sábado, 9 de mayo de 2020

Reflexiones desde un bodegón. Hoy Salpicón


Por Aldo Barberis Rusca (1)
Un viejísimo chiste cuenta que un señor se encuentra sentado a la mesa de un restaurante leyendo la carta; viendo que la decisión se demora, el mozo se acerca solícito para ver si puede ayudar en la elección.
El hombre lo mira y sonriendo dice: “Es todo tan rico que no puedo decidirme. La verdad es que pediría todo”
A lo que el mozo contesta sin inmutarse: “Pida salpicón”. (risas)
Dentro de la variada propuesta gastronómica tradicional argentina, el salpicón resulta ser, tal vez, la más indefinible de todas; solamente comparable con el misterioso antipasto.
 Las imágenes pertenecen a Alfo Barberis Rusca

Hasta el arribo de la cocina gourmet, no había menú que no contuviera en su sección de entradas el tradicional “salpicón de ave” cuya composición general consistía en trocitos de pollo, cebollas y ajíes; aderezados con aceite y vinagre. En suma, una ensalada con pollo.
Lo que hoy, con el agregado de rúcula y jengibre, sería una comida completa; en su momento sólo era una entrada, paso previo obligatorio que daba paso al bife mariposa con papas fritas, los macarrones a la príncipe de Nápoles o la suprema maryland.
Si al salpicón se le agregaba mayonesa, entonces el plato pasaba a llamarse “mayonesa de ave” y contaba con una hermana que era la “mayonesa de atún” que tenía un origen un tanto más noble por el solo hecho de que el pescado provenía de una lata y no de los restos de pollo recolectados de los sobrantes. Por supuesto la “mayonesa de atún” siempre fue más cara.
El salpicón pertenece a un inexistente grupo gastronómico al que podríamos llamar “todo junto y mezcladito” y funcionaba como minimizador de desperdicios que, en un restaurante, suelen ser la diferencia entre la pérdida y la ganancia.
El salpicón tiene un correlato líquido creado en los locales de música tropical llamado el mezcladito o la “jarra loca” que se hace metiendo en un gran recipiente todos los restos que van quedando en los vasos abandonados en la barra o las mesas.
En periodismo, la editorial del Clarín del domingo suele ser un auténtico salpicón o mezcolanza de temas. Allí, Van der Kooy se despacha con todo el temario político de la semana, enlazando un tema con otro de forma tal que al llegar al final de la larguísima nota uno no sabe donde esta la papa y donde la cebolla.
El cine nacional de los ochenta, sobre todo el de corte testimonial, acostumbraba hacer grandes salpicones mezclando en los argumentos todos los momentos, diálogos e imágenes que les habían quedado colgados de los tiempos de la censura.
Los pobres Aristarain, Puenzo, Subiela y otros hicieron gigantescos pastiches metiendo escenas que hubieran estado geniales en otras películas pero que, puestas donde estaban, resultaban absolutamente desubicadas.
Tal vez el colmo de la desubicación nacida de la censura haya sido el increíble monólogo de José Sacristán en la película “Un lugar en el mundo” de Aristarain. Sucede que el director que nos había deslumbrado con sus policiales de principios de los ochenta, decidió que ya era tiempo de buscar otro lenguaje y de pasar de la acción al discurso; de esta manera comenzó a pergeñar películas en las que no pasaba nada que no fuera previamente advertido y finalmente explicado y cada actor, como en un cuarteto de jazz, debía tener su solo.
Obviamente el modelo era el del cine español post franquismo donde la gente hablaba y hablaba pero nunca pasaba nada y cuya apoteosis lo constituyó el celebre monólogo de Sacristán en “Solos en la madrugada” que el director argentino pretendió repetir en su película, con escasa suerte.
Cada cierto tiempo y con motivos diferentes, los periodistas argentinos llaman al bueno de Pepe Sacristán para recordarle su soliloquio, cosa que le cae como una patada en el culo. Este año la causa fueron los 30 años de la muerta de Franco, pero podría haber sido cualquier otra.
El tan admirado Pepe se ha ido convirtiendo con el tiempo en un viejo cabrón y malhumorado que monta en picazo ante la menor referencia al citado discurso, y esta vez no hizo una excepción. De hecho el tío arremetió contra los argentinos diciéndonos, menos bonitos, de todo; eso si, finalizando con una declaración de admiración incondicional hacia nosotros.
Claro, aquel monólogo resultará casi insoportable para ese pobre hombre que ve como la España que el pretendía forjar terminó siendo un país cosmopolita y con una identidad, al menos, difusa; uno más en ese salpicón que resulta ser la UE.
Los Argentinos, mal que mal, seguimos siendo lo que somos. Aunque lo que somos no sea del todo admirable.
Y tal vez sea esto lo que tanto le molesta al entrañable actor peninsular.
Es precisamente en su ámbito donde un grupo de argentinos descolla en España. Actores y cineastas que llegan desde estas costas logran lo que los españoles no pueden, logran ser identificables.
Posiblemente estemos en un camino interesante de aceptación de nuestra identidad, una identidad marcada por la mezcolanza que, gracias a las diferentes corrientes migratorias, devino en esto que hoy somos y que, como toda identidad, es imposible de definir.
Si es cierto que la Argentina desde sus orígenes, se configuró con los restos de Europa; va siendo hora de asumir nuestro destino de salpicón con orgullo e hidalguía.
Después de todo el salpicón, como el revuelto gramajo, son inventos argentinos.
Notas y referencias:
(1) 2005-2007 c, Barbieri Rusca, Aldo, “Hoy salpicón”, El barrio Villa Pueyrredón, sección “Reflexiones desde un bodegón”.

