jueves, 14 de julio de 2022

Sabores entrañables, un sueño largamente acariciado

El epígrafe contiene un lugar común; sí, claro que sí. Alguien dijo que quien profiere un lugar común abriga una esperanza.

Efectivamente, en 2010 nacía El Recopilador de sabores entrañables, una cocina con identidad. Escribía frenéticamente, entonces, sobre la cocina familiar, descubriendo muy lentamente cuánto de argentino había en ella. Pero no escribía para un blog… escribía con el proyecto de producir un libro.

Doce años después aquí está:



sábado, 2 de julio de 2022

Ajíes rellenos de doña Clara

Dedico este artículo a un plato muy difundido de la cocina argentina. He publicado recetas de distinta procedencia. Por ejemplo, la receta que mi tía Mari preparaba en Dudignac (a 300 km de la Ciudad de Buenos Aires). (1) También la de los que prepara Mora Sorsaburu en Moreno (Provincia de Buenos Aires). En realidad, el centro es una receta de zucchinis rellenos, pero con referencias precisas acerca de cómo replicarla con morrones. Mora aprendió a hacer estas recetas de su suegra de origen libanés. Por tanto se trata de una manera árabe de cocinar el plato, siendo la sazón la diferencia más significativa. (2)

Las imágenes pertenecen a Aldo Barberis Rusca

No me voy a detener más que unos pocos instantes en cuestiones ajenas a la receta de doña Clara. Sólo diré que en las ciudades y zonas rurales de las llanuras bonaerenses usamos indiscriminadamente las expresiones “ají morrón” y “pimiento morrón” como sinónimos. En la región del Noroeste Argentino, llaman pimiento al morrón y a todas las variedades dulces, en tanto que denominan ají a las picantes. Es por eso que, cuando leemos una receta de doña Petrona y la gran cocinera nacional nos dice que lleva ají, debemos leer que lleva picante, aunque no mencione la especie.

Es probable que, como el gusto porteño y bonaerense socialmente constituido excluyen el picante de entre las preferencias culinarias, la diferenciación arribeña parece innecesaria en el lenguaje cotidiano local. Tradicionalmente, para nosotros, un leve exceso en la pimienta o en el especiado de un plato, es percibido como picante, aunque en realidad, si hacemos mediciones de pico, no lo sea.

Esto ha ido cambiando en los últimos años en algún sector de la sociedad que manifiesta una novedosa preferencia por el picante. Pero, en este caso, el lenguaje no ha adoptado la denominación regional argentina para establecer la diferencia, sino la nomenclatura asociada a tendencias internacionales… para nosotros, un ají picante es un chile.


Ahora bien, volviendo a la receta de doña Clara que Aldo ha venido practicando con cierta frecuencia, lo más interesante es prestarle atención al relleno. (3) Es que la idea gastronómica es la misma, pero el relleno, como en otros casos la sazón, hace a la diferencia que se pueden registrar de casa en casa. En este caso, se trata de un relleno que excluye la carne picada.

Anímese con esta receta, es sencilla.

Ajíes morrones rellenos

Fuente (fecha)

Aldo Barberis-Rusca (2022)

Ingredientes

Morrones cantidad necesaria hasta completar la capacidad de la olla.

Relleno:

Granos de choclo enteros.

Papa misma cantidad del peso del choclo.

Queso semiduro a elección (pategrás, mar del plata, fontina, etc.) misma cantidad del peso del choclo.

Salsa:

Cebolla.

Morrones.

Tomates.

Aceite c/n.

Sal a gusto.

Pimienta.

Pimentón.

Ají molido.

Preparación

1.- Se cortan los ajíes de aprox. 7 cm a partir de la base.

2.- Sacar venas y semillas. Usar lo que queda de los morrones en la salsa portuguesa.

Relleno:

3.- Cortar la papa y el queso del tamaño de los granos de choclo.

4.- Blanquear un poco los daditos de papa en agua con sal.

5.- Mezclar todo, cuando las papas están frías.

6.- Reservar.

Salsa:

7.- Pelar la cebolla y quitarle las pepitas, las venas y el cabo a lo que quedó de los morrones.

