sábado, 19 de noviembre de 2016

Poemas del cante jondo, Jerez de la Frontera



12 a 14 de noviembre de 2015
“De la cueva salen
largos sollozos.
”(Lo cárdeno
sobre el rojo).
”El gitano evoca
países remotos.
”(Torres altas y hombres
misteriosos)
”En la voz entrecortada
van sus ojos.
”(Lo negro
sobre el rojo).
”Y la cueva encalada
tiembla en el oro.
”(Lo blanco
sobre el rojo).”
(García Lorca, Federico, “Cueva”)
I Cocina y música andaluza
Poco hemos visto de Jerez de la Frontera en el primer día. Una caminata por el casco histórico y un poco de descanso. Sin embargo, aprovechamos el tiempo disfrutando, por sugerencia del conserje de nuestro hotel, del excelente restaurante Cuchara de palo que se monta entre el lobby de un Hotel de la cadena NH y la avenida Alcalde Álvaro Domecq.
Las imágenes pertenecen al autor
Dedico varios párrafos a las cualidades de la oferta gastronómica y de su cocinero, Carlos Herrero Puerto, en el artículo sobre la gastronomía andaluza. Tuvimos la oportunidad de conocerlo cuando se acercó al salón. Charlamos largamente sobre La Rioja y Andalucía, sobre los emigrados a América, sobre su cocina personal y la influenciada americana que tiene y, también, sobre la música flamenca. Después de comentarnos que su mujer era ecuatoriana, dejó de sorprendernos que en la carta de este restaurante de cocina española hubiera una oferta de Ceviche.
Sus reflexiones se dirigieron hacia la música andaluza, a considerar que el flamenco se ha enriquecido con ritmos caribeños, con músicas que regresan a España grávidas de transformaciones criollas. Yo mismo aporte a la charla la idea de que algo parecido podía percibirse con la cocina. Carlos asintió, diciendo que era por ello que ofrecía ese Ceviche. Sumé evidencia refiriendo que en el mesón Fogón de Galicia (restaurante gallego de Granada), habíamos comido Filloas con dulce de leche… No se sorprendió por ello.
II Entre la catedral y la Bodega González Byass
El recorrido por el casco histórico de Jerez de la Frontera es amable. No hace demasiado calor, pero el sol de Andalucía no deja de estar presente. Bodegas, catedrales y bares de tapas son los hitos indelebles de nuestra caminata.
La Catedral Nuestro Señor San Salvador es bella y luminosa, en su tesoro pudimos ver un cuadro de Francisco de Zurbarán y una puerta antigua de la iglesia de San Dionisio. El personal de turismo que nos atendió cumplía su trabajo con pasión. Una mujer, a cargo de la taquilla, no sólo nos explicó como recorrer la catedral; sino que nos recomendó restaurantes y espectáculos de flamenco. Cuando le dijimos que esa noche iríamos a la peña La Bulería, exclamó “caramba, se ve que estáis bien informados”.
Tal y como ella nos indicó, su compañero de tareas aguardaba a los visitantes en el tesoro. Fue él quien nos describió con amorosa precisión lo que podía verse en el cuadro denominado “Virgen niña en meditación” y quien nos recomendó ir a la iglesia de San Dionisio porque nos iba a sorprender, mientras nos mostraba la fina ornamentación mudéjar de la antigua puerta que había sido reemplazada para hacer posible su conservación.
Bien alimentados por el buen arte, continuamos nuestra recorrida, rodeamos el casco histórico por donde se encuentra el viejo alcázar moro, frente la bodega Tío Pepe de la familia González Byass. Más adelante, dimos con la bodega Pedro Domecq. Finalmente, recalamos en el restaurante La Marea (el recomendado de nuestra anfitriona de la taquilla de la Catedral). Allí comimos pescaditos fritos… y percibimos que el arte continúa en cada rincón de la ciudad.
Eran las cuatro de la tarde y emprendimos el regreso al hotel. Nos sorprendió ver, en los bares de tapas a muchas personas almorzando, en el sentido argentino a esa hora de la tarde.
¡Ah! Si bien no pudimos entrar, debo decir que la visión exterior de la Iglesia de San Dionisio es maravillosa. Es increíble la armonía entre el estilo gótico y mudéjar, apenas opacada por la intervención barroca sobre la fachada.
