sábado, 22 de febrero de 2014

Carré de cerdo con puré de manzanas

Hay algunos platos que no se ofrecían en los bodegones porteños que he decidido rescatar e incluir en el recetario. Tal es el caso que nos ocupa. Se trata de platos que se ofrecían en otro tipo de restaurantes de mayor alcurnia, aquéllos que proponían una cocina internacional generalmente asociada a la cocina francesa y difundida a través de los hoteles. Hay dos cuestiones que me llevan a incluirlos. La primera es que los bodegones, como cualquier creación popular llevan pretensión de refinamiento, de modo que, cuando crecían en prestigio, iban incluyendo algunos de estos platos. La segunda es que los restaurantes de cocina internacional estaban tan sujetos a la fusión con la cocina existente como los bodegones. El conejo al jerez y el lomo a la pimienta con papas a la crema son creaciones similares a este carré de cerdo con puré de manzanas.     
No forma parte del menú de mi infancia. Era un plato desconocido para mi madre, mis tías y mis abuelas. Lo comí por primera vez a los veinte años en la casa de una compañera de estudios en el barrio de Almagro. Debo confesar que el carré mechado con ciruelas y pancenta y el acompañamiento del puré de manzanas me provocó un choque de gustos que no me agradó demasiado. Con el tiempo aprendí a revalorizar esta combinación, porque empecé recordando que en las fiestas de mi infancia había unos bocaditos de ciruelas y panceta... luego el camino fue más fácil.        
No encontré ninguna receta que se le parezca en el recetario de doña Petrona y en ningún otro recetario clásico argentino de los que poseo. Esto puede explicar, en parte, que no lo conociera en mi infancia. En los recetarios de la Internet que consulto habitualmente, sólo encontré una receta en el sitio de la Internet de Cocineros Argentinos.(1) Laura, en el Recetas de Argentina, tiene una receta de costillas de cerdo con puré de manzanas.(2)
La receta que expongo es personal. Recoge experiencias de vida e ideas de las recetas que consulté por la Internet, incluidas, obviamente, las que cité arriba. De modo que por ejemplo, eludo dicusiones acerca de algunos tema puntuales, como por ejemplo la técnica de cocción del carré (hervido, pochado o asado en el horno) y el contenido del mechado. Quiero destacar un detalle de heterodoxia en la receta de Cocineros Argentinos: acompañan el plato con una ensalada Waldorf. Me parece una apuesta atinada porque la ensalada aporta unos sobores intermedios para los que sólo están acostumbrados a comer carne con ensalada. ¡Cuánto hubiese dado por tener una ensalada waldorf la primera vez que comí carré de cerdo con puré de manzanas.
Carré de cerdo con puré de manzanas
Fuente (fecha)
Personal (2013)
Ingredientes
1 carré de cerdo.
150 g de ciruelas pasas sin carozo.
150 g de panceta ahumada en lonchas finas.
1 blanco de puerro.
Mostaza c/n.
1 kg de manzanas verdes.
Sal.
1 vaso de cerveza negra laguer.
Ramas de tomillo y romero.
Azúcar c/n.
Aceite de oliva c/n.
Manteca c/n.
Clavo de olor (opcional)
1 rama de canela (opcional)  
Preparación
1.- Con un cuchillo filoso, provocar una perforación a lo largo del carré.
2.- Picar el puerro.
3.- Saltar el puerro en una sartén con un poco de aceite de oliva y manteca.
4.- Armar unos arrolladitos con una feta de panceta una ciruela y un poco del puerro rehogado e introducirlos en la perforación del carré. Esto se denomina carré mechado.
5.- Untar el carré con mostaza.
6.- En una sartén grande, sellar la pieza por todos sus lados.
7.- Agregar la cerveza negra y dejar que se reduzca un poco.
8.- Llevar el carré a una placa para horno, agregarle ramitas de tomillo y romero y rociar con la reducción de cerveza.
9.- Llevar a un horno precalentado a 180° C y dejar que se cocine por espacio de una hora.
10.- Pelar las manzanas y cortarlas en gajos. Quitar las semillas.
11.- Saltear las manzanas con un poco de manteca y aceite de  oliva.
12.- Agregar el azúcar y el vino blanco y, si se desea perfumar bien el puré, el clavo de olor y la canela.  Dejar cocinar hasta que estén tiernas.
13.- Pisar las manzanas tiernas para hacer un puré.
14.- Servir dos rodajas de carré por persona y una cucharonada de puré de manzanas caliente (si los tiempos no son sincrónicos, el puré puede recalentarse en la sartén sin problemas).      
Notas y referencias:

