jueves, 10 de noviembre de 2016

Ice Wine



Willy Cersósimo
10/2016

“En los climas más cálidos la maduración de la fruta en el viñedo se produce rápidamente y está prácticamente garantizada. Los vinos obtenidos de estas uvas presentarán habitualmente abundantes aromas a fruta madura. En estas zonas las variaciones entre cosechas, conocido como efecto añada, serán muy pequeñas en comparación con los climas fríos”. Lo que acabo de trascribir esta en todos los manuales de vitivinicultura, es el ABC del vino. Entonces de donde surge la denominación de “Vino de Hielo”.
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El “Vino de Hielo”, en español, en alemán “Eiswein”, en inglés “Icewine” o “Ice Wine” y en francés “Vin de Glace”, es un vino, a pesar de lo que acabo de describir en el párrafo anterior, hecho de uva congelada y contiene una fuerte concentración en azúcar. Si así como lo oyen, mejor dicho como lo leen.  
Los principales países productores de Ice Wine son Alemania y Canadá. Alemania reparte su producción entre las regiones de Mosel-Saar-Ruwer, Nahe, Pfalz, Rheingau y Rheinessen, en cambió Canadá tiene casi toda su producción concentrada en Ontario, concretamente la Península del Niágara.
La producción de Ice Wine se encuentra en la categoría de vinificación extrema, y está es aquella, que ni más ni menos, consiste en llevar al viñedo y a las uvas al máximo de sus posibilidades. Y es ahí, en el extremo, donde suceden cosas excepcionales.
El clima en Alemania, por su ubicación geográfica, debería ser frío y húmedo, sin embargo la Corriente del Golfo de México que muere en el Océano Ártico, le otorga un clima templado, a consecuencia de ello, el grueso de las regiones de elaboración del Eiswein se concentran en la parte más occidental de Alemania, dentro de una latitud que le permita a la uva una buena maduración. Allí el verano es la época más lluviosa, debido a las masas de aire tropical que se enfrían muy rápidamente en esas latitudes. Por esta razón es que los mejores viñedos se encuentran en las terrazas ubicadas en las cimas que se formaron en los valles de los ríos, buscando así un buen drenaje del suelo y una buena orientación solar. Esto hace a su vez que los ríos reflejen el sol hacía los viñedos, potenciando su efecto.
El agua que aporta la naturaleza es a través de la lluvia o la nieve, las cantidades medias oscilan entre los 600 mm anuales en Mosela, Nahe, Palatinado y cerca de 700 en Rheingau. La temperatura media anual de Alemania es de 9° C con una amplitud térmica que oscila entre 15 y 20° C grados, la temperatura media estival de las zonas de producción está en de rededor de los 20° C, permitiendo que la uva alcance una excelente maduración.

