sábado, 17 de octubre de 2015

Las ensaladas de Natalia

Es difícil asegurar que la receta de una ensalada pueda alcanzar universalidad o, digamos más humildemente, una identidad diferenciada por el solo hecho de ser publicada. Sí, ya lo sé, hay algunas recetas clásicas en donde ello se ha dado sin duda; pero no por su publicación, sino por la fama que han adquirido en los locales de restauración en que han sido creadas (tal el caso de las sofisticadas ensaladas waldorf y césar (algunos la llaman císar por error)) o en el simple hábito de reiteración en los hogares de un determinado colectivo social (como ocurre con las sencillas ensaladas mixtas (la argentina de lechuga, tomate y cebolla o la italiana de lechuga, zanahoria y cebolla)).
 Las imágenes perteneces a Natalia Pereiro
En realidad, hay algo que nos aleja aún más de esa pretensión de clasicismo. Ocurre que, hoy por hoy, la mayoría de las ensaladas que comemos resultan de una combinación arbitraria de ingredientes que representan un gusto personal que, además, suele ser inestable porque puede variar de una ensalada a la otra.       
En el caso particular de las ensaladas de Natalia Pereiro, esta tendencia no sólo obedece a un gusto personal, sino a una constante que alimenta su hábito de consumidora... comprar siempre lo que está mejor en el mercado.
Así que les presento esta interesante receta que tomé de una de sus ensaladas... ¡Qué disfruten de la frescura! 
Ensaladas 
Fuente (fecha)
 Natalia Pereiro(1)
Ingredientes
Lechuga morada.
Granos de choclo.
Zanahoria.
Berenjenas.
Brotes de lenteja.
Repollo blanco.
Preparación
1.- Lavar la lechuga. Escurrirla y cortarla en pequeños trozos con las manos.
2.- Cocinar los choclos y desgranarlos cuando ya están fríos.
3.- Lavar la zanahoria con una esponjita limpia de cocina. Rallarla sin quitarle la piel.
4.- Lavar y cortar el repollo en juliana.
5.- Seleccionar los mejores brotes de lentejas que tengamos disponibles (ver explicación de cómo se obtienen en la nota de la recopilación de Natalia).
6.- Cortar las berenjenas en finas láminas y grillarlas por ambos lados con un chorrito de aceite.
7.- Mezclar todos los ingredientes que serán seleccionados en cantidades similares de volumen.
8.- Aderezar con una vinagreta de sal, limón y aceite de girasol.         
Comentarios
De Natalia:
1.- Las ensaladas... no sé como darte una receta, siempre van variando y depende de lo que haya de lindo en la verdulería; pero siempre me gusta agregarle berenjenas grilladas o tomatitos en conserva!!!!!!!”(2)
2.- “Marito: los brotes de lentejas o demás legumbres se le dice comida viva, comida macrobiótica.”(3)
Notas y bibliografía:
(2) 2014, Pereiro, Natalia, correo-e del 2 de diciembre.
(3) 2014, Pereiro, Natalia, correo-e del 16 de diciembre.