viernes, 14 de febrero de 2014

Zapallitos rellenos con stoemp de brócoli

Los zapallitos rellenos son una receta de la infancia. Si bien tomé como fuente una receta de doña Petrona (zapallitos rellenos al gratin), lo hice sólo por tener una referencia nacional evidente, porque el relleno de mi receta difiere bastante del de la insigne cocinera nacional (no llevan carne y se le agrega una cucharada de salsa blanca para gratinarlos).    
Referencia de imagen(1)
Erróneamente, ni bien aparecieron los zucchini, supuse como tantos otros que estas dos calabazas eran intercambiables, que eran casi de la misma especie y que desde el punto de vista gourmet estos eran superiores. Con el correr del tiempo, me di cuenta que eran diferentes y que los zapallitos criollo no eran nada despreciables. Suelo preparar ratatouille con periodicidad hebdomedaria. En una oportunidad no conseguí  zucchini y lo reemplacé por nuestros zapallitos con un resultado nada desfavorable. De allí comprendí que el camino para hacer unos zapallitos gourmet era otro. Aquí lo intento con esta propuesta.
Primero va la receta de zapallitos relleno con un toquecito, reemplazar la carne de vaca que es la que uso habitualmente, por carne de cordero. 
Zapallito rellenos
Fuente (fecha)
Versión libre inspirada en la tradición familiar y en la receta de Doña Petrona (2) (2012)
Ingredientes
4 zapallitos grandes.
250 g de carne de cordero.
50 g de panceta ahumada.
Media cebolla.
1 diente de ajo.
1 rodaja de pan.
Leche c/n.
1 huevo.
Pan rallado c/n.
Queso rallado c/n.
Sal.
Aceite de oliva.
Comino.
Ají molido.
Preparación
1.- Blanquear los zapallitos en agua hirviendo por 10 minutos. Reservar en agua fría.
2.- Cuando están fríos, cortarlos por el ecuador, quitarles las semillas y colocar las mitades, con la abertura para arriba sobre una asadera.
3.- Picar las semillas del zapallito y reservar.
4.- Picar la cebolla en brunoise, el ajo en filetes y la panceta en lardones finitos.
5.- Sumergir el pan en la leche.
6.- Rehogar la panceta cortada en lardones.
7.- Sellar la carne picada a cuchillo.
8.- Agregar la cebolla, el ajo. Rehogar.
9.- Agregar las semillas de los zapallitos, salar, mezclar bien y cocinar. Condimentar con comino y ají molido.
10.- Cuando las semillas están tiernas, agregar la miga de pan, escurriendo el exceso de leche, y el huevo batido.
11.- Mezclar bien, dejar un minuto sobre el fuego y luego retirar.
12.- Colocar el relleno en un bol. Rectificar la sal y el condimento y agregar pan rallado y queso rallado. Mezclar bien y dejar enfriar un poco.
13.- Rellenar los zapallitos con la mezcla.
14.- Formar una crute con un poquito de manteca y pan rallado sobre cada zapallito.
15.- Llevar a un horno precalentado a 180° C hasta que se gratine (aproximadamente 30 minutos). 
Comentarios
24/07/12
1.- El relleno de doña Petrona difiere considerablemente (no lleva carne, la cebolla se rehoga en manteca, el producto a gratinar es salsa blanca, etc.); pero la técnica de hervir los zapallitos previamente, la tomé de ella.
2.-  El tiempo de hervor de los zapallitos es a gusto, según si se los prefiere más o menos cocidos. Con ocho minutos ya se pueden comer. Si se los cocina demasiado, se corre el riesgo de que se deshagan y, en mi modesta opinión se pierde sabor en el resultado final.
3.- Esta es una buena receta para aprovechar sobras del día anterior que bien pueden formar parte del relleno.   
Un hecho adicional me provocó un interés adicional por darles un toque gourmet a los zapallitos. Descubrí que es una especie que no se cultiva fuera de la Argentina. En rigor, que no se cultivaba fuera de nuestro país. Espero que el experimento que hizo Soledad de plantar semillas de zapallitos argentinos en su huerto en la pequeña localidad de Préjano, en la cuenca del río Cidacos, en La Rioja española, haya fructificado, en especial, con todo lo que le costó encontrar esas semillas.  
Comencé a pesar en algún plato especial que consistiera en mis zapallitos rellenos, esta vez con carne de cordero, y una guarnición que lo enriqueciera. Es difícil, me dije, porque con la carne los zapallitos son una buena combinación de proteínas y fibra vegetales. Primero pensé en una ensalada mixta (tan criolla como los zapallitos), pero me pareció más de lo mismo. Entonces pensé que tenía que ser una guarnición que tuviera almidón. Un puré me dije. Pensé en un puré algo complejo. Lo primero que se me ocurrió fue en ese puré argentino, sí, el puré mixto; pero me pareció una opción demasiado sanitaria y parca en aportes culinarios. Hasta que llegó un recurso inesperado una receta del blog de Carmyla cuya presentación me llega periódicamente.
Se trate de una receta de un puré belga denominado stoemp, en este caso con un cierto protagonismo del brócoli. Adapté la receta a mis gustos personales, en especial a lo referido a las técnicas de cocción y aquí está el resultado. Se coloca un zapallito relleno (en rigor, medio zapallito) sobre un plato y se lo acompaña con una generosa porción de stoemp de brócoli que puede disponerse sobre una hoja de lechugas, si se desea una mejor presentación. 
Stoemp de brócoli
Fuente (fecha)
Carmyla (2013) (3)
Ingredientes
4 Papas grandes.
4 Zanahorias.
500 g de brócoli.
1 cucharadita de ajo.
2 cucharaditas de perejil.
1 cucharadita de ciboulette.
3 cucharadas de aceite de oliva extra virgen.
1 cucharada de vinagre.
1 poco de leche.
Sal al gusto.
Preparación
1.- Poner a cocer las papas con piel en agua hirviendo con sal.  Una vez cocidas, pelarlas y reservarlas.
2.- Hacer lo propio con las zanahorias, esta vez peladas. Reservar.
3.- Cocinar los brócoli, separados en flores pequeñas, con el mismo procedimiento.
4.- En un bol poner el ajo seco, el perejil y la ciboulette picados. Añadir 3 cucharadas de aceite y 1 de vinagre. Mezcla bien todos los ingredientes.
5.- Cuando las verduras ya estén cocidas, y bien escurridas, y volver a echarlas en la cacerola.
6.- Añadir chorrito de leche, la mezcla de especias y sal al gusto.
7.- Machacar bien todos los ingredientes hasta conseguir una mezcla homogénea.
8.- Llevar a fuego medio, si se desea que esté más seco.
Notas y referencias:

(2) 1934, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1958, edición 52°, pp. 370-371
(3) Leído e http://carmylasselection.com/2012/12/15/stoemp-de-brocoli/, el 8 de febrero de 2013.



Salpicón de aves

Este es un plato complejo y sencillo a la vez, depende de la receta que se use. En ese sentido es necesario destacar que se relaciona con la comida de las sobras, en el estilo de la ropa vieja. Es que, aunque puede empezarse cocinado la pechuga de pollo, es mejor usar la carne que sobró del día anterior porque tendrá las sazones que ella le dio. Por el mismo motivo, se puede hacer también con carne vacuna o pescado. Siempre será un plato fresco y de bajas calorías. ¿Dónde está la complejidad? En la cantidad de ingredientes que acompañen la carne.   
Con relación a la receta que propongo, debo decir que se basa en gustos personales y que varía según los productos que tengo a mano. Incluso, en una oportunidad, preparé un salpicón enteramente vegetariano. Pero antes de llegar a la receta, comentaré otras que he ido encontrando, empezando, obviamente, por doña Petrona. 
La gran cocinera argentina nos marca la cancha de entrada. En su capítulo de platos fríos, no ofrece la receta de varios salpicones (de cangrejo, de pavito o aves, de pescados a la mayonesa, de pescado en soufflé y de puchero), con lo cual nos está diciendo que el pollo no es un ingrediente esencial. Su salpicón de aves lleva pavito, cebolla, tomates, huevos duros y ají y es aderezado con una salsa que se compone de yemas de huevo, aceite, vinagre, sal, pimienta, jugo de limón y ketchup.(1) La receta nos pone también frente al problema de los alíneos. Estos no son uniformes en todas las recetas que consulté, van desde una simple vinagreta a una salsa mayonesa... en el medio esta vinagreta de doña Petrona que se prepara como una emulsión inestable.
Por su parte, Choly Berreteaga, propone un salpicón de lo más sencillo para una entrada en un menú en el que, el plato principal, es ñoquis de ricota y el postre, duraznos en almíbar (más criollo, es difícil). Su salpicón es muy sencillo, sólo lleva pollo, huevos duros, cebolla y pickles (ingrediente optativo). Adereza con una vinagreta y lo sirve con una decoración de rodajas de tomate.(2) Lo dicho, con relación a los alíneos, una vinagreta simple.      
He pasado revista a mis recetarios de cabecera, ahora voy a dar cuenta de algunas búsquedas y algunos hallazgos por la Internet. Fui desde ya a los sitios de consulta habitual (El Gourmet y Cocineros Argentinos), pero antes me encontré con esta una propuesta en el blog Recetas de Marlis. Esta receta me llamó la atención por la cantidad de ingredientes (pechuga de pollo, papas, zanahorias, arvejas, sal, pimienta, vinagre, aceite de oliva, mayonesa, perejil picado, cebolla picada, huevos duros, tomatitos cherry y hojas de lechuga). Pareciera que juntó dos platos en uno: salpicón y ensalada rusa argentina.(3)
La receta de Cocineros Argentinos lleva pollo, papa, tomate, arvejas y cebollas, y se adereza con vinagreta, mayonesa y jugo de naranjas.(4) La de El Gourmet, fue tomada del programa ABC Gourmet Bajas Calorías. Por ello excluye las papas y agrega otros ingredientes como los morrones. Expongo aquí esta receta que he adoptado cuando quiero hacer un plato liviano.