8.- Cortar las cebollas y los morrones en tiras.

9.- Sofreír cebollas y morrones hasta que estén tiernos, salar y condimentar.

10.- Agregar el tomate y dejar cocinar hasta que el tomate esté cocido y la salsa sea del gusto del cocinero.

Armado y cocción

11.- Acomodar los morrones parados sobre el fondo de la olla que se tomó de referencia, hasta completarla.

12.- Rellenarlos con el choclo, la papa y el queso sin apretar demasiado.

13.- Verter la salsa sobre los ajíes cuidando que el jugo moje bien el relleno.

14.- Llevar a fuego medio alto hasta que los ajíes estén tiernos, aproximadamente media hora.

15.- Servir calientes.

Comentarios

1.- El color de los morrones es a elección del cocinero.

2.- La clave para establecer las cantidades de ingredientes son dos: 1) Calcular la cantidad de morrones en función de la superficie del fondo de la olla elegida para cocinarlos, tiene que entrar un poco ajustados, pero evitando dañarlos y 2) La cantidad de salsa portuguesa debe ser abundante. Si falta, es necesario agregar agua o caldo. Si sobra, se usan como salsa para los fideos del día siguiente.

3.- En cuanto al relleno, tres cuestiones: 1) Se calcula la cantidad en función de los morrones que haya que rellenar, 2) los granos de choclo pueden tener cualquier procedencia (conserva, congelado, etc.), pero tienen que estar enteros y 3) debe llevar la misma cantidad de choclo, papa y queso, como está indicado en la receta.

4.- La salsa portuguesa debe estar bien líquida como para que pueda penetrar en el relleno con facilidad. Se puede estirar con agua o caldo, si es necesario.

5.- Los morrones que usaba doña Clara eran verdes, más pequeños que los actuales y con una pared más fina.

6.- El mejor acompañamiento es un puré de papas.

Aldo cuenta que hay una opción que consiste en hacerlos al horno. Para ello, es necesario cortar los ajíes morrones longitudinalmente, retirando venas y semillas pero dejando los cabos. Colocar sobre una asadera las mitades de morrón con la abertura provocada por el corte hacia arriba. Rellenarlas y cubrir con la salsa. Llevar la asadera a un horno precalentado medio alto hasta que los morrones estén cocidos. Si se desea gratinar, cuando los morrones estén por estar, agregar queso fresco o muzzarella y activar el gratinador, si el horno cuenta con él, o, simplemente, devolver al horno unos minutos, si no se dispone de él.

Notas y bibliografía:

(1) 20, Asicurri, Mario, “Morrones rellenos de la tía Mari”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 5 de marzo de 2022 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2014/05/morrones-rellenos-de-la-tia-mari.html

(2) 2021, Asicurri, Mario, “Meshe de zucchinis (Cusa mejshi)”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 5 de marzo de 2022 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2021/08/meshe-de-zucchinis-cusa-mejshi.html.

(3) 2022 de Barberis-Rusca, Aldo a Aiscurri, Mario, adjunto al correo-e del 10 de febrero.


Huevos a la nieve

La vida de un ser humano no resiste la monotonía, aunque a veces lo parezca. Suele ser una compleja trama de encuentros y desencuentros, de recuerdos y olvidos, de sabores y sinsabores y, en definitiva, de acontecimientos fortuitos no siempre deseados.

Las imágenes pertenecen a Aldo Berberis Rusca

En este artículo, propongo la receta de huevos a la nieve. Un postre que solía preparar Clara Corrado y que su nieto Aldo Barberis-Rusca ha logrado rescatar del olvido en dos oportunidades en su vida. La particularidad del caso es que, entre estas dos oportunidades, mediaron algunas décadas.

Ya les he contado quién era la abuela Clara y de lo bien que cocinaba y de cómo fue el proceso de rescate de muchas de sus recetas a partir de la voluntad de su nuera Irma y de su nieto Aldo. De modo que no voy a abundar en ello. (1)


Me limitaré a decir que ésta fue una de las recetas que Aldo comenzó a practicar cuando era muy joven. Pero que, por alguna razón, dejó de hacerlo, tal vez por su complejidad, o mejor dicho, por la puntillosa precisión motora que exige lo que le da el carácter complejo. Lo cierto es que este postre entró en un cono de olvido en su cocina.

