martes, 17 de mayo de 2016

TUCUMÁN



Willy Cersósimo

05/2016

Colalao del Valle. Se encuentra a una altura de 1815 metros sobre el nivel del mar, creció a orillas del río Santa María que le tributa sus aguas y alimenta sus tierras. Limita al norte con Tolombón (Salta), al sur con Santa María (Catamarca), al este con las Cumbres Calchaquíes y al oeste con las sierras de El Cajón o Quilmes. La actividad económica principal es la producción de nueces, especias, productos artesanales y vinos.

Este lugar es, sin duda, privilegiado para el descanso y la meditación debido a la benignidad de su clima, su paisaje encantador, la lentitud del paso del tiempo, la humildad de sus viviendas y la tranquilidad contagiosa de sus calles. Está enmarcado por un sereno paisaje que invita a recorrerlo a pie o a caballo. Está a escasos 190 km de la ciudad de San Miguel de Tucumán capital de la provincia.

Su historia se remonta a principio del siglo XVIII. Luego de la conquista, en este lugar se asentaron familias de origen español. Durante ese siglo, el valle estuvo bajo las órdenes de comandantes españoles, el último de ellos, fue el terrateniente Valentín Armella. Hacia fines del siglo XIX, la pequeña villa se transformó en un lugar de veraneo gracias a su clima seco y a su atractivo paisaje. La palabra Colalao proviene del quichua y su significado es: astuto, talentoso, triunfador y también arrullo de palomas. En quechua collai es: cacique y lao: pueblo (pueblo del cacique collai). Llamado "el corazón del Valle Calchaquí", Colalao del Valle es un pueblo donde se dice que Dios creó belleza, música y poesía. Este poblado es un gran alhajero que guarda celoso toda la sabiduría del espíritu indígena.

En este Paraíso ubicado en la Tierra llegó a fines del siglo XIX, Baltazar Chico proveniente de Barcelona y recorrió el Valle con la intención de implantar viñedos. Unos años más tarde, a principios del siglo XX, implantó en Colalao del Valle los viñedos que darían origen a la primera bodega tucumana.

Como vemos, la producción de vinos en Tucumán no es algo nuevo. No podemos negar que hablar de vinos en Tucumán puede sorprender a muchos, pero lo cierto es que esta provincia tiene una historia vitícola que se remonta al siglo XVI cuándo, cómo en muchos otros puntos del país, los jesuitas elaboraban sus vinos de misa, incluso existen registros que aseguran que para 1880 la provincia contaba con unas 300 hectáreas en producción; aunque para inicios del siglo XX, la actividad comenzaba a perder fuerza y solo algunos productores mantendrían viva la llama del vino tucumano. Entre estos se destaca Baltazar Chico quien fundó su propia bodega en Colalao del Valle en 1910 llegando a tener 83 hectáreas en producción que aun hoy se mantienen en pie en manos de sus nietos.

El porqué de su origen y su subsistencia hasta el siglo XXI lo podemos encontrar en el terroir. La actual industria vitivinícola de Tucumán se ubica en el área central del Valle Calchaquí, la reconocida geografía denominada sub-andina que abarca las provincias de Salta y Catamarca. Es en estos suelos arenosos y rocosos de origen aluvional que los salteños explotan magistralmente bien con sus vinos de Cafayate que es el epicentro vitivinícola calchaquí, ubicado a unos escasos cuarenta kilómetros de Colalao del Valle. Es por esto que no debemos extrañarnos de la vitivinicultura que se desarrolla en Tucumán ya que comparte uno de los terruños más interesantes del país, famoso en el mundo por la altura de sus viñas que en el caso de Salta se ubican entre los 1750 y 3100 metros sobre el nivel del mar.

A pesar de habitar el mismo valle la ubicación de los viñedos tucumanos se encuentra algo mas al sudeste lo cual le imprime características diferenciales en cuanto a temperatura y lluvias.