OPIO. Honduras 4415


Por Mario Sorsaburu
(Publicado inicialmente en “Buena Morfa Social Club”,
Grupo Privado de la red social Facebook,
el 18 de mayo de 2017) (1)
Dicho así, fuera del contexto histórico, es solo una palabra que puede remitirnos a estar en un lugar, con alguien, o en un momento aburrido y también a un exótico complejo de drogas, que nos suena lejano y tardío.

 Las imágenes pertenecen Mario Sorsaburu

Puesto en el contexto de un restaurante en Capital Federal, y del menú con sus variantes que ofrece Tatu Rizzi en su lugar, de manera muy eficiente y lograda, que involucra a una docena de países; diré que el nombre del lugar es sorprendentemente acertado en cuanto vemos un par de cosas histórico-geográficas muy por arriba.

A principios del siglo III de nuestra era, ya China tenía grandes y extensos cultivos de té, especialmente en la provincia de Yunnan, que siguen hasta hoy.

Las poblaciones de la zona tibetana y hasta las fronteras con Nepal y Pakistán, vivían en plena montaña con fríos descomunales la mitad del año. Esas poblaciones carecían de verduras y frutas, comían poco de ganado bovino y cordero, pero su animal estrella era el Yak, del que tomaban su leche, hacían la manteca salada, carne y cuero, también aunque con variantes, como hoy.

La digestión y el metabolismo eran muy difíciles, complicado para la salud, de manera que descubrieron que todo eso cambiaba maravillosamente tomando té, mucho, y también que cortado con leche de Yak era muy digerible; Como hasta hoy.

El té se hizo imprescindible y era caro.

Toda esa zona circundante al Tibet era conocida por sus excelentes caballos, entre los mejores del mundo.

Los chinos, el Estado chino, compraban caballos por centenares a poblaciones de fronteras difusas entre El Tibet, Nepal y La India, que pagaban con monedas de bronce, cobre y hierro. Con el tiempo descubrieron que esas ciudades fundían las monedas para hacer armas, lo que podría ser complicado para las autoridades centrales en sus esfuerzos de dominación, un peligro real a su poder, como hoy. De manera que prohibieron comprar caballos con metálico, de ahí surgió el intercambio de Té por caballos y se instaló lo que dio en llamarse ¨La ruta del té y los caballos¨ que como la ruta de la seda, del Marfil, de las especias, tuvieron sus particularidades, tal como la ruta del Opio.

Cuando a la Compañía Británica de Las Indias con fines geopolíticos, como hoy, comenzaron a cambiar Té Chino por Opio, las complicaciones multiplicaron los conflictos que luego llevaría a las dos guerras del Opio a mediados del siglo XIX.

El opio involucró todas esas mismas zonas que las del té de los primeros siglos hasta hoy, también la de la seda, la de las especias, y se extendió más allá, recorriendo las zonas que se caracterizaron por determinados productos: comidas, especias, técnicas de cocción, como en China, Vietnam, Tailandia, India, Nepal, Pakistán, etc.; que muy adecuadamente nos ofrece el restaurante en sus recetas que disfrutamos anoche con Ariel Kalikies y Pancho Ramos.

Como vemos la elección del nombre es extraordinario, tal como lo veo yo.

Con Ariel pedimos un par de Negronis, que estaban muy bien preparados, Pancho una cerveza tirada que también tenía buena “Pinta”.

Pedimos unos Bun, típicos panes chinos al vapor, rellenos con hongos y con langostinos que estaba muy bien, aunque hubo una pequeña discrepancia entre qué es Bun y qué Banh, los típicos tentempié vietnamitas, que tienen en su ADN la baguette de Francia. Un ¨sandwichito, bah. Que no nos interesaban anoche.
Pedimos además un par de raciones de mis preferidos Wantón de cerdo, que estaban perfectos con su correspondiente salsa espesa para mojarlos antes de engullir de una vez y sentir el deleite de esa masa y rellenos que me remontan al cielo despejado de China, cuando anduve por allí, y comí hasta saciar el deseo del maravilloso manjar.

Dos vueltas del preferido de Ariel, Shrimp cakes de langostinos, que fueron perfectos, sin detalle que nuble nada para que encantaran nuestras papilas gustativas.

Y un Curry rojo con leche de coco y langostinos, en que la leche de coco se notaba apenas, y hubiera sido, para mi gusto, necesaria un poco más, en conjunto rico y con punch, ya que lo pedimos picante, como debe ser. Llamó la atención que el arroz estuviera integrado en la misma cazuela debajo del preparado. Todo lo fuimos acompañando con un vino rosado en botella de medio litro, que a Ariel le había encantado en anteriores visitas y que para mí resultó demasiado liviano frente a platos que a mi criterio deben ir con un Sauvignon Blanc de cuerpo, que pedí y acompañó perfecto. Para terminar con una buena copa de tinto, un Pinot delicado, que fue broche correcto para mi paladar. Pancho otra cerveza y Ariel un Gin tonic con un toque de pepino que le iba. Si bien no somos muy de los postres, se imponía la Mousse de maní que tenía buenos comentarios, la pedimos para compartir y realmente es del otro mundo, maravilla es poco, la textura perfecta con un crocante del mismo maní que corta la cremosidad en boca y puede estar en cualquier podio ganador. Una cena distinta, muy bien lograda.

Llegamos a las ocho en punto, fuimos los primeros, en un salón amplio a media luz, con mesas para mi gusto algo chicas, una barra con asientos bien resuelta y, como se estila en tantos lugares desde hace tiempo, una gran mesa comunitaria de asientos altos en el centro del salón para doce o quince comensales. Al rato, ya estaba casi completo, a las 21:30 hs. había gente esperando. Pensábamos en irnos para no entorpecer, cuando el mozo, sin pedirlo, trajo la cuenta, como diciendo que necesitaban la mesa, eran las 22 hs. Si bien no es lo que uno espera, de acuerdo a la vieja escuela, lo entendemos perfectamente y lo habíamos previsto para dejar el lugar a otros, no nos molesta, sabemos de esas cosas, a nosotros nos alegra que les vaya bien y haya personas esperando, la comida bien resuelta y la gentil atención lo ameritan y hace merecedores del favor de la clientela.

