sábado, 4 de octubre de 2014

Los vinos de Rubén Cirocco (I)

I Rubén es un compañero de encuentros amicales. Ya he hablado de él y de sus vinos sorprendentes. Los equilibrados y muy tomables vinos de la “bodega Cirocco”.
¿Cómo logra Rubén que sus vinos sean como son? Es una larga historia que comienza en la región de la Campania, en la vieja Italia, y echa raíces en Monte Grande en la Provincia de Buenos Aires, a poco más de 35 km del obelisco.
Rubén hace un culto de la tradición familiar, pero no se ha quedado ahí. Su padre, y sus tíos (alguno vive todavía), nacieron en Molinara, provincia de Benevento en la zona central de Italia. Cuando emigraron a La Argentina, trajeron entre sus atados esta noble dedicación de preparar, por ellos mismos, los vinos que consume la familia. En aquellas serranías, esto era casi un hábito cotidiano (ya he dicho en otra parte que imagino una tradición milenaria detrás de esta costumbre). De ellos, Rubén aprendió el amor por estos vinos y las técnicas básicas para hacerlos. Así lo cuenta:
La familia aportó todo el conocimiento práctico (y las herramientas y vasijas). Sí tenían idea de que, a mayor azúcar, mayor graduación alcohólica; pero no de las proporciones, ni de cómo medirlas... simplemente, comían las uvas y decían esta sí o esta no (eran unos genios!!!).
Tampoco eran buenos hacedores de vinos blancos, ya que hacían la fermentación de las uvas blancas igual que si fueran tintas. Eso hace habitualmente que el vino blanco, una vez elaborado, se oxide rápidamente; tornándose fuertemente turbio, lo que afecta tanto su aspecto, como su sabor.”(1) 
Cómo puede verse en sus palabras, Rubén ha desarrollado una visión crítica de las prácticas que configuran esta tradición. Desde allí, creo, sus vinos recuperan el equilibrio que perdieron en el trasiego de ideas vividas por estas gentes en Italia a unas condiciones geográficas y climáticas distintas. Compró libros y aprendió que cada 17 gramos de azúcar contenidos en un kilo de uva se produce un grado de alcohol en el mosto fermentado. En el utillaje del que Rubén dispone, hay un elemento inexistente en la tecnología utilizada por los viejos: un densímetro que le permite medir la cantidad de azúcar que tiene la uva sin necesidad de probarla. De este modo, resuelve un paso clave en la preparación de los vinos caseros: la selección de la uva. Donde sus mayores desplegaban intuición y sabiduría ancestral, Rubén aplica tecnología moderna que, en este caso, mejora el resultado porque permite realizar las correcciones que las condiciones de la Ciudad de Buenos Aires plantean.
Con relación a estos aprendizajes, Rubén nos cuenta:
Intenté reconocer las distintas variedades, de uva para hacer vino, como la malbec, cabernet, etc. En los libros, explican la forma y tamaño de los racimos, el tamaño del grano de uva, la forma de las hojas, de las plantas; pero no llego a darme cuenta, todas más o menos me parecen iguales. Lo que sí se diferencian fácil son las uvas típicas para hacer vino que en el caso de las tintas, en forma genérica, las llaman "francesas" (así la llamaban los tanos de donde yo vengo), de las "criollas" que, por lo general, se destinan al consumo como frutas y que dan, por lo general, un vino de menor calidad, tanto por el sabor como por la graduación alcohólica.
Mis viejos siempre le mezclaban un 30% de uvas criollas a las francesas y decían que era para aumentarle la cantidad de azúcar, cosa que con el densímetro descubrí que es un mito. Igual en los lugares que venden la uva recomiendan esas proporciones, yo lo hago con 100% de francesa.”  
Este relato de Rubén evoca recuerdos personales. Me crié en Mataderos, en una casa con parrales que había plantado y cuidaba mi abuelo Sebastián. Él era riojano español, pero no trajo la costumbre de producir vinos en casa. Sin embargo, el comentario que acabo de transcribir me hace comprender por qué mi abuelo hablaba con orgullo de sus parras de uvas francesas. Algo de profundo vínculo con su tierra debía haber en ello. El cura Juan y el hermano Vicente de la congregación de los Esculapios eran primos de mi abuelo. Lo visitaban invariablemente a fines de febrero. Mi abuelo les servía un canasto con uvas que los curas devoraban con fruición, seguramente  porque les acercaba el sabor de la tierra en la que habían nacido.  