A diferencia de lo que ocurre en Cafayate, en Colalao el régimen de lluvias se ubica entre los 80 y 150 milímetros anuales siendo más seco, mientras que los vientos constantes aseguran una temperatura más moderada, mayor amplitud térmica y una sanidad inobjetable. Aquí los veranos son muy calurosos mientras que los inviernos son muy fríos a pesar de sus 350 días de buen sol. Es a partir de estas características que la actual viticultura se orienta hacia la elaboración de vinos de alta gama.

Gracias a su trabajo, la Cámara de Bodegas y Viñedos del Tucumán, bajo un programa integrador, busca destacar y difundir las particularidades de los proyectos de la provincia. Desde hace aproximadamente unos diez años nuevos actores se han sumado a la escena con la intensión de aggiornar la imagen del vino tucumano y aprovechar este terruño olvidado por largos años. En los orígenes de la viticultura de este rincón calchaquí el desarrollo fue de la mano de las uvas criollas, en cambio hoy las cepas cultivadas son Torrontés, Malbec y Cabernet Sauvignon como protagonistas mientras que también encontramos Bonarda, Syrah y Tannat. Debido al tipo de clima y condiciones del valle los vinos ostentan gran carácter, especialmente los tintos, con colores profundos y concentrados, con una paleta aromática altamente expresiva y paladar firme. En conclusión un estilo que se asemeja al de los vinos de altura salteños pero con una estructura más marcada y a la vez con una acidez vivaz e interesante.

Un capítulo aparte merece el Torrontés en el que se observa una personalidad propia que lo diferencia de los elaborados en Salta o La Rioja. Aquí el Torrontés es de una aromática menos invasiva, donde se destacan las frutas de carozo y blancas, con un fondo floral nítido mientras que en el paladar es amplio y graso.

La provincia explota estratégicamente este renacer vitivinícola en el Valle Calchaquí al combinarlo con el turismo arqueológico que invita a contactarse con los pueblos originarios y su cultura, siendo Amaicha del Valle un alto obligado para luego visitar la maravillosa Ciudad Sagrada de los Quilmes. En la zona de viñedos de las bodegas en actividad las que más se destacan por sus construcciones son Arcas de Tolombón y Bodega Posse dos proyectos cuyos vinos demuestras una apuesta decidida a competir en las grandes ligas. En ambos casos, las visitas son recibidas con una degustación y un recorrido por los viñedos e instalaciones.

Dentro de los proyectos más pequeños, encontramos a Estancia Río de Arena que recibe a los turistas en su hostería donde el mismo Roberto Carro, propietario de la bodega, siempre está listo para contar todo sobre sus vinos acompañado por sus famosas empanadas. Uno de los proyectos más curiosos e interesantes es Altos de la Ciénaga en pleno corazón del pueblo de Colalao del Valle.

Aquí Luis Rolando Díaz elabora un vino casero que sorprende a todo el que lo descubre. La degustación la realiza en la misma casa familiar a la sombra de una parra en compañía de los dulces que elabora su madre y los frutos secos que la familia produce en la zona. Y por último, para conocer toda la historia de este terruño centenario es imprescindible visitar la bodega más antigua de la región, Chico Zossi donde los miembros de la familia siempre están dispuestos a compartir su vino junto a la historia de Baltazar y recorrer los viñedos.

La bodega Chico Zossi es, como dijimos, la primera de la provincia, fundada en el año 1910 y produce sus vinos desde 1916. La historia se inició con Baltazar Chico, que arrancó con la bodega cuando llegó de España. Hoy, un siglo después, Baltazar Chico Zossi y su hijo Baltazar están a cargo del emprendimiento viñatero. Sólo dejaron de producir durante algunos años en la década del ‘60. Lograron levantarse y continuar, imbuidos por la pasión familiar de elaborar vinos. La bodega, que produce unos 20.000 litros de vino al año, cuenta con una sala de degustación que está abierta al público. Para Baltazar, Tucumán no está actualmente a la altura de Salta o de Catamarca porque no se han realizado las inversiones necesarias, lo que sí ocurrió en ciudades como Santa María y Cafayate. Las condiciones del suelo y las climáticas están dadas, y la uva torrontés, entre otras, posee mucha más sanidad que la de otras provincias.

