Sobre dos tradiciones en España

Las empanadas conforman dos tradiciones culinarias españolas. Una de larga tradición mediterránea que consiste en encerrar un relleno en masa de pan. Configuran una serie de preparaciones a las que genéricamente se denominan hornazos o, simplemente “empanadas”. La más famosa en nuestro medio es precisamente la empanada gallega; pero hay muchas más, y no sólo en España. En Italia tenemos, por ejemplo, los calzones napolitanos. Por otra parte, se encuentran las empanadillas, de larga tradición hispano andalusí. Consiste en rellenar con un recado una masa de pastelería, muchas veces de hojaldre. Los rellenos, en ambas preparaciones suelen ser muy diversos.


Con el correr de los años, estas dos ideas gastronómicas se han ido confundiendo entre sí. Ya el en Siglo de Oro Español, se empezó a diferenciarlas casi exclusivamente por el tamaño, aunque la diferencia en la masa sigue siendo un detalle importante. (ver nota (1)) Es tan largo en desarrollo de estas tradiciones culinarias en la Península Ibérica que resulta disparatado sostener que nuestro modo de hacer empanadas proviene de las cornish pasties de Cornualles, Inglaterra. (ver nota (2)).

Hasta aquí llegamos con la historia del origen. De modo que podemos concluir que las empanadas criollas provienen de lo que ha quedado de la tradición magrebí; pero adquiriendo formas específicas, con una masa de características propias que lleva grasa en su composición y que suele transformarse en un prolijo hojaldre cuando da la ocasión, en especial cuando se trata de pasteles (es decir, empanadas para fritura) y su recado es dulce. El caso más evidente es el del pastelito criollo.

III Los recetarios argentinos del período

El arte culinario de Francisco Figueredo. El recetario de este célebre cocinero brasileño tuvo su primera edición circa 1888; sin embargo, lo ubico aquí porque tengo la edición de 1914. Contiene dos recetas de interés para estas notas, a saber: Empanadas a la porteña y Pastelitos fritos a la estanciera.


Veamos, en primer término la de empanadas. Se hace la masa a partir de harina, grasa y yemas de huevo; condimentándola con sal, canela y azúcar. Luego se hace un picadillo. Se estira la masa, se rellena con el picadillo, se envuelve el picadillo con la masa y se cierra. Finalmente se corta en forma de empanada (no indica cuál es la forma de la empanada) y se sella el cierre con un repulgo. Se hornean y se sirven espolvoreando azúcar y canela por encima.

En cuánto a los pastelitos. Se hace una masa específica, similar a la de las empanadas (con menor proporción de grasa y yemas de huevo), pero sin azúcar ni canela. Se hace un “picadillo a la moda del país”. Se estira la masa y se corta en “ruedas”. Se coloca el picadillo sobre una rueda, colocando otra por encima. Se cierra, presionando sobre los bordes, para que las dos ruedas de masa queden bien unidas. Luego se aprieta la masa en cuatro extremos, formando picos. Se lleva a fritura y se sirven espolvoreando azúcar y canela por encima.

Vuelve a aparecer el tema del picadillo. Sin embargo, don Francisco nos sorprende con una receta “Picadillo sud-americano” que bien puede representar el mencionado “picadillo a la moda del país”.

Lleva carne de lomo picada (como ocurre en los recetarios de esa época, no indica si el término lomo alude al bife de chorizo a lo que se denominaba solomo); un sofrito de cebolla, ajo, tomates y ajíes (no indica si son picantes); se condimenta con pimentón, perejil, tomillo, laurel, azúcar, canela y nuez moscada; finalmente se agregan pasas de uva sin semillas y aceitunas sin carozo. Se deja enfriar y se agregan huevos duros cortados en cuatro.

Según el autor, este picadillo sirve para rellenar “empanadas, pastelitos fritos, pastel de papas, pastel de choclos, /…/ aves, lechón, etc.”.

No satisfecho con esta receta, expone otra de “Picadillo de verano para pasteles”. Se arranca con un sofrito de cebolla y ajo en grasa. Se agregan tomates picados y “ajices”. Se condimenta con sal, laurel, pimentón, comino, canela, perejil y clavo de olor. Finalmente se agregan las siguientes frutas picadas: duraznos pelados, peras y membrillo. También se agrega zapallo, azúcar, pasas de uva y un poco de caldo y vino blanco. Finalmente, se agrega huevo duro y aceitunas. Sirve para rellenar empanadas, pastel de papas y pastelitos de todas formas que se sirven espolvoreando azúcar y canela por encima de ellos.

