sábado, 20 de mayo de 2023

Sobre la cazuela chilena (Parte I)

Todo comenzó cuando decidí ojear el recetario que la condesa de Pardo Bazán dedicó a la antigua cocina española, publicado en 1913 y concluyó con la relectura de las memorias de Lucio V. Mansilla (1904).

Las imágenes pertenecen al autor a su biblioteca,
salvo indicación en contrario.
Imagen referencia (a) 

En el medio hubo otras cosas… y después, también.

Pero, antes de relatar mis indagaciones y hallazgos, recordemos qué es una cazuela. El Diccionario de la lengua española nos dice que la palabra designa un recipiente de cocina que es redondo y más ancho que alto (puede ser de barro o de metal) y también a los guisados de carne y verduras que se hacen en ellas. (1) Esta relación entre el recipiente y la comida que en él se prepara no es única ni original. Les recuerdo dos casos obvios: el puchero y la paella.

I Recetas americanas en el recetario de cocina española antigua de Pardo Bazán (1913)

Los invito a ir entonces por el descubrimiento de la originalidad de la “Cazuela chilena”. En un principio he visto esta receta en varias colecciones argentinas, pero sólo me llamó la atención cuando, como referí arriba, la encontré en el libro de una famosa escritora gallega, la condesa Emilia Pardo Bazán. (2)


Cuando tuve en mi poder una versión digital de este libro, hice una ojeada rápida para ver la estructura, sin pasar revista con detenimiento sobre las recetas. Sin embargo, la “Cazuela chilena” aparece casi de inmediato, a simple vista, lleva el número 10 de las 583 fórmulas que cuenta la colección. La atribución de una identidad chilena en un recetario de cocina antigua española me llamó la atención, pero dejé pendiente el asunto por algunos meses. Cuando volví a la obra, traté de verificar, en el Prólogo, si había indicaciones a esa procedencia. Efectivamente, allí se lee:

“La cocina española propiamente dicha tiene su sello, lo demuestra, entre otras cosas, su extensión y evolución en América. En Cuba, en México y en Chile abundan los platos hoy nacionales. Que revelan a las claras lo hispánico de su origen y la aplicación de los elementos ibéricos a nuevo ambiente. Algunos he incluido en este tomo.” (3)

Luego de leer esta introducción, recorrí el recetario con mayor detenimiento y me encontré con denominaciones que tienen por atributo gentilicios iberoamericanos (a la mexicana, a la cubana y a la chilena o a la americana y a la criolla). Estas recetas ascienden a más del 5% del total de las que están expuestas en la obra. De modo que esta cazuela no es una excepción.

Si bien, en este libro, la erudición no está del todo ausente, su aporte es acotado. Se limita, como lo dice en el prólogo, a señalar las piezas con autoría reconocida. De modo que no podemos saber cómo obtuvo esas recetas “americanas”. ¿Acaso las recoge porque se practicaban en España ya con esas denominaciones o por que las recibió de corresponsales americanos o porque le fueron transmitidas por connacionales que viajaron a Nuestra América? Nada dice al respecto, pero el fragmento del Prólogo transcripto arriba, nos inclina a pensar en lo primero, es decir, que estas recetas ya habían adquirido identidad nacional española cuando doña Emilia decidió incluirlas en la colección.


En este punto, es pertinente una primera comparación con Cocina Ecléctica de Juan Manuela Gorriti. Este libro, publicado en Buenos Aires en 1890, contiene recetas que le fueron enviadas a la autora desde distintos lugares de Nuestra América, e incluso desde España. Gorriti que se lamenta de no haber aprendido a cocinar, se limitó a uniformar el estilo literario de unas fórmulas recibidas por correspondencia para ser incluidas en el proyecto. La escritora argentina no deja de señalar, sobre el final de cada pieza, el nombre de la autora (o del autor, en un único caso) y el lugar de procedencia de la misiva en la que le fue enviada.

Volviendo a Pardo Bazán, digo que, de todas formas, y sólo en términos genéricos, debemos dar fe de la doble condición americana y española de las recetas que incluye en su obra con esa especificación. Presumo que, en el proceso de nacionalización de cada fórmula y, tal vez, también en la escritura, deben haber sido incorporadas algunos detalles que adaptan las recetas a las posibilidades de su ejecución en España (v. g., aunque nada tiene que ver con Nuestra América, en la receta de “Merluza a la calabresa”, sostiene que debe preparase con aceite andaluz). (4)

II Gorriti y Pardo Bazán, sana competencia culinaria de dos grandes escritoras y el registro de la cazuela chilena

La historia que relaciona los libros remonta a fines de la década de los ochenta del siglo XIX. La autora salteña se entera a través de su amigo Santiago de Estrada que la condesa gallega está escribiendo un libro de cocina. Entonces decide apurar el paso para la publicación de Cocina ecléctica. No quería que el texto de Pardo Bazán llegara antes que el de ella a las páginas de crítica literaria de La Nación, provocándole un sentimiento de frustración personal. (5)

Efectivamente, Cocina ecléctica llega a la estampa en 1890, en tanto que La cocina antigua española verá la luz recién en 1913, diez años después del fallecimiento de Juana Manuela. En fin, veamos cómo se presenta la receta que nos ocupa en ambas obras.