Salpicón de ave

Fuente (fecha)
Programa ABC Gourmet - Bajas Calorías, http://elgourmet.com (23/01/10)(5)
Ingredientes
Pimienta: 5 g
Aceite de Maíz: 30 cc
Cebolla morada: 150 g
Morrón verde: 100 g
Alcaparras: 20 g
Huevos: 2 Unidades
Vinagre de manzana: 20 cc
Cebolla blanca: 150 grs.
Sal: 5 g
Morrón amarillo: 100 g
Pollo: 900 g
Aceitunas verdes: 8 Unidades
Preparación
1.- Coloque en una cacerola un cuarto trasero de pollo y una suprema con hueso, agregue la cebolla blanca cortada en cubos, laurel y cubra con agua, sazone con sal y pimienta y cocine con la técnica de pochado.
2.- Cuando rompa hervor cocine durante 20 minutos más a fuego bajo.
3.- Transcurrido el tiempo de cocción retire la pechuga y desmenuce en finas tiras.
4.- Corte los morrones y la cebolla colorada en fina juliana.
5.- Corte los huevos duros en cuartos.
6.- Realice una vinagreta colocando en un bol sal, pimienta, vinagre de manzana, bata y por último incorpore el aceite de maíz en forma de hilo mientras mezcla hasta emulsionar.
7.- En un bol coloque el pollo, la cebolla morada, morrón verde y amarillo, aceitunas y alcaparras, mezcle y luego agregue la vinagreta y los huevos, mezcle nuevamente.
8.- Sirva en un plato una porción de salpicón de ave.
Sin embargo, esta receta no me deja satisfecho por completo para dar una idea de un salpicón de ave.    
Aquí va mi receta.
Salpicón de aves
Fuente (fecha)
Personal (2013)
Ingredientes
300 g de pollo.
150 g de papas.
1 cebolla grande (en caso de tener que cocinar el pollo).
3 hojas de laurel (en caso de tener que cocinar el pollo).
1 cebolla chica.
1 cebolla morada chica.
½ morrón rojo.
½ morrón verde.
½ morrón amarillo.
Alcaparras a gusto.
Sal.
2 tomates.
Mayonesa cantidad necesaria.
Aceite de oliva extra virgen. 
Preparación
1.- Trozar el pollo, si es sobrante de una comida anterior. Pochar el pollo (llevarlo a hervor desde agua fría sin sal, cocinar luego a fuego medio por 20 minutos) con un cebolla grande cortada en trozos y las hojas de laurel, si es necesario cocinarlo. Dejar enfriar y trozarlo.
2.- Cortar la cebolla pequeña y la morada en plumas.
3.- Cortar los morrones en juliana.
4.- Cortar los tomates en media rodaja.
5.- Colocar en un bol el pollo, las cebollas, los morrones y las alcaparras. Salar y aderezar con la mayonesa.
6.- Presentar en una fuente, colocando el salpicón sobre una corona de medias rodajas de tomates. Los tomates deben estar salados y aderezados con aceite de oliva porque sirven como decoración, pero deben comerse con el resto. Agregar un chorro de aceite de oliva.     
Notas y Referencias:
(1) 1934, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1958, edición 52°, pp. 124.
(2) 2010, Berreteaga, Choly, Cocina fácil para la mujer moderna -edición aniversario 35°-, Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1° ed 1976, pp. 72.
(3) Leído en http://lasrecetasdemarlis.blogspot.com.ar/2012/02/salpicon-de-ave.html, el 16 de marzo de 2013.    
(4) Leído el 16 de marzo de2013 en http://www.cocinerosargentinos.com/?menu=recetas&secrece=11&receta=1530.      
(5) Leído en http://elgourmet.com/receta/salpicon-de-ave, el 16 de marzo de 2013.    


