sábado, 13 de marzo de 2021

Riquezas ocultas en la cocina de La Quebrada de Humahuaca – Parte I: Quebrada de Humahuaca; Continente del maíz

Reflexionar de manera fundada acerca de la cocina argentina supone la superación de prejuicios y la adopción de herramientas que exciten las neuronas.

Salvo indicación en contrario, las imagen pertenecen al autor

El primer prejuicio a remover es la idea ampliamente aceptada de que la cocina argentina no existe. El segundo es otra idea asociada a una voluntad secular que hace pensar que la argentina representa una identidad nacional diferenciada del continente en el que está inserta, como si las líneas que delimitan nuestro país determinaran un modo de ser diferenciado claramente de lo que ocurre del otro lado de esa línea.

Hace más de diez años que vengo publicando textos en los que intento dar cuenta de la falacia de suponer que la cocina argentina no existe y que todo lo que comemos bajó de los barcos en los atados de los inmigrantes. La falacia se sostiene en el hecho de que muy pocos platos son originarios de nuestro país. Es más, cuando se consideran platos típicos de las regiones de la argentina interior, se les atribuye también un origen extranjero (v. g., los platos típicos de Cuyo son chilenos).

No me cansó de insistir que lo que le da identidad a un plato no es el origen, sino la acogida que se hace de él. Acogida operada por un determinado colectivo social que lo adapta a sus gustos y posibilidades y lo formaliza en una receta diferente al original. El ejemplo más claro es el del plato japonés que conocemos como tempura. Se trata de una receta originaria de Europa, más precisamente en Portugal (la palabra, en su morfología latina, no nos deja lugar a dudas). Sin embargo, la receta japonesa actual se diferencia sensiblemente de las fórmulas similares que se siguen utilizando en Portugal y en la Andalucía española.

Tomada en el desayunador de Sala de Payogasta

El otro prejuicio lo veremos impactar sobre los temas que desarrollaré en estas notas. El prejuicio que delimita y aísla la Nación Argentina del resto del Continente es un artificio político que tiene un sustento histórico en los últimos 160 años. Debemos recordar que esta parte del continente recibió el nombre que la identifica con la publicación del poema de Martín del Barco Centenera en 1602. (1) Es decir, La Argentina es muy anterior a ese recorte. Con todo, el ilusorio futuro de La Argentina separada culturalmente del resto del Continente Luso Hispano Americano ha tenido políticas públicas activas para reforzar esas líneas fronterizas como separaciones desde la bata la de Pavón (1861) hasta por lo menos la constitución del Mercosur hace poco más de treinta años.

Haré el esfuerzo por seguir desmantelando esos prejuicios, pero no puedo actuar solo. Necesito herramientas que permitan sostener mis reflexiones. Voy munido de mis conocimientos sobre la historia de los argentinos y de un conjunto de textos de consulta permanente que contienen recetarios y estudios historiográficos y antropológicos. (2)

Adicionalmente me siento acompañado por Silvia Castillo oriunda de La Provincia de Jujuy y poseedora de conocimientos y vivencias sobre los temas que voy a desarrollar aquí. Ya he publicado algunos textos con su colaboración que también van a apoyar estas reflexiones. (3)

I ¿Por qué La Quebrada de Humahuaca?

La cocina argentina como tal no existe, mejor dicho, existe moderadamente. Sólo hay un puñado de platos que se cocinan, a veces con notables variantes, a lo largo y a lo ancho de nuestro país (milanesas, empanadas, asados, etc.). Lo que sí existen son “las cocinas argentinas”, es decir, las cocinas que se desarrollaron en distintas regiones de La República.

La imagen pertenece a Silvia Castillo

Las cocinas nacionales, por lo general sólo son el agregado de las cocinas regionales que componen a los territorios que constituyen cada Estado. Pasa con la cocina argentina, pero también pasa en Perú, en España, en Francia, en México, sólo por poner algunos ejemplos.

En el caso de La Argentina, se pueden diferenciar las tradiciones culinarias en cinco regiones que se encuentran enraizadas en Nuestra América. Ellas son la Patagonia y Cuyo vinculadas a Chile, el Noroeste relacionado con Chile, Bolivia y Perú, el Nordeste asociado a la cocina de la República del Paraguay y de algunos estados de la República Federativa del Brasil y las Grandes Llanuras que se extienden desde el pie de Los Andes hacia el Océano Atlántico e incluye la República Oriental del Uruguay y el Brasil Gaucho (Estado de Río Grande do Sul).

Las ciudades de Buenos Aires, Rosario, Montevideo y Porto Alegre pertenecen a esta última región, pero ofrecen una tradición culinaria con algunos ribetes propios.

Las indagaciones que me propuse llevar adelante se enfocan en la Cocina del Noroeste Argentino. Esa tradición tiene un acervo (recetas, productos, técnicas de cocción, condimentos, etc.) común que le confiere cierta unidad geográfica e histórica. Sin embargo, las recetas contienen variantes de provincia a provincia e, incluso, de zona en zona dentro de cada provincia. Por ejemplo, las sazones de los guisos varían en la provincia de Salta en el Chaco, el Valle de Lerma, el Valle Calchaquí y la Puna.