Es un nuevo estilo entre nosotros, que va bien especialmente para los sub cincuenta que gusten y disfruten descubriendo riquísimos y diferentes caminos que encanten al paladar. La comida, la charla y el disfrute entre amigos resultaron maravillosos. Salute.
Notas y referencias:

sábado, 25 de abril de 2020

El bar León y la bohemia judía en el barrio Sin Nombre. Recuerdos de Elisabeth Checa



Durante muchos años, pensé que la esquina León Paley era el centro histórico de la bohemia judía en el Once; pero un comentario de Ernesto Oldenburg que, a su vez, me condujo al relato de su madre, Elisabeth Checa, me permitieron enfocar bien y recuperar del pasado la vida inmarcesible del Bar León y su centralidad en mis evocaciones porteñas. Esto no le quita mérito a la familia Paley, le agrega verdad histórica a la vida del barrio Sin Nombre.
 
La imagen pertenece a Elisabeth Checa (fue tomada de su perfil de Facebook)


I La Reina del Plata
Vivo en una ciudad que aprendí a amar desde la más temprana edad. Cultura, bohemia, vida nocturna la caracterizan desde hace más de un siglo, en realidad, diría que casi dos. En ellas, el crisol de razas que hizo grande a la Reina del Plata ha disfrutado de lugares donde la vida se compartía y de otros en los que una determinada comunidad sentaba sus reales casi con exclusividad. Los ejemplos más evidentes fueron los españoles en La Avenida, los italianos en La Boca y El Abasto, los árabes en San Cristóbal y los judíos en el Once y Villa Crespo.

Las imágenes pertenecen al autor, salvo indicación en contrario.

Esos lugares, y la vida nocturna que allí se desarrollaba, se han ido perdiendo, pero la Reina no abandonó sus costumbres. Sigue siendo una de las ciudades que contiene la mayor cantidad de librerías y de teatros en todo el mundo. La vida nocturna ha desarrollado nuevos reductos como los polos gastronómicos, el arte under e ainda mais. Palermo es, tal vez uno de los más importante… y también el Abasto (gastronomía y teatro alternativo), donde los tanos fueron reemplazados por los peruanos.

En este artículo, me voy a concentrar en algunos lugares que se han perdido. Lo hago porque encontré una historia familiar que merece ser contada.

II El bar León
De él vamos a hablar porque tuvo un lugar destacado en la historia porteña. Fue una institución clave en el centro de la bohemia judía entre mediados de los años veinte y mediados de los años cincuenta del siglo XX. Se ubicaba en la vereda norte de Avenida Corrientes, cruzando la Avenida Pueyrredón hacia el Bajo, poco antes de llegar a la altura en que Castelli desemboca sobre esa Avenida.


¿Quién fue su fundador? ¿Por qué llevaba e
se nombre bastante común en la colectividad judía? Simplemente porque su fundador se llamaba Juan León Petroni. Este hombre fue, dato importante en esta historia, abuelo materno de la querida y reconocida eno-gastrónoma Elisabeth Checa. (1)

La verdad es que yo no conocí ese bar. Sí frecuenté otro, en la esquina de Bulogne sur Mer y la Avenida Corrientes a 50 metros del teatro IFT. Era reconocido como esquina León Paley en los años ochenta. Pero esa es otra historia. Sólo diré, ahora, que la homonimia me confundió cada vez que me hablaban del bar León antes de escuchar el relato de Elisabeth.


¿Quién fue Juan León Petroni? Un inmigrante suizo que decidió probar fortuna en Buenos Aires. En esa condición, fue que instaló este bar en una fecha que Elisabeth no puede precisar, tal vez en los primeros años de siglo XX. Aunque no tiene ese detalle, hay otros recuerdos y relatos familiares que ella quiere contar.

Recuerda la estructura. El bar contaba con dos espacios bien diferenciados por la función y el acceso: un salón con ciertas pretensiones de lujo (v. g., cubertería y menaje de plata) y un salón masculino donde se jugaba billar, dominó con marca (2) y ajedrez. También se jugaba a los dados, una especie de generala simultánea que exige ejercer complejas estrategias aritméticas para poder jugar. (3) La familia Petroni vivía en los altos del edificio.

La imagen pertenece a Elisabeth Checa (fue tomada de su perfil de Facebook)

Por la descripción que hizo Checa era un bar digno del barrio señorial que el Once quiso ser a fines del siglo XIX y principios del XX. Para sostener este aserto invito al lector a recorrerlo. No hay más que ver los edificios lujosos (entre modernistas y art decó) que aún se conservan en la zona… sin ir más lejos, la enorme mole que se asienta en la esquina noroeste de Corrientes y Pueyrredón, el mismo que, según la leyenda que los porteños creemos a pie juntillas, asombró al poeta Baldomero Fernández Moreno quien contó, en él, los setenta balcones y la total ausencia de flores (este edificio es de un estilo academicista francés, fue construido en 1908).

Elisabeth recuerda que, siendo niña, vivía en Castelar con sus padres, que cuando venía al Centro. Antes de volver, pasaban por el bar familiar. Allí le servían “bomba chilena”, una especie de licuado de leche con granadina. Esa bebida le producía sentimientos encontrados. Era muy desagradable para un niño, pero ella la tomaba en un sitio de irresistible atracción, la casa de la familia, sus tíos, sus primos.


