sábado, 8 de abril de 2017

Comer pescado en Mar del Plata. Una exploración arqueológica

28 de julio a 2 de agosto de 2016
Gracias Marcello El por la recomendación. Gracias Lisandro Ciarlotti por lo que ofrecés en las mesas de Lo de Tata.  
Estuvimos unos días en Mar del Plata y, cuando elegimos donde comer, optamos en varias oportunidades por establecimientos especializados en pescados y mariscos.

 Las imágenes pertenecen al autor

(les debo las fotos de Sur)

Lo notable es que pocas veces se tiene una oportunidad como la que tuve, aleatoriamente elegimos tres restaurantes dedicados a la especialidad que se pueden identificar con épocas claramente diferenciadas de la gastronomía argentina. De ese modo hicimos un recorrido por el tiempo en tres etapas: un restaurante clásico a la manera de las propuestas de mediados del siglo XX, otro recortado en el modelo de la nouvelle cuisine que tuvo auge en nuestro país en la última década del mismo siglo y, finalmente, otro en el que el cocinero impone su estilo personal lo que constituye una de las características más significativas de la cocina en lo que va del siglo actual.

Expongo aquí nuestra experiencia y algunas reflexiones generales sobre la oferta de pescados y mariscos en la costa atlántica.
I Picoteando en el Puerto
Con magros resultados, no cejo en ir al puerto de Mar del Plata en busca de buenos productos. Esta vez me traje una lata de anchoas en sal muera, casi imposibles de conseguir en Buenos Aires. Supongo que no hay demasiada demanda porque las personas que cocinan en su casa no las prefieren por el trabajo que da limpiarla, de modo que resigna sabor por comodidad. También traje anchoas en aceite de buena calidad (en Buenos Aires sólo se consiguen en negocios especializados, las que se ofrecen en supermercados son lamentables).

Estando allí, decidí vencer el prejuicio que me ha impedido concurrir a los grandes restaurantes del puerto marplatense. De modo que, elegimos, comer en La Nueva Caracola, un curioso local de marcada ambientación española en medio de un área en que la mayoría de las expresiones y actividades relacionadas con la pesca están vinculadas con la colectividad italiana. El resultado fue ambivalente. Digamos que no fue un desastre porque lo impidió el fervor que puse en el ritual.

Comimos una fritura mixta (cornalitos, calamaretis, rabas) y acompañamos con un torrontés salteño como hubiésemos hecho hace 40 años. Disfrutamos el lugar, pero no pudimos evaluar la calidad porque la fritura llegó fría a la mesa. El servicio a la inglesa es esencial en el ritual; pero, me pregunto, por qué no se les ocurre usar una bandeja de losa que puede ser calentada ad hoc en lugar de la inhóspita textura del acero que pierde temperatura rápidamente. Siempre se hizo así, ¿no? Ese concepto pareciera contener la magia de la identidad y, sin embargo sólo opera como agente de una decadencia. Vuelvo a preguntarme, el pequeño cambio que propongo, ¿en qué sentido, contradice la identidad de la propuesta? Creo que vale la pena pensar que es valioso y deseable hacer pequeños cambios que generan mejoras en la calidad sin corromper la idea y el hábito burocrático del servicio.

Otro pequeño cambio que puede mejorar notablemente el “siempre se hizo así” es el de garantizar la trazabilidad de los productos que se consumen. Espero comer, en los restaurantes de lo costa atlántica, los mejores productos locales; pero lo único que se puede identificar en la carta de La Nueva Caracola es el salmón del Pacífico (ojo que en Sur y Lo de Tata, mi otras dos escalas en Mar del Plata, el salmón del Pacífico también goza de la ubicuidad de la moda, pero su tratamiento es distinto).
II La calidad constante de Sur
La experiencia en el restaurante Sur fue mucho más gratificante. La ambientación (de clara evocación de marinerías al estilo de la belle epoque) y el servicio son impecables. Fui cuatro o cinco veces en los últimos 10 años a este local que conservan la calidad en ambos rubros casi como una constante.

Los platos vinieron servidos, como manda la nouvelle cuisine. En este caso, el calienta platos demostró su utilidad. Comí un róbalo a la baska. La salsa muy bien hecha con la acidez adecuada (sin marcación en exceso o defecto). El pescado tierno, cocido sin exceso (cocciones rápidas y sencillas), exponía una frescura despojada.