sábado, 8 de febrero de 2014

El recetario de los bodegones porteños IV - verano

Inspirado por Pietro Sorba, sigo recogiendo recetas de los bodegones porteños con la arbitrariedad de clasificarlos estacionalmente.(1) Arbitrariedad enteramente personal, mis gustos pueden no tener nada que ver con los de otras personas. No sigo tampoco la estacionalidad de los ingredientes principales de cada plato que elijo.
Referencia de imagen en (2) 
Dos reflexiones se me imponen al escribir estas líneas. Una relacionada con la identidad nacional de los platos que propongo en este recetario y la otra con la identidad del bodegón.     
Los platos que arribaron a Buenos Aires, producto del trasiego de personas, mercaderías e ideas, sufrieron transformaciones en diverso grado. Algunos  quedaron casi intactos (v. g., las rabas), otros sufrieron cambios importantes (v. g., la salsa fileto); pero hay otros en que las transformaciones son tan fuertes que no se puede casi reconocer la presencia, en ellos, de algún elemento esencial que los identifique con el plato de origen (v. g., la suprema de pollo a la maryland). Estas modificaciones, por vagas que sean, ya les confieren una identidad nacional. Pero esa identidad no sólo se refiere al plato y su receta. Sino también al contexto en que estos platos se comen. Así, por ejemplo, las rabas compartiendo cartel con morrones asados dan un contexto argentino indudable que junta las delicias del mar andaluz con las untuosas preparaciones del Piamonte alpino, sin que ello suponga una fusión consciente. Todo esto sin contar con las creaciones puramente argentinas como las milanesas a la napolitana o el revuelto gramajo o los platos que llevan componente enteramente argentinos como los palmitos con salsa golf.       
Se supone que el bodegón sólo ofrece platos rústicos de preparación sencilla y sin pretensiones académicas. Pero se trata de un supuesto que da cuenta del origen y no de la evolución de este tipo de restaurantes que reconoce varias etapas. Junto al bodegón porteño, se desarrollaron en la ciudad restaurantes que apelaban a la denomina cocina internacional que proponía un oferta más refinada, generalmente vinculada con la matriz francesa que atraviesa, en materia culinaria, desde fines del siglo XVIII, la mesa de los argentinos. El bodegón, desde una vocación de refinamiento que tienen todas las creaciones populares, ha  ido adoptando platos de esa “cocina internacional”, sin traicionar sus orígenes. De modo que el carré de cerdo con puré de manzanas puede encontrarse con fusiles al fierrito en muchos restaurantes que, aunque no se precian de ello, siguen, en algún sentido, la tradición del bodegón porteño.   
¿Qué comería yo en un bodegón en verano? Unos criollísimos palmitos con salsa golf, el muy afrancesado carré de cerdo mechado con ciruelas y acompañado con puré de manzanas, un fresquísimo salpicón de aves con mayonesa casera, otro tanto para el matambre con ensalada rusa, ranas a la provenzal (si las encuentro, tal vez en Miramar), tortilla de papas a la española como sólo se hace en Buenos Aires (impactantes las de Pucará en el barrio de Boedo y las de Elcano Grill, en Colegiales, cuando el maestro de cocina o maitre deciden que serán preparadas) y, por supuesto, una deliciosa combinación de rabas con morrones asados con cerveza lager bien fría (ineludible, la Cervecería de López).
Notas y bibliografía:
(1) 2008, Sorba, Pietro, Bodegones de Buenos Aires, Buenos Aires, Planeta.

