sábado, 31 de agosto de 2013

Los frutos de la pesca en el Río Paraná (Martín Brandli)

Cristo de las redes, no nos abandones
y en los espineles déjanos tus dones.
“No pienses que nos perdiste,
es que la pobreza nos pone tristes,
la sangre tensa y uno no piensa más que en morir;
agua del río viejo llevate pronto este canto lejos
que está aclarando y vamos pescando para vivir.”(1)
Jorge Fandermole 
Martín Brandli estudia y trabaja en Buenos Aires, pero su corazón late en la ciudad de Baradero y en el Río Paraná. La pesca es una de sus pasiones. Sus relatos y mi visita a la Ciudad de Rosario en ocasión del bicentenario de la creación de la bandera nacional (27 de febrero de 2012) me permitieron un encuentro, largamente esperado, casi hasta la frustración con los pescados del río.
Es que aquello que hace poco más de ochenta años era habitual en la Ciudad de Buenos Aires, pasó a ser una rareza. Son muchos los testimonios que dan cuenta del consumo de pescado de río en la ciudad en el pasado. Algunos son verdaderamente notables como los relatos de Elías Carpena que da cuenta de pescadores que vendían, en los barrios de Mataderos y Villa Lugano, las presas obtenidas en el Puente de la Noria en el Riachuelo en la tercera década del siglo XX.(2)
Hoy por hoy es muy difícil encontrar un restaurante que ofrezca pescado de río en esta ciudad que está muy de espaldas al río que la baña. El único  que había, especializado en este tipo de comida, se llamaba Jangada, pero cerró.         
No se crea que en Rosario es todo tan evidente, para conseguir buenos lugares donde comer pescado hay que buscar un poco; pero en el extremo norte de la ciudad, cerca del balneario de La Florida, hay varios restaurantes (uno de ellos es la parrilla Escauriza) y venta callejera de  pescado fresco. Tuvimos la fortuna de comer en el restaurante Puerto Caboto, sobre la avenida Pellegrini, porque acatamos la recomendación sabia del conserje del hotel.
 
