sábado, 8 de marzo de 2014

Otra vez en Montevideo

Buenos Aires, 13 de febrero de 2011
Un viaje empieza cuando empieza. Preveo que crucemos, con Haydée, a Montevideo para el 24 de febrero.
 Las imágenes son propiedad del autor  
 Anoche cenamos en casa de Osvaldo Lombardi. Se jugó en una exquisita cena al estilo italiano: antipasto (ajíes en vinagre, tomates secos hidratados, mortadela y sopresata), pasta asciutta con pesto genovés y una deliciosa  bondiola de cerdo preparada con una adobo de más de doce horas y llevada  a una cocción prolongada de dos horas y media en el horno. Una cena tan  peninsular que se completó con un delicioso tiramisu que llevó Marta  Gallegos. José, mi poeta de cabecera, dijo que era un tiramisú español, que nos sorprendiéramos si  sentíamos un gustito a pimentón de Murcia. Todos reímos, pero por las dudas, comimos con cuidado.
¿Dónde empezó el viaje? Primero fue una prolongada charla sobre los carnavales del mundo. José Fernández Erro describió su orden de  importancia. Su enumeración dio el siguiente resultado: Venecia, New Orleans, Río de Janeiro, Bahía del Salvador, Cádiz y, asociado a este último, Montevideo. Yo expliqué la diferencia que para mí hay entre el  carnaval blanco y el carnaval negro en Montevideo y el contraste con Buenos Aires debido a la desaparición del carnaval negro después de Caseros. Fue entonces cuando las gentes de color que fueran protagonistas de la gesta del Restaurador, asumieron la derrota y se sumergieron en el  crisol de razas que estaba configurando la nueva sociedad porteña, desapareciendo para siempre como identidad étnica diferenciada. José  explicó el parentesco tan directo entre el carnaval de Cádiz y el de Montevideo y nos  incitó a mirar videos en Youtube para comprobarlos. Entonces conté de mi  viaje programado y Osvaldo me dijo que me iba a conectar con el director del Museo del Carnaval en Montevideo y con Alejandro Giménez que es funcionario del Ministerio de Deportes y Turismo de la República Oriental... y empecé a sentir como golpeaban las olas sobre el casco del catamarán en que realizaríamos días después el recorrido de la carrera.
Buenos Aires, 16 de febrero de 2011
Osvaldo me mandó la dirección de correo-e del director del Museo y de Alejandro, escribiéndoles a su vez y anunciando nuestro viaje. Me apuré a escribirles.
Entre tanto, estuve mirando videos de las comparsas de Cádiz... y, la  verdad es que ambos carnavales se parecen, pero no tanto. Me gustó mucho  lo de Cádiz, pero sigo sintiendo el de Montevideo como algo más próximo,  más entrañable.
Buenos Aires, 24 de febrero de 2011
UNO
Hemos embarcado y estamos prontos para el viaje. Siempre suelo sentirme extraño en estos momentos. Cada partida, aunque esté preñada de una alegría auspiciosa, es también un desgarramiento. Es atravesar una frontera entre lo cotidiano que nos protege con su rutina y lo que nos espera del otro lado que nos excita con su promesa de asombro...
...y del otro lado, Montevideo, una ciudad tan extraña como familiar, ajena y casi propia, tan únicamente parecida a Buenos Aires como diferente... tan lejos y tan cerca como el río y el árbol de la orilla (linda metáfora, ¿no?, bueno, es afanada).
Es la cuarta vez que voy a esta ciudad esencial. El carnaval espera; pero también las calles reconocibles que atesoran rincones aún inexplorados... y los sabores y aromas que espero encontrar y los nuevos que tenga para darme. Llegar a Montevideo y comer un chivito canadiense con cerveza tirada sutura rápidamente las heridas provocadas por el desgarramiento de la partida.