Doña Emilia define esta preparación como una sopa que lleva cordero (cortado en pedazos pequeños y rehogados con cebolla) a los que se agrega agua hirviendo, papas y arroz y sazona con sal, hierbabuena y orégano. En el momento de servirse, se le agregan huevos batidos. (6)

La receta que publica Gorriti es harto más compleja en ingredientes, pero no en técnica de cocción. Lleva una gallina gorda cortada en presas que se introducen directamente en una olla con verduras (papas, nabos, zanahorias y chauchas) y sus menudos, arroz y caldo. Dice la autora que lleva un “buen” caldo, de modo que no nos revela los contenidos de la sazón. Finalmente, no se agregan huevos batidos en el momento del servicio.

Esta receta la envió la señora Amelia López de Soruco desde Santiago de Chile y lleva por título un lacónico “Cazuela”. Doña Amelia afirma “Desde aquí envío al libro de mi amiga, este plato de mi cocina nacional, anhelando para él un lugarcito en ese conjunto de cosas buenas”. (7) Como yo mismo había previsto, la atribución de localía trasandina desaparece de la denominación del plato debido a que no debió parecerle necesario agregar el gentilicio, por ser una receta de práctica habitual en Chile.

Frente a las apariencias de diferencias notables entre ambas recetas, me pregunté si era posible sostener que el plato de marras es una originalidad chilena o una fórmula que el orbe hispano reconoce como tal.

III Un comentario de Lucio V. Mansilla

En medio de esta cavilación, y mientras ordenara mi búsqueda por los recetarios, encontré un comentario más que sugerente en las memorias de Lucio V. Mansilla. La obra fue publicada en 1904, pero su referencia a las comidas de su infancia nos sitúa en 1840 aproximadamente. (8)


El autor de Una excursión a los indios ranqueles realiza una pormenorizada relación de las comidas de su infancia. En un párrafo dice:

Empanadas rara vez. Eran muy pesadas. Por otra parte, para tenerlas buenas había que ir al interior. No era comida del litoral, excepto Santa Fe. Las famosas eran las cordobesas, las sanjuaninas, las tucumanas, lo mismo que la rica cazuela, por la proximidad de Chile, era mendocina.” (9)

Parece indicarnos la existencia de un guisado específico de Chile al que denomina “cazuela” a secas, es decir, del mismo modo que lo hace la señora López de Soruco.

Lamentablemente Mansilla no nos dice nada acerca de cómo era ese plato. Pero sí nos está diciendo, si es que la memoria no lo ha traicionado, que los guisados denominados cazuelas y asociados a Chile, ya eran conocidos en Buenos Aires antes de que el siglo XIX promediara.

IV Hecho en Chile (José Eyzaguirre y Juan Pablo Mellado)

Algo más arriba, les hablaba de las grandes diferencias entre las recetas que publicaron Pardo Bazán y Gorriti. Pero me gustaría ensayar una visión contraria, y pensar en qué tiene esas recetas de parecido. Estamos frente a un guisado ligeramente caldoso o a una sopa espesa que lleva algún tipo de carne (cordero y gallina, en esas recetas), verduras y arroz… y, en un caso, yema de huevo batido en el momento del servicio.


Antes de sumergirme en los recetarios argentinos quiero leer a los autores chilenos para tratar de identificar la conciencia propia que hay poseído y poseen sobre esta preparación. Tomaré dos casos, muy poco para pensar en una muestra representativa; pero lo suficientemente significativos como para que nos permitan hacernos una idea que, sumando a la receta de Amelia López de Soruco (incluida en Cocina Ecléctica) y al comentario de Mansilla, nos permiten formular una afirmación razonable sobre el particular.

El primer caso es el de José Eyzaguirre, diplomático chileno que publicó El libro del buen comer en Buenos Aires en 1946. La obra es un tratado de cocina internacional, soportada sobre una clara matriz académica de inspiración francesa. Sin embargo, y tal vez por la misma razón, contiene un sinnúmero de recetas de orígenes diversos que están clasificadas por país en un índice de platos regionales. Obviamente, la sección dedicada a los platos chilenos es profusa. Allí han sido incluidas dos recetas que reclamaron mi interés, la de “Cazuela de ave” y la de “Cazuela de vaca o cordero”. (10)

Ambas recetas responden a la descripción simplificada que hice arriba (algún tipo de carne, verduras y arroz). Ambas recetas, según el tipo de carne utilizada, conservan cierto paralelismo con las versiones de Gorriti y Pardo Bazán respectivamente. Ambas son mucho más complejas que éstas, tanto desde el punto de vista de los ingredientes como de las técnicas y procedimientos.