sábado, 10 de octubre de 2015

Hamburguesas de lentejas

Ya publiqué la receta de hamburguesas de lentejas de doña Cándida, la abuela de Mario Miranda, quien las hacía en la ciudad de Barranquilla, en Colombia. Aquélla era muy original, por cierto, debido a que encerraba un misterio.
 Las imágenes pertenecen a Natalia Pereiro
Ahora publico la de Natalia que también es original. ¿Por qué la califico de este modo? En primer lugar, porque cuando un cocinero o cocinera se apropia de una receta y le introduce detalles propios, la fórmula deja de ser colectiva y da origen a una creación individual e irrepetible.  Pero, además, la receta de Natalia encierra algunos detalles únicos que ella misma devuelve al conocimiento colectivo a través de esta publicación.
Hamburguesas de Lentejas
Fuente (fecha)
Natalia Pereiro (2014).(1)
Ingredientes
Lentejas (agregar cantidad).
Cebolla morada.
Cebolla de verdeo.
Morrón colorado.
Morrón verde.
Ciboulette (opcional).
Puerro (opcional).
Queso rallado.
Nueces.
1 zanahoria.
Brotes de alfalfa.
Humo líquido.
Sal.
Cúrcuma.
Pimienta.
Ajo.
Perejil.
Preparación
1.- Dejar las legumbres en remojo, al otro día, así cruditas, triturarlas con sal a gusto y condimentos: un poquito de cúrcuma, sal, pimienta y un poquito de ajo y perejil de verdulería.
2.- Por otro lado, cocinar en una sartén con un poquito de aceite, cebollitas moradas y de verdeo, morrón colorado y verde, también se le puede agregar ciboullete o puerro. Todo bien picado.
3.- Agregar esta preparación a las legumbres ya trituradas. Agregar, además, queso rallado, a veces nueces picadas,  zanahoria rayada, brotes de alfalfa y un poquito de humo liquido que le da un sabor ahumado.
4.- Mojar una asadera con aceite y armar bolitas con una cuchara sopera que después se achatan con la espátula, para darles forma de hamburguesas.      
Comentarios
Se pueden hacer con garbanzos en lugar de lentejas.
Si bien juzgo que el gran interés que despierta estas recetas, y por ende su difusión, es muy reciente... y su denominación de hamburguesas, mucho más, claro está. Creo que estas preparaciones deben responder a tradiciones milenarias. Muchas de ellas se realizan hoy en día con facilidad con las herramientas modernas que permiten moler semillas con rapidez y sin dificultad. Imagino el trabajo de las mujeres en el mortero para preparaban  pastas que luego habrían de cocinar con muchos de estos ingredientes. La textura del resultado, seguro que era muy diferente. Ni mejor, ni peor, diferente. Pero esto sólo es especulación de mi parte.  
Ésta última ocurrencia me lleva a pensar en las diversas actitudes que se  tienen frente a la tecnología hogareña. En mi caso particular, no me gustan algunos aparatos como, por ejemplo, la olla a presión y la máquina para hacer el pan. Pero sólo se trata de preferencias personales, me gusta amasar con las manos y esperar que el estofado se vaya haciendo en una larga cocción. Dicho de otro modo, no rechazo los aparatos por una actitud refractaria hacia la tecnología. Algunos piensan que los robots de cocina o los aparatos para cocinar a baja temperatura desnaturalizan el arte culinario. Frente a esto, digo dos cosas. La primera es que los verdaderos artistas en la cocina se desarrollan al margen de los aparatos. Además pienso que cualquier tecnología desnaturaliza, a la vez que culturaliza, el acto de comer... empezando por el gran invento paleolítico, el mortero.  
Notas y bibliografía:
(1) 2014 Pereiro, Natalia a Aiscurri, Mario, correo-e del 22 de setiembre.


Milanesas de Soja de Natalia

Cuando los porteños comenzamos con la idea de que comer más sano era incluir más vegetales en nuestra dieta, las preparaciones con soja adquirieron un gran prestigio porque este producto permitía un reemplazo  de la carne. Lo más interesante del fenómeno es que el gusto argentino, terminó por imponerse también aquí: la milanesa de soja pasó a ser uno de los platos más prestigiosos entre los que se pueden preparar con la semilla de esta oleaginosa.
 La imágenes pertenecen a Natalia Pereiro 
Dudo de la eficiencia nutricional de cambiar la carne por la soja, pero yo también he sucumbido ante las milanesas de soja bien preparadas porque, en lo personal, me interesan las bondades gastronómicas que ofrecen las recetas vegetarianas bien pensadas y mejor ejecutadas.  
La receta de milanesas de soja que aquí presento, forma parte de la selección de recetas vegetarianas de Natalia Pereiro... sigan sus recetas y terminarán, perdón por la grosería, chupándose los dedos.
Milanesas de soja de Natalia
Fuente (fecha)
 Natalia Pereiro(1)
Ingredientes
Porotos de soja.
Especias a gusto.
Sal.
Pimienta.
Mostaza.
Pan rallado.
Huevos.
Ajo.
Perejil.
Preparación
1.- Lavar bien porotos y dejarlos en remojo de un día a otro.
2.- Al otro día, triturar los porotos sin cocinar con especies (a veces cúrcuma y ají molido), pimienta y sal.
3.- Por otro lado, preparar huevos batidos a los que se agrega un poco de mostaza (alguna rica, puede ser con miel), ajo y perejil picado.
4.- Mezclar bien la masa. Achatarla para que tenga forma de milanesa. Ponerla, luego, en el huevo .
5.- Pasarlas por pan rallado y listo! 
6.- Fritarlas o cocinarlas en el horno.      
Comentarios
De Natalia:
Uso un pan rallado de arroz tostado que es sin tacc (trigo, avena, cebada y centeno).
Notas y bibliografía:
(1) 2014, Pereiro, Natalia, correo-e del 2 de diciembre.