Sin la monumentalidad de La Alhamabra, Jerez no carece de belleza. Iglesias luminosas, buena gastronomía, grandes vinos… y sin embargo, lo bueno nos se agotaba allí, en la caminata del turista, como íbamos a comprobar por la noche.
III Todo fue magia en la noche de La Bulería
Es noche en Jerez de la Frontera. No dirigimos a la peña La Bulería en el barrio de San Miguel… Canta Jesús Méndez y trataremos de asomarnos a un mundo desconocido para nosotros. No la música a la que hemos accedido en distintos momentos de la vida, no la poesía del cante a la que llegamos de la mano magistral de Federico García Lorca; sino al mundo vital de las cuevas de flamenco, donde gitanos y payos hablan de paisajes lejanos con von sollozante y entrecortada.
Ingresamos en la calle Empedrada donde se encuentra el establecimiento entre una sucesión de casas neobarrocas de dos plantas, casi todas pintadas de blanco, casi todas con frisos amarillos… Pero, antes de ingresar en esa vía, nos encontramos frente a la imagen imponente de una mujeraza que canta y baila flamenco. Es enorme, como de tres metros de alto, tal vez más. El frío metal con que ha sido construida es desmentido por el gesto de sus manos, su cuerpo imponente, su boca sensual y su mirada perdida en la interioridad de su espíritu… Lola Flores nos da la bienvenida con su aparición inesperada, nos invita a meternos en un mundo mágico en el que “el sueño va sobre el tiempo, flotando como un velero”.
Ya en el vestíbulo de la peña, que no es una cueva en sentido estricto, aunque, nos aseguran, conserva el viejo espíritu, nos sumergimos en el clima que buscamos… lleva la apariencia de un bullicio ruidoso y anárquico. Picamos chorizo seco y queso y nos tomamos una cervecita, todo de parado y entre los empujones amables y eufóricos de los concurrentes. La imagen de la Paquera de Jerez, en una pequeña escultura, preside el local, es una réplica de la estatua que se encuentra en el otro extremo de la calle Empedrada, por donde se accede, si uno va en auto.
La organización y el orden brillan por su ausencia, el salón está cerrado y nos agolpamos esperando para ingresar. Nadie pone orden y, el que debiera hacerlo, se hace el distraído gastando sonrisas entre los amigos. Finalmente, abren las puertas y se desata la puja por entrar y tener un lugar para presenciar el espectáculo… es libre y gratuito y la figura de la noche, ya lo sabíamos, es dueña de una notoriedad significativa… el desorden, explicable, por cierto, me resulta tan familiar que hasta casi llego a disfrutarlo.
Poco a poco todo se calma, la magia vuelve… nunca se fue… Jesús Méndez, canta y llena el espacio de sonoridades que hacen vibrar hasta los corazones más indiferentes… afuera, el barrio que lo vio crecer, también vibra; pero no por su canto. Vibra porque el canto de Jesús es su manera de vivir la vida, es hijo de mañanas soleadas, tardes apacibles y noches de dramática vitalidad. Es precisamente esa manera de vivir la vida que tiene el barrio de San Miguel lo que hace que la voz de Jesús se quiebre en antiguas sonoridades y se recomponga con las palmas de sus acompañantes y los “olé y olé” que profieren los que están escuchando y son del palo.
No tengo experiencia para evaluar la talla del cantante, pero sí oído para disfrutar de la música y corazón para sentirla como propia… mi corazón y mis oídos también vibran y aunque no tengo capacidad para distinguir sutilezas que diferencien payos de gitanos, siento una enorme proximidad. ¿Por qué? No lo sé ni me interesa saberlo por el momento. Los cierto es siento que esta música mágica, que parece ordenar la anarquía y dar sentido a la vida de este pueblo, estaba como adentro mío en esos momentos en la Bulería… Hay mucho de todo esto en el Río de la Plata, en el tango, en las milongas, en la manera de vivir el barrio… Tal vez sea por eso.

Cádiz, el mar y el camino a nuestra América



14 a 16 de noviembre de 2015
I Manzanilla en Sanlúcar de Barrameda
Si uno ya se siente como en casa en Jerez de la Frontera, no les puedo contar la cercanía que nos provoca estar en los puertos de la Provincia de Cádiz.
