sábado, 14 de septiembre de 2019

Indagaciones en torno del tuco Parte III: Las cartas de los restaurantes porteños


Aclaración previa: Desde 2015 empezamos a intercambiar ideas con Adriana De Caria acerca de la cocina italiana en La Argentina, una fuerte afinidad en nuestras búsquedas nos acercó y provocó una catarata de correos electrónicos y comunicaciones diversas. En 2017, quedé impactado por un artículo maravilloso que Adriana publicó sobre la salsa scarparo. (1) Este artículo de la Instigadora fue incitante para mí. Finalmente, en julio de 2017, le propuse que indagáramos sobre el origen del tuco porteño, sobre su receta estabilizada y sobre las influencias que confluyeron en ella. Anduvimos hurgando ideas y materiales hasta que llegamos a ciertas conclusiones. Adriana ya expuso algunas, las más significativas, claro está, en su artículo. (2) A mí se me ocurrió escribir una síntesis sistemática de nuestras búsquedas y nuestros hallazgos. Produje algunos textos que le envié por correo-e y Adriana fue corrigiendo y completando. Aquí la síntesis de nuestro intercambio.
 Las imágenes, salvo indicación en contrario, pertenecen a la colección de los autores (6)
Fecha: 20 de julio de 2018
De: Mario Aiscurri
Asunto: El tuco en las cartas de los restaurantes porteños
Querida amiga:
Hemos buscado el tuco en más de 20 cartas de restaurantes de Buenos Aires desde 1950 a nuestros días. Ya sabemos que no se trata de una muestra representativa. En realidad, no es que hemos seleccionado cartas dentro de una colección profusa; nos hemos limitado a hurgar en las que teníamos a mano, las cartas que llegaron a nosotros. La parquedad heurística se completa con la circunstancia de que sólo en pocos casos contamos con referencias exactas acerca de lo que contienen las salsas cuyas denominaciones leemos en esos documentos. Pero el historiador no se amilana ante las falencias aritméticas o semánticas e intenta dar cuenta de lo que encuentra en los materiales disponibles.
Las cartas más antiguas de que dispusimos son de 1950. Por ello, tampoco sabemos cuándo hizo su irrupción el tuco en la restauración porteña. Una conjetura, sólo una conjetura, es que su difusión bien pudo ser contemporánea a la expansión de la pizza. La conjetura se basa en la lógica de suponer que ambos productos surgieron del mismo colectivo social, la población xeneize de La Boca, y que bien pueden haber aparecido en el Centro de la Ciudad en el momento en que esa comunidad se asumió plenamente en su identidad y logró una visibilidad diferenciada en el conjunto de la sociedad porteña (algo así como lo que ocurre hoy la identidad del Abasto con la colectividad peruana o el Bajo Flores con la coreana). (1)
(7)
El momento que estamos buscando puede haber ocurrido entre la segunda década del siglo XX y los años treinta de la misma centuria. Es decir, entre la elección de Alfredo Palacios como diputado nacional en 1914 o la visibilidad de la obra de Benito Quinquela Martín en 1916 y el momento en que se fundaron las pizzerías más antiguas del Centro. Para este último dato, podemos servirnos de la guía de pizzerías de Pietro Sorba ya que, en ella, registra los años de fundación de las pizzerías de Buenos Aires. Vemos allí que las más antiguas, entre las supérstites, son, efectivamente, de la década de los años treinta: Güerrín (1932), El Cuartito (1934), Angelín (1938), Burgio (1935), La Mezzetta (1938). (2)
Si la teoría es correcta, esas cartas de los años cincuenta que son algo posteriores en el tiempo, ya deberían haber contado con una receta estabilizada de tuco. Pero, aunque no debo anticiparme con el relato para mantener el interés, debo confesar mi desaliento al finalizar la tarea de exégesis. Veamos, ahora, el paso a paso de la lectura que hice de las cartas como contribución a la tarea que nos propusimos dilucidar.
En la carta del restaurante Albamonte (1950), encontramos vermicelli y ravioles al jugo. También hay pastas con mariscos. No hay mención a estofados o tucos. De modo que no podemos saber si el jugo proviene del tuccu xeneize o del sugo napolitano y, en el primer caso, si llevaba tomate o no. (3)
La carta de Tabaris (1952) ofrece “Spaghettis a la napolitana”. Esta salsa está aislada, las palabras estofado, tuco y jugo no aparecen. De modo que se puede presumir, sin que podamos afirmarnos en una certeza absoluta, que se trata de una salsa de tomates.
En la carta de Lo Prette (1954), pueden leerse las siguientes ofertas: “Ravioles caseros al tucco”, “Espaguetis al jugo” y “Espaguetis al tomate”. No es descabellado pensar aquí que, aunque la palabra estofado no aparece, el tucco (sobre todo porque está escrito con doble c) refiere a él, bajo la especie de “U tuccu xeneize”, claro está. Lo que la carta no nos dice es si lleva o no tomate. Si aceptamos esta hipótesis, también parece claro que el jugo es la salsa del estofado sin la carne. La salsa al tomate, parece una simple salsa de pomodoro al estilo del sur de Italia.