Sólo dos detalles, la ya señalada presencia del salmón del Pacífico que, a pesar de sumar comensales, le quita identidad al local y la dificultad para establecer el origen del róbalo.

El modo de Sur es más satisfactorio que el de La Nueva Caracola. Espero tanto que ese restaurante no quede encorsetado en un “siempre se hizo así”, como que la Caracola remueva su burocrático prejuicio.
III La personalidad de Lo de Tata
Llegamos a Lo de Tata gracias a una recomendación de Marcello El, prestigios cocinero de Sushi de Buenos Aires. La expectativa que me generaron sus apreciaciones era alta; pero la satisfacción que obtuvimos fue notable.

Lo primero que hay que entender es que el fuerte del restaurante es la pesca del día que, en este establecimiento, lejos de ser una apuesta marketinera es auténtica verdad empírica. De modo que sugiero no dejarse tentar por el salmón del Pacífico.

El local no es demasiado grande, detalle importante para el servicio. La atención esmerada, los mozos saben con detalle de qué se trata aquello que llevan a la mesa. La carta de vinos es excelente. Tomamos una botella del famoso sauvignon blanc de la bodega R D de Tacuil que se produce en un pequeño valle muy elevado que desemboca en el Valle Calchaquí, en Salta.

La pesca del día viene preparada con sencillez. El pescado grillado en el punto justo es acompañado por unas papas al natural y unas hojas verdes (lechuga y espinaca) saltadas en aceite y ajo (saltadas con sutileza por escasos segundos). El servicio se hace sobre bandejas de acero; pero la cocina está tan cerca y el servicio es tan puntual que el plato llega a la mesa a temperatura adecuada.

El día que fuimos, había cuatro tipos distintos de pescado, entre ellos, elegimos probar un filete de burriqueta. Nunca había escuchado hablar de esta especie, ni hubiese sabido qué estaba comiendo si el mozo no me hubiera explicado que se parece a una corvina rubia, pero de menor tamaño.

El pescado se veía tan fresco que parecía recién traído del mar. Con mi obsesión por la trazabilidad pregunté por el origen de la pieza. Rápidamente me dijeron que provenía del Mar Argentino. Con incredulidad y atrevimiento afirmé que ese pescado no se consigue en el puerto de Mar del Plata… nadie me contradijo y, por allí, alcancé a escuchar que el producto provenía de la pesca deportiva. El resultado, algo así como lo que los españoles denominan pesca de anzuelo. Todavía me pregunto por qué la carta no contiene esta afirmación.
IV Unas notas más
Creo en la cocina que evoca sabores del pasado, me atrae y me gusta. Si hemos sido felices sentados a la mesa en un restaurante hace tiempo, tenemos derecho al ritual de una evocación. Por eso me parece interesante que aquellos viejos locales sobrevivan. Pero, para que ello ocurra, es imprescindible que mejoren la calidad de su oferta. No necesitan modificar el estilo, sino garantizar calidad.

Que la materia prima sea seleccionada cuidadosamente. Que las técnicas de cocción sean aplicadas escrupulosamente. La comida no debe llegar fría a la mesa por más que medien 30 metros entre la cocina y el rincón más alejado en que se sientan los comensales. Para lograrlo es necesario incorporar tecnología en el equipamiento y la organización del servicio. No hay nadie que pueda afirmar con seriedad que esa incorporación dañe la identidad que el restaurante ha decidido mantener.

Un detalle que no es menor es el de asegurar la trazabilidad del producto. Saber qué es lo que se está comiendo da tranquilidad al consumidor. Lo que hacen los chilenos con el salmón del Pacífico es un ejemplo digno de tener en cuenta. En Lo de Tata me consta que lo que ofrecen proviene de la pesca deportiva, me sigo preguntando por qué no se sostiene esta afirmación en la carta.

Me gustaría, en lo personal, que cuando me siento en una mesa en Mar del Plata encontrarme con una buena oferta de productos del Mar Argentino. Cuando tuve la oportunidad de visitar Jerez de la Frontera y Cádiz, jamás esperé que me ofrecieran abadejo del Atlántico Sur.


domingo, 2 de abril de 2017

Tortilla de camarones, receta gaditana

Sol, calor y costanera, allí donde el Guadalquivir se vuelca en el mar abierto. Mediodía cálido de noviembre en Sanlúcar de Barrameda. Delante de nosotros, el canal, señalado con boyas, conduce a los navegantes al puerto de Bonanza ubicado un par de kilómetros al noreste de la ciudad. La caminata que hicimos con Haydée resultó placentera, relajada. Era el otoño ya avanzado de 2015, pero ya sabemos lo que puede el sol en Andalucía.
 