miércoles, 7 de octubre de 2015

MENDOZA

Willy Cersósimo
Octubre  de 2015

Cae la tarde, la noche comienza a tender sus sombras sobre el último día del apacible verano de 1861, cuando el reloj marco las 20.36 de repente la tierra rugió. Muchos mendocinos estaban en misa, otros en sus casas a punto de cenar o ir a dormir, otros en el mítico Club del Progreso y los soldados en el cuartel recibiendo su paga, en un instante sus vidas cambiaron para siempre, el infierno se abrió bajo sus pies y la muerte dijo presente. Un sismo de intensidad 7,2 grados (en la escala de Richter, que mide energía liberada) y de magnitud IX o X (según la de Mercalli, que mide daños) sacudió a la capital de la provincia de Mendoza destruyendo por completo la Ciudad reduciéndola a una masa de escombros y aniquilando a más de 4200 personas, el 40% de su población.
 Las imágenes pertenecen al autor 
Luego vinieron incendios con el gas de algunas de las tiendas más modernas, desborde de aguas ocasionada por la obstrucción de las acequias y saqueos entre otras consecuencias.
Si bien se sintió con más violencia en Ciudad (su centro era la actual plaza Pedro del Castillo), también repercutió en toda la provincia, hubo daños y muerte en Guaymallén, San Vicente (así se llamaba Godoy Cruz), Luján y Valle de Uco.
El caos fue total, no había comida ni agua potable y los vándalos aprovecharon para robar todo lo imaginable, lo que obligó al gobernador Laureano Nazar a imponer el estado de sitio y sólo permitió el ingreso a la ciudad a las fuerzas del orden y para salir fuera de la provincia únicamente podía hacerse con un pasaporte, mientras tanto los heridos eran socorridos en la Plaza Mayor y la Alameda. Todo esto provocó que muchas familias se mudaran a sus quintas o a la ciudad de San Juan.
Luego comenzó a llegar la ayuda, alimentos, dinero, medicamentos y materiales de construcción enviados por la Nación, por otras provincias y también de países limítrofes, incluso desde Europa.
Pasado este caótico período, que duró varios años, empezaron a circular las propuestas para trasladar y reconstruir la ciudad, Mendoza y su gente debieron invertir muchos años y recursos para volver a levantarse.
Maipú, fue una de las zonas a donde se pensó trasladar a la ciudad destruida, en aquellos años posteriores al terremoto de 1861, por eso es que allí se comenzaron a erigir algunas viviendas y edificaciones aunque luego la idea no prosperó.
Entre los muchos profesionales que contribuyeron con la reconstrucción se encuentra el Ing. López Frugoni, responsable entre otras obras de la construcción de “La Mercantil Andina”, el “Banco Hipotecario”, el “Banco de Mendoza” entre otros edificios emblemáticos de Mendoza que marcan sin ningún lugar a dudas parte de la idiosincrasia de la provincia.
Este notorio profesional levantó en Maipú en 1869 una Bodega, por encargo de uno de los precursores de la actividad vitivinícola cuyana en aquellos años tan difíciles luego del gran cataclismo, sus amigos lo llamaban “Pepe”, su nombre era Raúl José Guevara.
La edificación fue totalmente innovadora, se utilizaron técnicas antisísmicas muy adelantadas para la época, ya que José, el hijo de “Pepe”, quien había sido enviado a estudiar enología a la prestigiosa escuela italiana de Conegliano, avizoró junto a su padre que se podía construir una bodega que aguantara los embates de los terremotos y que además fuera modelo.
Junto a esta, Guevara construyó su casa familiar, edificación que fue como la bodega igualmente de innovadora para la época por su espectacular diseño antisísmico y algunas otras características especiales, como por ejemplo, un sistema de refrigeración constituido por acequias internas que hacían circular el agua de riego en forma subterránea por debajo de los pisos de la casa, las que desembocaban en una fuente ubicada en el patio interno.
Para ambas construcciones se tuvo en cuenta el manto de piedras que posee la zona en sus capas inferiores, las que amortiguan el movimiento sísmico.
Todos los materiales con los que fueron construidas las vasijas fueron traídos de Europa: ladrillos de origen inglés, cemento de Alemania y maquinaria francesa e italiana. El techo de barro y caña, se hizo a fin de mantener un ambiente ventilado y fresco, con el agregado de cal que al combinarse con el gas carbónico producto de la fermentación fue convirtiéndose en calicanto.
Tan buena fue la construcción de la Bodega de los Guevara que persiste en la actualidad, convirtiéndola en la Bodega más antigua de Mendoza, fundada en 1869 y produciendo vinos hoy en el 2015 bajo la denominación de Bodega Familia Di Tommaso.