En cambio en Canadá, lo que sucede en la Península del Niágara es muy sorprendente. Canadá es sinónimo de pistas de esquí, inmensos bosques de coníferas y alces caminando dificultosamente con sus patas enterradas en la nieve. En los viñedos durante el invierno, se asiste a un espectáculo fascinante, se los puede ver cubiertos con un manto blanco. Comienza así el delicado proceso de crear los famosos Ice Wines. El paralelo 43 del hemisferio norte pasa por las cataratas y también por el sur de Vizcaya y de Guipúzcoa y al norte de León o Burgos entre otras provincias y además, volviendo a Canadá, divide en dos la Península del Niágara.
En la península los veranos son calurosos y si lo comparamos con las regiones francesas, por ejemplo esta Alsacia, entre los meses de Mayo y Agosto, como la única más cálida. Si bien la Península cuenta con un clima Continental existen dos accidentes geográficos que determinan su climatología, ellos son el Lago Ontario, que el menor de los Lagos Superiores, el cual nunca llega a helarse en invierno y que actúa como una fuente de calor durante esa estación, el otro es el Escarpe del Niágara, que posee una altura media de unos 180 metros y que se extiende por más de 800 km de Este a Oeste, desde el Estado de Nueva York hasta el Estado de Michigan. Es una elevación situada al sur del Lago que sirve de parapeto para los viñedos, separando el tercio norte peninsular del resto.
Como consecuencia de ello durante las heladas, las masas de aire más templadas procedentes del Lago, colisionan con las de aire frío que se encuentran en el ambiente y forman una corriente de aire relativamente fuerte que luego de chocar con el Escarpe circulan entre los viñedos limpiándolo de posibles plagas. Sin embargo esta masa de aire más templado no llegan a modificar sensiblemente la temperatura ambiental la que se encuentra muy por debajo de los 0° C, únicamente sirven para limpiar y sanear los viñedos.
Encontramos una gran diversidad de suelos en Alemania, calizos, arcillosos, pedregosos, volcánicos, hasta pizarras rojas y azules, conformando un mosaico interminable de perfiles enológicos por las distintas regiones. En cambio en la Península del Niágara, nos encontramos con un suelo más uniforme, donde la complejidad recién la encontramos en los estratos inferiores. Es menester recordar que las raíces de una cepa pueden alcanzar hasta los 15 metros de profundidad. Los estratos inferiores que pueden influir en el vino se componen de bicarbonato cálcico y magnesio los que se encuentran en una capa de pizarra roja, más rica en arcillas, en otra capa caliza y una tercera de pizarra negra.

Cualquier variedad puede ser utilizada para la elaboración de los Ice Wine, sin embargo las dos cepas indiscutibles son Riesling y Vidal. La primera es la que se usa mayoritariamente para la elaboración de Eiswein en Alemania y a su vez es una de las cuatro más plantadas en Ontario. La segunda es la más se utiliza en Canadá para la elaboración de Ice Wine y contrariamente en Alemania casi no se cultiva. La Vidal es un híbrido nacido del cruce entre Ugni Blanc, que por su elevada acidez y alto rendimiento es muy usada en Cognac, en Italia es conocida como Trebbiano y como White Shiraz en Australia.
Estas variedades nos brindan unas excelentes características, la uva Riesling es muy apreciada por su elegancia y elevada acidez, en los Eiswein están por encima de los 10 gr de ácido total, que equilibra perfectamente con los niveles de azúcar que se alcanzan en estos vinos, entre los 180 a 280 gr de azúcar residual, además se aprecia su profunda mineralidad y los aromas a combustible que se desarrollan con el paso de los años en su crianza en botella. Cuando es joven desarrolla aromas cítricos, que recuerdan a lima-limón, a fruta blanca, como la manzana, y florales, las que armonizan de maravillas con su mineralidad. Tras la crianza encontramos especias dulces, azafrán, que se unen a los cítricos, que tras la crianza suelen variar a limón en confitura, y además con los aromas a combustible, que son la característica de esta variedad.
La Vidal se caracteriza por la complejidad de su sin fin de aromas, es muy atractiva, y posee un perfecto balance entre la acidez y el azúcar. En su juventud predomina la fruta exótica como el mango, la papaya, la guayaba, el maracuyá y la piña, además de los cítricos como el pomelo y la naranja, junto a especias dulces, nuez moscada y cardamomo, apreciándose como telón de fondo el durazno y los damascos. Con el paso del tiempo en botella, la presencia de la fruta exótica se hace más dulce y nos recuerda a una compota de ananá, los duraznos se transforman en orejones y la cítrica se convierte en mandarina y naranja caramelizada. Además aparece la miel, las mermeladas y las especies dulces, se hacen más dulces, llevándonos a recordar a la vainilla y la canela. 

