sábado, 12 de julio de 2014

Ñoquis al fileto

Se trata de un plato muy simple. Sin embargo, promueve un sinnúmero de reflexiones. Ya he disputado sobre la identidad porteña de los ñoquis de papas al tuco  o al fileto, en tanto que en Italia, i gnocchi di patate parecen haber evolucionado hacia los cazzarilles. En Buenos Aires, esa evolución se detuvo antes de iniciarse, y no precisamente por cuestiones económicas, los ñoquis de papas forman parte del gusto socialmente constituido de los argentinos. Se sirven en bodegones o restaurantes porteños con el formato tradicional (80% puré de papas, 20% harina) o en su versión más “saludable” de los ñoquis de ricota (parte del puré de papas es reemplazado por ricota). 
Referencia de la imagen en (a)
Otra provincia de potenciales disputas tiene lugar en la salsa. Los ñoquis se sirven con diversas salsas. La limitación sólo está contenida en la oferta concreta que cada restaurante hace de ellas. Es que el vínculo entre los tipos de pastas y las salsas no representan un sistema de relaciones biunívocas para el porteño. Ignoro si esto ocurre en Italia; pero, en Buenos Aires, es posible que nos encontremos frente a un plato de finísimos tallarines acompañados por una salsa boloñesa o frente a uno de mostacholes con una salsa de tomates muy líquida y liviana. Todas las combinaciones son posibles, incluso la famosa propuesta del restaurante Pippo de ñoquis con tuco y pesto a la vez. 
Pero vayamos a la polémica, o mejor dicho, a la discusión. Dejemos de lado las diferencias reales o ficticias (entre éstas, se deben destacar las especulaciones académicas de ignotos opinadores que publican sus palabras por la Internet con verborrágica incontinencia) entre el tuco y el fileto o, mejor, entre el tuco, el estofado y el fileto. Se trata de una discusión bizantina que sólo admite la discriminación fáctica entre una salsa de tomates que lleva carnes y otra que carece de este elemento. Llamaremos aquí fileto a una de estas últimas que, además, se caracteriza por una cocción rápida y escasamente reducida. Aunque también he probado tucos sin carne, estas salsas suelen tener una mayor densidad debido a una cocción más prolongada. El tema central en el debate es la cuestión sobre la misteriosa identidad de esta salsa fileto.
Dereck Foster se desgarra la vestiduras fastidiado por la supuesta ignorancia gastronómica de sus compatriotas argentinos. El filetto (lo escribe con doble t), nos dice, “es otra creación nuestra, pero en este caso equívoca e indigna”. Obviamente no comparto la adjetivación con que trata a una creación propia. Aquí me limitaré a trasladar los fundamentos de mi admirado gastrónomo porque pueden iluminarnos acerca del recorrido de la denominación de una salsa que el mismo Foster reconoce como creación argentina.
Para los italianos, dice don Dereck, un filetto es un escalope. De modo que  la denominación de esta salsa lo intrigó durante mucho tiempo hasta que, finalmente, pudo entender el origen de la confusión a partir de las explicaciones que le diera Demi Di Biaggi (un veneciano, gran conocedor de la cocina italiana y responsable del restaurante Filo (no indica la localidad en dónde presta servicios este restaurante)). En Calabria, dice don Dereck, desplegando el relato de Di Biaggi, donde la vida es dura y la comida escasea, hay una costumbre tradicional que probablemente aún perdure, que consiste en comer carne una vez a la semana. Cuando se asaba un trozo de carne al espiedo en el hogar, se colocaba un fuente por debajo para recoger el jugo que largaba la carne. Este sugo (sic) di filetto, se agregaba luego a la carne. Pero, cuando el fruto obtenido era escaso, se le agregaba salsa de tomates para “estirar” la comida. “De allí que”, concluye Foster, “llamar salsa de tomates a la salsa de filetto sea apenas un pequeño paso para un cocinero argentino sin mayor escuela.”(1) Los argumentos de Foster parecen contundentes, pero no lo son. Tiene fundamentos muy firmes en cuanto a lo que los calabreses denominan suco di filetto, pero ninguna referencia fáctica sostiene su especulación sobre el desplazamiento del nombre.         
Muy distinta es la explicación de Pasqualino Marchese:
“Es una opción que nos dan los restaurantes para evitar el tuco que es capaz de perforar el estomago a un 'Tyrannosaurus Rex'. Cada cocinero de estos colmados establecimientos crea su propio "filetto", tanto es así, que a veces, es lo mismo de lo mismo: la misma lata abolladísima de tomate triturado, el mismo aceite "mezcla" (¿de qué?), el mismo condimento. No es culpa o impericia de mis estimados cocineros, sí, de los que manejan los suministros. En general se entiende una salsa liviana y natural.
“¿Qué significa filetto, en italiano? El lomo se llama filetto, pero no es nuestro caso si bien interviene en la ilusión de la receta. La nuestra, está fundamentada en la manera de cortar el tomate en tiras, o sea en filetes o 'filetti'. La salsa tendría que llamarse "ai filetti di pomodori". El estro del creador de la salsa la llamó algo así como "salsa al filetto di pomodoro". Yo creo que luego, se haya eliminado la palabra pomodoro, para que  los incautos sueñen con la valiosa pieza de carne.