Llevo los datos para encontrarme con los amigos de Osvaldo. Seguramente ellos me ayudarán a aguzar el foco para poder ver... para reducir la  distancia entre lo que creo que la ciudad es y lo que realmente es. ¿Quiero realmente reducir esa distancia? Bueno, sí... siempre y cuando sigan quedando recovecos para el misterio.
¿Qué se me perdió en esta ciudad como para que desee tanto el encuentro con ella? Nada que valga más que el asombro de encontrarme con algo mío, algo muy íntimo que creía perdido...
...pero qué puede pasar con el asombro, con tantas expectativas y preconceptos, ¿quedará un lugar para mi asombro en Montevideo?
DOS
Atrás mío, en el buque, unos hombres hablan fuerte. Uno que lleva la voz cantante, relata la experiencia de un viaje maravilloso que realizó por Colombia. Lo malo, dice, lo que todos conocemos de ese país no se nota en las calles de las ciudades. Lo otro (se me ocurre que es lo visible) es maravilloso... paisajes exóticos (¿serán tan exóticos, me pregunto mientras escucho distraídamente, como para un hombre habituado a las serranías, recorrer la llanura pampeana y tener la sensación de que nunca encontrará  el final?). Habla también de una cocina de vanguardia exquisita y de los platos que comió y de las bebidas que disfrutó.
¿Por qué será que cuando viajamos, el lugar por el que transitamos nos parece maravilloso y sin mancha? ¿Será porque apenas si rosamos la vida del lugar y casi ni nos enteramos de las angustias y esperanzas de los hombres que lo habitan?
Me aburre seguir escuchando... recuesto el respaldo de la butaca e intento dormir... lo logro por un breve lapso.
Montevideo, 24 de febrero de 2011
TRES
Suelo planificar mucho los viajes, ¿será para reducir el impacto movilizador de lo que se encuentra? No lo sé, pero por las dudas, ni bien llegamos, la arrastré a Haydée y nos sumergimos en La Pasiva de la Plaza Matriz... pedimos lo obvio (chivito canadiense y cerveza Pilsen de barril)... después del rito compensador, vino todo lo demás con debido desorden, con saludable desorden, por cierto.
Entramos en el museo del Cabildo. El edificio (neoclásico español) está bastante bien conservado, pero la exposición es muy pobre. Saliendo, caminamos por la peatonal Sarandí en busca de la Plaza Zabala, uno de mis lugares predilectos en el mundo para tomar mate. Finalmente, volvimos a andar y llegamos al Mercado del Puerto, aún con agua en el termo.
Montevideo es una ciudad de contrastes: la Plaza de la Independencia con pretensiones de solemne modernidad se contrasta con aquellas calles de la Ciudad Vieja que están más alejadas de los corredores turísticos.
Antes de llegar a la Rambla 25 de Agosto de 1825, dimos con un local del Mercado de los Artesanos (yo conocía el local que está en el Mercado de la Abundancia, San José y Aquiles Lanza, a una cuadra de la municipalidad). La calidad, e identidad, de las artesanías que allí se ofrecen es verdaderamente notable. Sin embargo, hay algo curioso que fuimos descubriendo con los días: existen unos motivos en la iconografía de los objetos que se repiten y que inconscientemente yo identifico con la República  Oriental del Uruguay. Preguntando descubrimos que las imágenes estaban inspiradas, cuando no directamente copiadas, de la obra del pintor Torres García.
Después de recorrer brevemente el Mercado del Puerto y su profusa exposición de restaurantes, llegamos al Museo del Carnaval. Excelente. Dos exposiciones. Una permanente con objetos (vestuarios, instrumentos, etc.) pertenecientes a murgas y comparsas. Allí hay varias infografías que explican el sentido y las características del carnaval montevideano y fotografías y videos que ilustran su historia. Dos sectores se destacaban: en la entrada al auditorio, una reseña histórica de los treinta años de la murga Falta y Resto que actuaría esa noche y una notable colección de máscaras de todo el mundo y de toda época que incluía ejemplares de máscaras del carnaval local y del carnaval de Venecia, además de máscaras primitivas de diversos países africanos y asiáticos, incluyendo las correspondientes al teatro japonés.
