sábado, 19 de noviembre de 2016

Cádiz, el mar y el camino a nuestra América



14 a 16 de noviembre de 2015
I Manzanilla en Sanlúcar de Barrameda
Si uno ya se siente como en casa en Jerez de la Frontera, no les puedo contar la cercanía que nos provoca estar en los puertos de la Provincia de Cádiz.
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Fuimos a Sanlúcar de Barrameda con las recomendaciones precisas sobre dónde comer y qué beber en la guía que nos había preparado mi cuñado Jean Louis Daniel, bretón de nacimiento, jerezano de crianza juvenil… y vaya que nos fue bien. Pero eso se los cuento en el artículo sobre la gastronomía andaluza porque Sanlúcar bien puede ser mucho más que Tortilla de camarones y manzanilla.
La costanera, bella y bien dispuesta nos anuncia una ciudad de veraneo. En las playas otoñales no había bañistas, pero sí obstinados cazadores de almejas. Más allá, por el canal se entreveían los cargueros que se dirigían al puerto, algo al norte… y pensar, me dije, que desde aquí partían y regresaban grandes navegantes que poblaron el renacimiento español con historias fantásticas de mares desconocidos. En la costanera que me recordó el diseño urbano de Ondarreta en San Sebastián, pareciera que no quedaran rastros de aquellas historias.
Fuimos hasta la Plaza del Cabildo en la que algunos monumentos quedan en pie y, salvo por algunas referencias que se registran en las paredes del edificio antiguo del ayuntamiento, tenemos que encontrarnos con Sebastián Elcano en los libros de historia, en los relatos de Antonio Pigafetta.
Tal vez es que sólo estuvimos allí unas tres horas, que concentramos nuestra visita en el almuerzo en la Taberna Cabildo, que no nos dimos tiempo para andar más y visitar alguna de las bodegas que elaboran su manzanilla en el mismo centro de la ciudad… lo cierto es que nuestro paso por Sanlúcar fue placentero, pero superficial.
II Cádiz, primeras imágenes
Ansiosos por llegar, arribamos por fin a Cádiz. Era ya media tarde y, a esta altura del año, anochece más temprano, aún en el extremo sur de Europa. De modo que hicimos una pequeña recorrida desde la Plaza de la Catedral hasta la del Ayuntamiento.
La catedral, luminosa e imponente como todas las de Andalucía, no parece ser demasiado antigua. Tampoco lo parece el palacio municipal. El neoclasicismo domina en ellos. Divago con la más absoluta libertad y me digo que este hecho resulta llamativo para la ciudad más antigua de Europa; pero no lo es, si consideramos que este puerto es la cuna de la renovación que impuso el liberalismo español… no me hagan demasiado caso, sólo describo las primeras impresiones que tuve en ese atardecer de sábado en el que el clima se expresaba inesperadamente desapacible en Cádiz.
Hay poco movimiento en la ciudad, cuando salimos a cenar, vimos muchos bares y restaurantes cerrados, hecho que habíamos percibido también ese mediodía en Sanlúcar de Barrameda. Nos cuentan que noviembre es el mes de menor movimiento turístico del año en esa provincia y qué es eso lo que explica los cierres… alguien habla también de la crisis y del cierre de los astilleros, una de las actividades económicas más importantes en la ciudad.
Lo cierto es que es sábado a la noche y ese sector de la ciudad está casi desierto.
III Cádiz y el sol de Andalucía
Hicimos un largo recorrido por la costanera que, en la mañana del domingo, estaba llena de luz. Nos pareció que, ahora sí estábamos en Andalucía. Fuimos hasta la Plaza de la Constitución, donde se conservan las murallas en la denominada Puerta de la Tierra, donde el casco histórico se conecta con la ciudad más moderna.
Desde allí hasta el Fuerte de San Sebastián (en el otro extremo del casco), anduvimos recorriendo la monumentalidad de la capital provincial. Ingresamos en el Barrio del Populo a través de la calle Concepción Arenal Accedimos al Centro de Interpretación del Teatro Romano y luego ingresamos en el edificio de la catedral vieja que está ubicada detrás del edificio que vimos la tarde anterior.