Armando el rompecabezas, puedo proponerte una hipótesis que nos permitiría considerar una estabilización de las recetas en tres tipos de salsa distintas. El tuco o estofado, el jugo o la salsa de estofado y la salsa de tomates. Pero, esta luminosa hipótesis bien puede ser un espejismo.
Ocurre que la palabra tuco aparece muy poco, desde Lo Prete, en las cartas que tuvimos en cuenta desde esa época hasta la actualidad. Sólo aparece en las cartas de Pippo (1984), Albamonte (2010) y Bar Iberia (2012). Es decir, en solo cuatro cartas de más de veinte.
Si hablamos de Pippo, antes de leer la carta, sabemos de su famosa propuesta de pasta al tuco y pesto, una atrevida apuesta criolla que nos incita a pensar la pervivencia de la influencia ligur en ese local. Sin embargo, la carta de 1984 nos informa que el tuco es un ragú boloñés. ¡¿Qué te parece, querida amiga?!
La salsa boloñesa, como vos sabés mejor que yo, no se parece demasiado al estofado genovés que dio su nombre a nuestra salsa. Además de tener su origen en una región italiana alejada del mar Tirreno (efectivamente la Emilia Romania balconea sobre el mar Adriático), como idea gastronómica supone dos diferencias notables: no se utiliza un toco de carne, sino carne molida y su cocción es más rápida. Ya volveré a considerar esta salsa en relación con el tuco, pero quería subrayar este desplazamiento del significado: en esta carta, el tuco ya no es tuco.
Antes de seguir, quiero dejar una apostilla. La boloñesa y el fileto son apariciones tardías como salsas para las pastas de la restauración porteña. Estamos acostumbrados a ellas, por eso es casi es innecesario decir que el fileto es una salsa de tomates más cercana al sugo napolitano que al tucco ligur.
Sigo con las cartas. En la del Bar Iberia, se ofrecen varias salsas que pueden diferenciarse claramente: hay tuco y estofado, pero también fileto y boloñesa. De modo que la carta del Bar Iberia pareciera ser la única que confirma la hipótesis sobre las diferencias entre el estofado, el jugo y el tuco, a la vez que combina estas salsas con las otras cuya aparición es más reciente. Es muy poco, y muy tardío, ¿verdad?... además tendríamos que probarlas para dilucidar entre realidad y espejismo. (4)
Hemos tenido en cuenta 20 cartas y, sólo dos de ellas permiten sostener la hipótesis.
Para colmo de contrariedades, nuestra búsqueda remató con una comida que tuvimos en el Restaurante Albamonte de Chacarita. Querida amiga, te acordás de la emoción que nos produjo la charla que mantuvimos con su dueño, el señor Iannone.
La charla fue breve, pero las afirmaciones de nuestro anfitrión fueron contundentes, ninguna de las salsas que el restaurante ofrece lleva carne. Iannone explicó que la carne complica la conservación de las salsas). Lo cierto es que las salsas fileto, tuco y jugo que la carta contiene sólo llevan tomate. Tal vez es por ello que el Albamonte actual no ofrece salsa boloñesa.
No recuerdo qué sensación te provocó aquella revelación. Para mí fue demoledora, sobre todo después del magro resultado que obtuvimos con las cartas.
¿Existió alguna vez el tuco porteño? Apenas si aparece tanto en los recetarios argentinos que se publicaron en Buenos Aires como en las cartas de los restaurante porteños.
La salsa que estuvimos buscando no parece haber tenido una receta estabilizada en ningún momento de su historia como lo demuestra la encuesta que realizaste en las redes sociales y las recetas encontradas. La mutación y la aparición esquiva han sido una constante en su desarrollo. Tal es así que tu constatación de una salsa descarnada adquiere una persistente centralidad. (5)
Querida amiga, ¿dónde está el tuco porteño’
Besos, Mario.
Fecha: 20 de julio de 2018
De: Adriana De Caria
Asunto: Re: El tuco en las cartas de los restaurantes porteños
Querido amigo,
Leí tu carta con suma atención y placer; la releí masticándola, palmo a palmo.
Tus análisis son profundos, a conciencia, y el desenlace, usando tus palabras, es demoledor: ¿dónde está el tuco argentino?
Históricamente, seguimos sin saberlo, sin embargo:
  
1) Tus pistas son certeras y no obstante la falta de documentos, creo que no todo está perdido, que puede llegar a aparecer más.
¿Fuiste al Museo de la Ciudad alguna vez a ver si hubiese algo?
¿No creés que Pietro Sorba podría tener alguna información interesante? Yo intuyo que sí.
2) El tuco está, y cómo: está en el “colectivo social” (no sé si estoy usando bien estos términos).