Palmitos con salsa golf

Los palmitos se obtienen del corazón de las hojas de las palmeras de la región guaranítica. Esto es Bolivia, Paraguay, Brasil y Argentina. La salsa golf, está documentado, fue inventada en los años veinte del siglo XX por el científico argentino Luis Federico Leloir (era estudiante en esa época) en el Golf Club de Mar del Plata.(1) 
Con lo cual este plato, que se come en toda el área guaranítica, debió tener un origen argentino en razón del origen de la salsa que por algunos años no salió de Mar del Plata. Pero esto es tan solo una especulación más que razonable.     
Hay quienes piensan este plato como una ensalada. Para ello le agregan otros productos como jamón, maracuyá, tomates, huevos duros, etc.(2) Yo la prefiero en la combinación más sencilla como una entrada o como un bocado de aperitivo. También puede ser pensado como una tapa... jamás debieran estar ausentes en los platitos de las buenas picadas argentinas.
Palmitos con salsa golf
Fuente (fecha)
Personal (2013)
Ingredientes
1 lata de palmitos.
Media taza de salsa golf.
Preparación
1.- Retirar los palmitos de la lata y cortarlos en rodajas de un centímetro de grosor.
2.- Colocar los palmitos en una bandeja o en un plato, según la modalidad de servicio que se desee.
3.- Salsear generosamente, sin napar, con la salsa golf.   
La receta es  extremadamente sencilla. Su secreto está en los productos, en elegir bien los palmitos y en contar con una buena salsa golf. ¿Qué mejor salsa golf que la que uno prepara en casa? Por eso, va esta receta que es la  que uso. 
Salsa golf
Fuente (fecha)
Personal, partiendo de una receta de Alicia Boero
Ingredientes
1 huevo.
1 diente de ajo picado.
Una pizca de sal.
Aceite de oliva (cantidad necesaria).
2 cucharadas de mostaza.
Salsa ketchup la cantidad necesaria según el gusto personal.
Jugo de limón (a gusto)
Preparación
1.- Incorporar en un vaso de mixer: el huevo, el ajo picado y la pizca de sal.
2.- Procesar, agregando el aceite en hilo hasta que la mezcla emulsione bien.
3.- Sobre el final, agregar el jugo de limón, la mostaza y la salsa ketchup. Procesar para integrar.
Ajuste personal
Alicia lo prepara con aceite de girasol o maíz (nunca con mezcla). En ese caso, la mayonesa queda mucho más liviana. Prefiero la densidad y el gusto del aceite de oliva.
Comentarios
Dos cuestiones: (1) Si se anticipa el agregado de limón, la emulsión se puede cortar y (2) El ajo tiene que estar picado, porque de lo contrario el mixer no terminará de triturarlo.
Notas y referencias:
(1) 1998, Ducrot, Víctor Ego, Los sabores de la patria, Buenos Aires, Grupo Editorial Norma. 2008, 2° edición corregida y aumentada, pp. 130-131.

sábado, 1 de febrero de 2014

Rosario y el bicentenario de la bandera

25 a 27 de febrero de 2012
UNO
No es original decir que Rosario ha decidido darle la cara al río. En ese sentido se parece más a Montevideo que a Buenos Aires. Desde hace cerca de ochenta años, Montevideo ha decidido tutearse con el río a través de las ramblas que nacen en el puerto y, atravesando muchos kilómetros, llegan hasta Carrasco.
  