Como puede verse, las recetas contienen pocas diferencias entre sí, desde el punto de vista de la elaboración de la masa (si lleva o no azúcar y canela) o desde el de la estructura de la preparación (si se hace con una tapa o dos). La más significativa, tal y como ocurre en la actualidad en las provincia del Noroeste Argentino, es que las empanadas se hornean y los pasteles se fritan. (4)


No aparecen las recetas de empanadas en que se caractericen las diferencias provinciales; pero, como la única receta que publica es la de empanadas a la porteña, es fácil concluir que el autor conocía y aceptaba esas diferencias. Es más, podría ser el primero en reconocer y publicar una receta de empanadas de la Ciudad de Buenos Aires, hecho que no caracterizará a los recetarios que se publicarán con posterioridad.

Es verdad que estas combinaciones aromáticas resultan poco usuales en la comida argentina de nuestros días. Conozco quien agrega azúcar a las empanadas. Incluso conozco partidarios de agregar pasas de uva al recado; pero agregar, adicionalmente, canela y nuez moscada es demasiado. Con todo tuve la experiencia de probar estas empanadas. En una conferencia que impartió Carina Perticone en el patio del Museo Histórico Nacional, habló de los aromas y sabores de fines del siglo XIX y principios del XX. Para hacer una demostración práctica consiguió que un cocinero del Mercado de San Telmo preparara estas empanadas a la porteña.

Fue una gran experiencia, una auténtica exhumación de aromas y sabores del pasado, inexistentes en la cocina porteña del último siglo. Abajo haré una comparación con recetas contemporáneas a esta edición.

La cocina criolla de Marta. Ya he explicado cuál fue la evolución de esta obra, publicada originalmente en dos tomos en 1914 y 1915, y los formatos que fue adquiriendo, en un solo volumen, hasta llegar a la última edición de 1957. (5) También expuse que tuve acceso al segundo tomo, publicado en 1915, lo que me permitió establecer cuáles fueron las recetas originales que llegaron, a veces con modificaciones, hasta 1957. De modo que me dedicaré a las que pude identificar como correspondientes al período, dejando para más adelante, considerar el conjunto. Con todo, es oportuno aclarar que no tengo la certeza de que las que quedaron afuera de las que fueron dadas a la estampa en 1914.


En esas condiciones, veremos tres recetas, a saber: Empanadas de pescado a la criolla, empanadas sanjuaninas y Empanadas fritas.

Las masas son parecidas. Llevan harina, grasa, yemas de huevo, sal y azúcar; a excepción de la sanjuanina que no lleva azúcar ni huevo. Ésta es la única que se soba antes de hacer los bollitos con los que se harán las tapas. Ni noticias de agregar canela en la masa y, por lo que se puede apreciar, la cantidad de azúcar que llevan es muy poca.

El relleno de las empanadas de pescado consiste en adobar el pescado, por un lado, y preparar una fritura por el otro. En el momento de armar las empanadas se pone una cucharada de fritura y otra de pescado sobre cada tapa, agregando huevo duro, pasas de uva y aceitunas. El adobo del pescado que debe estar cortado en pedazos (no indica ni el tipo de pescado, ni el tamaño del corte), se compone de ajo picado, sal, pimienta, orégano y bastante vinagre (aclara la autora “se deja un rato en este adobo (cuanto más tiempo, mejor)”). Por su parte, la fritura lleva mucha grasa, mucha cebolla picada, tomate, pimienta, perejil y bastante pimentón (no lo dice, pero supongo que también lleva sal). Las empanadas se hornean, “quedan mejor en la cocina económica”, nos dice la autora.

El de las empanadas sanjuaninas lleva una fritura inicial con mucha grasa y mucha cebolla (como las empanadas cuyanas actuales, pero también como el relleno que vimos recién). La carne picada (usa la máquina de picar carne) es de lomo, y apenas se cocina. La preparación se retira del fuego y se le agrega, sal, pimienta, salsa de tomates, pimientos morrones, aceitunas y huevos duros. Las tapas de empanadas se rellenan, doblan, pegan en sus extremos y repulgan. Se cocinan en un horno fuerte por siete minutos. Estimo que el relleno no llega a cocinarse del todo.

En las empanadas fritas, el relleno lleva carne de lomo picada (no indica si usa la máquina para hacerlo), un poco de grasa, una cebolla, un pimiento, un tomate, sal, pimienta, azúcar, perejil, orégano y vinagre (primero se cocina la carne y luego se agrega el resto). Aparte se hace una fritura con grasa, cebollas, tomates, ajíes, azúcar y bastante pimentón. Cuando se arman las empanadas se coloca sobre cada tapa, una cucharada de picadillo (la carne descripta al principio) y otra de fritura. Se agrega huevo duro, aceitunas y pasas de uva. Se cierran, se repulgan y se fritan en abundante grasa.