La otra, era una exposición temática con elementos de indumentaria y utilería que usaron distintas murgas en sus espectáculos de los últimos diez años. El patrimonio del Museo es muy interesante. Eduardo Rabelino, el director del Museo y amigo de Osvaldo, no estaba disponible. Estaba, nos dijeron, como luego verificamos, muy ocupado con la organización de distintas actividades propias del carnaval. Sería muy interesante realizar una  recorrida por ese patrimonio fuera de la temporada del carnaval y aprovechar su conocimiento sobre el tema para disfrutar de la exposición con una mirada más profunda.
Allí terminó nuestra primera mañana...
CUATRO
...pero ese día terminó tarde.
Por la tarde pasó Alejandro Giménez a buscarnos por el hotel y, volviendo a recorrer la Ciudad Vieja, pero esta vez con su guía inapreciable. Nos fue mostrando algunos sitios de interés: el bar Fun Fun, el Teatro Solís, el Museo de Arte Decorativo que esta frente a la Plaza Zavala, el Museo Histórico Nacional, etc.. Terminamos tomando café en uno de los restaurantes del Mercado del Puerto (fuimos hasta allí porque teníamos entradas para esa noche en el tablado del Museo del Carnaval).
Ya dije que Alejandro trabaja en el Ministerio de Deportes y Turismo. Esta repartición tiene sus oficinas en unos de los viejos doques del puerto que ha sido reciclado frente a la Rambla 25 de agosto de 1825 (junto a la entrada para los pasajeros que hacen la carrera a Buenos Aires y casi frente al Mercado del Puerto).
Hablamos en general de política y de cultura; de cómo los afectó la crisis argentina de 2001/2002; de cómo está la situación de los derechos humanos en el Uruguay; de cómo los medios de prensa no tienen tanto poder en la República como en La Argentina y de cómo los uruguayos prioritan la estabilidad institucional por sobre cualquier demanda de la sociedad. Nos contó que había asistido a un seminario sobre temas vinculados a la museología en Buenos Aires y que tenía una idea bastante clara de Mataderos porque conocía a Zulema Cañas (la autora del texto referido a Justo Suárez que aparecerá en el libro del centenario del Club Atlético Nueva Chicago) y ella le había mostrado el barrio. En fin, muchos temas para poco tiempo... aunque suficiente para conocernos un poco y plantear una relación afable, grávida de afinidades.
CINCO 
Nos dimos a un intervalo gastronómico en el restaurante El Palenque. Allí disfrutamos de unos mariscos y de una botella de vino blanco de la bodega Bouza hecho con uvas albariño. La bodega está ubicada a 15 km de Montevideo. Tiene todas las trazas de una bodega boutique y el vino que tomamos nos trajo un aire, y por qué no decirlo así, nos trajo saudades, del vinho verde que tomamos en Lisboa.
SEIS
El cierre de la jornada atravesó la medianoche en el Tablado del Museo del Carnaval, donde actuaron las murgas La Clave, A Contramano, Diablos Verdes y Falta y Resto.
Vivimos toda la potencia expresiva de las murgas uruguayas que explota en cada cuplé y se desmadra con cada bajada. Nos fuimos cuando Falta y Resto aún no había terminado su actuación, pero nos fuimos con las pilas cargadas con todo lo que vimos y vivimos en ese retazo del carnaval blanco de los uruguayos.
La estructura dramática del espectáculo de La Clave y la interpretación de A Contramano fueron verdaderamente notables, por lo menos para dos neófitos que de todos modos tenemos algún sentido de apreciación musical desarrollado. Alguna mofa de los Diablos Verdes con relación al Éxodo Oriental me produjo un leve disgusto.