Referencia de la imagen (b)

Con todo, hay una cuestión que me intriga. Si bien, ninguna de las dos recibe el atributo de “chilena” en su denominación en el índice, y las dos están incluidas en el listado de recetas de Chile, ¿por qué razón la primera lleva la aclaración de esa condición de “(chilena)”, así entre paréntesis en la exposición del texto, y la segunda no? ¿Es que una es más chilena que la otra? No puedo saberlo.

Casi setenta años después, en 2014, el cocinero chileno Juan Pablo Mellado publicó Hecho en Chile, una nueva mirada sobre la cocina chilena. El libro es tan interesante como muchas opiniones que le he escuchado al autor por otros medios. El texto que fue dado a la estampa en Santiago de Chile, expone una receta de “Cazuela de ave”. Con todo, lo que me parece más interesante es un comentario que la anticipa y pone claridad acerca de las denominaciones y la composición de este plato en la larga geografía de nuestro hermano país. Dice lo siguiente:

“Cazuelas hay muchas en Chile y, al igual que el pebre, cruzan el país y cambian dependiendo del lugar y estación del año. La mezcla de una proteína (carne de vacuno, pavo, chancho o ave) con papas, zapallo y un poco de arroz se mantiene como base fundamental, y a esto se le agregan porotos verdes y choclo si es verano, o chuchoca en el invierno. Espolvorear al final cilantro recién picado es uno de los rasgos más característicos, ya que es una hierba que en otros países no se usa o se utiliza solo con preparaciones crudas.” (11)

Según el autor, lo que hace chilena a esta preparación no es su condición de cazuela, es decir, de guisado caldoso que se elabora y prepara sobre un recipiente específico; sino la condición particular de combinar ciertos ingredientes y sazones que le son propios en su país (por ejemplo, la utilización del cilantro). El texto confirma la idea que ensayé acerca de que las rectas de Pardo Bazán y Gorriti no son tan diferentes, a la vez que parece sugerirnos que el atributo local en la denominación es más una exigencia de reconocimiento extranjero que propio.

¡Ah! Un detalle, las recetas de Eyzaguirre llevan el huevo batido en el momento del servicio, pero la de Mellado no.

V En los recetarios argentinos

Luego de todo lo andado, creo que llegó el momento de formular alguna precisión, para no irnos por las ramas, de cuál es ahora el objeto de estas reflexiones. Ya no indago acerca de la chilenidad de una receta de cazuela que podamos considerar canónica tal y como se cocina en Chile, para ello es más que suficiente el texto que transcribí de Mellado. Lo que busco es ver si podemos dar con un canon similar en las fórmulas que, en nuestro país, se han dado en llamar “Cazuela chilena”. En este contexto, veamos entonces qué encontramos en los recetarios publicados en La Argentina a lo largo de más de un siglo y medio. Allí veremos que tan chilena es nuestra receta.

Recetarios del siglo XIX. Ya desde estas obras vemos la bifurcación nominal entre cazuelas y cazuelas chilenas. Por ejemplo, en la ya mencionada Cocina ecléctica se encuentra la receta que hemos analizado arriba, y que los argentinos no dudaríamos en especificar como chilena, y otra fórmula titulada “Cazuela mejicana”. (ver Parte I, nota (7)).


También leemos, en la 11° edición de La perfecta cocinera argentina (1895), una receta de “Cazuela”. Se prepara con gallina, pero la autora no le atribuye un origen trasandino. Sin embargo, aunque no lleva arroz, bien podría, o casi, pasar por tal, como veremos en otros textos. (12)

La primera receta argentina denominada “Casuela chilena” que encontré está incluida en el recetario personal de María Varela de Beccar (años ochenta del siglo XIX). (13)

La fórmula se parece más a un puchero que a una cazuela. Por un lado, en las carnes, no sólo combina vaca y gallina, sino que agrega morcilla, tocino y chorizo. En los vegetales, agrega repollo y quita el arroz de entre los ingredientes. Por el otro, menciona tres veces la palabra puchero (una en una referencia a la receta de este cocido rioplatense y dos en relación con la denominación del recipiente en que se cocina).


Diría que estamos frente a una receta de puchero mixto que la autora denomina "Casuela chilena”… ¡Ah, eso sí, agrega yemas de huevo batido en la sopera en el momento del servicio!

Es evidente que no estamos frente a la receta que buscamos, pero es notable como una dama de la alta sociedad sanisidrenese preste atención a un plato que por cierto no parece dominar.

Nota: A esta altura de sus lecturas, estimado lector, Ud. puede seguir dos caminos. Completar el recorrido por los recetarios argentinos en la Parte II o bien saltar este recorrido y dejarlo para una consulta posterior, yendo directamente a las conclusiones expuestas en la Parte III. Agrego los enlaces correspondientes.