Las imágenes pertenecen al autor
Fuimos a Sanlúcar de Barrameda con las recomendaciones precisas sobre dónde comer y qué beber en la guía que nos había preparado mi cuñado Jean Louis Daniel, bretón de nacimiento, jerezano de crianza juvenil… y vaya que nos fue bien. Pero eso se los cuento en el artículo sobre la gastronomía andaluza porque Sanlúcar bien puede ser mucho más que Tortilla de camarones y manzanilla.
La costanera, bella y bien dispuesta nos anuncia una ciudad de veraneo. En las playas otoñales no había bañistas, pero sí obstinados cazadores de almejas. Más allá, por el canal se entreveían los cargueros que se dirigían al puerto, algo al norte… y pensar, me dije, que desde aquí partían y regresaban grandes navegantes que poblaron el renacimiento español con historias fantásticas de mares desconocidos. En la costanera que me recordó el diseño urbano de Ondarreta en San Sebastián, pareciera que no quedaran rastros de aquellas historias.
Fuimos hasta la Plaza del Cabildo en la que algunos monumentos quedan en pie y, salvo por algunas referencias que se registran en las paredes del edificio antiguo del ayuntamiento, tenemos que encontrarnos con Sebastián Elcano en los libros de historia, en los relatos de Antonio Pigafetta.
Tal vez es que sólo estuvimos allí unas tres horas, que concentramos nuestra visita en el almuerzo en la Taberna Cabildo, que no nos dimos tiempo para andar más y visitar alguna de las bodegas que elaboran su manzanilla en el mismo centro de la ciudad… lo cierto es que nuestro paso por Sanlúcar fue placentero, pero superficial.
II Cádiz, primeras imágenes
Ansiosos por llegar, arribamos por fin a Cádiz. Era ya media tarde y, a esta altura del año, anochece más temprano, aún en el extremo sur de Europa. De modo que hicimos una pequeña recorrida desde la Plaza de la Catedral hasta la del Ayuntamiento.
La catedral, luminosa e imponente como todas las de Andalucía, no parece ser demasiado antigua. Tampoco lo parece el palacio municipal. El neoclasicismo domina en ellos. Divago con la más absoluta libertad y me digo que este hecho resulta llamativo para la ciudad más antigua de Europa; pero no lo es, si consideramos que este puerto es la cuna de la renovación que impuso el liberalismo español… no me hagan demasiado caso, sólo describo las primeras impresiones que tuve en ese atardecer de sábado en el que el clima se expresaba inesperadamente desapacible en Cádiz.
Hay poco movimiento en la ciudad, cuando salimos a cenar, vimos muchos bares y restaurantes cerrados, hecho que habíamos percibido también ese mediodía en Sanlúcar de Barrameda. Nos cuentan que noviembre es el mes de menor movimiento turístico del año en esa provincia y qué es eso lo que explica los cierres… alguien habla también de la crisis y del cierre de los astilleros, una de las actividades económicas más importantes en la ciudad.
Lo cierto es que es sábado a la noche y ese sector de la ciudad está casi desierto.
III Cádiz y el sol de Andalucía
Hicimos un largo recorrido por la costanera que, en la mañana del domingo, estaba llena de luz. Nos pareció que, ahora sí estábamos en Andalucía. Fuimos hasta la Plaza de la Constitución, donde se conservan las murallas en la denominada Puerta de la Tierra, donde el casco histórico se conecta con la ciudad más moderna.
Desde allí hasta el Fuerte de San Sebastián (en el otro extremo del casco), anduvimos recorriendo la monumentalidad de la capital provincial. Ingresamos en el Barrio del Populo a través de la calle Concepción Arenal Accedimos al Centro de Interpretación del Teatro Romano y luego ingresamos en el edificio de la catedral vieja que está ubicada detrás del edificio que vimos la tarde anterior.
Según leemos en las infografías, este templo fue mandado a construir por Alfonso X, el Sabio, en la segunda mitad del siglo XIV. Luego de una larga historia que llevó a su destrucción, el edificio fue reconstruido en el siglo XVII. Su barroquismo es proverbial; pero un no sé qué mudéjar aún se insinúa en su interior.
