sábado, 5 de febrero de 2022

Escabeches mendocinos

Este artículo tiene una revisión

La conserva en vinagre de carnes fritas es de antigua data en el orbe mediterráneo clásico. Sin embargo, estas preparaciones habían desaparecido de España a partir de la caída del Imperio Romano. Con los siglos, fueron reintroducidas en la Península Ibérica desde la Andalucía musulmana que aportó, adicionalmente, su denominación. Efectivamente, la palabra escabeche pareciera ser una evolución de la palabra árabe “sikbaj” que significa “plato con vinagre y especias”… (1) Sikbaj no sólo evolucionó hacia la palabra escabeche, sino también parece haber derivado en ceviche.

Las imágenes pertenecen al autor o a su biblioteca

Cuando esta idea gastronómica llega a Nuestra América, ya estaba firmemente arraigada en la cultura culinaria española.

En nuestro país, los escabeches nos son exclusivos de Cuyo. Son muy frecuentes en otras regiones, en especial en las Pampas Argentinas. En mi experiencia personal, en la Ciudad y Provincia de Buenos Aires, casi todas las mujeres de la familia preparaban berenjenas en escabeche. Mi madre, en particular, también elaboraba escabeches con carne de caza (perdices y liebres), cuando las había.

He publicado algunos artículos con recetas y reflexione sobre los escabeches en El Recopilador de sabores entrañables. En algunos casos, me detengo a considerar el punto justo de acidez que debe tener un buen escabeche para que resulte apetecible. Invito al lector a pasar una ojeada en las notas que compuse en ocasión de haber preparado un escabeche con mi amigo Diego Bianchi. (2)

A pesar de la falta de exclusividad, quiero rescatar algunas recetas cuyanas que juzgo interesantes. Tomaré recetas en los extremos temporales que tengo documentados, de la cocina mendocina. Puede que entre las primeras recetas y la última encontremos alguna luz que permitan verificar la evolución de la técnica de escabechar en la tradición culinaria de Cuyo, ya que es muy probable que medie entre ellas algo más de 100 años.


Empezaré exponiendo dos recetas tomadas del libro de Sabores de la antigua Cocina Cuyana., recetario de la familia González y Videla. Ya he dicho en más de una oportunidad que podemos atribuir a las recetas contenidas en la colección, aunque de manera imprecisa una datación que las lleve a la segunda mitad del siglo XIX, y que lo más probable es que sean de entre 1860 y 1880.

Berenjenas en escabeche

Fuente (fecha)

Sabores de la antigua Cocina Cuyana. Recetario de las González y Videla (1870c) (4)

Ingredientes

Berenjenas.

Ajo.

Sal gruesa.

Agua.

Vinagre.  

Preparación

1.- Se pelan las berenjenas.

2.- Se cortan en cuadraditos.

3.- Se ponen en un colador y se les agrega sal gruesa para que larguen el sabor amargo.

4.- Se sancochan las berenjenas en agua con un poco de vinagre y unos dientes de ajo.

5.- Una vez escurridas y frías, se aliñan con aceite, ajo picado muy pequeño y orégano.

Comentarios

Es la receta más antigua que encontré, en nuestro país, de este plato tradicional argentino.

En la misma obra, encontré esta otra receta:

Escabeches

Fuente (fecha)

Sabores de la antigua Cocina Cuyana. Recetario de las González y Videla (1870) (5)

Ingredientes

Carnes (vizcacha, perdices u otras).

Cebolla.

Zanahoria.

Sal.

Pimienta en grano.

Laurel.

Aceite 2 cucharones.

Vinagre fuerte 1 cucharón.

Limones c/n.

Preparación

1.- Se lavan bien las presas en agua y vinagre, si son de vizcacha o perdices.

2.- Se escurren y se colocan en una cacerola (si es de hierro, mejor).

3.- Se pone una capa de presas y una de cebolla picada y zanahoria cortada fina, y así hasta completar con todo.

4.- Se agrega sal, pimienta en grano, laurel y 2 cucharones de aceite y 1 de vinagre fuerte, 1 limón en rebanadas y el jugo de otro limón. Esta preparación se hace todo en crudo.

5.- Después se pone a fuego más o menos fuerte al principio y luego se deja hervir hasta que todo esté cocido.

6.- Esta preparación debe hacerse un día antes de comerla.