Pero sus aprendizajes no quedaron en ello, también aprendió cuales son los rangos de temperatura en que debe producirse la fermentación. Los mayores sólo contemplaban la temperatura mínima en que el proceso se inicia (cuenta en el correo-e citado que “en alguna oportunidad, de días de mucho frío llegaron a prender fuego en el lugar donde estaban haciendo el vino para aumentar la temperatura”); pero no tenían en cuenta los topes máximos (el mosto no debe superar los 25° C en los blancos y 30° C en los tintos).(3)
Elaborar vinos es para Rubén un acto de amor(4) y una vocación de aprendizajes permanentes. Veamos:
También aprendí a clarificar el vino con el uso de la bentonita, que es una tierra especial que hace precipitar más rápido los sólidos, pero no lo estoy aplicando, ya que en mi caso, con la naturaleza me doy por conforme.
Otro tema interesante, es el agregado de levaduras especialmente indicadas para hacer vino, que hoy se consiguen en los mismos negocios que te venden la uva.”(5)
Como puede apreciarse, hay un desarrollo tecnológico significativo que acompaña la elaboración de los vinos caseros en la selección de las uvas, en el proceso de maceración y fermentación, en las acciones para la clarificación y estabilización de los vinos y en los cuidados de guarda hasta que el producto se consume (siempre en el año de su elaboración). Una tecnología tradicional, intuitiva y sabia que puede ser enriquecida con nuevos aportes de una tecnología racional y moderna.
II Así describe Rubén el proceso de elaboración de sus vinos:
a. Molienda (primer día), que puede ser con despalillado o no.
b. Maceración, fermentación (una semana).
c. Descube (traspaso del vino del recipiente de fermentación a las damajuanas de 20 y 25 litros). La extracción del vino contenido en el mosto se hace en 2 etapas, la primera se deja escurrir el líquido por gravedad y luego se prensa el orujo. Se usa una prensa especial para los vinos caseros que normalmente es de tornillo.
d. Finalización de la fermentación y clarificación. Este proceso puede demorar de 2 a 3 meses, en los cuales hay que dejar las damajuanas destapadas, ya que hay liberación de gas carbónico y, de estar tapadas, pueden explotar.
La clarificación, en mi caso, se hace en una decantación por gravedad, (la borra y las levaduras muertas se depositan en el fondo del envase) y a los 2 o 3 meses, se hace el traspaso de una damajuana a otra, con una manguerita (también por gravedad) evitando que la misma toque el fondo que es donde está la borra. Algunos usan bentonita en el proceso.
e. Cuidados:
El riesgo del avinagrado de los vinos se evita con la higiene en todas las herramientas que se usan y el tapado de los contenedores (en mi caso, damajuanas de 20 litros), cuando llega el momento (después de la clarificación), lo más hermético posible, evitando el contacto con el aire.
Otros problemas que se pueden presentar son el enturbiamiento, la oxidación y los malos olores y/o sabores; pero si estaba todo limpio y bien tapado, los motivos por los que pasa no los sé y una vez producido te jodés.
e. Embotellado y consumo
Para el vino blanco es todo igual, menos el punto b. ya que no hay maceración. Directamente, en el mismo momento se hace la molienda y el prensado, se retiran el orujo y a partir de allí comienza la fermentación. La piel de la uva es la que aporta el color, por lo que el vino blanco se puede hacer partiendo tanto de uvas blancas como tintas (en este caso se llama "blanco escurrido"), si se evita la maceración en hollejos.”(6)
III Hay una vieja canción de Jaime Ross que dice que hay tradiciones que están más muertas que un Faraón, pero hay otras que están vivas. Como puede verse, esta es una de ellas. Pero, ¿hasta cuándo?
Le pregunté a Rubén quiénes lo ayudan en su familia a preparar vino. En algún momento, su hermano, ahora sus hijos que ya están grandes; pero muchas veces los hizo sólo con la ayuda de algunos amigos. Todavía no se ve si algunos de los hijos tomarán la posta y harán algo más que ayudarlo. Pero el análisis de esta cuestión merece un tratamiento más largo que abordaré en otra oportunidad... Para concluir, le devuelvo la palabra a Rubén para aclarar, sin bentonita, un poco más esto de la ayuda:
Para tomar no necesito ayuda, por ahora puedo solo...”(6)
Esperaba este remate. Cuando cocino no espero el alago de quienes prueban mi comida (aunque, cuando llega, me encanta, claro está), espero disfrutar yo mismo de que lo que hago. Es esto lo que termina dándole sentido a la enjundia con que Rubén elabora sus vinos.  
Notas y referencias:
(1) Correos-e del autor del 28 de agosto de 2013.
(2) Idem.
(3) Idem.
(4) Correo-e del autor del 14 de noviembre de 2013.
(5) Correos-e del autor del 28 de agosto de 2013.
(6) Idem.
(7) Idem.