“Este plato es netamente de verano, cuando se dispone de los mejores tomates peritas, carnosos, con poca agua de vegetación, rojos por naturaleza propia del tiempo de cosecha.”(2)
Como vemos Marchese considera que el filetto (también con doble t) es una salsa liviana y natural. En ese punto coincido, pero no puedo sostener  su explicación sobre la denominación debido a que carece de citas en que pueda fundarse. De modo que sólo podemos considerarla como una versión especulativa acerca del origen del nombre... además, sobre el final del artículo veremos a qué llama salsa filetto.  
Esta salsa apareció en la carta de los restaurantes hace relativamente poco tiempo. El término evoca, en mi modesta opinión, una salsa liviana y fresca más acorde con los tiempos de la comida “saludable” que el tuco que permite pensar en una salsa más densa, sobre todo, si se acerca al estofado y lleva carne. También permite pensar un tiempo corto de cocción (adecuado a los tiempos que corren), frente a la prolongada elaboración de un tuco. Pero, son sólo especulaciones que formulo en torno del impacto semántico que los términos en cuestión me provocan. Ignoro quién y cuándo se empezó a ofrecer fileto en Buenos Aires, pero para tranquilidad de don Dereck, digo que es muy posible que se trate de una progresiva pérdida de interés en incluir carne estofada en estas salsas. Pareciera que se llama fileto a algo que ha dejado de tener filetto di vitello en su interior. El nombre parece evocar más a la ausencia de algo que efectivamente existió que a una salsa “típica” encontrada por un restaurador porteño en viaje hacia el paese lontano de sus antepasados.          
La salsa fileto hecha con tomates, como la proponemos en la receta, es bien argentina; aunque no sepamos a ciencia cierta nada acerca de su origen ni del de su denominación.
También reciente es la costumbre generalizada de comer ñoquis el día 29 de cada mes. El origen de esta costumbre es mítico. He encontrado muchas leyendas de red, pero hasta ahora no di con ninguna que estuviera sostenida sobre evidencia fáctica. Dije que es una costumbre que se ha generalizado desde hace poco tiempo, aunque ignoro si se practicaba desde hace tiempo en algunos sectores de la colectividad italiana.  
La palabra ñoqui evoca a una gran familia de preparaciones que van desde los spatzles centro europeos hasta los ñoquis de sémola, también denominados ñoquis a la romana, incluyendo los cazzarilles y los malfatis. Yo prefiero ser fiel a los ñoquis de papas que buscan su propio refinamiento como es el caso de los los ñoquis saborizados con remolachas o espinacas o ñoquis de batata rellenos o muchas otras variantes que la creatividad de los cocineros argentinos practica.(3)   
Para formular mi receta tomé las siguientes bases: el libro de doña Petrona para los ñoquis(4) y la propuesta de Donato De Santis para el fileto(5). Propongo, además, algunas modificaciones inspiradas en mis gustos personales y en las recetas de Julio Figueroa (Il Gatto Trattorias)(6) y Laura(7).  
Ñoquis la fileto
Fuente (fecha)
Basado en las recetas citadas (2013)
Ingredientes
Ñoquis:
Papas: 1,5 kg.
Harina: 380 g.
Agua.
Sal.
Queso rallado.
Salsa fileto:
Aceite de oliva: 2 cucharadas.
Tomates: 1 kg.
Sal.
Preparación
Ñoquis:
1.- Cocinar en agua y sal las papas pesadas después de pelarlas.
2.- Colarlas y formar un puré.
3.- Agregarles la harina y amasar hasta que las papas y la harina estén integradas, formando una masa suave.
4.- Dividir la masa en varios pedazos.
5.- Hacer unas tiras, dándoles forma redonda con las palmas de las manos por encima de la mesada espolvoreada con harina.
6.- Cortar pequeños dados y pasarlos por un tenedor o por un rallador para marcarlos un poquito.
7.- Cocinar los ñoquis en abundante agua hirviendo con sal.
8.- Cuando el agua ha roto el hervor y los ñoquis subido a la superficie, retirarlos, colarlos y disponerlos sobre una fuente.
9.- Se los espolvorea con abundante queso rallado y se los cubre de salsa.
Salsa fileto:
10.- Corte los tomates en pequeños cuadraditos.
11.- En una sartén caliente con aceite de oliva saltee los tomates, sazone con sal.
Ajuste personal
Le agrego un sofrito leve de ajo fileteado a la salsa antes de poner los tomates. Me tienta, a veces, el sofrito español con cebolla y condimentos hispanos (pimentón), criollos (ají molido) y orientales (comino y canela); pero trato de evitarlo para no desnaturalizar el fileto.
Agrego una pizca de nuez moscada en el puré de papas.
Comentarios
Sobre Julio Figueroa:
1.- Aumenta la proporción de harina a 400 g por kg de papas. Condimenta la masa con nuez moscada y le agrega manteca y huevos (uno para la cantidad indicada). Utiliza tomates concasé para la salsa, es decir, sin piel y sin semillas y le agrega ajo, cebolla y albahaca. Condimenta la salsa con pimienta y orégano. 
2.- Cocina las papas con cáscara para que estén más secas. Para hacer la masa, empieza por preparar un puré tradicional, es decir, con manteca y nuez moscada, sal y pimienta. Para hacer la salsa, comienza con un sofrito de ajo y cebolla. Luego agrega el tomate y deja cocinar por 20 minutos. 