Todos coinciden en situar el nacimiento de los Eiswein en la región de Franconia en 1794. Como a muchos de los descubrimientos de la Historia, se los atribuye a la casualidad. Existe una versión novelesca que cuenta que en aquella época un señor a caballo, a modo de correo, anunciaba que había llegado el momento de vendimiar. Ese año cayó enfermo y no pudo cumplir con su tarea. Cuando por fin pasó cabalgando por los viñedos, una helada había congelado la uva y, a consecuencia de ello, el mosto surgió excepcionalmente concentrado y dulce. Otra versión más realista y simple cuenta que fue una helada temprana la que congeló las uvas justo en el momento de recoger la cosecha.
La historia vuelve a hacer referencia al Eiswein en 1858, en Rheingau. Schloss Johannisberg, una bodega instalada en el siglo VIII, y fue la responsable del primer Eiswein hecho a conciencia. Desde ahí hasta los años '60, pero del siglo XX, pasaron más de 100 años, solamente se documentaron 10 elaboraciones de este vino. Hay que tener en cuenta, que producir Ice Wine supone correr un riesgo muy alto para las bodegas, ya que por la época del año que se baraja, el viñedo se expone a todo tipo de enfermedades y otros peligros como tormentas, fuertes vientos y aves depredadoras. De todos modos recién en 1982 en Alemania y en 1983 en Canadá, aparece la categoría Eiswein y Ice Wine respectivamente, con una legislación específica para su elaboración.
Las uvas se recogen en el hemisferio norte entre los meses de agosto y primeros días de octubre. Algo que marcará definitivamente la calidad del Ice Wine va a ser la temperatura en el momento de la vendimia y en el momento del prensado. En Alemania se exige prensar a -7° C, y en Canadá se exige hacerlo a -8° C. Es ahí, en el momento del prensado, cuando el órgano regulador introduce los termómetros. Para lograrlo la vendimia se efectúa de noche con prensas móviles y en el mismísimo viñedo, asegurando así el mantenimiento de la temperatura.
El prensado puede durar horas, ya que la fricción del hielo hace subir la temperatura. Por cada grado de temperatura que se sube se tiene entre un 3% y un 4% más de agua, lo que implica entre un 3% y un 4% menos de azúcar en la disolución. Las prensas que se utilizan son las hidráulicas verticales de cesta, las neumáticas horizontales aportan más sedimentos y más agua, se busca obtener menos jugo pero con una mayor concentración y en perfecto equilibrio con la acidez.
Si el prensado dura toda la noche, la fermentación dura meses. Se agrega una selección de levaduras compuesta por dos de las que mejor responden, la saccharomyces cerevisae y saccharomyces bayanus, que producen una buena cantidad de glicerol haciendo que el vino sea aún más untuoso. Terminada esta fermentación se continúa con los procesos normales para todo vino, se puede realizar la crianza en barricas o no. El estabilizado, clarificado y embotellado son los mismos como para cualquier vino.
A mediados de los ochenta, Canadá se convirtió en una potencia productora de Ice Wines y, a raíz de ello, protagonizó un hecho histórico que cambiará para siempre el devenir de la viticultura en Canadá. En 1991, Inniskillin recibe el “Grand Prix d'Honour du Bordeaux” en la Vinexpo por su añada de 1989 de su Vidal Ice Wine, siendo este el primero en conseguirlo. Esto situará a Canadá en el mapa vitivinícola mundial y emprenderá una verdadera revolución enológica en toda la región, con la proliferación de bodegas y elaboraciones de distintos vinos no sólo los Ice Wine. 

Los expertos de todo el mundo debaten si estos vinos son mejores cuando se consumen jóvenes o si al añejarlos evolucionan favorablemente, debido a que su alto contenido de azúcar y su grado de acidez le permiten un buen añejamiento por muchos años, otros sin embargo se oponen diciendo que el tiempo hace que pierdan su olor afrutado y fresco.
Al Ice Wine, se recomienda tomarlo como un vino de postre, con dulces, frutas frescas, chocolate amargo o también con queso parmesano y con el foie gras francés, que es considerado por muchos como el mejor maridaje de todos, o simplemente degustarlo en la sobremesa después de la comida. Es consumido en distintos países de manera diferente, por ejemplo en Alemania y Canadá es un buen aperitivo, en Estados Unidos lo disfrutan con sorbetes y mousses. Los italianos lo armonizan con queso azul, los españoles prefieren hacerlo con queso de cabrales o manchego de oveja y en Francia lo acompañan con roquefort. En definitiva es un vino para disfrutar y saborear sus mágicos aromas. Los Ice Wine se toman a una temperatura de entre 10-12º C, si se toman más fríos se afecta su extraordinaria calidad.