sábado, 27 de septiembre de 2014

Trucha a la alcaparra

Mario Miranda despliega con gracia su acento de vallenato. Su modo de habla le recuerdan la Patria lejana, su Barranquilla natal, casi con el mismo efecto de mirarse en un espejo. Es por eso que se esfuerza en no perder el más mínimo matiz de su hablar cantando. Sin embargo, busca la manera de adaptar su voz a las usanzas de léxico del lugar para acortar distancias con sus amigos, vecinos y clientes.
Las imágenes pertenecen al autor

Mario ama la cocina colombiana, pero debe hacer algo similar con el lenguaje gastronómico del lugar de América en que se halla que lo que hace con su dicción.
Lo conocí como administrador de la hostería Verena's Haus de Villa La Angostura. Cuando llegué, supe que ese establecimiento ofrecía un servicio de comidas de inspiración patagónica. Es allí donde probé esta receta que recomiendo a quienes transiten por el sur neuquino, recorriendo los caminos de La Argentina austral... y si tienen la fortuna de coincidir, y el paladar y los oídos abiertos, lléguense hasta donde Mario cocina y prueben este manjar… y si buscan algo más, vayan en la noche de Navidad, que los agasajará con comida colombina y música de la costa caribeña. 

De todas formas, quedará claro que hablamos un mismo idioma con distintos ritmos y que Mario, cuando se enfrenta a las hornallas, está cómodo en ambos.      
Trucha a la alcaparra 
Fuente (fecha)
Mario Miranda (2013)(1)
Ingredientes
1 trucha fresca.
1 diente de ajo.
1 tacita (pocillo) de alcaparras.
1 trozo de manteca de cocina.
1 chorrito de salsa inglesa.
Preparación
1.- Machacamos el diente de ajo hasta que quede hecho una pasta.
2.- Lo mezclamos con las alcaparras y un poquito de jugo que viene en el frasco de las alcaparras.
3.- Ponemos la mezcla en un recipiente con la manteca y la derretimos suavemente en el microondas, o en el fuego de las hornallas.
4.- Se lo esparcimos a la trucha que está salada a gusto y al horno.
Notas y bibliografía:

(1) Correo-e del autor del 3 de noviembre de 2013. 

Arepas colombianas

He ido recopilando las recetas de Mario Miranda a través de un intercambio de correos-e. En uno de ellos, cuenta “en mi infancia, lo primero que aprendí fue hacer arroz con coco, pero mi comida favorita eran las arepas colombianas. Esa sería una buena receta, pero en Argentina no se vende la harina para arepas. Igual te la podría compartir.”(1)
Referencia de la imagen: http://off2colombia.com.co/barranquilla  
Obviamente insistí en que me enviara esa receta. Lo hizo y la transcribo a continuación. Para salvar la dificultad que ofrece el mercado argentino, su texto incluye la técnica para producir la harina de maíz pilado. Aquí va...    
Arepas colombianas
Fuente (fecha)
Mario Alberto Miranda (2013)(2)
Ingredientes
1 kg de harina de maíz para arepas o un kilo de maíz blanco.
1 litro de leche.
½ kg de queso duro salado.
Agua c/n.
Preparación
Harina de maíz pilado
1.- Hervir el maíz hasta que queda blando para molerlo.
2.- Moler el maíz cocido en una licuadora.
 
Arepa
3.- Hacer una masa con la harina para arepas o el maíz pilado con la leche y el queso duro rallado. Debe quedar una masa suave y lisa.
4.- Hacer bollos con la masa y aplastarlos. El disco no debe ser ni muy grande ni muy grueso.
5.- Dorar sobre una sartén con aceite caliente.
6.- Las arepas se sirven a modo de sándwich. Es decir, se cortan al medio y se la rellena con lo que queramos. 
Notas y bibliografía:
(1) 2013, Miranda, Mario, correo-e del 3 de noviembre.