Volvimos a entrar en la catedral nueva. La luz de Andalucía se expresaba diáfana en ese domingo al mediodía, después de la misa. Desde allí volvimos hasta la costanera y, por ella, hasta el ya mencionado Castillo de San Sebastián. La caminata es larga y placentera, el sol es intenso pero resulta apacible.
Volvimos por las calles interiores. Nuestra idea era almorzar en el restaurante El Faro, como efectivamente lo hicimos. Vemos algo más de movimiento en la calle Virgen de la Palma que anima con colorido andaluz este barrio de restaurantes. Tal vez, ¿era por allí que debimos buscar la noche del sábado en Cádiz? ¿Cómo saberlo?
La conservación del patrimonio parece bien tratada. El casco histórico de esta bella ciudad barroca que recuerda más a Barrio Alto de Lisboa o a la Ciudad Vieja de Montevideo que a la blancura mudéjar del Albaicín en Granada.
Nos vamos este fin de semana de Cádiz con la incertidumbre de saber si estuvimos en una ciudad azotada por la crisis o si es que no supimos descubrirla… o las dos cosas a la vez.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Para los que nunca fuisteis a Granada



9 a 12 de noviembre de 2015
“Qué lejos por mares, campos y montañas!
Ya otros soles miran mi cabeza cana. Nunca fui a Granada.
Mi cabeza cana, los años perdidos.
Quiero hallar los viejos, borrados caminos.
Nunca vi Granada.
”/…/.
”Venid los que nunca fuisteis a Granada.
Hay sangre caída, sangre que me llama.
Nunca entré en Granada.
”/…/.
”Del mejor amigo, por los arrayanes.
Sangre por el Darro, por el Genil sangre.
Nunca vi Granada.
”Si altas son las torres, el valor es alto.
Venid por montañas, por mares y campos.
Entraré en Granada.”
(Alberti, Rafael, “Balada del que nunca fue a Granada”)
El tránsito desde la Cataluña francesa hasta la Andalucía española lo hicimos en tren, con trasbordo en Barcelona. Pasamos una noche en Málaga y, desde allí, en auto hasta Granada. El hotel y la oficina de alquiler de autos estaban en la misma estación de ferrocarril María Zambrano de Málaga. De modo que, de esta ciudad, sólo recorrimos las calles que nos llevaron a la autopista. Sin embargo, la experiencia gastronómica en el hotel fue excitante, tanto en la cena como en el desayuno de la mañana siguiente. Por esta razón esa noche tiene su acápite en mis notas sobre la gastronomía andaluza… ahora los invito a caminar por Granada.
Las imágenes pertenecen al autor
I Del Albaicín a la Alhambra
Tuvimos la suerte de hospedarnos en un hotel que se aloja en el Palacio Santa Inés en pleno barrio de Albaicín. Casi todas las construcciones que vemos en el barrio datan de los primeros cincuenta años de la Granda cristina. El edificio en que se encuentra el hotel, por ejemplo, comenzó a construirse en 1520.
Salimos de nuestro albergue hacia una pequeña plaza seca que, obviamente, se llama Santa Inés. Bajamos cincuenta metros por la Cuesta de Santa Inés y dimos con la Carrera del Darro. Éste es un río que separa nuestro barrio de las murallas, altamente fortificadas de La Alhambra… Si nuestro deseo fue estar en Granada, qué lugar mejor.
Recorremos el barrio por la ribera del río, la calle se llama ahora Paseo del Padre Majón. Atravesamos unas plazas en el sitio que llaman Paseo de los Tristes. Torcemos por la Cuesta del Chapiz y empezamos a subir por ella hasta dar con el Archivo Histórico de Granada que se aloja en el Palacio de los Córdova.