Los relatos familiares cuentan que durante la revolución de 1930 el local fue atacado por los partidarios de dictador José Félix Uriburu debido a que  pensaron que Juan Léon Petroni era judío. Es verdad que se trataba de un nombre muy frecuente en la colectividad, pero él no lo era. Aunque en cierto modo… en fin, era el reducto preferido por la colectividad. De hecho se recuerda, en la familia, que era el sitio al que recurrían los judíos emigrados a partir de la persecución de los nazis en Europa para componer sus cosas en La Argentina.

Cuando Juan León Petroni falleció, sus hijos mantuvieron el establecimiento hasta mediados de los años cincuenta. Entonces, vendieron y, en el mismo solar, se construyó un edificio. Elisabeth y su hijo Ernesto atesoran algunos objetos de aquel bar familiar. Lamentablemente, no conservan una carta que nos hubiese permitido saber que se ofrecía de comer y de beber a los parroquianos, más allá de la “bomba chilena”, claro está.
III Los recuerdos de Pablo
Mi amigo Pablo Lijtztain me cuenta que, efectivamente, el bar León era el centro de la sociabilidad judía en el del Once. Un barrio que concentraba una serie de instituciones memorables en dos cuadras a la redonda de la esquina de Corrientes y Pueyrredón. (4)

La imagen pertenece a Pablo Lijztain (fue tomada de su perfil de Facebook)

Pablo recuerda que en Corrientes y Castelli estaba la redacción del Di Presse. Periódico de la comunidad judía argentina de tendencia socialista. También estaba por allí el Yidishe Zaitung, periódico de centro derecha (Pablo no recuerda donde estaba su redacción, pero sí que estaba en el Once. Afirma Jorge Schussheim que se ubicaba en Corrientes entre Uriburu y Junín). Ambos medios gráficos fueron muy importantes en la vida cultural y política de la colectividad judía en Buenos Aires. (5)

En la calle Paso, a metros de la Avenida Corrientes, hay una sinagoga importante y muy conocida. Allí profesaba el rabino Blum. Pablo lo recuerda asomado a los balcones del edificio cuando, en 1948, se declaró la Independencia del Estado de Israel (La Argentina fue el segundo país en reconocer esa independencia). Hubo otros periódicos de la colectividad que tuvieron una trayectoria importante.

También recuerda que en Corrientes y Pueyrredón había baños públicos. Las familias humildes vivían en conventillos con baños compartidos que no contaban con duchas y bañeras. En esas instalaciones, los varones se podían bañar por 1 peso. Esos baños eran utilizados por la colectividad, especialmente los viernes por la tarde, para dar comienzo a la celebración del Sabbath.


En esa misma distancia había otras instituciones muy importantes como el teatro IFT (Idischer Folks Teater) que sigue existiendo, (6) y el bar Comercial de Corrientes y Boulogne sur Mer que después fuera la esquina León Paley… y un poco más allá de las dos cuadras, la sede de la AMIA y el teatro SHA (propiedad de Sociedad Hebraica Argentina)…

…y tantas cosas más que Pablo recuerda con cariño, como el aroma de las rotiserías judías. Él mismo me invitó a recorrerlas, leyendo el maravilloso texto de Jorge Schussheim denominado “Los perfumistas del Once” (aquí mismo lo recomiendo al lector, es imperdible). (7)


Sus recuerdos evocan también la trascendencia del bar León como centro de sociabilidad de la colectividad, una especie de pulpería urbana, de almacén de barrio con despacho de bebidas en el Centro de la ciudad. En su infancia, Pablo vivía con su familia en Agüero y Corrientes. Los domingos al mediodía, su madre lo enviaba a buscar a su padre al bar León con el mensaje de que la comida ya estaba lista.
IV El Once, un barrio sin nombre
Sabemos que los límites entre los barrios de la ciudad son el resultado de una convención arbitraria que careció de sentido práctico hasta la sanción de la Ley N° 1777 (en 2005) que organiza las Comunas, es decir el poder descentralizado de la ciudad, agrupando barrios ya consagrados por el dispositivo legal de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. La mencionada ley utiliza el diseño de los barrios aprobados por la Ordenanza Municipal N° 26.607 de 1972; que corrige una Ordenanza de 1968.

En esa arbitrariedad desaparecen barrios que los vecinos reconocen como tales. En algunos casos, esa desaparición es intrascendente. Yo me crié en el barrio de Nueva Chicago; pero la pertenencia al barrio de Mataderos que es más amplio, ni nos incomoda ni nos resta identidad.


Pero hay otros casos en los que no ocurre lo mism
o. El Once, es una identidad social y cultural claramente diferenciada del resto del barrio de Balvanera al que pertenece. Aunque creo que es muy difícil establecer el límite entre los dos barrios, me parece una injusticia que el Once no tenga su nombre estampado entre los barrios oficialmente reconocidos en la Ciudad.

Ignoro las razones por las cuales las cosas son como son en la materia. Tengo algunas sospechas, no tengo fundamentos para sostenerlas… de todos modos, para los vecinos de la Ciudad, el Once existe.
Notas y referencias:
(1) La historia familiar de Juan León Petroni me la contó Elisabeth Checa por teléfono Elisabeth también tuvo la amabilidad de corregir el borrador de este artículo (junio de 2019).

(2) Se trataba de un truco eficaz para indicar a su compañero qué número era favorable colocar para ganar la partida. Se apoyaba la ficha sobre la mesa, haciendo énfasis con los dedos en el número elegido. Claro está que, rápidamente la marca pasó a desempeñar un sentido ritual, debido a que perdió eficacia en el juego porque todos conocían la seña.

(3) Se jugaban digamos cinco generalas a la vez y cada jugador iba anotando el resultado en la columna que más le convenía, de manera de concentrar los mejores puntajes en las primeras columnas.