En otros lugares del mundo donde los viñedos no se hielan naturalmente debido al clima cálido del lugar, el proceso que siguen los viticultores para obtener un Ice Wine se denomina crio maceración y crio extracción. Este método de crio génesis artificial consiste en congelar las uvas cuando estas llegan al punto deseado de maduración y extraer después el mosto cuando todavía está totalmente congelado, obteniendo así, un resultado análogo al proceso natural pero mucho más seguro. Este proceso artificial permite dominar todo el proceso, mientras que mediante el modo natural se corren muchos riesgos debido a los parásitos o microorganismos que posee la uva por la sobre maduración, o por una maduración insuficiente, o por un proceso de prensado demasiado lento se arruina la calidad del vino de hielo natural, por esos motivos hay que extremar los cuidados del modo como se trata la uva para poder obtener así óptimos resultados.
En Argentina tenemos nuestro Ice Wine, lo hace Bodega Viña Las Perdices y, como no podía ser de otra manera, lo elaboran con uvas malbec. Obviamente en Mendoza los vinos se congelan artificialmente porque la temperatura no es los suficientemente baja. De todas maneras, las uvas se cosechan recién en junio, no en febrero como es lo habitual, con lo cual de forma natural se someten a la nieve y heladas para luego enfriarlas artificialmente. El enólogo conseja beberlo bien frió entre 6 y 8° C y posee una azúcar residual de 150 gr/L. Para vinificarlo se busca que el agua se transforme en cristales de hielo, para que eso suceda se enfrían las uvas por varios días hasta alcanzar temperaturas inferiores a los -8° C y de forma constante.
Bodega Viña Las Perdices es un emprendimiento que se caracteriza por sus constantes innovaciones como el Ice Wine. Juan Muñoz López, su esposa Rosario y sus hijos Nicolás, Estela y Carlos desarrollaron esta pujante establecimiento. La pasión por el terruño, la actividad vitivinícola y el desafío de la crianza de vinos finos de viñedos propios los animó a emprender este camino. Fue en 1952, cuando la familia emigró a La Argentina, de la mano de don Juan, quien decidió dejar su Andalucía natal, en el sur de España y llegar a Mendoza en busca de nuevos horizontes.
Nuestro Ice Wine es un varietal 100% Malbec de Agrelo, Luján de Cuyo. Su color es rojo cereza brillante, su aroma nos recuerda a las frutas rojas sobre maduras, a las pasas de ciruelas y guindas. Es un vino untuoso y complejo en boca con notas a ciruela seca y membrillo. Pose una excelente relación entre el azúcar y la acidez lo que le confiere una personalidad única, con un final de boca intenso y prolongado. Como todo Ice Wine acompaña perfectamente postres de chocolate, tarta de frutos rojos y dulce de membrillo.
Es imposible no probar esta rareza, hecha con nuestra cepa insignia y acompañado con una excelente patisserie y chocolates artesanales.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Mi experiencia con la gastronomía en Andalucía Parte I



2015, 9 a 19 de noviembre

Fueron días muy intensos en Andalucía. Recorrimos su cocina y sus vinos desde el momento en que llegamos, con la sola interrupción de un blanquito de Ribeiro, servido desde la bota, que resultó irresistible en Granada… ¿Pecado? Sí, pero venial, ¿no?
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I Los trenes del mundo

Habíamos elegido ir hasta Granada desde la bella Perpiñán. No era descabellado; pero la mejor combinación de trenes que encontramos nos dejaba en Málaga casi a media noche. La decisión de tomar ese camino nos dio un algo de pesadumbre. ¿Cómo estar en Málaga sin estar en Málaga? No formaba parte de nuestro plan de viaje, pero allí estábamos. ¿Cómo disfrutarla, entonces? No lo sabíamos…

El hotel Barceló, donde nos alojamos, se dispone sobre los mismos andenes de la estación María Zambrano, donde desembarcamos del tren. Nos instalamos y preguntamos por el restaurante. Nos dirigimos a él con la resignación de quien sabe muy bien que la cocina de los hoteles suele ser muy correcta, pero no sorprendente.