En el primer semestre de 2021, La Argentina entró en un sostenido proceso de vacunación contra el Covid 19. Para ello recurrió a la adquisición de vacunas de diversa procedencia. Entre ellas, la Sputnik V de Rusia, la Sinopharm de China, la británica AstraZéneca (fabricada en nuestro país en gran parte) y la norteamericana Pfizer.


Esta situación dio lugar a una disputa de intereses disfrazados de cuestiones ideológicas. El extremo fue un juego dialéctico que le pareció risible a mi amigo, en el que se llegó a suponer que cada vacuna nos transmitiría pensamientos, sentimientos y principios filosóficos de cada país de origen. Es por eso que escribió un texto hilarante que, bajo el título “La Piba de Verde y El Tipo del Sombrero se vacunan”, publicó en el grupo privado de Facebook “Buena Morfa Social Club” (BMSC) que fue elogiado por el administrador del grupo por el humor refinado que expresaba. (2)

El hombre de sombrero recibió una primara dosis de Sputnik V. Pronto comenzó a hablar en ruso, pensar en ruso y comer en ruso. Fue entonces que recurrió al libro Delicias de la cocina rusa de Otilia Kusmin. (3) Trató de encontrar allí alguna receta que pudiera ilustrar la situación acorde a la nueva situación que vivía. En la vida real, Aldo tenía varios libros de la autora y había comprado este ejemplar hace unos cuantos años en una librería de viejo de su barrio. Sin embargo, el volumen esperaba pacientemente en su biblioteca la oportunidad de ser consultado y ésta llegó en la circunstancia referida. 


Lo cierto es que Aldo recorrió las hojas del libro y se encontró, no sin asombro, con la receta yo publico un poco más abajo en estas notas… era la receta de su abuela Clara transcrita literalmente. La emoción lo embargó, los aromas y sabores de su abuela reaparecieron súbitamente y el deseo se adueñó de la voluntad de mi amigo. No sólo usó la receta para su texto, sino que, además, volvió a practicarla, por cierto que con un aporte personal que se registra en la transcripción que hago.

Se impone una aclaración antes de ir a la receta. Muchas veces hago referencias a grupos privados de Facebook, pero ellas son sólo accesibles a los miembros de esos grupos. Generalmente no es necesaria una transcripción del texto porque mis artículos se bastan a sí mismos y la referencia sólo funciona como soporte de mis afirmaciones. En este caso, el texto de Aldo es colateral a esta notas y merece ser leído por quien esté interesado en lo que escribo. Por eso lo transcribo a continuación de la receta.

Huevos a la nieve

Fuente (fecha)

Otilia Kusmin (2022)

Ingredientes

Huevos:

Claras 6.

Azúcar 1 cucharada sopera.  

Leche 750 cm3.

Yemas 6.

Esencia de vainilla 1 cucharadita de té.

Canela ½ de rama.

Azúcar 200gr.

Crocante:

Nueces pecan c/n.

Azúcar 150gr.

Preparación

Huevos:

1.- Batir las claras a nieve con la cucharada de azúcar.

2.- Hervir la leche con el trozo de canela, en una cacerola de diámetro grande o en una asadera.

3.- Apagar el fuego y colocar las claras batidas separadas en 12 porciones.

4.- Al cabo de 2 minutos darlas vuelta empezando por las que se pusieron en primer término.

5.- Escurrir en un lienzo y colocar de a dos en 6 compoteras.

6.- Batir las yemas a blanco con el resto del azúcar.

7.- Volver a hervir la leche y verter sobre las yemas.

8.- Llevar a fuego bajo y cocinar revolviendo hasta que la preparación nape la cuchara pero no hierva.

9.- Perfumar con vainilla.

10.- Dejar entibiar y echar sobre los copos de nieve.

11.- Servir bien frío, espolvoreando el crocante de nueces por encima.