Con respecto al Sr. Iannone, cuando dijo lo de la carne, me produjo más desconcierto que otra cosa, porque el tomate también es perecedero, entonces una salsa de tomates, por más que no tenga carne, cuánto dura?
Gracias por compartir estas disquisiciones conmigo!
Besos, Adriana
Fecha: 20 de julio de 2018
De: Mario Aiscurri
Asunto: Re: El tuco en las cartas de los restaurantes porteños
Querida amiga:
Puede que don Pietro sepa algo; pero me parece difícil si no lo ha investigado. Lo que él tiene es un gran conocimiento de la cocina argentina desde su arribo a nuestro país hace más de 20 años. Pero una instigación es una instigación y trataré de aprovecharla. Como también tu sugerencia sobre el Museo de la Ciudad.
Ahora queda el mayor desafío, ¿cómo insertar al tuco en la pléyade de salsa porteñas, si me permitís la metáfora? Desde luego que para las reflexiones que encaremos sobre el tema, serán muy útiles tus escritos anteriores.
Besos, Mario.
Notas y referencias:
(1) Jorge Luis Borges escribió en la revista El Hogar en febrero de 1937, lo siguiente: “Sólo en la Boca del Riachuelo se ha organizado una especie de clan: vale decir, en el único punto de Buenos Aires que en nada se parece a Buenos Aires, en el único barrio al que concurren turistas de otros barrios…” (1995, Borges, Jorge Luis, Textos Cautivos, Madrid, Alianza Editorial, pp. 26-27).
(2) 2010, Sorba, Pietro, Pizzerías de Buenos Aires, Buenos Aires, Planeta.
(3) El Restaurante Albamonte cuya carta consultamos, estaba en la calle Sarmiento al 600 en el Centro de Buenos Aires. En 1958, cerró sus puertas. Un grupo de trabajadores decidieron abrir el restaurante Albamonte actual en el barrio de Chacarita. Entre ellos estaba el señor Iannone, único supérstite de aquella aventura.
(4) Me propongo Hacerlo antes de publicar este artículo. Si lo hago, corregiré el texto.
(5) 2018, De Caria Adriana, “Tuco Argentino”, en La Instigadora Culinaria, leído en https://lainstigadoraculinaria.wordpress.com/2018/07/11/tuco-argentino/, el 19 de julio de 2017.
(6) Propiedad de Aldo Barberis Rusca, publicada por la Internet.  

(7) Publicada en la Internet por Marcelo Crivelli.



miércoles, 4 de septiembre de 2019

La alameda de Buenos Aires y el asadito de los carreros (1830)


José Luis Busaniche fue un notable historiador argentino. Nació en Santa Fe de la Veracruz, capital de la Provincia de Santa Fe, en 1892 y falleció en San Isidro, Provincia de Buenos Aires, en 1959. Sus obras más importantes están relacionadas con los bloqueos franco – británicos de 1838 y 1843, el papel que jugó la Provincia de Santa Fe en esas circunstancias, el Gobierno de Juan Manuel de Rosas y la construcción del federalismo argentino. En 1938 publica un libro de lecturas históricas argentinas que reedita en 1959 con el título de Estampas del Pasado. (1) Este libro ha servido de inspiración para la sección “Rescoldos del Pasado” de El Recopilador He rescatado varios textos de la colección, reproduciendo las prolijas referencias de Busaniche.
Arsene Isabelle fue un viajero francés aficionado a las ciencias naturales nacido en Le Havre, Normandía. Residió en Buenos Aires entre 1830 y 1833. Se ganaba la vida con una fábrica de velas que instaló en la ciudad. Realizó un viaje por el sur del Brasil y la Banda Oriental realizando observaciones geográficas. Escribió un libro sobre lo que vio en esas tierras. El fragmento transcripto describe los contrastes sociales y culturales que se podían ver en La Alameda de Buenos Aires, fue tomado y traducido por Busaniche del mencionado libro de Isabelle. (2)
La alameda de Buenos Aires y el asadito
 de los carreros
La Alameda, donde desembarqué –y donde han desembarcado todos los que han visitado el país, como yo– es el lugar de cita de todo el mundo elegante en las noches de verano, y durante todas las estaciones en las tardes de los días de fiesta. La Alameda, propiamente dicha, no es muy larga; ocupaba apenas una cuadra cuando yo llegué; después fue prolongada en una doble distancia, pero se continúa con un largo camino que llega hasta muy lejos, siguiendo la costa, poco elevada, de la ciudad: es lo que se llama el Bajo. Es éste uno de los lugares más agradables a que se pueda concurrir, por la frescura y pureza del aire que se respira y por la variedad del panorama que desde allí se disfruta, porque está frente a la rada, siempre cubierta de barcos empavesados. El desembarcadero se halla de continuo lleno de chalupas, de largas y ligeras canoas llamadas balleneras y numerosos carros del país, con sus grotescos conductores. El espacio bastante ancho, que separa el camino de la costa del