viernes, 15 de abril de 2016

Sopa de Tortuga de María Luisa Martínez

Con esta pieza, inicio la publicación de las recetas porteñas que publicó Juana Manuela Gorriti en Cocina Ecléctica, su libro de 1890. Me pregunto si se trata de una preparación frecuente en la mesa de los hogares de la burguesía o, simplemente, si estamos frente a una moda.

¿Qué nos dice la autora? Introduce la receta con el siguiente párrafo:
“Este plato tan celebrado, y cuya presencia, en el menú de los hoteles tiene el honor de ser anunciada por la prensa, se confecciona de la manera siguiente:”(1)
En la Buenos Aires, como seguramente ocurría en otras grandes ciudades del mundo, a fines del siglo XIX, la cocina internacional (de ortodoxo academicismo francés) tenía su lugar de difusión en los grandes hoteles. De modo que nuestra autora nos informa de la presencia de esta sopa en sus menúes, pero nada nos dice sobre su presencia en las mesas familiares. Sin embargo, es precisamente en esas palabras pronunciadas y en este silencio desde donde podemos inferir que es razonable especular con que no formaba parte de la dieta cotidiana, pero que había que tenerla en cuenta como una oportunidad para el refinamiento de los gustos culinarios.
En el mismo sentido, es decir, en relación con los hábitos culinarios de la burguesía argentina de fines del siglo XIX y comienzos del XX, dice la Dra. Patricia Aguirre:
“Surge una clase alta opulenta que copia la cocina y los estilos de vida franceses en la vida pública y mantiene una endococina “porteña” al igual que la clase media. Esta es una mezcla de platos italianos, españoles y antiguas recetas criollas. La aparición de esta cocina de fusión nos da la pauta de la integración de los migrantes ya que sus comidas pasan pertenecer a la sociedad receptora.”(2) 
Para abundar en la comprensión de este plato y de su contexto cultural, revisé su presencia en los recetarios tradicionales argentinos. Efectivamente, figura en todos ellos, aún en las ediciones más modernas. La única excepción excepción la encuentro en el libro de doña Petrona(3). Es sabido que todos los textos que consulto habitualmente, salvo el de la Sra. Carrizo de Gandulfo, fueron escritos por hombres y mujeres de la alta burguesía nacional (tales son los casos de Teófila Benavento(4), Marta(5), José Eyzaguirre(6) y Doña Lola(7)). Esta constatación parece darnos la prueba de la validez del aserto de Aguirre. El hecho no es ni bueno ni malo, simplemente es.
Sin embargo, percibo un cierto gesto de tilinguería en estas publicaciones... es que en casi todos los libros, las recetas, o algunas de las recetas... bueno... pero no, en fin...
Los invito a leer la propuesta de María Luisa Martínez publicada en el capítulo de Sopas de Cocina Ecléctica, y a practicarla si consiguen la carne de tortuga.
...Y me quedo aquí porque, aunque desde hace muchos años hay técnicas para preparar sopa de tortuga falsa, no quiero inducirlos a la herejía...
Bueno, ya que insisten les cuento que hay recetas de sopa de tortuga simulada en casi todos los libros mencionados, les propongo consultar las que están impresas en el Arte de Cocina, libro que se publicó hace casi un siglo en San Miguel de Tucumán(8)...  
Sopa de tortuga
Fuente (fecha)
Receta enviada por María Luisa Martínez desde Buenos Aires
Ingredientes
Dos libras de carne de tortuga.
Tres onzas de mantequilla.
Cuatro dientes de ajo.
Dos onzas de maní tostado.
Una cebolla.
Jugo de tomate c/n.
Perejil.
Sal.
Cuatro tasas de caldo.
Un vaso de vino.
Pimienta.
Preparación
1.- Lavar bien dos libras de carne de tortuga y ponerla en una cazuela esmaltada.
2.- Freír la carne con tres onzas de mantequilla; añadiendo cuatro dientes de ajo molido, dos onzas de maní tostado e igualmente molido, cebolla en rodajas, jugo de tomate, perejil picado y la correspondiente sal.
3.- Cuando todo está bien frito, echar cuatro tazas de buen caldo y un vaso de vino. Luego sazonar y dejar hervir hasta que esté bien cocida.
4.- Servir en una sopera en donde se la espolvorea con pimienta  
Citas y referencias:
(1) 1890, Gorriti, Juana Manuela, Cocina ecléctica, Buenos Aires, Félix Lajouane Editor (Librairie Générale), 1890. Leído en  http://www.biblioteca.clarin.com/pbda/miscelanea/cocina_eclectica/cocina_00indice.htm, el 4 de noviembre de 2011.
(2) 2006, Aguirre, Patricia, “Buenos Aires puerto de ideas”, Bio & Sur (Asociación de Bioética y Derchos Humanos), Simposio la Comida en las ciudades portuarias, leído el 6 de octubre de 2012 en   http://www.biosur.org.ar/articulo_21_02_06.html.
(3) 1934, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1940, edición 11°.
(4) 1894, Benavento, Teófila, La perfecta cocinera argentina, Buenos Aires, s/pie de imprenta, edición de 1940, pag. 346.
(5) 1914, Cocina tradicional argentina por Marta, Buenos Aires, Distal, nueva edición de La cocinera criolla, facsímil de una edición más moderna (no indica fecha), 2010, pag. 94.
(6) 1944, L. P. de P., El arte de la mesa. Recetario de doña Lola, Buenos Aires, Guillermo Kraft LTDA, pag. 51.
(7) 1946, Eyzaguirre, José, El libro del buen comer, Buenos Aires, Editorial Saber Vivir, 1946, 2° edición, pag. 144.
(8) 1920, Congregación de Hijas de María y Santa Filomena de Tucumán, El arte de cocinar, San Miguel de Tucumán, Universidad Nacional de Tucumán, 2011, 6º edición, pp. 79-80.