Las imágenes pertenecen al autor 
Cuando se hizo la hora de almorzar, retomamos la Avenida Calzada de la Duquesa Isabel hacia la Plaza Cabildo. Llevábamos el deseo de probar las famosas tortillas de camarones de Casa Balbino; pero el prestigioso local estaba cerrado por vacaciones (¿anticipo de lo que nos dirían esa misma noche en Cádiz?). Como rueda de auxilio, teníamos una segunda recomendación, Taberna Cabildo.(1) En este lugar disfrutamos de esta preparación maravillosa y de otras exquisiteces locales. En este lugar tuvimos nuestra primera experiencia con el salmorejo y la posibilidad de tomar manzanilla de Sanlúcar, la especialidad local del vino de jerez.
Quedamos más que satisfechos de lo que comimos y bebimos. ¿¡Cómo serían las tortillas de Casa Balbino, si las de Taberna Cabildo eran así!? Para tener una aproximación vemos este texto del gastrónomo español José Carlos Capel:
“Mientras nos servían dos copas de manzanilla llegaron las tortillitas, ligeramente tostadas, secas y con abundantes camarones. Al morderlas crujían como el mejor barquillo. Cada bocado equivalía a un concentrado de sabores marinos. Si digo que las encontré espléndidas me quedo corto. Un placer suculento que en esta casa se cotiza a 1,25 euros cada una. No puedo entender cómo pueden venderse a un precio tan ajustado.”(2)
¿Qué son estas tortillas? Simplemente, una fritura rápida, como se explica en la receta que expongo abajo, en la que se combina una masa de harina, agua, ajo y perejil con camarones fresquísimos (Capel habla, en su artículo, de “camarones vivos”).
¿Los camarones andaluces son igual que los nuestros? No. Nosotros llamamos camarones a lo que en España se conoce como gambas. Javi lo aclara en los comentarios a su receta, una de las fuentes que utilicé para este artículo. Tienen un tamaño de uno o dos centímetros.(3) Leí, también, en textos más técnicos que se trata de la especie Palaemon serratus, difíciles de encontrar fuera de la costa atlántica de Andalucía.(4)
Sumemos, ahora, a esta idea de especie única y pequeña, lo que nos ha dicho Capel, en Casa Balbino están vivos cuando los cocinan, y la lectura que hice de más de diez recetas. Llegué a la conclusión de que pareciera que no es necesario pelarlos como ocurre con las gambas, es decir, con nuestros “camarones”. Aunque, justo es decir, los textos consultados no son contundentes, ni exentos de contradicciones al respecto.(5)
Mi experiencia es la de haberme enfrentado a una tortilla crocante, donde los camarones, muy pequeños por cierto, se expresaban en sabores sutiles, frescos, marinos. Ignoro si estaban vivos cuando los cocinaron, ignoro si fueron pelados o no. La única certeza que tengo es la de haber comido un bocado en donde el equilibrio de texturas y de sabores se destacaba por encima de cualquier particularidad de los ingredientes; permitiendo un delicado fluir en la boca sin que nada nos hiciera tropezar.
¿Cuál es el origen de la receta? Una de las fuentes consultadas, nos informa que:
“No está muy claro cuál fue el verdadero origen de la tortillita, pero en lo que sí parecen coincidir todos es que fue creada en San Fernando (Cádiz) y que está buenísima!!!”(6)
No es mucho, pero, en esta ocasión, nos alcanza con ello porque estamos más interesados en ofrecer la receta que en conocer un recorrido que, de todos modos, no tiene terminales en La Argentina.
Digamos pues, provisionalmente, claro está, que estamos frente a un plato gaditano.
Quedará pendiente, entonces, comparar estas tortillas de camarones con las que llevan el mismo nombre y se preparan en México y en Ecuador, aunque pareciera que, en estas especialidades americanas, se agregan huevos y se usa la palabra camarón en el sentido americano.(7)
Para componer la receta usé diversas fuentes. Una de ellas refiere a cómo preparar este plato en Madrid, es decir, lejos de Cádiz y de sus camarones frescos. Esta receta o, tal vez mejor, algunas apreciaciones de Javi podrían ayudarnos a prepararla en Buenos Aires.
Tortilla de camarones
Fuente (fecha)
Compuesta (2016) a partir de los artículos de Capel (2014), Javirecetas (2013) y Bocados caseros (S/D).(8)