río, es un terreno de césped verde; en los ribazos o pequeñas barrancas que forman la costa, se levantan casas pequeñas y se ven astilleros y jardines; hacia el sur se extiende un horizonte lejano y la vista reposa sobre los macizos de sauces de la Boca; por el norte, vemos, frente al cuartel y las quintas de Retiro, las numerosas y curiosas carretas de Tucumán, de Salta, de Córdoba, de Mendoza, todas dispuestas en una misma línea, con familias nómades en grupos despreocupados, sentadas en el suelo, junto al costillar o el matambre ensartado en un asador clavado en tierra y que se inclina sobre el fogón al aire libre. A estos elementos, que forman el fondo del cuadro, viene a incorporarse una multitud de paseantes nativos y extranjeros cosmopolitas, en coches elegantes, a caballo y a pie, que animan y vivifican el cuadro, encantando a quienes les observa. De ordinario, los jinetes descienden por el lado del Fuerte y después de haber caracoleado mucho, de haber exhibido su gallardía en el caballo, de haber pintado mucho, como dicen los españoles, van a subir la barranca del Retiro, para oír las fanfarrias y la linda música del cuartel. También suelen prolongar el paseo hasta el antiguo convento de la Recoleta (hoy cementerio), una media legua en dirección al norte; vuelven entonces otra vez a través de las quintas a la plaza del Retiro y siguen por la calle de la Florida, la chaussée d’Antin de Buenos Aires; allí la vanidad de los jinetes se siente halagada nuevamente, a la vista de una miríada de elegantes porteñas que salen apuradas a sus ventanas para ver la vuelta de los paseantes.” (3)
Notas y Bibliografía: 
(1) 1959, Busaniche, José Luis, Estampas del pasado, lecturas de historia argentina, Tomo II, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.
(2) 1835, Voyage á Buenos Aires et á Porto Alegre, par la Banda Oriental, les Missions d’Uruguay et la Province de Rio Grande do Sul (1830-1834), Havre, sin nota editorial.
(3) Busaniche, José Luis, Op. Cit., Tomo II pp. 85-86.

La provisión de agua en la ciudad de Córdoba (1825)


José Luis Busaniche fue un notable historiador argentino. Nació en Santa Fe de la Veracruz, capital de la Provincia de Santa Fe, en 1892 y falleció en San Isidro, Provincia de Buenos Aires, en 1959. Sus obras más importantes están relacionadas con los bloqueos franco – británicos de 1838 y 1843, el papel que jugó la Provincia de Santa Fe en esas circunstancias, el Gobierno de Juan Manuel de Rosas y la construcción del federalismo argentino. En 1938 publica un libro de lecturas históricas argentinas que reedita en 1959 con el título de Estampas del Pasado. (1) Este libro ha servido de inspiración para la sección “Rescoldos del Pasado” de El Recopilador He rescatado varios textos de la colección, reproduciendo las prolijas referencias de Busaniche.
Joseph Andrews autor de un libro de viajes por América del sur llevado a cabo en 1825. La obra fue publicada en Buenos Aires en 1928. (2)
La Alameda y la provisión de agua
“La Alameda está en un extremo de la ciudad. Es paseo agradabilísimo, el mejor que he visto en Sudamérica. Su forma es cuadrada, con avenidas regulares de árboles y bancos de piedra entre ellos. Hay un lindo lago en el centro, y también un templete o pabellón, al que con frecuencia van grupos de gente para hacer paseos de campo. Además de las numerosas damas preciosas y caballeros que allí se pasean, en las tardes deliciosas de aquella clara latitud, hay un fondo de entretenimiento para el extranjero curioso, mirando los grupos de mujeres que desde los suburbios acuden allí por agua. Allí crujen sus bromas y dan gusto a la murmuración, y luego se alejan con grandes cántaros en la cabeza, de formas elegantes y hechos con arcillas del país. Aunque llenos hasta el borde, se manejar para que jamás se derrame una gota; sin embargo, la base de la vasija es cónica y va metida en un pasquín. Cuando están vacíos tienen costumbre de llevarlos de costado, lo que, de lejos, da el aspecto de soldados con gorras de cazadores.” (3)
Notas y Bibliografía: 
(1) 1959, Busaniche, José Luis, Estampas del pasado, lecturas de historia argentina, Tomo II, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.
(2) 1826, Andrews, Joseph, Viaje desde Buenos Aires a Potosí y Arica en 1825 y 1826, traducción Carlos A. Aldao, Buenos Aires, 1928.
(3) Busaniche, José Luis, Op. Cit., Tomo II, pag. 71.

sábado, 24 de agosto de 2019

La cocina paraguaya en el centro dinámico de la tradición culinaria del Área Guaraní – Parte I (revisión)


Este Recopilador tiene por vocación principal la vindicación de la cocina argentina cotidiana.