Crocante:

12.- Tostar las nueces pecan en el horno.

13.- Llevar el azúcar a fuego fuerte en una cacerola y cocinar hasta que se forme un caramelo no demasiado oscuro.

14.- Volcar el caramelo sobre una superficie antiadherente.

15.- Partir las nueces tostadas y distribuirlas sobre el caramelo caliente.

16.- Moler la mezcla cuando se haya enfriado y conservarla hasta el momento de ser utilizada.

Comentarios

De la autora:

““Napar la cuchara” significa que la preparación toma cierta consistencia y se adhiere a la cuchara sin resbalarse.

Míos:

1.- El paso 7.- quizás debiera redactarse de este modo: “Volver a hervir la leche y verter sobre ella las yemas.”

2.- El crocante de nueces es el aporte personal de Aldo a la receta de su abuela Clara.

Ahora el texto que Aldo publicó en BMSC en mayo de 2021:


“La Piba de Verde y El Tipo del Sombrero se vacunan, él hace un postre homenaje y termina recordando sus lecturas juveniles de Camus.

”Apenas retornados de su última aventura, como “Adán Buenos Ayres”, por tierras de Saavedra, La Piba de Verde y El Tipo del Sombrero comprobaron con satisfacción que el Gobierno Comunal los había convocado para aplicarse la vacuna tan ansiada al día siguiente en el Parque Roca.

”Mientras retornaban en la cabeza de El Tipo de Verde (que juró nunca más usar sus iniciales) resonaban los tristes pero esperanzadores versos “Да ладно, осталось мало, приближается финальный бой, самый сложный. Но я уже хочу быть в России, домой ... Я так давно не виделась с мамой!” ("Последний Бой" Дмитрий Хворостовский) (https://youtu.be/wD-2dV63dBc). Así pudo confirmar que había sido inoculado con Sputnik V, la temible “Vacuna Rusa”.

”Llegados a la dacha se comunicaron con otros camaradas y todos se juramentaron reunirse a comer y beber como auténticos cosacos pasado el período impuesto por el Soviet Supremo de dos semanas hasta obtener la inmunización. Bueno, todos no; uno no se encontraba en su domicilio ya que según su hija había salido a cenar a “Palacio Tao Tao”, con lo cual entendieron que había recibido la vacuna Sinopharm y, encima, vencida.

”El Camarada del Ushanka decidió que su aporte a la “Cena de Reconocimiento al Partido, a los trabajadores del Instituto Gamaleya y a la Madre Rusia” sería el postre, con lo cual desempolvó su viejo ejemplar de “Delicias de la Cocina Rusa” de Otilia Kusmin.

”Pasadas apenas un par de páginas de la sección de postres un nombre le llamó la atención Sneshki (Снежки) o Bolas de nieve y al leer la receta cayó en la cuenta de que no era otra cosa que los Huevos a la Nieve que le preparaba su бабушка клара; Babushka Klara cuando era niño mientras le contaba las historias de la Bruja Yaga y del pequeño Ivan Tzarievich

”Así que armado de la receta, que adjunto en las fotos, y su memoria se aventuró a preparar el amado postre de su infancia para agasajar a la Camarada de Verde a su regreso.

La cosa es que El Tipo del Sombrero se encuentra bastante descangallado, así que hacer el postre fue una prueba en la que tuvo que poner más voluntad que la que cuenta.

”Se llevó una silla a la cocina y entre poner a hervir la leche, y batir las claras a nieve se tomaba un descanso; entre cocinar un par de “copos” y poner la otra tanda, otro. Y así hasta terminar el postre absolutamente agotado; pero feliz.

”La cosa es que semejante esfuerzo le recordó al pobre Sísifo rodando su peñón cuesta arriba de la montaña sabiendo que los dioses malparidos lo harían rodar cuesta abajo no bien llegara a la cumbre; lo que de alguna manera es una metáfora del trabajo en la cocina el cual se termina sólo para volver a empezar.