En Mendoza, la vitivinicultura a escala industrial se desarrolla a partir de las últimas décadas del siglo XIX, permitiendo reorganizar el territorio como espacio productivo, social y simbólico. La explotación intensiva del monocultivo de la vid llevó a que se multiplicaran las pequeñas propiedades estructuradas sobre un sistema de riego heredado de las antiguas culturas indígenas. El patrimonio de la producción como resultado de la cultura vitivinícola, abarca un conjunto complejo de obras y bienes que se ubican tanto en el ámbito rural como urbano, y que pertenece tanto a la actividad agrícola como a sus derivados, la industria y los servicios.
Coquimbito y Russell, donde se encuentra la antigua bodega de los Guevara, son distritos de producción agrícola del departamento de Maipú. Su terreno es llano y posee el marco de la montaña al oeste, en cambio al este y al sur se encuentra la ciudad de Maipú, atravesando su territorio los canales Pescara y Chachingo. La zona prosperó a lo largo del tiempo en torno a la producción del vino, se ampliaron los canales de riego y los caminos que facilitaron la comunicación, paralelamente se incrementaron las plantaciones de olivares y frutales. El paisaje se vio transformado por las barreras de álamos que sirvieron para cortar el molesto viento que permanentemente sopla en el lugar, sirviendo además para la provisión de madera que demandan las distintas actividades agrícolas. Los arboles también sirvieron para mitigar el tórrido clima estival con sus frondosas copas, que al ser colocados a la vera de los caminos se entrelazan formando “túneles” perfectos. 
Por el potencial que poseían para la producción del vino, los terrenos sufrieron una gran demanda y por ello se parcelaron en unidades productivas de tamaño mediano a pequeño. 
La construcción de las bodegas, las casas patronales, talleres, depósitos, salas de máquinas y otras construcciones que proveían los distintos productos que demandaba la actividad principal fue transformando demográficamente la comarca. Las casas patronales instaladas junto a las bodegas fueron delineando un estilo de parquización propio, además se fueron incluyendo las viviendas para los obreros que laboraban en los establecimientos. Arquitectónicamente los edificios que se construyeron en este período posen las características propias de los estilos reinantes a fines del siglo XIX y principios del XX como ser, el italianizante, el modernismo y el pintoresquismo entre otros.
Los hombres que convocaba la actividad vitivinícola para trabajar en ella se fueron instalando junto a sus familias a la vera de los caminos formando lo que se denomina poblaciones lineales. No obstante el crecimiento urbano de estas poblaciones lineales dio origen a pequeños poblados, cuyo desarrollo y consolidación se produce en la etapa de expansión vitivinícola a partir de la década del 30.
En lento pero permanente crecimiento que tuvo la ciudad de Mendoza luego del terrible terremoto de 1861 tomo un ritmo vertiginoso a partir del año 1885. El responsable? El caballo de hierro. El Ferrocarril llega a Mendoza y cambia de una vez y para siempre la economía de la ciudad y su zona de influencia.
La industria del vino debido a los requerimientos del mercado interno, el cual se expandió geométricamente, determinó que se comenzara a elaborar el vino en grandes cantidades y ahora podía expedirse rápidamente. Esto requirió un nuevo tipo de bodega que pudiera afrontar las nuevas necesidades productivas. Los complejos edilicios se transformaron en establecimientos vitivinícolas y requirieron nuevas construcciones con fines habitacionales y productivos. Se delimito de manera expresa el sector de la bodega, dejando bien en claro que era el sector productivo en donde se desarrollaba la actividad vinícola, por otro lado estaban el resto de las edificaciones que cumplían un rol de soporte para la actividad principal, como las casas patronales, las que albergaban a los obreros, los talleres y los depósitos.
Esto produjo que los edificios tuvieran dimensiones que sobrepasaron la altura de las otras construcciones de la zona, la calidad constructiva y técnica los transformó en verdaderos hitos del lugar y representantes del progreso económico e industrial de Mendoza frente al país y al mundo.
El cultivo intensivo de la vid requirió de trabajo y control constante, generando la necesidad que tanto los propietarios como los obreros se instalaran permanentemente en los establecimientos. Las casas patronales desde un principio se construyeron con jardines y huertas, pero con el transcurrir de los años los establecimientos de mayor jerarquía se fueron rodeados de jardines que las jerarquizaran y a su vez permitían la separación de las funciones productivas del resto dentro del establecimiento, costumbre, aunque aggiornada, se mantiene en la construcción de las bellas y hermosas bodegas en la actualidad.
Dado al creciente número de obreros que demandaba la actividad, ya sea de forma directa o indirecta, no todos los establecimientos pudieron mantener la costumbre de poseer viviendas para ellos. Esto ocasionó, como ya dijimos, que se fueran originando caseríos, pequeños poblados cercanos a las bodegas y en las márgenes de los caminos.
