martes, 17 de mayo de 2016

TUCUMÁN



Willy Cersósimo

05/2016

Colalao del Valle. Se encuentra a una altura de 1815 metros sobre el nivel del mar, creció a orillas del río Santa María que le tributa sus aguas y alimenta sus tierras. Limita al norte con Tolombón (Salta), al sur con Santa María (Catamarca), al este con las Cumbres Calchaquíes y al oeste con las sierras de El Cajón o Quilmes. La actividad económica principal es la producción de nueces, especias, productos artesanales y vinos.

Este lugar es, sin duda, privilegiado para el descanso y la meditación debido a la benignidad de su clima, su paisaje encantador, la lentitud del paso del tiempo, la humildad de sus viviendas y la tranquilidad contagiosa de sus calles. Está enmarcado por un sereno paisaje que invita a recorrerlo a pie o a caballo. Está a escasos 190 km de la ciudad de San Miguel de Tucumán capital de la provincia.

Su historia se remonta a principio del siglo XVIII. Luego de la conquista, en este lugar se asentaron familias de origen español. Durante ese siglo, el valle estuvo bajo las órdenes de comandantes españoles, el último de ellos, fue el terrateniente Valentín Armella. Hacia fines del siglo XIX, la pequeña villa se transformó en un lugar de veraneo gracias a su clima seco y a su atractivo paisaje. La palabra Colalao proviene del quichua y su significado es: astuto, talentoso, triunfador y también arrullo de palomas. En quechua collai es: cacique y lao: pueblo (pueblo del cacique collai). Llamado "el corazón del Valle Calchaquí", Colalao del Valle es un pueblo donde se dice que Dios creó belleza, música y poesía. Este poblado es un gran alhajero que guarda celoso toda la sabiduría del espíritu indígena.

En este Paraíso ubicado en la Tierra llegó a fines del siglo XIX, Baltazar Chico proveniente de Barcelona y recorrió el Valle con la intención de implantar viñedos. Unos años más tarde, a principios del siglo XX, implantó en Colalao del Valle los viñedos que darían origen a la primera bodega tucumana.

Como vemos, la producción de vinos en Tucumán no es algo nuevo. No podemos negar que hablar de vinos en Tucumán puede sorprender a muchos, pero lo cierto es que esta provincia tiene una historia vitícola que se remonta al siglo XVI cuándo, cómo en muchos otros puntos del país, los jesuitas elaboraban sus vinos de misa, incluso existen registros que aseguran que para 1880 la provincia contaba con unas 300 hectáreas en producción; aunque para inicios del siglo XX, la actividad comenzaba a perder fuerza y solo algunos productores mantendrían viva la llama del vino tucumano. Entre estos se destaca Baltazar Chico quien fundó su propia bodega en Colalao del Valle en 1910 llegando a tener 83 hectáreas en producción que aun hoy se mantienen en pie en manos de sus nietos.

El porqué de su origen y su subsistencia hasta el siglo XXI lo podemos encontrar en el terroir. La actual industria vitivinícola de Tucumán se ubica en el área central del Valle Calchaquí, la reconocida geografía denominada sub-andina que abarca las provincias de Salta y Catamarca. Es en estos suelos arenosos y rocosos de origen aluvional que los salteños explotan magistralmente bien con sus vinos de Cafayate que es el epicentro vitivinícola calchaquí, ubicado a unos escasos cuarenta kilómetros de Colalao del Valle. Es por esto que no debemos extrañarnos de la vitivinicultura que se desarrolla en Tucumán ya que comparte uno de los terruños más interesantes del país, famoso en el mundo por la altura de sus viñas que en el caso de Salta se ubican entre los 1750 y 3100 metros sobre el nivel del mar.

A pesar de habitar el mismo valle la ubicación de los viñedos tucumanos se encuentra algo mas al sudeste lo cual le imprime características diferenciales en cuanto a temperatura y lluvias.

A diferencia de lo que ocurre en Cafayate, en Colalao el régimen de lluvias se ubica entre los 80 y 150 milímetros anuales siendo más seco, mientras que los vientos constantes aseguran una temperatura más moderada, mayor amplitud térmica y una sanidad inobjetable. Aquí los veranos son muy calurosos mientras que los inviernos son muy fríos a pesar de sus 350 días de buen sol. Es a partir de estas características que la actual viticultura se orienta hacia la elaboración de vinos de alta gama.