Las líneas de vinos que producen son: “Chico Zossi Malbec”, 100% Malbec. Notas de cata: Se presenta con aroma a frutos rojos como ciruela y a pasas de uva, típicos de la variedad. En boca es suave, de taninos redondos y dulces, de acidez agradable y de un sabor final en boca muy persistente. “Chico Zossi Torrontés”, 100% Torrontés. Notas de cata: Posee un color amarillo con reflejos verdosos, aromas que recuerdan a rosas, y un sabor fresco y cítrico; producto de la armoniosa combinación entre las cualidades de la uva y la potencia que le aporta terroir. “Chico Zossi Torrontés Dulce Natural”, 100% Torrontés. Notas de cata: De color amarillo limpio, su aroma recuerda a miel y flores. En boca presenta un sabor fresco y untuoso; cualidades que se equilibran gracias a su excelente terroir y su cuidada elaboración.

El riego de los viñedos se realiza por goteo en la mayoría de los casos, aunque también se aplica el riego por manto. Siempre se utiliza agua pura de deshielo, lo cual favorece a la pureza de la uva.

La combinación entre la altura, que alcanza hasta 2500 metros sobre el nivel del mar, las óptimas condiciones climáticas, que a su vez repercuten en el suelo haciéndolo fuerte y resistente y el agua de deshielo dan como resultado vinos con una impronta única que concentran en cada botella la personalidad de una región que, a pesar de estar ubicada en la provincia más pequeña de la Argentina, se proyecta en grande gracias a la calidad de su producción.

Como vimos la tradición vitivinícola en la provincia se inició en el siglo XVI. Luego, en el siglo XIX, comenzaron a elaborarse vinos para el mercado interno con uvas de la variedad Criolla Chica. A partir de 1910, Baltazar Chico, principal productor de la época, expandió la superficie de sus viñedos gracias a canales de riego y represas, logrando hacia la primera mitad del siglo XX exportar vinos a los países limítrofes. Para adecuarse a los avances productivos, importó maquinaria francesa como una prensa, una trasegadora, y filtros, logrando alcanzar una capacidad de producción de 40.000 litros anuales que se destinaban tanto al mercado interno como a la exportación.

Durante las décadas del ’60 y del ’90 la bodega entró en un impasse, dedicándose exclusivamente a comerciar sus uvas a bodegas aledañas de la vecina región de Cafayate en Salta. De la mano de la tercera y cuarta generación, a principio de los 2000 retomó su actividad, apoyándose en un viñedo fortalecido por años de trabajo, con la premisa de exponer aquel potencial que Baltazar Chico descubrió en la mítica región.

En la actualidad, la superficie de los viñedos alcanzan las 89 hectáreas, en las cuales hay implantadas uvas de las variedades Tannat, Malbec, Syrah, Bonarda, Torrontés y Cabernet Sauvignon. Todas cepas de gran producción a nivel nacional y mundial pero distintas de todo lo conocido gracias al carácter esencial del Valle Calchaquí.

Baltazar Chico, bisnieto de Baltazar Chico, cuenta que su bisabuelo llegó a Colalao del Valle a fines del siglo XIX, cautivado por el complejo paisaje del Valle Calchaquí, que fue consciente del potencial que este lugar posee para el cultivo de la vid y que funda por los años 1910 la primera y única Bodega de Tucumán en aquella época. Mediante la construcción de una represa, amplió la plantación de viñedos que abastecieron la bodega logrando así su primera exportación. El emprendimiento demandó un gran esfuerzo ya que no había medios de locomoción ni caminos adecuados.