Ajuste personal

Suelo bajar la proporción de ácido. Aquí es un tercio de vinagre y el agregado de limón. Yo voy entre un 25% y un 16% de vinagre. Pero como suelo agregar vino blanco seco, el porcentaje de acidez aumenta levemente.

Comentarios

La receta no indica las cantidades de ingredientes, salvo para el aceite y el vinagre. En este caso, tenemos proporciones precisas que nos ayudan a comprender el procedimiento.

Antes de pasar a algunas consideraciones finales, expongo la receta de doña Emma de Zuccardi (esposa del fundador de la bodega familiar). La receta fue publicada en 2020. Puede que doña Emma siguiera esta fórmula ya desde mediados del siglo XX, pero la fecha de edición del libro que la contiene señala la vigencia actual de la misma.


Berenjenas en escabeche

Fuente (fecha)

Emma de Zuccardi (2020) (5)

Ingredientes

Berenjenas 1 kg.

Vinagre 1 parte.

Agua 3 partes.

Laurel a gusto.

Aceite de oliva c/n.

Variante 1:

Pimienta negra en grano a gusto.

Ajo a gusto.

Clavos de olor a gusto.

Variante 2:

Ají a gusto.

Tomillo a gusto.

Pimentón a gusto.

Ajo a gusto.

Preparación

1.- “A mí me gusta pelar la variedad morada de berenjenas y dejar con piel las berenjenas que son jaspeadas.”

2.- Cortar las berenjenas en rodajas o tiras.

3.- Hervirlas por tres minutos en una solución de agua y vinagre (ver “Ingredientes” y “Comentarios”), agregando unas hojas de laurel.

4.- Escurrirlas.

5.- Envasarlas en frascos con granos de pimienta negra partidos, ajos y clavo de olor. (ver “Comentarios / Míos / 4.-”).

6.- Agregar aceite de oliva.

7.- Esterilizar los frascos cerrados durante 45 minutos (ver “Comentarios / Míos / 3.-”).

Comentarios

Emma:

“En una cacerola (se refiere al paso 3.- de la receta) coloco 1 parte de vinagre en 3 partes de agua por kilo de berenjenas (esta cantidad de vinagre debe ser la mínima para mantener un pH adecuado; luego, y según el gusto del consumidor, se puede utilizar una proporción de 1 en 1 litro de agua o de 1 en 2).”

Míos:

1.- Emma  no indica las cantidades precisas de agua y vinagre. Sin embargo, lo importante, lo que debe ser preciso es la proporción, como puede comprobarse en el comentario que ella misma hace y acabo de transcribir. Tal vez pueda aceptarse que por cada kilo de berenjenas alcance con un litro de agua y 330 cl de vinagre.

2.- La receta no indica cuándo se debe agregar la sal. Estimo que el momento es cuando se hierven las berenjenas, si no es que la receta de Emma no lleva sal.

3.- Emma describe el proceso de esterilización de los frascos en el capítulo “Conservas – Nociones importantes”. Allí dice: “Se hace a baño María cubriendo totalmente los frascos y dejándolos una hora desde el momento en que comienza la ebullición. El tiempo es importante porque la temperatura debe llegar a los 93° C en el centro del contenido de los recipientes, pues muchas veces los alimentos están contaminados con microorganismos. / ”Al tapar los frascos calientes, el producto está dilatado, y al enfriarse, se contrae produciendo vacío, lo cual provoca hermeticidad.” (6)

4.- Emma indica dos opciones en los condimentos que se agregan en el paso 5.- del procedimiento. Las mismas están indicadas en el listado de ingredientes bajo los títulos “Variante 1” y “Variante 2”.

Sin comparamos las dos recetas de berenjenas en escabeche, vemos que son semejantes en un punto, la técnica utilizada en ambas, cocción en medio ácido y conserva en aceite. Esta es una fórmula frecuente en la tradición culinaria de las cocinas argentinas para esta denominación.