(4) Las referencias al barrio que hizo Pablo Lijtztain, me las refirió en una charla personal. También tuvo la amabilidad de corregir el borrador de estas notas.

(5) 2019, de Pablo Lijtztain a Mario Aiscurri, correo-e del 1° de julio.

(6) El teatro IFT fue creado por la ICUF (Federación de Entidades Culturales Judías) a principios de los años treinta del siglo XX (el edificio actual fue construido en los años cincuenta del mismo siglo). 2019, ídem y http://www.sintesiscomuna3.com.ar/amplia-nota.php?id_n=145, leído el 3 de julio de 2019.


sábado, 18 de abril de 2020

La empanada en la Historia


Por Horacio Licera
El sustantivo empanada deviene del verbo empanar es decir colocar algo entre medio de un pan o masa de pan. Las referencias más antiguas a un alimento de estas características remiten al Doner Kebab turco que era básicamente un pan con un tajo en medio al que se le introducían verduras asadas y carne como en un bolsillo. Este tipo de alimento era muy común entre cazadores, pastores o labradores que tenían que comer a la intemperie. El Doner Kebab sobrevive en aquel formato y utilizando el pan de pita o pan árabe relleno de verduras y carne o también como una tortilla de maíz que rodea el relleno como los tacos mejicanos, que de hecho es su culinario descendiente.
La imagen pertenece al autor 

El envolver ingredientes dulces o salados con masa cruda, para después hornearla o freírla, ya la cita Aristófanes en el siglo quinto antes de Cristo. Habla de golosinas, refiriéndose a pequeños pasteles rellenos de fruta. En el Mediterráneo antiguo, los romanos, griegos y fenicios tenían pasteles de masa filho (hojaldre) en sus tradiciones culinarias.
El imperio otomano a fines del siglo XIII se encargó de desperdigar sus pasteles rellenos como los börek, sfihas y fatayer (fatay) y dejar testimonio de estos en lo que hoy es Europa del este, Medio oriente y el norte de África.
Estas especialidades culinarias entraron mucho antes (siglo VIII) en la península Ibérica con el conquistador bereber Tarik, quien dirigiera la invasión musulmana y llevó, junto con los caballos árabes, su cultura y sus comidas, a España, a Al-Andaluz, que luego sería Málaga, Granada, Córdoba y Toledo.
La Börek (boreca o bureca) Se elaboraba con una masa llamada yufka (masa filo) y se rellenaba con queso blanco, carne picada o verduras y a todas luces es el antecesor más directo de la empanada que de Granada pasó a Galicia y de allí su denominación actual “empanada gallega”. Tal fue su popularidad que el escultor gallego Maestro Mateo la dejó plasmada, en el siglo XII, en el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela. Como lo muestra la escultura esta especialidad era circular de 30cm de diámetro aproximadamente.
La imagen pertenece a El Recopilador de sabores

De la conquista española heredamos no solo la empanada gallega sino el nombre “empanada” que nosotros utilizamos como denominación genérica, incluso para definir los pasteles más pequeños que los españoles llamaban empanadillas.
En Argentina
Con el tiempo la empanada de carne, versión criolla de las empanadillas opacó a la empanada gallega y se transformó en una comida nacional al punto de reclamar el estatus de patrimonio intangible de la cocina nacional. El formato de media luna de la empanada y su cierre (repulgue) no tiene registros claros pero lo cierto es que aparte de España, en Europa y Asia existen varios pasteles con este formato: Chiburekki (Asia central, Rusia, Ucrania, Rumania, Acerbayán), Fleischkuekle (Alemania), Kalisounia (Grecia) y el Cornish Pasty de Reino Unido que es idéntica a nuestra empanada incluso en el repulgue y con las primeras referencias en el año 1300 y en un censo agrícola en 1808, donde era popular como comida para los niños que trabajaban en las minas.

sábado, 11 de abril de 2020

Los indios y el consumo de carne de yegua (c 1880)


