sábado, 13 de julio de 2019

Selva Negra de la hna. Bernarda en el recetario de Hedy


¿Por qué está esta receta en la colección que Hedy Pundik dejó a su hijo Alexis Choclin? (1) Nunca lo sabremos con exactitud. Mi amigo tiene más sospechas que certezas al respecto. Por mi parte, sólo puedo dar algunas pistas acerca de por qué elegí esta receta en una selección de cocina asquenazi.
 Las imágenes pertenecen al autor 
En primer lugar, porque suelo hacerlo. Me gusta concluir mis recopilaciones con alguna receta que emerge como rara avis en la serie que voy publicando. Pero hay algo más. Esta receta, y otras más que están incluidas en la colección, representa la vocación constante de Hedy por perfeccionarse y enriquecer su portafolio de ofertas en aquel emprendimiento de catering que desarrolló en los años noventa del siglo pasado. Hedy tenía una gran vocación de aprendizaje y una actitud decidida en el momento de elegir a sus maestros, tomara clases o no con ellos, especialmente en materia de repostería y panadería.
Adicionalmente nos permite comprender el sentido de este recetario y hacernos una idea de la cocina de Hedy. Porque su vocación de aprendizaje permanente era acompañada por otra, la de provocar intercambios, en su mente y en sus manos, entre distintas tradiciones culinarias.
Declaradas mis intenciones cabe preguntarse si hay algo más que justifique su presencia en el recetario. Puede que sí. Alexis recuerda que su madre se encontraba con la hermana Bernarda en la calle y que ambas mujeres intercambiaban ideas y recetas. (2) es que la familia Choclin vivía, a principios de este siglo, frente al convento en que la hermana residía, en la calle Virrey del Pino a una cuadra de la Avenida Cabildo.
Para los que no la conocieron, cuento que Bernarda Seitz (más conocida como la hermana Bernarda) fue una monja que profesó su fe en la Congregación de las Hermanas de la Santa Cruz, que en ese convento dictaba clases de cocina y que se hizo famosa gracias a su programa “Dulces Tentaciones que se emitió por la señal El Gourmet a partir del año 2000. El programa grabado en la antigua cocina del convento, exponía recetas dulces de la cocina suizo alemana. ¿Cómo conoció Hedy a Bernarda? Precisamente había asistido a ese establecimiento a tomar algunos cursos con ella.
La receta que estamos considerando es estrictamente la que Bernarda expuso en televisión y, seguramente la que enseñaba en sus curso en el convento de la calle Virrey del Pino. (3)
Selva negra de la hermana Bernarda
Fuente (fecha)
Del recetario de Hedy Pundik (c 1990-2004)
Ingredientes
Masa
Azúcar 200 g
Chocolate 100 g
Harina 125 g
Huevos 4
Manteca 150 g
Nueces ralladas 125 g
Decoración
Chocolate 4 barritas
Crema de leche 1 pote grande
Frutillas 200 g
Frutos del bosque 1 frasco
Licor cantidad necesaria
Preparación
Masa:
1.- Batir con una cuchara de madera el azúcar con la manteca y las cuatro yemas de huevo hasta lograr una consistencia que la masa no se caiga si la levantamos con la cuchara y la damos vuelta.
2.- Agregar el chocolate, previamente ablandado con agua hirviendo, las nueces ralladas, la harina y las cuatro claras batidas a punto nieve.
3.- Volcar en un molde para tortas número 26 enmantecado.
4.- Llevar a horno moderado de 35 a 40 minutos.
Decoración:
5.- Dejar descansar 24 horas antes de decorar.
6.- Cortar en tres capas.
7.- Cubrir la primera capa con los frutos del bosque remojados en licor y sobre eso la crema batida.
8.- Poner la segunda capa de torta y repetir el proceso con los frutos del bosque y la crema, luego poner la última capa de torta.
9.- Cubrir la torta con crema y chocolate cortado.
10.- Terminar la decoración con copetes de crema y frutillas cortadas.
Notas y bibliografía:
(1) 2018, Choclin, Alexis a Aiscurri, Mario, “El Recetario de Hedy”, correo-e del 2 de abril.
(2) 2018, Choclin, Alexis, entrevista grabada el 12 de mayo.
(3) Leída el 17 de octubre de 2018 en http://elgourmet.com/receta/selva-negra-4.