Según leemos en las infografías, este templo fue mandado a construir por Alfonso X, el Sabio, en la segunda mitad del siglo XIV. Luego de una larga historia que llevó a su destrucción, el edificio fue reconstruido en el siglo XVII. Su barroquismo es proverbial; pero un no sé qué mudéjar aún se insinúa en su interior.
Volvimos a entrar en la catedral nueva. La luz de Andalucía se expresaba diáfana en ese domingo al mediodía, después de la misa. Desde allí volvimos hasta la costanera y, por ella, hasta el ya mencionado Castillo de San Sebastián. La caminata es larga y placentera, el sol es intenso pero resulta apacible.
Volvimos por las calles interiores. Nuestra idea era almorzar en el restaurante El Faro, como efectivamente lo hicimos. Vemos algo más de movimiento en la calle Virgen de la Palma que anima con colorido andaluz este barrio de restaurantes. Tal vez, ¿era por allí que debimos buscar la noche del sábado en Cádiz? ¿Cómo saberlo?
La conservación del patrimonio parece bien tratada. El casco histórico de esta bella ciudad barroca que recuerda más a Barrio Alto de Lisboa o a la Ciudad Vieja de Montevideo que a la blancura mudéjar del Albaicín en Granada.
Nos vamos este fin de semana de Cádiz con la incertidumbre de saber si estuvimos en una ciudad azotada por la crisis o si es que no supimos descubrirla… o las dos cosas a la vez.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Para los que nunca fuisteis a Granada



9 a 12 de noviembre de 2015
“Qué lejos por mares, campos y montañas!
Ya otros soles miran mi cabeza cana. Nunca fui a Granada.
Mi cabeza cana, los años perdidos.
Quiero hallar los viejos, borrados caminos.
Nunca vi Granada.
”/…/.
”Venid los que nunca fuisteis a Granada.
Hay sangre caída, sangre que me llama.
Nunca entré en Granada.
”/…/.
”Del mejor amigo, por los arrayanes.
Sangre por el Darro, por el Genil sangre.
Nunca vi Granada.
”Si altas son las torres, el valor es alto.
Venid por montañas, por mares y campos.
Entraré en Granada.”
(Alberti, Rafael, “Balada del que nunca fue a Granada”)
El tránsito desde la Cataluña francesa hasta la Andalucía española lo hicimos en tren, con trasbordo en Barcelona. Pasamos una noche en Málaga y, desde allí, en auto hasta Granada. El hotel y la oficina de alquiler de autos estaban en la misma estación de ferrocarril María Zambrano de Málaga. De modo que, de esta ciudad, sólo recorrimos las calles que nos llevaron a la autopista. Sin embargo, la experiencia gastronómica en el hotel fue excitante, tanto en la cena como en el desayuno de la mañana siguiente. Por esta razón esa noche tiene su acápite en mis notas sobre la gastronomía andaluza… ahora los invito a caminar por Granada.
Las imágenes pertenecen al autor
I Del Albaicín a la Alhambra
Tuvimos la suerte de hospedarnos en un hotel que se aloja en el Palacio Santa Inés en pleno barrio de Albaicín. Casi todas las construcciones que vemos en el barrio datan de los primeros cincuenta años de la Granda cristina. El edificio en que se encuentra el hotel, por ejemplo, comenzó a construirse en 1520.
Salimos de nuestro albergue hacia una pequeña plaza seca que, obviamente, se llama Santa Inés. Bajamos cincuenta metros por la Cuesta de Santa Inés y dimos con la Carrera del Darro. Éste es un río que separa nuestro barrio de las murallas, altamente fortificadas de La Alhambra… Si nuestro deseo fue estar en Granada, qué lugar mejor.