Ir a Parte II

Ir a parte III, conclusiones

Notas y referencias:

(1) Diccionario de la lengua española, leído en https://dle.rae.es/cazuela el 1° de abril de 2023.

(2) 1913, Pardo Bazán, Condesa de, La cocina antigua española, Madrid, Compañía Ibero-Americana de publicaciones S. A. Renacimiento.

(3) Ídem, pp. V-VI.

(4) Ídem, pag. 99.

(5) 2019, Aiscurri, Mario, “Intimidades de Cocina Ecléctica (1893)”, en El Recopilador de sabores entrañables, leída el 20 de marzo de 2023 en El recopilador de sabores entrañables: Intimidades de Cocina Ecléctica (1893).    
2020, Aiscurri, Mario, “Íntimas, Juana Manuela Gorriti y su Cocina Ecléctica”, en El Recopilador de sabores entrañables, leída el 20 de marzo de 2023 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2020/02/intimas-juana-manuela-gorriti-y-su.html.

(6) 1913, Pardo Bazán, Condesa de, Op. Cit., pp. 10-11.

(7) 1890, Gorriti, Juana Manuela, Cocina ecléctica, Buenos Aires, Félix Lajouane Editor (Librairie Générale), 1890.

(8) Los fragmentos referidos a las comidas de su infancia los tomé de 1904, Mansilla, Lucio V., Mis memorias, sin referencias específicas en 1959, Busaniche, José Luis, Estampas del pasado, lecturas de historia argentina, res, Hyspamérica, 1986.
Publiqué estos fragmentos en 2019, Aiscurri, Mario, “Lucio V. Mansilla: las comidas de la infancia en Buenos Aires de 1840”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 29 de marzo de 2023 en El recopilador de sabores entrañables: Lucio V. Mansilla: las comidas de la infancia en Buenos Aires de 1840

(9) 1904, Mansilla, Lucio V., Op. Cit., Tomo II, pp. 111-114.

(10) 1946, Eyzaguirre, José, El libro del buen comer, Buenos Aires, Editorial Saber Vivir, 1946, 2° edición, pag. 146.

(11) 2014, Mellado, Juan Pablo, Hecho en Chile, una nueva mirada sobre la cocina chilena, Santiago, Editorial Planeta Chilena S. A, pag. 44.

(12) 1895, Benavento, Teófila, La perfecta cocinera argentina, Buenos Aires, duodécima edición reproducida en 2020, 1895, Benavento, Teófila, La perfecta cocinera argentina. Reedición histórica: el primer libro de cocina argentina publicado en 1888, Buenos Aires, Tusquets Editores, pag. 66.

(13) 2018, Fugardo, Marcela, Un recetario familiar rioplatense. Cuaderno de recetas de María Varela. Patrimonio inmaterial de San Isidro, Buenos Aires, Maizal ediciones (el cuaderno es un manuscrito escrito alrededor de 1880), pag. 124.

(a) Leído el 20 de mayo de 2023 en https://www.waldhuter.com.ar/Papel/9788490012031/La+Cocina+Espa%C3%B1ola+Antig%C3%BCa

(b) Leído el 20 de mayo de 2023 en https://www.cucinare.tv/2021/04/29/feminista-noble-y-cocinera-breve-perfil-de-emilia-pardo-bazan-la-condesa-que-fue-vanguardia-de-la-gastronomia-espanola/


sábado, 13 de mayo de 2023

Los colectivos porteños

Los invito a asistir a mi charla sobre los colectivos porteños que se llevará a cabo el viernes 19 de mayo a las 19:30 hs en la sede del Centro Riojano Español de Buenos Aires (Av. Belgrano 952, CABA).

Entrada libre y gratuita (se requiere reserva previa).

Esta volante ofrece toda la información:





sábado, 6 de mayo de 2023

Los excelentes productos de umbú desarrollados por COOPERCUC

Por Guillermo Gómez

Hablé con la comunicadora Priscilla Souza y el técnico en alimentos y cervecero Emanuel Messias, ambos pertenecen a la cooperativa Coopercuc que integra los municipios de Canudos, Uauá y Curaça.

Las imágenes pertenecen a Guillermo Gómez

El año 2004 debe estar registrado como uno de esos años donde se revolucionó la gastronomía brasileña. Fue en aquel año cuando 24 mujeres y 20 hombres con una gran conciencia social decidieron aprovechar el fruto de una planta silvestre sud-americana, desperdiciada por la cultura occidental. Así crearon jaleas y cervezas brasileñas utilizando una fruta nativa, el umbú.

COOPERCUC

COOPERCUC ha venido invirtiendo en procesos de autogestión y gestión cooperativa. COOPERCUC trabaja especialmente con productos derivados de la extracción de plantas nativas del Bioma Caatinga de las frutas umbú y maracuyá. La producción respeta los ejes social, ambiental, cultural y económico convirtiéndose en productos únicos y emblemáticos de Brasil. Como estrategia comercial para llegar a nuevos mercados, ingresó al proceso de certificación orgánica en 2006.