Sobre Donato:
3.- La receta de Donato no dice cuánto tiempo debe estar sobre el fuego; pero la idea de que los tomates deben ser salteados, supone un tiempo muy breve.
Sobre Laura:
4.- Utiliza harina leudante en una proporción aún mayor (500 g de harina por cada kg de papas). 
Personales:
5.- Si queremos conservar la frescura del fileto, nada mejor que seguir la receta de Donato al pie de la letra... aunque ya saben que no puedo evitar la inclusión del ajo.
6.- Cocinar las papas con la cáscara supone que las mismas quedarán muy secas. Figueroa, De Santis y Laura proponen cocinar las papas de este modo. Para agregar humedad, el primero agrega manteca y huevos, en tanto que los otros, sólo huevos. No es mala idea.
7.- La propuesta de Figueroa para la salsa fileto, se acerca más a la idea que tengo de un tuco. 20 minutos es demasiado tiempo para una salsa que debe ofrecer escasa reducción.   
Ahora bien, ya hemos citado la opinión de Pasqualino Marchese sobre el nombre de la salsa. Sin embargo, nuestro cocinero no se queda allí. Sus salsas filetto nada tienen que ver con la receta de una salsa de tomates sometida a una breve cocción como la de Donato. Sus propuestas son curiosas, originales y de un origen incierto. De este modo el misterio que rodea a esta salsa se acrecienta. Les propongo que veamos lo que nos dice:
“Salsa al fileto di pomodoro (para 4 porciones de espaguetis)
“Ingredientes:1/2 kilo de tomate perita naturalmente maduros, 2 diente de ajo, 8 hojas de albahaca, 1 dl de aceite de extra virgen de oliva, peperoncino picante triturado a gusto, sal, queso tipo parmigiano. La mitad cortado en trocitos con un cuchillo y la otra rallado.
“Preparación: Lavar los tomates y pasarlos por 3 minutos en agua hirviendo, pelarlos, córtalos en mitades, eliminar la semilla y dejarlos escurrir. Luego cortarlos en filetti o  sea en tiras y colocarlos en una ensaladera. Condimentar con sal y abundante aceite de oliva, agregar el ajo y el peperoncino triturados, las hojas de albahaca cortada con la punta de los dedos, y el queso triturado a cuchillo. Dejar descansar dos horas en heladera en un lugar no tan frío.
“Transcurrido este tiempo hervir medio kilo de espaguetis o del formato más grueso como forati o bucatini, bien 'al dente' y colados, mezclarlos con salsa en el mismo recipiente. Espolvorear con el queso rallado y servir.
“En un plato 'semicalente' para el verano que puede acompañarse también con un vino blanco helado.
“Otra receta supuestamente nacida en Sicilia se transforma de esta manera:
“Ingredientes: 0,8 dl de aceite de oliva, 1 cebolla mediana, 1 zanahoria, 1 penquita de apio, 1/2 kilo de tomates peritas, 8 hojas de albahaca, sal y pimienta. Queso rallado.
“Preparación: Escaldar los tomates, pelarlos, eliminar la semilla y cortarlos en tiras o trozos. En una cacerola, pone a rehogar la cebolla con el aceite de oliva, luego de un tiempito agregar la zanahoria y la penquita de apio bien cortadas. Rehogar un poco más y completar con los filetes de tomates, la albahaca triturada a mano, sal y pimienta. Cocina despacio hasta que la salsa pierda acuosidad y el tomate se note cocido. De costumbre mézclela con unos fideos largos cocinados 'al dente' y condimente con queso rallado.
“Estas dos recetas son preferible desenvolverlas en el ámbito familiar y con pocos comensales, pues en un establecimiento lo máximo que puedan encontrar que la hayan hecho con tomate peritas en lata... y algún aceite de oliva de última presión en caliente.
“Otra manera muy cómoda de ilusionarse de estar disfrutando de un 'bel piatto di spaghetti al filetto di pomodoro' es comprar la salsa ya preparada en lata. Hacen lo posible, pero, lo mismo, no es igual que lo mismo...”(8)
Las recetas de salsa filetto que propone Pasqualino podrían orientarnos acerca del origen de la misma y de su denominación. Lástima que el autor carece de información suficiente para darnos evidencia fáctica sobre el asunto y que lo que él llama salsa filetto poco tiene que ver con lo que en los restaurantes porteños se ofrece como fileto.
Debo a la constancia de mi amigo José Fernández Erro el haber encontrado recetas de salsa “filetto di pomodoro” genuinamente italianas. Se parecen mucho a las propuestas de Pasqualino Marchese. La base está en el filete de tomate que es marinado y que, en muchas oportunidades, sólo tiene el tiempo de escaldado necesario para facilitar su peladura como única cocción, muy diferente a lo que la restauración argentina denomina salsa fileto.(9) 
Notas y bibliografía:
(1) 2001, Foster, Dereck, El gaucho gourmet, Buenos Aires, emecé, pp. 41.
(2) Leído en http://www.pasqualinonet.com.ar/las_salsas.htm#Salsa filetto , el 7 de octubre de 2013.
(4) 1934, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1958, edición 52°, pp. 162-163.
(5) Leído en http://elgourmet.com/receta/noquis-de-papa-al-fileto, el 8 de octubre de 2013. 
(8) Leído en http://www.pasqualinonet.com.ar/las_salsas.htm#Salsa filetto , el 8 de octubre de 2013.