La imagen es propiedad del autor 
En marzo de 2012, Martín me envío por correo-e un breve relato que caracterizó como pesqueril y gastronómico. Allí cuenta:
Una buena pesca comienza varios días previos a la partida. “Primero se verá quiénes y cuántos formaran parte de la faena.
Así, los integrantes de la pesca dividirán las tareas de compras de provisiones.
Uno será el encargado de los alimentos y bebidas, otro del combustible, otro de los equipos de pesca y de poner en condiciones la embarcación, etc. Entre los pertrechos no se lleva carbón o leña, todo se cocina con leña del lugar (se consiguen ramas de sinasina, espinillo, sauce y eucaliptos para estos fines).
La pesca ya comienza a partir de este punto, pero la verdadera sensación de ya estar pescando se produce cuando se da marcha al motor y se discute hacia qué rumbo partiremos.
Al ser de Baradero, ciudad del interior de la provincia de Buenos Aires, por donde traza su rumbo el río Paraná, tengo mis lugares primordiales para realizar mis faenas, lugares “pescadores” como los llaman los lugareños... El arroyo El Francés, afluente del Paraná, nunca me ha fallado, como así tampoco lo ha hecho el río Lechiguanas o el arroyo Pintos. Hay infinitos lugares pero estos no me han decepcionado nunca.”(3)
La pesca deportiva tiene sus rituales y sus códigos. Por ejemplo, si se captura una presa que no se va a comer en lo inmediato, se devuelve al río. Martín comparte estos códigos, cuando han pescado lo necesario para alimentarse en el día, dejan de pescar o devuelven la presa al río. Desde luego que hacen lo propio cuando obtienen piezas de tamaño menor al permitido (75 cm en el caso del surubí y 70 cm en el del dorado). Por otra parte, su aventura se vincula con la vida de los isleños que hasta hace pocos años vivían de la pesca y que, ahora, lo que cobran del río, apenas les alcanza para la subsistencia y sólo esperan que el Cristo de las redes los acompañe en la vida dura que llevan en el presente.
Referencia de de la imagen (4)
Me cuenta Martín que la depredación fue mucha, que en época en que su abuelo practicaba la pesca deportiva se podían encontrar ejemplares de dorado de 80 kg de peso, que en 1983 su padre pescó el último surubí de más de 40 kg que vio. Su abuelo culpaba de la merma en tamaño de las presas a la construcción del tunel subflubial Hernandarias y su padre extiende esa responsabilidad a la construcción de la presa de Yaciretá. Lo cierto es que hoy en día es difícil encontrar un dorado de más de seis o siete kg.
Martín, por su parte, ha hecho un estudio monográfico sobre el tema y  agrega, a las de su padre y su abuelo, otras conclusiones sobre la crisis ictícola en el Río Paraná, sobre todo en los últimos 10 años. Hay una sobre explotación pesquera que pone en riesgo a las especies, especialmente al sábalo, y la supervivencia de los isleños. Hay 12 plantas frigoríficas que procesan y exportan sábalos de tamaño pequeño a Colombia, Brasil, Paraguay, Bolivia y Nigeria donde hay veda de pesca de especies similares y estos productos son utilizados para elaborar alimentos balanceados para la cría de bovinos. En 1993 se exportaban 3000 toneladas por año de sábalos, en 2007 se exportaron 40.000 toneladas. Del río Paraná, para que esa producción sea sustentable, no debiera extraerse más de 10.000 toneladas anuales.
La preocupación central de Martín se concentra en la reinserción laboral de los isleños. Propone que se capaciten y se aliente su participación como guías para el turismo ecológico y para la pesca deportiva. Propone también el fomento para la creación de estaciones hidrobiológicas de acuicultura, es decir, criaderos para las especies en riesgo y la participación de los isleños, organizados en cooperativas, en ese negocio. Ya hay criaderos, pero no en la cantidad suficiente como para recuperar la sustentabilidad ictícola en el río.(5)    
Entre otros aportes de su monografía se encuentran los testimonios de los isleros, muy parecidos a los recogidos por Diego, en su blog personal, entre los habitantes de Remanso Valerio. Se trata de un barrio de pescadores que está pegado a la ciudad de Rosario, al que está dedicada la canción de Jorge Fandermole que cité en el epígrafe.(6) 
Volvamos al relato de Martín sobre sus experiencias en la pesca deportiva:
Una vez que se arriba al lugar se preparan las herramientas de pesca: se tirará el trasmallo, las brazoladas y las Cañas. Aunque el trasmallo se usa poco en pesca deportiva.
Una vez hecho esto se hará honor a lo primordial para realizar este tipo actividades, la paciencia.
¿Cómo se le hará honor? Con un buen asado, con un buen vino tinto (en la isla, la bebida por excelencia es el vino tinto) cualquiera es bienvenido.
Luego de unas horas se revisarán los elementos de pesca utilizados, donde las presas más añoradas por decirlo de alguna forma, serán el surubí, el dorado, la boga y el pejerrey. Todos muy añorados por su valor gastronómico.
En lo que a mi persona respecta, si me dan a elegir entre estos cuatro pescados, sin lugar a dudas elegiré el Surubí, /.../.”(7)
Cuando Martín va de pesca, disfruta tanto de la pesca deportiva como de la aventura gastronómica que conlleva. Él y sus amigos, destinan las piezas cobradas para la comerlas mientras dura el campamento. Martín tiene gustos muy personales. Ya vimos su preferencia por el surubí que se puede comer en milanesas o a la plancha con aceite de oliva, queso provolone y ajo.  
Nos cuenta también que el pejerrey admite la misma preparación que el surubí, pero señala que los isleños y la gente del río prefiere simplemente pasarlo por sal, pimienta, harina y fritarlo. Con relación al dorado y la boga,sostiene que son pescados parrilleros por excelencia; aunque algunos le agregan una salsa que lleva morrones, cebollas y queso (a Martín no le gusta demasiado esta salsa porque tapa el sabor del pescado). Considera que el lujo mayor son las empanadas y las milanesas de surubí. Aunque con gusto se privaría de ellas, si los gobiernos implicados establecieran una veda y protegieran al surubí como hicieron con el dorado. 
Consigamos el pescado (¿dónde se consigue en Buenos Aires?), probemos sus recetas y opinemos con libertad.
Notas y referencias:
(1) Fandermole, Jorge, “Oración del remanso”.

(2) 1982, Carpena, Elías, Cuentos de reseros, Buenos Aires, Plus Ultra, pp. 14, 31-32 y 82.
(5) Brandli, Martín, “Sobreexplotación pesquera y pobreza”, pare el Seminario Modelos de Desarrollo. “Los Impactos del Cambio Tecnológico”, Facultad de Ciencias Sociales, UBA. 

(6) Leído en http://avistajes.blogspot.com.ar/2008/11/vivir-del-ro-remanso-valerio.html el 5 de enero de 2013.
(7) Correo-e de martín Brandli del 21 de marzo de 2012.

No hay comentarios:

Publicar un comentario