José Luis Busaniche fue un notable historiador argentino. Nació en Santa Fe de la Veracruz, capital de la Provincia de Santa Fe, en 1892 y falleció en San Isidro, Provincia de Buenos Aires, en 1959. Sus obras más importantes están relacionadas con los bloqueos franco – británicos de 1838 y 1843, el papel que jugó la Provincia de Santa Fe en esas circunstancias, el Gobierno de Juan Manuel de Rosas y la construcción del federalismo argentino. En 1938 publica un libro de lecturas históricas argentinas que reedita en 1959 con el título de Estampas del Pasado. (1) Este libro ha servido de inspiración para la sección “Rescoldos del Pasado” de El Recopilador He rescatado varios textos de la colección, reproduciendo las prolijas referencias de Busaniche.
La imagen pertenece al autor
Robert Bontine Cunninghame Ghaham fue un escritor, aventurero, político y viajero escocés. Nació en Londres en 1852. En 1868 arribó al Río de la Plata. Recorrió las provincias argentinas de Buenos Aires y Entre Ríos, la República Oriental, el sur del Brasil, la República del Paraguay y otros países de América. En 1886, ingresó en el Parlamento británico, siendo el primer diputado socialista inglés. Escribió sobre temas argentinos, entre otros. En 1869 trabó amistad con Guillermo Hudson, naturalista y escritor de habla inglesa, nacido en La Argentina. Falleció en Buenos Aires en 1936 a donde había llegado por viaje de placer. En 1914, se publicó la traducción castellana de El Río de la Plata, del cual se tomaron los fragmentos que se transcriben.
En ellos, se describen el concepto de “tierra adentro” y algunas costumbres alimentarias de los indios que la habitan, subrayando la preferencia que tenían por la carne de caballo que ingerían cruda o casi cruda. Si bien el texto fue escrito y publicado muchos años después, las experiencias personales que relata pueden ubicarse temporalmente a horcajadas de la denominada conquista del desierto. A su vez, los hechos vinculados con Baigorria y los hermanos Saa son muy anteriores, habían abandonado las tolderías durante el gobierno del General Urquiza (1853-1859).
Los indios de tierra adentro
consumían carne de yegua
“De Río Quinto partía una cadena de fuertes al norte y al sur, que se decía debían mantener a los indios a raya; en realidad no sucedía tal cosa; ellos se daban sus trazas de escurrirse y saquear a gusto. El territorio misterioso desconocido con el nombre de Tierra Adentro comenzaba en las Salinas Grandes y llegaba hasta los mismos Andes, por entre cuyas quiebras o pasos y con la ayuda de sus parientes de raza, los araucanos, los indios disponían del ganado y de las yeguas que no querían vender o cambiar por arreos de plata para cabalgar, que los gauchos llaman Chafalonía Pampa, muy apreciada por ser de metal sin liga.
”/…/.
“/…/. La Tierra Adentro, les servía de refugio seguro a los más díscolos de entre los gauchos badilleros (SIC); /…/.
”/…/.
”Lo grave de Tierra Adentro, era que también le daba asilo a los jefes revolucionarios. Los hermanos Saa y el coronel Baigorria tenían una especie de mando que duró muchos años, bajo el gran cacique Painé; allá se les juntaban todos los hombres descontentos y fracasados, con quienes ellos formaban una especie de escuadrones volantes que recorrían las fronteras con los indios, tan feroces y salvajes como ellos.
”/…/.
”/…/. Los indios de los Toldos de la Pampas, con excepción de un culto superficial al sol –a quien la humanidad siempre ha prestado, por lo menos, tanta atención como al principio del Bien–, no conservaban huella alguna de viejas tradiciones.
”Vivían casi lo mismo que los gauchos, con la sola diferencia de que cultivaban el maíz en pequeña escala, y comían carne de yegua en vez de vaca. /.../.
”/…/.
”En las tolderías, en los festejos, después de un malón afortunado, o del saqueo de alguna estancia, era de verse la increíble cantidad de carne de yegua que cada indio devoraba. Aquello era un fenómeno. Muchos de entre ellos, apenas la cocían y sólo la chamuscaban al fuego; otros se la comían cruda, bebiendo la sangre como si fuera leche; como la caña nunca faltaba en los Toldos, cuando se emborrachaban, todos manchados de sangre, ocurría pensar si en la cadena que une al hombre con el orangután habría algún eslabón que los hiciera del mismo linaje.
”Su bocado favorito era la parte gorda del cuello de un potrillo, que se comían cruda; en una ocasión tuve que gustar del jugoso manjar por respeto a la etiqueta: me lo metió literalmente por las narices, un guerrero joven, gritando a voz en cuello:
”–Huinca ser bueno.
”El efecto dura todavía. No puedo mirar un pedazo de gordo en un plato de sopa de tortuga sin que se me revuelvan el estómago y la memoria.
”Pues bien: hoy ya los Toldos, los de la orilla de los bosques de manzanos en los Andes, los alzados entre las Salinas Grandes y el Lago Argentino, todos han desparecido.” (2)
Notas y Bibliografía: 
(1) 1959, Busaniche, José Luis, Estampas del pasado, lecturas de historia argentina, Tomo II, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.
(2) 1914, Cunningham Graham, R, El Río de la Plata, en Busaniche, José Luis, Op. Cit., Tomo II pp. 162-165.


Los indios patagónicos y el consumo de carne de puma (1869)


José Luis Busaniche fue un notable historiador argentino. Nació en Santa Fe de la Veracruz, capital de la Provincia de Santa Fe, en 1892 y falleció en San Isidro, Provincia de Buenos Aires, en 1959. Sus obras más importantes están relacionadas con los bloqueos franco – británicos de 1838 y 1843, el papel que jugó la Provincia de Santa Fe en esas circunstancias, el Gobierno de Juan Manuel de Rosas y la construcción del federalismo argentino. En 1938 publica un libro de lecturas históricas argentinas que reedita en 1959 con el título de Estampas del Pasado. (1) Este libro ha servido de inspiración para la sección “Rescoldos del Pasado” de El Recopilador He rescatado varios textos de la colección, reproduciendo las prolijas referencias de Busaniche.
George Ch. Musters. Viajero inglés. Llegó a la Patagonia desde Malvinas, realizó una larga excursión y escribió el libro Vida entre los Patagones. Hay una edición en castellano publicada por la Universidad Nacional de La Plata en 1911. El fragmento describe las características de los pumas del “norte” patagónico y el aprovechamiento de su carne y cuero. El lector avisado notará que no considera a la Patagonia como parte de La Argentina.
Los indios patagónicos y el consumo de carne de puma
“En las colinas del norte hay pumas en abundancia; algunos de los que matamos en nuestras cacerías eran de tamaño extraordinario, pues medían seis pies cabales sin contar la cola, que, por lo general, tiene la mitad del tamaño del cuerpo. Naturalmente, estos animales son más numerosos donde abundan las manadas de guanacos y los avestruces; en la región sur de la Patagonia tienen color gris oscuro más acentuado que el de la especie que se encuentra en las provincias argentinas. /…/. La carne de puma se parece a la del puerco, y es buena para comer, aunque es mejor cocerla que asarla, pero más de un indio conocido mío no quería ni tocarla. La piel es útil para mandiles o para hacer mantas con ella, y, a causa de su naturaleza grasienta, se la puede ablandar con menos trabajo que la de guanaco. En Santa Cruz, uno de los hombres tenía un par de pantalones hechos de piel de león (se refiere al puma, animal del que está hablando) que, usados con el pelo para afuera, eran impermeables. Del corvejón y de la parte inferior de las patas traseras pueden hacerse botas iguales a las que se fabrican con cuero de caballo y que usan corrientemente los indios y también los gauchos del Plata. Pero sólo se hacen cuando el puma es de gran tamaño, porque se gastan muy rápidamente. /…/.” (2)
Notas y Bibliografía: 
(1) 1959, Busaniche, José Luis, Estampas del pasado, lecturas de historia argentina, Tomo II, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.
(2) Busaniche, José Luis, Op. Cit., Tomo II pp. 160-162.