Ingredientes
Para 12 tortillas:
1 vaso lleno de camarones (unos 100 gramos)
3/4 de vaso lleno de harina de trigo (unos 100 gramos)
1/4 de vaso lleno de harina de garbanzos (unos 50 gramos)
1 vaso y medio con agua
1/2 cucharada pequeña con sal
1 cebolla de verdeo
Perejil fresco
Aceite de oliva para freír las tortillitas
Preparación
1.- Tomar un vaso normal (de unos 250 ml de capacidad) y llenarlo hasta las tres cuartas partes de su capacidad con harina de trigo. Luego, llenar el cuarto restante con harina de garbanzos.
2.- Volcar la harina en un perol mediano.
3.- Picar la cebolla de verdeo muy finamente y échala en el bol.
4.- Picar el perejil y añadir una o dos cucharadas (a gusto) en el perol.
5.- Añadir la sal, los camarones y el agua. Mezclar bien con un tenedor, debe quedar una mezcla bastante líquida.
6.- Tomar una sartén grande o mejor una paella. Llenarla de aceite de oliva hasta un dedo de altura y poner a calentar.
7.- Cuando el aceite esté bien caliente (pero sin humear), añadir un cucharón de la mezcla. Dejar que se cocine por un lado y luego darle la vuelta hasta que se dore por el otro.
8.- Probar la tortilla y, si está bien de textura y sal, seguir haciéndolas en tandas. Si hay que hacer algún cambio, ese es el momento.
9.- Sacar las tortillitas de camarones y colocarlas sobre papel de cocina absorbente para que les quite el exceso de grasa.
10.- Comer antes de que se enfríen.
Comentarios
1.- En la transcripción, sigo la receta de Javi, traducidas al castellano rioplatense y a mi propio estilo de presentar las recetas. Por otra parte, reservo estos comentarios para aclaraciones del propio Javi y para indicar algunas alternativas de las otras fuentes utilizadas.
2.- José Carlos Capel no nos da una receta, pero sí una descripción de lo que vio en las cocinas de Casa Balbino. Trascribo el texto porque tiene un gran interés:
“Apareció Balbino, propietario, segunda generación de una casa con años a sus espaldas y nos invitó a pasar a la cocina. El espectáculo me dejó perplejo. Conté seis peroles con muy poco aceite en cada uno, extraordinariamente limpios, de fondo transparente. Dentro de un bol tapado por un paño húmedo, saltaban los camarones vivos.
”En otro de más capacidad había una crema fluida elaborada con harina, agua, cebolla, perejil y ajo. A ritmo frenético cada freidor vertía sobre los peroles cuatro cucharones de la mezcla que se comenzaban a expandir en el aceite humeante. En ese momento, con la ayuda de dos cuchillos de punta redondeada perforaban cada masa, rompiéndola para acentuar su encaje. Vuelta y vuelta y, una vez doradas, pasaban al escurridor y luego a los platos de servicio.”
3.- Un consejo de Javi al respecto:
“Otra alternativa es utilizar gambitas troceadas en vez de camarones, pero debes tener en cuenta que en este caso la masa debe ser un pelín menos líquida para que “atrape” las gambas mientras se fríen las tortillitas. Si te decides por esta opción mi consejo es que no uses gambas congeladas, sueltan mucha agua y son difíciles de utilizar en esta receta.”
4.- La receta de Bocados caseros varía levemente: usa la misma cantidad de harina de trigo y garbanzos, un poco menos de agua y camarones. Fuera de Andalucía, propone el uso de camarones cocidos, no de gambas. Recomienda también que, cuando se prepara la masa, se la deje reposar media hora en la heladera.
Notas y bibliografía:
(1) Las recomendaciones nos las hizo Jean Louis Daniel, el cuñado bretón de Haydée, amante de Andalucía, el cante y los toros.
(2) 2014, Capel, José Carlos, “Las tortillas de camarones, Casa Balbino y la alta cocina española, leído el 2 de noviembre de 2016 en http://elpais.com/elpais/2014/08/13/gastronotas_de_capel/1407923785_140792.html.
(3) 2013, Javirecetas, leído en http://javirecetas.hola.com/tortillitas-de-camarones/, el 2 de noviembre de 2016.
(6) 2013, Javirecetas, cit.
(8) Leído en 2014, Capel, José Carlos, cit., en 2013, Javirecetas, cit. e en http://www.bocadoscaseros.com/2013/09/tortilla-de-camarones-receta-de-cadiz.html, leídos el 2 de noviembre de 2016.