miércoles, 3 de julio de 2019

Prakes - Niños envueltos en hojas de repollo


Se me hace que esta receta de Hedy Pundik representa un caso de particular interés. Es un plato de la cocina asquenazi que también se practica en el Mediterráneo Oriental y tiene un claro parentesco con otro, esta vez casi exclusiva del Mediterráneo, los sarma o niños envueltos en hojas de parra.
 Las imágenes pertenece al autor
Estamos frente a una preparación que desmiente la presunción que muchos teníamos de un aislamiento de la tradición culinaria judía asquenazi, de la Europa Nororiental, en relación con la del Medio Oriente Mediterráneo, área geográfica en la que, como todos sabemos, se encuentra el Estado de Israel.
Con todo, queda un detalle a considerar. Si este enlace existe, como lo muestra la receta, es porque debe haber habido un lugar en donde ambas tradiciones entraron en contacto.
A partir de la charla que tuve con Alexis Choclin, puedo intuir la atribución de la condición de puente, de lugar de contacto, entre ambas áreas geográfico – culturales a la región conocida como Besarabia (en actual República de Moldavia). Besarabia formaba parte del ámbito de expansión, en la diáspora europea, de los judíos asquenazi y también tuvo encima, durante siglos, una fuerte influencia del Imperio Otomano. (1)
La existencia de este puente no define, claro está, la identidad enteramente judía de esta preparación. Es más, permite cuestionarla; pero sí, establecer que la vía de contacto efectivamente existió y que este plato bien puede representarla como emblema de esos recorridos culturales.
Esta consideración es sólo una hipótesis de mi parte que se basa en la presunción de la modernidad de los prakes. Alexis piensa que, si la receta es más temprana, su adopción por los judíos asquenazis puede haberse operado en el Cáucaso antes de la aparición de los otomanos.
Por otra parte, si consideramos que el área de expansión de la receta, según me informa Alexis, es desde Besarabia hasta Lituania; debemos descartar como altamente improbable la influencia de la cocina sefardí. Efectivamente, los puntos de mayor contacto entre judíos asquenazis y sefardíes se produjo lejos de allí, en Inglaterra, Holanda y Francia. (2)
De todos modos, nada le quita la peculiaridad a los niños envueltos en hojas de repollo de Hedy Pundik, en el contexto de sus recetas correspondientes a la tradición culinaria asquenazi, claro está.
La fórmula es muy sencilla; pero tiene una pequeña dificultad, el armado de los niños envueltos. No es que haya que aprender y dominar técnicas complejas de cocina. Simplemente, como en todos los casos en que se debe emplear una motricidad relativamente fina, todo consiste en aprender con el ejercicio de una práctica constante.
Como el resultado es sabroso y apetecible, incita a oficiar muchas veces la receta, lo que permite y lograr el armado de los prakes con maestría. De modo que, a cocinar con la receta de Hedy… ¡Ah! Si aun así, tienen problemas con el armado, en la receta hay sugerencias de Alexis para resolverlos.
Niños envueltos en hojas de repollo - Prakes
Fuente
Del recetario de Hedy Pundik (c1990-2004) (3)
Ingredientes
Repollo grande 1.
Relleno:
Carne molida 300 grs.
Arroz 1 taza y media.
Agua 1 taza y media.
Cebollas picadas 2.
Pimentón dulce.
Sal.
Salsa:
Jugos de limón ½ taza.
Azúcar 4 cucharadas.
Preparación
Relleno:
1.- Rehogar las cebollas picadas.
2.- Mezclar, en una olla, la carne con la mitad de las cebollas, el arroz, agua, pimentón y sal. Cocinar hasta que el arroz esté hecho.
Armado:
3.- Hervir el repollo hasta que este tierno.
4.- Separar las hojas.
5.- Sacar la parte dura de la nervadura.
6.- Poner una poción de carne y envolver con el repollo.
7.- Acomodar los rollos en una olla, bien juntos para que no se abran.
Salsa:
8.- Mezclar el jugo de limón, sal, el azúcar, la otra parte de la cebolla y todos los restos del repollo picados.
Cocción:
9.- Poner todo esto en la olla en que se hay acomodado los prakes y cubrir con agua. Llevar a fuego medio con la finalidad de calentar y amalgamar sabores.
Comentarios
Míos:
1.- Cuando hago sarma, enrollo los niños del siguiente modo: coloco el relleno ceca del extremo en donde estuvo el cabo de la hoja de parra de modo perpendicular a la nervadura principal; comienzo enrollar hacia el extremo puntiagudo de la hoja; luego de dar la primer vuelta, pliego los laterales sobre el relleno y termino de hacer el rollo. Para que no se abran, los apoyo sobre la punta de la hoja, es decir, sobre el último tramo enrollado.
En el caso de las hojas de repollo, el procedimiento se puede llevar a cabo de un modo similar.
De Alexis: (4)
2.- Cuando se llevan los prakes ya armados al fuego, el tiempo es breve, debido a que todo está cocido y sólo hay que calentar y amalgamar sabores para el servicio. Es necesario tener cuidado porque un exceso de cocción puede provocar que el repollo se deshaga y los prakes se desarmen.
3.- Adicionalmente, para mantenerlos armados durante este último paso, Alexis, cuando practica la receta de su madre, no sólo los acomoda bien en la olla, sino que los pincha con un escarbadientes.
Notas y bibliografía:
(1) 2018, Choclin, Alexis, entrevista grabada el 12 de mayo.
(2) 2018, Choclin, Alexis a Aiscurri, Mario, comunicaciones del 30 de julio.
(3) 2018, Choclin, Alexis a Aiscurri, Mario, “El Recetario de Hedy”, correo-e del 2 de abril.
(4) Cit. En nota (2).