Efectivamente muchas recetas de berenjenas en escabeche siguen este procedimiento, en tanto que, otras, parecen seguir otro, similar al de la receta de carnes escabechadas del viejo recetario de las Gonzáles y Videla. Un ejemplo lo encontramos en una receta expuesta en el recetario de cocina criolla de Marta (editado entre 1914 y 1957). La autora propone freír las berenjenas y reservarlas. Luego, en el mismo aceite se fríen cebollas con ajo, laurel, orégano y vinagre. Finalmente, se reponen las berenjenas. La preparación se sirve fría. Marta no da ninguna indicación sobre la proporción entre el vinagre y el aceite… la fórmula, por cierto, lleva el nombre de “Berenjenas en escabeche”. (7)

El caso de doña Petrona es muy interesante. En la undécima edición de su libro (1942) aparece una receta de “Berenjenas para conservar” (ignoro cuando fue incorporada en la obra, en la segunda edición de 1935 aún no ha sido incluida aún). Sigue la fórmula de cocción en medio ácido (en este caso, sólo vinagre) y conservación en aceite. (8) 


Esta receta todavía aparece en la edición centésima segunda (2011), pero esta vez acompañada de otra denominada “Berenjenas en escabeche”. En esta última, las berenjenas son sometidas a fritura; pero el resto de los ingredientes (cebolla, zanahoria, laurel, etc.) se cocinan en una mezcla de aceite y vinagre en proporción de dos a uno. Ambas preparaciones se mezclan en momento del servicio. (9)

Volviendo a las recetas de berenjenas que expuse arriba, puedo decir que tienen algunas diferencias menores y una que resulta significativa: la receta de las González y Videla está pensada como una guarnición (por eso llevan poco vinagre); en tanto que la receta de Emma está concebida como conserva (por eso su preocupación de la autora por la cantidad mínima de vinagre que se necesita para elaborarla). El lector podrá verificar que la receta de escabeche para carnes de las González y Videla exhibe una preocupación similar a la de Emma, estableciendo una proporción de aceite y vinagre de dos a uno.

Sí claro, el lector podrá ver que las recetas expuestas en estas notas responden al patrón que conocí desde mi infancia, es decir, escabeche de berenjenas (10) y de carnes de caza, en ambos casos, usando las fórmulas familiares que, detalles más detalles menos, son similares a las de las recetas expuestas.

En otras latitudes (y en otras longitudes, también), la carne de pescado es prevalente en los escabeches, y se sus parientes cercanos, también, tal el caso de los ceviches en el Pacífico y las sarde in saor del Véneto, por poner un par de ejemplos.

Notas y bibliografía:

(1) 2017, Abad Alegría, Francisco, En busca de lo auténtico (Raíces de nuestra cocina tradicional), Gijón, Trea S. L., pp. 225-230.

(2) 2019, Aiscurri, Mario, “Escabeche de perdices con Diego Bianchi”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 21 de setiembre de 2021 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2019/07/escabeche-de-perdices-con-diego-bianchi.html.

(3) 1988, González Videla de Segura, M.A. y González Videla de Cavanagh, F. C., Sabores de la antigua Cocina Cuyana. Recetario de las González y Videla, Mendoza, INCA Editorial, pag. 40.

(4) Ídem, pag. 41.

(5) 2020, Zuccardi, Julia, La cocina de Emma, recetas de una familia mendocina, Buenos Aires, Catapulta, pag. 110.

(6) Ídem, pag. 109.

(7) 1957(c), Cocina tradicional argentina por Marta, Buenos Aires, Distal, nueva edición de La cocinera criolla, facsímil de una edición más moderna (no indica fecha), 2010 (1° edición 1914), pag. 22.

(8) 1942, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1942, edición 11°, pag. 273.

(9) 2011, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, Distal, 2011, edición 102°, pag. 469.

(10) 2017, Aiscurri, Mario, “Berenjenas en escabeche de tía Maruca”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 23 de setiembre de 2021 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2017/11/berenjenas-en-escabeche-de-la-tia-maruca.html.


Carbonada criolla Primera parte: el amor a la querencia

Este artículo tiene una revisión

¿Tengo que presentarles la carbonada? Tal vez sí.

Bueno, se trata de un guiso antiguo de origen incierto cuya denominación más que aclarar, confunde. Pero, para buena parte del sur de Nuestra América, es habitual y reconocible como propio de la identidad culinaria local.

Las imágenes pertenecen al autor o a sus biblioteca, salvo referencia en contrario


¿Cuál es su fórmula básica? ¿Cuáles son los ingredientes imprescindibles? Para los rioplatenses, por ejemplo, es un guiso de verano, se cocina con choclos y duraznos frescos. Pero, ¿son los duraznos la clave para reconocer la carbonada como tal?

Los invito a andar el camino paso a paso hasta donde he podido llegar… no prometo grandes revelaciones, pero sí ideas incitantes.