 
 Las imágenes pertenecen al autor o a su biblioteca, salvo indicación en contrario
Me he propuesto destacar su valor y ponerla a la luz de los argentinos, en general, y de los porteños, en particular, deslumbrados por el exotismo y por las prácticas de la restauración de los países que admiramos por su cocina. No advertimos que son, precisa y paradójicamente, los que han logrado tomar conciencia del valor de sus propias tradiciones culinarias, potenciándolas a partir de composiciones “limitadas”, a veces, tanto como la nuestra.
Sé que es muy difícil desarmar prejuicios, más unos que están íntimamente vinculados con la imagen de lo que creemos es nuestro lugar en el mundo. Por más esfuerzo que haga por poner en evidencia lo que es claro y distinto, es difícil, en éstos, los tiempos de la pos verdad, convencer a mis compatriotas de que vale la pena poner en valor lo que somos capaces de hacer. Pero como soy obstinado, seguiré sosteniendo, desde una vaga formación positivista, que no creo que, a la hora de la verdad, todo valga lo mismo.
Desde luego que la verdad es una meta y que estoy lejos de alcanzarla en la materia que me ocupa, siempre aparecen nuevos indicios fácticos que me hacen reconsiderar lo que he logrado dilucidar. Ello me ha obligado a innumerables revisiones. Tal es el caso de estas notas sobre la cocina del Nordeste Argentino que he ido publicando durante 2018.
I Motivos de mi búsqueda
Por alguna extraña razón, cuando pensamos en la cocina argentina, sólo pensamos en la carne, y en las parrilladas, y olvidamos el resto. Sólo se cuelan algunas especialidades del noroeste argentino como las empanadas y el locro que, por cierto, también existen en otras regiones del país y tienen características diferenciadas reconocibles. Un prejuicio de segundo orden que también debemos contrariar, es que Salta es la única provincia argentina que tiene identidad culinaria propia.
Durante mucho tiempo pensé que estas presencias de la cocina del noroeste en Buenos Aires se debían al impacto del folklore, impulsado por grandes músicos y poetas santiagueños y salteños a mediados del siglo XX. Pero, como siempre, aparecieron perlitas escondidas que me hicieron revisar la idea.
La presencia de las empanadas (bajo el nombre de pasteles) está registrada, por ejemplo, en el Martín Fierro. (1) La identidad de la cocina salteña es reconocida, como tal, nada menos que por Juana Manuela Gorriti. En oportunidad de publicar su Cocina Ecléctica la gran escritora argentina afirma:
Todas las mujeres tenemos un cachito de cocineras y la mesa es siempre, y ahora sobre todo, la mitad de la vida.
Con grande aplauso de todos, tengo ya escritas más de doscientas recetas de los bocados más exquisitos que contienen las cocinas peruana, boliviana y salteña.
Salteña digo y no argentina, porque de nuestras catorce provincias solo Salta tiene una cocina propia.” (2)
Caramba, lleva tiempo el prejuicio, entonces.
La pregunta es qué pasa con la cocina del resto de las provincias. Parece no existir. Hay que recorrer de punta a punta la ciudad para hallar, por ejemplo, un puñado de restaurantes cuyanos que redujeron el dulzor de las empanadas para que los porteños no nos quejemos… ¿y del Nordeste? Nada.
¡Ah, sí! Hay un restaurante que se llama Baires donde se puede comer un buen Yopará… ¿Qué dónde está? Ahí nomás, a 200 metros de Piazza Navona en Roma. Pero, entonces, si llega a Roma, esa cocina debe existir, ¿no les parece?
Deslumbrado por el descubrimiento (para eso también sirven los viajes, para encontrarse con lo propio), dediqué mucho tiempo a producir y publicar artículos sobre una serie de recetas de nuestras provincias del Nordeste Argentino. Cuando me lancé a la aventura, contaba con muy poca documentación (y experiencia casi nula, por cierto); pero ella (la información, digo) era fiel y de primera mano: Una recopilación de recetas publicada por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación alrededor de 2010 (3) y el sitio personal de la reconocida cocinera misionera Patricia Zacarías. (4)
El primero reúne recetas concretas de autoría de personas concretas. Cada receta dice quién es la persona que la redactó, dónde vive, dónde la cocina y de quiénes la aprendió. Patricia, por su parte, ofrece ajustada información sobre el origen de cada receta que ella publica y que provienen de su provincia o de la República del Paraguay e, incluso, de la República Federativa del Brasil.
La imagen pertenece a Patricia Zacarías
Con esas armas, insuficientes, aunque sólidas (duras como cualquier “real” que se promueva como sostén de una verdad), escribí más de veinte artículos con recetas argentinas. Me bastaba, para considerarlas tales, que fueran cocinadas por argentinos en La Argentina y que la tomaban de la tradición familiar. Aparecieron recetas de diversas épocas, algunas incluso prehispánicas, muchas hispano - criollas y otras, incluso, neo criollas (v. g., ñoquis y varenikes de mandioca). También aparecen, como ya lo indiqué, recetas que los autores reconocen de origen paraguayo o brasileño.