sábado, 22 de junio de 2019

Indagaciones en torno del tuco Parte II: Yendo de la cocina de casa a la academia


Aclaración previa: Desde 2015 empezamos a intercambiar ideas con Adriana De Caria acerca de la cocina italiana en La Argentina, una fuerte afinidad en nuestras búsquedas nos acercó y provocó una catarata de correos electrónicos y comunicaciones diversas. En 2017, quedé impactado por un artículo maravilloso que Adriana publicó sobre la salsa scarparo. (1) Este artículo de la Instigadora fue incitante para mí. Finalmente, en julio de 2017, le propuse que indagáramos sobre el origen del tuco porteño, sobre su receta estabilizada y sobre las influencias que confluyeron en ella. Anduvimos hurgando ideas y materiales hasta que llegamos a ciertas conclusiones. Adriana ya expuso algunas, las más significativas, claro está, en su artículo. (2) A mí se me ocurrió escribir una síntesis sistemática de nuestras búsquedas y nuestros hallazgos. Produje algunos textos que le envié por correo-e y Adriana fue corrigiendo y completando. Aquí la síntesis de nuestro intercambio.
Fecha: 13 de junio de 2018
De: Mario Aiscurri
Asunto: El tuco en los recetarios argentinos
Querida Adriana:
Tus reflexiones son muy enriquecedoras. Es altamente probable que la confusión entre tucco y sugo a la que te referís, se haya operado entre las familias de origen italiano; pero ellas no vivían aisladas en La Argentina. Ya he contado muchas veces el caso de mi tía Ñata que, hace más de cincuenta años, agregaba, a su estofado español, un ají putaparió de los que cosechaba don Michelle, su vecino italiano.
 Las imágenes pertenecen a Adriana De Caria (ADC) y a el Recopilador de sabores (ERS), según se indique 