sábado, 5 de julio de 2014

El recetario de los bodegones porteños V - otoño

Es otoño es, quizás, la mejor estación de Buenos Aires. Suele haber muchos días con cielo azul intenso. Da gusto caminar las calles de la ciudad sin calor agobiante ni Pamperos de frío lacerante. Los días aún no se acortan demasiado y la cerveza en las terrazas de los bares promete un programa  apacible.
Referencia de la imagen en (1)
Es el momento en el que da gusto comer cosas livianas, pero de sabores complejos. Si bien es la época del año en que pueden comerse las mejores ensaladas mixtas (los últimos tomates de la temporada, se encuentran con las mejores lechugas), hay lugar para otras cosas... y el bodegón nos espera con ellas(2).
Ya he expuesto en alguna parte que la picada porteña, los platitos de la picada porteña, representan el mestizaje entre las tapas españolas y el antipasto italiano. Es sabido, por otra parte, que un buen aperitivo consiste en tomar una bebida alcohólica sin comer nada. De este modo, en el estómago se despierta el apetito. Si agregamos algo de comer, pronto ese apetito será saciado y no nos invitará a un almuerzo o una cena profusos. Sin embargo, los porteños compartimos la idea herética de esas dos tradiciones en las que el aperitivo se toma comiendo algo… que de todas maneras, nuestro apetito no quedará saciado.
Es el atardecer, no sentamos a la mesa de uno de nuestros bodegones que también funciona como bar o café, y pedimos un cerveza (preferentemente lager y rubia, preferentemente tirada y bien fría). Con ella viene el triolet (maníes, papas fritas de copetín y palitos fritos)... y ¿qué tal agregar unos platitos? Tal vez el otoño nos invite a comer unos bocadillos de acelga, rabas a la romana, lengua a la vinagreta y una cazuelita de mejillones a la provenzal... sólo por nombrar algunos que me vienen rápidamente a la memoria y que, a mi juicio, tienen la estatura de clásicos en el recetario de estos restaurantes.   
También puede ocurrir que hayamos llegado más tarde al bodegón y que la hora de la cerveza se haya pasado. Entonces, pensamos en una buena entrada para una buena comida. Un plato ideal pare al otoño será entonces una buena porción de zapallitos rellenos con carne. En lo personal, este plato no sólo evoca viejos restaurantes de barrio, sino también la mesa familiar y la comida materna. 
Para algunos, especialmente para algunas, con una de esas dos opciones todo estará bien para volver a casa satisfechos por haber comido. Otros querremos algo más... comer de verdad. En ese momento, ¿qué tal unos ñoquis al fileto? Nuestro fileto es una salsa de origen italiano malversada en nuestros bodegones. No hay ningún cuidado especial en ella que se prepara como una simple salsa de tomates con poca cocción. El fileto es ácido y, por ello, trasmite una sensación de frescura que se combina muy bien con la contundencia de los ñoquis de papa en la noche de otoño cuando el aire ha comenzado a refrescar un poco... en ese mismo registro de frescura y contundencia, otras opciones serán los escalopes de ternera a la romana (las nunca bien ponderadas marineras) con papas fritas a la provenzal (es decir, condimentadas con ajo y perejil picado) o las milanesas a la napolitana.
Pero el otoño avanza y, para fines de mayo, sentimos, junto a un resurgir del patriotismo, los primeros fríos del año. Satisfacemos el patriotismo comiendo locro y empanadas (si no hace suficiente frío, podemos esperar para comer estos platos el día 9 de julio). Pero en la semana siguiente querremos comer otra cosa en el bodegón de la esquina. Si es un local muy tradicional, despejemos nuestros prejuicios y pidamos unas buenas albóndigas, con aromáticas reminiscencias del Medio Oriente. Ellas  restaurarán nuestro cuerpo y nuestro ánimo con eficiencia. Pero, si el bodegón es algo más sofisticado, podríamos jugarnos por un plato más complejo como el lomo a la pimienta con papas a la crema. Gato Dumas sostenía que este plato es una combinación porteña de dos creaciones de ortodoxa cocina francesa, pero que en Francia se sirven por separado.           
Como puede apreciarse, los bodegones porteños, tradicionales o sofisticados, tendrán las puertas siempre abiertas para la satisfacción de nuestros deseos.  
Notas y bibliografía:
(2) 2008, Sorba, Pietro, Bodegones de Buenos Aires, Buenos Aires, Planeta.