El restaurante En el Andén nos recibió con una ambientación hospitalaria y un servicio discreto. Pero lo que comí superaba la media de esos establecimientos. Una lubina grillada que brillaba por su frescura acompañada por un blanco de uva moscatel vinificado seco. Sí, fue un lujo encontrarme con el chozno de nuestro torrontés riojano. En ese vino, muy marino y apto para acompañar pescado, ya se anuncia el carácter floral y fiestero de nuestro gran blanco salteño.

Me sentí como en casa, bueno, a decir verdad, no es posible sentirse de otro modo en Andalucía… y sin embargo, aún me esperaba otra sorpresa.

La carta del restaurante era correcta, no demasiado extensa y con una buena selección de vinos; pero venía acompañada por otra que me pareció una carta de estación. En la cabeza de ésta, se leía el siguiente título: “Pop Up, Food & Train”. ¿Estaba frente a una auténtica experiencia “pop up” que el restaurante ofrecía? No lo sé, ni lo pregunté porque cuando me puse a examinar el contenido ya había pedido mi lubina.

Con todo, lo más impactante fue la elección temática del pop up, los platos eran introducidos por trenes famosos del mundo. Después de ofrecer queso malagueño y jamón ibérico se sucedían propuesta como “Caballa ahumada con blinis y sus salsas (Rusia)”, debajo del título “Transiberiano”.

Seguí leyendo hasta que llegué al título “De las Nubes” que ofrecía “Bife de chorizo 350 gr (Argentina)” y “Trilogía de dulce de leche (Argentina)”.

El desayuno fue igualmente fantástico. Caña de lomo de ibérico y Pan con tomate que me preparé con lo que allí había. Esta vez no me ocurrió lo de Andorra, pude rallar la tostada con un diente de ajo que me entregaron, ni bien lo solicité… No puedo explicarles la sonrisa de la moza cuando pedí el ajo, la atravesaba una luz llena de rubor y satisfacción a un tiempo, el gesto de quien es sorprendido en el secreto de su identidad en un lugar inesperado…

Ese desayuno que, de entrada, nos había parecido caro, nos llenó de felicidad y nos metió a disfrutar de sol de Andalucía de un sopetón…

II Galicia en Granada

Nuestro primer almuerzo en Granada no pudo ser más herético, comimos en un restaurante gallego (Mesón Fogón de Galicia). Almejas a la marinera y ensalada de pimientos asados y un vinito blanco de Ribeiro servido en unos cuencos de loza directamente de la bota, fresco y liviano, sin excesos de acidez ni dulzura… ¡Qué bien se dejó tomar en la tierra del sol permanente!

En el almuerzo siguiente, no pudimos resistirnos e insistimos. Al vino blanco de Ribeiro lo acompañamos, en esa oportunidad, con un “Pulpo a la gallega” (así rezaba la carta).

III Gastronomía en Granada

El restaurante gallego me impidió tomar una idea más acabada de la restauración granadina. Sin embargo, pudimos observar que hay varios circuitos o polos gastronómicos en la ciudad. Frecuentamos el de la calle Navas, donde está Fogón de Galicia, que se extiende a partir de la Plaza del Carmen, frente al palacio del Ayuntamiento.

También hay varios bares de tapas en el Paseo de los Tristes, en el barrio del Albaicín. Pero sólo están abiertos de día en esta época del año. Pudimos comer algo en uno de ellos que encontramos abierto gracias a la persistencia de algunos parroquianos (en Cádiz nos enteramos que noviembre no es un mes propicio para las recorridas gastronómicas en la región).