Es muy probable, también, que esa asimilación lingüística provenga de una denominación ya consagrada en La Argentina que los nuevos inmigrantes (mayoritariamente napolitanos y calabreses) encontraron y tomaron como un dato que hablaba más del país que los había recibido que de la tradición culinaria xeneize. En fin, misterios de la historia social que, en materia culinaria, suele ser muy difícil de discernir. Pero que sigue una regla invariable, el intercambio de sazones.
¡Qué bueno que trajiste los datos de la “encuesta” a este intercambio! (1) Recuerdo que fue un bullicio, intenso y amable de opiniones. Casi una metáfora de los intercambios que produjeron los mejores resultados en la construcción de una manera de vivir en argentino. Yo tenía olvidados los resultados. Ahora que los ponés frente a mí, recuerdo qué era lo que me había perturbado en la búsqueda de “la” receta del tuco porteño. Es que salvo por la presencia del tomate y la larga cocción, los componentes de la receta tienen una enorme dispersión… después de leer esto, no parece haber una receta estabilizada de tuco argentino.
Esta contrariedad no me impidió seguir buscando. ¿Qué encontré? No precisamente “la receta” buscada en recetarios españoles que fuera la madre del tuco argentino. Encontré algo más interesante todavía, unas recetas de Auguste Escoffier que describen cómo hacer “jugo” y aplicarlo a la cocción de macarrones. Pero vayamos por partes.
En los viejos recetarios españoles que suelo consultar, no existe el “tuco” para acompañar las pastas. Pero sí hay recetas de estofado para hacerlo. El estofado español del siglo XIX, no siempre lleva tomate. (2) De modo que allí hay una punta para ver si el tuco argentino también está vinculado con los estofados españoles. Pero el problema que presenta es que introduce una nueva variante: el estofado no siempre lleva tomate y ¿el tuco, entonces?
En mi biblioteca, el primer recetario argentino que contiene una receta de tuco es el de doña Lola (1944). Precisamente se trata de un estofado que no lleva tomates. (3) Casi por la misma época (1947), en su libro sobre el arte del buen comer, José Eyzaguirre expone una receta de “tuco rápido” que consiste en mezclar el jugo de carne con salsa de tomates. (4) El autor no dice, en esa receta, cómo se obtiene ese jugo de carne; pero la preeminencia de la codificación francesa en su libro, hace suponer que se trata de la salsa emergente de un estofado sin tomate. Como puede verse, estos recetarios conservan la dicotomía que hemos encontrado en los españoles del siglo XIX.
Si observamos un poco más, veremos que esta tendencia se confirma en los recetarios de la primera mitad del siglo XX. Por ejemplo, el estofado de Teófila Benvento no lleva tomates (1895-1940), (5) el de Marta sí (1914-1957). (6) Ambas recomiendan condimentar las pastas con “salsa de estofado”. Marta aclara el término diciendo que esa salsa que se obtiene de un estofado cuando se excluye la carne. La carne, propone la autora santafesina, puede servirse junto a las pastas con “salsa de estofado” o no. El estofado de doña Petrona (1942), como el de mi madre, lleva carne y tomate. Pero la gran cocinera argentina no lo asocia directamente al salseado de pastas. (7)
En los recetarios de la segunda mitad del siglo XX, tampoco aparece el tuco. Las salsas son más livianas y el estofado es reemplazado por la salsa boloñesa. Todas estas recetas suponen la reducción de los tiempos de cocción. Pero esa es una historia que quiero retomar más adelante.
Como puede verse, dos dicotomías atraviesan el conjunto de recetas que estamos considerando. La primera es si el tuco lleva carne o no, la segunda si lleva tomate o no. En un extremo de esta matriz está la no receta, sin carne y sin tomate no hay salsa. En el otro está el tuco tardío que no lleva carne como lo describiste en la tuya anterior.
La dicotomía en torno del tomate es profunda y las alternativas se dispersan en rumbos divergentes. ¿Se ha intentado alguna vez una codificación estable con el tuco argentino? Creo que el problema no es que no se haya intentado, sino que se han intentado varias, pero ninguna de ellas sistemáticas. Vos hablás, por ejemplo, de la pasta al jugo que se ve en las cartas de los restaurantes porteños de los años cincuenta y suponés, con buen criterio basado en la experiencia propia, que se trata de una simple salsa de tomates originaria del sur de Italia. Pero Marta, en el recetario que ya mencioné, expone una receta de ravioles al jugo que se cubren con una salsa de cebollas y tomates a la que se agrega el jugo de una carne que se ha cocido al horno. Es decir que, para ella, “jugo” no es “salsa de estofado”, interviniendo en esta salsas el concepto de jugo de la codificación francesa.(8)
El jugo, entonces, puede obtenerse de la cocción de las carnes. En el caso de Marta, de una cocción al horno; pero, en el caso de Escoffier, el jugo (nombre que da a fondos de cocción oscuros, por lo menos en la edición en castellano que tengo) se obtiene de un estofado… y es aquí donde hay una codificación consistente que seguramente ha influido en la restauración porteña, y también, muy probablemente, en la estabilización de las recetas de los estofados españoles y de u tuccu xeneize. Sin embargo, tampoco contribuyó a estabilizar una receta de “tuco” en los restaurantes porteños que pueda diferenciarse claramente del “jugo”. (9)