Sábalo al natural de Carmen Weigel

Juana Manuela Gorriti incluye esta receta de sábalo que le envía la señora Weigel desde Buenos Aires en el capítulo “Pescados” de su Cocina Ecléctica.

¿Llama la atención la presencia de una receta hecha con un pescado considerado popular y de menor valor gastronómico en un recetario de la  burguesía? Si se lee con atención el libro de Gorriti, se podrá ver que esta no es el único plato que propone con esta especie de pescado, ni tampoco la única receta en la que se promueve el rescate de los valores nacionales y populares en la cocina. Hay otras, como la del churrasco y la del mate, en la que se hace alarde de este rescate. Esta presencias y estos subrayados nos permiten caracterizar a la burguesía que Juana Manuela representa con los atributos de “alta” y “nacional”.
Sin exceso de devaneos ideológicos, antes de ir a la receta de Carmen Weigel, propongo leer un pequeño artículo estampado apenas unas líneas más abajo en el mismo capítulo del libro. Se llama “Mojarras”, su autora es Juana M. Cabrera y dice:
“Llaman así los gauchos, no sólo al pececillo marino de este nombre, sino a todo pez pequeño, sea de raza, o en crecencia. De estos últimos, el sábalo y la yusca son, en ese estado, muy apetecidos, por lo tierno y sabroso de su carne, mucho mejor que la del pescado grande, para estofarla o ponerla en guiso.”(1)  
Ahora a la receta que lleva una técnica tan sencilla como sofisticada.
Sábalo al natural
Fuente (fecha)
Enviada por Carmen Weigel de López Benedito desde Buenos Aires.
Ingredientes
Un sábalo fresco y entero.
Agua.
Sal gruesa.
Manteca.
Hierbas finas.
Sal.
Pimienta.
Jugo de limón.
Mostaza (opcional).
Jugo de tomates (opcional).
Aceite (opcional).
Vinagre (opcional).
Ajíes verdes (opcional).
Preparación
1.- Sumergir el sábalo, después de escamarlo, abrirlo y limpiarlo, por una hora en agua bien salada.
2.- Rellenar la pieza con mantequilla, a la que se le mezcla un puñado de hierbas finas bien picadas y el debido sazonamiento de sal y pimienta. Poner, también, manteca saborizada del mismo modo en el interior de dos cortes que se harán al sábalo, en la espalda, a lo largo de la espina dorsal. 
3.- Envolver en un papel untado de mantequilla y poner a cocer en la parrilla, a un fuego moderado.
4.- Cuando esté bien cocido, quitar el papel y servir, rociado con el zumo de un limón y acompañado con una salsilla picante, presentada aparte en una salsera, ya sea de mostaza con jugo de tomates, ya de aceite y vinagre con ajíes verdes.
Comentarios
1.- La autora no aclara cómo nos damos cuenta que el pescado está cocido, ni cómo preparar las salsas.
2.- Tampoco aclara en qué consisten sus “hierbas finas”.
3.- He visto a gentes de pueblo hacer estas cocciones asadas de pescados en papillote rústico, utilizando papel de diario mojado. Muy interesante. Tan interesante como utilizar este pescado considerado de consumo popular.  
4.- En la descripción del procedimiento, conservé el léxico de la autora (“mantequilla”, “zumo”, etc.); recurriendo a las palabras rioplatenses actuales en el listado de ingredientes. 
Citas y referencias:
(1) 1890, Gorriti, Juana Manuela, Cocina ecléctica, Buenos Aires, Félix Lajouane Editor (Librairie Générale), 1890. Leído en  http://www.biblioteca.clarin.com/pbda/miscelanea/cocina_eclectica/cocina_00indice.htm, el 4 de noviembre de 2011.