Para explicar algún hilo que permita reunirlas en una clase, desarrollé el concepto de Cocina del Área Guaraní (lo expongo abajo) porque, aún con poca experiencia personal, intuía que esa cocina popular de las provincias de Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa no estaba aislada en la región. Intuí los vínculos con la cocina del sur brasileño y fundamentalmente con la cocina paraguaya. Pero no tenía elementos para vincularlas, más allá del orgullo que siento por saber que la mayoría de los fundadores de la ciudad de Buenos Aires, mi amada ciudad, nacieron en Asunción (primera ciudad argentina y madre de ciudades argentinas). (5)
En el curso de la redacción y publicación de mis artículos, aparecieron en mi escritorio dos novedades que me impulsan a esta revisión. Cuando estaba terminando la redacción de los artículos, mi amiga Adriana De Caria, me pasó un libro sobre la cocina paraguaya escrito por la antropóloga Margarita Miró Ibars (6) y, a mitad de su publicación, aparecieron, por las redes sociales, unos comentarios contundentes expuestos por el cocinero asunceño Vidal Domínguez Díaz quien, adicionalmente, anunciaba la publicación de un libro sobre el tema en Buenos Aires. (7)
En paralelo con esta aparición, mi amigo Diego Bianchi manifiesta su asombro en relación al comportamiento de la colectividad paraguaya, muy extendida en la ciudad de Buenos Aires, que no ha desarrollado una propuesta gastronómica visible, a diferencia de otras (como la peruana, la coreana, e, incluso, la boliviana). Tal vez la presencia de Vidal en Buenos Aires, aliente esa posibilidad. (8)
II Un concepto didáctico: cocina del área guaraní
La idea de cocina del Área Guaraní le produjo cierto fastidio a Vidal porque considera que no existe una cocina que pueda identificarse con ese concepto que lo que hay es una cocina paraguaya que se ha difundido en el entorno plurinacional que rodea a esa república desde la misma fundación de Asunción en 1537.
Sin entrar en un afán de polémica, voy a vindicarlo y desarrollar su sentido porque creo que no se contradice, como él supone, con mi idea. Paralelamente debo confesar que tanto las palabras del cocinero asunceño como la de su compatriota antropóloga iluminaron sensiblemente lo que yo sólo intuía. De modo que intentaré ensayar sobre la idea que funcionó como punto de partida de mis indagaciones, pero buscando una mayor precisión tributaria a las opiniones de estos autores paraguayos. Veremos si puedo alcanzar el apotegma que celebra que es bueno cuando, en una discusión, todos tienen razón.
Empecemos por el principio, por responder a la pregunta por la existencia misma de la cocina argentina. Ya he ensayado sobre algunas opiniones que se oponen a esa idea. Retomaré brevemente mi crítica sobre el particular.
En su libro El Gaucho Gourmet, Dereck Foster ha sostenido que no hay una cocina argentinas y que sólo hay dos platos que pueden considerarse como auténticamente como tales: las milanesas a la napolitana y el revuelto gramajo. (9) La afirmación me pareció tan caprichosa como temeraria. Pero el gastrónomo cordobés abrió la caja de Pandora con esa afirmación dada a la estampa. Diez años después, en una entrevista que le hicieron, aumentó la lista a siete u ocho platos… (10) Si hubiera tenido la oportunidad de seguir el vuelo del pajarito verde, habría reconocido que la cocina argentina sí existe y es muy rica.
Don Dereck sostenía que las especialidades regionales argentinas tampoco lo eran. Así el locro, los tamales y las humitas eran platos peruanos y bolivianos; las empanadas cuyanas, el pastel de papas y el tomaticán eran chilenos, al igual que el curanto patagónico y, por supuesto, las chipas, paraguayas y la fariña, brasilera. Leés su libro y te parece que La Argentina es un papel en blanco rodeado por regiones externas a las que no pertenece. Esas regiones extranjeras tienen, en ese concepto, una enorme riqueza cultural e histórica que nuestras blancas provincias carecen. (11) Obviamente, nunca estuve de acuerdo con esa concepción de aislamiento continental.
¿Qué es una cocina nacional argentina? Un recetario concreto de recetas que el colectivo social (en este caso, los argentinos) practica en sus hogares de familia (tanto en la comida cotidiana o como en las que son propicias para la celebración) y en los establecimientos de restauración.
¿Cómo se formó ese recetario? Mediante la creación o la selección y apropiación de recetas, es más, de ideas gastronómicas que dan lugar a varias recetas de una misma clase (v. g., guisos). La resultante es un conjunto que se compone por: las ideas gastronómicas seleccionadas, las adaptaciones debidas a las posibilidades de acceso a los productos accesibles y las sazones propias de un gusto socialmente constituido. Así, lo que ha hecho del asado un plato nacional argentino es su particular vínculo amistoso con el puchero que, en nuestra tierra ha adquirido una sazón dulzona por la preeminencia del choclo, la batata y el zapallo y la reducción de los garbanzos a una dimensión minimalista. (12)
En ese sentido, y a primera vista, la cocina nacional argentina es bastante magra. Se basa en una pequeña colección de platos que atraviesan el país de norte a sur y de este a oeste. Sin embargo, si la concebimos en su dimensión regional, nos encontramos con extraordinaria diversidad y riqueza. Nos falta el paso que ya dieron los peruanos: asumir las particularidades regionales y sociales, y reunirlas en un solo as luminoso bajo la marca “cocina peruana”.
