Esta es una preparación muy antigua y muy
difundida en nuestro país, sobre todo en la región de Las Pampas y en la de
Cuyo. Precisamente, es mendocina la receta que publico abajo.
I El pastel de papas de mi vieja y el tarro de dulce de leche
Ya he ensayado en más de una oportunidad que
la palabra pastel alude, en La Argentina, a por lo menos tres formas básicas de
comidas (muchas veces saladas, pero también dulces). Ellas son, a saber: un
relleno envuelto en masa (v. g, los pastelitos de dulce de membrillo o las
empanadas fritas en el Noroeste Argentino (NOA)), un relleno horneado cubierto
con una tapa de puré y una preparación que se hornea sin cobertura ni encierro
(verbigracia, el pastel de choclos del NOA y la chipa guazú del NEA (Nordeste
Argentino)). (1)
El pastel de papas, como su nombre argentino
lo indica, representa la segunda categoría (es de resaltar que, en La República
Oriental, suele recibir el nombre de “pastel de carne”).
El pastel de papas era una de las recetas que
mi madre preparaba para hacer frente a las frías noches de invierno. Me va a
costar un poco decir cosas nuevas sobre aquel pastel, pero lo intentaré. La
fórmula de mi vieja seguía el canon consagrado, pero introducía un pequeño
detalle. Ella lo horneaba en un recipiente de vidrio profundo de la marca
Pirex. No sólo colocaba una base de puré en el mismo, sino que además tapizaba con
él las paredes laterales del recipiente, agregaba el relleno de carne picada, completando
el armado con otra capa de papas por encima.
La sensación cálida aparecía mágicamente
cuando mi madre sacaba la pirex del horno. Esa sensación no sólo provenía del
humito amable, sino también el dorado que se veía sobre la superficie del
pastel y en las paredes trasparentes del recipiente. Mi madre servía, pero en
ellas quedaba pegada una película de ese delicioso puré tostado.
¡Qué felicidad, al terminar de comer, cuando
la pirex ya estaba fría, raspar las paredes, arrancar esa película y comer esos
restos! La sensación era comparable con raspar con una cucharita las paredes de
cartón con un pote de duce de leche, cuando ya se ha comido el resto… Operación
que los envases de plástico no permiten realizar.
El relleno de mi madre llevaba, por lo que
recuerdo, carne, huevo duro, aceitunas y algo que, cuando era niño detestaba y
que hoy me parece una variante interesante, pasas de uva. No recuerdo, pero
debía llevar también cebolla. Tampoco recuerdo cómo lo condimentaba; pero no
debían faltar orégano y ají molido.
El tema de las pasas de uva fue para mí un
encono hasta que, hace unos pocos años, tía Chocha me reveló que había un acto
de amor en ellas. Mi abuela le habría explicado a mi vieja que, a mi padre, le
encantaban las pasas de uva. A partir de ese comentario, mi madre las agregaba
en los rellenos de pastel de papas y de empanadas.
En diciembre de 2011, en la primera serie de
artículos que publiqué para El Recopilador de sabores entrañables,
intenté dar cuenta de esa receta con dudosa fortuna. (2)
II El pastel de papas y el shepherd’s pie
Esta vez, ni consulté los recetarios
argentinos con la severidad con que suelo hacerlo, basta con ver algunos
ingredientes y condimentos para reconocer que estamos frente a un plato de
clara identidad argentina. Con todo, los remontadores del mito del origen,
insisten en que estamos frente a un plato británico, el shepherd’pie (pastel de
los pastores) que hemos adoptado y malversado, empezando por reemplazar la
carne de cordero por carne de vaca.
Cuando, en 2011, publiqué, el artículo citado
arriba, en mi mente la controversia se desplegaba a la manera de
confrontaciones despiadadas. Por cierto que el artículo mereció una intensa
revisión tanto formal (especialmente en las referencia a las fuentes) como
conceptual. En 2023, publiqué mi libro Sabores entrañables, donde
estampé esa revisión. (3)
El lector
podrá encontrar el desarrollo completo de esta revisión en mi libro
Sabores entrañables. Venta a cargo del autor. El lector puede
solicitarlo por mensaje de Whatsapp al +54 911 6176 9999 |
Santo
remedio, me dije. Establecí con claridad la identidad criolla de este plato que
fue apropiado, modificado y aceptado por el colectivo social al que yo
pertenezco, los argentinos. Era, y es para mí, tan obvia la diferencia en
ingredientes y aliños que ya no vale la pena discutir más. Sin embargo, a los
cultores del origen no les alcanza con el cambio de carne de vaca por cordero
(una nueva generación descubrió el cottage pie que lleva carne vacuna). Tampoco
desmayan con la inclusión de aceitunas y pasas de uva y condimentos que en las
“verdes” praderas de Inglaterra resultarían exóticos aún hoy. La carencia de
fundamentos para establecer una secuencia de relaciones causales que expliquen
el tránsito de aquellas praderas a las nuestras. Es más, el artículo de la
Wikipedia que sigue sosteniendo la idea, contiene alguna contradicción en
materia de origen que no se detiene a considerar y resolver. (4)
Es más, no sólo no nos dicen estos defensores
del origen cómo habría llegado esta fórmula al Río de la Plata, sino que
desatienden a los testimonios de viajeros y e inmigrantes británicos que
arribaron a nuestras tierras entre 1820 y 1870. En muchos de estos testimonios,
se ve la admiración y pasión por los asados criollos rurales, pero aún no he
encontrado referencias al consumo de cottage pie o a la añoranza por la
ausencia de la fórmula original en sus mesas. Nada de esto es concluyente por
cierto… ni tampoco, y mucho menos, lo contrario.