Gracias a su trabajo, la Cámara de Bodegas y Viñedos del Tucumán, bajo un programa integrador, busca destacar y difundir las particularidades de los proyectos de la provincia. Desde hace aproximadamente unos diez años nuevos actores se han sumado a la escena con la intensión de aggiornar la imagen del vino tucumano y aprovechar este terruño olvidado por largos años. En los orígenes de la viticultura de este rincón calchaquí el desarrollo fue de la mano de las uvas criollas, en cambio hoy las cepas cultivadas son Torrontés, Malbec y Cabernet Sauvignon como protagonistas mientras que también encontramos Bonarda, Syrah y Tannat. Debido al tipo de clima y condiciones del valle los vinos ostentan gran carácter, especialmente los tintos, con colores profundos y concentrados, con una paleta aromática altamente expresiva y paladar firme. En conclusión un estilo que se asemeja al de los vinos de altura salteños pero con una estructura más marcada y a la vez con una acidez vivaz e interesante.

Un capítulo aparte merece el Torrontés en el que se observa una personalidad propia que lo diferencia de los elaborados en Salta o La Rioja. Aquí el Torrontés es de una aromática menos invasiva, donde se destacan las frutas de carozo y blancas, con un fondo floral nítido mientras que en el paladar es amplio y graso.

La provincia explota estratégicamente este renacer vitivinícola en el Valle Calchaquí al combinarlo con el turismo arqueológico que invita a contactarse con los pueblos originarios y su cultura, siendo Amaicha del Valle un alto obligado para luego visitar la maravillosa Ciudad Sagrada de los Quilmes. En la zona de viñedos de las bodegas en actividad las que más se destacan por sus construcciones son Arcas de Tolombón y Bodega Posse dos proyectos cuyos vinos demuestras una apuesta decidida a competir en las grandes ligas. En ambos casos, las visitas son recibidas con una degustación y un recorrido por los viñedos e instalaciones.

Dentro de los proyectos más pequeños, encontramos a Estancia Río de Arena que recibe a los turistas en su hostería donde el mismo Roberto Carro, propietario de la bodega, siempre está listo para contar todo sobre sus vinos acompañado por sus famosas empanadas. Uno de los proyectos más curiosos e interesantes es Altos de la Ciénaga en pleno corazón del pueblo de Colalao del Valle.

Aquí Luis Rolando Díaz elabora un vino casero que sorprende a todo el que lo descubre. La degustación la realiza en la misma casa familiar a la sombra de una parra en compañía de los dulces que elabora su madre y los frutos secos que la familia produce en la zona. Y por último, para conocer toda la historia de este terruño centenario es imprescindible visitar la bodega más antigua de la región, Chico Zossi donde los miembros de la familia siempre están dispuestos a compartir su vino junto a la historia de Baltazar y recorrer los viñedos.

La bodega Chico Zossi es, como dijimos, la primera de la provincia, fundada en el año 1910 y produce sus vinos desde 1916. La historia se inició con Baltazar Chico, que arrancó con la bodega cuando llegó de España. Hoy, un siglo después, Baltazar Chico Zossi y su hijo Baltazar están a cargo del emprendimiento viñatero. Sólo dejaron de producir durante algunos años en la década del ‘60. Lograron levantarse y continuar, imbuidos por la pasión familiar de elaborar vinos. La bodega, que produce unos 20.000 litros de vino al año, cuenta con una sala de degustación que está abierta al público. Para Baltazar, Tucumán no está actualmente a la altura de Salta o de Catamarca porque no se han realizado las inversiones necesarias, lo que sí ocurrió en ciudades como Santa María y Cafayate. Las condiciones del suelo y las climáticas están dadas, y la uva torrontés, entre otras, posee mucha más sanidad que la de otras provincias.

Las líneas de vinos que producen son: “Chico Zossi Malbec”, 100% Malbec. Notas de cata: Se presenta con aroma a frutos rojos como ciruela y a pasas de uva, típicos de la variedad. En boca es suave, de taninos redondos y dulces, de acidez agradable y de un sabor final en boca muy persistente. “Chico Zossi Torrontés”, 100% Torrontés. Notas de cata: Posee un color amarillo con reflejos verdosos, aromas que recuerdan a rosas, y un sabor fresco y cítrico; producto de la armoniosa combinación entre las cualidades de la uva y la potencia que le aporta terroir. “Chico Zossi Torrontés Dulce Natural”, 100% Torrontés. Notas de cata: De color amarillo limpio, su aroma recuerda a miel y flores. En boca presenta un sabor fresco y untuoso; cualidades que se equilibran gracias a su excelente terroir y su cuidada elaboración.