martes, 12 de abril de 2016

LA PAMPA

Willy Cersósimo
Abril de 2016
-¿Vinos en La Pampa?
-Sí, vinos en la Pampa !!!!!!! Y que vinos !!!!!!
Las imágenes pertenecen al autor 
En el año 2001, comenzó la aventura. Por algunos años Bodega del Desierto fue la única de la provincia, ahora ya no, comenzaron dos emprendimientos nuevos.
La Bodega del Desierto se encuentra instalada en la localidad de 25 de Mayo, rincón sudoeste de la provincia de La Pampa en la región del Alto Valle del Rio Colorado, en la parte norte de la Patagonia.
La Colonia Agrícola y Pastoril 25 de Mayo se fundó el 26 de julio de 1909 en el Departamento de Puelén. Las características de su historia, de su conformación urbana y de los elementos que rodean la vida del pueblo, son muy distintas a las de la mayoría de las poblaciones del este y el norte de la provincia de La Pampa. Posteriormente simplificó su nombre, pasó a llamarse Colonia 25 de Mayo y luego solamente en la mención de la celebración patriótica, sin el término "colonia". La fundación de 1909 significó la concreción oficial de un afincamiento de gente que ya se encontraba en el lugar aproximadamente 30 años atrás llevando adelante distintas experiencias productivas y eso fue posible gracias a otro decreto del mes de agosto 1879, que reservó tierras fiscales a ambas márgenes del Río Colorado para que se formaran pueblos y colonias.
A fin del siglo ya había familias establecidas en tierras fiscales a orillas del río, en Colonia El Sauzal, Colonia 25 de Mayo e Isla de Colonia Chica, se trataba de inmigrantes españoles, de pobladores llegados desde Río Negro, San Luis, Mendoza e incluso desde Chile. Estos poblados, más bien caseríos, se dedicaban a cultivar la tierra y a la crianza de animales. Lo que marcó de una vez y para siempre a los pobladores que tan trabajosamente trataban de afincarse en el lugar, fue la trágica inundación ocurrida el 30 de diciembre de 1914. La misma se produjo por el desborde de la laguna Carri Lauquen, arrasando a su paso toda la zona ocupada por la colonia agrícola, provocando que cientos de sus habitantes perecieran ahogados. Esto determinó la construcción, años más tarde, de un dique sobre el Rio Colorado el que a su vez permitió el riego en la zona.
Tenemos que llegar a la década del ‘50 para que se dieran los pasos que permitirían el futuro aprovechamiento compartido del Río Colorado. Fue en ese momento, cuando la localidad de 25 de Mayo se conformó de forma definitiva, gracias al regadío que es fundamental en esa área de escasas lluvias anuales.
El municipio de 25 de Mayo se encuentra, como dijimos, en el Departamento Puelén, que es el más extenso de La Pampa, tiene un amplio radio. Sus límites son el propio río Colorado, el meridiano oeste de la provincia y los ejidos de Limay Mahuida, La Reforma, Puelches y Gobernador Duval. En esta última población, se está desarrollando en la actualidad una nueva bodega. 25 de Mayo es, en la actualidad, la cuarta ciudad de la provincia. Cuenta aproximadamente con unos 11.000 habitantes. Gracias a su producción de petróleo y gas que fueron descubiertos en el año 1971, es la más importante de la provincia y la de mayores ingresos debido a las regalías que percibe a causa de los hidrocarburos. Posee además, numerosas escuelas, un hospital y funciona allí el Ente Provincial del Río Colorado, siendo por lo tanto la “Capital Provincial de la Alfalfa y el Petróleo”.
El constante empuje de esta joven ciudad se percibe por el firme avance de sus obras, augurándosele un futuro muy promisorio debido a que su producción es altamente diversificada. Ello es así gracias a las 85.000 hectáreas con posibilidades de riego que se agregaron a partir de la creación del Sistema de Aprovechamiento Múltiple del Río Colorado. Se encuentran en la margen pampeana del río. Con la introducción de la tecnología de punta se logró alcanzar niveles productivos de gran escala en el cultivo de trigo, maíz, soja, alfalfa y por supuesto de la vid. Su producción frutihortícola brinda diversas y atractivas posibilidades mediante la obtención de excelentes frutas y verduras. Además la cercanía del río permite entre otros beneficios el aprovechamiento de sus aguas para la generación de energía; encontrándose, en su curso la central, Los Divisaderos, obra de envergadura capacitada para producir 10.000 Kw. por hora, energía que se aporta al Sistema Interconectado Nacional.