Mejillones a la provenzal

Tengo una hipótesis acerca de cómo llegó este plato a los bodegones porteños. Nadie duda de que esta manera de cocinar mejillones es de origen belga. En París hay muchos restaurantes belgas que ofrecen mejillones cocidos con la técnica utilizada en esta receta, pero que se diferencian entre sí por los aliños.  
Por otra parte, expuse mis hallazgos con  relación al aliño denominado “a la provenzal” en el artículo sobre las ranas preparadas de este modo. Encontré en viejos recetarios españoles la forma de cocinar los alimentos con este aliño y con esta denominación. También encontré una referencia familiar a la utilización de esta combinación de ajo y perejil picados como aliño para condimentar ranas en Bretaña. Finalmente, gracias a los sabios comentarios de Osvaldo Muslera, pude identificar el aliño que los provenzales consideran como propio y que nada tiene que ver con el que  denominamos de ese modo en España y La Argentina. 
Los recetarios españoles que suelo consultar son muy viejos (van de 1850 a 1915). En uno de ellos, di con una receta de mejillones a la provenzal que  nada tiene que ver con la que conocemos en Buenos Aires(1). De modo que este plato que consiste en combinar una técnica de cocción belga con un aliño español debe haberse consolidado avanzado ya el siglo XX, en España o en Buenos Aires. En el Libro de Doña Petrona la receta está, pero la edición que poseo es de 1958(2). De modo que sólo podemos establecer con certeza que a mediados del siglo XX este plato se conocía en La Argentina.   
Es una preparación sencilla, fresca y apetitosa. Para disfrutarlo en los bodegones de Buenos Aires durante casi todo el año... aunque mi temporada predilecta es el otoño porque, aún con su frescura, el plato tiene una cierta contundencia.
Para componer la receta que publico, recurrí a la que aprendí en un curso que realicé en el Colegio de Cocineros Gato Dumas (nadie que haya comido mejillones a la provenzal en Buenos Aires puede dudar de la ortodoxia de esta receta). Pero el plato es tan tentador que me tenté y quise agregar otra receta de la más pura ortodoxia belga. Para ello recurrí mi amigo José Fernández Erro que cocinó mejillones a la flamenca en casa. Esa noche nos contó que su receta reproduce lo que comió en un restaurante de la ciudad de Brujas.     
Mejillones a la flamenca
Fuente (fecha)
José Fernández Erro (06/06/09)
Ingredientes
1 kg de mejillones.
2 zanahorias.
3 pencas de apio.
2 puerros.
1 cebolla.
1 ají pimiento colorado.
2 dientes de ajo.
Vino blanco 100 cm3.
Aceite de oliva c/n.
Sal.
Preparación
1.- Preparar un sofrito con los vegetales cortados en brunoise (orden de cocción: zanahoria, pimiento, cebolla, puerro, ajo (sin pelar) y apio) y reservar.
2.- Calentar una cacerola. Agregar un poco aceite y los mejillones.
3.- Cuando está caliente, agregar el vino.
4.- Cuando se evaporó el alcohol, agregar el sofrito de vegetales.
5.- Cocinar hasta que estén abiertos los mejillones. Servir llevando la cacerola a la mesa (Según me contó José, así se sirven en los restaurantes de Brujas).
Comentarios
06/06/09:
Esa noche en que vino José y cocinamos en casa, preparamos los mejillones porque vimos que estaban muy buenos en la pescadería Basilio del mercado de Juramento y Ciudad de La Paz.
Él trajo la receta. Comentó que el sofrito puede hacerse en la cacerola antes de agregar los mejillones.
El plato de los bodegones porteños es bien sencillo. Sólo hay que cuidarse de retirar los ejemplares que pueden estar en mal estado del modo en que se indica en los comentarios que agregué a la receta que expongo abajo.
En La Argentina, no se pueden comer bivalvos cuando hay marea roja. El sistema de alerta sanitario es bueno y no se consiguen mejillones en los negocios de pescados mientras dura el fenómeno.
Mejillones a la provenzal
Fuente (fecha)
(2009)(3)
Ingredientes
1 kg de mejillones.
½ litro de vino blanco.
6 dientes de ajo.
Perejil.
Aceite de oliva.
Sal.
Preparación
1.- Picar el ajo y el perejil por separado.
2.- Rehogar el ajo.
3.- Desglasar con el vino blanco.
4.- Colocar los mejillones.
5.- Cuando se abren, retirarlos y quitarles una valva.
6.- Disponer los mejillones en una fuente.
7.- Incorporar el jugo de cocción con el ajo.
8.- Espolvorear con el perejil picado
Comentarios
Cuidado con los mejillones frescos: (1) limpiar las barbas, (2) purgarlos con agua, (3) si están abiertos, golpearlos suave y secamente con el dedo, si siguen abiertos, hay que descartarlos. Una vez cocidos hay que descartar las que no se abren.
Notas y bibliografía:
(1) 1892, S/A, El cocinero práctico, Madrid, Saturnino Calleja, 12° edición, pp. 224.
(2) 1934, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1958, edición 52°, pp. 213.
(3) Curso “Pescados y mariscos”, Colegio de Cocineros Gato Dumas (2009/abril-mayo).