Recorremos el barrio por la ribera del río, la calle se llama ahora Paseo del Padre Majón. Atravesamos unas plazas en el sitio que llaman Paseo de los Tristes. Torcemos por la Cuesta del Chapiz y empezamos a subir por ella hasta dar con el Archivo Histórico de Granada que se aloja en el Palacio de los Córdova.
En la ribera dominan los palacios renacentistas, arriba el pueblo blanco de fuerte identidad mozárabe, se adueña del paisaje urbano. Todo el bello y nos transporta en el tiempo hacia la época de los reyes católicos… me pregunto, si todo está como estaba, sólo modificado el mantenimiento de los edificios y la readecuación a las nuevas funcionalidades de la vida…
…la historia vuelve a repetirse. El relato de un guía en San Millán de la Cogolla que nos dijo que un ala del monasterio fue demolida a principios del siglo XX porque el gobierno consideró que no tenía valor patrimonial. La imagen de un mercado de estilo inglés de más cien años en Zaragoza que quieren desmantelar, aunque la población se opone (veo su ubicación y pienso que para construirlo debió demolerse parte de la muralla romana)… No, no, no… aquí es distinto… no es un relato sin fundamentos eruditos, ni un producto de mi imaginación… aquí hay una infografía oficial del ayuntamiento de Granada.
Allí se nos informa que el Palacio de los Córdova, claro ejemplo del renacimiento español, debió ser reconstruido a fines del siglo XX, en otro sitio de la ciudad, debido a que en 1919 fue demolido para dotar a Granada de un diseño urbano moderno. Claro está que, en este caso, existió la afortunada circunstancia de que aquel adelantado “desarrollador” que lo demolió, conservó los materiales.
En fin, así son y han sido los caminos de la conservación patrimonial en Occidente. Por suerte, la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad a todo el barrio del Albaicín en 1994… 
De regreso al hotel, me detengo en el Paseo de los Tristes a contemplar la otra ribera del Darro. Las fortificaciones de La Alhambra son imponentes, parecen inexpugnables, y sin embargo… Medito en que hay un algo de debilidad en todos los muros y fortificaciones que han construido los hombres en el tiempo. En el largo tiempo, ninguno resultó realmente inexpugnable… La Alhambra tampoco. Me domina la impresión de que se debilitan cuando pierden el contacto con la tierra que los nutre y las gentes que la habitan… Pero no me hagan caso, es sólo una impresión personal.
II En La Alhambra
Imposible describir La Alhambra sin caer en lugares comunes. El recorrido por los Palacios Nazaríes, construidos en el siglo XIV, es, como dicen los españoles, acojonante.
Con Haydée recorremos el conjunto en que se superponen los palacios del Reino Nazarí, el último bastión de dominio musulmán en España, y los muy renacentistas Palacio de Carlos V e Iglesia Santa María de la Alhambra, construidos en los siglos XVI y XVII. El conjunto está muy bien conservado y se observa, en cada tramo la tarea que los curadores realizan a diario.
Al contrario del caso del Palacio de los Córdova, la restauración y conservación de La Alhambra se inició en el primer tercio del siglo XX.
Caminamos rincones de admirables artesonados y estucos, fuentes y patios, bellas decoraciones. En un momento me abandoné al ensueño, me alejé de las historias positivas que transmiten folletos e infografías y me sentí transportado al siglo XIV y a la vida de la corte musulmana, como un observador inoportuno. ¿Por qué tanta agua en los patios y los jardines? ¿Acaso estos hombres con atavismos del desierto imaginaron el paraíso bajo la especie de un oasis e intentaron reproducirlo puntualmente en estos palacios?
III Granada para vivir
Granada, ¿Es algo más que La Alhambra y el Albaicín?… Sí, por supuesto. Granada es una bella ciudad. Algo digo de su gastronomía en otra parte y aquí de su catedral. Cuando entramos en ella, dimos con una impresionante colección de libros de pergamino con escritura musical para canto gregoriano. La recorrimos con parsimonia, acompañados por la increíble luz natural que el sol de Andalucía produce entre sus naves.