Actualmente, COOPERCUC es reconocida a nivel nacional e internacional por su presencia en los más variados mercados, tomando productos del Bioma Caatinga y garantizando condiciones más dignas en la región semiárida de Bahía, Brasil.

El árbol Umbuzerio

El umbuzeiro es un árbol pequeño (de hasta seis metros de altura) perteneciente a la familia de las anacardiáceas, de copa ancha (hasta quince metros de ancho), originario en las mesetas semiáridas del Nordeste brasileño, que se destaca por brindar sombra y protección en el desierto. Dada la importancia de sus raíces, el escritor brasileño Euclides da Cunha lo llamó el "árbol sagrado del Sertão". El umbú conserva agua en su raíz, pudiendo almacenar hasta mil litros en sus raíces. El árbol umbú vive un promedio de 100 años y es considerado un símbolo cultural de resistencia.


Como la mayoría de las plantas de la Caatinga, el umbuzeiro es muy resistente a la falta de lluvias, por lo que pierde todas sus hojas durante los períodos de sequía, pero que, sin embargo, vuelven a florecer con las primeras lluvias.


Así, la floración de esta planta ocurre al final de la estación seca y su período de fructificación se extiende a lo largo de la estación lluviosa. Su fruto se conoce como umbú y tiene una gran importancia económica, ya que se comercializan ampliamente in natura. Sus hojas y raíces también pueden utilizarse como alimento y, además, el agua almacenada en estas últimas se utiliza en la medicina popular. Además de su importancia económica, tiene un gran valor ecológico, proporcionando recursos florales como néctar y polen, así como un sitio de anidación para algunas abejas.

Las acciones de COOPERCUC

A partir de proyectos de procesamiento de umbú de COOPERCUC en mini-fábricas en el interior de Bahía, esta fruta se volvió importante en la generación de ingresos y la organización de las comunidades rurales de esa región. Sus hojas, de gran valor nutritivo, de sabor "agrio", también son utilizadas como alimento por los humanos. Su fruto es muy apreciado y consumido tanto por el hombre como por la fauna silvestre, teniendo el corazón cubierto por una pulpa suculenta y, en la superficie, por una película verdosa, tendiendo, a medida que madura, a un color amarillo. El umbú tiene, en promedio, de tres a cuatro centímetros de diámetro, es muy rico en vitamina C y tiene un característico sabor agrio. El umbú, además de consumirse crudo, se utiliza en preparaciones culinarias, como helados, jaleas, dulces y la umbuzada, un manjar preparado con leche y azúcar, muy apreciado en el noreste de Brasil.

Slow Food

La cooperativa tuvo el apoyo de Slow Food, que es una organización global de base, fundada en 1989 para prevenir la desaparición de las culturas y tradiciones alimentarias locales, contrarrestar el aumento de la vida rápida y combatir el interés cada vez menor de las personas en los alimentos que comen, de dónde provienen y cómo nuestras elecciones alimentarias afectan al mundo que nos rodea.


Desde sus inicios, Slow Food se ha convertido en un movimiento global que involucra a millones de personas en más de 160 países, trabajando para garantizar que todos tengan acceso a alimentos buenos, limpios y justos.

Slow Food cree que la comida está ligada a muchos otros aspectos de la vida, incluyendo la cultura, la política, la agricultura y el medio ambiente. Su filosofía enseña que a través de nuestras elecciones de alimentos, podemos influir colectivamente en cómo se cultivan, producen y distribuyen los alimentos, para así cambiar el mundo como resultado.


Como decía San Francisco de Asís: Empieza por hacer lo necesario, luego haz lo posible y de pronto estarás logrando lo imposible.


sábado, 22 de abril de 2023

El prittyáu, ¿es una trampa?

Al Padre Carlos Bustos, fraile franciscano, en el recuerdo
A Elisa de Nucha Belgrano R (Superí y Avenida de los Incas)
A Roberto Colmenarejo, sumiller de notable

La ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía, La Docta, tiene un universo de gustos populares que los porteños apenas si entrevemos. Del mismo modo, seguramente, los cordobeses desconocen los nuestros. Los tiempos en que la revista Hortensia nos abría una ventanita que servía como cadena de transmisión de esas maravillas de la cultura popular, parecen estar un poco lejanos.

Las imágenes pertenecen al autor, salvo indicación en contrario

Con todo, de tanto en tanto aparecen algunas cositas. Por ejemplo, casi insensiblemente, los porteños empezamos a llamar “crioyos” a nuestros “libritos” o, de pronto, se nos impone el consumo de fernet con cola para celebrar reuniones con amigos y no como cura algún malestar estomacal (efectivamente, esa era la razón por la que se bebía este cóctel en Buenos Aires hace ya unos cuantos años). (1)

Siempre que se ofrece la oportunidad de contar con una ventanita abierta, es el momento en que este recopilador pregunta y escucha… entonces aparece alguna joyita.