Al encontrarse emplazada, 25 de Mayo, en el Alto valle del Río Colorado, en el desierto pampeano-patagónico, su clima se puede considerar como continental moderado, con otoños y primaveras suaves, veranos cálidos e inviernos fríos, soplan fuertes vientos fríos y secos. Hay una vegetación xerófila, arbustiva, a excepción de las riberas mismas del río, donde abundan las salicáceas. La roca madre es del período Terciario Inferior, presentando fósiles marinos de fácil localización. Desde las partes más altas se divisan algunas de las grandes montañas volcánicas que preceden la Cordillera de los Andes. Su temperatura media en verano es de 24,2º C y en invierno es de 6,7º C. La amplitud térmica media anual, diferencia entre la temperatura máxima y mínima media, es de 15,7º C. Las heladas se extienden de abril a octubre. La precipitación media anual registrada es de 262,1 mm. La heliofanía relativa media anual es de 57%, correspondiendo la mayor a los meses de enero y febrero cuyos valores son 71% y 72% respectivamente y se encuentra a una altura de 330 metros sobre el nivel del mar. Como vemos las condiciones son óptimas para el cultivo de la vid.
Bodega Del Desierto es la primera bodega patagónica ubicada en La Pampa, en el Alto Valle del Río Colorado, localidad de 25 de Mayo, extremo oeste de la Ruta del Desierto. El proyecto nace con el objetivo de elaborar vinos de alta gama. Cuenta con tecnología de última generación y un equipo técnico y humano comprometido con la elaboración de productos de calidad.
En el no tan lejano año 2001, un equipo de empresarios argentinos, Juan Carlos Collín, Gonzalo D’hers y el Ingeniero Armando Losón (h), con un incipiente pero claro interés en el vino observaron el potencial en bruto y sin explotar que tenía el suelo de la parte norte de la Patagonia. Su visión se complementó con un calificado grupo de expertos que poseían el mismo espíritu pionero. Después de sentir e interpretar ese paisaje único y desafiante, decidieron plantar las primeras vides de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Syrah y Chardonnay. El enólogo Sebastián Cavagnaro es quien se encargó a partir de ese momento y hasta la actualidad de llevar adelante el seguimiento del viñedo. En el año 2003 se agregaron los varietales Malbec, Pinot Noir, Sauvignon Blanc y Viognier, llevando la viña a una superficie total de 140 hectáreas. Se trajeron barricas de roble de Francia y Estados Unidos, además se recicló una instalación ya existente de 2.500 metros cuadrados para dedicarla a la elaboración y el almacenamiento de los caldos. Contando también desde ese mismo año con el asesoramiento integral del famoso enólogo americano Paul Hobbs.
Hoy, más de diez años después de la primera cosecha allá por el 2004, Bodega Del Desierto continúa superando con orgullo sus propias expectativas sobre la vitivinicultura austral. Cada año que pasa el desierto patagónico ofrece con su inagotable generosidad revelando secretos nuevos e inesperados que se transforman en aromas seductores y sabores cautivantes. El enólogo Sebastián Cavagnaro además de realizar el seguimiento del viñedo, se encarga del día a día de los vinos que conforman las tres líneas que comercializa la bodega las que son: Desierto 25, conformada por una línea de varietales, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Syrah, Malbec, Pinot Noir además de un excepcional Blend. El 70% del vino reposa en barricas de roble francés y americano por 9 meses. La línea top de alta gama se denomina Desierto Pampa y cuenta con los varietales Chardonnay, Syrah, Cabernet Franc, Malbec y un Blend espectacular que se complementa con un sugestivo Viognier dulce cosecha tardía. En esta línea los tintos reposan 18 meses en barricas de roble francés y americano. Por último tenemos la línea de espumantes Pampa Mía que se compone de un Cabernet Franc rosado, de un Blanc de Blancs, compuesto solamente por uvas Chardonnay y de un Blanc de Noirs, todos elaborados bajo el método tradicional.
La tecnología de punta, sumada a un cuidadoso proceso de elaboración y las características únicas de esta región vitivinícola, como el clima árido continental, la amplitud térmica y los fuertes vientos, otorgan a estos vinos una tipicidad especial y distintiva que se aprecia en su elegantes vinos, con mucho cuerpo, taninos intensos, colores vibrantes y mucha personalidad. Tejiendo notas de cata del árido suelo aluvial, rico en minerales, y la combinación fuerte y prácticamente interminable de sol y el viento, le permite aportar a esta zona algo nuevo al mundo del vino. Los elementos que hacen que la viticultura en La Pampa sea desafiante, es de hecho esencial para la complejidad y carácter superior de sus vinos.
Gracias al éxito de la Bodega Del desierto la producción vitivinícola se expandió en la provincia. 25 de Mayo, Casa de Piedra y Gobernador Duval son tres nombres de debemos memorizar ya que sus vinos van a marcar la historia en nuestro país. Las viñas de estos tres micropolos comerciales se encuentran en las márgenes del Río Colorado: Bodega Del Desierto en 25 De Mayo, Catena Zapata realizó una cuantiosa inversión en la villa turística Casa de Piedra y la bodega Fincas de Duval, perteneciente al empresario Ricardo Juan, se instaló en los alrededores de la localidad de Gobernador Duval.