sábado, 28 de junio de 2014

El hábito del mate en Montevideo (1763)

José Luis Busaniche fue un notable historiador argentino. Nació en Santa Fe de la Veracruz, capital de la Provincia de Santa Fe, en 1892 y falleció en San Isidro, Provincia de Buenos Aires, en 1959. Sus obras más importantes están relacionadas con los bloqueos franco – británicos de 1838 y 1843, el papel que jugó la Provincia de Santa Fe en esas circunstancias, el Gobierno de Juan Manuel de Rosas y la construcción del federalismo argentino. En 1938 publica un libro de lecturas históricas argentinas que reedita en 1959 con el título de Estampas del Pasado.(1) Este libro ha servido de inspiración para la sección “Rescolos del Pasado” de El Recopilador He rescatado varios textos de la colección, reproduciendo parte de las prolijas referencias de Busaniche.    
Antonio José Pernety fue un benedictino y escritor francés (1716-1801). Fue capellán de Bougainville en su expedición a las Islas Malvinas en 1863. Sus descripciones de Montevideo son de esa época.(2) 
Montevideo en 1763
“/.../. La puerta de comunicación de esta sala con el cuarto que sigue, donde duermen el Gobernador y su esposa, está cerrada por una cortina de tapicería. Los otros dos ángulos están ocupados, uno por una mesa de madera, donde siempre hay una bandeja para tomar el mate y el otro por un armario con dos o tres estantes, adornados con algunas tazas y platos de porcelana. /.../.
“Generalmente estas salas no tienen piso adecuado, ni cielo raso, viéndose en el interior los soportes que sostienen el tejado.
“Los españoles de Montevideo son muy ociosos; no se ocupan casi, más que conversar en ruedas, tomar mate y fumar un cigarro./.../”(3)   
Notas y Bibliografía: 
(1) 1959, Busaniche, José Luis, Estampas del pasado, lecturas de historia argentina, Buenos Aires, Hyspamérica.
(2) 1769, Pernety, Antonio José, Journal historique du voyage fait aux isles Malouines eta au detroit de Magellan et sur le Patagon, Berlín, 1769.
(3) Busaniche, José Luis, Op. Cit., pp. 200



Aroma de ayer

Por Rubén Flores
Aquí envío un poema al aroma que me trae a mi padre todavía hoy (despierto por las mañanas cuando entra el aroma a pan desde la panadería que está a 50 metros de casa)
AROMA DE AYER
Todavía el pan que huele
Me despierta a las cinco
Todavía entra en sueños
Su olor y mi padre con su radio
Válvulas y voces que conservo
Y me despiertan con su aroma
Como ayer cuando tranquilo
Dormía
Un sueño de niño el mío
Que entra a mi ventana
Entre noche y madrugada
Las cuatro y los cinco
Sabidos de rutina y calma
Se alzan las cortinas y el día
Comienza
El pan caliente me trae
Mi padre
Vela mi cama de hijo dormido
Y su voz –perfume de masa tibia–
Aún huele en mi pecho
Despierto