El riego de los viñedos se realiza por goteo en la mayoría de los casos, aunque también se aplica el riego por manto. Siempre se utiliza agua pura de deshielo, lo cual favorece a la pureza de la uva.

La combinación entre la altura, que alcanza hasta 2500 metros sobre el nivel del mar, las óptimas condiciones climáticas, que a su vez repercuten en el suelo haciéndolo fuerte y resistente y el agua de deshielo dan como resultado vinos con una impronta única que concentran en cada botella la personalidad de una región que, a pesar de estar ubicada en la provincia más pequeña de la Argentina, se proyecta en grande gracias a la calidad de su producción.

Como vimos la tradición vitivinícola en la provincia se inició en el siglo XVI. Luego, en el siglo XIX, comenzaron a elaborarse vinos para el mercado interno con uvas de la variedad Criolla Chica. A partir de 1910, Baltazar Chico, principal productor de la época, expandió la superficie de sus viñedos gracias a canales de riego y represas, logrando hacia la primera mitad del siglo XX exportar vinos a los países limítrofes. Para adecuarse a los avances productivos, importó maquinaria francesa como una prensa, una trasegadora, y filtros, logrando alcanzar una capacidad de producción de 40.000 litros anuales que se destinaban tanto al mercado interno como a la exportación.

Durante las décadas del ’60 y del ’90 la bodega entró en un impasse, dedicándose exclusivamente a comerciar sus uvas a bodegas aledañas de la vecina región de Cafayate en Salta. De la mano de la tercera y cuarta generación, a principio de los 2000 retomó su actividad, apoyándose en un viñedo fortalecido por años de trabajo, con la premisa de exponer aquel potencial que Baltazar Chico descubrió en la mítica región.

En la actualidad, la superficie de los viñedos alcanzan las 89 hectáreas, en las cuales hay implantadas uvas de las variedades Tannat, Malbec, Syrah, Bonarda, Torrontés y Cabernet Sauvignon. Todas cepas de gran producción a nivel nacional y mundial pero distintas de todo lo conocido gracias al carácter esencial del Valle Calchaquí.

Baltazar Chico, bisnieto de Baltazar Chico, cuenta que su bisabuelo llegó a Colalao del Valle a fines del siglo XIX, cautivado por el complejo paisaje del Valle Calchaquí, que fue consciente del potencial que este lugar posee para el cultivo de la vid y que funda por los años 1910 la primera y única Bodega de Tucumán en aquella época. Mediante la construcción de una represa, amplió la plantación de viñedos que abastecieron la bodega logrando así su primera exportación. El emprendimiento demandó un gran esfuerzo ya que no había medios de locomoción ni caminos adecuados.

En 1937 su heredero Luis Antonio Chico administra la bodega y los viñedos hasta 1954. En 1960 la bodega deja de funcionar, pero sigue la tradición familiar de la mano de María Zossi de Chico, viuda de Luis Antonio Chico, quien implantó nuevos varietales y le trasmitió la pasión familiar de producir vinos a su hijo Francisco Baltazar Chico Zossi, que a fuerza de trabajo, sacrifico y austeridad, luego de graduarse en la Escuela de Agricultura, abre nuevamente la bodega bajo una empresa familiar de menor escala, que combina el gran potencial que vislumbraron los antepasados, con el espíritu innovador de sus hijos.

Actualmente es la cuarta generación que continúa con dedicación y empeño en la elaboración de vinos de alta calidad en una empresa familiar, pionera en la Vitivinicultura en Tucumán.

María Zossi de Chico, fue la primera que le puso nombre a la finca y la bautizó como “La Perseverancia”, y la elección no fue al azar, representa el valor de una familia que a través de cuatro generaciones, con los altibajos propios de un siglo de trabajo y esfuerzo, logra mantener vivo el sueño que Baltazar Chico tuvo cuando sus ojos vieron por primeras vez estas generosas tierras.

2 comentarios:

  1. Muy interesante y completa la información! Gracias por compartir!

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