Dimos con otro sitio de bares de tapas en la calle que se abre desde la Plaza Alonso Cano que enfrenta el edificio de la Catedral. Lo descubrimos casi de casualidad, cuando llegamos hasta esa iglesia gracias al encanto con que nos atrajo el pasaje Alcacería, por el que decidimos transitar nuestras fantasías ilusorias de mercados orientales a la sombra de la sed del desierto. Pero este sitio nos quedaba bastante de lado en nuestras correrías por la ciudad…

… y tal vez nuestra herejía gallega no haya sido casual.

Lo cierto es que el gazpacho que tomé en aquel bar del Paseo de los Tristes y unas tapas muy buenas que tomamos con vino Rioja en un bar sobre la Carrera del Darro a 50 metros de Santa Inés, en nuestra última noche en Granada, fue el único contacto que tuvimos con la gastronomía local.

IV La Rioja en Jerez de la Frontera

Por sugerencia del conserje del hotel fuimos a comer un par de veces al restaurante Cuchara de palo. Se encuentra en el hotel de la cadena NH de la Avenida Alcalde Álvaro Domecq de Jerez de la Frontera.

Alguna independencia debe tener del hospedaje porque no es necesario ingresar al lobby para acceder a él de una servidumbre de paso, una de sus puertas se abre a la avenida.

El restaurante, moderno y minimalista en su ambientación, tiene una propuesta gastronómica local: todos los platos se ofrecen en dos tipos de porciones, tapa y ración; se pueden comer especialidades andaluzas (el infaltable pescadito frito), españolas (v. g., croquetas) e indianas (ceviche, burritos, etc.).

La carta de vinos es buena. Los consabidos tintos de Rioja y Ribera del Duero forman línea con los vinos de Jerez, especialmente, se destaca el oloroso (especialidad que Jean Louis Daniel, mi cuñado, nos había recomendado antes de salir de Francia).

Todo es oficiado con singular maestría por el cocinero a cargo, Carlos Herrero Puerto, a quién tuvimos oportunidad de conocer cuando regresamos a comer por la noche.

Carlos es Andaluz, pero está vinculado con la Rioja (su padre es oriundo de Arnedo) y nuestra América (uno de sus bisabuelos emigró a La Argentina y su mujer es ecuatoriana). Hablamos de muchas cosas, del vínculo y el trasiego de productos, personas e ideas entre América y España (en especial con Andalucía, a través de la Provincia de Cádiz). Hablamos de cómo ese intercambio influyó sobre la música andaluza y sobre su cocina y sobre las nuevas síntesis que lenta y cotidianamente se produce.

Entre otras cosas, nos recomendó que fuéramos a visitar el puerto de Bolonia, no fue el único, por cierto. De pronto, como en entre sueños, nos describe esa pequeña aldea de mar donde se puede descansar y comer muy bien. Pero, a pesar de la fuerte incitación que nos provocó el relato, desistimos de corrernos hasta allí porque estaba muy lejos de nuestro camino.

Los burritos con ibérico confirman lo que hemos hablado con Carlos. Una idea gastronómica de América, convertida en algo muy local por la vocación de intercambio que reina en la provincia portuaria de Cádiz. Probar las Croquetas de ibérico acompañándolas con un buen oloroso local es hacer realidad un placer soñado.

V Pescadito frito

Jeréz de la Frontera nos dio mucho más… y no sólo el cante en la voz quebrada de Jesús Méndez en la peña La Bullería, sino también en las mesas de su gastronomía que la ciudad vive con orgullo.

Recorriendo el centro histórico de la ciudad accedimos a la catedral. La empleada de la taquilla nos dio una breve explicación sobre lo que veríamos en el edificio; pero su relato se hizo moroso, y delicioso, cuando se detuvo en recomendarnos restaurantes y espectáculos de flamenco… ya su compañero nos explicaría los secretos del cuadro de Zurbarán que se conserva en el tesoro de la iglesia.

Guiados por sus consejos fuimos a comer Pescaíto frito al restaurante La Marea, muy cerca de la Plaza del Arenal (según ella, el mejor restaurante de pescados de la ciudad). No sólo comimos y bebimos muy bien protegidos del sol por la estrecha disposición de la calle San Miguel, sino que nos atendió Marcos, el responsable de la cocina.