25 de febrero de 2011
UNO
El tiempo no nos acompañó demasiado en el día de ayer (algunas lloviznas leves cuando recorrimos la Ciudad Vieja y una lluvia persistente cuando salimos del tablado) y hoy se presentaba amenazador con intensas lluvias durante el desayuno. Pero cuando salimos del hotel, ya había parado y el tiempo comenzó a componerse.
Volvimos a la Plaza de la Independencia. Descendimos al mausoleo de Artigas, el clima que en él se vive es a la vez austero y sobrecogedor, el sitio ideal para pronunciar una oración laica en homenaje a ese libertador de América, padre del federalismo argentino.
Luego nos sumamos a una visita guiada por el Teatro Solís. Las comparaciones con el teatro Colón son improcedentes. El teatro Solís fue construido cincuenta años antes y está preparado para sumar a las especialidades musicales (ópera, balet y música instrumental), el teatro... incluso ahora, el cine. Sus dimensiones en términos de localidades, representan sólo un 40% de la disposición total del Colón.
El edificio fue reconstruido recientemente (2004) con fuertes intervenciones sobre los accesos que impactan significativamente sobre el aspecto del hall de entrada y el foyer. No sé en qué estado estaría cuando se encararon las obras, por lo que no puedo evaluar si ese impacto modernizador se justificaba o no.
En un lateral hay una sala de teatro más pequeña con la forma de una caja negra. Se trata de la sala Zavala Muñiz. Cuenta con instalaciones desnudas y el escenario en el centro. Las gradas que lo rodean cuya disposición puede modificarse, semejan un ring side, incluso los espectadores de la primera fila apoyan sus pies sobre el escenario. Me recuerda muchas salas de teatro de Buenos Aires que están pensadas así, pero nunca he visto una como ésta con la posibilidad de disponer de gradas en los cuatro laterales.
DOS
Cuando salimos del teatro dedicamos un buen rato a recorrer la Avenida 18 de Julio desde la Plaza de la Independencia hasta la calle Ejido, frente a la Municipalidad.
Recorrimos los locales del Mercado de los Artesanos de Plaza Cagancha y el Mercado de la Abundancia (en la calle San José a una cuadra de Ejido). Reitero que es notable la calidad de las artesanías y la identidad local que expone la iconografía utilizada con la notable influencia de la obra de los creadores Torres García y Paéz Vilaró (sobre todo del primero en el que se inspiran, cuando no se copian, muchos de los diseños).
Luego llegamos hasta el Congreso Nacional, caminando primero por la Avenida Rondeau y después por la Avenida del Libertador General Lavalleja.
Montevideo es una ciudad de fuertes contrastes. La Avenida 18 de Julio conserva una identidad más parecida a la Gran Vía de Madrid que a cualquier avenida de Buenos Aires (dicho esto a pesar de ese edificio gemelo del Palacio Barolo, que es el Palacio Salvo); la Avenida del Libertador es apacible y clara; el Congreso es majestuoso (elevado y rodeado de espacios verdes); pero el regreso hacia el hotel fue diferente.
La verdad es que el sector de la ciudad comprendido entre el puerto y el ángulo formado por las Avenidas Rondeau y Uruguay está muy degradado: casas abandonadas y frentes desconchados y una gran estación de ferrocarril, antaño majestuosa, que ahora está cerrada. El edificio está tapiado, desaprovechado, sin que se le haya asignado un nuevo propósito.
Me explican que es porque se trata de una zona que tiene muchas áreas de equipamiento urbano destinadas a depósitos. Lo llamativo es que en la esquina de la Avenida Uruguay con la calle Andes, en una vieja casona, se encuentra la Embajada de Francia. El estado de esta zona me hizo acordar al barrio del Once en Buenos Aires, también dedicado a equipamiento urbano, en este caso de comercio mayorista, donde entre los frentes deteriorados pueden entreverse construcciones de refinada elaboración arquitectónica pensadas para la habitación de una clase media acomodada. ¿Cómo se retorció el destino de estos espacios urbanos? ¿Cómo podrían recuperarse?