sábado, 25 de marzo de 2017

Berenjenas rebozadas con miel de caña

Como muchos platos de la cocina andaluza, las berenjenas rebozadas en masa orly reciben diversos nombres y sus recetas suelen multiplicarse vertiginosamente en innumerables variantes.
 
Las imágenes pertenecen al autor 
Las he comido en Córdoba en dos grandes restaurantes. En el prestigioso Caballo Rojo, llevan el nombre de berenjenas rebozadas con miel de caña y, como subtítulo, una alusión a las cocina de las abuelas. En las irreverentes tabernas de Bodegas Mezquita, las denominan berenjenas califales rebozadas con reducción de vino pedro ximénez.(1) la denominación está relacionada con una receta particular en donde la salsa es esta reducción de vino. Todo parece tan simple, pero en Caballo Rojo llama berenjenas califales a unas que fríen sin rebozo y aderezan con una salsa de camarones.(2)
Suelo omitir las apreciaciones sensoriales personales de lo que como en mis artículos de crítica. Lo hago por dos razones. La primera es que prefiero concentrarme en la comida que llevo a mi boca antes que en el análisis minucioso de los componentes. La segunda es que no puedo excluirme del contexto. De modo que, aunque he tenido entrenamiento, cuando pruebo un plato, me domina la subjetividad.
Con esta salvedad, y desde esa misma subjetividad, diré que las berenjenas rebozadas de Caballo Rojo me parecieron de una exquisitez difícil de igualar, pero las berenjenas califales de Bodegas Mezquita me resultaron sublimes.
¿Qué es el rebozado en masa orly? Consiste en preparar una masa líquida, algo espesa, y usarla para remojar los ingredientes antes de llevarlos a la fritura. La técnica es habitual en el mediterráneo (v. g., las gambas en gabardina o la pastella siciliana de verduras) y nos hace pensar en un parentesco directo con la tempura japonesa que, como es ampliamente reconocido, tiene un origen portugués y una denominación latina que no lo desmiente.
En el libro Cocinando en Córdoba, se encuentra la receta de berenjenas califales patrocinada por Bodegas Mezquita.(3) La fórmula que reproduzco está tomada textualmente de allí. En los comentarios, sugiero como podrían cocinarse en La Argentina.
Berenjenas califales rebozadas
con reducción de vino pedro ximénez
Fuente (fecha)
Bodegas Mezquita (2015)(4)
Ingredientes
500 g de berenjenas.
1 huevo.
200 g de harina.
150 cl de cerveza.
5 g de sal.
35 g de levadura.
8 g de perejil picado.
200 g de azúcar.
500 cl de vino pedro ximénez.
Preparación
1.- Poner en una olla el vino junto con el azúcar. Llevar a fuego y dejar reducir hasta que tenga la consistencia de un caramelo.
2.- Cortar las berenjenas en medias rodajas y meterlas en leche sazonada para que no se oxiden.
3.- Mezclar la harina con la cerveza, la levadura, el huevo la sal y el perejil picado. Batir hasta conseguir la masa orly.
4.- Dejar fermentar por 30 minutos.
5.- Pasar las berenjenas por la masa y freír en abundante aceite caliente.
6.- Escurrir sobre papel absorbente.
7.- Servir las berenjenas salseadas con la reducción de vino.
Ajuste personal
1.- La receta original dice que, para preparar la masa orly, es necesario triturar los ingredientes. Yo he puesto “batir”. El recetario utiliza los dos términos como sinónimos porque muchas veces recurre al uso de una licuadora (incluso en este caso parece sugerirlo) que, en España, suelen denominar “trituradora”.
La masa orly se “consigue” cuando la mezcla se torna homogénea.
2.- Agregué el tiempo de levado requerido porque en el texto no está. Lo tomé de diversas recetas que consulté, aunque bien sé que sólo la práctica entrenará nuestros sentidos para saber cuál es el tiempo exacto. Siempre hay que tener en cuenta que estas fermentaciones suelen estar muy condicionadas por las condiciones climáticas en que se las practica.
Comentarios
1.- Opciones en La Argentina: uno) Reemplazar la reducción con miel de caña como dicta la receta genérica; dos) Conseguir alguno de los pocos vinos encabezado de vino blanco que se producen en nuestro país, aunque no esté hecho con pedro ximénez y proceder con la reducción propuesta en la receta.
2.- ¿Cerveza y levadura en la preparación de la misma masa? Los dictados académicos no lo admite; pero la práctica popular de la receta, sí.
3.- La receta dice que las berenjenas deben sumergirse en leche sazonada para evitar que se ennegrezcan.
Cambié el término por uno que me parece más técnico, es decir, para evitar la oxidación.
Con todo, me parece que la razón por las que se sumergen en leche es para que tomen una consistencia particular, más tierna, propia de las recetas con masa orly o de otros rebozados como las milanesas. Si fuera de otro modo, la receta diría que las berenjenas deben cortarse inmediatamente antes de la fritura.
4.- Como es habitual en estas recetas están traducidas al castellano español del Río de la Plata.
Notas y bibliografía:
(1) Leída en http://www.bodegasmezquita.com/la-carta-bar-restaurantes/, el 22 de noviembre de 2016.
(2) Leída en http://www.elcaballorojo.com/home.html, el 22 de noviembre de 2016.
(3) S/D, Arenas Rodríguez, Francisco Manuel y Arenas Rodríguez, Daniel, Cocinando en Córdoba. La cocina tradicional de los hogares cordobeses, Córdoba, CórdobaLibros, adquirido en la ciudad de Córdoba en 2015.
(4) Ídem, pag. 49; leída también el 22 de noviembre de 2016 en http://www.bodegasmezquita.com/blog/berenjenas-califales-a-la-miel-de-pedro-ximenez/ .