Podemos observar en la actualidad a distintas bodegas que lograron sobrevivir al paso del tiempo gracias a la oportuna transformación descripta, ellas son: la Bodega familia Di Tommaso (1869), la Bodega La Rural (1889), y la antigua Bodega La Superiora actual Kyoshin Trading S.A (1910) entre otras.
En la actualidad la antigua bodega Guevara, se encuentra localizada a 20 Km. al sudeste de la ciudad de Mendoza se encuentra bajo la conducción de la familia Di Tommaso lo que la da su nuevo nombre: “BODEGA FAMILIA DI TOMMASO”.
Cinco generaciones de viticultores conforman esta casa de amantes de la tierra que vieron en esta vieja construcción la realización de sus sueños y no tardaron en concretarlos. Así los Di Tommaso, restauraron la bodega levantada en 1869 para aplicar los conocimientos familiares que, de generación en generación, han atravesado la historia vitícola local.
Se accede a ella por un túnel natural de Carolinos legendarios, siendo parte de los “Caminos del Vino”. Al ingresar nos recibe el viñedo y sus acequias cantarinas que bordean la propiedad, al estar emplazada entre la viña le otorga una frescura y una belleza extraordinarias.
Hoy en las antiguas piletas circulares, únicas en Mendoza, hechas a fines del siglo XIX con ladrillos ingleses y con moderna tecnología aplicada al proceso de producción, la familia recrea añosas usanzas traídas de Friuli, allá en la lejana Italia, por sus abuelos. Debajo de los cilindros se encuentra un sendero con barricas de roble francés, un lugar cálido y original. Una luz tenue nos conduce a la cava principal, que antiguamente fue una pileta para la conservación de vinos y hoy hace las veces de sala de degustación, donde también se encuentran sus numerosos vinos premiados.
La Bodega cuenta con una producción de 35.000 litros anuales. Gran parte se vende en forma directa y también exportan principalmente a EEUU, aunque han abierto mercado en Dinamarca, Brasil, China y España.
Pensando en el turismo, la bodega cuenta con un restaurante, un museo del vino y una tienda de suvenir, además se realizan cursos de degustación, visitas guiadas por los viñedos, explicación de los procesos de vinificación y reseña de la riquísima histórica sobre los orígenes de la bodega y durante la época de la vendimia se puede participar de la cosecha. Al frente de esta tarea enoturística se encuentra Carolina Ortiz Di Tommaso que trasmite de maravillas la pasión que mamó desde la cuna.
El portfolio de vinos de Bodega Familia Di Tommaso ofrece una amplia gama de opciones que incluye las siguientes líneas: “Varietales”, vinos jóvenes, Cabernet Sauvignon, Malbec, Torrontés y Sauvignon Blanc. “Roble”, con paso por madera, Cabernet Sauvignon, Malbec y Chardonnay. “Crianza”, con crianza en barricas de roble, Cabernet Sauvignon y Malbec. Y la línea “Alta Gama”, con el “Don Angelo Malbec”, el ultra premium de la bodega con botellas numeradas de partidas limitadas. Este Malbec ultra premium, “Don Ángelo”, obtuvo la medalla de Plata en Vinandino 2009. En el rubro “burbujas” cuentan con una excelente Sidra y un espumante Natural Extra Brut, a base de uvas chardonnay y elaborado bajo el método Charmat.
Pero sin dudas la atracción principal de la Bodega Familia Di Tommaso es el “Amabile Blanco Especial”, un vino dulce, generoso, tipo licoroso de 17º que lleva el nombre de “Albina Di Tommaso”, la bisabuela, cuyo rostro se encuentra inmortalizado en la etiqueta. Este tipo de vino se inspira en las raíces de los Di Tommaso, que se encuentran profundamente arraigadas en las costumbres friulanas, donde en los largos inviernos la familia se reúne en torno al fogolar en extensas sobremesas y se consumen vinos diferentes con los postres. Es un vino ideal para acompañar el Tiramisú y la Selva Negra y en los días fríos de invierno es el maridaje perfecto para los chocolates, bombones, frutas deshidratadas como damascos o pasas de uva, las nueces y las almendras, sin dejar de lado por supuesto los quesos maduros y foie de gras.
El producto que llevó tres años en estudio fue galardonado con Medalla de Oro en Vinus 2005. Este premio vino a cerrar una discusión apasionada entre Estela Morandini Di Tommaso, más conocida como Judith, y Osvaldo Ortiz, ambos enólogos y cabezas del proyecto y de la familia, llevan más 30 años de casados y 10 de novios. Cuando Osvaldo propuso colocar un torrontés en una barrica de primer uso, Judith puso el grito en el cielo. A pesar de ello el experimento siguió adelante y a los tres meses, cuando Judith lo probó por primera vez, sin decir palabra comenzó el trabajo de laboratorio del que sacó más de 40 posibilidades para dar el sabor adecuado al “Amábile” y, definitivamente, lo logró. Judith cuenta que su tío Héctor, de 90 años, enólogo del pueblo de Chiasiellis, en Udine, hace un vino parecido para consumo propio.