Un ejemplo, tal vez sea la Ciudad Vieja, donde se perciben áreas con deterioro similar que van siendo recuperadas con el avance de la peatonalización y el turismo. En este caso, la ciudad debiera mejorar sus condiciones de seguridad.
TRES
Luego de una siesta reparadora, fuimos caminando hasta el Parque Rodó.  Bajamos por la calle Convención hasta las ramblas. Queríamos pasar por la  mítica esquina de Durazno y Convención y evocar el espacio vital que nutrió la música y la poesía de Jaime Ross en el barrio de los negros y los judíos pobres. Es maravilloso ese paseo, a Haydée le encantó.
Montevideo, ciudad de contrastes, muestra su cara más limpia y luminosa sobre el Río de la Plata. Buenos Aires ha tomado la decisión a fines del siglo XIX de poner una separación entre ella y el río con la construcción de grandes obras de infraestructura: Primero el Puerto Madero, luego el Puerto Nuevo, el Aeroparque y la Ciudad Universitaria. Montevideo, después del primer tercio del siglo XX, decidió mirar al río... ya casi es mar.
26 de febrero de 2011
UNO
Volvimos al Mercado de la Abundancia por unas sandalias con un diseño muy bello que a Haydée le encantaron... y a mí también. Volver a caminar la 18 de Julio para arriba y para abajo un día sábado es una experiencia interesante. Es una avenida enteramente céntrica, despoblada los fines de semana (por la tarde veríamos a dónde van los montevideanos en esos días). En ese sentido se parece más a la Avenida de Mayo que a Corrientes.
De regreso, pasamos por la vinería Los Domínguez donde conseguimos el vino albariño de la bodega Bouza. Me recordó a la vinería de Santa Fe y Libertad en Buenos Aires. Todo lo que se te antoje de buen gusto, allí está. Vinos de Rioja, de Portugal y de Burdeos y, por supuesto, chilenos, argentinos y uruguayos y muchas exquisiteces de la industria alimentaria para el segmento de mercado que suele denominarse gourmet.
Dejamos los vinos en el hotel y para concluir con la mañana de refinamiento fuimos al museo Torres García. Quedé muy impresionado porque hasta este viaje asociaba la iconografía identificatoria del Uruguay sólo con los cuadros de Figari. Pero ahora veo, y lo reitero de modo de generar un énfasis que es casi una necesidad de establecer una medida de impresión que el descubrimiento me produjo.
El sitio oficial del museo es http://www.torresgarcia.org.uy/index_1.html. Allí, en el museo digo, encontré todo un despliegue de creatividad que me costó retener. Sé que impulsó una corriente artística denominada Universalismo Constructivo. Hice una recorrida sensible por las instalaciones y lo que vi me pareció excelente. Pero ocurrió que la descripción de la poética del autor es demasiado racional y abstracta para aprenderla de ese modo. En mi próximo viaje a Montevideo, me prometo investigar un poco antes de partir para poder aprovechar mejor la visita a este rincón destacado de la Ciudad (está ubicado a poco de empezar la peatonal Sarandí en la Ciudad Vieja) que derrama su creatividad por todos los rincones de la urbe del mismo modo que los tablados hacen con el arte magistral de las murgas.
El almuerzo fue frugal, aunque calórico, una pequeña pizza y mucha cerveza Pilsen porque el calor había comenzado a apretar un poco.
Volvimos al hotel y un rato después vino a buscarnos Alejandro que nos condujo a un recorrido diferente por la Ciudad.
DOS
Tuvimos, por un rato, el Museo Zorrilla de San Martín a nuestra disposición, casi no había visitantes. Juan Zorrilla de San Martín es el poeta nacional uruguayo. A diferencia de La Argentina en que el gran poema es un canto al pueblo derrotado, mientras que el gran relato de la épica nacional estaba en los capítulos e historia de los manuales utilizados en la educación formal; en el Uruguay la historia oficial está vinculada con el poeta oficial y sus poemas patrióticos (el más famoso, quizás sea Tabaré).