Las imágenes son propiedad del autor

En Buenos Aires, en cambio, cuando se recicló el puerto, se construyó un barrio nuevo, pero deshabitado que nos separa aún más del río.
En Rosario, la recuperación de la relación con el río es reciente. A partir del rediseños del puerto y de la parrilla ferroviaria, se ha cambiado totalmente el rostro a la ciudad en los últimos años. ¿Cuántos? No lo sé, ¿diez, quince? No muchos más. No lo sé, porque recién ahora recorro las calles en las que sólo estuve de paso un par de veces.
Hay algunas notas que quiero destacar:
1) Tengo un plano viejo, debe tener más de veinte años porque el número de teléfono de la editorial tiene siete dígitos, y otro actual. Veo en el primero que la ciudad estaba fracturada por las playas de maniobras del Ferrocarril Mitre y los edificios del centro de la ciudad, construidos sobre la barranca, separados del río por la parrilla ferroviaria, los doques y el muelle. Hoy la costanera desde el Parque Urquiza hasta el Parque Sunchales está parquizada en un continuo peatonal lleno de centros culturales, bares, restaurantes y muelles de pescadores. Veo también que la  vieja estación del Ferrocarril Mitre es un enorme shopping y buena parte de las playas de maniobras un parque.
2) Parece que en Rosario el río es un disfrute que atreviesa las distintas capas sociales. Sobre la barranca, a pocas cuadras del Parque Nacional a la Bandera están contruyendo un edificio de departamentos, la publicidad estática que se fija en su empalizada vende departamentos equipado con natatorio, solarium y río.   
3) El sábado caminamos por la costanera desde el Monumento a la Bandera hacia el norte y pudimos verificar que los planos no mienten.
4) El domingo, fuimos hasta el balneario La Florida, también allí el río y los rosarinos viven en comunión. Balnearios públicos y privados, bares y restaurantes y un paseo maravilloso, con muelle para pescadores, casi en el extremo de la ciudad
5) De regreso, dimos una vuelta por el shopping. Allí comprobamos que el parque está y que el reciclado del equipamiento ferro portuario en un barrio  de torres, ocupa un rincón de la ciudad al norte del Parque Sunchales. Salvo por dos enormes torres que parecen estar fuera de escala (¡Uy, qué sospecha!), verdaderamente ese barrio está en un rincón, después de más de treinta cuadras de costanera. Luego viene el estadio de Rosario Central, un área portuaria y los mencionados balnearios.
DOS
Pero no fuimos a Rosario sólo a contemplar el paisaje urbano y verificar las trasformaciones a partir de la cartografía comparada. Fuimos a disfrutar de los festejos del Bicentenario de la Creación de la Bandera Nacional y a comer pescado de río. 
En el hotel nos dieron el programa de las actividades conmemorativas que se llevaban a cabo desde el miércoles 22 de febrero. Obviamente los actos centrales ocurrirían el lunes 27 de febrero. No podríamos asistir a ellos porque teníamos que estar en Buenos Aires temprano, pero el domingo a la noche prometía buenas opciones. Recitales de música popular en distintos puntos de la ciudad y una “Visita guiada a la vida de Belgrano”.
Este último espectáculo fue muy interesante. Se trataba de cinco representaciones teatrales breves que usaban como escenario distintos rincones del Monumento Nacional a la Bandera y de los edificios y parques aledaños. Se formaron tres grupos de espectadores que eran guíados por un locutor que realizaba una introducción histórica en cada cuadro. Los grupos pasaban de un escenario al otro, sin que los cuadros tuvieran que respetar un orden cronológico y confluían en el Pasaje Juramento con una representación casi coreográfica del éxodo jujeño. Los actores terminaban su paso y el público era invitado a sumarse a la marcha. Sobre las escalinatas del monumento, los cuatro actores que representaron a Belgrano dijeron unas palabras finales. El último dedicó a la puesta a Manuel Belgrano, a sus hijos Pedro y Manuela que no pudieron disfrutarlo como padre y los vecinos de la Villa del Rosario que lo vieron pasar casi sin saber quién era. Dedicatoria cargada de poéticas sugerencias, ¿no? La Revolución es siempre un torbellino que arrastra a los hombres por caminos insospechados. 
A la hora de comer pescado seguí diversas recomendaciones (entre ellas, la de Raquel Rosemberg).(1) Fuimos a dos lugares con diversa suerte: Puerto Gaboto en el centro de la ciudad y Parrilla Escauriza frente el balneario de La Florida. En el primero, nos atendieron muy bien y la comida nos dejó plenamente satisfechos (ranas a la provenzal y dorado asado con salsa vizcaina). En el segundo, la atención no fue buena y, fuera de la boga a la parrilla, el resto dejó mucho que desear.
Con todo, la infrecuente experiencia de comer pescado de río es intensa. No nos animamos a caranchar (comer directamente de la fuente en que el pescado es servido, compartiéndola) como hacen los paisanos pescadores, pero lo disfrutamos de todos modos. Tampoco comí surubí que, me han contado, es lo más exquisito que se suele extraer del río. Los peces que comimos eran de criadero. Es probable que los que se pescan directamente tengan un sabor más salvaje; sin embargo, lo prefiero así porque las distintas especies están en riesgo de extinción y un exceso de pesca para el consumo acabaría con ellas.
No sé por qué no podemos acceder a esos manjares en Buenos Aires. No veo que haya mucho más que prejuicio en la falta de interés del porteño que da por supuesto que el pescado de río es excesivamente graso. Otra vez de espadas con el río.
Fuentes de del texto:

(1) 2011, Rosemberg, Raquel, “Rosario siempre estuvo cerca”, En El Conocedor, Buenos Aires, N° 75, pp 106-111.  