Me siento mareado, todo se mueve a mi alrededor, estoy escribiendo esta nota sobre vinos pero juro que no tomé ni una gota, la lámpara del comedor del departamento del 5° piso donde vivo se balancea de un lado para el otro como un péndulo loco, ¿qué pasa? Prendo la tele, TERREMOTO!!!!!, 8,3 grados en la escala de Richter, epicentro Illapel, a 177 kilómetros al nor-noroeste de la ciudad costera de Valparaíso, se siente en San Juan, Mendoza y hasta en Buenos Aires. Dios Mío!!!!!!, me rajo por las escaleras no vaya a ser que se desplome el edificio. Pensar que era el comienzo de una apacible noche de este invierno que ya fenece, 16 de septiembre, 19.54 hs, cuando de repente la tierra volvió a rugir.

sábado, 3 de octubre de 2015

La cocina vegetariana de Natalia Pereiro

Conozco a Natalia desde hace casi 15 años. Trabajamos juntos. Cuando ella entró en la institución en que nos desempeñamos, apenas si había dejado atrás la adolescencia, de modo que la vi crecer, hacerse mujer. Hoy es madre de una niña de 11 años. Siempre fue una gran anfitriona, hace algunos años organizaba fiestas en el “quincho” de su casa a la que concurríamos muchos compañeros de tareas. Asados suculentos, música, buenos vinos y charla afable eran los ingredientes infaltables de esas reuniones.
 Las imágenes pertencen a Natalia Pereiro
En los últimos tiempos, en los almuerzos laborales y en charlas incidentales, he ido percibiendo algunos cambios en sus hábitos alimentarios. Casi de pronto se hizo vegetariana. Alguna vez le pregunté cómo había sido el proceso... Confiesa que no sabe muy bien, “simplemente un día deje de comer carnes rojas o blancas, fue algo que no me propuse, que me paso internamente y casi sin pensarlo.”(1)  
¿Cómo se llega a optar por una alimentación vegetariana? Tengo amigos que eligieron esa dieta a partir de convicciones ideológicas. Algunos no admiten, por ejemplo, comer productos provenientes de animales muertos. Es a partir de allí que hacen sus búsquedas para lograr una alimentación equilibrada y nutritiva. El proceso concluye con el reconocimiento de haber accedido a un grado mayor de salud física y espiritual. Ésta y otras ideas, que no comparto enteramente, me parecen muy respetables. Sin embargo, me interesan especialmente porque incitan a un desarrollo de prácticas culinarias que juzgo valiosas.
Pero éste no es el caso de Natalia que, no sólo se inclinó sin demasiada conciencia hacia la dieta vegetariana, sino que, además, aunque no lo hace habitualmente, se permitiría comer carnes en alguna ocasión.
Recientemente ha iniciado un emprendimiento muy interesante, se trata de la producción de viandas vegetarianas para el almuerzo en el ámbito laboral que elabora diariamente y difunde por las redes sociales(2). Las raciones son razonables y consisten en comidas livianas, nutritivas y sabrosas. Doy fe de estos atributos. Un día probé un falafel aderezado con “mayonesa” de zanahorias tan exquisito como los mejores que comí en mi vida (por ejemplo, el de un puesto callejero en el Marais, el barrio judío de París, o el que ofrecían Amira y Chacho en el restaurante árabe del mercado de Juramento y Ciudad de la Paz). Es debido a esas características de la comida de Natalia que le propuse hacer esta recopilación de sus recetas favoritas. Es que ella es un exponente de esta tendencia del siglo XXI, en que los vegetarianos también cocinan rico.  
A partir de su asentimiento, hice ciertas preguntas de rigor que ella respondió con amabilidad. De modo que pude enterarme que asumió el papel de cocinera en función de ser la hermana mayor y de cubrir una necesidad familiar. Me contó que la mayor fuente de sus aprendizajes en la materia proviene de la reflexión sobre sus propios errores. Recuerda, por ejemplo, que la primera vez que hizo un pollo al horno, no sabía que tenía que retirar la bolsita con los menudos. El resultado fue espantoso por que, obviamente, el productor no envuelve los menudos en bolsas de plástico aptas para el horno.