Pienso que el gaucho oriental fue derrotado políticamente en Masoller en 1904, pero su vindicación poética, junto a la de los charrúas, estuvo siempre garantizada (es más, José Luis zorrilla de San Martín, el hijo escultor del poeta, produjo esa maravillosa escultura denomina El Gaucho que preside con orgullo y solemnidad el trazado de la Avenida 18 de Julio).
En cambio, la Argentina prefirió otros íconos (el negro Falucho, el sargento Cabral que, antes que negro o gaucho, eran soldados). El gaucho derrotado, después de un gran esfuerzo, y de un exilio prolongado, regresa con espíritu conciliador en la segunda parte del poema hernandiano. La conciliación se logra, claro está, pero al costo de fundar la pertinaz rebeldía en los argentinos.
Por eso, creo que es más fácil para los uruguayos construir un Estado que funcione que para los argentinos. De hecho he escuchado comentarios laudatorios para el estado batllista (desarrollado a partir de las presidencias José Batlle y Ordóñez a fines del siglo XIX y principios del XX) de parte de un integrante del Frente Amplio..
Borges se lamenta de todo esto en su capítulo de “Historia del Tango” de su libro Evaristo Carriego. Allí intenta explicar por qué para el criollo argentino el Estado es una grosera abstracción en una línea de argumentos que reconozco como fuente del análisis que hago aquí.
En la entrada del museo están las tres banderas orientales. La bandera de la República, la bandera de Artigas (hoy utilizada como bandera oficial de la Provincia de Entre Ríos en La Argentina) que también flamea en el Congreso y la bandera de Lavalleja. Aproveché para sacarme una foto allí con Alejandro.
El edificio donde se encuentra el Museo, era una propiedad de Juan Zorrilla de San Martín sobre la que construyó una casa de estilo muy hispánico que utilizaba como sitio de descanso lejos de la Ciudad. La casa comenzó a construirse hacia 1904, cuando la Rambla que hoy llega hasta allí no existía. La casa está a poca distancia del faro de Punta Brava, pero como a ese lugar sólo se llegaba en carretas, empezó a recibir el nombre de Punta Carretas con el que se lo conoce hoy.
Es una delicia ver las fotos del lugar, donde se ve al poeta retozar con sus hijos (entre ellos, el escultor José Luis) y sus nietos (entre ellos, la actriz China Zorrilla, hija a su vez de José Luis). En el recorrido por las instalaciones nos acompañó Carlos Yáñez, funcionario del Museo y acuarelista refinado, como pudimos observar en una obra suya que allí está exhibida. Su presencia duplicó la amable disposición de Alejandro para guiarnos por ese rincón de Montevideo.
Junto a la casa del Museo, medianera por medio, se encuentra el atellier de José Luis Zorrilla de San Martín. Pero no pudimos acceder allí porque no está habilitado para el acceso al público. A diferencia de la casa del Museo que es propiedad del Estado, el predio en donde está el atellier es propiedad de los descendientes de Juan Zorrilla y ellos no han logrado unificar una decisión acerca de qué hacer con el sitio. Tampoco el Estado ha tomado la decisión de expropiarlo.
Después del museo fuimos hasta el faro de Punta Brava al que se puede acceder (la vista de la Ciudad desde allí es maravillosa).
Finalmente, fuimos hasta el shopping de Punta Carretas. Es impresionante ver como se han preservado restos de la construcción del penal (famoso en  los años setenta porque desde allí se llevó a cabo una fuga de militantes tupamaros entre los que se encontraba José Mugica, el actual presidente de la República Oriental del Uruguay) en una edificación moderna. La construcción del shopping, transformó a Punta Carretas en uno de los barrios más caros de la ciudad.