sábado, 21 de junio de 2014

En la pista de Carlos Gardel: Francis Mallmann se cuece en sus propios jugos

Francis Mallmann es, quizás, el cocinero más importante con que cuenta nuestro país. ¿Lo es realmente? Con su estilo afrancesado pretende indicarnos el camino que debe seguir nuestra cocina nacional, si desea ser tal.
Pero, antes de hablar de este cocinero, debemos cuestionarnos. ¿Qué interés tiene que tengamos una cocina nacional?
La UNESCO impulsó el proyecto Turismo Cultural en América Latina y el Caribe  en la ciudad de La Habana en noviembre de 1996. Ese proyecto promueve, entre otras cosas, la urgencia de desarrollar y profundizar la reflexión acerca del “patrimonio gastronómico regional”. El Documento Base definió a las recetas de cocina como un bien cultural tan valioso como un monumento. Estas declaraciones pusieron en el tapete la cuestión de las cocinas nacionales. El organismo internacional, por otro lado, ha incentivado la competencia entre los distintos países, mediante sucesivas declaraciones que reconocen determinadas tradiciones culinarias locales como patrimonio de la humanidad. Esto ha ocurrido, por ejemplo, con la cocina mexicana.
En La Argentina hay poco interés sobre el particular, entre otras cosas, porque existe una fuerte corriente de pensamiento que sostiene que nuestra cocina no tiene entidad como tal, que todo lo que alcanzamos a producir son reelaboraciones de recetas heredadas de otras tradiciones culinarias. Sin embargo, hay también los que piensan que esas reelaboraciones constituyen la esencia de una cocina con identidad nacional. Nuestra cocina sería así una especie de tango culinario.
Todos sabemos que el tango es un género musical generado a partir de la reelaboración de tradiciones musicales diversas que hemos heredado a lo largo de los días. Debe tenerse en cuenta que, en su caso, la conciencia de que expresa una clara identidad nacional necesitó de un catalizador. Carlos Gardel logró ese milagro. La cocina argentina, ¿necesita de un Carlos Gardel? ¿Francis Mallmann puede alcanzar esa estatura?
Para admitir esa posibilidad es necesario contar con información sobre las influencias externas que recibió desde su infancia. Poco hemos logrado encontrar sobre el origen de la familia Mallmann. El apellido es claramente alemán, pero los nombres son de procedencia austríaca (Francis es Francisco José y Carlos es el nombre de su padre y de uno de sus hermanos). Francisco José nació en Buenos Aires, vivió de muy niño en Nueva York; pero la repentina muerte de José Antonio Balseiro lo llevó a vivir en San Carlos de Bariloche cuando apenas contaba con 6 años. Carlos Mallmann tuvo que suceder al reconocido científico argentino en la conducción del instituto de física nuclear que hoy lleva su nombre. Bariloche, la Patagonia, el sur de La Argentina se transformó desde entonces en la Patria indeleble del joven Francisco José.
¿Todo es tan claro y diáfano en la vida de Francis?
Cuando se ven sus programas de televisión, se tiene la sensación de estar frente a un personaje borgeano. ¿Alguien puede dudar de la valía de Jorge Luis Borges como poeta, escritor y hombre de letras? Desde luego que no, y, sin embargo, cuando se lee su autobiografía, presenciamos un esfuerzo constante por erigir un personaje por encima de la persona real. Cuando Francis Mallmann se define como artistas, escritor y poeta antes que cocinero, ¿no está, acaso, erigiéndose en un personaje, aunque parezca bastante inestable en sus intentos?
¿Puede un personaje cuya característica es la inestabilidad, alcanzar la talla de Carlos Gardel?
Mallmann, ¿es escritor o cocinero? Posiblemente pretenda ser ambas cosas y sea un poco algo de cada una de ellas. Si uno lee sus libros, aún los que ya tienen más de veinte años, va a presenciar este encuentro entre la cocina y las palabras. Así, por ejemplo, en un reportaje publicado en Tiempo Argentino, nuestro poeta cocinero dice: “El lenguaje escrito me gusta, permite mezclar sentimientos con palabras, usar comparaciones para poder explicar algo. Y por otro lado creo mucho en el lenguaje del silencio, que es el lenguaje de la gente de oficio, como el nuestro. Lo lindo del oficio es eso, que la persona que cose, el herrero o el carpintero trabajan en silencio y ese silencio es un lenguaje muy importante.” y agrega “A mí me gusta mucho eso de la ficción en la cocina, y los sueños. Creo que la gente que cocina está apoyada en sus sueños: es decir, se imagina algo, sueña cómo hacerlo, piensa en tal receta. La cocina tiene que ver con esa posibilidad de plasmar en una cacerola las ganas de realizar algo.”
¿Por qué decimos que estamos frente a un personaje inestable? Si aceptamos aquello de que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, debiéramos asociar estabilidad con cierta coherencia de pensamiento carente de contradicciones evidentes. Quienes lo conocen personalmente sostienen que vive contradiciéndose, pero veamos si esto sucede a lo largo de sus palabras llevadas a la estampa, sea en sus libros, sea en los reportajes que ha concedido.