Por supuesto que mira programas de televisión y consulta recetas en medios gráficos, pero no recuerda haber tenido una mujer en la familia a quien imitar en la cocina, salvo su bisabuela Antonia que ejerció la profesión de cocinera. Vemos como la describe Natalia y cuál fue su vínculo en materia culinaria:
“En la familia dicen que saqué el don de mi bisabuela Antonia que era cocinera en una casa de familia.
”Conocí a mi bisabuela, estuvo conmigo hasta mis 8 o 9 años, recuerdo verla cocinar mondongo. Muchas veces los olores a distintas comidas me transportan a esos recuerdos. La he visto cocinar mil veces; pero el pescado en Monte Hermoso recién sacado del mar por mi bisabuelo o por sus amigos, o los músculos como yo le decía de chica (en realidad son moluscos que se pegaban al espigón) que juntábamos en la mañana para hacer al escabeche son las cosas que más recuerdo. Cuando pienso en ella, la veo riendo porque era muy jodona y siempre tenía una bata y el delantal puestos. Esas son las fuentes de aprendizaje que recuerdo como más significativas. Cocinar para mí es amor y, cada vez que lo hago, estoy feliz.”
Cocinar con amor es su secreto. Fernando, su marido, comparte sus búsquedas en materia alimentaria; pero su hija, Indiana, no. De modo, en su cocina, siempre hay carne para la pequeña, hoy no tan pequeña. El amor en su cocina, también lo pone en la compra de los productos que utiliza, “los compro en mercados de consumo responsable y orgánicos”, dice. ¿A qué llama Natalia “mercados de consumo responsable”? Los describe de este modo: 
“lugares que están empezando a surgir en donde los productos vienen de la mano de los pequeños productores que cultivan las verduras y frutas de estación y no usan pesticidas, ni abonos agro químicos y venden productos frescos, nunca congelados o refrigerados. Voy, por ejemplo, al mercado de Bompland y a Iriarte Verde, a veces paso también por Buenos Aires Market.”         
Con la confianza que tiene en los mercados en que compra sus productos, no tiene que cultivar por cuenta propia. De este modo, evita tener que resolver algunos inconvenientes de disposición física en la casa y de cuidados adicionales que le demandarían un tiempo del que no dispone. Sin embargo, tiene un rinconcito en su hogar para cultivar aromáticas y produce los brotes de alfalfa, porotos aduki o lentejas que utiliza en sus recetas. Para este fin utiliza una bolsa específica que llaman “Brota!”. Ella sabe que se puede hacer sin esa bolsa, pero no sabe cómo. Cuenta:
“Los pasos que yo sigo para tener mis propios brotes son los siguientes:
”Se dejan las semillas o legumbres en remojo de un día para el otro. Al día siguiente, se enjuagan y se ponen en la bolsa que se deja colgada en un lugar en donde no dé el sol. Hay que ponerle un recipiente debajo porque las semillas siempre tienen que estar húmedas, de modo que, durante el día, hay que ir tanteando para remojarlas de ser necesario. Yo las mojo más o menos 3 veces al día, mañana, tarde y noche.
”La alfalfa y las legumbres tardan entre 4 y 6 días en brotar. Una vez que brotan las comemos en ensaladas.
”Además utilizo los brotes de alfalfa en la preparación de las hamburguesas de lentejas.”(3)
Los invito a ensayar estas recetas de Natalia: Falafel, Hamburguesas de lentejas
Notas y referencias:
(1) Salvo indicación específica en contrario, los entrecomillados reproducen literalmente textos de Natalia tomados de correos-e que me envió los días 15 y 16 de setiembre de 2014.
(2) Leído el 19 de setiembre de 2014 en https://www.facebook.com/profile.php?id=100006276075713&fref=ts.

(3) 2014 Pereiro, Natalia a Aiscurri, Mario, correo-e del 22 de setiembre.