”Pero mientras servía el postre en unas coquetas compoteras, coronado con un crocante que hizo con unas pecans que habían conocido épocas de mayor esplendor, no pudo sino pensar en Albert Camus que opinaba que si bien los dioses condenaron a Sísifo a subir la piedra, durante el trayecto de bajada Sísifo es dueño de sí mismo y es capaz de entender lo inútil de su tarea, lo absurdo de su situación y llegar a aceptarla.

”Y entonces, El Tipo del Sombrero mirando los ojos de La Piba de Verde mientras clava la cuchara en su compotera, comprenderá que todo el esfuerzo fue para tener este instante de infinita felicidad y concluye, al igual que el Sísifo de Camus: “Todo está bien”.”

Notas y bibliografía:

(1) 2022, Aiscurri, Mario, “Aldo Rusca y una cocina legendaria”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 26 de junio de 2022 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2022/06/aldo-rusca-y-una-cocina-legendaria.html

(2) 2021, Barberis-Rusca, Aldo, “La Piba de Verde y El Tipo del Sombrero se vacunan”, leído el 7 de febrero de 2022 en https://www.facebook.com/groups/buenamorfa/permalink/4353522661334226/.

(3) 1993, Kusmin, Otilia, Delicias de la cocina rusa, Buenos Aires, EMECE.


sábado, 18 de junio de 2022

Tomates fermentados de Aldo Rusca

I Revolución o restauración

Hay una tendencia actual que promete revolucionar la alimentación humana. Esta revolución se sostiene en una firme restauración de ideas gastronómicas olvidadas o, por lo menos relegadas al desván de los trastos viejos. ¿Estoy planteando una paradoja? No, estoy dando cuenta de una constante en la historia del ser humano desde que el primer homínido generó el primer acto cultural que lo diferenció del comportamiento animal.

Las imágenes pertenecen a Aldo Barberis Rusca, salvo indicación en contrario

El ser humano nunca abandonó la inclusión de fermentados en su dieta, pero los relegó casi enteramente a los que se obtienen de prácticas industriales. De este modo, preferimos comprar un frasco de aceitunas en salmuera en el supermercado a intentar prepararlas en casa.

Las restauraciones de las que hablo nunca son puras, siempre recuperan los aspectos positivos de la etapa intermedia. Hacer factura de cerdo supone, en nuestros días, y para la sociedad urbana, no sólo una búsqueda de viejas técnicas que han dejado de practicarse en la familia por años, sino también la observación de muchas prácticas de seguridad e higiene desarrolladas por la industria. Hoy, por ejemplo, nosotros, los que lo intentamos, no preparamos conservas sin esterilizar los frascos que nos permitirán guardarlas.


Esta dialéctica supone poner en juego tanto las habilidades manuales que habrá que aprender, como las reflexiones intelectuales que nos permitan iluminar el camino para el reencuentro con lo que estamos deseando… así se construyó esta historia particular en la que Aldo Barberis-Rusca pudo reencontrarse con un deseo, recuperar el sabor de los tomates fermentados de su abuela Clara. (1)

II Los tomates de doña Agustina

Mi abuela también hacía salsa de tomates fermentados hace sesenta años en su chacra en el Partido de Nueve de Julio (Provincia de Buenos Aires). No recuerdo haberla visto como la preparaba, pero sí recuerdo cuando abría alguna de las botellas en que la conservaba para usarla en una comida.

Por ejemplo, cuando hacía una de sus “pizzas” en la cocina económica en invierno y no había tomates frescos en la huerta. Buscaba una de las botellas de aceite de litro y medio que tenía con el tomate en la despensa, cortaba el precinto de piolín que ella misma había hecho en el verano y la descorchaba. Una pequeña efusión gaseosa parecía indicarle que el tomate fermentado estaba en buenas condiciones.