sábado, 28 de marzo de 2020

La receta de chipa guasu de Margarita Miró Ibars (revisión)


I Reseña previa
He publicado una receta de chipá guazú, (1) basándome en un par de recetas argentinas y en los conocimientos, no menores por cierto, de la cocinera misionera Patricia Zacarías. Lo hice en el contexto de un relevamiento de la cocina del Área Guaraní en las provincias argentinas. Tenía la vocación de difundir esa tradición culinaria que no nos es ajena, pero que es absolutamente desconocida, cuando no ninguneada, en la ciudad de Buenos Aires.
 Las imágenes pertenecen al autor y a su biblioteca

Tuve la fortuna de encontrar de entrada un recetario denominado Sabores con sapucay, publicado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación hace ya algunos años (c 2010). (2) Ese recetario es una recopilación de platos que cocinan personas particulares en distintas localidades de la región. A su vez, conté con las recetas de la cocinera mencionada quien rescató varias fórmulas de cocina tradicional de su provincia y las publicó en su propio blog. (3) Sus recetas vienen siempre acompañadas de comentarios que dan color etnográfico a cada plato y explicaciones técnicas precisas que facilitan nuestro conocimiento.
Descubrí, rápidamente, que no estaba solo en el camino de mis búsquedas, que había otros cocineros misioneros, además de Patricia, que trabajan en la difusión de la cocina de su terruño, entre ellos quiero destacar a Gunther Moros y Ramiro Solís. El primero desarrolla su tarea profesional en la Provincia de Misiones, el segundo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Ya había avanzado yo en la publicación de los textos, cuando otra cocinera profesional comenzó a rescatar, con paciencia y sabiduría, recetas populares de la cocina del Área Guaraní en la Provincia de Corrientes. Se trata de la prestigiosa Patricia Courtois, porteña de nacimiento, pero con intensas experiencias de trabajo en el interior del país y en el extranjero.
Patricia llevó a cabo un importante proyecto gastronómico en la hostería Rincón del Socorro en los Esteros del Iberá. Su misión, cuando comenzó con la tarea allí, era actualizar y dar relevancia a la carta del restaurante; pero, su vocación de recopiladora y maestra, provocó un milagro. Mientras enseñaba a las cocineras locales las técnicas imprescindibles para llevar la cocina del establecimiento a la mayor calidad, aprendió de ellas recetas ancestrales.
Muchas de estas recetas están registradas en su libro Viaje al sabor, de reciente aparición. (4) La de chipá guazú se encuentra entre las rescatadas y publicadas por esta cocinera argentina. Sin embargo, no es la más importante para ella. La que tuvo el lugar más destacado en su vida fue la de chipa so’o, con la que se lució ganando el Prix Barón B Cuisine, en su primera edición de 2018.
Todo esto resulta de mucho interés para rescatar y difundir en Buenos Aires esta tradición culinaria de gran valor. Sin embargo, es imprescindible tener otra mirada. Siempre intuí que el centro dinámico de esta cocina se encontraba en la República del Paraguay. Pero me faltaban elementos para poner en relieve el hecho. Cuando estaba terminando de producir los artículos (en 2017), mi amiga Adriana De Caria me regaló el libro Karu Reko cuya autora es la antropóloga paraguaya Margarita Miró Ibars. (5) Ese libro no sólo comenzó a llenar la falencia técnica de que adolecía, me introdujo también en el plano espiritual de la cocina guaraní.