En 1937 su heredero Luis Antonio Chico administra la bodega y los viñedos hasta 1954. En 1960 la bodega deja de funcionar, pero sigue la tradición familiar de la mano de María Zossi de Chico, viuda de Luis Antonio Chico, quien implantó nuevos varietales y le trasmitió la pasión familiar de producir vinos a su hijo Francisco Baltazar Chico Zossi, que a fuerza de trabajo, sacrifico y austeridad, luego de graduarse en la Escuela de Agricultura, abre nuevamente la bodega bajo una empresa familiar de menor escala, que combina el gran potencial que vislumbraron los antepasados, con el espíritu innovador de sus hijos.

Actualmente es la cuarta generación que continúa con dedicación y empeño en la elaboración de vinos de alta calidad en una empresa familiar, pionera en la Vitivinicultura en Tucumán.

María Zossi de Chico, fue la primera que le puso nombre a la finca y la bautizó como “La Perseverancia”, y la elección no fue al azar, representa el valor de una familia que a través de cuatro generaciones, con los altibajos propios de un siglo de trabajo y esfuerzo, logra mantener vivo el sueño que Baltazar Chico tuvo cuando sus ojos vieron por primeras vez estas generosas tierras.

sábado, 14 de mayo de 2016

Mi experiencia con la gastronomía en Italia Parte I: Venecia

2015, octubre



Estas impresiones sobre la cocina italiana tienen dos limitaciones importantes: sólo se basan en las cocina de los restaurantes y, aún para este caso, en un número limitado de experiencias. De modo que las conclusiones a las que arribo están muy lejos de obtener una dimensión general del fenómeno que observan.
 Las imágenes pertenecen al autor 

I El queso y la pasta

Intensos debates he presenciado aquí, en La Argentina, sobre el uso del queso rallado en las pastas.

Los defensores de la pura italianidad sostienen que el queso se agrega en un número reducido de casos y que hay que dejar la decisión al cocinero. Esto contrasta con los hábitos más acendrados de los argentinos que hemos desarrollado, en paralelo con los chilenos, un gusto por agregarle queso a todo, incluso al pescado (Gran paraná al roquefort, de este lado de Los Andes, Machas a la parmesana, del otro).

En mi opinión, el italianismo a ultranza que rechaza el queso rallado es una visión deshistorizada de las prácticas culinarias. En la formación del gusto argentino, los italianos no estuvieron ausentes. Pero eso paso hace muchos años y el gusto socialmente constituido ha debido evolucionar en ambos territorios. Esta evolución paralela y, en algún sentido, divergente explica más las diferencias que una supuesta herejía de nuestra parte.

De modo que, marché a Italia con el prejuicio de que iba a tener que solicitar el queso en cada oportunidad que me enfrentara a un plato. Con Haydée pedimos pasta en 9 oportunidades y, en 7 de ellas, no tuvimos que pedir la quesera (hubo, incluso, un caso llamativo, en Taormina, Haydée pidió una salsa cuatro quesos y le trajeron la quesera de todas formas).

De modo que tuve que guardarme el prejuicio para otra oportunidad. Alguien me dice que le ponen la quesera a todos los turistas. El aserto es criterioso, pero no tengo modo de comprobarlo (como cuento abajo, algo parecido me ocurrió con un plato de Sarde in saor que pedí en un restaurante en Venecia, pero allí sí que tuve un término de comparación). Agrego, que, si fuera así, y yo estuviera a cargo del servicio, esperaría a que el turista me pidiera el queso.

II Algunos platos de la cocina veneciana

Una divertida discusión en el grupo Buena Morfa Social Club de Facebook sobre el origen del sándwich de miga argentino, me llevó a probar los Tramezzini venecianos(1).