Pusieron una sucursal de Nucha en la esquina de casa (en el límite entre Colegiales y Belgrano R). Los productos son buenos y la atención mejor. En una oportunidad, nos recibió una joven simpática y agradable, luego supe que se llama Elisa. A poco de hablar detecté en ella un leve tono que me pareció cordobés. Como hago siempre, dije “Ud. no es porteña”… “No, soy cordobesa”.

Nucha Belgrano R (referencia de la imagen en (a))

Entonces me puse a hacer bromas con el deseo de comer crioios con salame de ‘Ncaaativo. “Sí, me dijo, y de tomar un prittyáu… pero en Buenos Aires no encuentro cómo”.

I El padre Carlos, sacerdote tachero que compartía la mesa del bar con los muchachos del barrio

¿Qué es un prittyáu? Pregunté. Simplemente, es una mezcla de vino Toro tinto con Pritty de limón (2) fue la respuesta sencilla y contundente. Entonces me acordé de las trampas que tomábamos cuando éramos muy jóvenes en Villa Lugano y del querido padre Carlos Bustos. Le conté la anécdota y Elisa se emocionó visiblemente. Ahora la comparto con ustedes.

En los primeros años de la década del setenta, yo frecuentaba a un grupo de amigos con los que compartía afinidades culturales y políticas. Era un grupo de jóvenes que rondábamos los veinte años, a los que se sumaba un señor mayor, el padre Carlos (en realidad debía tener unos 35 años, pero para nosotros era casi un viejo).


Nos reuníamos en El Aconcagua, un bar que se encontraba en la esquina de Murguiondo y Avenida Eva Perón (entonces se llamaba del Trabajo, la avenida, digo). Ni bien nos sentábamos, alguno de los muchachos pedía una trampa. Rápidamente el mozo la traía el preciado cóctel en una jarra rústica de vidrio y lo servía en vasos del mismo material y la misma catadura. ¿En qué consistía la trampa? Simplemente era una mezcla que combinaba un litro de vino tinto común con uno de Coca Cola o Pepsi, lo que hubiera.

El padre Carlos vivía en la Villa 15, a dos o tres cuadras de allí. Junto con el padre Pedro ejercían su sacerdocio en una capilla que estaba en el borde del barrio de emergencia. Ambos trabajaban como taxistas. Yo veía en ellos la más pura vocación franciscana. Pero Carlos daba un paso más, se reunía con nosotros y compartía la trampa vespertina en El Aconcagua.

El cura hablaba con leve acento cordobés y disfrutaba de esos encuentros. Además era cantor y guitarrero. Lo he visto en alguna peña cantar una canción muy conocida en esa época con la que se homenajeaba a Camilo Torres, un reconocido cura revolucionario colombiano. Su gusto por disfrutar los placeres de la vida en la manera precisa que establece el Eclesiastés, lo lleva a cantar “Pateando sapos”, (3) un divertido gatito cordobés, o coplas picarescas de murga porteña. (4)

Alguien que nos acusaba de jóvenes vagos y borrachines, fustigaba al cura porque se juntaba con nosotros. Pero él, haciendo referencia a su profesión evangelizadora, recordaba los párrafos evangélicos en los que se acusaba al mismo Jesús de juntarse con publicanos y rameras.


Lo cierto es que al cura le gustaba compartir esas trampas con los amigos mientras ensayaba con nosotros algún tipo de predicación. Sostenía que ese cóctel no era un invento porteño y que él lo había conocido en Córdoba, donde los muchachos lo llamaban “chorcoy”. Jamás encontré a un cordobés que recordara esa palabra, pero la referencia al prittyáu me recordó esta historia y los momentos más agradables en la vida del padre Carlos Bustos, sacerdote de la orden de San Francisco de Asís. (5)

II Sobre el prittyáu

Suelo recurrir a dos tipos de fuentes para componer mis escritos sobre cocina hogareña. Por un lado, los que simplemente cocinan o comen en casa. Por el otro, los especialistas académicos. Como confío en la sabiduría popular, a veces, la referencia erudita no alcanza e, incluso, suele ser innecesaria (le escuché decir a Dalmiro Sáenz que los intelectuales suelen confundir, solemos, dijo él, erudición con sabiduría). Pero en este caso la referencia suma.