sábado, 18 de marzo de 2017

Salmorejo cordobés

El salmorejo cordobés es un gazpacho de características especiales. ¿Es un gazpacho? Sí, claro, pan, aceite de oliva, ajo, vinagre y, en este caso, tomate. Para casi todos los andaluces el salmorejo es un gazpacho; pero, para los cordobeses, tal vez no.
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Antes que nada, detengámonos un poco en el término “salmorejo”. En Córdoba, refiere al ya mencionado “gazpacho”, plato emblemático de esa provincia; pero en Canarias es una salsa, a veces un caldo de cocción, que lleva aceite, vinagre y vino o agua que se utiliza para aderezar platos hechos con conejo. Ambas acepciones están comprendidas en el Diccionario de la Lengua Española que afirma que su etimología latina nos conduce a la palabra salmuera(1). Por ello, llamaré a la receta que publico abajo directamente “salmorejo cordobés”. Lo hago con el propósito de evitar que tengamos que lamentar confusiones, y sin embargo...
Mis gastrónomos andaluces de cabecera afirman que el salmorejo cordobés forma parte de la familia de los gazpachos (Carlos Azcoytia)(2) y que “es probablemente el gazpacho tomatero más sobrio y canónico en su preparación y contenido” (Miguel A. Román).(3) Pero, mis gastrónomos cordobeses de cabecera ¿dicen lo mismo?
El escritor Jesús Manrique tiene, en su blog de cocina, una sección dedicada al salmorejo cordobés. Una fotografía encabeza ese capítulo. En ella se ve al autor apoyado sobre la receta reproducida en un azulejo aplicado en la entrada misma de la Calleja del Salmorejo Cordobés.(4) Recojo de él alguna información significativa en relación con la historia de la receta y la existencia de la Cofradía Gastronómica Salmorejo Cordobés, asociación dedicada a difundir esta receta que está tan identificada con la ciudad como las empanadas con la de Salta.(5)
Les propongo que nos detengamos unos minutitos en la historia. Para referirse a ella, Manrique nos conduce al blog Salmorejo de Córdoba. En él, un artículo firmado por José Luis Esparcia nos permite recorrerla. Su origen es impreciso. Algunos autores lo remontan al Imperio Romano y su forma primitiva sería semejante a la mazamorra (¿versión cordobesa del ajoblanco?). Otros piensan que fue creado el siglo XVII, en coincidencia con el inicio del consumo de tomates en Europa.
Reproduzco dos afirmaciones del artículo porque las considero pertinentes a la presentación que estoy haciendo de la receta:
“Como término lingüístico, aparece por primera vez documentado en 1737, en el Diccionario de Autoridades, que lo define como una salsa con la que aderezar los conejos; corresponde esto más al llamado salmorejo canario. Pero, sin duda, la propia historia del Salmorejo está estrechamente unida a la de su elemento principal: el tomate, del que toma color y gran parte de la textura y el sabor.
/…/.
En lo que se está de acuerdo es en que el origen de este plato fue, como sus primeros consumidores, humilde. Parece claro que una dieta a base de elementos simples y al alcance de los campesinos, fue algo que surgió como necesidad de alimentarse de modo sencillo, barato y con un objetivo de combatir el calor de las zonas donde nació y se consumía: el Sur. Por lo que se puede entender la estrecha relación del salmorejo cordobés con el llamado gazpacho andaluz. Las características del plato y sus causas son muy similares a las de otros platos de regiones españolas: el llamado gazpacho manchego o galianos, que nació como dieta de pastores y campesinos ante el frío invernal de la meseta manchega; las migas de pastor, también de gran sencillez por sus ingredientes y modo de preparación.”(6)