I Un guiso de origen y denominación inciertos

Suelo recurrir al Diccionario de la Lengua que, si bien no está especializado en la materia gastronómica, siempre ofrece alguna información significativa. En este caso, expone datos de interés. En cuarta acepción nos dice que el término refiere a un guiso propio del Área Andina Meridional y del Río de la Plata (Perú, Bolivia, Chile, Argentina y la República Oriental). Luego lista los ingredientes (“/…/ carne en trozos, choclo, zapallo, papa, arroz y, en ocasiones, durazno u otra fruta, generalmente verde”). El artículo no contiene las referencias etimológicas que son habituales en muchos casos. (1)

El primer dato que salta a la vista es que no parece tratarse de una fórmula española antigua o clásica. No sólo no hay ninguna referencia a España cuando habla del guiso, sino que las acepciones 2 y 3 parecen indicar otros usos gastronómicos de término (“Carne cocida picada, y después asada en las ascuas o en la parrilla” y “Bocado hecho de leche, huevo y dulce, y después frito con manteca”, respectivamente). Estas especialidades parecen, según la definición, propias de áreas del orbe hispanoparlante que el Mataburros de la que fija, limpia y da esplendor no identifica. Sin embargo, para nuestro interés, no habría que descartar del todo la segunda acepción.

En relación con en el origen de esta idea gastronómica, diré que existe una teoría que le atribuye un origen belga. Dereck Foster, sin adherir a la misma, nos informa que el autor de esta idea fue Roberto Fernández Beyro, quien sostenía que nuestra carbonada criolla es una evolución de la carbonada flamenca (un estofado de carne y cebolla cocido en un caldo de cerveza). (2) Pero ¿cómo es posible que dos fórmulas tan disímiles sean la evolución la una de la otra?

ombre incluido, proviene de un antiguo guiso español que ha quedado en el olvido en la Península Ibérica. Esta teoría la sostienen entre otros Derck Foster y Choly Berreteaga. Veamos como la expone doña Choly:

“A pesar de que la carbonada es uno de los más tradicionales platos de la cocina criolla, se supone que surgió en España y ganó espacio en el noroeste argentino y en toda la zona de Cuyo, en Chile y Perú. Se llama carbonada porque deriva de un guiso español que se preparaba con carne cocida al carbón. /…/.” (5)

No hice búsquedas exhaustivas, pero efectivamente aún no he encontrado recetas de carbonada como guiso en los recetarios españoles desde el renacimiento hasta nuestros días. No hay en esas obras una referencia a este guiso, u otro, parecido o no, que lleven esa denominación. Sí encontré que Martínez Montiño usa el término “carbonadillas” para denominar a unos filetes muy finos de carne de ternera que utiliza para sus “artaletes” (carne de ave o ternera rellena, arrollada y sujeta, las más de las veces con una brocheta) o, simplemente para estofar. (6)

¿Acaso es posible que el guiso reciba su denominación de la manera en que se debe procesar la carne para prepararlo? Si fuera así, el origen de la denominación estaría relacionado, o bien con la “carbonadilla” de Martínez Montiño, o bien con “carne cocida picada, y después asada en las ascuas o en la parrilla”, como reza la segunda acepción del Diccionario General de la Lengua (o, tal vez fuera al revés, primero cocida al carbón y luego picada y usada en otra preparación) Tendríamos entonces el origen español; pero no en un guiso, sino en un tratamiento particular de la carne, como intuye Choly Berreteaga con claridad.


En el mismo sentido, encontré un texto que Ángel de Muro publicó en 1893. Pertenece al artículo “Carbonadas” de su libro El practicón. Dice así:

“Se quitan los huesos mayores pegados á las ternillas de un pecho de carnero, y se divide éste en ocho trozos iguales, de forma ovalada por un extremo y puntiaguda por el otro.

”/…/.

”En una cacerola se colocan tres ó cuatro magras de jamón, y encima las carbonadas, cubiertas con lonchas de tocino.

”Se añaden dos cebollas, clavo de especia, una ramita de tomillo, una hoja de laurel y zanahorias, recortadas en ruedas, salpimentado y mojando con dos cacillos de caldo limpio del puchero.

”Durante tres horas, se cuece á fuego lento por abajo y por encima, y luego se sacan las carbonadas, se desengrasa el jugo, se reduce y se echa por encima de la carne en una fuente.