En el caso de la cocina argentina, sus regiones gastronómicas no están aisladas, sino insertas en el continente superando las fronteras políticas. Desde luego que esto no es una originalidad absoluta, en cierto modo, también ocurre en Perú (por ejemplo, la cocina aimara la comparte con Bolivia y Chile). Pero ésta es la situación que los gastrónomos argentinos no alcanzan a percibir. El sueño mitrista de una Argentina aislada del continente todavía les nubla la vista.
Pero si corregimos el cristal, no podemos afirmar que la cocina de Cuyo, por ejemplo, sea heredada de la cocina chilena sin que los cuyanos hayan participado de su desarrollo, e incluso influido en la que se desarrolla del otro lado de Los Andes. Otro tanto pasa con la cocina del Nordeste Argentino, no se la puede concebir ni aislada ni dependiente de las cocinas de Paraguay y Brasil.
Mi concepto de cocina del Área Guaraní sólo tiene una estatura didáctica. Lo desarrollé como un desplazamiento del concepto de Área Andina Meridional que usan los antropólogos. La idea, aplicada a la indagación culinaria, la tomé de un texto de las antropólogas Mirta Santoni y Graciela Torres (2002) que realizaron sus investigaciones en la provincia de Salta. Las autoras dicen:
”En el Noroeste Argentino, las unidades geoculturales conocidas como, Puna, Valles y Quebradas y Chaco, estaban imbricadas dentro de una unidad mayor definida como Área Andina y dentro de ésta la conocida como Área Andina Meridional, con la que comparten características geográficas, históricas y culturales desde el pasado prehispánico y que se extendía por las naciones de Chile, Bolivia y Perú y fueron fragmentadas de manera artificial como consecuencia del proceso histórico y político acaecido en nuestro continente con la llegada del español y el posterior proceso de surgimiento de las nacionalidades.
”A pesar de ello, las sociedades campesinas de la Puna y de Valles y Quebradas en especial prolongan un continuo cronológico cuyas raíces se hunden en su rico y complejo pasado cultural, cuya vida está basada en la agricultura y el pastoreo. /…/.
”/…/. De esta manera, los portadores actuales –mestizos y criollos– mantienen un sistema ideológico de naturaleza mágica y mítica, que en algunos casos se expresa en el terreno de la narrativa puramente, mientras que en otros lo trascienden pautando la conducta social y religiosa, y no podía dejar de incluir a la conducta alimentaria, precisamente por constituir el patrimonio gastronómico uno de los rasgos culturales más arraigados y de más difícil modificación, /…/.” (13)
De modo que con más atrevimiento que fundamento sistemático, no soy antropólogo, me creí autorizado a ensayar la idea de que podía extrapolar el concepto de Área Andina Meridional a la región que denominé Área Guaraní (República del Paraguay, Nordeste Argentino y Suroeste Brasileño). Mis conocimientos históricos daban sustento a la formulación, a saber: identidad geográfica física, área de expansión de la cultura guaraní (básicamente el idioma y las creencias), el impacto de la presencia hispano lusitana, la misión de los jesuitas y de la tortuosa construcción de los países sudamericanos independientes, en áreas geográficas cuyo diseño ha sido tan arbitrario como trágico.
Mis intuiciones se vieron confirmadas cuando empecé a rasguñar las prácticas alimentarias en las poblaciones del campo y de los sectores populares de las grandes ciudades de la región de la mano de los recetarios mencionados (Ministerio de Desarrollo Social y Patricia Zacarías).
Un texto de la antropóloga misionera Viridiana Ramírez ayuda a sostener mi idea sobre la cocina regional del Nordeste Argentino, a la vez que le introduce algunos matices que me permitieron comprender con justicia las obsesivas afirmaciones de Vidal Domínguez Díaz y me impulsaron a concebir las líneas conciliadoras que ensayo en esta revisión. Los invito a leer estos párrafos de la autora:
“/…/. Entendemos –a partir de las cualidades corrientemente adjudicadas– que, cuando pensamos en la cocina regional, la asociamos a los sectores populares, urbanos y, fundamentalmente, campesinos. /…/.
”La identificación planteada respecto de la cocina popular como sustento de la cocina regional y tradicional puede justificarse, entre tantos argumentos posible, porque las recetas conocidas como regionales (pensemos en el mbaypy, la sopa paraguaya y la chipa entre otras) provienen de las tradiciones populares –más condicionadas por las particularidades de las producciones locales– y no de la gastronomía que las clases superiores importan desde mesas lejanas. Es decir, por las relaciones existentes entre los sectores populares y la cultura argentina, ligada a muchas familias pobres como parte de su pasado o como vivencia actual.