Ya he hablado de la mazamorra y su relación con el ajoblanco. A mí me parecieron variantes de un mismo plato; pero, como no soy una autoridad en la materia no confío en mis apreciaciones. Los gastrónomos andaluces consideran que el origen del gazpacho es una preparación muy parecida al ajoblanco. Como puede apreciarse, el texto que transcribí, para este autor cordobés, el origen del salmorejo estaría precisamente en la mazamorra.
Noto un fuerte localismo en los autores cordobeses: pareciera que el gazpacho y el salmorejo representan dos tradiciones paralelas sin que uno sea una especie del otro.
Los amigos de los excelentes restaurantes Bodegas Mezquita, tiene en su página de Internet una historia del salmorejo que reproduce el tópico: el salmorejo desciende de la mazamorra. Transcribo los párrafos de interés:
“/…/.
”Se considera que la predecesora del salmorejo es la Mazamorra, con una receta muy parecida, de la que se cuenta que era alimento básico para las tropas romanas, que según parece, eran verdaderos expertos en recetas majadas de este tipo.
”/…/.
”El Salmorejo como tal no se conoce hasta tiempo después de la llegada a España de los tomates con Colon, sobre el siglo XVIII (hasta entonces el Tomate era solo una planta ornamental), sustituyendo el Salmorejo a la Mazamorra en los olivares en verano, hasta que, con los invernaderos, nos fue accesible durante todo el año.
”/…/.”(7)
Personalmente amo los localismos, de modo que escribiré usando los términos que ellos mismos utilizan. Rectifico así mi aserto anterior y, para que no haya confusiones, llamaré “salmorejo cordobés” a la receta que publico porque los cordobeses la llaman así.
Salmorejo cordobés
Fuente (fecha)
Receta de Arenas Rodríguez (2015).(8)
Ingredientes
3 tomates maduros.
300g de miga de pan del día anterior.
1 diente de ajo.
150 ml de aceite fino de oliva.
Sal.
Vinagre.
3 huevos duros y jamón serrano para la guarnición.
Preparación
1.- Triturar los tomates pelados, el pan y el ajo, con el aceite de oliva, la sal y el vinagre hasta que esté todo bien batido formando una mezcla fina y espesa.
2.- Cortar el jamón en trocitos muy pequeños y picar los huevos. Reservar para el momento del servicio.
3.- Servir frío, preferentemente en una cazuela de barro. En el momento previo a servir, añadir el jamón serrano y los huevos por encima y agregar un chorro generoso de aceite de oliva.
Comentarios
Del recetario:
1.- Conviene poner poca sal y vinagre y aderezar a mitad del proceso de batido.
2.- En relación con los productos, es necesario tener en cuenta que los tomates tienen que estar maduros y sanos, que le aceite de oliva sea extra virgen, que se utilice el pan de pueblo denominado telera y que el jamón serrano esté bien curado.
3.- Una opción válida es que los huevos sean de codorniz, partidos por mitades, lo que le da distinción al plato.
Míos:
1.- He hecho una transcripción al Castellano del Río de la Plata y al uso del infinitivo característico de mi manera de exponer las recetas.
2.- La receta está patrocinada por el restaurante Taberna Salinas.
3.- Cuando probé el salmorejo, creí percibir un parentesco con ciertas emulsiones propias de la cocina mediterránea (v. g., la mayonesa o el alioli). Ningún autor de los que consulté hace referencias a esa proximidad. De modo que tengo que descartar la influencia de esas preparaciones sobre el salmorejo cordobés.