(2) 2013, Miranda, Mario, correo-e del 16 de noviembre.

Ensalada de remolacha, zanahoria y manzanas verdes

La receta es muy sencilla y se desarrolla a partir de técnicas tan generalizadas que es imposible identificarla con una tradición culinaria específica. Pero hay un detalle que la hace singular, esta ensalada fresca y sustanciosa es el plato casero favorito de Mario Miranda.(1) 
La imagen pertenece al autor
Ensalada de remolacha, zanahoria y manzanas verdes
Fuente (fecha)
Mario Miranda (2013)(2)
Ingredientes
Una remolacha.
Tres zanahorias.
Una manzana verde.
Cebolla de verdeo al gusto.
Apio al gusto.
Sal.
Mayonesa.
Preparación
1.- Hervir la remolacha  y la zanahoria juntas hasta que la remolacha esté bien blandita. Pelarlas y picarlas en cuadritos cuando están frías. Colocarlas en un perol.
2.- Pelar y picar la manzana sin pepitas en cubitos y agregarla.
3.- Agregar un poquito de cebolla de verdeo y apio picados muy suave.
4.- Se condimenta con sal y mayonesa.
Comentarios
Los veganos pueden reemplazar la mayonesa por un alioli tradicional catalán. Se hace con un poco de sal, ajo y aceite. Pero hay que disponer de un mortero.
Notas y bibliografía:
(1) Correo-e del autor del 31 de octubre de 2013.
(2) Correo-e del autor del 3 de noviembre de 2013.


sábado, 20 de septiembre de 2014

Hamburguesas de lentejas

Se trata de un plato extraño, de una receta que me mandó Mario Miranda, mi amigo colombiano que reside en Villa La Angostura. Cuando la recibí supuse que me la había mandado sólo porque le gustaba. Aparece en una carta entre múltiples reflexiones sobre la vida y la cocina. Mario despliega un relato sobre sus gustos y me transmite esta receta, diciendo que estas hamburguesas son muy buenas y se parecen mucho a las de carne.(1)  
 http://erasmusu.com/es/erasmus-barranquilla/fotos-erasmus/barranquilla-137412

Cuando comencé a redactar este artículo sólo sabía que le gusta el plato, pero ignoraba lo demás. Por ejemplo, ¿de dónde había tomado esta receta? Pareciera tener su origen en las corrientes que alientan la cocina vegetariana... pero la vida de Mario está cargada de aventuras y de encuentros sorprendentes de los que se ha servido para nutrir su conocimiento culinario.
La imagen pertenece al autor
De modo que, como nada puedo afirmar fuera de lo que él me ha contado, insistí y volví a preguntar. La respuesta fue sorprendente: “Mario, buena pregunta, la receta es de mi abuela Cándida, no se hace en otros lugares. Yo nunca las probé ni las vi en ningún otro lugar,/.../.”(2) 
Hamburguesas de lentejas 
Fuente (fecha)
Mario Miranda (2013)(3)
Ingredientes
1 libra de lentejas (500 g).
2 morrones.
4 cebollas medianas.
1 cabeza de ajo.
Gotas de salsa inglesa a gusto.
2 cucharadas rasas de harina de trigo.
2 huevos.
Preparación
1.- Remojar las lentejas de un día para el otro.
2.- Moler con una minipimer o molino de carne las lentejas crudas con las verduras picadas, o sea, unís todo. Se va haciendo de a poco hasta que quede una masa molida con rico olor.
3.- Agregar la salsa inglesa, la harina y los huevos y mezclar todo.
4.- Armar las hamburguesas y grillarlas.
Ajuste personal
Creo que es bueno agregarle un chorro de jugo de limón a la masa cuando se agrega la salsa inglesa. No sé por qué, pero intuyo que el jugo de limón las hace más nutritivas.
Comentarios
He encontrado recetas parecidas en la Internet... ¿De dónde la habrá tomado la abuela Cándida que vivió siempre en Barranquilla, en el Caribe colombiano? Doña Cándida  viene practicando esta receta desde hace por lo menos de 25 años.
Notas y referencias:
(1) 2013, Miranda, Mario, correo-e del 3 de noviembre de 2013.
(2) 2013, Miranda, Mario, correo-e del 28 de noviembre de 2013.
(3) 2013, Miranda, Mario, correo-e del 3 de noviembre de 2013.