A los dieciocho años inicia una fuerte formación técnica en Francia. Fue allí donde la nouvelle cuisine llenó su cabeza de bellos pajaritos parisinos. Regresó al país y se transformó en el principal referente de esa corriente culinaria en La Argentina. Sin embargo, como un ser humano nómade (así se considera a sí mismo), no se queda quieto en ningún lugar de la tierra, ni en ningún lugar de las ideas. Es así que pronto emprendió nuevas búsquedas que parecen alejarlo de la ortodoxia francesa.
Nuestro personaje de marras ¿busca, acaso, consolidar las claves de una cocina nacional de los argentinos? Realiza una confidencia de propósito en su libro Frío, tibio, caliente (publicado 1991). Allí nos dice: “...comencé este libro pensando en una cocina NUESTRA, lo que de ninguna manera significa ARGENTINA. Se trata de un concepto más universal que, sin embargo, no reniega de las raíces.”
Diecisiete años después publica Siete Fuegos, cuyo subtítulo es “mi cocina argentina”. Es aquí donde alguien puede ver una contradicción y otros ven una evolución de ideas, un afianzamiento de los pies sobre la tierra. ¿Es que el nómade conserva un sitio sobre la tierra al que siempre regresa: La Patagonia?
Lo cierto es que en el prólogo de este libro cuenta que en París “...estaba Raymond Oliver, quizás el último gran maestro de la cocina francesa clásica. Él escribió el monumental La Cuisine en su pequeña oficina del Palais Royale, en el piso superior de su restaurante, el venerable Grand Véfour. Un día, me llamó a su oficina. Tenía en la mano la carta que yo le había enviado meses atrás acerca de mi pasantía allí. El membrete mostraba mi nuevo logo -una marmita de cobre- y debajo estaba impreso el lema “La Nouvelle Cuisine”. Me miró un largo rato. Luego, con afecto, me dijo: “Mi pequeño sudamericano, ¿de qué sirve esta estupidez de la 'nouvelle cuisine' si no conoces el patrimonio de la tradición culinaria?”. Sonrió, me dio un ejemplar firmado de su libro y me envió de regreso al sótano, donde me esperaban ocho cajas de alcachofas para limpiar y emparejar. Allí empezó la cura de mi presuntuosidad, tanto en lo culinario como en otros aspectos. Terminó años más tarde, cuando mi cocina volvió a su “lengua materna”: el fuego.” 
Años después, en 1995, Francis sorprendió a los miembros de la Academia Internacional de Gastronomía con un menú basado en una enorme variedad de papas. Había alcanzado el éxito “haciendo una versión argentina de la buena mesa contemporánea”. De modo que la cocina “nuestra” de su libro de 1991 ya había alcanzado el calificativo de argentina.
En el libro Tierra de fuegos, publicado en 2012, Mallmann estampa la siguiente dedicatoria: “Sin ser hombre de campo, dedico este libro al gaucho argentino, que en silencio forjó, entre necesidad y paciencia, este andar de fuegos que, en abrazos, me acompaña por el mundo.”
Parece de una línea recta, de un todo coherente que se dirige en una sola dirección y, sin embargo... A poco que uno busca empiezan las contradicciones. En un reportaje que le hiciera Sabrina Cuculiansky para el diario La Nación a fines de 2010, nos dice “Son lugares que conozco y que quiero. Si me dijeran: "Vamos a hacer un programa en París", a mí no me interesaría. Conozco y amo París, pero hoy quiero hacer programas en lugares con los que me sienta identificado.”.  Dos años después, se lo vio, en la televisión, cocinando por las calles de París. Esta es una contradicción pequeña si se la compara con la declaración que hizo en uno de sus episodios. Ahora resulta que la identidad de su cocina es enteramente francesa.    
Francisco José Mallmann no sólo construyó un personaje imponente, sino que lo lleva como trastabillando desde su inestabilidad constitutiva. En estas condiciones parece difícil que alcance la estatura de Gardel.
Aunque pensando bien la cosa, ¿quién que es deja de construirse un personaje de ficción para transitar la vida con holgura? ¿Cuál es la diferencia? Tal vez que aquéllos que consideramos “personajes” tienen una conciencia intuitiva de la construcción y nos aventajan porque lo manipulan con una habilidad de la que carecemos... Por otro lado, ¿quién está exento de contradicciones en la vida? Acaso esta inestabilidad que vemos en el personaje en cuestión, ¿no podría ser una prolija filtración de cierta humanidad que escapa a la perfección ficcional?
Francis Mallmann podría ser el Carlos Gardel de la cocina argentina si se lo propone, aún a pesar de estas contradicciones e inestabilidades. Este cronista piensa que la pista de Gardel que debiera seguir no tiene por qué ser la del aeropuerto de Medellín.    
Notas y referencias:
Sitios consultados en la Internet
Sobre el libro Tierra de Fuegos: http://www.conexionbrando.com/1483934

Libros y artículos consultados:
2005 Álvarez, Marcelo, “La cocina como patrimonio (in)tangible” en AAVV, La cocina como patrimonio (in)tangible, Primeras jornadas de patrimonio gastronómico, Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pp. 11-25.
1991, Mallmann,  Francis, Frío, tibio, caliente (imágenes de mi cocina), Buenos Aires, Klimt SRL.
2008, Mallmann,  Francis, Siete fuegos, mi cocina argentina, Buenos Aires, V&R, 2010, 1° edición en inglés: 2009.
2012, Mallmann,  Francis, Tierra de fuegos, mi cocina irreverente, Buenos Aires, V&R.