”Con el jamón y el tocino sobrantes, bien recortados, se hace tortilla ó se guarda para un relleno.

”Se hacen las carbonadas lo mismo, para servirlas, con picadillo de setas, que es su guarnición obligada.” (7)

Puede que el texto aún no resulte concluyente para esta tercera teoría, pero es más que evidente que don Ángel denomina carbonadas a los trozos de carne cortados de la manera indicada.


Dos aclaraciones. En muchas recetas de Martínez Montiño (1611) se habla de perdigar la carne. Esto significa cocinarla un poco a las brasas para usarla después en un potaje o en recado de una empanada. La expresión “carbonadilla” como modo de cortar la carne vacuna me hace acordar a la expresión milanesa. Decimos que los bifes a la criolla se hacen con carne cortada para milanesas, pero cuando explicamos la receta, simplificamos y decimos que usamos milanesas.

Todo esto que digo no se basa en documentación respaldatoria clara y evidente, es tan solo una tercera teoría que bien puede asociarse a la idea expresada por Choly Berreteaga. La agrego porque me parece que explica mejor las cosas y porque no carece de fundamentos… y porque incita a seguir buscando.

II La carbonada criolla en Buenos Aires

¿Estamos frente a un guiso originado en la cocina hispano criolla? Es altamente probable. Puede que se trate de alguna variación de cualquier guiso de olla español al que se han incorporado productos del Área Andina Meridional (zapallo, papa y choclo, a veces, batatas). Estos vegetales le dan un carácter dulzón propio de los guisos coloniales que, en este caso, se ve acentuado por la presencia de frutas de estación u orejones.

Los ingredientes básicos que aparecen en todas las recetas son la carne vacuna (cortada en trozos pequeños o, incluso, directamente picada), el zapallo y, casi siempre, el choclo. A ellos se pueden agregar papas, batatas, arroz y duraznos, peras o manzanas. Hay versiones que usan otros ingredientes, pero me quedo aquí con los que tienen una concurrencia más generalizada.


Ya he dicho que, en el Río de la Plata, es un plato de cuchara de verano. Si se lo quiere cocinar en invierno, se deberá reemplazar el durazno por orejones, pero, aun así, será difícil conseguir choclos frescos de buena calidad, aunque en nuestros días, el uso de vegetales congelados puede acercarnos una solución.

La receta es muy antigua en Buenos Aires. La mencionan, entre otros autores, José Wilde en sus viñetas de la Ciudad de Buenos Aires entre 1810 y 1880 (el testimonio es más cercano a 1810 que a 1880); (8) Juan Thompson (hijo de Mariquita Sánchez) en una carta que escribe a su hermana desde Madrid (1857); (9) José Hernández que la hace aparecer como comida festiva en las yerras en su El gaucho Martín Fierro (editado en 1872). (10)

Hay una receta en el Almanaque de la cocinera argentina para 1881, primer recetario de autora argentina publicado en Buenos Aires, pero esa versión no lleva fruta. (11)

La carbonada rioplatense de fines del siglo ¿llevaba fruta? Sí, claro, hay varios testimonios que lo aseguran. Expongo el de Adrián Beccar Varela, tomado de un artículo fechado en 1915 que expone anécdotas de la vida en San Isidro en las últimas décadas del siglo XIX:

“Las frutas y los choclos de San Isidro han tenido fama de ser los mejores que se comían, sobre todo los duraznos y pelones que se cogía en la quinta de los Marques, -familia prócer de la localidad- y esos duraznos, más de una vez, fueron la causa de amenas reuniones para comerlos frescos ó en las suculentas carbonadas que preparaba don Bartolo Tiscornia para sus amigos, /…/.” (12)

Otros testimonios hablan de la inclusión de “peras pardas”. (13) Sin embargo, el durazno es dominante en el Río de la Plata. Algunos amigos se preguntan dónde fue que se incorporó el durazno a la carbonada, ¿fue en Buenos Aires?

Los durazneros se cultivan desde por lo menos el siglo XVII en las quintas cercanas a nuestra ciudad. Los frutos se vendían, claro está; pero la principal utilidad del árbol consistía en que rápidamente producía y reproducía leña, como nos dice, con solvencia erudita, Mario Silveira. De hecho, se cortaban las ramas cuando adquirían el porte adecuado y, en tres años, volvían a crecer hasta alcanzar el mismo porte. Se reiteraba este procedimiento hasta que el árbol se secaba. (14)


Ignoro cuándo y dónde se agregó durazno a las carbonadas, pero es cierto que estuvieron disponibles tempranamente en la Ciudad de Buenos Aires. El tránsito de la frutera a la olla fue, desde siempre, un camino posible.