Pollo a la Juliana

Mario Miranda siempre ejercitó con gusto su creatividad en la cocina. De modo que manipula los ingredientes con la mayor libertad y, a veces, sin plan previo. Le llevó mucho tiempo poder reproducir una receta escrita. Esta receta es una creación propia nacida de esa libertad. Tiene como particularidad que todos los vegetales deben ser cortados en Juliana.(1)
La imagen pertenece al autor
Pollo a la juliana
Fuente (fecha)
Mario Miranda (2013)(2)
Ingredientes
Un pollo totalmente desgrasado y sin piel.
3 zanahorias medianas.
2 pimientos morrones rojos.
2 cebolla morada.
3 tomates.
Cebolla de verdeo al gusto. 
1 rama de apio.
Cilantro al gusto. 
Pimienta al gusto.
Vino blanco c/n. 
Salsa inglesa.
Comino al gusto.
3 dientes de ajo.
Preparación
1.- Cortar el pollo en pequeños trozos, tiene que dar por lo menos 12 piezas.
2.- Cortar las zanahorias, los pimientos, la cebolla, el tomate, el apio y la cebolla de verdeo en juliana.
3.- Sofreír las verduras a fuego moderado en una cacerola. Se empieza con la cebolla, el resto va todo junto en cuanto la cebolla quedó transparente.
4.- Agregar un chorrito de vino blanco, de modo que se haga agua el saltado.
5.- Colocar el pollo y dejarlo sudar. Condimentar a gusto.
6.- Dejar cocinar a fuego lento por 45minutos tapado,  revisando que no se queme.
Comentarios
Me seduce la idea de sellar primero el pollo en la cacerola, retirarlo y allí mismo sofreír las verduras y reponer el pollo.
Notas y bibliografía:
(1) Correo-e del autor del 3 de noviembre de 2013.
(2) Correo-e del autor del 31 de octubre de 2013.




sábado, 13 de septiembre de 2014

Mario Miranda: cocina patagónica con ritmo de vallenato

Mario Alberto Miranda nació en la ciudad de Barranquilla, en Colombia, hace 31 años. Lo conocí en Villa La Angostura provincia del Neuquén, en Argentina. Él y su esposa Pamela administran la hostería Verena's Haus en esa localidad. Pamela es una nyc auténtica (nacida y criada en la Patagonia).
Imagen leída en http://off2colombia.com.co/barranquilla