Luego volvimos al hotel en un recorrido que nos llevó por el Boulevard Artigas, hasta el estadio Centenario y la cancha de Miramar Misiones que está muy cerca. No llegamos con tiempo para visitar el Museo del Fútbol que se encuentra en las instalaciones del estadio que fue construido hace más ochenta años y sigue siendo una obra monumental.
Agotados, esa noche templada, salimos a buscar en donde comer por la 18 de Julio. Terminamos en La Pasiva que está sobre la Plaza del Entrevero. Allí, en el sector seco de la Plaza, se había improvisado una milonga, en donde varias parejas bailaban tango.
27 de febrero de 2011
UNO
Es el último día en Montevideo. Volvimos a trepar la 18 de Julio hasta la  Universidad de la República y nos internamos en la Feria de Tristán  Narvaja. El ambiente es bastante discepoliano. No he visto en ninguna parte una feria que combine antigüedades sin clasificar, librería de viejo, ropa y comestibles frescos y, ahora también, mascotas.
Como no íbamos en plan de compras, hicimos una recorrida que valió la pena porque el sitio es pintoresco. Tan pintoresco como ascender al colectivo para ir hasta el Mercado del Puerto, donde finalmente almorzamos. El sistema de expedición de pasajes es muy moderno, se hace a través de una pequeña computadora. Pero, ¿quién la opera? Sí, un guarda, los colectivos de Montevideo siguen teniendo guarda.
Nuestro destino final, nuestro último hito en el recorrido por la ciudad, fue volver al Mercado del Puerto. Al atractivo de los restaurantes, el lugar ofrece una serie de negocios de indumentaria y artesanías en las cuadras aledañas, por las calles Pérez Castellano y Yacaré. Este pequeño recorrido de tres cuadras, parece ser el embrión de un desarrollo turístico que recupere definitivamente la zona
DOS
Estoy de nuevo en el barco de la carrera esperando que ponga proa a Buenos Aires. Medito. Montevideo es una ciudad de contrastes como Buenos Aires. En ambas conviven modernidad e historia, en ambas se encuentran en territorios insólitos donde convergen la riqueza y la miseria, en ambas la expresión artística es dueña de las calles, de las noches y de la pasión por vivir la vida.
Aunque debiéramos comparar Montevideo con Rosario por su dimensión, por su inserción en un territorio similar y por su vocación de río. La siento  más hermana de Buenos Aires, más propia. ¿Por qué? ¿Por qué siempre quiero volver a Montevideo? Un poema que Borges publicó en 1925, nos puede dar una pista. El texto se llama “Montevideo”, pertenece al libro Luna de enfrente y dice:
Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive.
La noche nueva es como un ala sobre tus azoteas.
Eres el Buenos Aires que tuvimos, el que en los años se alejó quietamente.
Eres nuestra y fiestera, como la estrella que duplican las aguas.
Puerta falsa en el tiempo, tus calles miran al pasado más leve.
Claror de donde la mañana nos llega, sobre las dulces aguas turbias.
Antes de iluminar mi celosía tu bajo sol bienaventura tus quintas.
Ciudad que se oye como un verso.
Calles con luz de patio.”


4 comentarios:

  1. Gracias Mario!! He pasado unos momentos muy agradables paseando contido mentalmente por mi querido Montevideo, en dos semanas voy para allá y espero visitar varios de esos sitios entrañables para mí . Un abrazo

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    1. Gracias, querida amiga, por tus comentarios
      Montevideo es una ciudad maravillosa a pesar de los esfuerzo que hago para afearla aun poco... ¡Qué envidia que me da que vayas próximamente!

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  2. Que linda Ciudad, que lindo pais, que gente tan linda. Gracias Mario por tu articulo.

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    1. Gracias, Osvaldo, por tus comentarios.
      Efectivamente, Montevideo es una ciudad lindísima. Es como estar en una Buenos Aires de hace treinta años.
      Espero que la tendencia global de hacer que todas las ciudades sean de cemento y vidrio y se parezcan entre sí no le llegue nunca.

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