La imagen pertenece a Roberto Colmenarejo

Conforme con los comentarios de la joven que me atendió en Nucha, pensé no tenía mucho más para agregar desde la otra perspectiva… y sin embargo, recordé el extraño caso de un erudito sabio cordobés que suelo consultar, con mucho respeto, por cierto, cada vez que un asunto me remite a La Docta. Se trata de Roberto Colmenarejo que no exhibe un “guardapolvo de fino doctor”, sino su condición de laureado sumiller internacional. (6)

Ahí nomás, a boca de jarro, le pregunté: “¿Cómo hago un buen prittyáu en Buenos Aires?” (7)

Su respuesta fue más que esclarecedora:

“Aquí en Córdoba la tradición es hacerlo con vino Toro o Viñas de Balbo.

”Mezclado con gaseosa Pritty Limón.

”La proporción podría ser 1:1 o 1:2.

Tradicionalmente se lo prepara "comunitario", en una botella plástica cortada arriba (a modo de gran vaso).

O si no en el mismo tetrabrik del vino, haciendo un "arremangado" (abrir el tetra cortándolo completo por arriba y doblándole los bordes superiores hacia afuera, para que no quede "filo").

”Lógicamente con mucho hielo.

”Si hay más secretos, no los conozco.”

Le conté sobre mis experiencias con las trampas que tomaba en mi adolescencia en Villa Lugano y de la expresión “chorcoy” que usaba el padre Carlos quien aseguraba que ese era el verdadero nombre del cóctel. También le conté que había dos versiones, vino tinto y Coca Cola o Pepsi y vino blanco y Fanta o Mirinda.


Roberto completó la descripción con estas reflexiones:

“Aquí en Córdoba, a la mezcla de vino blanco con Sprite se lo llama "rifle" o "champagne cordobés"

”Supongo que la mezcla de vino y gaseosas es muy antigua, casi tanto como las gaseosas. Buscando un poco, se encuentran registros de recetas que proponen la mezcla de vinos y bebidas burbujeantes (originalmente “seltzers” o aguas minerales de gasificación natural) en libros de coctelería de las décadas de 1830-1840. Supongo que del agua gasificada a la gaseosa hay un paso muy sencillo, ya que implica lo mismo pero con un determinado sabor y bastante dulzor.

”En España se toma el "calimoxto" que es tinto con Coca Cola

”Y también el "tinto de verano", que es vino tinto con una especie de soda endulzada que le llaman la "Casera" (por su marca más famosa). Razonando rápidamente: El sabor dulce suele gustar a la mayoría, además de enmascarar la sensación alcohólica de la bebida; y el aporte de azúcar de las gaseosa -y su sabor propio- permiten disimular pequeños defectos de los vinos económicos con los que suelen armarse estas mezclas”


Bueno, llegué a la conclusión que es más que evidente que el prittyáu es una trampa, pero también es un calimoxto. Los cierto es que me conseguí una Pritty limón y una botella de Viñas de Balbo y me tomé un prittyáu en Buenos Aires, pero sintiendo que estaba en La Docta.

Notas y referencias:

(1) Cuando Roberto Colmenarejo consideró el borrador de este artículo, entre otros comentarios, expuso el siguiente relacionado con las propiedades “farmacológicas del fernet: “¿Se tomaba en forma de trago para hacer la digestión? En mi familia se tomaba puro para esos menesteres…”

(2) Pritty es una marca local de gaseosas de la Provincia de Córdoba.

(3) Dos versiones de “Pateando sapos” por los Cuatro de Córdoba: https://www.youtube.com/watch?v=cOE43D62veA y esta otra con el Negro Álvarez https://www.youtube.com/watch?v=zaQ2S7mgvAY, escuchadas ambas el 15 de enero de 2023.

(4) Recueros una que lo divertía mucho: “Una vieja y un viejo / se fueron a lavar medias. / La vieja lavó las rojas / y el viejo lavó las negras.”

(5) “Bustos, Carlos Armando. –Sacerdote de los Franciscanos Capuchinos (estaba por ingresar en la Fraternidad del Evangelio) (Padre Carlos de Foucaul). El Padre Carlos Bustos trabajaba como taxista. Fue secuestrado en la calle por policías de civil cuando se dirigía a escuchar misa en la Basílica de Pompeya, el 9 de abril de 1977. Había recibido amenazas contra su vida.” (1984, Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, Nunca Más, Buenos Aires, EUDEBA, 4° edición, 1998, pag. 350)

(6) 2023, Colmenarejo, Roberto, Vinos en Córdoba, leído 16 de enero de 2023 en http://vinosencordoba.blogspot.com/.