El hombre posee refinados conocimientos de su oficio y es dueño de una actitud de búsqueda obsesiva de los mejores productos. El mozo nos confesó que lleva una aplicación en su celular que lo mantiene informado de las novedades de la pesca en todo la provincia de Cádiz y que es capaz de recorrer los más de 100 km que separan Jerez de Bolonia, si el producto que allí ofrecen los pescadores, lo amerita. En sus mesas, compartimos con Haydée unas Pijotas (merluzas pequeñas) y unos Salmonetes fritos que estaban de rechupete. Abrimos el apetito con un Pedro Ximenéz dulce, pero acompañamos la comida con un amontillado de complejas profundidades que parecía evocarnos algas marinas.

Un párrafo adicional para los vinos de Jerez. No alcanza con decir que son únicos, que los son, se destacan también por la variedad. Percibo que habría que pasarse una larga temporada en la Provincia para aprender algo de ellos. Pero, aún con esa limitación, disfrutamos de cada sorbo como si hubiésemos llegado a un paraíso.


sábado, 29 de octubre de 2016

Vivir a carne y agua (1826)



Los textos que se exponen a continuación fueron tomados del libro de F. B. Head que publicó Hyspamérica en cuidada edición en 1986(1). Sin embargo, a pesar del cuidado señalado, y a diferencia de otros volúmenes de la Biblioteca Argentina de Historia y Política de la mencionada editorial, éste carece de referencias sobre la edición original que se tomó para la traducción Carlos A. Aldao. Los comentarios sobre la vida y la obra de Head, los he tomado del texto de la contra tapa que también carece de referencias.
Francis Bond Head era un ingeniero militar que fue designado en 1825 como gerente para la Argentina de la Río de La Plata Mining Company, una de las dos empresas que se constituyeron para explotar las riquezas de Famatina. En 1826, cuando el proyecto naufragó, regresó a Inglaterra. Ese mismo año, publicó sus impresiones sobre la Argentina y Chile.
Vivir a carne y agua fortalece el cuerpo
“Cuando crucé primero las Pampas iba con un carruaje, y aunque estaba acostumbrado a cabalgar toda mi vida, no podía seguir a los peones, y después de galopar cinco o seis horas me veía obligado a entrar al carruaje; pero después de andar montado tres o cuatro meses, y alimentándome a carne y agua, me encontré en un estado que sólo puedo describir diciendo que sentía que ningún esfuerzo me mataría. Aunque siempre llegaba completamente cansado, hasta el punto de no poder hablar, pocas horas de sueño en el recado me reponían tanto que, por una semana, podía diariamente andar a caballo desde antes de salir el sol hasta dos o tres horas después de ponerse, y cansar efectivamente diez o doce caballos por día. Esto explicaría las distancias inmensas que se dice cabalgan los sudamericanos, y afirmo que pueden hacerse solamente con carne y agua.
”Al principio el galope constante abomba la cabeza y, con frecuencia, he estado tan aturdido al desmontar que apenas me tenía en pie; pero el organismo se acostumbra por grados y luego se convierte en la vida más deliciosa posible que se pueda disfrutar. Es deliciosa por su variedad y por la manera natural de reflexionar que fomenta, pues, en el gris matinal, cuando el aire está todavía helado y tónico, cuando los ganados parecen salvajes y amedrentados, y cuando la Naturaleza entera tiene aspecto de juventud e inocencia, uno se permite aquellos sentimientos y meditaciones que, a tuerto o a derecho, es tan agradable acariciar; pero el calor diurno y la fatiga corporal, gradualmente traen a la mente la razón; antes de ponerse el sol muchas opiniones se modifican y, como en la tarde de la vida, se ven atrás con melancolía las apacibles locuras de la mañana.”(2)
Notas y Bibliografía: 
(1) 1986, Head, F. B., Las pampas y los Andes, Buenos Aires, Hyspamérica.
(2) Ídem, pp. 39-40.