Río Negro, Chubut, Neuquén y La Pampa, son todas provincias que integran nuestra Patagonia y se caracterizan por brindarnos excelentes vinos, cada una con su estilo y su propia historia. Pero sin embargo tienen un denominador común, la creación de sus mejores vinos nacen de un profundo entendimiento entre el terruño, la tecnología y el compromiso humano, combinar estos ingredientes de manera eficiente y alcanzar un grado de sutileza y sanidad en un entorno tan dinámico requiere un equipo de expertos y soñadores. Donde muchos ven una región inhóspita, árida y ventosa, los emprendedores ven una tierra apta, sana y noble para el cultivo de la vid.

sábado, 9 de abril de 2016

Revuelto Gramajo (revisión)

I Motivos
He escrito mucho sobre este clásico de la gastronomía porteña. Publiqué una receta injustificablemente herética en noviembre de 2013(1). En ese mismo artículo confrontaba las dos historias que se cuentan sobre su creación.
Referencia de la imagen en (a) 
Félix Luna, en su libro Soy Roca, afirma que este plato lo creó el coronel Artemio Gramajo en el Club del Progreso(2). El hecho es que el relato de Luna carece de un soporte erudito que sostenga su veracidad. La otra historia asegura que el autor fue Arturito Gramajo (h) y que la creación fue concebida y ejecutada en París. Dereck Foster manifiesta que fue Miguel Brascó quien le refirió los hechos y Elena Patrón Costa quien se los confirmó(3). Hay otros testimonios que concurren en fundamentar la veracidad de este segundo relato, entre ellos, el de Francis Mallmann(4).
Volví sobre el tema, reflexionando sobre el mal uso del criterio de autoridad para dar veracidad al primer relato y sobre cómo, a pesar de ello, durante mucho tiempo fue preferido por muchos que descartaron la evidente acumulación de comprobaciones empíricas que sostenían al segundo(5).
A partir de un comentario que Alejandro Maglione (a la sazón presidente del Grupo Gramajo) dejó en este artículo, me sentí en la obligación de producir un texto que sintetizara mis reflexiones en una forma más consistente. No es que Alejandro contrariara mis dichos, sino que los confirmaba con una prueba taxativa, y yo no tenía derecho a conservar los textos sin incluirla.
Como el tema no era urgente, fui demorando su composición, hasta que releí el primero de mis textos y advertí que la receta publicada nada tiene que ver con la invención de Arturo Gramajo (h). Sobre todo si se la confronta con los muchos comentarios de Maglione, cruzado defensor de su ortodoxia, en diversos lugares por las redes sociales. Es por ello que me vi compelido por una cierta urgencia que también terminó dando a estos párrafos que usted está leyendo, el sentido de una verdadera revisión de mis ideas.
En síntesis, teníamos un relato basado en el criterio de autoridad, “lo dijo Félix Luna”, y otro en una serie de testimonios dispersos, pero concurrentes. Es hora de exponer la evidencia contundente, el comentario de Alejandro Maglione. Lo reproduzco a continuación para que no queden más
“Estimado: hace 15 años o algo más que soy Presidente del Grupo Gramajo, de donde mi interés por el asunto del origen es personal e institucional. Cuando fundamos el grupo, lo primero que hice fue entrevistarme con Félix Luna para aclarar el tema. Falucho me dijo: “Alejandro, no sé cómo explicar que Soy Roca es una novela histórica… Es decir, histórica, pero novela al fin. Vi el listado de oficiales que acompañaron al Gral. Roca a la Campaña del Desierto y figuraba el coronel Artemio Gramajo, a partir de lo cual inventé todo el asunto del afamado revuelto… Es decir, es todo fruto de mi imaginación…”. Hoy el grupo tiene entre sus miembros a don Horacio Gramajo, hijo del hermano de Arturo, que a su vez era compañero de trapisondas (parece que los hermanos Gramajo eran muy trapisonderos). Y su historia es que la idea fue de Arturo y la primer preparación la hicieron juntos en el restaurante Río Bamba, al pasar a comer algo con una amigas circunstanciales, con las que habían ido a bailar. En el restaurante, según Horacio Gramajo (h) les dijeron que la cocina estaba cerrada, y Arturo pidió que lo dejaran preparar algo con lo que encontrara a mano. Así, nació el palto quizás, más representativo de la cocina porteña… Esta y no otra es la verdad histórica pergeñada de dos fuentes intachables: el autor de Soy Roca y el hijo del co-creador del plato. Basta de conjeturas…” (ver nota (5))
II Más motivos
Estaba yo más que satisfecho con este artículo hasta que ocurrió algo que me obliga a insertar más texto. Tuve el honor de recibir en El Recopilador de sabores entrañables un comentario de un cocinero que admiro, Martín Carreras. En él reafirma los dichos de Alejandro Maglione y agrega su experiencia personal con el mismísimo Arturo Gramajo. Veamos que nos dice:
“Coincido plenamente con Alejandro Maglione, Mario Aiscurri. Resulta que tuve la suerte, por casualidad, de conocer a Arturo Gramajo que era amigo de mi padre, allá por el 48 cuando yo apenas tenía 5 años, en el Ocean Club de Playa Grande en Mar del Plata…a los dos les gustaba la noche y llegaban tarde a la playa y por años escuché, al entrar los dos al Ocean, que algún mozo gritaba “Marchen dos huevos PARA GRAMAJO” y llegaban dos enormes canapés en tostadas académicas (pan de miga cortado grueso) acompañados con crujientes papas pasillo. Los huevos eran rotos no batidos ni revueltos y jamás llevaron arvejas ni cebollas. La escena se repetía en invierno en el emblemático Rio Bamba en la esquina de Rio Bamba y Santa Fe.
”Con el paso de los años tuve la suerte de conocer a Falucho (Félix Luna) y participar de las tertulias informales de los lunes en otro emblemático restaurante, el Sabot del centro de Buenos Aires…y allí le pregunté a Félix Luna sobre su historia y me contestó…“Martín…esa es una NOVELA histórica y en la NOVELA, uno se puede tomar ciertas libertades”…una Historia vivida.” (ver nota (1))
III La receta
Después de buscar infructuosamente en los recetarios argentinos con la esperanza de encontrar esa receta, sólo pude dar con ella en la última edición del libro de Teófila Benavento (1940). La receta que allí se publica bajo el nombre “Huevos a lo Gramajo” coincide bis a bis con los comentarios de Alejandro Manglione, por eso la reproduzco literalmente como ritual de reconciliación con la ortodoxia(6). Ni que decir que la existencia de esa receta en ese volumen, agrega una nueva evidencia a favor de Arturo Gramajo (algo digo sobre ello en los comentarios que agrego sobre el final de la receta).
Revuelto Gramajo
Fuente
Teófila Benavento
Ingredientes
Huevos
Papas
Jamón cocido
Sal
Preparación
1.- “Se fríen papas finitas (pilles)
2.- ”y por otro lado se fríe en una sartén jamón cortado en pedacitos, agregándole después los huevos según la cantidad de personas;
3.- ”se revuelven ligeramente sin deshacerlos demasiado,
4.- ”agregándoles después las papas finitas antes fritas.
5.- ”Se colocan en una fuente rodeadas de otras papas finitas y se pasan bien calientes, sin olvidar de ponerles sal.”
Ajuste personal
Ya no hago ajustes personales, pero me gusta utilizar la técnica de Diego Bianchi para cocinar los huevos(7).
Comentarios
1) Tuve en mis manos un ejemplar anterior de La Perfecta Cocinera…, aunque no pude acceder al pie de imprenta para identificar el año de su edición. Sé que era anterior porque el de 1940 fue la última impresión de la obra inmediatamente después del fallecimiento de la autora y la otra consultada tenía una cantidad significativamente menor de recetas que las incluidas en 1940.
En esa edición, los “Huevos a lo Gramajo”, no estaban.
Resultaría de interés académico, encontrar la última edición que no contuviera la receta de marras, para poder establecer con mayor precisión el lapso de tiempo en que el plato pudo haber sido creado o, por lo menos, difundido masivamente en la sociedad porteña.
2) Soy amante de este plato y suelo consumirlo con frecuencia.
Siempre me molestaron algunas heterodoxias en su confección. Por ejemplo, la inclusión de pollo que transforma, como ocurre con la ensalada César, una preparación sutil en un plato más contundente.
Pero no había advertido que la inclusión de cebolla (manía de empezar todo con un sofrito español que tiene el que esto escribe) y las arvejas que, aún conservando la liviandad del plato, constituyen también una sutil herejía que a la postre resulta innecesaria.
3) Amo las variaciones en la cocina; pero siempre he sostenido que, cuando las variaciones producen un cambio cualitativo, debe cambiarse el nombre al plato. El ejemplo paradigmático de lo que digo es, quizás, el de la “Milanesa a la napolitana”.
Celebro cuando veo que un restaurante ofrece, por ejemplo, “Ensalada caesar con pollo” o “Empanadas de humita con salsa blanca”.
En el caso del “Revuelto gramajo”, la receta es tan estrecha que la menor variación provocaría un cambio tal que de por sí inhibiría el uso del especificativo.
Por ello, pienso como Alejandro Maglione, que los restaurantes que no siguen la ortodoxia, deberían, por ejemplo, llamar al plato “Revuelto de jamón cocido y papas”… del modo que la creatividad de los restauradores, que es mucha en Buenos Aires, mejor sugiera; pero invariablemente no debiera hacer mención al señor Gramajo en esas creaciones.
Un comentario final. Pareciera que la creación de un plato debiera necesariamente contener ribetes legendarios. Hemos puesto sobre la mesa todas las evidencias de que disponemos sobre la creación en el restaurante Riobamba de Buenos Aires. Sin embargo, a los mitómanos que perdieron la leyenda de Félix Luna, les queda el refugio de seguir sosteniendo que Arturito Gramajo creó su famoso revuelto en las cocinas del hotel Ritz en Place Vendôme, en París.
Notas y bibliografía:
(2) 1989, Luna, Félix, Soy Roca, Buenos Aires, Sudamericana, vigésimo quinta edición, 1997, pag. 84.
(3) 2001, Foster, Dereck, El gaucho gourmet, Buenos Aires, emecé, pp. 33-36.
(4) 2010, Mallmann, Francis, Siete fuegos, mi cocina argentina, Buenos Aires, V&R, pp. 196-197.
(6) 1894, Benavento, Teófila, La perfecta cocinera argentina, Buenos Aires, s/pie de imprenta, edición de 1940, pp. 150-151.