Transcribo el fragmento de la carta de Juan Thompson ya citado porque nos dice varias cosas. Nos habla, por ejemplo, del rechazo de Mariquita Sánchez a las comidas criollas que la célebre dama patricia argentina manifestó en más de una oportunidad. Sin embargo, también nos dice que su opinión no era generalizada en la elite bonaerense:

“El amor a la querencia es indiscutible. Por más q. mamita se enfade, si lo cuentas, te confieso si dudar q. el primer manjar del mundo pa. mí es una carbonada, por q. cada vez q la como en la casa de H. de Achaval estoy contentísimo y no apetezco los faisanes de las mesas regias. No te digo nada de la mazamorra ni del arroz con leche, pues también figuran en privilegiado lugar en mi catálogo gastronómico.” (ver nota (9))

Si su madre detestaba la carbonada, ¿dónde aprendió Juan a disfrutarla? Otra pregunta es ¿cuándo? Cabe decir que Juan Thompson nació en 1809, es decir, en 1820 tenía once años y bien pudo haberla comido en casa de otras familias alrededor de esa fecha. Otra hermosa e incitante hipótesis que habría que confirmar.

En síntesis, la presencia de la carbonada es muy temprana en el Río de la Plata, pero me ha resultado, hasta el momento, difícil establecer una datación razonable y fundamentada más allá de 1810.

III La carbona en Cuyo

Conocemos el área de difusión de la carbonada a partir de la información confiable suministrada por el Diccionario General de la Lengua. Cabe también preguntarse cuál habrá sido el punto de origen e irradiación dentro de esa área.

Dereck Foster, luego de rechazar la teoría del origen flamenco, como expuse arriba, sostiene que es un antiguo guiso español muy practicado en Chile y olvidado en España. Desde allí, habría ingresado en el actual territorio argentino a través de Cuyo. (15) No ofrece respaldo documental para el aserto (un problema recurrente en El gaucho gourmet es que el autor aseguraba basar sus conclusiones en fuentes confiables, pero rara vez las exhibe).

Una simple constatación fáctica da cuenta de que si bien se trata de un plato que, con diversas versiones en su composición, se cocina en nuestros días en todo el país. Sin embargo, destaca por su frecuencia en Cuyo y en el Río de la Plata. La teoría de Foster explicaría muy bien la presencia del plato en Cuyo; pero no sé si tanto, su temprana aparición en Buenos Aires.


De todas maneras, me quedaré provisoriamente con esta idea, sobre todo porque hay indicios de la presencia de familias chilenas y cuyanas que migraron, ya en el siglo XVIII, a la Provincia de Buenos Aires, asentándose en las pampas al norte del Río Salado. (16)

No tengo tanta información sobre la antigüedad del plato en Cuyo, pero su inclusión en el recetario de las González y Videla ubican su presencia alrededor de 1850. (17) Sin embargo, si nos atenemos a la idea de su difusión a partir de Chile, debió conocerse y cocinarse allí antes que en Buenos Aires. La relación de la carbonada cuyana con la chilena se puede reconocer por la prevalencia del uso de los orejones como ingrediente frutal. (18)

Queda otra cuestión. Una de las formas más sofisticadas de servir la carbonada es dentro de un zapallo. He oído repetir a mis amigos cuyanos que esta idea gastronómica es propia de su región. De modo que, si esta forma no ha sido creada en Cuyo, por lo menos es muy practicada allí. Me propuse dilucidar también este tema siguiendo el recorrido de algunas recetas. Las que expongo a continuación, aunque no aclaran definitivamente el asunto. Como en tantas otras cosas vinculadas con la carbonada, en esta materia también hay menos luces que sombras.

Hay un solo caso en que la luz manda, y es cuando uno se sienta a la mesa y come una carbonada preparada por manos expertas, entonces, tanto en Cuyo o como en Buenos Aires, la experiencia gastronómica será impresionante… un auténtico regodeo para los sentidos.

Volveré sobre algunos de estos temas en la segunda parte, donde pondré encarnadura a varios de ellos. ¿Cómo? Simplemente recorriendo recetas.