III Recetas cuyanas
También en Cuyo nuestro plato sentó sus reales
y es por ello que publicaré una receta de ese origen. ¿Servirán estas notas
para despejar un prejuicio adicional que siempre tuve? Eso espero.
Es obvio que uno transita la vida con la
mochila cargada de prejuicios. Muchas veces, esa carga compuesta con ideas cuyo
origen es difícil establecer, no ayuda a vivir. Otras, nos entorpecen el
entendimiento. Es deseable ejercitar un buen equilibrio entre usarlos como
herramientas disponibles y removerlos críticamente cuando representan un lastre…
sólo que, a veces, la carga es tan pesada que resulta difícil, en fin.
Bueno, basta de chácara, vamos al punto. No sé
por qué siempre supuse que las pasas de uva y las aceitunas en un picadillo de
carne tenían una correspondencia directa con los sabores de la cocina cuyana,
que era cuyana esa combinación entre la dulzura de las pasas y la sequedad salobre
de las olivas. Luego de transitar algunas experiencias, advertí que esa
combinación no representaba una relación estricta.
Me gusta comer empanadas en Pan y Teatro, el
restaurante mendocino de Germinal Marín en el barrio de Boedo. La tonada
dulzona del recado es apetecible; pero no llevan ni pasas de uva ni aceitunas.
En una oportunidad, le pregunté a Germinal Marín por esa dulzura, ¿acaso levan
azúcar? La respuesta fue un rotundo y contundente no. La dulzura proviene de la
cebolla.
Las empanadas mendocinas llevan más cebolla
que carne. También llevan aceitunas, pero no pasas de uva. Concluyó diciendo,
sigo la receta de mi madre y ella no le ponía aceitunas porque a mi padre no le
gustaban, consideraba que su tono era demasiado invasivo en el relleno.
Caramba, me dije entonces, aquí hay otra historia de amor.
Esta reflexión viene a cuenta de la receta que
elegí para este artículo. El lector avisado, sabe que estoy buscando recetas
que representen el gusto colectivo de Cuyo, pero siempre encuentro recetas
familiares que irrumpen con cierta originalidad, casi en paralelo, con el gusto
socialmente constituido del colectivo social local.
Elegí la receta de Emma de Zuccardi quien fue
la esposa del fundador de la bodega familiar en Maipú, Provincia de Mendoza.
Ella y su marido, el ingeniero Alberto Zuccardi, constituyeron la base de la
empresa familiar en la que hoy trabajan sus nietos (Sebastián, Miguel y Julia).
Recientemente Julia escribió con su abuela un libro en el que se reúnen unas
cuantas recetas que doña Emma fue aprendiendo a cocinar a partir de su
casamiento con don Alberto.
Contó, nos cuenta ella, con el libro de doña
Petrona como herramienta indispensable y, también, con el gusto y las
necesidades de su familia. En este último sentido, el ejemplo de sus empanadas
de cebolla es contundente. En algún momento, el ingeniero Zuccardi debió dejar
de comer carne. Fue entonces que Emma comenzó a preparar el recado utilizando
únicamente cebollas… y, no por eso, dejaron de ser empanadas mendocinas.
Ya he dicho que el pastel de papas no es
exclusivo de Cuyo, que se practica en el resto del país, en especial en las
pampas argentinas y en la ciudad de Buenos Aires. Pero me propuse elegir una
fórmula cuyana. Para ello, conté con dos piezas: la receta incluida por
Agustina Arias en Platos con historia y la de Emma de Zuccardi.
Ignoro cómo compuso Agustina su recetario
celebratorio del bicentenario de la Revolución de Mayo, sólo sé lo que la
receta de marras lleva por título: “Pastel de Papa y Carne Mendocino”. Es
decir, sólo cuento con la atribución que la autora hace para definir la
identidad de su fórmula. (5)
En cambio, con la receta de doña Emma, la
identificación es más fácil. Sabemos que la autora la practicaba en el Gran Mendoza
y que su fuente principal fue doña Petrona y el gusto socialmente constituido
en su provincia.
Expongo, ahora, la receta de Emma, con una
pequeña alteración. Emma usa la primera persona para reseñar el procedimiento,
yo uso el infinitivo impersonal para hacerlo, lo cual es ya una norma
consagrada en las recetas que publico.