Siento que no tengo cosas nuevas para decir de La Alhambra y de Granada… prefiero que hablen Washington Irvin, Agustín Lara y Rafael Alberti y quedarme con la secreta satisfacción de haber vivido momentos de íntima felicidad en esta ciudad.
Teníamos que buscar nuestro auto en un estacionamiento público fuera del Albaicín. El área que ocupa el barrio que nos hospedó tiene acceso restringido de tránsito. Los pocos vehículos autorizados, entre ellos, los taxis, tienen un recorrido fijo para seguir. Esto es, ingresan por la Carrera del Darro, suben por la Cuesta de Chapiz y regresan a la ciudad atravesando el corazón del pueblo blanco. Maravillados por el paisaje de despedida, le comentamos al taxista que nos había gustado Granada, pero que nos íbamos con gusto a poco, que es una ciudad para estar más tiempo… Sin mirarnos, simplemente nos contestó “Granada es para vivir”.


jueves, 10 de noviembre de 2016

Ice Wine



Willy Cersósimo
10/2016

“En los climas más cálidos la maduración de la fruta en el viñedo se produce rápidamente y está prácticamente garantizada. Los vinos obtenidos de estas uvas presentarán habitualmente abundantes aromas a fruta madura. En estas zonas las variaciones entre cosechas, conocido como efecto añada, serán muy pequeñas en comparación con los climas fríos”. Lo que acabo de trascribir esta en todos los manuales de vitivinicultura, es el ABC del vino. Entonces de donde surge la denominación de “Vino de Hielo”.
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El “Vino de Hielo”, en español, en alemán “Eiswein”, en inglés “Icewine” o “Ice Wine” y en francés “Vin de Glace”, es un vino, a pesar de lo que acabo de describir en el párrafo anterior, hecho de uva congelada y contiene una fuerte concentración en azúcar. Si así como lo oyen, mejor dicho como lo leen.  
Los principales países productores de Ice Wine son Alemania y Canadá. Alemania reparte su producción entre las regiones de Mosel-Saar-Ruwer, Nahe, Pfalz, Rheingau y Rheinessen, en cambió Canadá tiene casi toda su producción concentrada en Ontario, concretamente la Península del Niágara.
La producción de Ice Wine se encuentra en la categoría de vinificación extrema, y está es aquella, que ni más ni menos, consiste en llevar al viñedo y a las uvas al máximo de sus posibilidades. Y es ahí, en el extremo, donde suceden cosas excepcionales.
El clima en Alemania, por su ubicación geográfica, debería ser frío y húmedo, sin embargo la Corriente del Golfo de México que muere en el Océano Ártico, le otorga un clima templado, a consecuencia de ello, el grueso de las regiones de elaboración del Eiswein se concentran en la parte más occidental de Alemania, dentro de una latitud que le permita a la uva una buena maduración. Allí el verano es la época más lluviosa, debido a las masas de aire tropical que se enfrían muy rápidamente en esas latitudes. Por esta razón es que los mejores viñedos se encuentran en las terrazas ubicadas en las cimas que se formaron en los valles de los ríos, buscando así un buen drenaje del suelo y una buena orientación solar. Esto hace a su vez que los ríos reflejen el sol hacía los viñedos, potenciando su efecto.
El agua que aporta la naturaleza es a través de la lluvia o la nieve, las cantidades medias oscilan entre los 600 mm anuales en Mosela, Nahe, Palatinado y cerca de 700 en Rheingau. La temperatura media anual de Alemania es de 9° C con una amplitud térmica que oscila entre 15 y 20° C grados, la temperatura media estival de las zonas de producción está en de rededor de los 20° C, permitiendo que la uva alcance una excelente maduración.

En cambio en Canadá, lo que sucede en la Península del Niágara es muy sorprendente. Canadá es sinónimo de pistas de esquí, inmensos bosques de coníferas y alces caminando dificultosamente con sus patas enterradas en la nieve. En los viñedos durante el invierno, se asiste a un espectáculo fascinante, se los puede ver cubiertos con un manto blanco. Comienza así el delicado proceso de crear los famosos Ice Wines. El paralelo 43 del hemisferio norte pasa por las cataratas y también por el sur de Vizcaya y de Guipúzcoa y al norte de León o Burgos entre otras provincias y además, volviendo a Canadá, divide en dos la Península del Niágara.