Mario es muy afable, de charla cordial y entradora. Ha recorrido bastante mundo, hay lugares que admira fuera de Barranquilla; pero nunca ha dejado de reconocerse en su identidad americana. Con él se puede viajar al ritmo de vallenato de su verba... también a través de su cocina. La hostería ofrece un servicio de comidas que él mismo prepara y sirve de un modo que hace que te sientas en tu propia casa... o en la casa de un tío querido.
Las imágenes que siguen pertenecen al autor 
Pero vayamos por partes... no nos apresuremos que la música de Carlos Vives nos invita a quedarnos unos minutos en la Colombia caribeña...
En un correo-e que me enviara, cuenta cómo fue que la cocina entró en su vida:
/.../ me gusta muchísimo que me pregunten de  mi cultura y de mi historia que es muy particular. Con gusto me complace compartirla pues estoy muy orgulloso de mis raíces indo-afro-americanas y por supuesto también europeas.    
Te comento que nací en Barranquilla, también conocida como la Arenosa y la Puerta de Oro de Colombia. Barranquilla  fue una ciudad colonial con estilo europeo y se elevó sobre las otras ciudades costeras por su puerto sobre el río Magdalena.
Tanto en mi familia paterna como en la materna se distinguen mucho por el arte culinario. Mi abuela paterna era una matrona de la cocina su nombre es, aún vive, Cándida Marañón. Personalmente me gustó mucho el arte de la cocina siguiendo el gusto de toda mi familia. Cocino desde que tengo 12 años de edad pues, por cosas de la vida, mi madre nos crió sola y desde pequeños, mis hermanos y yo tuvimos que madurar antes de tiempo y bueno, como yo era uno de los mayores, me responsabilicé de la cocina en la casa. Mi madre Rosalba quien vive aún en Barranquilla, todos los días me enseñaba algo. Por las noches, me decía como se hacían las comidas y como debía condimentarlas. Al principio inventaba mis propias recetas y, bueno, a veces no eran tan buenas, pero poco a poco me hice todo un experto en la cocina casera colombiana. /.../”(1)
La vida de Mario no se queda allí, en su casa materna en Barranquilla. Tempranamente, a los 16 años, cuando terminó la escuela secundaria se desata en él un fuerte deseo de aventura. Siempre he creído que hay muchas maneras de conquistar el mundo, la de Mario es una de ellas. Su historia está claramente vinculada al matrimonio de dos vocaciones: la cocina y la aventura. La cocina le permitió hacerse un lugar en sitios inhóspitos y en situaciones angustiantes. Como un beneficio adicional, en cada paso que daba, su conocimiento culinario se enriquecía.
Sigamos su relato:
/.../ por factores económicos no pude ingresar en la universidad, cabe decir que mi sueño era ser un Doctor. En fin la mala situación de Colombia y los rumores de una guerra de invasión norteamericana me hicieron buscar nuevas fronteras. Decidí irme para Aruba donde vivía una tía, pero como no tenía el dinero para irme en avión fui a un lugar llamado la Guajira, en el norte de Colombia, para, desde allí tomar un barco. Es que tenía un amigo de mi edad que era guajiro quien me dijo que salían barcos desde puertos clandestinos para diferentes países. 
Salí de Barranquilla un 20 de noviembre del año 2000. Me despedí de mis padres quienes con tristeza aceptaron mi decisión. Mi tía me esperaba en Aruba. El asunto es que cuando llegue al desierto de la Guajira no había tal barco para Aruba y mi amigo me abandono porque era muy peligroso. Yo  no me iba dar por vencido y menos regresar derrotado.
Me quede a vivir en una comunidad indígena que no hablaba español  pero si guayu. Me trataban muy bien, la mamá que era una india guajira, vendía comida en el puerto para los viajantes y yo le pregunté si quería que cocinara. Era la oportunidad para usar mi conocimiento, lo que me ayudaría a sobrevivir. Todos y cada uno de los que comían mi comida se quedaban encantados. La mamá estaba muy contenta y por primera vez en mi vida me sentía agradecido por aquellas enseñanzas de mi madre y de mis familiares en general en la cocina.”
Mario parecía haber encontrado su destino en Guajira, pero su deseo de aventuras pudo más y se propuso una meta accesible desde ese puerto: Panamá. Un país que desconocía y al que llegó el 7 de diciembre de 2000:
/.../ fue toda una aventura, me sentía como en la época de las migraciones europeas. En fin, llegué a Panamá y como era muy joven, se me hacía difícil conseguir trabajo. Pero, como mi herramienta era la cocina, rápidamente inicié desde mi departamento un negocio de comidas con una paisana colombiana.
Logre tener mi primer restaurante a los 20 años de edad. Era  todo un éxito. Se llamaba El Sabor de Mario. La cocina fue, y es ahora, mi medio de vida y estoy muy agradecido de cocinar y aprender cada día más.”
La Ciudad de Panamá es para Mario un recuerdo satisfactorio, el lugar donde alcanzó la primera meta importante en su vida. Sin embargo, la satisfacción no es completa.
Ya hemos leído del orgullo por su identidad mestiza. La noche en Verena's Haus, en la sobremesa, es un lugar propicio para que la charla con Mario se despliegue por amables y mágicos senderos. Me ha contado, en alguna de esas charlas, que su abuela Cándida tiene una hermana. Su nombre es Marciana, pero todos la llaman Marcia. Cándida vivió más integrada a la vida social y cultural blanca criolla, en tanto que Marcia vivió en su condición de india. Mario vivía sus vacaciones en casa de su tía abuela. Marcia, contaba Mario en aquella noche apacible en Villa La Angostura, era bruja entre los indios de la comuna de Sabagrande, cerca de Barranquilla. Ella conocía muchos secretos a los que Mario deseaba acceder, pero que ella jamás le reveló. Marcia hacía llover, Marcia hablaba con los animales en el idioma de ellos. En un correo-e que me envió agrega:   
/.../ nunca me quiso dar sus secretos, pero fue ella quien  predijo. Sí, predijo, pues ella no era una adivina, esto para ella habría sido como rebajar su don. Me dijo “Marito bébete esta tasa con café” y bebí. Miró la taza y me dijo lo que me iba a pasar. Me dijo que sería el hijo sin tierra, pero yo no lo entendí hasta hoy día. Hoy entiendo sus palabras, a veces me siento huérfano de patria pues tuve que ser abortado de Colombia para huir a tierras lejanas... viaje a países europeos, latinos y nunca me sentí en casa, siempre he tenido ese sabor de apatriado. En fin, esa era mi tía abuela, la bruja de la comarca en Sabagrande.”(2)
Ante semejante relato no supe cómo ayudarlo. Le hablé de la Patria Grande, de la identidad en el idioma, de sus logros en Panamá y en La Argentina. Pero sus palabras sonaron en mi espíritu con claridad suprema. ¿Cómo viviría yo si tuviera que radicarme a una distancia considerable del barrio de Mataderos, en la ciudad de Buenos Aires?(3)
Lo cierto es que Mario recorrió bastante mundo y, finalmente recaló en Villa La Angostura, donde vive de su trabajo y de su vocación de cocinero. En el cálido ambiente de la hostería hay una estufa, una salamandra. Le pregunto si funciona, me responde que sí, pero que la usa poco porque la calefacción central es muy fuerte. La prende para las Navidades. En esas ocasiones, organiza una fiesta en la que prepara para todos los parroquianos comida colombiana.