”Así, las asociaciones y las vinculaciones que provoca el poroto negro entre los miembros de las distintas clases sociales sirven para visualizar cuál es el acervo de donde extraen las cocineras sus recetas. Entre las clases populares de Posadas, en la provincia de Misiones (Nordeste Argentino), el poroto negro rememora la chacra del Paraguay. En cambio, entre los comensales burgueses, la cazuela que lo contiene, denominada feijoada, revive las vacaciones en Brasil.” (14)
Obviamente no tomo las opiniones de la licenciada Ramírez en términos absolutos, porque, en mi opinión, también hay “burgueses” sensibles a las creaciones culturales populares; pero, en lo general, resultaron iluminadoras.
Notas y bibliografía:
(1) “Venía la carne con cuero, / la sabrosa carbonada, / mazamorra bien pisada / los pasteles y el güen vino... / pero ha querido el destino / que todo aquello acabara.” Hernández, José, El gaucho Martín Fierro, Canto II.
(2) 1893, Gorriti, Juana Manuela, Lo Íntimo, Córdoba, Buena Vista Editores, 2012, pp. 78-79.
(3) 2010(c), Presidencia de la Nación, Ministerio de Desarrollo Social, Sabores con sapucay, leído en https://www.desarrollosocial.gob.ar/wp-content/uploads/2015/05/11-Sabores-con-Sapucay1.pdf el 17 de agosto de 2018.
(4) 2016, Zacarías, Patricia, PatriciaZacariasMChef, leído el 17 de agosto de 2018 en https://patriciazacariasmchef.blogspot.com/?m=0.
(5) Martín del Barco Centenera le dio el nombre de Argentina a la región del mundo en la que vivo. Cuando su poema se publicó, en 1602, la única ciudad que podía considerarse tal, en esta tierra, era Asunción. Por eso digo que Asunción es la primera ciudad argentina (fue fundada en 1537) y una auténtica madre de importantes ciudades argentinas (Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires). Por ello, no hay que confundir la Argentina con la República Argentina.
(6) 2004, Miró Ibars, Margarita, Karu reko, antropología culinaria paraguaya, Asunción, edición al cuidado de la autora.
(7) Aún no he podido acceder a esa obra. Por lo tanto, mis referencias al autor se basan en sus exposiciones en las redes sociales.
(8) 2018, Bianchi, Diego, “Asado a la olla”, En contacto con lo divino, leído en https://contactoconlodivino.blogspot.com/2018/06/asado-la-olla.html el 17 de agosto de 2017.
(9) 2001, Foster, Dereck, El gaucho gourmet, Buenos Aires, emecé, 2001. Reseña crítica en 2012, Aiscurri, Mario, “Dereck Foster y su gaucho gourmet (I)”, El Recopilador de sabores entrañables, leído el 21 de agosto de 2018 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2012/02/dereck-foster-y-su-gaucho-gourmet-i.html; 2012, Aiscurri, Mario, “Dereck Foster y su gaucho gourmet (II)”, El Recopilador de sabores entrañables, leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2012/04/dereck-foster-y-su-gaucho-gourmet-ii.html, el el 21 de agosto de 2018 y 2012, Aiscurri, Mario, “Dereck Foster y su gaucho gourmet (III)”, El Recopilador de sabores entrañables, leído el 21 de agosto de 2018 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2012/06/dereck-foster-y-su-gaucho-gourmet-iii.html.
(10) 2011, msena, Milanesa napolitana, ¿invento argentino? (reportaje a Dereck Foster), en http://dixit.guiaoleo.com.ar/milanesanapolitana/ (leído el 22 de febrero de 2017).
(11) 2001, Foster, Dereck, Cit.
(12) La teoría del trípode de la identidad (ideas gastronómicas, productos y sazones) no me pertenece, la tomé del cocinero chileno Pablo Mellado. 2015, Mellado, Juan Pablo, “Juan Pablo Mellado: Sí hay cocina chilena, mucha y muy diversa”, leído el 21 de agosto de 2018 en http://www.emol.com/noticias/Tendencias/2015/02/27/741406/Juan-Pablo-Mellado-Si-hay-cocina-chilena-mucha-y-muy-diversa.html. Este cocinero ha tomado, a su vez, esta idea de teóricos de las ciencias sociales. Como aún no he podido determinar quién fue el padre de la criatura, la atribuyo a Mellado quien la utiliza con una intención similar a la mía.
(13) 2002 Santoni, Mirta, y Torres, Graciela, “El sabor de los pucheros. Los patrones alimentarios del Noroeste” en AAVV, La cocina como patrimonio (in)tangible, Primeras jornadas de patrimonio gastronómico, Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pag. 89.
(14) 2002, Ramírez, Viridiana, “Comida regional como comida de pobres. Prácticas y representaciones culinarias en sectores populares de la ciudad de Posadas (Misiones)”, en ídem, pag. 126.