Falafel

En su recetario, el chef Abdala incluye el falafel en capítulo “Del Fast food árabe”. Este notable cocinero porteño aclara que se trata de una croqueta picante de garbanzos, pero que también se pueden hacer con una mezcla de garbanzos y habas(1).
 
Las imágenes pertenecen a Natalia Pereiro
He comido estas deliciosas croquetas en varias oportunidades, en París y en Buenos Aires.
En el Marais, el barrio judío de París, en un puesto callejero. La servían en un pan árabe mucho más delgado que la pita. Armaban un cucurucho con ese pan, le agregaban las croquetas de falafel y una ensalada de lechuga, cebolla, pepinos y tomates aderezada con una salsita ácida. No pude identificar si era yogurt, laban o alguna otra preparación del Mediterráneo oriental. La húmeda acidez de la salsa compensaba el gusto seco y la astringencia que el garbanzo da al falafel… un manjar. 
En Buenos Aires, en el restaurante de comida árabe que tenía Amira en el mercado de Ciudad de la Paz y Juramento. Usan el mismo pan, pero lo sirven abierto sobre un plato. La ensalada que acompaña el falafel es una mixta criolla (lechuga, tomate y cebolla) aderezada con vinagreta. El conjunto es acompañado por una salsa de ajo, suave y delicada. El efecto es similar al que comí en Francia y el sabor no le va en saga… otro manjar.
Con estos antecedentes, probé el falafel de Natalia en dos versiones. La primera en un sándwich de pan de pita. El falafel estaba acompañado con una hoja de lechuga y una salsa de zanahorias hecha como una mayonesa sin huevos. La segunda vez, las croquetas venían acompañadas con una salsa de pepinos y yogurt. Esta versión se parece las que había probado y también era una delicia; pero la otra, la de la mayonesa de zanahorias, tiene una magia única.  
Falafel (apto para veganos)
Fuente (fecha)
Natalia Pereiro (2014)(2)
Ingredientes
½ kg de garbanzos.
2 dientes de ajo.
2 cebollas chicas.
Perejil.
Comino.
Sal.
Limón (opcional).
Aceite para freír.
Yogurt natural (c/n).
Pepinos (c/n).
Preparación
1.- Lavar los garbanzos y dejarlos en agua de un día para el otro.
2.- Al día siguiente, se cuelan y procesan junto con las cebollas los ajos y el perejil.
3.- Una vez que está procesado, agregar un poco de comino y sal.
4.- Poner una sartén en el fuego con bastante aceite (cuanto más aceite, menos aceitosos te van a quedar).
5.- Cuando el aceite esta bien caliente, tomar una cuchara sopera y con su ayuda armar unas bolitas que se ponen a freír y listo.
6.- Cuando se sirven, quedan más ricos con un chorrito de limón.
7.- Se sirven con una salsa de yogurt natural y pepinos picados.
Comentarios
El chef Abdala propone acompañar al falafel con salsa taratur(3) y pan árabe(4). La salsa taratur se prepara como una emulsión de tahine (salsa de semillas de sésamo), jugo de limón, sal y agua. Tiene la consistencia de una mayonesa. 
Agrega, además “En algunas ciudades europeas, orientales y americanas los falafel se venden en puestos callejeros, colocados recién fritos dentro de un pan árabe y con el agregado de cebolla, tomate, perejil y salsa taratur.”
No soy especialista en comida árabe, ni tengo capacidad para hacer apreciación sensorial de estas salsas sin preguntar de qué se trata; pero digo dos cosas. La salsa del falafel que me sirvieron en París era ligeramente ácida (se parecía más a mi experiencia con el laban que con la salsa taratur que nunca probé a conciencia, pero imagino bastante alcalina). También me pregunto si la salsa de ajo que sirve Amira en su restaurante del barrio de Belgrano, es una versión de la salsa taratur.
Finalmente, el chef propone que la mezcla contenga ají molido, porque las croquetas deben ser picantes.
La verdad es que esta preparación me gusta mucho y casi todas las que probé me dejaron satisfecho; pero reitero, cuando Natalia las sirve con mayonesa de zanahoria, la boca se te llena de suaves estallidos de magia.
Notas y bibliografía:
(1) 2007, Chef Abdala, Pasión por la cocina árabe, Buenos Aires, Atlántida, pag. 32
(2) 2014 Pereiro, Natalia a Aiscurri, Mario, correo-e del 15 de setiembre.
(3) 2007, Chef Abdala, OP. Cit., pag. 14.
(4) Idem, pag. 16.