En la península los veranos son calurosos y si lo comparamos con las regiones francesas, por ejemplo esta Alsacia, entre los meses de Mayo y Agosto, como la única más cálida. Si bien la Península cuenta con un clima Continental existen dos accidentes geográficos que determinan su climatología, ellos son el Lago Ontario, que el menor de los Lagos Superiores, el cual nunca llega a helarse en invierno y que actúa como una fuente de calor durante esa estación, el otro es el Escarpe del Niágara, que posee una altura media de unos 180 metros y que se extiende por más de 800 km de Este a Oeste, desde el Estado de Nueva York hasta el Estado de Michigan. Es una elevación situada al sur del Lago que sirve de parapeto para los viñedos, separando el tercio norte peninsular del resto.
Como consecuencia de ello durante las heladas, las masas de aire más templadas procedentes del Lago, colisionan con las de aire frío que se encuentran en el ambiente y forman una corriente de aire relativamente fuerte que luego de chocar con el Escarpe circulan entre los viñedos limpiándolo de posibles plagas. Sin embargo esta masa de aire más templado no llegan a modificar sensiblemente la temperatura ambiental la que se encuentra muy por debajo de los 0° C, únicamente sirven para limpiar y sanear los viñedos.
Encontramos una gran diversidad de suelos en Alemania, calizos, arcillosos, pedregosos, volcánicos, hasta pizarras rojas y azules, conformando un mosaico interminable de perfiles enológicos por las distintas regiones. En cambio en la Península del Niágara, nos encontramos con un suelo más uniforme, donde la complejidad recién la encontramos en los estratos inferiores. Es menester recordar que las raíces de una cepa pueden alcanzar hasta los 15 metros de profundidad. Los estratos inferiores que pueden influir en el vino se componen de bicarbonato cálcico y magnesio los que se encuentran en una capa de pizarra roja, más rica en arcillas, en otra capa caliza y una tercera de pizarra negra.

Cualquier variedad puede ser utilizada para la elaboración de los Ice Wine, sin embargo las dos cepas indiscutibles son Riesling y Vidal. La primera es la que se usa mayoritariamente para la elaboración de Eiswein en Alemania y a su vez es una de las cuatro más plantadas en Ontario. La segunda es la más se utiliza en Canadá para la elaboración de Ice Wine y contrariamente en Alemania casi no se cultiva. La Vidal es un híbrido nacido del cruce entre Ugni Blanc, que por su elevada acidez y alto rendimiento es muy usada en Cognac, en Italia es conocida como Trebbiano y como White Shiraz en Australia.
Estas variedades nos brindan unas excelentes características, la uva Riesling es muy apreciada por su elegancia y elevada acidez, en los Eiswein están por encima de los 10 gr de ácido total, que equilibra perfectamente con los niveles de azúcar que se alcanzan en estos vinos, entre los 180 a 280 gr de azúcar residual, además se aprecia su profunda mineralidad y los aromas a combustible que se desarrollan con el paso de los años en su crianza en botella. Cuando es joven desarrolla aromas cítricos, que recuerdan a lima-limón, a fruta blanca, como la manzana, y florales, las que armonizan de maravillas con su mineralidad. Tras la crianza encontramos especias dulces, azafrán, que se unen a los cítricos, que tras la crianza suelen variar a limón en confitura, y además con los aromas a combustible, que son la característica de esta variedad.
La Vidal se caracteriza por la complejidad de su sin fin de aromas, es muy atractiva, y posee un perfecto balance entre la acidez y el azúcar. En su juventud predomina la fruta exótica como el mango, la papaya, la guayaba, el maracuyá y la piña, además de los cítricos como el pomelo y la naranja, junto a especias dulces, nuez moscada y cardamomo, apreciándose como telón de fondo el durazno y los damascos. Con el paso del tiempo en botella, la presencia de la fruta exótica se hace más dulce y nos recuerda a una compota de ananá, los duraznos se transforman en orejones y la cítrica se convierte en mandarina y naranja caramelizada. Además aparece la miel, las mermeladas y las especies dulces, se hacen más dulces, llevándonos a recordar a la vainilla y la canela. 