La comida de los carreteros (1729 / 1773)

José Luis Busaniche fue un notable historiador argentino. Nació en Santa Fe de la Veracruz, capital de la Provincia de Santa Fe, en 1892 y falleció en San Isidro, Provincia de Buenos Aires, en 1959. Sus obras más importantes están relacionadas con los bloqueos franco – británicos de 1838 y 1843, el papel que jugó la Provincia de Santa Fe en esas circunstancias, el Gobierno de Juan Manuel de Rosas y la construcción del federalismo argentino. En 1938 publica un libro de lecturas históricas argentinas que reedita en 1959 con el título de Estampas del Pasado.(1) Este libro ha servido de inspiración para la sección “Rescoldos del Pasado” de El Recopilador He rescatado varios textos de la colección, reproduciendo parte de las prolija referencias de Busaniche.    
El Padre Carlos Gervasoni nació en Rimini en 1692, llegó a Buenos Aires en 1728, fue profesor de la Universidad de Córdoba y falleció en Génova en 1772.(2)    
Concolorcorvo, pseudónimo de Calixto Bustamante Carlos Inca, nació en Cuzco. Publicó el libro El lazarillo de ciegos caminantes, en 1773 con pie de imprenta de Gijón. En el que describe un viaje de Buenos Aires a Lima por el Tucumán a mediados del siglo XVIII.(3) 
Las comidas de los carreteros según el Padre Gervasoni sj 1729
“/.../ Lo que me asombraba y confundía era ver cómo se lo pasan estos indios o mestizos (es decir hijos de españoles e indias) que casi todos son carreteros. Por lo general no saben que son medias ni zapatos, duermen siempre vestidos, o en tierra sobre un cuero, al sereno, o sentados en sus nichos. ¿Y la comida? Mataban por la tarde, sueltos los bueyes, uno o dos animales, lo que bastase por la tarde y el día siguiente, y todavía caliente lo desollaban. Tomaba cada uno la parte que le agradaba y, chorreando sangre, la ensartaban en un palo que clavaban en el suelo, de modo que la carne tocase la llama que estaba debajo, en el centro. Así volviéndola a un lado y otro, se la comían medio charruscada. Echaban en medio de las brasas la cabeza con pelo y cuernos, hasta que la piel reventase por el calor y entonces decían que estaba cocida. El mismo sistema observaban siempre. Por esta razón, todos los indios están dispensados por Roma de comer carne en cualquier día, porque no tienen ningún otro alimento. El mejor regalo que se les podía hacer era un pedazo de pan, que aumentaba la mesa y que tal vez no habían probado en muchos años. Su bebida habitual es agua pura, y por delicia echan adentro cierta yerba. /.../ ”(4)
Las comidas de los carreteros según Concolorcorvo 1773
“Los bueyes sólo se fatigan por el calor del sol, por lo que regularmente /las tropas de carretas/ paran a las diez del día, y cada picador, después de hecho el rodeo, que es a proporción del número de carretas, desunce sus cuatro bueyes con gran presteza y el bueyero los junta con las remudas para que coman, beban y descansen a lo menos hasta las cuatro de la tarde. En estas seis horas, poco más o menos, se hace de comer para la gente, contentándose los peones con asar mal, cada uno, un trozo de carne. Matan sus reses si hay necesidad y también dan sebo a las mazas de las ruedas, que todo ejecutan con gran velocidad. /.../.   
“A las cuatro de la tarde se da principio a caminar y se para por segunda vez el tiempo suficiente para hacer la cena, porque en caso de estar la noche clara y el camino sin estorbos, vuelven a uncir a las once de la noche y se camina hasta el amanecer, y mientras se remudan los bueyes hay tiempo para desayunarse con chocolate, mate o alguna fritanguilla ligera para los aficionados a aforrarse más sólidamente, porque a la hora se vuelve a caminar hasta las diez del día. /.../ los hombres salen a campear antes del amanecer y no vuelven hasta que el sol los apura, y muchas veces el hambre, que sacian con cuatro libras netas de carne gorda y descansada, que así llaman ellos a la que acaban de traer del monte y matan sobre la marcha /.../”(5)
Notas y Bibliografía: 
(1) 1959, Busaniche, José Luis, Estampas del pasado, lecturas de historia argentina, Buenos Aires, Hyspamérica.2
(2) 1729, Carta del Padre Gervasoni al señor Angelino Gervasoni, su hermano, en Revista de Buenos Aires, Tomo X.  
(3) 1773, Concolorcorvo, El lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos Aires hasta Lima, Editorial de la Junta de Historia y Numismática, Buenos Aires, 1908.
(4) Busaniche, José Luis, Op. Cit., pp. 130.
(5) Idem, pp. 141-142.