De modo que podemos llegar aquí a dos conclusiones provisorias: UNO) la palabra “tuco” de origen genovés se asocia a la “salsa de estofado” que vemos en los recetarios más antiguos. Es más, en algunos casos la reemplaza. La tenemos registrada en los años cuarenta del siglo XX y DOS) no hay receta estabilizada para el tuco argentino. ¿Qué te parecen a vos estas ideas?
Espero no haber sido demasiado largo, besos, Mario.
Fecha: 17 de junio de 2018
De: Adriana De Caria
Asunto: RE: El tuco en los recetarios argentinos
Buen día Mario,
FELIZ DÍA!!!!!!
Es muy difícil desandar estos caminos.
Estoy de acuerdo con vos en que jugo era de carne y no de tomate, y ahí pifié cuando dije que en los recetarios de los años ’50 los jugos traducían al “sugo”. Es cierto: el jugo era sin dudas jugo de carne.
El tomate tardó en arraigarse, tardó en ingresar e instalarse en recetas que ya se hacían con carne, y que ya para esa altura usaban en jugo para condimentar las pastas. Pero una vez que se asentó, y siendo un ingrediente tan perfecto para salsear (y con bajo contenido graso), terminó en muchos casos por desplazar a la misma carne.
Por otro lado, si no te contesté inmediatamente, fue porque esta semana ocurrió “algo” que en un primer momento me hizo temblar los cimientos de lo que busco e investigo: apareció un libro clave. Se llama LOS SORRENTINOS. Está recién editado. Me lo regaló un amigo a raíz de mi propio blog. Es la historia misma de los Vespoli vista desde adentro, y con qué mirada más hermosa, por un miembro de la familia, Virginia Higa, y que no te extrañe su apellido nipón. Me devoré el libro; para mí no tiene desperdicio; vas a tener que “sacrificarte” y leerlo, y creo que viene a confirmar tu afirmación primitiva: los sorrentinos son argentinos.
Un abrazo y de nuevo, MUY FELIZ DÍA, gracias por todo, Adriana
Fecha: 17 de junio de 2018
De: Mario Aiscurri
Asunto: Una corrección
Querida Adriana:
En primer lugar, gracias por los saludos por el día del padre y por compartir tu hallazgo, la novela de Virginia Higa sobre los sorrentinos marplatenses. Buscaré y, seguramente, devoraré ese libro.
No, querida Adriana, no pifiaste. Me permito hacerte una corrección. Tu relación de las recetas de los años cincuenta no se refería a los libros de cocina sino a la práctica en los restaurantes. Tu afirmación es incitante, tal vez el sugo no tenga que ver con el nombre del tuco que en ellos se ofrecía, pero la presencia del tomate sí, y por esas bondades que señalás.
En este caso, las fuentes que tenemos resultan difíciles de asir. Exigen un esfuerzo de interpretación importante. Son las cartas de restaurantes que cerraron hace muchos años y no tenemos otra herramienta que una denominación, una línea con un precio muchas veces sin especificaciones como se usa ahora. Además, como es frecuente aún en nuestros días, esas denominaciones suele ser arbitrarias, generalmente basadas en el marketing intuitivo de los “gallegos”.
Por suerte, entrevistamos a uno de esos “gallegos” supérstite, el señor Iannone (jajajá), dueño del restaurante Albamonte de Chacarita, quien nos señaló otro atributo del tomate sobre la carne que nosotros no habíamos tenido en cuenta. El tomate se conserva más, nos dijo, ¿te acordás?
Debo decirte que confío mucho en tus intuiciones, son muy poderosas. Incitan a revisar conceptos. Sí te parece, pasamos revista a las cartas de restaurantes a las que tuvimos acceso.
Sigamos en busca del tuco perdido. Besos, Mario.
Notas y referencias:
(1) El texto se refiere a una “encuesta” que Adriana realizó en el grupo de Facebook Buena Morfa Social Club. La Instigadora preguntó a los miembros del grupo cómo era el tuco que ellos conocían. En la respuesta hubo, una gran dispersión acerca de cuáles eran los ingredientes básicos.
(2) 1867, Moyano, Guillermo, El cocinero español y la perfecta cocinera, Málaga, Librería de Francisco de Moya, pp. 77-81 (estofado con tomate). 1892, SSAA, El cocinero práctico, Madrid, Hijos de R. Álvarez, pag. 148 (estofado sin tomate).
(3) 1944, L. P. de P., El arte de la mesa. Recetario de doña Lola, Buenos Aires, Guillermo Kraft LTDA, pag. 33.
(4) 1946, Eyzaguirre, José, El libro del buen comer, Buenos Aires, Editorial Saber Vivir, 1946, 2° edición, pp. 309-310, 135.
(5) 1940, Benavento, Teófila, La perfecta cocinera argentina, Buenos Aires, Escuela Taller Divino Rostro, 1° edición de 1894, pp. 369, 328, 327 y ss., 104, 384, 306, 309-310.
(6) C 1957, Cocina tradicional argentina por Marta, Buenos Aires, Distal, nueva edición de La cocinera criolla, facsímil de una edición más moderna (no indica fecha), 2010 (1° edición 1914), pp. 32, 39, 41-42, 80, 88-91, 94-95, 108.
(7) 1942, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1942, edición 11° (1° edición de 1934), pp. 224-225.
(8) C 1957, Cocina tradicional argentina por Marta, Cit.
(9) 1934, Escoffier, Auguste, Mi cocina, Barcelona, Plutón Ediciones X, S. L., s/d.