¿Qué son los Tramezzini? Unos sándwiches de miga con rellenos parecidos al de algunos de nuestros triples. ¿Qué tiene que ver Venecia con estos sándwiches de origen piamontés? Aunque no pude ahondar en cuestiones de historia; si bien se atribuye su origen a una creación del Caffè Mulassano de Piazza Castello en Torino, en Venecia son muy populares. La conclusión rápida de mis amigos italianos es que nuestros triples de miga son originarios del norte de Italia.

Sin negar la creación del Caffè Mulassano, y aún admitiendo que nuestros sándwiches puedan ser posteriores como muchos testimonios parecen asegurar, me niego a aceptar un vínculo causal directo entre ambas preparaciones. ¿Mis razones? Por un lado, nadie ha sabido darme indicaciones sobre el recorrido que la receta ha seguido. Por el otro, los productos son diferentes. Los Tramezzini no son triples, sino simples; son triangulares, en lugar de rectangulares; el relleno es más abundante y el aderezo no es manteca, sino salsa mayonesa. Algunas recetas, incluso, reemplazan la mayonesa por queso untable. El que comí en un bar en Rialto llevaba mayonesa.

Mi imaginación me dicta la siguiente teoría, partiendo del origen veneciano o piamontés. De algún modo el sándwich llegó al Río de la Plata (llama la atención que el nombre no se haya conservado como en otros casos) y aquí fue recreado con influencias de la panificación inglesa y la gastronomía gallega. Con el tiempo se impuso en todo el país, en dos formas: sándwiches de miga de confitería, con vocación de refinado copetín y entremés de fiestas familiares, y tostado, casi como plato de comida rápida frugal. En este último caso se lo conoce bajo dos nombres: “Tostado”, en Buenos Aires, y “Carlitos”, en el resto del territorio. El “Carlito” (sin ese final), es una creación rosarina que le agrega salsa kétchup al triple antes de proceder a su tostado.

En Venecia, comí un Tosto en un bar del Campo Santo Stefano. Un pequeño sándwich hecho con pan de molde común (el lactal que se compra en un supermercado), relleno de jamón cocido y queso y tostado en uno de esos artefactos familiares que dejan el sándwich sellado. Dicho de otro modo, no era un Tramezzino tostado (de hecho es imposible hacerlo y que quede bien debido a tres cosas: su forma, la cantidad de su relleno y la mayonesa). Mi historia, en relación con el Tosto, es que esta preparación es producto de un viaje de retorno de nuestra América, como muchísimas otras producciones gastronómicas que han regresado, en las valijas de los inmigrantes que pudieron volver a su Patria, transformadas e irreconocibles. Debo agregar que el mozo que nos atendió no hizo ningún alarde de originalidad veneciana en el sándwich que me servía, como sí lo hizo cuando me explicó la composición de un trago que se tomaba en otras mesas (Campari, proceso, agua con gas y una rodaja de limón, según nos dijo).

Otro plato al que le presté atención en Venecia fue las Sarde in Saor. Se trata de una preparación basada en una vieja técnica de conservación de alimentos, sobre todo de pescados, que se parece a un escabeche. Tuve conocimiento del plato a través de Beatrice Rodaro Vico y Renzo Simonato que me hicieron probar sus preparaciones y me enviaron sendas recetas que preparé con cierto éxito en Buenos Aires(2).

En este viaje, probé las Sarde in saor en dos restaurantes: Da Cherubino, en el barrio de San Marco y Trattoria Ai Frati en la bella isla de Murano. En el primer caso, me sorprendió que el saor estaba dulce, cuando debe tener un subrayado ácido y fondo dulzón. Es más, me sorprendió que me trajeran una botella de aceto balsámico a la mesa. En el segundo caso, el plato estaba delicioso, conservando la identidad que yo ya conocía.

En De Cherubino ¿piensan más en el sabor globalizadamente dulce que se espera forme parte del gusto del turista que en la identidad de lo que se ofrece?