Publiqué mis artículos en 2018. Durante el proceso de publicación, el gran cocinero e historiador paraguayo Vidal Domínguez Díaz formuló algunos cuestionamientos a mis escritos. Simultáneamente, anunció la publicación de su libro sobre la historia de la cocina paraguaya (Orígenes de la gastronomía paraguaya). Muchos de sus argumentos me resultaron enriquecedores. Debatí con Vidal en redes sociales e incorporé sus dichos, los que me parecieron compartibles con mis ideas, claro está, en otro artículo de revisión de El Recopilador de sabores. (6) Aún tengo pendiente leer su libro al que no he podido acceder aún.
Ahora, luego de estas aclaraciones, los invito a ir al grano maduro y tierno de unos buenos choclos.
II El chipá guazú publicada en El Recopilador de sabores
El contexto que elegí para describir la receta en mi artículo anterior consistía en comparar el chipá guazú con el pastel de choclos del Noroeste Argentino. Es cierto que las recetas tienen similitudes que las acercan. Es cierto también que los pueblos originarios del Litoral Argentino cultivaban productos que los acercaban a los del Noroeste desde antes de la llegada de los españoles. Es cierto finalmente que hay otros platos compartidos que son representativos de ambas regiones, el locro, por ejemplo, donde las diferencias resultan sutiles. (7)
En una palabra, es cierto que había vínculos e intercambios entre ambas regiones de nuestro país en el período prehispánico; pero también lo es que cada tradición culinaria tiene un contexto íntimo que es diferente. Aún desconozco el de las costumbres alimentarias de Tiwantisuyo y de las culturas anteriores de nuestro Noroeste; pero con la ayuda de Margarita Miró Ibars, comenzaré a comprender el contexto espiritual y cultural en el que se desarrolló la cocina del Área Guaraní.
Antes de continuar un párrafo para las correcciones lingüísticas. La morfología de la expresión chipá guazú, en la Provincia de Corrientes, corresponde al género masculino y acentuación aguda. En tanto que en la Provincia de Misiones y en la República del Paraguay, se habla de la chipa guasu. En ambos casos, la traducción al castellano corresponde a la expresión “torta grande”.
III Concepto de týra
La palabra que figura en el acápite tuvo para mí el rango de una revelación. Me sirvió para entender algo de lo que se me estaba escapando. Margarita Miró Ibars define týra como “expresión utilizada para asignar a todo aquel alimento que sirve para acompañar el cocido, la leche, el café o como acompañamiento de otros platos.” (8) Es decir, que los alimentos nucleados bajo esta clase, asumen el papel que representa hoy el pan en la cocina europea o el arroz en muchas otras culturas. 
Hay tres subconjuntos de alimentos incluidos en esta clase, a saber: las chipas, los mbejú y la sopa paraguaya. El más significativo es el subconjunto de las chipas. Tiene muchas variantes y recetas (más de setenta, nos dice Miró Ibars).
Publiqué también un artículo sobre las chipas. Sostuve, en él, que la expresión que se traduce al castellano como “torta” tiene en guaraní todo el alcance que tiene en castellano. Desde panificaciones horneadas y pasteles a tortas fritas, pasando por las cocciones de pan a las brasas. (9)
La autora publica 25 recetas de chipas de maíz, de mandioca, mestizos (maíz y mandioca) o de otros cereales (v. g., arroz). A su vez publica 10 recetas de mbejú y otras 10 de sopa paraguaya.
IV La chipa guazú de doña Margarita
La receta que publiqué en el mencionado artículo lleva choclos, huevos, cebolla, grasa (uso aceite o manteca), queso criollo (uso queso quartirolo en Buenos Aires) y sal. La torta concluye con una cocción al horno. (10)
Esta es la receta recopilada por Margarita Miró Ibars. Presten atención al método de cocción.
Chipa guasu
Fuente (fecha)
Margarita Miró Ibars (2004)
Ingredientes
Choclo.
Queso.
Grasa.
Leche un poco (la cantidad depende del grado de madurez del choclo).
Sal.
Preparación
1.- Rallar y pisar el choclo.
2.- Batir la grasa con el queso y un poco de leche.
3.- Cocinar en una paila sobre una hoja de banana, dando vuelta la torta. Opción: cocinar siempre sobre hoja de banana, tapar la paila y agregar brasas sobre la tapa.
Comentarios
De Margarita Miró Ibars:
“Actualmente muchos acostumbran agregarle huevos y por lo general se cocina al horno.”
Mío:
1.- Se puede cocinar de este modo en Buenos Aires, usando un disco de arado con tapa. Las hojas de banana se pueden conseguir en algunos especímenes plantados en la Avenida General Paz de Buenos Aires. También se la puede reemplazar con papel de aluminio o papel manteca.
2.- Sigo recomendando, como lo hice en mi artículo, el uso de aceite de oliva como materia grasa.
3.- La autora no nos da proporciones de ingredientes. En mi caso particular uso, como base, las siguientes: 500 g de choclo rallado (descartando el marlo, claro está), 300 g de queso y tres huevos ó 150 g de leche.
4.- La masa debe quedar bien integrada y algo chirle (la cocción le dará la consistencia adecuada). En ese sentido, las cantidades deben variar. Adicionalmente puede que se requieran más líquidos, si los choclos se encuentran más maduros, según nos advierte la autora.
Notas y bibliografía:
(1) 2018, Asicurri, Mario, “Chipa Guazú”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 15 de octubre de 2019 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2018/07/chipa-guazu.html
(2) 2010(c), Presidencia de la Nación, Ministerio de Desarrollo Social, Sabores con sapucay, Gamarra, María Liliana, Proyecto Recetarios Regionales, leído el 15 de octubre de 2019 en https://www.desarrollosocial.gob.ar/biblioteca/sabores-con-sapucay/.
(3) Zacarías, Patricia; Patricia Zacaría MChef Recetas y lecturas, leído el 15 de octubre de 2019 en https://patriciazacariasmchef.blogspot.com/?m=0.
(4) 2019, Courtois, Patricia, Viaje al sabor, Buenos Aires, Planeta.
(5) 2004, Miró Ibars, Margarita, Karu reko, antropología culinaria paraguaya, Asunción, edición al cuidado de la autora.
(6) 2019, Aiscurri, Mario, “La cocina paraguaya en el centro dinámico de la tradición culinaria del Área Guaraní – Parte II (revisión)”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 4 de enero de 2020 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2019/11/la-cocina-paraguaya-en-el-centro.html
(7) La carta de Luis Ramírez fue publicada en Madero, Eduardo, Historia del Puerto de Buenos Aires. Yo la tomé de 1959, Busaniche, José Luis, Estampas del pasado, lecturas de historia argentina, Buenos Aires, Hyspamérica, pp. 23-24. La publique en 2012, “Descripción de los indios del litoral del Paraná (1527)”, El Recopilador de sabores entrañables, leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com.ar/2012/07/descripcion-de-los-indios-en-el-litoral.html, el 13 de agosto de 2017.
(8) 2004, Miró Ibars, Margarita, Cit., pp. 128 y ss.
(9) 2018, Asicurri, Mario, “Chipas”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 15 de octubre de 2019 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2018/06/chipas.html
(10) 2018, Asicurri, Mario, “Chipa Guazú”, Cit.
(11) 2004, Miró Ibars, Margarita, Cit., pp. 131-132.