En la ribera dominan los palacios renacentistas, arriba el pueblo blanco de fuerte identidad mozárabe, se adueña del paisaje urbano. Todo el bello y nos transporta en el tiempo hacia la época de los reyes católicos… me pregunto, si todo está como estaba, sólo modificado el mantenimiento de los edificios y la readecuación a las nuevas funcionalidades de la vida…
…la historia vuelve a repetirse. El relato de un guía en San Millán de la Cogolla que nos dijo que un ala del monasterio fue demolida a principios del siglo XX porque el gobierno consideró que no tenía valor patrimonial. La imagen de un mercado de estilo inglés de más cien años en Zaragoza que quieren desmantelar, aunque la población se opone (veo su ubicación y pienso que para construirlo debió demolerse parte de la muralla romana)… No, no, no… aquí es distinto… no es un relato sin fundamentos eruditos, ni un producto de mi imaginación… aquí hay una infografía oficial del ayuntamiento de Granada.
Allí se nos informa que el Palacio de los Córdova, claro ejemplo del renacimiento español, debió ser reconstruido a fines del siglo XX, en otro sitio de la ciudad, debido a que en 1919 fue demolido para dotar a Granada de un diseño urbano moderno. Claro está que, en este caso, existió la afortunada circunstancia de que aquel adelantado “desarrollador” que lo demolió, conservó los materiales.
En fin, así son y han sido los caminos de la conservación patrimonial en Occidente. Por suerte, la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad a todo el barrio del Albaicín en 1994… 
De regreso al hotel, me detengo en el Paseo de los Tristes a contemplar la otra ribera del Darro. Las fortificaciones de La Alhambra son imponentes, parecen inexpugnables, y sin embargo… Medito en que hay un algo de debilidad en todos los muros y fortificaciones que han construido los hombres en el tiempo. En el largo tiempo, ninguno resultó realmente inexpugnable… La Alhambra tampoco. Me domina la impresión de que se debilitan cuando pierden el contacto con la tierra que los nutre y las gentes que la habitan… Pero no me hagan caso, es sólo una impresión personal.
II En La Alhambra
Imposible describir La Alhambra sin caer en lugares comunes. El recorrido por los Palacios Nazaríes, construidos en el siglo XIV, es, como dicen los españoles, acojonante.
Con Haydée recorremos el conjunto en que se superponen los palacios del Reino Nazarí, el último bastión de dominio musulmán en España, y los muy renacentistas Palacio de Carlos V e Iglesia Santa María de la Alhambra, construidos en los siglos XVI y XVII. El conjunto está muy bien conservado y se observa, en cada tramo la tarea que los curadores realizan a diario.
Al contrario del caso del Palacio de los Córdova, la restauración y conservación de La Alhambra se inició en el primer tercio del siglo XX.
Caminamos rincones de admirables artesonados y estucos, fuentes y patios, bellas decoraciones. En un momento me abandoné al ensueño, me alejé de las historias positivas que transmiten folletos e infografías y me sentí transportado al siglo XIV y a la vida de la corte musulmana, como un observador inoportuno. ¿Por qué tanta agua en los patios y los jardines? ¿Acaso estos hombres con atavismos del desierto imaginaron el paraíso bajo la especie de un oasis e intentaron reproducirlo puntualmente en estos palacios?
III Granada para vivir
Granada, ¿Es algo más que La Alhambra y el Albaicín?… Sí, por supuesto. Granada es una bella ciudad. Algo digo de su gastronomía en otra parte y aquí de su catedral. Cuando entramos en ella, dimos con una impresionante colección de libros de pergamino con escritura musical para canto gregoriano. La recorrimos con parsimonia, acompañados por la increíble luz natural que el sol de Andalucía produce entre sus naves.
Siento que no tengo cosas nuevas para decir de La Alhambra y de Granada… prefiero que hablen Washington Irvin, Agustín Lara y Rafael Alberti y quedarme con la secreta satisfacción de haber vivido momentos de íntima felicidad en esta ciudad.
Teníamos que buscar nuestro auto en un estacionamiento público fuera del Albaicín. El área que ocupa el barrio que nos hospedó tiene acceso restringido de tránsito. Los pocos vehículos autorizados, entre ellos, los taxis, tienen un recorrido fijo para seguir. Esto es, ingresan por la Carrera del Darro, suben por la Cuesta de Chapiz y regresan a la ciudad atravesando el corazón del pueblo blanco. Maravillados por el paisaje de despedida, le comentamos al taxista que nos había gustado Granada, pero que nos íbamos con gusto a poco, que es una ciudad para estar más tiempo… Sin mirarnos, simplemente nos contestó “Granada es para vivir”.