Todos coinciden en situar el nacimiento de los Eiswein en la región de Franconia en 1794. Como a muchos de los descubrimientos de la Historia, se los atribuye a la casualidad. Existe una versión novelesca que cuenta que en aquella época un señor a caballo, a modo de correo, anunciaba que había llegado el momento de vendimiar. Ese año cayó enfermo y no pudo cumplir con su tarea. Cuando por fin pasó cabalgando por los viñedos, una helada había congelado la uva y, a consecuencia de ello, el mosto surgió excepcionalmente concentrado y dulce. Otra versión más realista y simple cuenta que fue una helada temprana la que congeló las uvas justo en el momento de recoger la cosecha.
La historia vuelve a hacer referencia al Eiswein en 1858, en Rheingau. Schloss Johannisberg, una bodega instalada en el siglo VIII, y fue la responsable del primer Eiswein hecho a conciencia. Desde ahí hasta los años '60, pero del siglo XX, pasaron más de 100 años, solamente se documentaron 10 elaboraciones de este vino. Hay que tener en cuenta, que producir Ice Wine supone correr un riesgo muy alto para las bodegas, ya que por la época del año que se baraja, el viñedo se expone a todo tipo de enfermedades y otros peligros como tormentas, fuertes vientos y aves depredadoras. De todos modos recién en 1982 en Alemania y en 1983 en Canadá, aparece la categoría Eiswein y Ice Wine respectivamente, con una legislación específica para su elaboración.
Las uvas se recogen en el hemisferio norte entre los meses de agosto y primeros días de octubre. Algo que marcará definitivamente la calidad del Ice Wine va a ser la temperatura en el momento de la vendimia y en el momento del prensado. En Alemania se exige prensar a -7° C, y en Canadá se exige hacerlo a -8° C. Es ahí, en el momento del prensado, cuando el órgano regulador introduce los termómetros. Para lograrlo la vendimia se efectúa de noche con prensas móviles y en el mismísimo viñedo, asegurando así el mantenimiento de la temperatura.
El prensado puede durar horas, ya que la fricción del hielo hace subir la temperatura. Por cada grado de temperatura que se sube se tiene entre un 3% y un 4% más de agua, lo que implica entre un 3% y un 4% menos de azúcar en la disolución. Las prensas que se utilizan son las hidráulicas verticales de cesta, las neumáticas horizontales aportan más sedimentos y más agua, se busca obtener menos jugo pero con una mayor concentración y en perfecto equilibrio con la acidez.
Si el prensado dura toda la noche, la fermentación dura meses. Se agrega una selección de levaduras compuesta por dos de las que mejor responden, la saccharomyces cerevisae y saccharomyces bayanus, que producen una buena cantidad de glicerol haciendo que el vino sea aún más untuoso. Terminada esta fermentación se continúa con los procesos normales para todo vino, se puede realizar la crianza en barricas o no. El estabilizado, clarificado y embotellado son los mismos como para cualquier vino.
A mediados de los ochenta, Canadá se convirtió en una potencia productora de Ice Wines y, a raíz de ello, protagonizó un hecho histórico que cambiará para siempre el devenir de la viticultura en Canadá. En 1991, Inniskillin recibe el “Grand Prix d'Honour du Bordeaux” en la Vinexpo por su añada de 1989 de su Vidal Ice Wine, siendo este el primero en conseguirlo. Esto situará a Canadá en el mapa vitivinícola mundial y emprenderá una verdadera revolución enológica en toda la región, con la proliferación de bodegas y elaboraciones de distintos vinos no sólo los Ice Wine. 