III Restaurantes notables

Venecia tiene excelentes restaurantes. Pasamos una noche placentera, cuando, después de escuchar un concierto con música de Vivaldi, descubrimos que la ciudad se va a dormir a las 11 de la noche, y sólo Bistrot de Venise nos abrió las puertas para comer algo. No estábamos para una gran comida, pero disfrutamos de ese salón romántico y afrancesado, de su impresionante carta de vinos, de la buena atención y de los platos escuetos que trajeron a nuestra mesa.


Con todo, aquel no fue nuestro mejor lugar. Volvimos a nuestra conocida Osteria Enoteca San Marco. En 2012, estuvimos allí. Entonces comí un Fegato a la veneciana memorable. En esa oportunidad, el maestro de cocina me dio la receta que practiqué sin tener el mismo resultado, obviamente, y publiqué en su momento en El Recopilador de sabores. Enoteca San Marco no tiene la suntuosa disposición del Bistrot, pero lo supera en autenticidad, a la vez que lo iguala en refinamiento. Esta vez comí una Pasta caccio e pepe excelente que se dejó acompañar muy bien con un tinto de la Valpolicella. Un lugar para disfrutar de una cocina local llevada a las más altas cumbres de calidad y refinamiento.

En el otro extremo, la Trattoria Ai Frati, en Murano, me permitió disfrutar de esa misma autenticidad en un registro más popular. Fue muy agradable comer allí unas Sarde in Saor hechas como es debido, acompañadas de un Proseco trevidano, mientras en la antesala, los vecinos del barrio, tomaban su aperitivo antes de ir a comer a sus casas. Me quedo con estos dos lugares para celebrar las satisfacciones que nos dio la gastronomía de la Laguna Veneta en el poco tiempo que allí estuvimos.



Notas y Bibliografía: 

sábado, 7 de mayo de 2016

Buñuelos a la porteña de Nicolasa S.

Vuelvo a una receta de mi infancia (allá por los años sesenta del siglo pasado en Buenos Aires) los buñuelos de las tardes de domingo. Ya publiqué una de 1891 (recetario de la familia Flores). Entonces hice un recorrido por viejos recetarios españoles y argentinos, descubriendo dos líneas de acción para producir esta fritura: la de aquellas recetas en que la masa se preparaba cruda y la de aquéllas en las que se la sometía a un hervor previo.

Ahora les presento estos Buñuelos a la porteña que ha sido publicado en el capítulo “Repostería” de  Cocina Ecléctica (1890) de Juana Manuela Gorriti(1). Anticipo que estamos frente a una receta curiosa. Luego de leerla se preguntarán, como yo, si se trata realmente de buñuelos o de algo más parecido a una tempura o a otras frituras andaluzas similares.

Buñuelos a la porteña
Fuente (fecha)
Enviada por Nicolasa S. de Vaca Guzmán desde Buenos Aires.
Ingredientes
Duraznos.
Aguardiente de uva.
Azúcar en polvo.
Cáscara de 1 limón.
Dos puñados de harina.
Un vaso de leche.
Manteca.
1 clara y media de huevo.
Sal.
Preparación
1.- Disolver, en un rico aguardiente de uva, azúcar pulverizada.
2.- Escoger buenos albaricoques, partirlos por la mitad y quitarles el hueso. Ponerlos en remojo en la disolución de aguardiente por un tiempo de dos horas, añadiéndoles la corteza de un limón en trozos.
3.- Confeccionar una masa de buñuelos de este modo: desleír dos puñados de harina en un vaso de leche, añadiéndoles un trozo de mantequilla. Revolver y batir muy bien. Hecho esto, echar, poquito a poco, una copita del aguardiente.
4.- Sacar los albaricoques de la solución de aguardiente, enjuagarlos y envolverlos en masa de buñuelos.
5.- Antes de poner a freír, añadir, a la pasta, una clara y media de huevo batido y tornado espuma y echar un poco de sal.
6.- Tomar el albaricoque en la pasta con una cucharada y  freírlo en la mantequilla, que debe estar hirviendo.
7.- Si hubiere comodidad para hacerlo, en vez de servir estos buñuelos al salir de la sartén con azúcar espolvoreada por encima, se los puede llevar un momento al horno para que esta azúcar se haga caramelo.
Comentarios
1.- “La masa de buñuelos con que han de ser envueltos los albaricoques, difiere de la que comúnmente se usa.”
2.- Como en otras recetas que he publicado, uso el léxico de Gorriti en la descripción del procedimiento y una terminología rioplatense actual en el listado de ingredientes. En la siguiente receta hago lo mismo.