(a) 2001, Foster, Dereck, Op. Cit., pag. 37.

sábado, 2 de abril de 2016

Magia en la Laguna Veneta

11 a 13 de octubre de 2015
I Excitado, tal vez, por llegar a Venecia de noche
Caminamos las dos o tres cuadras que separan el aeropuerto Marco Polo del puerto de lanchas colectivas que nos llevarán a la Plaza San Marco. Es noche cerrada, está por llover y no conocemos el camino. Haydée me sigue con la confiada resignación de quien me supone dueño de una adecuada capacidad de orientación… y, sin embargo, manifiesta su duda a cada paso de que estemos en el camino correcto.
 
 Las imágenes pertenecen al autor
Llegamos, pero la ansiedad me puede y me confronta con la parquedad de los venecianos. Pregunto a un hombre que transitaba por allí por la ubicación de los muelles en que paran los botes que buscamos. Me responde con poco más que un gruñido. Luego advierto que es el responsable de controlar el embarque. ¿Hay soberbia y suficiencia en el gesto? No veo un gesto despectivo en el personaje y me quedo con imaginar en él una de las características salientes del veneciano medio, la parquedad.
El viaje es más largo de lo esperado. La embarcación recorre la Laguna en tinieblas, ingresa por los canales iluminados, llega a San Marco casi sobre la medianoche. Está lloviendo. Es una llovizna tenue pero nos obliga a arrastrar las valijas bajo la protección de un paraguas. La plaza está vacía. Los bares Quadri y Florian están cerrados. ¿Dónde están los turistas? ¿Dónde están los venecianos? Sólo vemos unos soldados que no saben indicarnos, ni por aproximación, dónde está nuestro hotel.
Un aire fantasmal nos ofrece la vista de una Venecia inesperada: la noche está húmeda y el vaho de la Laguna nos excita con aromas que en nada se parecen a los perfumes franceses. Pero la Serenísima se muestra señorial en sus monumentalidad sombría como si estas percepciones nos confirmaran de manera definitiva que estamos en la ciudad mágica que todos suponemos que es… la ciudad es, en esta hora una puntilla, un tenue y contundente entretejido que arrincona el vacío por todos lados. Imagino que ese es el paisaje de un domingo a medianoche. Luego sabría que es el paisaje de Venecia después de las 11 de la noche en cualquier día de la semana.
Llegamos a comer en el único bar abierto que estaba ya por cerrar. En las mesas sólo se hablaba castellano… éramos todos americanos.
Nuevo día en Venecia. El trajín de los turistas nos despertó temprano. Desayunamos y salimos a la calle… la ciudad que habíamos visto en la noche anterior, perdió su magia… ¿perdió su magia? No, sólo perdió esa magia y adquirió otra.
¿Cuál es el encanto de Venecia? No hay autos, no hay edificios de vidrio y hormigón, no huele a perfume francés… ¿Es poco? No, es mucho y mucho más que esa escueta enumeración. Es, por ejemplo, esa uniformidad diferenciada que hace que, cuando creemos que hemos recorrido todo y que sabemos con qué nos vamos a encontrar, doblamos una esquina, cruzamos un puente, y encontramos paisajes diferentes de los que ya hemos visto.
Vemos que la limpieza de las calles no es una de las virtudes de este rincón del planeta. No preocupa porque esa disrupción no es excesiva y me da la idea de estar en una ciudad con vida y no en un museo inmaculado que ofrece vistas inanimadas.
Con Haydée decidimos ir al bullicio de Rialto. Salimos de los comercios y nos metemos en el mercado entre las señoras que hacen las compras… ellas no son turista… caramba, viven venecianos en Venecia. Un recorrido por los barrios de Dorsoduro y Castello nos confirma esa imagen. Vemos la ropa tendida en la ventana y calles transitadas por escasos turistas… Incluso descubro que la Plaza Santa Agnese, en Dorsoduro, es ideal para tomar unos matecitos y me demoro en ello y me detengo a soñar en la fortuna que deben tener de vivir en ese pueblo.
Pero el demonio acecha con sus amenazas. El Basilisco de un capitalismo dedicado a vender productos mediocres intenta levantar su mirada paralizante casi todos los días. Veo las ventanas embanderadas con pancartas que se quejan por el tránsito de los cruceros por el Canal de la Giudeca… los venecianos resisten en soledad y los compradores de chucherías deambulan por San Marco como si nada pasara.