Los expertos de todo el mundo debaten si estos vinos son mejores cuando se consumen jóvenes o si al añejarlos evolucionan favorablemente, debido a que su alto contenido de azúcar y su grado de acidez le permiten un buen añejamiento por muchos años, otros sin embargo se oponen diciendo que el tiempo hace que pierdan su olor afrutado y fresco.
Al Ice Wine, se recomienda tomarlo como un vino de postre, con dulces, frutas frescas, chocolate amargo o también con queso parmesano y con el foie gras francés, que es considerado por muchos como el mejor maridaje de todos, o simplemente degustarlo en la sobremesa después de la comida. Es consumido en distintos países de manera diferente, por ejemplo en Alemania y Canadá es un buen aperitivo, en Estados Unidos lo disfrutan con sorbetes y mousses. Los italianos lo armonizan con queso azul, los españoles prefieren hacerlo con queso de cabrales o manchego de oveja y en Francia lo acompañan con roquefort. En definitiva es un vino para disfrutar y saborear sus mágicos aromas. Los Ice Wine se toman a una temperatura de entre 10-12º C, si se toman más fríos se afecta su extraordinaria calidad.

En otros lugares del mundo donde los viñedos no se hielan naturalmente debido al clima cálido del lugar, el proceso que siguen los viticultores para obtener un Ice Wine se denomina crio maceración y crio extracción. Este método de crio génesis artificial consiste en congelar las uvas cuando estas llegan al punto deseado de maduración y extraer después el mosto cuando todavía está totalmente congelado, obteniendo así, un resultado análogo al proceso natural pero mucho más seguro. Este proceso artificial permite dominar todo el proceso, mientras que mediante el modo natural se corren muchos riesgos debido a los parásitos o microorganismos que posee la uva por la sobre maduración, o por una maduración insuficiente, o por un proceso de prensado demasiado lento se arruina la calidad del vino de hielo natural, por esos motivos hay que extremar los cuidados del modo como se trata la uva para poder obtener así óptimos resultados.
En Argentina tenemos nuestro Ice Wine, lo hace Bodega Viña Las Perdices y, como no podía ser de otra manera, lo elaboran con uvas malbec. Obviamente en Mendoza los vinos se congelan artificialmente porque la temperatura no es los suficientemente baja. De todas maneras, las uvas se cosechan recién en junio, no en febrero como es lo habitual, con lo cual de forma natural se someten a la nieve y heladas para luego enfriarlas artificialmente. El enólogo conseja beberlo bien frió entre 6 y 8° C y posee una azúcar residual de 150 gr/L. Para vinificarlo se busca que el agua se transforme en cristales de hielo, para que eso suceda se enfrían las uvas por varios días hasta alcanzar temperaturas inferiores a los -8° C y de forma constante.
Bodega Viña Las Perdices es un emprendimiento que se caracteriza por sus constantes innovaciones como el Ice Wine. Juan Muñoz López, su esposa Rosario y sus hijos Nicolás, Estela y Carlos desarrollaron esta pujante establecimiento. La pasión por el terruño, la actividad vitivinícola y el desafío de la crianza de vinos finos de viñedos propios los animó a emprender este camino. Fue en 1952, cuando la familia emigró a La Argentina, de la mano de don Juan, quien decidió dejar su Andalucía natal, en el sur de España y llegar a Mendoza en busca de nuevos horizontes.
Nuestro Ice Wine es un varietal 100% Malbec de Agrelo, Luján de Cuyo. Su color es rojo cereza brillante, su aroma nos recuerda a las frutas rojas sobre maduras, a las pasas de ciruelas y guindas. Es un vino untuoso y complejo en boca con notas a ciruela seca y membrillo. Pose una excelente relación entre el azúcar y la acidez lo que le confiere una personalidad única, con un final de boca intenso y prolongado. Como todo Ice Wine acompaña perfectamente postres de chocolate, tarta de frutos rojos y dulce de membrillo.
Es imposible no probar esta rareza, hecha con nuestra cepa insignia y acompañado con una excelente patisserie y chocolates artesanales.