La imagen pertenece a Alfredo Ureta

Podría haber elegido considerar la tradición in extenso tomando ejemplos de toda la región; pero elegí trabajar sobre la cocina de La Quebrada de Humahuaca. ¿Por qué? Porque cuento con la compañía tan entusiasta como sabedora de Silvia Castillo quien, como el lector ya sabe, nació en San Salvador de Jujuy, ha pasado largas temporadas en Tilcara, y nunca perdió el vínculo físico y espiritual con su tierra.

Esta decisión tal vez permita una indagación más profunda sobre esta tradición culinaria que los porteños conocemos parcialmente.

No pasaré revista, en los siguientes acápites, a las recetas concretas que publicaré en otros artículos, sino a técnicas y procesos de producción de alimentos propios, aunque no exclusivos de La Quebrada de Humahuaca en la Provincia de Jujuy.

II El continente del maíz

América es maíz. El maíz es el único producto vegetal cuyo cultivo atraviesa el continente de norte a sur desde antes del arribo de los conquistadores españoles. Quizás un símbolo viviente de esa expansión del producto lo encontremos en una de los usos más frecuentes, el tamal.


¿De qué modo se come el maíz? Debemos considerar la pregunta en dos perspectivas. Según el grado de maduración y según el tipo de molienda.

El maíz se consume desde antes de estar maduro, cuando los granos son tiernos. El choclo, también llamado elote, puede ser cocido en guisos o asado, directamente sin desgranar. Así lo vemos, en platos tradicionales argentinos como el puchero pampeano y la carbonada. Va muy bien en la parrilla junto a carnes y otras verduras. Desgranado se lo usa en guisos como el huaschalocro o en sofisticadas preparaciones de la cocina francesa, como la crema de choclo que acompaña a la suprema de pollo a la maryland. Rallado sirve para hacer humitas y pastel de choclo (en el Noroeste Argentino) y chipa guazú (en el Nordeste).

La imagen pertenece a Silvia Castillo

Se lo consume también cuando los granos están secos, es decir cuando la mazorca está madura. En este momento se utilizan distintos grados de molienda: entero (mote), partido (el que se usa para el locro), frangollo (molienda de grosor mediano) y harinas de maíz de distinto refinamiento. Ya veremos en otros acápites de estas notas como se pela el maíz, como se le quita el germen y como se lo muele, en forma casera o industrial.

¿Hay otra manera de comer maíz? Sí, la chuchoca. Cuando el maíz ha empezado a secarse, se lo cocina. Luego se ponen las mazorcas al sol para que se deshidraten. Finalmente se quitan las chalas y se conservan los granos. Para usarlos es necesario pelarlos en un mortero.

Este modo de tratar el maíz es propio de los valles y la puna cordillerana en el Noroeste Argentino. Allí el clima es seco y permite la deshidratación de los choclos cocidos. He seguido aquí las explicaciones que me dio Julio Ruíz de los Llanos en Payogasta, en el Valle Calchaquí Norte, Provincia de Salta (publiqué un texto de su autoría sobre el tema en El Recopilador de sabores entrañables). (4)

Ir a Parte II (Molinos hidráulicos en
La Quebrada)

Notas y referencias:

(1) 1602, Barco Centenera, Martín del, La Argentina y Conquista del Río de la Plata: con otros acaecimientos de los reynos del Perú, Tucumán y estado del Brasil, Lisboa, Pedro Crasbeek.

(2) Entre otros:    
1990, Elichondo, Margarita, La cocina criolla. Memoria y recetas, Buenos Aires, Ediciones del Sol, 2008.  
1991, Martelli, Juan Carlos y Spinosa, Beatriz, El libro de la cocina criolla, Buenos Aires, Edicol.       
2009, Pozzi de Hinojosa, Luisa Angélica, Las mejores recetas de la cocina regional salteña, Salta, Editorial Hanne.  
2010(c), Presidencia de la Nación, Ministerio de Desarrollo Social, Sabores del sur: de la cordillera al mar, Gamarra, María Liliana, Proyecto Recetarios Regionales, leído el 14 de febrero de 2020 en http://www.desarrollosocial.gob.ar/Uploads/i1/2-%20Recetas%20NOA.pdf       
2014, Irigoyen, Dolli, Producto argentino, Buenos Aires, Planeta. 
2019, Courtois, Patricia, Viaje al sabor, Buenos Aires, Planeta.               
2002, AAVV, La cocina como patrimonio (in)tangible, Primeras jornadas de patrimonio gastronómico, Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pp. 11-26, 2002, 1º edición.

(3) 2021, Aiscurri, Mario, “Silvia Castillo, conversaciones sobre la cocina de la Quebrada de Humahuaca”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2021/01/silvia-castillo-y-la-conservacion-de-la.html el 6 de marzo de 2021.

(4) 2002, Ruiz de los Llanos, Julio, “Locro de Chuchoca”, en El Recopilador de sabores entrañables, leído el 23 de febrero de 2020 en https://elrecopiladordesabores.blogspot.com/2015/08/locro-de-chuchoca.html.


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