Aquí las recetas que Mario me envió. Una es el arroz con coco. Se trata de un plato de la cocina tradicional del Caribe colombiano, pero que Mario prepara de manera muy particular. También están las recetas de unos platos muy personales: el pollo a la juliana y la ensalada de remolacha y zanahorias. Otros platos de la cocina colombiana: hamburguesas de lentejas y arepas colombianas... y, además, un plato patagónico que prepara de manera  magistral: la trucha con salsa de alcaparras. ¡Qué disfruten de este encuentro culinario entre el sur y el norte de la América del Sur!
Notas y referencias:
(1) Correo-e de Mario Miranda del 31 de octubre de 2013. 
(2) Correo-e de Mario Miranda del 5 de noviembre de 2013.
(3) Correo-e de Mario Aiscurri del 5 de noviembre de 2013.



Arroz con coco

Esta es una receta tradicional Colombiana; pero la versión de Mario encierra una curiosidad, usa cocacola para completar el líquido de cocción del arroz.(1) En un correo-e, nos cuenta: “en mi infancia lo primero que aprendí fue hacer arroz con coco, pero mi comida favorita eran las arepas colombianas. Esa sería una buena receta, pero en Argentina no se vende la Harina para hacer arepas.”(2)
Imagen leída en http://erasmusu.com/es/erasmus-barranquilla/fotos-erasmus/barranquilla-137412
Nos ha contado también que su madre fue su primera maestra de cocina, que por las noches le enseñaba como debía hacerse los platos que él mismo preparaba en el día siguiente...(3) no es difícil imaginar la transmisión de esta receta en una de esas noches formativas. Lo que sí es difícil de imaginar cuándo y cómo fue incluida la cocacola entre los líquidos que permiten hidratar el arroz.
Imagen del autor
Arroz con coco
Fuente (fecha)
Mario Miranda (2013)
Ingredientes
1 lata de leche de coco o un coco grande.
1 lata de cocacola.
1 libra de arroz (aproximadamente 500 g).
Sal.
30 g de uvas pasas.
Agua c/n.
Preparación
1.- Si se usa el coco natural, la leche se consigue licuando la carne con un poco de agua. Es necesario colar el líquido resultante.
2.- Hidratar el bagazo remanente con agua, colarlo para obtener una segunda leche.
3.- Poner la primera leche de coco a calentar en una paila. Se deja consumir el líquido hasta que queden como unos chicharroncitos.
4.- Agregar la cocacola y las uvas pasas.
5.- Agregar la segunda leche y la cantidad necesaria de agua para que el arroz se hidrate (tiene que tener más de un litro de líquido por cada libra de arroz). Si se utiliza una lata de leche de coco, calentar la paila con los líquidos y las pasas de uva hasta que hiervan.
6.- Agregar el arroz, salar a gusto y dejar cocinar a fuego lento durante 16 a 18 minutos aproximadamente. 
Notas y bibliografía:
(1) Correo-e del autor del 3 de noviembre de 2013.
(2) Correo-e del autor del 31 de octubre de 2013.
(3) Ídem.