La imagen pertenece al autor

Cuando me interesé en ellos, tuve que recurrir a tía Chocha para que me pasara la receta. Mientras escribía las notas que luego publiqué, pude verificar que la práctica de fermentar tomates estaba muy difundida en las áreas rurales rioplatenses y que la idea no respondía a una receta única. Sí, sí, siempre hubo varios modos de fermentar tomates. Por ejemplo, en ese mismo artículo, publiqué el enlace a un reportaje que le hiciera la televisión pública neerlandesa a José Pepe Mujica. Allí el presidente uruguayo da a probar al periodista tomates fermentados por él. Adicionalmente expone su receta. Por cierto, diferente a la de mi abuela. (2)

Aún no he intentado la receta de doña Agustina. Tía Chocha sí, volvió a hacerla. Pero ya no la guardó en esos botellones imposibles de conseguir, sino en frascos de distintos productos industriales que se tomó el trabajo de esterilizar. (3)

III Los tomates de doña Clara

Aldo tuvo más suerte que yo, vio a su abuela hacer tomates fermentados. También conserva registro de su sabor incomparable, por varias razones. Entre otras, doña Clara no restringía su uso al de una salsa, preparaba la conserva en la ciudad y su uso era, para Aldo, algo cotidiano, no una rareza de vacaciones.


El lector seguramente habrá leído el artículo sobre la cocina de doña Clara en la sección “Cuaderno de bitácora del Recopilador”. Allí se cuenta que cuando Aldo llegaba a casa de su abuela, casi inmediatamente, Clara preguntaba si quería comer algo. Eran entonces que, ante el menor gesto afirmativo, empezaba a sacar frascos con distintas “cositas” como milanesas en escabeche, tomates fermentados y otras especialidades. (4)

Recuerda la magia que se producía, cuando aparecía el frasco de Nescafé donde la abuela guarda los tomates. Los comía sobre una rodaja de pan y queso, o simplemente de pan, y, si la ocasión era de ir a comer, eran insuperables con cualquier carne, en especial, con milanesas.

Aldo recuerda que:

“El ritual comenzaba en enero, cuando los tomates bajaban de precio y mi abuela Clara volvía del Mercado Centenera, del que hoy solamente quedan los puestos a la calle y el interior se convirtió en un estacionamiento, con el changuito cargado con medio cajón de tomates perita; maduros, carnosos, bien colorados.” (ver nota (1))

La abuela vivía en el Pasaje de las Garantías, en el barrio de casitas que está cerca del Parque Chacabuco. Ni bien llegaba a su casa, lavaba y cortaba los tomates en cuartos y los acomodaba por capas sobre algunas fuentes. Después de colocar cada capa espolvoreaba con sal. “¿Cuánta sal ponía? “Así, un poco” y ponía los dedos juntos para abajo y los movía como espolvoreando.”


Las fuentes se acumulaban en toda la cocina (sobre la mesada, la mesa de fórmica y hasta la máquina de coser Singer con la tapa rebatida). A medida que los tomates drenaban líquido, los iba escurriendo. Cuando el volumen mermaba, y lo permitía, pasaba los tomates a un gran colador de aluminio que apoyaba sobre la boca de una olla. Para hacer presión sobre los tomates, ponía un plato encima de ellos y agregaba el peso de una maceta sobre el plato. “¿Cuánto tiempo los dejaba? “Hasta que pierden el agua” o “Hasta que se va la sal” o “Hasta que el jugo sale colorado” o “Hasta que el jugo no sale salado”.”

“Llegado el momento, al día siguiente, o al otro, o ¿al otro? Se mezclaba el tomate que quedaba, casi una pasta rojo oscura, con ajos, albahaca, aceite y se envasaba en frascos marrones de Nescafé, bien apretado para que no quede nada de aire y cubiertos con un dedo de aceite. De la montaña de tomates original quedaban unos tres o cuatro frascos que se conservaban en la heladera meses.” (ver nota (1))

Así de sencillo era el procedimiento. Nada malo puede ocurrir con practicarlo, pensó Aldo… y sin embargo.

IV Las búsquedas de Aldo

Aldo tuvo más suerte que yo, experimentó el deseo irrefrenable de fermentar tomates con la receta de doña Clara; aunque, a pesar de la sencillez y claridad del procedimiento, no siempre obtuvo los mejores resultados… tuvo que seguir un largo camino para lograr lo que buscaba.