Nobleza obliga. No soy devoto de las simetrías especulares, pero, en esta oportunidad, pueden iluminar la visión de las cosas. Cuando publiqué la receta de gazpacho, completé el artículo con la del ajo blanco (su antecedente más aparente). Toca ahora agregar la de mazamorra que, para los gastrónomos cordobeses, es el antecedente más aparente del salmorejo. No alcanzo a percibir que las diferencias entre la mazamorra y el ajo blanco sean tan evidentes. Hay algunos pequeños detalles en la elaboración de ambas recetas que pueden dar un resultado diferente, más adecuado que la simple lectura, para la resolución del dilema. En tal caso, tendré que volver a Córdoba y probar ambos platos. Tal vez los especialistas puedan desasnarme antes que tenga mi oportunidad de regresar a la animosa paz que ofrece a los hombres de fe, la contemplación de la mezquita catedral.    
Mazamorra
Fuente (fecha)
Receta de Arenas Rodríguez (2015).(9)
Ingredientes
200g de pan de pueblo.
50 g de almendras crudas.
1 diente de ajo.
200 ml de aceite de oliva virgen.
Sal y vinagre a gusto.
1 huevo duro y aceitunas negras para la guarnición.
Preparación
1.- Triturar el pan, las almendras, el ajo, el aceite, la sal y el vinagre hasta que quede una masa muy fina y blanca.
2.- Servir en una cazuela de barro, decorando el plato con el huevo duro y las aceitunas negras.
Comentarios
Del recetario:
1.- Antes de servir podemos rematar el plato agregando un chorretón de aceite de oliva.
2.- En lugar de huevo duro y aceitunas, podemos optar por una guarnición compuesta por pequeños dados de melón y jamón serrano.
Míos:
1.- He hecho una transcripción al Castellano del Río de la Plata y al uso del infinitivo característico de mi manera de exponer las recetas.
2.- El agregado de agua en la preparación del ajo blanco aporta una textura diferente a la de la mazamorra. ¿Justifica, este hecho, que pensemos en una diferencia casi esencial entre ambas recetas?
Notas y bibliografía:
(1) Leído el 17 de noviembre de 2016 en http://dle.rae.es/?id=X4uKxiT.
(2) 2005-2010, Azcoytia, Carlos. “Historia del gazpacho”, leído en http://www.historiacocina.com/historia/articulos/gazpacho.htm, el 17 de noviembre de 2016.
(3) 2008, Román, Miguel A., “Otros gazpachos”, leído el 17 de noviembre de 2016 en http://librodenotas.com/encasadeluculo/14180/otros-gazpachos.
(4) 2014, Manrique, Jesús, “El rincón del salmorejo cordobés”, leído el 17 de noviembre de 2016 en https://molletesyhambreymicerveza.com/el-rincon-del-salmorejo-cordobes/.
(5) Cofradía Gastronómica Salmorejo Cordobés, Sitio Web oficial, leído en http://salmorejocordobes.com/web/seccion/pagina/contenido/plantillas2/index.php?s=2, el 17 de noviembre de 2016.
(6) 2011, Esparcia, José Luis, “Origen del salmorejo” leído en http://salmorejodecordoba.blogspot.com.ar/2011/09/origen-del-salmorejo.html, el 17 de noviembre de 2016.
(7) S/D, Romero Mesa, José Antonio, “Historia del Salmorejo Cordobés”, leído en http://www.bodegasmezquita.com/blog/historia-del-salmorejo-cordobes/, el 17 de noviembre de 2016.
(8) S/D, Arenas Rodríguez, Francisco Manuel y Arenas Rodríguez, Daniel, Op. Cit., pag. .