Usa la palabra relleno, en lugar de picadillo como hasta entonces. Pareciera ser principalmente una necesidad lingüística para evitar la reiteración (en la última receta, usa la palabra “picadillo” en una frase, pero reservando “relleno” como palabra preferente). Se nota claramente, el cambió en la sazón, reducción del azúcar y eliminación de la canela, llegando a un conformación aromática que se parece más a la de nuestros días. Si bien la edición de Figueredo que yo manejo es contemporánea con la de Marta (1914), es probable que la receta del cocinero brasileño ya estuviera incluida en las primeras ediciones, lo que explicaría esta diferencia de sazones. Es sólo una hipótesis, pero aventuro que es bastante probable que así haya ocurrido.

La perfecta cocinera argentina (1940). Ya expuse comentarios sobre las tres recetas que aparecen en la 11° edición de la obra (1895). Dije allí que había dos recetas de empanadas que sólo describían la masa. Ambas llevaban una cantidad significativa de azúcar que, como hemos visto, era el gusto dominante en Buenos Aires.


Pero, también destaqué que existe una tercera receta, la de empanadas santiagueñas. Dije entonces que esta receta inaugura la tradición de las empanadas criollas en el formato que conocemos hoy por dos motivos al menos. Lleva el gentilicio “santiagueño” como atributo de su denominación y su masa no lleva azúcar en porciones significativas. (7)

Las tres recetas aparecen en la edición de 1940 sin modificaciones y se agregan 4 recetas más. “Empanadas mendocinas”, “Empanadas tucumanas Josefa”, “Empanadas Joaquinita” y “Empanaditas Josefa (fritas)”. Esta última receta se limita a indicarnos cómo se hace una masa para fritura que finalmente recibe “el relleno de empanadas mendocinas que se hacen con mucha cebolla”.

Me concentraré en las recetas nuevas, comparándolas con las empanadas santiagueñas. En realidad, la comparación se limitará a la lista de los ingredientes debido a que sus proporciones no se encuentran estandarizadas. Así vemos que las fórmulas miden los productos en gramos, libras, tazas, cucharas o unidades sin que podamos establecer referencias entre sí.

Empecemos por la masa. Todas llevan harina, grasa, sal y agua o leche. Algunas llevan huevos o yemas. ¿Qué diferencia hay entre las empanadas mendocinas y las empanaditas fritas? La primera parece tener el doble de grasa y la mitad de yemas de huevo. Pero ¿constituye esto una diferencia significativa? En lo personal, no me parece. Tampoco me parece significativo que las empanadas joaquinita lleven una cucharada de azúcar en la masa. Es muy poco comparada con las cantidades usadas en las recetas más antiguas de las que ya he hablado.

En cuanto al relleno, todas llevan carne picada y cebolla como base. En alguna receta, se indica específicamente que la carne debe ser picada con la máquina (es el caso de las empanadas mendocinas). En otra, el texto dice que la carne se pica muy finita lo que da entender que la operación se realiza con un cuchillo (ocurre con las empanadas tucumanas). En el resto, sólo se habla de carne picada. Si bien, como vimos arriba, el texto destaca la cantidad de cebolla que llevan las empanadas mendocinas, la proporción en las otras parece ser similar, incluso, en las tucumanas se indica “mucha cebolla”. Nuevamente, la excepción está en las empanadas joaquinita, en las que la proporción de cebolla es significativamente menor.


Excepto en las mendocinas, a todos los recados se agrega huevo duro, pasas de uva y aceitunas. Otros ingredientes: las santiagueñas y las tucumanas llevan ajíes picados (debe entenderse pimiento, porque cuando el ají es picante, lo indica) y las empanadas Joaquinita llevan papa.

Veamos finalmente la sazón. Las empanadas mendocinas llevan pimentón, ají picante y orégano. Las santiagueñas se condimentan con pimentón. A su vez, las empanadas tucumanas se condimentan con pimienta, pimentón, comino y ají picante. Finalmente, las empanadas joaquinita llevan comino, ají molido, pimienta y pimentón. (8)

El Libro de Doña Petrona (1935). Las primeras ediciones de la obra pertenecen al período (la primera es de 1934); sin embargo, como haré un recorrido a través de varias de ellas hasta 2010, dedicaré un artículo completo a la Cocinera Nacional. (9)

Algunas conclusiones sobre el período:

1) Las empanadas a la porteña de Francisco Figueredo llevan azúcar y canela entre sus condimentos, tanto en la masa como en el relleno. Estas sazones que hoy parecen exóticas, están presentes en varias fórmulas descriptas en el artículo anterior. Seguramente representan un gusto de época que parece perderse en las últimas décadas del siglo XIX. ¿Cómo se explica su inclusión en 1914? Probablemente este modo de sazonar ha pervivido a través de las distintas ediciones de la obra (les recuerdo que la edición consultada vio la estampa veinticinco años después de la primera). Otro tanto ocurre con un par de recetas de empanadas de Teófila Benavento, incluidas en la edición de 1895 y perviven en la de 1940.