Según cuenta, los primeros intentos que hicieron Irma, su madre, y él mismo, ocurrieron inmediatamente después de la muerte de Clara en 1974. Todos esos intentos fracasaron. Los tomates se llenaban de moho, o de hongos o de mosquitas durante el proceso de fermentación o cuando ya estaban en el frasco. Aldo abandonó, entonces la empresa.

Por mucho tiempo consideró que la dificultad debía estar en la calidad de los tomates y de la intervención genética a que habían sido sometidos. Pienso que, de ser así, como suele ocurrir en otros casos, Clara debió haber tenido ese problema las últimas veces que los hizo. Pienso que la razón pudo haber sido otra, tal vez una cuestión ambiental. ¿Qué condiciones tenía la cocina de Clara que las otras cocinas no tenían? Pienso que debe haber sido algún cuidado que Clara ejercía sobre el proceso de fermentación de manera inconsciente. Nada, nada, torpes especulaciones que no llevan a ningún lado.


El tema quedó archivado en la mente de Aldo por años. Hasta que una moda incipiente le reavivó el interés.

Empezó a interesarse por las elaboraciones fermentadas, como el kimchi, el yogurt y el chucrut. Entonces descubrió, casi como si no lo supiera, que todo puede fermentarse, incluso los tomates. Efectivamente, llegar al mismo punto desde una perspectiva teórica fue un verdadero descubrimiento. Eso es, se dijo, la receta de los tomates de Clara empezaba igual que la receta de chucrut, entonces habría que seguir el mismo procedimiento que se usa para transformar el repollo en chucrut.


La idea le pareció genial, pero su aplicación directa no dio los resultados esperados hasta que realizó el gran descubrimiento. Pero, dejemos que Aldo mismo emita su informe:

“Compré un kilo de tomates bajo la compasiva mirada de mi esposa que pensaba; “otro kilo de tomates a la basura”, les puse los reglamentarios 20 gr de sal, dejé que larguen líquido y puse todo en la chucrutera de @straussceramicas y a los dos días… Desastre! Un hongo blanco, feo cubría toda la superficie. Levadura Kham, dijeron los expertos, no es tóxica pero tirá todo.

”¿Qué falló, pensé, en qué fallé? Fácil, el tomate tiene mucha azúcar, por lo tanto el agua del tomate tiene mucha azúcar que al contacto con el aire se contamina antes de que el tomate comience a fermentar. ¿La solución? Sacar toda el agua posible.

”La cara de mi esposa cuando llegué con el otro kilo de tomates ya no fue tan condescendiente, pero no me amedrenté; volví a cortar en cuartos, mezclar con sal al 2% y drené el agua durante 24 hs en la heladera.

”Largó bocha de líquido pero el resultado era para mí aún demasiado mórbido, tenía que sacar más agua pero temía que hiciera moho. La solución fue envolver la masa de tomates en un lienzo y escurrir, apretar, estrujar, apachurrar hasta que… comenzó a salir líquido colorado, y ya no era salado. O al menos no tan salado

”La masa resultante resultó bastante seca, compacta, opaca y pesaba exactamente 500 gr; había perdido un 50% de su peso.”

El lector se preguntará de dónde sacó nuestro amigos las pistas para resolver el tema, de dónde sacó tanto conocimiento técnico. Simplemente de sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Esos conocimientos le permitieron recuperar un sabor que su abuela lograba casi con naturalidad. Cómo lograba Clara que los tomates fermentaran sin desarrollar moho, jamás lo sabremos, pero sí podemos saber cómo es que Aldo lo logra.


Personalmente creo que es hora de reescribir la historia. Cuando no recibimos la transmisión literal, boca a boca, y sensorial, con gestos y percepciones, de los saberes emergentes de la sabiduría popular: podremos recurrir al conocimiento, si es que estamos bien orientados, para restaurar lo que la vida cotidiana, agitada y confusa, de nuestros días relega al olvido.

Tal vez debamos abandonar el viejo refrán que reza “o que natura nun da, Salamanca nun presta” por “lo que la cultura de masas pierde, la UBA da las herramientas para recuperarlo”. (4)

Tomates fermentados

Fuente (fecha)

Aldo Barberis-Rusca (2022)

Ingredientes

Tomates perita maduros, carnosos y bien colorados.