II Murano: el diseño y la creatividad en Italia
El vaporetto surca la Laguna Veneta…. Llueve. Dejamos atrás la Serenísima y vamos primero a Lido. Por suerte no descendemos allí donde la “civilización” automotriz amenaza con volver a contaminarnos. Breve parada de colectivo, ascensos y descenso de pasajeros y nuevamente navegamos hacia el corazón de la Laguna, allí mismo donde la magia continúa.
Dejamos atrás la base naval y enfilamos a Murano por entre pilotes y farolas indicadoras… intuimos que un poco más allá de Punta Sabbioni, el Adriático es señor de las aguas; pero la lluvia impide que nuestros ojos adquieran certeza.
De pronto estamos en Murano, descendemos del vaporetto y accedemos al taller en donde nos hacen una demostración de la técnica milenaria que sigue dando fama a esa pequeña isla. Me impresiona el salón en dónde pretenden vendernos objetos de ese bellísimo cristal… Lo consiguen, pero no es eso lo que me impresiona. Sino la evidencia muy clara algo que vengo meditando desde hace algún tiempo: el glamour abandonó Francia para vivir su retiro posmoderno y decadente en Italia.
En épocas en que el envase vale más que el contenido, el diseño vale más que el arte puro e Italia ejerce su dulce hegemonía, en el mundo que yo conozco por lo menos. El salón de la cristalería que visitamos es una muestra palmaria de lo que digo. Verdaderamente asombra ver como una técnica tan antigua ofrece productos nuevos que se recrean constantemente. Imaginamos que en el taller nos mostraron la técnica y sabemos de qué se trata; pero es imposible entender luego cómo es que se fabrican, con esa misma técnica, los objetos que se exhiben en el salón.
Mis reflexiones son subjetivas, pero allí están, en todo el mundo, las creaciones del diseño italiano que mitigan la soledad de la mirada que ensayo... Ádemás, me asombra, en Murano, la vitalidad de este arte en un clima cultural en que todo parece muerto y vacío. Pienso que ésta es la decadencia que da el ser dueño de una jubilación de privilegio… y sonrío para adentro de mi apreciación ingenua.
Murano es poco más que lo que vimos en la fábrica… ¿poco más? No, Murano es mucho más: es Venecia sin la abusiva instalación de negocios para turistas, es caminar bajo la lluvia por la Plaza Santo Donato, es entrar en esa iglesia, es comer auténtica comida veneciana en un restaurante lleno de muraneses (en la Trattoria Ai Frati las Sarde in saor tienen el gusto que deben tener).
Volvemos a San Marco con el alma henchida de belleza, invención y armonía…
III Últimas imágenes de Venecia
En nuestra última noche en Venecia y pensamos celebrar la armonía y la invención. Teníamos dos opciones probar las creaciones de Cipriani y demorarnos en el Harry`s Bar compartiendo Bellinis o escuchar las creaciones que un veneciano genial que compuso, hace ya muchos años, los conciertos de las Cuatro Estaciones.
No pudimos conciliar ambos programas y nos limitamos a escuchar la magnífica interpretación de la Música de Vivaldi en la iglesia de San Vidal, casi junto al Puente de la Academia.
Venecia fue en estos días magia, magia y más magia… pero mi deseo me dictaba la ilusión de que podría ver Venecia desde el aire. Si el viento soplaba desde el lado adecuado y las nubes que descargaban su furia sobre la Laguna estaban lo suficientemente altas, el avión debería darnos esa imagen.

¡Qué desilusión! La nave pasaba sobre la ciudad, pero las nubes estaban muy bajas y pronto nos impidieron el contacto visual con la superficie. Sin embargo, la ciudad no quiso dejarnos sin su esencia y vaya a saber con qué teje y maneje de nigromante, el cielo se abrió en una pequeña ventana… En un rapto de intensa fugacidad, no sé si llegaron a ser 15 segundos, por entre las nubes se veía perfectamente recortada esa ciudad fascinante… Luego dormimos plácidamente una siesta que nos permitió llegar satisfechos a Catania.