Por si las dudas se no convierten en certeza, y nos quedamos con ganas de buñuelos, le pongo esta otra receta que le fuera enviada a Gorriti desde Rosario(2), también incluida en el capítulo de “Repostería”. Participa del conjunto de recetas similares en que la masa recibe una pre cocción.
Buñuelos a la celestina
Fuente (fecha)
Enviada por Celestina Funes de Frutos desde Rosario.
Ingredientes
500 g de flor de harina.
Sal.
150 g de manteca para la masa.
Manteca para la fritura c/n.
20 yemas.
8 claras.
Vino tinto.
Azúcar.
Canela.
Preparación
1.- Poner a cocer una libra de flor de harina con un poquillo de sal y cinco onzas de mantequilla.
2.- Mecer constantemente, durante la cocción; y cuando comienza a sonar al mecer, quitar del fuego y dejar enfriar.
3.- Ya tibio, mezclar a este cocido veinte yemas y ocho claras de huevo batidas.
4.- Echar esta masa cucharada a cucharada en mantequilla hirviendo. Cada cucharada representa un buñuelo.
5.- Sacar los buñuelos de la mantequilla conforme estén cocidos y dorados.
6.- Agrupar los buñuelos cocidos en una fuente bajo un lienzo doblado en cuatro, para mantenerlos calientes.
7,- Servirlos rociados con almíbar de vino tinto y espolvoreo de canela.  
Citas y referencias:
(1) 1890, Gorriti, Juana Manuela, Cocina ecléctica, Buenos Aires, Félix Lajouane Editor (Librairie Générale), 1890. Leído en  http://www.biblioteca.clarin.com/pbda/miscelanea/cocina_eclectica/cocina_00indice.htm, el 4 de noviembre de 2011.
(2) Ídem.


Tortilla de riñones de Clara Zuviría

Juan Manuela Gorriti dedica un capítulo de Cocina Ecléctica a las Tortillas(1). La que elegí no es una variante de la tradicional tortilla de papas de tradición hispánica. Se la envió Clara Zuviría y la rescato porque tiene interés en sí misma y porque me permite hacer unas reflexiones como conclusión de las recetas que vengo publicando de ese libro. 