(7) 2023, Roberto Colmenarejo y Mario Aiscurri, intercambio de mensajes del día 6 de enero a través de la aplicación Messenger.

a) Leído en https://nucha.com.ar/locales/ el 21 de abril de 2023.


sábado, 8 de abril de 2023

Ratatouille

Por Horacio Zabatel (1)

… “A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción, esos que se menean con nuestros gestos”… no se me ocurrió citar al Nano pensando en el parecido físico… Cada vez que me encuentro con algún amigo de mi Papá, y me recuerda lo parecido que soy a él, se me inundan los ojos, se me infla el pecho y de algún modo lo siento vivo en mí; pero íntimamente, lo único que me interesa atesorar como su legado para tratar de emularlo, es la empatía que irradiaba… La Madre Teresa de Calcuta, sostenía que los hijos no aprenden de lo que los padres le dicen, sino de lo que ven de ellos, de su ejemplo… Con sus cinco años, Juani, ”El Zabandija”, (2) nuestro hijo, nos observa todo el tiempo; está pendiente de todos nuestros movimientos, actividades y horarios; ir al supermercado con él, es realmente placentero; por su predisposición y atención; sorprendentemente chequea las fechas de vencimiento, recuerda la lista de memoria, que unos minutos antes de salir nos lee la Flaca; y negociamos, si no me hace caso, dejo todo y lo llevo a casa para volver solo; si se porta bien, puede elegir una cosa, y solo una; llegando al viernes, pregunta que vamos a cocinar en “El Kincho de Papá”; por día, no lo dejamos ver más de dos horas de dibujitos; perece que la suerte nos sonríe, ya que todavía no se enganchó con los jueguitos; Sam el bombero y Masha y el Oso son sus preferidos; pero en éstas últimas semanas, comenzó a buscar para ver dibujitos de cocina; así fue, y no me pregunten como, que llegó a Ratatouille…

Las imágenes pertenecen a Horacio Zabatel

… En un wok, con un poco de aceite de oliva; sofreí tres dientes de ajo, una cebolla morada, un par de blancos de puerro y un ají amarillo; todo picado chico; ya transparentada la cebolla, sume dos zanahorias ralladas; luego dos tomates redondos maduros procesados; condimenté con mix de pimientas molidas, dos hojas de laurel secas (que luego retiré), un puñadito de sal, otro de bicarbonato de sodio (para quitarle acidez al tomate) y otro de hojas de tomillo también seco; dejé integrar a fuego bajo, mientas cortaba en rodajas de unos cuatro milímetros, zucchinis, berenjenas y tomates; le pedí prestado a la Flaca un molde de torta N° 24; coloqué la salsa como fondo; para sobre ella acomodar intercaladas las rodajas, siguiendo la forma circular del molde; preparé una vinagreta con aceite de oliva, vinagre de manzana, mix de pimientas molidas, hojas de tomillos seco y sal de maldon; con la que bañe las verduras; sellé con papel de aluminio; horneé por una hora a 150°C; descubrí y subí el horno a máximo por diez minutos…


… Hoy en “El Kincho de Papá” jugamos a ser el restaurante Gusteau´s; Juani a ser Remy; la Flaca a ser Colette y un servidor a ser Lingüini… las cosas bellas y sabrosas de la vida, se originan en la simpleza de lo esencial, en el amor reciproco… como un Ratatouille…

Notas y referencias:

(1) El autor edita sus textos bajo la denominación “El Kincho de Papá” en los grupos privados de Facebook Cocineros Argentinos y Buena Morfa Social Club  .
2020, 2 de enero, Zabatel, Horacio, “Ratatouillle”, en Cocineros Argentinos, grupo privado de Facebook, leído el 19 de mayo de 2021 en https://www.facebook.com/groups/583823478392404/permalink/2728822550559142.

(2) Horacio incluye a su familia y a sus elementos de cocina en los relatos de sus recetas. Los lugares y los artefactos son personalizados:

“La Flaca” es su mujer y el “Zabandija”, el hijo de ambos.

“El Kincho de Papá”, el lugar mítico en el que cocina.

 

Pastel de papa y atún

Por Horacio Zabatel (1)

… Utilicé un relleno clásico de empanada gallega; tres dientes de ajo picado, dos cebollas y un ají morrón en julianas medianas, todo salteado en aceite de oliva extra virgen; agregué tres latas de trozos de atún en aceite, condimenté con dos hojas de laurel, pimentón dulce de Cachi, pimienta negra en polvo, orégano, ají molido y ajusté con un toque de sal… preparé puré con un kilo y medio de papas; condimentando con pimienta negra en polvo, nuez moscada y un poco de sal; aporté cremosidad con manteca e hidratando con leche… en fuente pirex puse una capa de puré, en una capa central el relleno de atún, y cubrí con otra capa de puré de papas… dibujé la superficie con un tenedor, y pinché para que no se englobe… golpe de horno a 200° C, hasta conseguir un dorado crocante… te lo resumo en dos palabras… “Im Presionante”…

La imagen pertenece a Horacio Zabatel 

Notas y referencias:

(1) El autor edita sus textos bajo la denominación “El Kincho de Papá” en los grupos privados de Facebook Cocineros Argentinos y Buena Morfa Social Club  .
2020, 2 de enero, Zabatel, Horacio, “Pastel de papa y atún”, en Cocineros Argentinos, grupo privado de Facebook, leído en https://www.facebook.com/groups/583823478392404/permalink/3010331765741551 el 19 de mayo de 2021.