Sal 2% del peso total del tomate.

Ajo a gusto.

Hojas de albahaca a gusto.

Aceite de oliva c/n.

Preparación

1.- Lavar bien los tomates.

2.- Quitarles el cabito y cortarlos en cuartos.

3.- Salar y envolverlos en un lienzo.

4.- Colocarlos dentro de un recipiente que permita el drenado del líquido (ver comentarios 1.-).

5.- Llevarlos a la heladera y esperar varios días, el tiempo que sea necesario, hasta que el líquido drenado sea rojo.

6.- Estrujar los tomates varias veces al día para favorecer el drenaje.

7.- Mezclar los tomates con dientes de ajo y hojas de albahaca.

8.- Colocar los tomates ya mezclados dentro de frascos esterilizados (ver comentarios 2.-), tratando de que no queden burbujas de aire.

9.- Cubrirlos con aceite de oliva.

10.- Conservar los frascos en la heladera.

11.- Usarlos con moderación, si puede (comentarios 3.-), para acompañar carnes y tostadas.

Comentarios

1.- Aldo usa una vasija de fermentación. Se trata de un recipiente de cerámica que tiene un colador, también cerámico, en la parte superior. Este colador es removible, lo que permite quitar periódicamente el líquido drenado. Si no cuenta con este artefacto, puede crearlo, colocando un colador sobre una olla. Sólo tiene que asegurarse de dos cosas: que no drene líquido fuera de la olla, lo que suele ocasionar discusiones familiares, y que el tomate envuelto en el lienzo no esté en contacto directo con el líquido drenado. Este segundo método no permitirá sellar el recipiente evitando el ingreso de aire, como ocurre con la “chucrutera”; pero, con los debidos cuidados, puede resultar eficaz.

2.- Hay muchos métodos para esterilizar frascos. El más sencillo consiste en colocarlos en una olla con agua y hacerlos hervir destapados por treinta minutos. Para evitar que se rompan, los frascos deben estar llenos de agua y asegurados con repasadores que los separan entre sí y los sujetan para que no se muevan demasiado con la ebullición del agua. Las tapas, se pueden esterilizar con alcohol. Una vez llenos y tapados, se los puede someter a un baño maría con el mismo procedimiento (30 minutos de hervor, sujetados con repasadores, etc.), pero ahora tapados.

3.- Si el sabor esperado, logra alcanzarse, será difícil que pueda comer estos tomates con moderación y conservarlos por demasiado tiempo.

Los alimentos fermentados son, adicionalmente muy saludables. El lector interesado en la restauración de técnicas, puede recurrir al “gurú” en la materia, Sandor Katz. (5)

Notas y bibliografía:

(1) Los relatos sobre las búsquedas de Aldo fueron tomados mayoritariamente, y si no se indica lo contrario, de un comentario publicado por él en el Grupo de Facebook “Buena morfa social club” del 21 de febrero de 2021, leído el 7 de febrero de 2022 en https://www.facebook.com/groups/buenamorfa/permalink/4043540498999112/.

(2) 2018, Aiscurri, Mario, “Conserva de tomates fermentados. Parte I: la receta de doña Agustina”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2018/11/conserva-de-tomates-fermentados-de-dona.html el 22 de febrero de 2022.

(3) 2018, Aiscurri, Mario, “Conserva de tomates fermentados. Parte II: la receta de tía Chocha”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2021/09/conserva-de-tomates-fermentados-parte.html el 22 de febrero de 2022.

(4) El lector no deberá tomar literalmente la afirmación que contiene este párrafo. Es que así como Salamanca no es la única universidad prestigiosa de España, la UBA no es la única de La Argentina. Pero, como orgulloso egresado de esa casa de altos estudios, me creí con derecho a fanfarronear un poco. De todos modos, la idea de recurrir a los conocimientos científicos para cubrir la demanda de saberes populares perdidos, me parece muy seductora.

(5) 2016, Katz, Sandor Ellix, El arte de la fermentación, Móstoles, Gaia Editores.