Pastel de papas |
|
Fuente (fecha) |
Emma de Zuccardi (2023)
(6) |
Ingredientes |
Papas 2 kg. Carne picada o molida 1 kg. Cebolla 1, 5 kg. Huevos duros 4 ó 5. Aceite de oliva 1/2 taza. Pimentón c/n. Yema de huevo batida c/n. Sal c/n. Leche c/n. Manteca c/n. Harina c/n. (Opcional) |
Preparación |
1.- Cocinar las papas. 2.- Preparar un puré cremoso, batiendo bien las papas pisadas
con un poco de leche y manteca. 3.-
Poner el aceite de oliva en una cacerola o sartén al fuego. 4.-
Cuando está bien caliente, agregar la cebolla cortada en juliana fina. 5.-
Antes de que se termine de hacer, agregar la carne y dejarla que se cocine a
fuego medio. 6.-
Si la preparación está muy jugosa, se puede rociar una cucharadita de harina
poco antes de terminar la cocción. 7.-
Condimentar a gusto, agregando una o dos cucharaditas de pimentón. 8.-
Enmantecar una fuente para horno y colocar un poco de puré. 9.-
Colocar, por encima, la preparación de carne y una capa de huevos duros
cortados en trocitos. 10.-Tapar
con la mitad de puré restante. 11.-
Pintar la superficie con yema de huevo batida. 12.-
Llevar a un horno precalentado a 180° C y dejar hasta que dore. |
Ajuste personal |
1.- Al puré no le agrego
leche, pero sí le pongo queso rallado y nuez moscada. 2.- Obviamente, es mi
gusto claro está, agrego aceitunas, ají molido y comino al picadillo. 3.- Nunca pinto la
superficie con yema de huevo batido. Me parece que esto no es una virtud de
mi parte, sino un defecto. |
Comentarios |
1.- El primer detalle que llama la atención, aunque de algún
modo ya lo anticipé, es la ausencia de pasas de uva y aceitunas entre los
ingredientes. 2.- Obsérvese bien la proporción entre la cebolla y la carne
picada. La idea es similar a la que suele verse en las recetas de empanadas
cuyanas. 3.- No pude resistir la tentación de comparar la receta de doña
Emma con la de doña Petrona. Para este fin, usé la edición de 1958 del libro
de la Gran Cocinera Nacional que, seguramente, es la edición más próxima de
todas las que tengo, a la del ejemplar que Emma usó cuando se casó con
Alberto Zuccardi. (7) Obviamente, nos enfrentamos con dos recetas canónicas,
en las que las diferencias constituyen detalles de preferencias regionales o
personales. 4.- Obviamente, doña Petrona agrega pasas de uva y aceitunas.
También agrega ají (cuando doña Petrona dice “ají” está hablando de picante) y
tomate al picadillo… y pimienta, tanto en el puré como en el relleno. 5.- Un detalle de la gran maestra santiagueña es que hace un
puré “duquesa” (con huevos y mantecas), al que le agrega una cucharadita de
azúcar. 6.- La proporción entre cebolla y carne picada que usa doña
Petrona coincide con la fórmula canónica de los picadillos de carne del
Noroeste Argentino. En este caso, una cebolla (¿ciento cincuenta gramos?)
para 300 gr de carne. 7.- La secuencia de disposición de puré, picadillo y huevo duro
es similar a la que propone doña Emma. |
Notas y bibliografía:
(1) 2023, Aiscurri,
Mario, “Las empanadas en los recetarios argentinos. Parte I: siglo XIX”, en El Recopilador de sabores entrañables,
leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2023/06/las-empanadas-en-los-recetarios.html
el 1° de setiembre de 2023.
(2) 2011, Aiscurri,
Mario, “Pastel de papas”, en El
Recopilador de sabores entrañables, leído el 26 de agosto de 2023 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2011/12/pastel-de-papas_09.html.
(3) 2022, Aiscurri,
Mario, Sabores entrañables (Recetas y
reflexiones sobre una cocina neocriolla crepuscular en Buenos Aires),
Buenos Aires, Puntoaparte Ediciones Independientes S.R.L., pp. 45-50.
(4) Leído en https://es.wikipedia.org/wiki/Pastel_de_papa
el 1° de setiembre de 2023.
(5) 2010, Arias,
Agustina, Platos con historia (200 años de cocina argentina) Jumbo
Retail Argentina S. A., pp. 95-97.
(6) 2020, Zuccardi,
Julia, La cocina de Emma, recetas de una
familia mendocina, Buenos Aires, Catapulta, pag. 43.
(7) 1958, Gandulfo,
Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1958, edición 52°
(1° edición de 1934), pag. 364.
(a) Leído en https://www.tubarrioenlaweb.com.ar/boedo-una-propuesta-gastronomica-original/
el 18 de noviembre de 2023
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