miércoles, 12 de junio de 2019

Palitos de nuez de Hedy


La cocina judía asquenazi tiene lugar para masitas dulces, como estos palitos de nuez. El lector avisado, advertirá rápidamente que se trata de bizcochos, dicho esto en el sentido estricto de una doble cocción (biscuit, como dicen los franceses).
Esquina neurálgica de la bohemia judía porteña de mediados del siglo XX

La imagen pertenece al autor

La receta de Hedy es relativamente sencilla para quien está habituado a la repostería hogareña. Alexis, su hijo afirma que es una receta familiar, pero que no se diferencia demasiado de las que se pueden encontrar en los recetarios. (1) Efectivamente Ana María Shua, en su recetario de cocina judía, incluye una receta parecida bajo la denominación “kamish broit” (masitas de nueces). (2)
Sin embargo, aunque la identidad de la receta se mantiene, hay una diferencia destacable. Ana María Shua hace alarde, a lo largo de su libro, de ser una cocinera práctica (mucho uso del microondas, compra de ingredientes pre hechos en el supermercado, etc.), en tanto que, en las recetas de Hedy, se nota aplicación y cuidado por los productos y las técnicas. No hay defecto en ninguno de los dos casos, sólo una actitud diferente frente a la cocina
Cuando Alexis afirma que una receta es familiar, me hace suponer que Hedy debió aprenderla de su madre Doris. ¿Será por eso que la temperatura del horno está indicada en grados Fahrenheit? (3)
Vayamos a la receta y a preparar esto palitos… ¡Ah! No se olviden de chuparse los dedos antes de llevar la placa al horno.
Palitos de nuez
Fuente
Del recetario de Hedy Pundik (c 1990-2004) (4)
Ingredientes
Aceite de cocina 1/2 taza.
Azúcar 1/2 taza + 2 cucharadita de té.
Huevos 2.
Harina tamizada 2 tazas.
Polvo Royal 1 cucharadita de té.
Bicarbonato de soda 1/2 cucharadita de té.
Esencia de vainilla 1 cucharadita de té.
Esencia de almendras 1 cucharadita de té.
Nueces cortadas o almendras, o pecans 1/2 taza.
Ralladura de 1 limón.  
Preparación
1.- Precalentar el horno a 350 grados F. (180° C).
2.- Batir los huevos, agregar el azúcar y el aceite, y mezclar bien.
3.- Agregar los ingredientes restantes y mezclar bien.
4.- Refrigere la masa durante varias horas o de la noche a la mañana.
5.- Sobre superficie de una placa enharinada forme 3 panes estrechos.
6.- Cueza al horno sobre la misma placa enharinada por 20 - 25 minutos.
7.- Rebanar en diagonal mientras está caliente.
8.- Tostar en el horno en la placa.
Comentarios
La equivalencia en grados Celsius de la temperatura del horno, la indiqué yo.
Notas y bibliografía:
(1) 2018, Choclin, Alexis, entrevista grabada el 12 de mayo.
(2) 1993, Shua, Ana María, Risas y emociones de la cocina judía, Buenos Aires, Emecé, pp. 172-173.
(3) Alexias considera que mi hipótesis es razonable porque Doris vivió parte de su infancia en Londres. 2018, Choclin, Alexis, comunicación del 23 de julio
(4) 2018, Choclin, Alexis a Aiscurri, Mario, “El Recetario de Hedy”, correo-e del 2 de abril.