He intentado una comparación de esta colección de 1890 que representa un cierto gusto burgués por la buena mesa con el gusto popular por la buena mesa que puede verse reflejado en el recetario de la familia Flores de 1891. He hurgado en estos textos las diferencias sociales de acceso a los alimentos o de expresión de gustos.
En este artículo quiero reflexionar sobre una cuestión de estilo literario. Pero no en relación con la belleza, sino con la capacidad para transmitir las ideas con claridad para quien intente ejecutar cada receta.
Las piezas inscritas en el recetario de la familia Flores(2) representan, en ese sentido, una tendencia que se ve reflejada también en varios recetarios de la burguesía (los casos de Marta(3) y Teófila Benavento(4) son paradigmáticos). Las recetas son expuestas como si se dieran por sobre entendidas muchas cosas. No hay referencias a técnicas o puntos que se deben alcanzar. Las recetas son poco más que la enumeración de ingredientes.
En cambio, las piezas que conforman Cocina Ecléctica, del mismo modo que en muchos recetarios modernos (por ejemplo, el libro de doña Petrona(5)), explican en detalle los procedimientos. Los sobrentendidos se reducen considerablemente, no van más allá de productos o combinaciones de época. Si bien no hay descripciones técnicas como aparecen en los recetarios de los cocineros profesionales actuales (v. g., Dolli Irigoyen(6) o Francis Mallmann(7)); quien lee las recetas, y tiene cierta experiencia en la cocina, está en condiciones de enfrentarse a los fuegos y preparar estos platos casi sin necesidad de conocimientos adicionales.
Se me objetará que los utensilios utilizados por Clara Zuviría no existen y la tecnología con que cocinaba tampoco (sartén con tapadera y brasas para cocinar desde la parte superior). Sin embargo, ¿quién que haya asistido a campamentos, no ha visto alguna vez aplicar esta técnica para reemplazar la ausencia de un horno para la cocción de pizzas y empanadas con dos asaderas?
De todos modos, esta tortilla se puede hacer más pequeña y se puede dar vuelta con un plato grande de acuerdo a básicos y modestos conocimientos actuales que los que nos animamos a cocinar tenemos a disposición. Lo que es seguro es que no fallará porque lo más importante es que nos explica cómo preparar el relleno de riñones que lleva.    
Tortilla de riñones
Fuente (fecha)
Enviada por Clara Zuviría de Ortiz desde Buenos Aires.
Ingredientes
12 huevos.
Riñones de cordero.
Manteca.
Hierbas finas.
4 cucharadas de jugo de carne asada.
1 vaso de jerez.
Sal.
Pimienta.
Salsa picante de mostaza o salsa de tomates con ajíes verdes. 
Preparación
1.- Cortar en pequeños trozos los riñones de cordero.
2.- Hacer cocer los riñones en mantequilla; condimentando con hierbas finas bien picadas, cuatro cucharadas de jugo de carne asada y medio vaso de vino Jerez, todo con un sazonamiento de pimienta y sal.
3.- Batir doce huevos a la espuma.
4.- Poner la mitad a la sartén con mantequilla. Cocer la tortilla a fuego moderado, volviéndola para que pueda cocerse por igual.
5.- En seguida, extender el relleno sobre la tortilla y echar encima el resto del huevo batido, añadiendo un trozo de mantequilla.
6.- Tapar la sartén con su tapadera, sobre la que se pondrá rescoldo y brasas.
7.- Cocida la tortilla, servir con salsa picante, sea de mostaza o de tomates con ajíes verdes.
Comentarios
1.- La receta no dice cómo se compone el conjunto que denomina “hierbas finas” ni cómo se prepara las salsa picante.
2.- Como en otras recetas que he publicado, uso el léxico de Gorriti en la descripción del procedimiento y una terminología rioplatense actual en el listado de ingredientes.
Citas y referencias:
(1) 1890, Gorriti, Juana Manuela, Cocina ecléctica, Buenos Aires, Félix Lajouane Editor (Librairie Générale), 1890. Leído en  http://www.biblioteca.clarin.com/pbda/miscelanea/cocina_eclectica/cocina_00indice.htm, el 4 de noviembre de 2011.
(3) 1914, Cocina tradicional argentina por Marta, Buenos Aires, Distal, nueva edición de La cocinera criolla, facsímil de una edición más moderna (no indica fecha), 2010.
(4) 1894, Benavento, Teófila, La perfecta cocinera argentina, Buenos Aires, s/pie de imprenta, edición de 1940.
(5) 1934, Gandulfo, Petrona C. de, El libro de doña Petrona, Buenos Aires, 1940, edición 11°.
(6) 2009, Irigoyen, Dolli, En su cocina, Buenos Aires, Sony Music Entertainment Argentina.
(7) 2010, Mallmann, Francis, Siete fuegos, mi cocina argentina, Buenos Aires, V&R, 2010.