Ir a Segunda Parte: las recetas

Notas y bibliografía:

(1) Leído en https://dle.rae.es/carbonada el 3 de octubre.

(2) 2001, Foster, Dereck, El gaucho gourmet, Buenos Aires, emecé, pp. 51-52.

(3) 2020, Corral Vide, Manuel, “Carbonada criolla”, en Proyecto Fuego Vivo, leído en http://fuegovivo.com.ar/blog/2020/12/08/carbonada-criolla/ el 18 de octubre de 2021.

(4) 2017, Cervera, César, “¿Por qué los Tercios españoles no participaron de la conquista de América”, en ABC Historia, leído el 19 de octubre de 2021 en https://www.abc.es/historia/abci-letales-tercios-espanoles-no-participaron-conquista-america-201712180406_noticia.html.
2018, Fernández, Ramón, “El Tercio de Arauco: el ejército más antiguo de América”, en AgroPopular, leído en https://www.agropopular.com/tercio-arauco-america-260218/ el 19 de octubre de 2021.

(5) 2005, Berreteaga, Choly, La cocina de nuestra tierra, Buenos Aires, Editorial Atlántida, pag. 32.

(6) 1611, “Otros artaletes de ternera” y “Carbonadillas de ternera estofada”, en Martínez Montiño, F., Arte de la Cozina, Pasteleria, Vizcocheria y Conservería, Madrid, Luis Sánchez. 1822, décimo sexta impresión, Madrid, Viuda de Barco López, pp. 47 y 300-301 respectivamente.

(7) 1894, Muro, Ángel de, El practicón. Tratado completo de cocina, Madrid, Librería de Miguel Guijarro, Editor, pp. 368-369.

(8) 1881, Wilde, José Antonio, Buenos Aires desde setenta años atrás (1810-1880), Buenos Aires Eudeba, 1960, pp. 167-168.

(9) 1857, Thompson, Juan a Thompson de Lezica, Florencia, Madrid, 1° de enero, Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro (MBAHMSI), colección Zavalía Lagos, en 2018, Fugardo, Marcela, Un recetario familiar rioplatense. Cuaderno de recetas de María Varela. Patrimonio inmaterial de San Isidro, Buenos Aires, Maizal ediciones (el cuaderno es un manuscrito escrito alrededor de 1880), pag. 18.

(10) 1872, Hernández, José, El Gaucho Martín Fierro, canto II, estrofa 42, leído en http://biblio3.url.edu.gt/Libros/gua_mf.pdf el 4 de octubre de 2021.

(11) 1880, V. P. de P,, Almanaque de la Cocinera Argentina para 1881, Buenos Aires, Imprenta y Librería de Mayo, transcripto íntegramente en 2020, Fugardo, Marcela y Caldo, Paula, La cocinera Argentina. Un recetario del siglo XIX de enigmática autoría, Buenos Aires, Maizal Ediciones, pp. 105-106.

(12) 1915, Beccar Varela, Adrián, San Isidro Labrador. Fiestas del santo Patrono. Historia anecdótica”, artículo publicado en La Razón (¿de San Fernando?) el 14 de mayo, en 2018, Fugardo, Marcela, Op. Cit., pp. 61-62.

(13) 1902, Bilbao, Manuel, Buenos Aires. Desde su fundación hasta nuestros días, Buenos Aires, Imprenta de Juan A. Alsina, en ídem, pag. 25.

(14) 2005, Silveira, Mario, Cocina y comidas en el Río de la Plata, Neuquén, Editorial de la Universidad Nacional del Comahue, pp. 125-127.

(15) 2001, Foster, Dereck, El gaucho gourmet, Buenos Aires, emecé, pp. 51-52.

(16) 1999, Garavaglia, Juan Carlos, “Ámbitos, vínculos y cuerpos. La campaña bonaerense de la vieja colonización”, en Devoto, Fernando y Madero, Marta (directores), Historia de la Vida Privada en la Argentina, Buenos Aires, Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A., Tomo 1, pp. 55-83.

(17) 1988, González Videla de Segura, M.A. y González Videla de Cavanagh, F. C., Sabores de la antigua Cocina Cuyana. Recetario de las González y Videla, Mendoza, INCA Editorial.

(18) 2021, Mario Aiscurri y Federico Clavijo, intercambio de información a través del sistema Whatsapp, 8 de octubre,