2) En las fórmulas de Marta y Teófila Benavento (las del período que consideramos en este artículo, claro está), las empanadas parecen acercarse, en sus sazones, a los aromas y sabores que podemos reconocer en el ambiente sápido actual (pimienta, pimentón, ají molido y comino). El único elemento dulce parece consistir en el uso de pasas de uva, arrinconando el azúcar a pocos casos y, aun así en pequeñas proporciones.


3) En las recetas expuestas por estas autoras, se comienza a distinguir las diferencias entre las identidades provinciales. Sin decirlo, Figueredo parece reconocer estas diferencias a llamar “a la porteña” a su modo de hacer empanadas. Cabe recordar aquí que Lucio V. Mansilla recordaba, en sus memorias de 1904, que, hacia 1840, que no le agradaban las empanadas de Buenos Aires porque eran pesadas y que, para comer empanadas buenas, había que ir al Interior, siendo Santa Fe el único lugar del Litoral en que se las hacía bien. (ver nota (7))

4) Las recetas de Benavento parecen estar escritas desde Buenos Aires (v. g., llama ají al pimiento y ají picante al ají y llama empanadas a las que van fritas en lugar de pasteles). Con todo, hace un esfuerzo por incluir fórmulas provincianas desde muy temprano. Ya en la en la edición de 1895 aparece una receta singular, con atributo de gentilicio provinciano (santiagueña) que no llevan ni azúcar ni canela como ingredientes destacados. Otras recetas de empanadas de la misma obra, sí llevan estos ingredientes. Estas últimas permanecerán en la obra hasta la última edición, que se enriquecerá con fórmulas más próximas a las empanadas santiagueñas que terminarán perdiendo su singularidad. Las empanadas mendocinas y tucumanas de esta última edición ya tienen el formato del nuevo período como las santiagueñas.

5) Volviendo a don Francisco Figueredo. ¿Cabría preguntarse si sus empanadas a la porteña, además de representar un gusto propio del período anterior, no representan también el gusto porteño de fines del siglo XIX? Está claro que la receta publicada en 1914, se parecen más a las empanadas de fines del siglo XIX, incluyendo a las ya mencionadas de Teófila Benavento. La temprana aparición de las empanadas santiagueñas, en esta autora, evoca inmediatamente una receta muy parecida que aparece en Cocina Ecléctica (1890). Se trata de las “Empanadas de fiambre”, receta enviadas por Jesús Bustamante desde Arequipa, Perú. Esto constituye un indicio interesante que no debemos descartar, sobre todo si se lo suma a los recuerdos de Mansilla.

6) Carezco de información suficiente como para saber si las recetas descriptas, reflejan fórmulas canónicas locales de cada provincia aludida específicamente en las denominaciones. Los próximos artículos puede que nos empiece a dar una confirmación, o no, de ello.

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Notas y referencias:

(1) 2017, Abad Alegría, Francisco, En busca de lo auténtico (Raíces de nuestra cocina tradicional), Gijón, Trea S. L.

(2) 2022, Aiscurri Mario, “Sobre el repulgo en las empanadas salteñas”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 6 de junio de 2023 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2022/04/sobre-el-repulgo-en-las-empanadas.html.

(3) 1891, Recetario de la familia Flores, leído el 24 de mayo de 2014en http://elrecopiladordesabores.blogspot.com.ar/2014/05/el-recetario-de-la-familia-flores.html.

(4) 1914, Figueredo, Francisco, El arte culinario, Barcelona, Antonio Chiqués y C. Editores, primera edición de 1988; pp. 106, 167-170 y 187.

(5) 2023, Aiscurri, Mario, “Sobre la primera edición de La Cocinera criolla de Marta”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 9 de junio de 2023 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2023/01/sobre-la-primera-edicion-de-la-cocinera.html.

(6) 1957(c), Cocina tradicional argentina por Marta, Buenos Aires, Distal, nueva edición de La cocinera criolla, facsímil de una edición más moderna (no indica fecha), 2010 (1° edición en dos tomos de 1914 y 1915), pp. 19-20.

(7) 2023, Aiscurri, Mario, “Las empanadas en lo recetarios argentinos. Parte I: siglo XIX”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2023/06/las-empanadas-en-los-recetarios.html el 19 de junio de 2023.

(8) 1940, Benavento, Teófila, La perfecta cocinera argentina, Buenos Aires, Escuela Taller Divino Rostro, 1° edición de 1888, pp. 98-102.

(9) 1935, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1942, Segunda edición corregida y aumentada (1° edición de 1934).